Crimen sin castigo

* La presencia del cártel de los Beltrán Leyva ha disminuido en suelo mexiquense y según versiones periodísticas esa organización tuvo que abandonar el Estado de México, luego de que en 2005 ejecutaran a Simón Carrillo Chomtovsky cuyo hermano, Alejandro, influyó para acercar a Peña con Televisa.

 

Elpidio Hernández

Nadie, ni el gobernador del Estado de México, Enrique Peña puede negar que organizaciones criminales como los Zetas, La Familia, el cártel de Sinaloa, del Golfo y los Beltrán Leyva están instalados y operando desde hace años en suelo mexiquense. La sangre derramada por las manifestaciones de las mafias mexicanas se ha vuelto más abundante que nunca. Enfrentamientos, aprehensiones y narcomensajes con los que los cárteles firman sus ejecuciones dan cuenta de la disputa que tienen esos grupos por apoderase de la entidad que durante la administración de Arturo Montiel estuvo bajo el dominio del cártel de Sinaloa.

La lucha por las plazas se da principalmente en las demarcaciones del sur de la entidad y el valle de México, aunque la capital mexiquense y los municipios conurbados no han quedado exentos de las cruentas disputas. Luvianos, un diminuto municipio enclavado en el sur de la entidad es uno de los más castigados por el hampa y el crimen organizado. Ahí los sicarios de los cárteles del narcotráfico y los encargados de las plazas se han convertido en amos y señores de la región al grado de que desde la toma de posesión del alcalde perredista, Zeferino Cabrera, nadie ha querido hacerse cargo de la acéfala dirección de Seguridad Pública municipal.  

La presencia del crimen organizado en territorio mexiquense no es algo nuevo. Desde los tiempos del “tío incomodo”, el Estado de México se ha convertido en hogar de los grandes capos y sicarios del narcotráfico, quienes viven y se pasean por este territorio. El caso más sonado fue el de Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien vivió cómodamente y sin perturbaciones en la exclusiva zona residencial Condado de Sayaveedra, en Atizapán de Zaragoza, luego de su fuga del penal de Puente Grande en 2001. Integrantes del cártel de los Beltrán Leyva también se asentaron en territorio mexiquense. Los hermanos Arturo y Héctor Beltrán, conocidos como El H y El Barbas respectivamente, emprendieron la conquista de Morelos y Guerrero desde dos puntos clave, el Distrito Federal y Huixquilucan en el Estado de México. En 2007 la PGR y la Policía Federal ubicaron casas de seguridad en Huixquilucan, Naucalpan y Valle de Bravo, las cuales eran utilizadas por los Beltrán Leyva incluso para vivir.

Otro de los que se paseaba por territorio mexiquense fue Filiberto Parra Ramos, alias “La Perra”, lugarteniente del cártel de los Arellano Félix y hasta hace unos meses uno de los narcotraficantes más buscados por la DEA, quien estuvo de “shopping” en el centro comercial Pabellón Metepec en julio del 2008. Su visita hubiera pasado inadvertida de no ser por el enfrentamiento a balazos que tuvo con integrantes de la célula criminal conocida como La Familia Michoacana, quienes intentaron ejecutarlo. “La Perra” es considerado por las autoridades federales como de suma peligrosidad y el cuarto en jerarquía en la estructura del llamado cártel de los Arellano Félix, que lidera Teodoro García Simental, “El Tres Letras”. La captura del narcotraficante fue considerada un triunfo para las autoridades federales.

Esta presencia del crimen organizado ha quedado documentada por autoridades federales y estatales. El 6 de marzo del 2008 el entonces procurador general de Justicia del Estado de México, Abel Villicaña Estrada, admitió que por lo menos cinco cárteles de la droga operaban en territorio estatal; en sus declaraciones señalaba que dichas organizaciones se había dividido la región para el transporte, distribución y venta de drogas, pero dejó cualquier investigación o acción en manos de la Procuraduría General de la República. Un análisis de la Policía Judicial del Distrito Federal, difundido en septiembre de 2007, reveló que Huixquilucan y Naucalpan se convirtieron en refugio de narcos colombianos y mexicanos para vivir y lavar dinero. Dos años antes elementos del Ejército y la SIEDO ya habían cateado varias casas en Huixquilucan, en la zona residencial de Tecamachalco, en donde encontraron un laboratorio para procesar cocaína. En el operativo se realizó la detención de cinco colombianos y dos venezolanos, presuntos integrantes del cártel del Norte del Valle. 

La radiografía de los grupos criminales que operan en la entidad es confusa. En muchos de los municipios donde hay una mezcla de grupos y la lucha por apoderarse de los territorios sigue cobrando vidas, principalmente en los del sur como Tlatlaya, Tejupilco, Amatepec y Luvianos donde se libran cruentas batallas por apoderase de las plazas.

De acuerdo a versiones extraoficiales La Familia Michoacana controlan en el norponiente los municipios de Huixquilucan, Naucalpan, Tlalnepantla y Atizapán; en el centro domina Toluca, Metepec, Xonacatlán, Lerma, Ocoyoacac, Tenango, Tenancingo, San Mateo Atenco y Lerma; al sur tiene presencia en Luvianos y células en Tejupilco, Tlatlaya y Amatepec, mientras que al norte se ha establecido en Atlacomulco e Ixtlahuaca.

La Familia se afianzó en la entidad mexiquense a principios del 2007. A la par del tráfico de drogas este grupo desarrolla otras actividades como el robo a transporte de carga, extorsiones, piratería, cobro a empresarios de los giros negros, table-dance, casas de citas, masaje, cantinas con venta de drogas y otros negocios ilícitos.

En la entidad mexiquense La Familia ha intentado impartir la justicia que el gobierno mexiquense en muchas ocasiones no puede proporcionar. El pasado lunes 19 el cuerpo de un hombre de 35 años de edad, con dos impactos de bala en la cabeza fue localizado en el municipio de Capultitlán y junto al cadáver se encontraron dos cartulinas donde se leía “me mataron por secuestrador”, y “esto no es un juego”. Ambas estaban firmadas por “La Familia de Michoacán”. Se presume que este hecho tiene que ver con el secuestro y ejecución de una pareja de comerciantes del pasaje Lycesa. Otro hecho sucedió el pasado 28 de abril cuando fueron ejecutadas dos personas en la colonia Héroes del 5 de Mayo y junto a los cuerpos se encontró un narcomensaje: “esto le pasa a los ratas, violadores y secuestradores. La Familia no hace eso a la gente inocente, la paga el que la debe. Ya estamos aquí. Atentamente: La Familia Michoacana”.

Por su parte, el cártel del Golfo y su brazo armado, los Zetas, tienen presencia en el área metropolitana del valle de México y hasta el sur de la entidad. Controlan en el oriente los municipios de Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Ixtapaluca, Chalco, Valle de Chalco y Los Reyes la Paz, tienen células de gran movilidad, armadas y acuarteladas en municipios sureños de Tejupilco, Tlatlaya, Amatepec, Sultepec y Luvianos.

El cártel del Golfo fue fundado por Juan Nepomuceno Guerra en la década de los cuarenta. Osiel Cárdenas Guillén, confinado en una prisión americana, fue la cabeza más visible de este grupo a finales de la década de los noventas; creador de los Zetas y cuya organización controló prácticamente todo Tamaulipas, con base en una intrincada red de complicidades, ésta alcanzaba al sobrino del gobernador Manuel Cabazos Lerma, Gilberto Lerma Plata y a los principales jefes policiacos estatales y federales, revela una averiguación previa abierta hasta hoy en día en la Procuraduría General de la República de más de mil 500 fojas, donde se concentra la historia de la organización criminal considerada como la más violenta de México

El cártel de Sinaloa, liderado por Joaquín Guzmán Loera e Ismael “El Mayo” Zambada, tiene presencia en los municipios de Naucalpan, Tlalnepantla, Ecatepec, Huixquilucan, Ocoyoacac y Toluca, con incursiones en Tejupilco, Tlatlaya y Luvianos, donde tienen una sangrienta pugna con Zetas e integrantes de La Familia.

Hasta el día de hoy el cártel de Sinaloa es considerado como la organización de narcotraficantes más importante del país, pues tiene presencia en 36 naciones y poder en Sudamérica. Se dedica principalmente a la distribución de marihuana, cocaína colombiana y heroína del sudeste asiático, aunque también produce sus propias anfetaminas, opio y marihuana. Opera en la costa del Pacífico y en parte de EU. A finales de los ochentas el cártel ya era la organización de narcotráfico más grande de México y en los noventa se le consideraba tan grande como el de Medellín en sus mejores épocas.

La presencia del cártel de los Beltrán Leyva ha disminuido en suelo mexiquense y según versiones periodísticas esa organización tuvo que abandonar el Estado de México, luego de que en 2005 ejecutaran a Simón Carrillo Chomtovsky cuyo hermano, Alejandro, influyó para acercar a Peña con Televisa. A pesar de ello los Beltrán Leyva siguen teniendo presencia en municipios como Huixquilucan, Naucalpan y Valle de Bravo, donde en 2007 se catearon algunas residencias las cuales eran utilizadas por los hermanos. El 29 de enero elementos de la Procuraduría General de la República detuvieron a nueve integrantes de esta organización criminal. La detención se realizó en las inmediaciones de Las Torres de Satélite, en el municipio de Naucalpan. A los detenidos se les decomisó un millón de dólares, 28 kilos de cocaína, automóviles y armamento, incluyendo una granada de fragmentación. Con esa acción quedó de manifiesto que las actividades de los hermanos Arturo, Alfredo, Alberto y Carlos Beltrán Leyva se mantienen vigentes hasta el día de hoy en el territorio.

 

El sur

 

Se ha convertido en un auténtico matadero, las ejecuciones están a la orden del día principalmente en el municipio de Luvianos, donde la disputa por la plaza se ha vuelto encarnizada. En menos de una semana 7 personas fueron ultimadas en diferentes eventos, a pesar de que las fuerzas policiacas se encuentran volcadas en aquella zona, considerada como una de las más peligrosas de la entidad.

La ola de crímenes imputados al narcotráfico inició el jueves 15 de octubre cuando dos personas fueron victimadas a bordo de una camioneta cuando viajaban sobre la carretera a San Juan Acatitlán, en las inmediaciones del municipio de Luvianos. De acuerdo a las autoridades las víctimas fueron emboscadas y ejecutadas con armas de grueso calibre. Los episodios sangrientos continuaron la mañana del jueves cuando se registró un enfrentamiento entre miembros de La Familia Michoacana y Los Zetas, supuestamente por el control de una de las principales rutas de trasiego de drogas hacia Guerrero y Michoacán. El hecho tuvo lugar al filo de las once de la mañana, en un paraje boscoso de la comunidad de Caja de Agua, donde se localizaron tres vehículos, el cuerpo de dos supuestos sicarios, dos masas encefálicas casi completas y cientos de casquillos percutidos de armas de grueso calibre como AK-47, de las denominadas Cuerno de Chivo, así como rifles de asalto R-15 y media decena de granadas de fragmentación. Un día después se registró otro hecho violento cuando en la misma carretera fue descubierto en el interior de una camioneta de las llamadas Estaquitas el cuerpo sin vida de un hombre. Los reportes señalan que en el lugar se localizaron decenas de casquillos percutidos por armas de grueso calibre. El viernes mortal continuó con una ejecución más. El cadáver de un hombre fue localizado en el kilómetro uno de un camino de terracería que conduce a la comunidad de “Los Epazotes”. La victima, de 28 años de edad, presentaba un tiro en el pecho. A estos acontecimientos se suma la ejecución de un hombre acontecida el mismo viernes en la calle Benito Juárez, en la colonia del Parque de la capital mexiquense. Las investigaciones señalan que la persona ultimada era originaria de Luvianos y tenía nexos familiares con los dos ejecutados un día antes en aquel municipio sureño. Las jornadas violentas tuvieron un receso que fue reanudado la mañana del martes 20 de octubre cuando fue localizado el cuerpo de un hombre en la carretera Luvianos-Pilcaya. De acuerdo con información oficial, el cadáver presentaba dos impactos de bala en la cabeza. Se presume que formaba parte de alguna corporación policiaca por sus ropas y el tipo de corte de cabello que tenía.  

Los episodios sangrientos se han convertido en sucesos comunes para los habitantes de la entidad. La administración mexiquense encabezada se ha convertido en simple espectadora del crimen organizado. Las escasas detenciones de capos y sicarios del narcotráfico realizadas en territorio mexiquense han sido por cuenta de las autoridades federales. La PGJEM navega sin rumbo y hasta el martes 13 de octubre la cifra de ejecutados en territorio estatal alcanzaba los 263 casos.

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