Chuayffet: el falso discurso

* Para el secretario federal de Educación en México, el problema de la educación está en los profesores, y no considera otros factores, como el programa que se aplica o los vectores socioeconómicos de los estudiantes y sus familias y la violencia generada. No considera que el 70 por ciento de los alumnos en México cursa la preparatoria y silencia resultados de pruebas que, aunque parciales, revelan un panorama desolador.

 

Miguel Alvarado

Apenas comienza la mañana, los obreros que construyen un puente vehicular en la vialidad Alfredo del Mazo, frente a la sede estatal del PRI, cierran la circulación. Un auto a la vez ocasiona todos los días el mayor congestionamiento de la ciudad. El nuevo puente es además una seña muda donde comienza el norte toluqueño, una región donde unos 85 mil habitantes observan el abandono de las autoridades, año con año, desde hace decenios. No en balde son separatistas, pero como no tienen ningún poder y sus representantes se contenta con los bonos que los gobiernos locales les otorgan, no han concretado que la zona indígena de la capital del Estado de México se constituya con su propio municipio. Al menos, dicen, podrían disponer aunque sea, de los propios errores y pagar las consecuencias, pero no el sojuzgamiento de inteligencias ajenas que de listas tienen apenas un nombramiento popular pero inválido porque aquí no se sienten representados por la priista Martha Hilda González Calderón, alcaldesa  de la ciudad, pero tampoco por nadie que integre el cabildo. No es para menos. La Conquista se ceba en un territorio donde las prácticas sociales parecen retrocedidas en el tiempo y retratan inusual pero vivamente cada uno de los pasajes de un México perdido, que no aparece en los anuncios ni discursos del presidente Enrique Peña o en las elocuentes conferencias del secretario de Educación federal, Emilio Chuayffet.

Zona de milpas interminables y calles a medio terminar, San Andrés Cuexcontitlán es una cartografía enterrada entre casas de adobe y otras que apenas se sostienen porque aquí se practica la albañilería. Las casas se mimetizan en un paisaje de pobreza y gamas grises. Aquí las fachadas no tienen color. La obra negra apenas permite habitar en pequeños espacios diseñados según la arquitectura de la necesidad, del ahí se va, de la intromisión y del desconocimiento ya generalizado de una cultura que, da la impresión, conserva sólo el nombre. Los otomíes de la zona norte toluqueña son además una prueba viva del Estado fallido, la contestación silenciosa contra la propaganda oficial, el peregrinar de maestros por arteras oficinas en busca de fondos para sus escuelas públicas, perdidas para las autoridades en documentos elaborados a propósito para que las cifras cacen. Porque no importa cómo, pero todo debe presentarse por escrito, aunque lo que cifras y palabras consignen, no exista.

“Sabemos lo que significa el Estado de México para el gobierno, para el federal y el estatal. Aquí es el modelo nacional de lo que debe ser un gobierno, de aquí salió Peña Nieto y no puede permitir que los otros estados volteen y encuentren que en realidad es donde más problemas hay”, dice una maestra de primaria, a cuyo cargo tiene cerca de 20 niños, divididos en dos grados y que comparten la misma aula, en una escuela bajo el régimen del Subsistema Indígena, enclavada en el corazón de la zona norte toluqueña. Los profesores abren las puertas de su escuela con la condición de no revelar nombres, pues habría represalias. “No tanto que le hicieran algo a uno pero sí, segurito, que al rato le inventan algo para despedirlo o hace que no cumpla con su trabajo a cabalidad. Por eso”.

Ni siquiera pueden manifestarse públicamente, comenta el director de la primaria, inscrita en el subsistema de Educación Indígena, porque esas amenazas provienen, precisamente, de los mandos inmediatos. Nadie quiere perder su trabajo o ser motivo de reprimenda. Pero entonces, ¿cómo funciona una escuela donde ni siquiera se puede hablar, donde los recursos no llegan y maestros y padres deben pagar para que los programas se apliquen?

“Toco comenzó con el programa de Tiempo Completo, que tiene como intención que los alumnos se queden hasta las cuatro de la tarde para que se les enseñen nuevas materias. Este programa implica que deben comer en la escuela, para lo cual debe haber una cocina y un comedor”, apunta el director, sentado en el cuarto de computadoras, unas 10, que permanecen apagadas desde el 29 de noviembre del 2013, cuando les cortaron la luz porque la escuela no tiene un contrato.

Sin agua, porque las bombas no sirven, sin luz pero también sin cocina y comedor, los niños de todas maneras se someten al programa pues debe cumplirse para evitar problemas con el sindicato, en este caso el SNTE. De dos a cuatro, se hace lo posible para desarrollar habilidades de lecto-escritura, pensamiento matemático y artes. Los niños, todos indígenas, suman 68 y comparten tres salones, todos sin energía eléctrica, dos pequeños baños y un patio de tierra con algunos parches de cemento. A simple vista las cosas no se ven tan mal, pero hay que entrar para darse cuenta.

- Para implementar la cocina y el comedor, para los cuales tenemos dos cuartos, pero sin acondicionar, el programa indica que se debe tener una cocinera y un conserje. Pero el dinero para contratarlos sale de nuestro sueldo. Nosotros no tenemos por qué pagar esos salarios, pero se nos impone con un descuento mensual de mil pesos. Yo gano, con el descuento, 2 mil 800 pesos quincenales. Pero sucede que no tenemos cocinera ni conserje porque, según los supervisores, el recurso no ha llegado. Son casi 5 meses y no sabemos entonces para qué se usa el descuento que nos aplicaron. Yo tengo dos grupos, pero no me pagan extra por eso.

Una de las mamás ayuda a la profesora a elaborar un periódico mural. Un grupo de niños recorta y pega papeles de colores, cartulinas y algunas imágenes. Allí esperan la hora del recreo, mientras el director confirma que a los padres de familia se les prometió una ayuda diaria de 15 pesos, para los alimentos.

- Eso nos dijeron las autoridades. Eso les dijimos, pero eso fue hace 5 meses aproximadamente. Mientras, las familias ponen 15 pesos diarios para la comida de los niños, pero ya muchos protestaron. Y es que no pueden. Aquí se vive al día. Se llegó al acuerdo de que los propios papás trajeras la comida y les dieran de comer aquí a sus hijos. Toda una complicación, porque trabajan. No pueden salirse así como así de su actividad. Quienes siguen pagando 15 pesos diarios, pues échele, son 300 pesos al mes por cada uno de los niños. Parece que no es mucho, pero esta es una zona donde hay que trabajar diario y se cobra diario. Pues no les conviene. “Antes iban como 15 papás, hoy solo fueron tres. Ya nos dijeron que no les conviene porque ellos están llevando de comer y preguntan dónde están los 15 pesos de la comida. Les mandan dinero a sus hijos para comer en recreo. Ellos quieren quitar el programa de Tiempo Completo por eso”, apunta una de las maestras.

- ¿A los maestros les pagan las horas que permanecen para que se cumpla el programa de Tiempo Completo?

- No. Apenas esta última quincena de noviembre llegó el pago de dos meses, pero faltan otros tres. Por esa actividad el programa indica un salario de 2 mil 800 pesos al mes.

La escuela ha sido repintada y es atendida por los propios maestros. Pocos padres participan en el cuidado de las instalaciones, dicen los maestros, pues no lo consideran su deber aunque sepan que no hay recursos y que sus hijos pasan ahí más de la mitad del día. El director cuenta que es bien fácil apaciguar los brotes de inconformidad del magisterio mexiquense. “Hace unos dos meses hubo una manifestación de maestros de la CNTE, en el centro de Toluca. Al otro día se les envió un bono por mil pesos y luego nos dieron uno a cada uno de nosotros, aunque no estuvimos allí. Son mil pesos, ni siquiera nos dicen por qué o de qué fondo o programa vienen. Y nadie pregunta, además”.

Para el director de esta escuela, donde hay tres maestros pasa seis grados y 68 alumnos a los cuales se les debe enseñar, el Subsistema Indígena está igual en todas partes. Hace un cálculo y afirma que al menos el 90 por ciento de estas escuelas están en condiciones deplorables. “Hay peores”, afirma.

La hora del recreo, las 11 de la mañana, permite a los niños comprar algo en la pequeña tienda de la escuela, pero que de ninguna manera sustituye a una comida en forma. Cerca de la tienda, recargadas en la pared, una fila de pequeñas bicicletas espera por los niños, que se transportan durante el día con este medio.

Pobre pero limpia, la escuela espera a que lleguen los recursos. Con todo, han habilitado un espacio como biblioteca, donde ponen los libros que la SEP envía. Allí, a la mitad de las mesas, dos enormes cables de luz cuelgan, en espera de ser usados. Otra habitación sirve como pequeña bodega y una más alberga sillas y mobiliario, amontonado todo en paredes castigadas por la humedad.

- También queremos afirmar que lo que el secretario de Educación, Emilio Chuayffet dice en su discurso público, es falso. No es verdad que las escuelas de tiempo completo funcionen. No es verdad que les lleguen recursos. No es verdad que no estén pagando más. Ni siquiera sabemos si funciona el programa, porque se aplica de una forma distinta.

Los maestros de esta escuela ya fueron evaluados, hace un año. “Aplicamos un examen, lo hicimos sin problemas, lo entregamos, pero hasta la fecha no sabemos los resultados, no los conocemos. No nos han dicho si pasamos o qué significa. Los medios masivos de comunicación han crucificado a los maestros que realizan plantones, pero ninguno se ha tomado la molestia de venir a ver estas escuelas. Es cierto que esos movimientos están politizados, pero también reclaman algo, luchan algo que, a pesar de estar ahí, nadie lo quiere ver. La reforma educativa no existe porque se trata de una reforma laboral”.

Para Emilio Chuayffet, el problema de la educación está en los profesores, y no considera otros factores, como el programa que se aplica o los vectores socioeconómicos de los estudiantes y sus familias y la violencia generada. No considera que el 70 por ciento de los alumnos en México cursa la preparatoria y silencia resultados de pruebas que, aunque parciales, revelan un panorama desolador. “De acuerdo con los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), si México sigue con este pobre desempeño, tardaría hasta 65 años en alcanzar el promedio en la calidad de lectura del resto de las naciones examinadas, y 25 para llegar a la media en matemáticas. México obtuvo 413 puntos en matemáticas, 424 en lectura y 415 en ciencias, lo que implica que los estudiantes mexicanos se desempeñan en los tres rubros “homogéneamente mal, advirtió Gabriela Ramos, jefa de gabinete de la OCDE, durante la presentación del informe”, reproduce el semanario Proceso.

La zona norte de Toluca ha sido “descubierta” por políticos que encuentran allá la discreción suficiente para construir enormes mansiones o comprar grandes extensiones de terreno. Servidores públicos como Fernando Zamora, ex líder magisterial en el SMSEM o la familia de José Manzur, senador por el PRI, han construido sus residencias y hasta bodegas donde almacenan, en el caso del último, una colección de autos Mustang. Pero estas particularidades tienen sin cuidados a los habitantes originales, quienes aceptan incluso que el nuevo estadio de la Bombonera, del equipo de futbol profesional de la ciudad, se construya allí. Eso, al parecer, es más importante que las condiciones escolares de los niños indígenas.

Los desatinos de Chuayffet

* “En San Lázaro, el político mexiquense que se había apropiado de la “jefatura” del Grupo Atlacomulco probó las hieles del repudio generalizado. Entró y salió con la cola entre las patas. Si el rechazo y el desprecio parecían medidas excesivas, el tiempo se encargó de dar la razón a los legisladores de la oposición”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Golden Boy’s, editado en el 2012 por Planeta.

 

Francisco Cruz

(Las ambiciones de Emilio Chuayffet) y su poder emergieron plenos cuando, apenas lo juramentaron como secretario de Gobernación —el 28 de junio de 1995—, impuso como vocero presidencial al doctor Carlos Almada López, secretario de Administración en el gabinete estatal de Alfredo del Mazo González. El mensaje iba implícito: la comunicación social del presidente Zedillo se manejaría desde Gobernación.

Si Zedillo tenía carisma o no para ser el presidente de la República, ya no es cuestionable. La historia demostró que, en su momento, no le tembló la mano para despedir a Chuayffet de la secretaría de Gobernación, aunque éste lo ha negado rotundamente alegando que fue su decisión renunciar a su cargo.

Lo que se queda deliberadamente en el tintero es que, antes de dejar el viejo Palacio de Cobián o la sede de Gobernación, ya nadie respetaba a Chuayffet. No querían hablar con él, insistían en hacerlo directamente con Zedillo. Ese era el caso de la cúpula de la iglesia Católica, los diputados federales y senadores de los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), al igual que de los líderes nacionales panistas y perredistas, pues Chuayffet mostró poco tacto, intolerancia y un intervencionismo abierto para evitar la instalación de la Cámara de Diputados el último día de agosto de 1997.

A partir de ese momento, y con los estragos pisándoles los talones durante todo septiembre, los chuayffetistas todavía estaban convencidos de que, a pesar de todo y contra toda la catástrofe, llegarían vivos a los comicios presidenciales de 2000. Apostaban a que su jefe encontraría las fórmulas “mágicas” de la supervivencia política.

La inexperiencia de Zedillo parecía concederles la razón. Jamás ningún chuayffetista —incluido Ernesto Nemer Álvarez, ex secretario de Gobierno con Eruviel Ávila, uno de los Golden Boy’s del peñismo, pero en aquel momento secretario particular de Emilio— entendió que el fallido golpe de Estado para impedir la instalación de la Cámara de Diputados podía traer consecuencias catastróficas, pues el país estuvo al borde de la ruptura constitucional.

“Cualquiera que haya sido el origen del hecho —sus ambiciones personales o las obsesiones de Zedillo por la animosidad hacia Porfirio Muñoz Ledo—, esa crisis, provocada para imponer por la fuerza a una diputación minoritaria del PRI, lo deslegitimó y descartó como candidato presidencial. […] Ese día también el PRI empezó a perder la Presidencia de la República. De haber tenido éxito en su intentona de “golpe de Estado” al Congreso de la Unión y haber puesto a los diputados mayoritarios a merced de los 239 del PRI —contra los 261 de la oposición— y las veleidades zedillistas, Gobernación habría hecho añicos la de por sí endeble ‘democracia’ mexicana”, como advierte en sus páginas Negocios de familia.

Gracias a la estratégica intervención del experimentado perredista Porfirio Muñoz Ledo y el aguerrido  panista Carlos Medina Plascencia se pudo frenar, al menos en ese momento, el histórico avasallamiento priista. Le dieron la vuelta al maestro Chuayffet, un priista que conocía las entrañas de la política mexicana. La Legislatura se instaló, como estaba previsto.

Malaconsejado, inexperto y con su secretario de Gobernación maltrecho, Zedillo aún tuvo fuerza, mediante una tramposa interpretación de la ley, de cuestionar la validez jurídica de la Legislatura instalada por Medina Plascencia y Muñoz Ledo. Hecho el daño y fracasada la intentona de golpe, el Presidente se aprestó a “dialogar” y envío a Chuayffet a la Cámara de Diputados.

En San Lázaro, el político mexiquense que se había apropiado de la “jefatura” del Grupo Atlacomulco probó las hieles del repudio generalizado. Entró y salió con la cola entre las patas. Si el rechazo y el desprecio parecían medidas excesivas, el tiempo se encargó de dar la razón a los legisladores de la oposición.

Jorge Díaz Navarro, político cercano a Chuayffet, recrea en su libro Feudalismo político en el Estado de México parte de esa crisis y concluye que el entonces secretario de Gobernación quería usar al Ejército para impedir la toma de protesta de los opositores y proteger a los priistas. “Instruyó al PRI para que, al día siguiente, en todas las capitales, los priistas se manifestaran en contra del espurio Congreso oposicionista. Y el Ejército garantizaría la seguridad de los manifestantes.

Al enterarse los altos mandos de las fuerzas armadas de la situación, pues se les había pedido poner en estado de alerta a todas las zonas militares, se reunieron para analizarla en los ámbitos jurídico, social, político y militar, cayendo en cuenta que las manifestaciones constituirían actos de provocación porque la Legislatura estaba legalmente constituida. […] Sin la fuerza de las armas, el PRI desistió y Muñoz Ledo, como se había elegido, contestaría el informe presidencial”.

Versiones y rumores se esparcieron por cada rincón. En círculos castrenses se insistió en que, obligado por las circunstancias y asustado por la dimensión del conflicto político, el mismo secretario de Defensa, Enrique Cervantes Aguirre, disuadió a Zedillo de usar al ejército para resolver un “problema” civil, porque las fuerzas armadas sólo debían intervenir en defensa de las instituciones. Y nadie, por lo menos no en ese momento, atentaba contra ellas. El único enemigo de las instituciones era Emilio Chuayffet.

A partir de ese momento, la caída de Chuayffet parecía inevitable, aunque un desastre natural llegó para retardarla. A principios de octubre, el huracán “Paulina” golpeó Puerto Escondido, Oaxaca. Y la madrugada del 9 de octubre se internó en Guerrero. “Paulina” se disipó en las primeras horas del día 10, pero dejó un saldo superior a 400 personas muertas, al menos 300 mil sin hogar y daños por 7 mil 500 millones de dólares.

El “apoyo” de la naturaleza de nada sirvió. Chuayffet se convirtió en uno de los damnificados de “Paulina” porque la Secretaría de Gobernación —responsable de atender a poblaciones afectadas por desastres naturales, entre ellos huracanes y terremotos— tuvo una reacción tardía y mala. En los hechos, se atribuyeron más los daños a la desidia de Chuayffet.

El funcionario — que tampoco estaba enterado de un reavivamiento de los conflictos entre indígenas chiapanecos zapatistas y los indígenas católicos controlados por el PRI— se convirtió en blanco de todos los partidos. Un país tan conflictivo, necesariamente tenía los ojos puestos en Gobernación y en su titular.

Pocos lo vieron, pero a decir verdad, los desatinos de Chuayffet habían comenzado años atrás, durante la mañana del 8 de septiembre de 1989, cuando, en su oficina de la Secretaría General de Gobierno, mientras hacía sus maletas y guardaba sus recuerdos, soltaba lágrimas redentoras frente a un reportero, negando las versiones de alta traición a su jefe, el gobernador mexiquense Mario Ramón Beteta Monsalve.

El día anterior, el presidente Carlos Salinas había ordenado cesar a Beteta, lo que disfrazó como una invitación para que éste se sumara a las tareas superiores que demandaba la República. Por más honorable que pareciera la petición del Presidente, no dejaba de interpretarse como un humillante asesinato político.

El cambio fue imperioso. Salinas lo aguantó hasta septiembre de 1989, cuando su gobierno estaba por cumplir dos años, para evitarse el problema de convocar a nuevos comicios. El mandatario no mostró el menor interés sobre las elecciones en el Estado de México porque un año y dos meses antes, el 6 de julio de 1988, había perdido todo, y ese todo se reflejó en el millón 200 mil votos que apoyaron las aspiraciones presidenciales de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en la entidad, contra los 649 mil sufragios salinistas. Cárdenas Solórzano se convirtió entonces en una pesada sombra.

Élite en el poder

* El pueblo, la sociedad es ese cuerpo social mucho más amplio que disputan y manejan, y que a todas luces es conveniente que nunca alcance niveles de concientización, mucho menos de escolaridad. Mientras menos lean y tengan necesidades económicas permanentes, serán controlables y fáciles de inducir en las jornadas electorales a favor de la élite dominante.

 

Luis Zamora Calzada

El Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), presentó en días recientes la serie Breviarios de Cultura Política-Democrática, número 19, con el libro titulado “La formación y características de la élite priista contemporánea: el caso del Estado de México (1996-2012)”, texto con un  contenido tendiente a un análisis profesional.

Entre sus conclusiones llama la atención la definición de élite política, determinada como un “grupo minoritario de personas que detentan legítimamente un poder político, se coaligan y organizan con la intención de poder mantener o perpetuar ese poder político por encima de un cuerpo social mucho más amplio, complejo y diverso, que no detenta en modo alguno un poder semejante, y al cual dirigen; además, gobiernan y establecen los asuntos políticos que han de ser dirimidos, así como la manera en que han de ser resueltos, y que buscan una legitimación de su poder a través de una competencia electoral periódica, mediante la cual pretenden el favor del voto de los ciudadanos, en la que disputan su permanencia, rechazo o rotación en medio de una pluralidad de élites o grupos que guardan características semejantes a las suyas”.

A manera de ejemplo y sin pretender un análisis de la realidad y la conclusión transcrita, el pueblo, la sociedad es ese cuerpo social mucho más amplio que disputan y manejan, y que a todas luces es conveniente que nunca alcance niveles de concientización, mucho menos de escolaridad. Mientras menos lean y tengan necesidades económicas permanentes, serán controlables y fáciles de inducir en las jornadas electorales a favor de la élite dominante.

Los nombres y apellidos presentados en los sociogramas incluidos en el texto explican las ubicaciones de personajes diversos que, sin importar su perfil, ocupan la titularidad de las dependencias no sólo a nivel secretarías, sino que se extienden hasta direcciones y diversas instancias en donde han sido ubicados para mantener el poder. La preparación y capacidad pasan a un término no definido, de hecho no importa, la parte toral es con quién se entreteje en los troncos y las ramas de la élite.

Texto interesante que el pueblo debe leer para tomar su determinación de continuar como va o decidir por una participación que transforme, en primer término, y busque la aplicación de la ley en todo “funcionario” que la viole, ahora que se puede saber de dónde provienen.

 

El delito del fraude procesal

 

La semana pasada, en el Salón del Pueblo de palacio de gobierno, en evento del presidente de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Valle de Toluca, el gobernador de la entidad (Eruviel Ávila), manifestó su deseo de seguir contando con el apoyo, entre otros, de los usuarios de los servicios de impartición de justicia laboral, es decir de los trabajadores que están siendo despedidos injustificadamente de sus fuentes laborales por la patronal y sin especificar en qué sentido sería, quizá para desistirse de sus demandas, en perjuicio del desempleado.

Con el propósito de evitar que se alarguen los juicios laborales (desde los términos de su propia ley concluirían en un lapso de tres meses, pero desde la práctica impuesta los concluyen en tres años) y desde la perspectiva del titular del Ejecutivo local, anunció una iniciativa de ley para establecer el delito de fraude procesal para superar la irregularidad en los procedimientos y la simulación de actos o hechos jurídicos, supuestamente para ingresar a una nueva era en materia de administración de justicia laboral.

En su discurso y para ilusionar a los trabajadores de la Junta Local, mencionó la implementación de estímulos económicos “para los servidores públicos que impartan la justicia laboral de manera pronta, expedita, transparente y eficaz”, olvidando que tales condiciones son un mandato del artículo 17 constitucional.

Con el ferviente deseo de quien esto escribe, de que el programa para modernizar y eficientar la justicia laboral, considere al Tribunal Estatal de Conciliación y Arbitraje, no en el sentido de estimular -porque es su obligación cumplir con lo que les mandata la ley- pero sí de cumplir con los términos que les establecen en la misma, los que no acatan alargando los procesos de acuerdo a su albedrío, libre determinación o, según se dice, por instrucciones de sus “superiores”, en los casos en que la justicia laboral se politiza, emitiendo en los expedientes laborales acuerdos en perjuicio del trabajador, que se combaten en los juzgados federales con amparos indirectos para la aplicación pronta y expedita de la ley o amparos directos ante los tribunales federales colegiados en materia de Trabajo.

Esta ilegal manera de injusticia laboral se da en la entidad. Para muestra ponemos a disposición de la opinión pública y la especializada diversos expedientes laborales donde las irregularidades contrarios a derecho están a la vista.

El Ché Guevara según Radio Red

* Un anciano toma el sol en el centro de Toluca. Parado junto a una vitrina, mece su bastón y se toca la gorra. El sol le hace daño y parece a punto de caer. Pero se sostiene y así puede platicar que él conoció a Fidel, conoció al Ché. Y eso qué. Ni se bañaban. Así es, no se bañaban pero vinieron a Toluca buscando un patrocinio, ayuda económica. Y la encontraron bien pronto.

 

Miguel Alvarado

El Ché Guevara no se cambiaba de ropa. Era un hombre de costumbres sucias. Y es que le gustaba trabajar en cosas que no le correspondían. Por ejemplo, los fines de semana dedicaba 12 horas del día a cortar caña de azúcar o daba consultas médicas. Bueno, pero estudió medicina sólo porque estaba enfermo de asma y escogió pelear en Cuba porque la oportunidad se le atravesó en el camino, no porque supiera algo de aquel país. Yo entiendo que el Ché Guevara tenía sus propias guerras, internas y terribles y que le gustaba sufrir porque, a ver, ¿qué necesidad tenía de hacer la guerra o de ir y provocarla en el Congo o Bolivia o donde quiera que estuviera? O sea, o sea, o sea, había un trastorno que le impelía a castigarse. Y luego se fue peleando con todos, como quien dice, se fue cerrando las puertas. Cometió asesinatos sanguinarios y crueles este ejemplo para las juventudes de todos los tiempos. Porque, a ver, ¿quién le da todo a nadie sin recibir nada a cambio? ¿A poco no le dieron nada al Ché? Y luego tenía relaciones sexuales con las sirvientas, sólo con ellas, como para poder justificar su ideología, que la tenía, que era marxista pero no, no era congruente. Ya ven que al final –el final que ustedes quieran- le preguntan que por qué no había escapado, allá en la sierra boliviana, del ejército de aquel país y había respondido que porque “no tenía a dónde ir”.

La versión radiofónica del Ché Guevara, desde el programa Biblioteca Pública de Radio Red, conducido por Sergio Berlioz, Verónica Medina y Mario Méndez, presentó el domingo 24 de noviembre un retrato así del revolucionario. Medina expuso aquel punto de vista que desengañaba a guevaristas de rancio abolengo, endomingados y con el cafecito en la mano, sentados oyendo el programa. Y es que sí. ¿Cómo se hace una revolución – y se gana- si uno no se cambia de ropa? ¿Y por qué no se la cambia, aunque sea ministro o consejero del nuevo gobierno? ¿Dónde las buenas costumbres? Corren rumores sórdidos de que Guevara de la Serna, miembro de una adinerada familia argentina, pero que torció el camino, llegaba a sus oficinas con las botas de trabajo, lleno de lodo y así recibía a quienes lo buscaban para resolver algún tema de nacional importancia.

Por otro lado, quien anda metido en la guerra pues seguramente tendrá que matar, incluso de la manera más cruel, a sabiendas de que cualquier muerte violenta resulta ya de por sí insoportable. Eso lo sabe bien el gobierno de Felipe Calderón, con sus 80 mil calacas y ninguna guerra oficial o la administración de Peña Nieto, con sus 17 mil fallecidos y, también, ninguna guerra oficial. Tampoco es normal que haya estudiado medicina, lo aceptamos. Porque ni siquiera se curó el asma. ¿O no era asma lo que debía curarse? Tal vez eran sus ansias de notoriedad, su don de mando o su manía por retratarse y que pareciera que no le gustara. En Radio Red nadie lo sabe, nadie lo supo, pero lo cierto es que se entiende eso de libertad o liberación, pero en el sentido de Deepak Chopra o del cantante Francisco Javier, porque no hay uno que explica las puertas cerradas, la impunidad, el beneficio común, el PIB, las jornadas comunitarias. Esclavos los hay en todos lados. No puede ser diferente Cuba o México en la organización actual propuesta. ¿Cómo es que nada cuadra, que las decisiones de los gobiernos parecen encaminarse justamente al lado más inapropiado del problema a resolver?

Un anciano toma el sol en el centro de Toluca. Parado junto a una vitrina, mece su bastón y se toca la gorra. El sol le hace daño y parece a punto de caer. Pero se sostiene y así puede platicar que él conoció a Fidel, conoció al Ché. Y eso qué. Ni se bañaban. Así es, no se bañaban pero vinieron a Toluca buscando un patrocinio, ayuda económica. Y la encontraron bien pronto. Fue el profesor Carlos Hank quien les proporcionó una casa donde vivir, una casa que está por allá atrás, por donde está la Rectoría, en la calle de Instituto Literario. Bueno, también les enseñó el volcán, para que fueran a tirar y aprendieran y se entrenaran y entrenaran a los otros. Y les dio de todo lo que pudo.

¿Y qué quería Hank con el Ché Guevara? Un relato, del columnista José Martínez Mendoza, escarba un poco. “El profesor Carlos Hank mantenía una estrecha relación con Fidel y con Camilo Cienfuegos. De vez en cuando comían o cenaban en casa de Hank. Según una anécdota (ratificada en Cuba, por el propio Jorge Hank Rhon), la noche del 27 de enero de 1956, durante una cena en la casa del profesor, en Toluca, su esposa la señora Guadalupe Rhon comenzó a sentir los primeros dolores de parto. En casa de los Hank estaban como invitados Fidel Castro y Camilo Cienfuegos. Jorge Hank Rhon lo contó así: “el 27 de enero de 1956 estaban cenando en la casa mi papá, Fidel Castro, creo que el Che Guevara, mi tío y dos o tres personas más. En ese momento mi mamá se fue al hospital para tenerme; ¡nací el 28 a la una de la tarde!”.

Fidel, Cienfuegos y Guevara estuvieron viviendo en realidad en la hacienda de Santa Rosa, conseguida por Hank para los cubanos, ubicada en Chalco. Pero y qué quería Hank, entonces. O qué querían los cubanos con Hank, que hasta cenaban en su casa. Una explicación es que Hank, de joven y viviendo en Atlacomulco, había formado un grupo que se llamaba La República Ideal, que coincidía en algunos puntos con otro joven, Castro, y que por eso se hicieron amigos. Luego la vida los llevó por otros rumbos pero nunca dejaron de serlo. ¿Y entonces? ¿Por qué Fidel andaba en la campaña para gobernador que el PRI le armó al doctor Gustavo Baz?

Todo indica, pues, que Guevara, Castro y Camilo Cienfuegos eran burgueses pero que no se aseaban por días, y que aún así tenían nexos con políticos de los años 50, no lo más importantes ni poderosos, pero que llegarían a serlo de alguna manera. Las formas del Ché no gustaban a muchos. Tampoco las de Castro o las de Cienfuegos.

No es posible, desde Peñalandia, comprender por qué alguien o algunos darían la vida por el resto, así nomás o por qué querrían mejoras comunitarias que no implicaran ganancias personales. Todo esto en México fue resumido en una tablita muy coqueta, a disposición pública en Transparencia y redes sociales, donde se anuncia que el aguinaldo de un ministro de la Suprema Corte será de 494 mil 36 pesos para el 2013; el de uno del Tribunal Electoral, 487 mil 878 pesos; el de un consejero del IFE, 448 mil 960 pesos; el del presidente de la república, 396 mil 476 pesos; el de un auditor superior de la Federación, 375 mil 695 pesos; el del comisionado nacional de Derechos Humanos, 366 mil 505 pesos; el de un consejero de la Judicatura, 347 mil 361 pesos; el de un senador, 234 mil 330 pesos y el de un diputado federal, 198 mil 187 pesos. Ahora entendemos.

El Barco Ebrio

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Maestros federales en Toluca denuncian que Emilio Chuayffet, secretario de Educación en México, hace falsas declaraciones respecto a la funcionalidad de las escuelas de tiempo completo. Y es que básicamente se implementan como guarderías, cuando el programa marcaba que los alumnos se quedarían para tener una educación integral, es decir que además de contenidos se desarrollen competencias que abarquen no solo lo académico.

 

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Esto generaba ganancias para todos, según lo estipulado. Un presupuesto extra a las escuelas, que serían equipadas con cocina y hasta comedor. Un pago extra para los maestros y la enseñanza a los niños, razón primordial del programa. Pero los problemas comenzaron cuando el tempo extra de los profesores no llegó. Y hasta la fecha no ha llegado.

 

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El enojo se transformó en molestia con el paso de los meses. Chuayffet, por su lado, se encargaba en entrevistas públicas de asegurar que los pagos llegaban puntuales, que era todo un éxito. Finalmente, a los maestros les llegó una tarjeta bancaria, con la cual podrían usar los depósitos del tiempo extra, a mediados de noviembre. Pero la famosa tarjeta no tenía fondos. Así, las cosas siguieron igual desde que arrancaron, el 19 de agosto. Los maestros señalan que se les deben 2 mil 800 pesos por cada mes, que a la fecha suman tres meses.

 

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El horario normal de un maestro es de 9 de la mañana 2 de la tarde. El tiempo competo los obliga a laborar de 8 de la mañana a 4 de la tarde. “Estamos trabajando gratis, con una hora más en la mañana”, apuntan los afectados. “Si no cumplimos, te acusan de abandono de trabajo y luego es peor”.

 

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Los profesores dicen que ese dinero extra, además, no cuenta para cotizar en el ISSSTE o para la jubilación. Nada.

 

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El presupuesto que recibe una escuela está etiquetado. O eso dicen. Los profesores saben mejor que nadie cómo se usa. En el caso de las escuelas rurales, la mitad del dinero se destina para resolver “trámites de gobierno y así se va quedando, que para oficinas, etc., y a la escuela llegan mil pesitos… y ahora, maestro arréglatelas como puedas para pintar, reparar, construir, mantener, sobre todo eso, mantener en pie la escuela y como no alcanza se apoya de los papás con sus inscripciones, o sea, cuotas y qué pasa con eso. Ah, pues Loret se encargó de decir que para qué cobramos cuotas si hay recurso y eso lo regresan los papás a nosotros como pregunta. Por eso se niegan a cooperar… entonces, ¿qué hacemos?”.

 

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Los padres se dan cuenta de que no hay recursos, pero a ellos ya les dijeron las autoridades escolares que recibirían un apoyo diario por 15 pesos para desayunos. Los maestros desmienten una vez más. Los 15 pesos tampoco llegan, pero esos, de plano, no llegarán porque un aviso posterior ya se los hizo saber. No saben cómo informar a los padres, ni cómo reaccionarán. No habrá 15 pesos, pero tampoco cocina ni comedor.

 

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Las redes sociales sirven como medio, peor es difícil que haga  caso con situaciones aisladas. Un ejemplo es que se reproduce a continuación, y que alcanza a una kínder en Toluca. “Vengo del preescolar de mi hijito de 4 años, hace dos semanas que pregunto sobre sus desayunos, “una ayuda” del gobierno estatal de Eruviel Ávila Eruviel Ávila Villegas, que baja a municipales y entregan a escuelas como en la que está mi pequeño. SÓLO SON DIEZ CADA MES. Es un niño alto y lo ha declarado arbitrariamente, el DIF municipal, en sobrepeso, siendo que es delgadito y vegetariano. Jamás había pedido ayuda a ningún programa, jamás he estado formada en ninguna fila para molestar a nadie. Mi hijo tiene poco tiempo en el colegio y esta vez, que perdí mi trabajo y que solicito ayuda gubernamental, me la niegan. Ayer me negaron ayuda en el DIF. Soy una mujer de bien, jefa de familia a la que le dijeron: “el programa sólo es para madres menores de 35 años”. ¿Y qué, mis hijos tienen la culpa de que me haya tardado en casarme? Hay días muy buenos, hay días muy difíciles, la enfermedad no me permite moverme en ocasiones, soy una mujer compartida y amorosa. ¿Qué hay que hacer? ¿Me quedo mirando? Sus tablas de peso y sobrepeso están completamente desproporcionadas, la maestra simplemente dice: “no puedo hacer nada y mi enano se pregunta: ¿por qué a mí no me dan cacahuates y leche?” Siendo vegetarianos, es de suma importancia para nosotros las semillas. ¿Quién va a responder por la inhabilidad, prepotencia e injusticia?”.

 

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Una nueva obra se anuncia para La Marquesa, el límite entre el Estado de México y el DF. La carretera México-Toluca, tendrá un doble piso en un tramo de 17 kilómetros, que construirá David Peñaloza, dueño de Tribasa y con un pasado bastante movido, luego de que se imputó un fraude por 29 millones de dólares contra Nacional Financiera. Apresado en España, es uno de los consentidos del salinato y actualmente está considerado como uno de los 100 dueños de México, según una lista de CNN. En fin. El negocio lo hace el gobierno del Estado de México. La cosa es que ya se inició la primera parte, que involucra la compra de terrenos a personas que en su vida han pensado en vender su patrimonio nada más porque un trazo carretero indica que por su patio o recámara pasará una autopista.

 

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El gobierno de Metepec, que comanda como dirían los del radio, la prima de Enrique Peña, Carolina Monroy, le entra durísimo a la promoción cultural. Ha logrado que cada año su festival Quimera les reditúe, al menos en imagen, y se mantenga como un espacio entre pop y vano, entre culto y callejero. Pero también le interesa el apoyo a los concursos donde la creatividad es puesta a toda prueba, como el proyecto La Caja Como Punto de Partida, que junto al gobierno del DF, la SEP de Puebla, Conaculta, Fonca y el Centro Cultural Estación Indianilla, patrocina y ofrece un premio de 100 mil pesos a quien presente la mejor caja –sí, una caja en los materiales que usted guste y estime pertinente construir una caja. Sí, una caja-. La caja en cuestión, que valdrá 100 mil pesos mide hasta 90 centímetros y pondrá a prueba la creatividad del concursante, que por otro lado deberá reunir requisitos puntuales para acceder al premio, que se puede checar http://www.circuloa.com/convocatoria-prisma-rectangular-la-caja-como-punto-de-partida/. Demos gracias a que existen proyectos tan necesarios como una caja, donde “la documentación y la obra que no cumplan con los requisitos establecidos en la presente convocatoria no serán puestas a consideración del jurado”.

Las razones del miedo

* El último reporte del Secretariado Ejecutivo Nacional del Sistema Nacional de Seguridad Pública señala que desde el primero de diciembre del 2012 y hasta el último día de octubre del 2013, la administración de Enrique Peña acepta 17 mil 68 asesinatos. Si la estadística se mantiene, el próximo sexenio terminaría con 102 mil 408 homicidios. Otros datos contabilizan 500 ejecutados al mes desde ese diciembre, por nexos con el crimen organizado, unas 20 personas diariamente.

 

Miguel Alvarado

- Órale, pinche puto, ¿pues qué te traes?

La camioneta de la cual se baja el hombre es una Lincoln, cubierta de polvo, maltratada pero que todavía deja ver un color que pudo ser dorado en mejores tiempos. Le ha cerrado el paso a un camión de pasajeros, que cubre la ruta de Ciudad Universitaria a La Pila, en Metepec. El incidente, en la avenida Baja Velocidad, frente al edificio de cristal del Instituto Electoral es presenciado por patrulleros estatales, que vigilan en Paseo Tollocan el tráfico.

- Órale, pinche puto, ¿pues qué te traes?

El hombre que baja de la Lincoln va armado. Saca de sus ropas una pistola y con ella se dirige al chofer del autobús, que ha frenado violentamente al tener enfrente la camioneta. El hombre con el arma luce más alto de lo que es en realidad. La pistola le otorga el aura de poder e impunidad necesarios para lograr los objetivos vitales.

- No, pues es que yo me hice a un lado para que pasaras –atina a decir el atribulado conductor, que no puede despegarse de la ventanilla, pues ya se le apunta diligente, profesionalmente con el arma. Un golpe en el vidrio lo silencia por completo. Mientras, los patrulleros se hacen de la vista gorda. No se van pero no bajan de las unidades. Son dos, una estacionada a metros de la otra, en el acotamiento del carril de alta velocidad. Todos las ven, también el empistolado, quien permanece junto al camión en espera de respuesta, como si hubiera alguna para esos casos.

- Ya te dije que… -trata de explicar el operador, pero un nuevo golpe lo disuade. Alto, con camisa de cuadros, anaranjada, de manga corta, pantalón de mezclilla, cumple casi a la perfección con el estereotipo del militar, del policía vestidos de paisanos, encubiertos o de plano de un sicario.

- Pinche mugroso de porquería –le vuelve a decir el de la pistola. “Es un pinche guarura”, suelta uno de los pasajeros, más espantado que curioso porque el monólogo con la pistola ya rasguña la histeria. Pero ellos son así, algunos, pues. Bajan de sus autos y amenazan con lo que tienen a la mano. No importa lo que suceda después. No temen morir, que alguien más espantado que ellos se decida a disparar por pura inercia. El hombre sube a su camioneta y arranca luego de simular, antes de cerrar la puerta, un disparo contra el camión. El chofer deja que la camioneta se aleje y después sigue la ruta. Todos bajan de la unidad en cuanto pueden. Nadie sabe con certeza por qué sucedió aquello pero cualquier pretexto es suficiente para desatar cualquier cosa.

A nivel nacional, la violencia no ha disminuido. El último reporte del Secretariado Ejecutivo Nacional del Sistema Nacional de Seguridad Pública señala que desde el primero de diciembre del 2012 y hasta el último día de octubre del 2013, la administración de Enrique Peña acepta 17 mil 68 asesinatos. Si la estadística se mantiene, el próximo sexenio terminaría con 102 mil 408 homicidios. Otros datos contabilizan 500 ejecutados al mes desde ese diciembre, por nexos con el crimen organizado, unas 20 personas diariamente.

En el Edomex los policías asesinados forman un grupo muy especial, una estadística cuidada con el mayor esmero por las autoridades. A pesar de las discreciones, los conteos existen y dependencias como la Procuraduría mexiquense aceptaban, en el 2008, un promedio anual de 37 policías caídos nada más en enfrentamientos contra el narcotráfico y bandas organizadas. La PGR, por su lado, decía en el 2008 que “hubo 23 agentes caídos, cinco de ellos en el Estado de México”, en una nota del portal electrónico 24 Horas.

La estadística, desde entonces, no ha variado mucho, pero no dejaba de preocupar a la misma PGJEM que en el 2012, al menos 360 policías habían sido cesados, separados o encarcelados por presuntas relaciones con cárteles. La seguridad pública ha estado comprometida por años por el narcotráfico, la corrupción y la impunidad. En enero del 2012, la Federación aceptaba que “2 mil 997 militares, miembros de órganos de inteligencia y policías federales, estatales y municipales han muerto en la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico”, reproducía el diario Excélsior. Para el Edomex, el índice delictivo es de 40.36 por ciento, que ubica a la entidad en el tercer lugar nacional entre las entidades con el índice más bajo. Según datos de la PGR los delitos contra la salud en el Estado de México representan el 54.92 por ciento del total cometidos y los relacionados con posesión de armas y explosivos alcanzan el 20.57 por ciento del total.

Las corporaciones policiacas en la entidad son más bien botines políticos desde donde se negocian resultados políticos pero también el reparto de plazas con el crimen organizado. Enrique Peña y luego Eruviel Ávila sostenían que la prioridad de sus gobiernos era precisamente la seguridad pública y nada más ganar las elecciones, el primero en el 2005 y el segundo en el 2011, borraron de un plumazo las instituciones existentes. Señaladas las dos administraciones por efectuar cambios sólo de nombre, la situación nunca mejoró pero sí se hizo evidente la impunidad en la que se desenvuelven los mandos policiales. Primero llegó la Agencia de Seguridad Estatal, que tardó más de un año en ser oficializada pero que sólo duró hasta la entrada de Ávila Villegas a la gubernatura. El nuevo Ejecutivo repitió el ejemplo de su antecesor y creó la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Pero un nombre distinto no ayudó a nadie, ni siquiera a sus gestores, que no involucraron planes de trabajo en el interior de las instancias. Siempre fueron los mismos, con distintos uniformes y nada mejoró.

Pero si la ciudadanía se pregunta por el grado de corrupción policiaca, encuentra en los salarios parte de las razones. Nueve mil quinientos pesos mensuales en el rango de policía R-2 por jugarse la vida pueden no ser razones suficientes para agentes estatales y municipales. El tabulador para los jefes es otra cosa. Un comandante de Región R-1 ganaba, hasta el 2012 según el tabulador de Transparencia, 22 mil 488.20 pesos brutos al mes, por ejemplo, pero el secretario obtiene 196 mil 852 pesos brutos cada mes mientras que los mandos superiores y medios, catalogados entre los niveles 30 y 31 superan los 100 mil pesos brutos mensuales.

El juego de Emilio

 

 

* Antes de sentarse a despachar en la ciudad de México para controlar la política interna de un país convulso, ganaron las prematuras ansias sucesorias y, desde la nueva posición, Chuayffet le arrebató a Hank González el liderazgo del Grupo Atlacomulco, aunque, como pasó desde la época de Isidro Fabela y Alfredo del Mazo Vélez, de 1942 a 1951, lo único que logró fue el sometimiento de los políticos del Valle de México. El país era otra cosa”, escribe el periodista Francisco Cruz Jiménez en el libro Los Golden Boy’s, editado por Planeta en el 2012, al cual pertenece este extracto.

 

Francisco Cruz

Emilio Chuayffet hace su juego. Sus allegados se niegan a recordar el pasado negro. Parece mejor idea ocultarlo. En ese pasado, sus enfrentamientos con la profesora Elba Esther Gordillo Morales, a quien humilló y arrebató, durante la primera semana de diciembre de 2003, la coordinación de los diputados federales priistas son lo menos grave, aunque antes de la Navidad de aquel año usó este recurso para correr a sus protegidos Tomás Ruiz González, Roberto Campa Cifrián, Baltazar Manuel Hinojosa Ochoa y Abel Echeverría Pineda.

En el camino, y luego de las maniobras de Chuayffet —en complicidad con el tabasqueño Roberto Madrazo Pintado—, el PRI expulsó a la maestra, a quien acusó de  realizar actos de desprestigio a candidaturas priistas, solidarizarse con acciones de partidos antagónicos, promover actos de proselitismo de otros partidos, proferir injurias y expresiones calumniosas y difamatorias contra distinguidos militantes del PRI, así como por crear, a escondidas, el Partido Nueva Alianza.

Aquella alianza Chuayffet-Madrazo no fue sorpresa para nadie; ambos se habían formado bajo las “enseñanzas” del  profesor Carlos Hank González. El segundo era su protegido desde la muerte de su padre, Carlos Madrazo Becerra, en un extraño accidente de aviación —que tuvo visos de haber sido ordenada desde la Presidencia de la República—, mientras al primero lo hizo subdelegado de la Delegación Benito Juárez, en el Distrito Federal, en 1976, cuando Emilio apenas tenía 25 años de edad. En 1982, ya era titular de la delegación, cargo que dejó por recomendación de Hank para aceptar la candidatura del PRI a la alcaldía de Toluca.

Por más que lo niegue, gracias a los tentáculos de Hank —el gran corruptor del Grupo Atlacomulco y de la política mexicana— fue impuesto como candidato a la alcaldía de Toluca, en 1982, de donde dio el salto a la Secretaría de Educación, Cultura y Bienestar Social en la administración de Alfredo del Mazo González, y de allí a la Secretaría de Gobierno en el fallido sexenio— porque gobernó menos de dos años— de Mario Ramón Beteta.

Posteriormente, lo rescató Carlos Salinas de Gortari, quien lo nombró titular del instituto Federal Electoral (IFE), de donde lo envió como candidato del PRI a la gubernatura mexiquense. La historia se escribió como sigue.

Elegido gobernador para el periodo del 16 de septiembre de 1993 al 15 del mismo mes, pero de 1999, Chuayffet no completó dos años porque, a finales de junio de 1995, el presidente Ernesto Zedillo corrió a su secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma Barragán—luego de una matanza de campesinos en Guerrero, perpetrada por la policía de aquella entidad— y le pidió al mexiquense renunciar a la gubernatura —lo que Chuayffet hizo el 2 de julio—, para que ocupara la secretaría de Gobernación.

A pesar de los argumentos sólidos de la oposición en la Legislatura del estado de México, Chuayffet recurrió a su poder, así como a la docilidad y sumisión de los diputados priistas, para violar la ley e imponer, en el cargo que dejaba vacante, a su amigo y pupilo César Camacho Quiroz.

Maquinaciones e intrigas aparte, la decisión de Chuayffet y sus aliados los legisladores locales priistas tenía un objetivo común: impulsar, con cinco años de adelanto, la candidatura presidencial chuayffetista. La secretaría de Gobernación, el segundo puesto más importante del gabinete —el primero es el jefe de la oficina de la Presidencia, cargo equivalente al de una vicepresidencia ejecutiva— les daría tiempo, espacio y poder.

Hasta entonces, a Chuayffet se le había dado en forma natural el oficio de hilar fino el entresijo de la política mexicana. Desde el gobierno de Carlos Hank González (1969-1975), ningún gobernador mexiquense —ni Alfredo del Mazo González— había tenido el camino tan claro hacia la candidatura presidencial priista. Al menos eso parecía, por el exceso de confianza del equipo de Chuayffet.

Antes de sentarse a despachar en la ciudad de México para controlar la política interna de un país convulso, ganaron las prematuras ansias sucesorias y, desde la nueva posición, Chuayffet le arrebató a Hank González el liderazgo del Grupo Atlacomulco, aunque, como pasó desde la época de Isidro Fabela y Alfredo del Mazo Vélez, de 1942 a 1951, lo único que logró fue el sometimiento de los políticos del Valle de México. El país era otra cosa.

En forma incuestionable, mordió el anzuelo de la ambición cuando, a través de amenazas, veladas y abiertas, los chuayffetistas doblegaron a todos los priistas —y a quien se atravesara a su paso— que intentaron salirse del huacal e irse por la libre. Del 28 de junio de 1995 al 30 de agosto de 1997 Chuayffet se convirtió en un dios para los priistas mexiquenses.

Frente a la rancia tecnocracia que representaba el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León —fiel seguidor del modelo de economía interna al servicio del libre mercado y del modelo neoliberal, impuesto por Miguel de la Madrid en su sexenio, que empezó el 1 de diciembre de 1982—, la innegable influencia política de Chuayffet, así como la imposición de su “santa” voluntad duró hasta el martes 9 de septiembre de 1997, cuando quedó atrapado entre los enconos del salón de plenos del Palacio Legislativo de San Lázaro.

Aquel día, en una moción promovida por el camachista Marcelo Ebrard Casaubón, los diputados federales lo censuraron, recriminaron y desconocieron como interlocutor del gobierno federal zedillista. Ni los panegiristas de Chuayffet pudieron meter las manos para evitar la debacle, la vergüenza y el deshonor. Su liderazgo indiscutible apenas alcanzaba para controlar a la clase política mexiquense. Zedillo nada sabía de política, pero tonto no era.

Frente a esos legisladores federales a los que había intentado someter “apenas le alcanzó el aliento para bajar la mirada, callar y perder su autoridad. Su refinado liderazgo quedó hecho trizas, aunque más tarde el mismo sistema que lo depuró se encargaría de mostrarle sus bondades o su miopía. Lo disuadió para mantenerse en la generosidad de la nómina gubernamental”—tal y como se documenta en Negocios de Familia. Biografía no autorizada de Enrique Peña Nieto.

Contrario a Zedillo, quien no estaba preparado políticamente para gobernar, considerado como un burócrata de las finanzas al que le cayó del cielo la candidatura presidencial, a Chuayffet le sobraba experiencia para moverse en los terrenos de la política.

Después de su paso por la Delegación Benito Juárez, la presidencia municipal de Toluca, las secretarías estatales de Educación, Cultura y Bienestar, y General de Gobierno, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), la Dirección General del Instituto Federal Electoral (IFE) y la siempre poderosa gubernatura mexiquense, tenía tablas para enfrentar cualquier problema político que le pudiera surgir.

Además,  a diferencia de su jefe el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, él sí fue educado para “despachar” desde la Presidencia de la República. Tenía ganas, ambiciones abiertas y los ánimos para gobernar. Si se mira la historia con cuidado, Emilio siempre ambicionó llegar a Gobernación, desde donde se catapultaría a la candidatura presidencial, en su anhelo de servir.

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