Días de prisión

* Ignacio Del Valle, “huésped” durante más de cuatro años en el Altiplano -donde compartió espació con los criminales más peligroso del país charló con este Semanario sobre los días en prisión. El personaje, que adquiriera fama en 2001 cuando machete en mano encabezó la defensa de las tierras que les fueron expropiadas, narra con voz seria que su estado de salud es bueno a pesar de haber perdido poco más de catorce kilos; de su arribo al poblado de San Salvador Atenco recuerda que fueron casi dos días de recibir los saludos y parabienes de todos sus amigos que se reunieron en la plazuela de la comunidad; fueron intensos días de dar entrevistas, visitar familiares, reunirse con los electricistas del SME e ir a la embajada venezolana donde América del Valle –en aquellos días con el estatus de perseguida política- esperaba la respuesta del presidente Hugo Chávez a su solicitud de asilo.  

Elpidio Hernández

El 30 de junio del 2010 cinco ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) votaban a favor de anular las sentencias de hasta 112 años de prisión impuestas a los comuneros de San Salvador Atenco que estaban recluidos en el penal de máxima seguridad del Altiplano y Molino de Flores, acusados de secuestro equiparado y ataques a las vías de comunicación.

En su resolución, el máximo tribunal de justicia del país ordenaba la libertad de los comuneros bajo el argumento de que las sentencias impuestas habían sido sólo una forma de “criminalizar la protesta social”. En su dictamen los ministros puntualizaron que no hubo pruebas suficientes para acreditar los delitos imputados y de paso denunciaron lo que consideraron graves irregularidades en la elaboración de los expedientes y la violación a las garantías individuales de los condenados, como el derecho al debido proceso. 

Uno de los doce encarcelados por las escaramuzas de mayo del 2006 en el poblado de San Salvador Atenco y que recuperó la libertad cuatro años después es Ignacio del Valle Medina, líder del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), uno de los labriegos que en agosto del 2002 echó abajo el ambicioso proyecto aeroportuario impulsado por Arturo Montiel, que se pretendía edificar en los terrenos aledaños al viejo lago de Texcoco y que culminó con la violenta represión en Atenco que dejó un saldo de dos muertos, más de doscientos detenidos, decenas de heridos y al menos 26 mujeres abusadas sexualmente en el 2006.

Ignacio Del Valle, “huésped” durante más de cuatro años en el Altiplano -donde compartió espació con los criminales más peligroso del país charló con este Semanario sobre los días en prisión.

El personaje, que adquiriera fama en 2001 cuando machete en mano encabezó la defensa de las tierras que les fueron expropiadas, narra con voz seria que su estado de salud es bueno a pesar de haber perdido poco más de catorce kilos; de su arribo al poblado de San Salvador Atenco recuerda que fueron casi dos días de recibir los saludos y parabienes de todos sus amigos que se reunieron en la plazuela de la comunidad; fueron intensos días de dar entrevistas, visitar familiares, reunirse con los electricistas del SME e ir a la embajada venezolana donde América del Valle –en aquellos días con el estatus de perseguida política- esperaba la respuesta del presidente Hugo Chávez a su solicitud de asilo.  

Con una ligera risa apenas audible, niega ser el símbolo de las luchas sociales de los tiempos modernos. “No lo considero así y no por ser modesto. Como persona sigo siendo el mismo, un ciudadano común y corriente que lucha por lo más elemental”.

Afirma que el movimiento del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra no se apagó con la liberación de los atenquenses presos y la cancelación de las ordenes de aprehensión que había en contra de América y Adán Espinosa; sostiene que el movimiento sigue vivo aunque con “otra actitud, más tranquila”, pero afirma que nunca van a dejar de defender sus tierras. Entre los pendientes del FPDT aún mantiene la exigencia de que se haga justicia a las 26 mujeres que fueron abusadas físicamente durante los traslados al penal, así como para sus compañeros que fueron torturados durante y después de las detenciones. 

Durante su estancia en el Altiplano conoció a Ernesto Fonseca, Miguel Ángel Félix Gallardo y a otros inquilinos como Miguel Ángel Guzmán Loera, Alfredo Ríos Galeana, Gustavo Ponce Meléndez, Mario Villanueva Madrid y al peligroso secuestrador Andrés Caletri, a quien incluso ayudó a entender las matemáticas. De la celda de dos por tres metros donde pasaba 23 de las 24 horas del día, dice que la puede definir como “un lugar de exterminio”, centro de aniquilamiento tanto física como moralmente donde no hay noche ni día y todo se remite al maltrato físico y sicológico a que son sometidos los reclusos. Sostiene que nunca se dobló ante la soledad de la crujía, y que siempre lo mantuvo con fuerza la rabia y la impotencia por la forma en que la autoridad reprimió a su gente, aunque admite que siempre hubo preocupación por sus compañeros que aún eran perseguidos por el gobierno.

Las largas horas en la celda llenas de silencio que sólo podía ser roto so pena de recibir el castigo de alguno de los celadores, las dedicó a leer, dibujar y hacer ejercicio que –dice- lo mantuvieron en forma; ahí escribió frases que encontraron alta popularidad entre los atenquenses: “Del tamaño de nuestra sentencia, de este mismo es el miedo que nos tienen” fue, tal vez, la más popular.

En las entrañas del Altiplano, Del Valle se dio tiempo para mostrar su espíritu de luchador social. A mediados de octubre del 2009 encabezó una huelga de hambre por las condiciones infrahumanas a las que son sometidos los reclusos, denunció la forma en las que a los familiares se les revisa antes de ingresar a la visita y que calificó como “denigrante”. Incluso “a los niños se les obliga a desvestirse, mostrar su ropa íntima y sacudirlas; a las mujeres también las desvestían, las manoseaban y cuando iban en su periodo menstrual las obligaban a cambiarse frente a la custodia”, declaraba Del Valle hace unos días a la revista Emeequis. En su huelga también denunció agresiones físicas, vejaciones, amenazas, humillaciones, castigos injustificados, suspensión de llamadas telefónicas y visitas, destrucción de correspondencia y robo de materiales para elaboración de dibujos.  

Del Valle Medina considera que el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación no representa una derrota para el gobernador Peña, pues a su juicio los ministros del máximo órgano de justicia en el país hicieron lo que le correspondía hacer. Pero si coincide con los ministros de la SCJN que expusieron que la Procuraduría mexiquense fabricó pruebas para criminalizar la protesta social en el caso Atenco, responde que el propio fallo contesta la pregunta. “De ellos salió decir eso, nosotros sólo nos apegamos a lo que corresponde a derecho”.

Sobre los 112 años de prisión que le fueron dictados como responsable de los delitos de secuestro equiparado y ataques a las vías de comunicación se limitó a decir que se había tratado de una sentencia absurda y coincidió con los ministros de la SCJN en que se trató de una forma que utilizaron las autoridades para criminalizar la protesta. “En nuestro país, cuando la protesta social toca los intereses de personas de poder político y económico, es reprimida”. 

A pesar de que su libertad pendió de un hilo y pudo haberse quedado tras las rejas de por vida, asegura que si pudiera retroceder en el tiempo seguiría defendiendo las tierras que les habían sido expropiadas en 2001 y que no se arrepiente.

Del Valle no sólo reconoce la labor realizada por su esposa, Trinidad Ramírez, quien durante cuatro años encabezó las movilizaciones de un lado a otro, también reconoce el esfuerzo de los militantes del FPDT y otros “hermanos” del país que les brindaron apoyo. Con un acento de orgullo el comunero afirmó que “tuvimos un respaldo nacional”.

Del proyecto impulsado por la Comisión Nacional del Agua denominado “Zona de mitigación y rescate ecológico en el lago de Texcoco”, que pretende edificar una zona de pastizal y de recarga de los mantos acuíferos, además de un parque ecológico y cultural en los mismos terrenos que habían sido expropiados para el proyecto aeroportuario, afirma que se trata del mismo proyecto de 2001, pero ahora “lo están tratando de maquillar con actitudes reivindicatorias para el campo, por supuesto que no estamos de acuerdo en que quieran apropiarse de algo que no le corresponde a través de otras formas, dicen que es un proyecto ecológico y que no se trata del proyecto original pero desde luego que sí, vamos a estar pendientes y bajo ninguna forma vamos a permitir que se metan a nuestras comunidades”, dijo, para luego añadir que los integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra se mantienen firmes en su postura de no vender las tierras y “las tenemos que defender sembrándolas, los campesinos no permitirán el engaño que representa el proyecto de la Comisión Nacional del Agua”.  

Del Valle detalla que trata de reactivar su pequeño negocio de serigrafía que maneja desde hace años, actividad que alterna con la labor en el campo, pues asegura que desde que regresó a la comunidad se ha dedicado a sembrar y cosechar frijol en su parcela. Cuestionado sobre si la cosecha en el campo alcanza para sobrevivir, aseveró que en las condiciones en que actualmente se encuentra el campo no, pero si es impulsado con la tecnología adecuada, sí. “La tierra no se vende, se ama y se defiende”.

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