La insoportable perversión del arte

* Profesor de tiempo completo en la Facultad de Arte de la UAEM, Janitzio Alatriste es además uno de los maestros emblemáticos de esa escuela. Postulado para el próximo periodo a la dirección, considera que el artista debe ser autogestor y aceptar ya que, respeto al arte, las cosas han cambiado. “Toluca tiene virtudes un poco extrañas. No es una ciudad atractiva culturalmente, como podría ser Guanajuato, pero en ciudades como esta última ocurre que… ¿realmente son tan ricas culturalmente? Yo creo que no. Lo que hay allí es folclor y me parece que el folclor es lo contrario de la cultura, porque es la cristalización estratégica que hace un grupo de poder para lucrar con la cultura. Lo que no tiene Toluca es folclor, por lo tanto no es atractiva turísticamente. Paradójicamente los lugares que tienen menos folclor son los que tienen más cultura. Creo que aquí hay mucha cultura”, apunta en entrevista para este semanario.

 

Miguel Alvarado/ Luis Enrique Sepúlveda

- ¿Por qué competir por la dirección de la Facultad de Arte?

- No lo  vería como un proceso de elección. Aunque la legislación universitaria da ese tipo de interpretación, se trata de generar acuerdos, una cuestión democrática y que todos los grupos de cualquier comunidad tengan voz y participación… y no votar, por ahí tengo un texto donde el autor lo dice muy bien: las votaciones son el fracaso de los acuerdos. En este caso en realidad se llama auscultación y se trata de que la comunidad manifieste su opinión. Al haber un candidato único se presume cierto acuerdo y se apoya o no.

- ¿Qué ofrece Janitzio Alatriste a la comunidad de esta facultad?

- No me gusta mucho eso de ofrecer, es un matiz como muy político. Nuestra falta de cultura política tiene que ver con la idea de que, justamente, un político ofrece cosas. Por eso siempre quedan mal y el puesto de gobierno es tan comprometido porque la gente espera promesas, y se hacen pero ninguna se cumple. Se trata de tomar responsabilidades. No me veo como político sino como un director que coordina los esfuerzos de una comunidad. En un cargo así uno tiene que abandonar de alguna manera su postura personal porque se vuelve un representante de la comunidad. Uno es un organizador y así lo veo. Ofrecer… pues… una capacidad de organizar esfuerzos múltiples y en ocasiones contradictorios.

- Se proponen dos nuevas carreras para la facultad de Artes…

- Tiene que ver con el Plan de Desarrollo del rector, de tendencia humanista y que compartimos. Hay la tentación en la Universidad de tomar el aspecto de la música y el cine. Pero hay que impulsar desde otro lugar esas disciplinas. La versión tradicional de estudiar cine, de plantearse la formación de un director, tiene dificultades. Una oferta así es escasa en el país. La producción cinematográfica nacional está ligada a instituciones como Estudios Churubusco o la UNAM, que tiene un aparato monstruoso. Incluso en esas opciones no se ofrece la licenciatura. Con toda intención lo hacen porque… en realidad esto se trata de una premisa más teórica y viendo la producción no tan profundamente, puesto que no se tiene la estructura. Y en la música es algo parecido. No es la formación como ejecutante sino la idea de una cuestión creativa en lo teórico.

- ¿Hay algo que se deba cambiar en la facultad de Arte?

- No creo que los cambios se hagan porque deban hacerse. Creo que todo absolutamente cambia. Y que todos los problemas tienen que ver, de repente, con la inconsciencia de que los cambios van a ocurrir. Esta facultad está cambiando. El problema sería no darse cuenta de los cambios que está teniendo e insistir en la organización que se tenía cuando esto era diferente. Lo que hay que hacer es adecuarse. Los cambios, sobre todo en las comunidades, a nivel social por ejemplo, no se hacen a capricho de nadie, de ningún sector. Es una dinámica social de la que participamos todos pero nadie es el eje o el factor relevante para el cambio. Si hay un eje que define los cambios, son frágiles y no sirven para nada.

- ¿Y qué vamos a cambiar?

- La idea de que nada ha cambiado. Y vamos a introducir la conciencia de dónde se han generado estos cambios… pero ya en concreto… antes ofrecíamos una licenciatura, Artes Plásticas, y dentro de esa carrera se quiso ofertar un espectro de creación visual. Ahora viene una reestructuración del Plan de Estudios y debemos ver que ahora tenemos cuatro sectores que serán opciones para más gente. Y si volvemos a hacer un Plan de Estudios cargado de contenidos, no nos hemos dado cuenta de que ya cambió.

- ¿Hay datos acerca de cuántos alumnos ingresa a la Facultad de Artes?

- Tenemos una demanda de unos 100 aspirantes, de los cuales se quedaban 50 cada año. Creación Digital tiene una demanda de 250 aspirantes y se quedan 50. Y la Maestría, que son números más pequeños, unos 120.

-  A nivel licenciatura, ¿cuántos egresan?

- Tenemos un problema muy grave de deserción, aunque todas las escuelas de arte tienen un grave problema de deserción. Por corte, sale la mitad, hay una deserción del 50 por ciento.

- ¿Son suficientes cuatro años en la dirección?

- Digo, pues son cuatro… en un sentido nunca será suficiente pero hay casos en otras instituciones en el que un director tiene 20 años. Entonces… pues son cuatro.

- ¿Cómo se relaciona la Facultad de Arte con el entorno social de Toluca, que puede ser apático?

- No tengo esa visión exactamente de Toluca. Lo que no hay en la ciudad es un aparato de mercado cultural. Sí, eso es muy incipiente. Toluca tiene virtudes un poco extrañas. No es una ciudad atractiva culturalmente, como podría ser Guanajuato, pero allí ocurre que… ¿realmente son tan ricas culturalmente? Yo creo que no. Lo que pasa es que son ricas folclóricamente. Lo que hay allí es folclor y me parece que el folclor es lo contrario de la cultura, la cristalización estratégica que hace un grupo de poder para lucrar con la cultura. Lo que no tiene Toluca es folclor. Paradójicamente los lugares que tienen menos folclor son los que tienen más cultura. Creo que aquí hay mucha, entendida por formas de vida y organización social que van generando identidad. La materia prima del arte contemporáneo es la cultura, no el folclor y claro, una posición crítica. La gente formada en la escuela tiene poco a poco ese tipo de participación dentro de la comunidad. La Facultad ha tenido ya una incidencia en el contexto local. No me refiero a formas convencionales de socialización del arte como crear galerías… porque no es como el arte… incluso ni siquiera así es como se vende, ¿no?.

- La industria cultural está regida por el Estado, mayormente…

- Tenemos modelos inconscientes. Hay de las dos, también la privada, inconscientes de su papel. Lo que hace falta son las políticas culturales…

- Una campaña gráfica con pósters pegados en las calles de Toluca denunciaba la inseguridad en la ciudad. El ayuntamiento los quitó luego, luego. ¿Cómo se puede generar algo a partir de la censura?

- El arte, por tradición, tiene  una postura crítica. Puede entenderse como una serie de propuestas frente al agotamiento de estéticas tradicionales. Eso le da un carácter crítico al artista. Es el papel del artista. ¿Cómo conciliar eso frente a un Estado resistente? El artista debe tener claro que esa postura crítica va a generar marginación, censuras. Todos los artistas están en esa conciencia de cómo se manejan ese tipo de censuras. Más que quejarse tiene que saber utilizar esos medios. El artista es muy táctico. Esas estrategias del poder que generan prohibición pueden convertirse en la misma fortaleza del artista.

- ¿Y cómo se logra eso?

- Un arte de ese tipo es el urbano o intervención urbana, que en esa función crítica es anónimo y está fuera de los sistemas de comercialización. Sin embargo está totalmente actualizado dentro de las propuestas estéticas. La prohibición confirma la potencia de la crítica. Y se hace la difusión de la prohibición, que en ese momento deja de operar. Los grupos de poder han ido aprendiendo y ahora tienen una actitud distinta frente a la crítica. Hubo un momento de represión brutal pero se ha venido matizando precisamente frente a estas tácticas críticas.

- ¿El arte es política?

- Toda acción humana es política.

- ¿Qué tipo de política se hace en la Facultad?

- Se trata de buscar la manifestación de los grupos y la sensatez de su propuesta con los que entran en conflicto.

- ¿Es difícil ser artista?

- Es muy difícil… vivir, ¿no? Pero mira, las escuelas de arte han soslayado el aspecto de socialización de las producciones artísticas. Hay aparatos muy potentes de generación de mucha fuerza económica, susceptibles de intervenir desde el arte, esa industria cultural entra poco en las escuelas de arte. Eso dificulta la inserción de los artistas. La gente entra con la idea de que esta es una escuela de arte y vas a hacer cuadros para vender. Eso ya no es así…

- ¿Cómo es ahora?

- El artista se inserta en el ámbito cultural en la medida en que produce eventos artísticos.

- ¿Cómo gestor?

- Como gestor y productor de eventos artísticos para los cuales requiere financiamientos que debe solicitarlos en la IP… es más un gestor que solamente un productor…

- ¿En esta facultad se enseña a gestionar?

- Poco, todavía. Esas son las cosas que habrá que hacer en los planes de estudio.

- La obligación de una facultad no es generar empleo, y se entiende desde el punto de vista administrativo, opinan algunos directores de escuelas… pero sí genera desempleo… y si hay 100 personas que entran al año, ¿hay trabajo para los egresados?

- En un sentido muy formal, estoy de acuerdo. Las escuelas no son agencias de colocación. ¿Qué relación tienen las universidades con un mercado profesional? La formación debe dar pistas a los alumnos sobre posibilidades de desarrollo, no de empleo. Un artista no puede pensarse como empleado, sí como profesional porque es un autogestor de su desarrollo. Hay disciplinas que están orientadas hacia el plano de la demanda pero hay otras que se ubican en el deseo. ¿Cuáles son? Lo que culturalmente se hace y que no sirve para nada. No sirve para nada que México vaya al Mundial pero, ¿por qué hay tanta importancia en eso? Lo que vemos es que eso que no sirve para nada genera millones de ganancias. Quiere decir que lo que no sirve puede convertirse en un potente sistema económico como el cine, que tampoco sirve para nada o los videojuegos, y generan millones. En ese sentido está el arte, en un sistema mucho menos potente que el cine. Puedo aventurar que en la mayoría de los profesores todavía no hay conciencia de eso. ¿Qué se puede generar localmente para producir una dinámica cultural donde sea importante la participación de los artistas, y que se produzcan financiamientos de diferentes sectores?

- Es como una vuelta…

- Sí, volvemos al arte como función crítica. ¿Qué financiamiento puede haber si vas a criticar? Un ejemplo. La industria de Jumex. Se ha constituido, como fundación cultural, como el mayor coleccionista en México de arte contemporáneo al grado de generar una suerte de museo. El arte tiene también la cuestión del prestigio. Invitan a un artista a hacer una pieza con ellos, Teresa Margolles, quien les hace una grieta en su edificio, la llena de sangre, de toda la sangre de la violencia en Ecatepec. Entonces les echa a perder el edificio, les dice que son unos hipócritas porque su fábrica y su museo…

- Pero les cobra…

- Y le pagan…

- Y así funciona…

- El arte tiene esa perversión, culturalmente. El espacio legitimado para la crítica desde el poder, lo que es superperverso, porque entonces…

- Pareciera un engaño, que haya respuestas que se generan desde adentro pero no son soluciones de nada.

- Por eso es interesante el trabajo del arte urbano, desde la marginalidad.

- ¿Cómo separar posturas personales con el cargo de director?

- Seré prudente. La actual administración ha trabajado bien, y sé que no hay nada perfecto. Tenemos mucha calidad en los programas. Me atrevo a decir que somos de las mejores escuelas de arte del país. Ahora se presenta la coyuntura y hay que aprovecharla con todo lo doloroso que sea el crecimiento. Los cambios no deben ser caprichos, aunque podemos repasar los míos: hay una comunidad estudiantil muy apática, no organizada, sin incorporar propuestas en el Plan de Desarrollo. La administración ha hecho pocos esfuerzos por eso. Otro capricho sería generar una actualización de la visión que tienen los profesores acerca del arte, que tiene que ver con todas estas nuevas formas de inserción del arte y prácticas de producción. Y otra cosa, digo, suena como discurso del Tec. como de escuelas patito…

- El de Monterrey…

- Sí, claro… de “aquí no formamos empleados, sino ganadores”. Como condición profesional el artista debe entenderse como autogestor, pero todo mundo quiere conseguir trabajo, que otros le den el sustento. Y eso hay que pensarlo de nuevo.

La tarde en que el América calificó a una Copa del Mundo

* El partido no es nada, una guerra entre Siria y los Estados Unidos podría ser más pareja, justa y entretenida. Los dos millones 547 mil desempleados en el país encontraron la forma, desde luego, de buscar trabajo después de las seis, con el resultado sabido.

 

Miguel Alvarado

El día más frío del año encontraba un lugar en esta paz sicaria, donde cada cosa era el microcosmos del polvo y las estrellas no miraban para abajo. Era el haz perpetuo de la bandera en el Calvario, un asta que rasga por momentos los caprichos de una paleta helada y platos soperos con arroz y lentejas. Pronto, a pesar de alarmas sísmicas y panes endurecidos, la luna saldría puntual como siempre por la misma ventana.

En tantos países sucede lo mismo. Que el destino dependa de un partido no es cosa rara ni motivo de risa. El futbol es práctica miserable al momento de la comida, en horarios laborales, a mitad de un jueves. Aquí están todos reunidos y nadie falta a la sobremesa. El México narco asiste al estadio donde la dosis más potente pondrá a soñar por dos horas a maestros de la CNTE y a funcionarios descobijados en el fuero. Nadie se salva porque este es el pan y la sal de los que están de paso, los que apenas encuentran zapatos que ajusten y banderas revolucionarias con los colores del América.

Televisa anunciaba, en la voz del experto Eduardo Trelles, aconsejaba a los que trabajan pedir perdón que mejor permiso porque en el estadio Azteca estaban todos los que eran y que valía la pena desertar con tal de gritar un gol. Y es que una delegación deportiva visitaba México. Había viajado 25 horas para jugar una eliminatoria que, dictado estaba, no tenía por qué ganar. Enfrente, un equipo disfrazado de bandera con todo y águila era aplaudido con la entereza que dicta el miedo. Era el América, dirigido por un hombre apodado Piojo y que ahora, según los mantras sagrados de lo vano, sacraliza el universo de los insectos nada más porque hay una pelota de por medio.

Miguel Herrera era mal futbolista. Rijoso aunque entregado, quiso pero no pudo cuando le tocó el campo. Retirado luego, complementó su oficio entregándose al estudio. Algunos todavía se preguntan cómo se puede aprender futbol, elaborar estrategias e incluso aplicarlas. Desaforado en el estadio, porque se sabe visto, Herrera llegó para calificar a la más miserable experiencia humana. Vistió a las Águilas de verde y se puso su máscara guerrera, la misma que lo acompañará al Mundial de Brasil.

Convocó a Rafael Márquez, una entelequia refrigerada en León, proveniente de Mónaco, Barcelona y Nueva York y poco le faltó para llamar a Cuauhtémoc Blanco para transmitir la experiencia del desuso. Nueva Zelanda, rival polémico porque es campeón mundial de rugby, estaba del otro lado de la cancha. El partido no es nada, una guerra entre Siria y los Estados Unidos podría ser más pareja, justa y entretenida. Los dos millones 547 mil desempleados en el país encontraron la forma, desde luego, de buscar trabajo después de las seis, con el resultado sabido. Y por ellos, por los que nada tienen y si tienen los despojamos, el partido era de vital importancia. La guerra civil michoacana es un tema lejano, desconocido, pero cualquier guerra encuentra su matiz cuando el orgullo deportivo se defiende. Los atletas lo dicen. Siempre lo dicen. Saldremos a la cancha a morirnos, repetía el Chícharo Hernández con cara de dandy cuando jugaba contra Honduras. No murió pero fue desconvocado, que esos terrenos equivale a lo mismo pero peor.

Nadie explica a satisfacción el poder del escudo, la bandera, los himnos. Nos dan pertenencia, nos otorga un grupo, algo para creer y a veces para pelear. Ni Bocanegra, lírico poeta, lo creyó cuando le ordenaron ponerle versos al “mexicanos al grito de guerra”. No supo jamás que aquella primera frase se aplicaría para ganar un lugar en las tortillas, despachar al rival de amores, abrir una narcotienda en Zopilocalco y sí, jugarse el honor y los dineros de otros en un partido de futbol.

Bocanegra y los demás fueron disciplinados. Por eso no llegaron lejos. Y lo mismo se repitió en el Azteca, donde jovencitos engañados plagian a Pasolini su propia pasión y juegan y se sienten útiles en la sociedad. Oficiantes de albricias, entretenedores profesionales intuyen sin embargo la realidad, la que dicen los budistas, no se puede eludir ni con los ojos cerrados.

Pasolini determinó una sociedad a partir de un equipo de futbol pero se quedó cortó. Él, italiano y campeón del mundo, no entendía de derrotas, de las tristes derrotas aunque a su patria siempre se le señaló de ir a la guerra como si jugara al futbol y viceversa. El caso de Pasolini que no perdía la cordura pero sí enfermaba de la presión, no es el único. Inteligente, se pasaba de listo cuando jugaba el Bolonia y hacía experimentos con las palabras de Sarté, un descreído que a pesar de todo aceptaba la metáfora del regate.

Sin ellos, sin Heidegger, el gol se entiende en su expresión definitiva y atolondrada. Nada mata tan  certero como un gol en contra o la eliminación mundialista. La tristeza es real y se sobrepone sólo el que sabe que habrá revancha. La guerrilla michoacana no es una opción si el futbol puede salvarnos, cobijarnos, tapar las autodefensas con un gol, con el guante del portero Moisés Alberto Muñoz Rodríguez, michoacano además.

La espera mundialista se resolverá en el partido de ida, en una ciudad de Nueva Zelanda a 25 horas de vuelo. Oribe Peralta, Jiménez, que en su playera escribe “Raúl” y Aguilar fulminaron malamente a los débiles conquistadores ingleses. Ciudadanos de otro rango hasta en el deporte, los herederos de las ansiedades coloniales de la Gran Bretaña debieron entender de la peor de las formas que un país paralizado por un partido de futbol no asimilaría una derrota. Corteses, bajaron los brazos por supervivencia y garantizaron al mundo un tránsito más amable en la privatización del petróleo mexicano.

Nadie quiere más muertos, pero tampoco quedar fuera del mundial de Brasil.

Paraíso artificial

* En Valle de Bravo se puede vivir, trabajar, viajar. Pero también morir a manos del crimen organizado o por consecuencia de la presencia de los cárteles. El secreto peor guardado de los vallesanos es precisamente el dominio del narcotráfico en casi todos los niveles sociales.

 

Miguel Alvarado

Valle de Bravo es el destino turístico más importante del Estado de México. El propio municipio reconoce que un fin de semana cualquiera representa para ellos una derrama aproximada d e15 millones de pesos. Por eso, gobiernos y sector privado colmaban la agenda anual de actividades de aquel municipio, pues representaba una inversión segura. El lugar es, además, sitio de recreo y refugio vacacional de políticos y empresarios. Desde Arturo Montiel, ex gobernador del Edomex, hasta Emilio Azcárraga, dueño de Televisa, mantienen propiedades y patrocinan actividades, algunas de carácter internacional como competencias ecuestres o mundiales de parapente y velerismo. Las opciones son únicas, todas atractivas y económicamente viables, pero hace un lustro, más o menos, que Valle de Bravo es sólo una simulación, u pueblo mágico tomado por el crimen organizado como campo de operaciones y hasta sitio de residencia para los capos del sur del Estado de México y la Tierra Caliente michoacana y de Guerrero.

Con una población fija de unos 52 mil habitantes, está a una hora de Toluca, la capital del Estado de México. Rodeada de fraccionamientos residenciales, la cabecera municipal ha visto elevarse la plusvalía de los alrededores. Sin embargo, son los dueños de los desarrollos habitacionales quienes reciben los beneficios. Las residencias son tan caras como un departamento mediano en La Herradura, en Huixquilucan. El fraccionamiento Izar, por ejemplo, vende propiedades hasta en un millón y medio de dólares y en Avándaro se consiguen casas desde medio millón de dólares. No son los únicos desarrollos. En Valle de Bravo el metro cuadrado se cotiza, en promedio, en 14 mil pesos. En Huxiquilucan cuesta 12 mil y en Metepec 10 mil pesos, todos en áreas residenciales.

El municipio, con una laguna artificial desde 1942, parte del Sistema Cutzamala y un clima semitropical, es muy codiciado. Hasta antes de la llegada del narcotráfico, floreció un comercio dedicado al turismo. Artesanías, tiendas especializadas y la venta de terrenos mantenían boyante aquella demarcación, pero el dominio de la zona de La Brecha por el narco, Tejupilco Luivianos, Otzolotepec, Zacazonapan obligó al crimen organizado a pensar en la expansión.

Valle de Bravo aparenta algo que no sucede. En aparente tranquilidad, vecinos y turistas conviven como siempre en lugares públicos porque a los lugareños no les conviene hablar del otro lado de la moneda. El último caso de violencia se registró apenas el domingo 10 de noviembre de este año, cuando el secretario técnico del ayuntamiento, Gonzalo Benítez Jaramillo, circulaba en su camioneta. Una emboscada lo obligó a detenerse pero ni bien lo hizo fue baleado por un grupo de sicarios. Testigos afirman que “la camioneta quedó como coladera” pero el funcionario logró salvarse y escapar junto con su familia a otro lugar. Benítez Jaramillo se dedicaba además a organizar espectáculos musicales y llevaba grupos a la región, para bailes y fiestas populares. Todavía nadie sabe las razones del ataque.

El ayuntamiento de Valle de Bravo no se ha pronunciado al respecto, pero sí ha declarado recientemente que el municipio garantiza la seguridad a los visitantes, que pueden acudir a espectáculos como el pasado Festival de las Almas. El alcalde Francisco Reynoso Israde, de extracción panista, es optimista y cree que “el combate a la delincuencia se registra en todas sus facetas, por ello estamos ciertos de que en Valle de Bravo la seguridad de la población y visitantes, está garantizada”, diría el 11 de septiembre en un acto público.

Reynoso es un médico veterinario que de pronto se vio involucrado en la política. Las elecciones del 2012 lo vieron derrotar al PRI y a los tradicionales caciques políticos que han gobernado la región, controlados por la familia Pichardo. La versión popular, la más extendida y aceptada, rescata que el alcalde anterior, el priista Gabriel Olvera, prometió demasiado y cumplió poco. El voto de castigo no se hizo pero Olvera, sin embargo, alcanzó a meterse todavía como diputado local. La contradicción en las votaciones se explica de otra manera. Una fracción del crimen organizado influyó para que el PAN obtuviera la presidencia a cambio de que se le dejara trabajar en paz. Entonces intervino con propaganda y compra de votos. La inexperiencia de Reynoso se vio, sin embargo, como una ventaja. Si políticos de carrera habían fallado en lo elemental, tal vez alguien “de fuera” podría lograr algo. Reynoso reclutó a panistas y a algunos antiguos priistas, que se enfocaron en la promoción turística del municipio, una actividad que, puede decirse, marcha sola. La nueva administración trató de resolver los pendientes, incluidas obras públicas fantasma o inconclusas, que reclamaban pago por parte de las empresas ejecutoras y un funcionamiento efectivo por la población. Ente ellas destacaban el alumbrado público de una colonia y una obra pública, por aproximadamente 10 millones de pesos.

La inseguridad en Valle de Bravo no es palpable. No es una tierra de nadie donde las bandas peleen por el control. Se sabe que el cártel de La Familia lo controla, pero con discreción. Ha llegado a un acuerdo para no molestar al turismo. El diario toluqueño Alfa publicaba el 11 de noviembre que “hoy, al menos una veintena de presidentes municipales, básicamente de municipios rurales del suroeste y noroeste de la entidad, son extorsionados bajo amenaza de muerte por la delincuencia asociada al narcotráfico. Pagan con recursos públicos el llamado derecho de piso en cantidades que van desde 30 mil hasta 150 mil pesos mensuales. Lo saben muy bien desde hace tiempo en la delegación estatal del Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (CISEN), la secretaría de Seguridad Ciudadana, la PGR y la Procuraduría de Justicia, pero nadie hace nada… la información es fácil de confirmar, bastaría con preguntárselo a los alcaldes de Temascalcingo, El Oro, San Felipe, San José del Rincón, Ixtapan del Oro, Zacazonapan, Tejupilco, Luvianos, Temascaltepec, Santo Tomás de los Plátanos, Otzolotepec, Villa Victoria y Valle de Bravo, entre otros tantos”.

El caso de Benítez Jaramillo, secretario técnico baleado, no es el único. Otros más atemorizan a la población residente, que sabe bien quién ejerce el verdadero poder. Un policía ministerial fue acribillado en la cabecera municipal, cuando acudía a una refaccionaria. Tres hombres los emboscaron por detrás y lo acribillaron. Los testigos aseguran que se alejaron del sitio caminando. Otro, un influyente locatario del mercado municipal, fue secuestrado. Después le cortaron la lengua.

La simulación alcanza incluso programas sociales y de desarrollo, como lo demuestra una inversión federal por 10 millones de pesos para remodelar fachadas en el centro histórico vallesano. Según, el ayuntamiento, serían beneficiados 27 mil habitantes, quienes vieron cómo se pintaban sus casas y se reparaba la herrería, pero no encontraron solución alguna al deterioro real. No hay empleos ni la seguridad se puede garantizar. Zitácuaro, el municipio más cercano a Valle de Bravo, está apenas a una hora. Allí domina también La Familia.

La inseguridad es generalizada y los pronunciamientos no bastan ya en una entidad que registra mil 217 homicidios vinculados con el crimen organizado hasta agosto del 2013, de manera oficial, Otros conteos, los ciudadanos, apuntan hasta 5 veces más en el número de muertos. “Es un asunto que hay que reconocer que no se gestó de la noche a la mañana, es un tema que vino generándose durante muchos años y que hoy lamentablemente está acrecentándose, estamos trabajando seriamente para contenerlo e inclusive para disminuir los índices correspondientes. Voy a seguir trabajando con mano firme, con mano dura cuando se trate de combatir a los delincuentes”, dijo el gobernador Eruviel Ávila respecto al tema, en un entrevista pública a principios de noviembre del 2013.

En el marco de la violencia Valle de Bravo recibió la noticia de que la región tenía un nuevo fiscal regional, Miguel Ángel Benhumea Sandoval, quien de entrada aceptó que “no me da miedo, he transitado por muchas cosas y tenemos la medida necesaria para estar en el cargo, conozco la zona y su gente. Desde luego que tomaré algunas medidas personales e institucionales en torno a mi seguridad -portar una arma-porque sé lo complicado que son algunas zonas, pero sabré afrontar el reto”, diría públicamente en junio del 2013.

En Valle de Bravo se puede vivir, trabajar, viajar. Pero también morir a manos del crimen organizado o por consecuencia de la presencia de los cárteles. El secreto peor guardado de los vallesanos es precisamente el dominio del narcotráfico en casi todos los niveles sociales.

Las oscuras y chafísimas galeras del Cinemex

* Pero Thor nada sabe de perímetros dedicados a la cultura o de municipios educadores, de la guerra con el narco, a favor del narco y se dedica a salvar su propio pellejo. Nadie espera nada de una película de superhéroes, ni siquiera del Joker de Heat Ledger –han pasado tantos años, tantos, tantos- pero las palomas son ricas de todas maneras. Y nada más por eso. Al lado, en el pequeño laberinto de salas, se escucha de pronto a Eugenio Derbez haciéndola de padre ausente para sus cuates de Televisa y los Peralta, don Alejo o, si no, el resto de ellos.

 

Miguel Alvarado

Ciudad orinada, de calles cerradas y payasos en las banquetas. Toluca, capital de pacotilla elegida sin embargo por el poder mayor del México retorcido, elegante féretro para los ejecutados del día, del día de hoy. La crónica escueta de una bala en el centro de la cabeza, de las vísceras, en el estacionamiento del Walmart o las calles más oblongas de Matamoros o Aldama. Mátame, dice un letrero pintarrajeado con cremosa pintura del abolengo más rosa, confirman las citas ineludibles, el destino del hombre final, asustado, vivo como la muerte.

El hombre del rostro casi amortajado ha llegado a la sala de Urgencias y en su mano lleva un papel. La carta de despedida de alguien que al final no fue él, se le cae de la camilla y alguien la recoge para llevarla al cesto democrático del hospital, al cesto de la basura. No hay problema después. El hombre muere, como estaba previsto y los parientes preguntan que por qué te moriste, que por qué te mataron. Yo nomás pasaba por ahí, subido en un camión, como hace tres años le hago, todos los lunes armo una gira, bacanal de tráfico y fotografías por las ventanas más sucias, puercas, orinadas, si quieres pero luego los rostros se quedan. Algunos, no todos. Y de pronto el camión elige un cambio de ruta y ahí está el auto baleado, dorado o plateado, no recuerdo bien, y dos mujeres, dos chicas, diría Luis con su correcto lenguaje. Porque al final eran dos, pero nadie sabe si putas o chicas o nada más eran las muertas desde antes, desde antes que murieran. Y en un viaje así, descabezado, desrazonado, no hay nada que no pueda sentir, que no me toque, que no haya sentido, ya lo dije, ni siquiera la sacudida del camión que obliga a todos a poner las manos, los brazos por delante mientras otros, más allá, se voltean y miran el amasijo. ¿Por qué todo debe ser tragedia?

Y no, no todo lo es, ni siquiera la última versión del superhéroe Thor, que invade con todo y su martillo cuatro de las ocho salas del vejestorio llamado Grad Plaza Toluca -¿deveras son 8?-, a 45 pesos el boleto y por 200 más un hot dog, dos refrescos con hielos, unos nachos con algo amarillo encima y unas palomas (deveras, uno tiene que ser rico o algo parecido para ir y pagar así nomás). Afuera, en la cosa real, los payasos aprovechan las calles cerradas para ejercer de furcios –lo sentimos, en este momento la definición correcta de la palabra no está disponible- en un centro que de histórico tiene solamente el título. Parece que odia uno la ciudad ésta, ninguna otra, por alguna razón pero en realidad la admira, la mira, la dibuja, la escribe y siempre es una, otra, la misma.

Pero Thor nada sabe de perímetros dedicados a la cultura o de municipios educadores, de la guerra con el narco, a favor del narco y se dedica a salvar su propio pellejo. Nadie espera nada de una película de superhéroes, ni siquiera del Joker de Heat Ledger –han pasado tantos años, tantos, tantos- pero las palomas son ricas de todas maneras. Y nada más por eso. Al lado, en el pequeño laberinto de salas, se escucha de pronto a Eugenio Derbez haciéndola de padre ausente para sus cuates de Televisa y los Peralta, don Alejo o, si no, el resto de ellos. Y esa voz, que uno asocia de pronto con el burro de Shrek, recuerda también una llamada que no queremos contestar, una cuenta bancaria que no queremos corroborar, un saldo que no gastamos pero que nos cobran, como una piedra en el zapato.

Pero furcia, la palabra, sí existe. Significa puta, prostituta, etcétera. ¿Una película puede ser prostituta? ¿Es furcia la de Derbez? ¿O la de Thor? Dos horas ahí metidos, tragando perros calientes como de plástico no puede ser de ninguna manera una pérdida de tiempo. La experiencia, eso sí, suplanta cualquier acto que se precie reflexivo. Para qué quiere uno tanto conocimiento, puras monedas de cambio que no encuentran su valor comercial, ni siquiera en una corcholata de las del Orange Crush, tan ricas en el mercado (y sus tacos de plaza y el futbol y los alegatos con las manos golpeando mesas y luego a pagar los vasos rotos o nada más las salsas tiradas, volcadas en el piso recién trapeado, tapizado de quelites).

Mientras, el tipo que la hace de Thor, un dios que no quiere serlo porque se ha enamorado de Natalie Portman, una muñeca de chololoy naturalmente arrugada, y que puede ser esposa del mismísimo Jehová, se enfrenta a la furia de un fulano con una nave que semeja un arado celeste y que, porque transporta a los malos, debe ser convenientemente mafiosa. Toda negra, se estaciona sin más frente a algo que parece una biblioteca, en la pérfida capital de Albión. Y nada, Thor golpea, como debe ser hasta conseguir que todo vuelva a la mísera realidad que el universo Marvel propone. Uno puede imaginarse al Piojo Herrera relajarse en cualquiera de estos asépticos cinitos que no pasan matinés ni ofrecen permanencia voluntaria, y levantar las cejas de vez en cuando, en ocurrente estrategia deportiva que aplicará su selección nacional de futbol. Casi es posible entender ya sin peguntas que la conquista mexicana se ha consumado y que hasta pagamos por ello. Que las escuelas están aquí, en las oscuras y chafísimas galeras del Cinemex. Te amo, Diosito, me cae, no había tenido tiempo de decirlo. Y es que la ciudad, orinada y todo, merece que una nave interplanetaria se plante en la Plaza de los Mártires para que alguien venga a rescatarnos. No queremos (¿no queremos?) héroes rojos que se avienten antes su discurso de  buenaventura, tampoco canciones de Joaquín Sabina, tan poeta como Arjona, tan músico como Los Temerarios, pero tan plácido como el mejor de los domingos. Tampoco el Ché, perdido para siempre en los montes bolivianos, en las garras de Benicio del Toro. Esos no existen, pero si sí, cobrarían nada más por hacerse los aparecidos. En cambio Thor pondría su martillo al servicio de la comunidad. Con sus poderes, porque los tiene, cambiaría el cauce del Verdiguel y regañaría al doctor Ávila, conminándolo al trabajo, a que dejara de hacerse el estadista.

Las películas gringas son como este artículo –pero no todas, no exageres-. Nada más nos hacen perder el tiempo.

Espías mexiquenses

* “Además de Creel, en aquel momento secretario de Gobernación, los espías mexiquenses recibieron la orden de “vigilar” a otros funcionarios del gabinete del presidente Vicente Fox y crear un sistema de escuchas para intervenir líneas telefónicas de los principales funcionarios de las secretarías de Gobernación y de Hacienda, así como de los dirigentes del Partido Acción Nacional (PAN), del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del propio Partido Revolucionario Institucional (PRI)”. Este texto es parte del libro Los Golden Boys, del periodista Francisco Cruz, editado por Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

Originario de Acambay, un municipio fronterizo con Atlacomulco, en julio de 2001 Miguel Sámano Peralta fue involucrado en la creación y operación de una red de espionaje político —con oficinas clandestinas ubicadas a dos cuadras de la Secretaría de Gobernación—, que rendía cuentas directas a Montiel, así como a su de Administración, Enrique Peña Nieto.

La historia comenzó el viernes 6 de de julio de 2001 cuando, desde la PGR,  se conoció un bochornoso espectáculo de control político protagonizado por espías mexiquenses pagados por el gobierno de Arturo Montiel. Agentes del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) de la Secretaría de Gobernación descubrieron ese día al menos una docena de “oficinas” dedicadas a intervenir las conversaciones de políticos de todos los partidos: Santiago Creel Miranda, Carlos Hank González, Emilio Chuayffet, Alfredo del Mazo González, entre otros.

Además de Creel, en aquel momento secretario de Gobernación, los espías mexiquenses recibieron la orden de “vigilar” a otros funcionarios del gabinete del presidente Vicente Fox y crear un sistema de escuchas para intervenir líneas telefónicas de los principales funcionarios de las secretarías de Gobernación y de Hacienda, así como de los dirigentes del Partido Acción Nacional (PAN), del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del propio Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Este trabajo tenía por objetivo elaborar perfiles personalizados y archivos de análisis con miras a la sucesión de 2006. Desde septiembre de 2000, luego de que Francisco Labastida Ochoa perdió las elecciones presidenciales, Montiel quería tener en sus manos, y en las de su equipo, el dudoso privilegio de fiscalizar la vida y el desempeño de las principales figuras públicas, como si el país entero fuera un teatro guiñol.

Literalmente, la armada priista tomó por asalto la residencia Los Pinos y Palacio Nacional, pero también en el Senado Peña tiene a sus representantes —por la limitada confianza en Emilio Gamboa Patrón— en las figuras de María Elena Barrera y Ana Lilia Herrera Anzaldo, una mujer que vivió hasta los 26 años de edad en una modesta vivienda de Jardines de Morelos, Ecatepec, y terminó como propietaria de un amplio residencial —los metepequenses le atribuyen tres— en el millonario Metepec.

Aunque se le identifica más con Arturo Montiel —en cuya gubernatura ocupó la Coordinación de Comunicación Social, la titularidad del Consejo Estatal de Población (Coespo), la Secretaría de Desarrollo Social y, por dos quincenas, la dirigencia del PRI estatal—, Ana Lilia Herrera puede responder bien a los intereses de Peña, quien la hizo diputada local, alcaldesa de Metepec y senadora.

Durante su trienio como presidenta municipal, Metepec se convirtió en centro operativo desde donde el Cártel de La Familia Michoacana controlaba y administraba todas sus casas de seguridad en el Valle de Toluca. El municipio era de esa organización y, en los hechos, se consolidó como uno de los intocados refugios de los capos del narcotráfico. Eso le da confianza a los peñistas de primer nivel, quienes nunca la han aceptado del todo como una verdadera Golden Queen.

Pocos olvidan que, cuando empezó la debacle de Arturo Montiel en 2005, ella fue de las primeras protegidas del montielato en saltar de la barca para ponerse a salvo. Desde su fortaleza en Metepec, en algunas épocas ha intentado convertirse en la guía intelectual e ideóloga de los priistas mexiquenses. Se sabe que en algunos momentos de su juventud quiso ser  periodista, pero le fue mucho mejor en el PRI.

También se recuerda su fracaso en la Coordinación de Comunicación Social por el escándalo del cuerpo de espionaje que descubrió la PGR, pues nunca entendió qué estaba pasando.

Peña confía que en el Senado también contará con el apoyo incondicional del líder petrolero Carlos Romero Deschamps, su “amigo y líder de los petroleros”, un “Golden” en cualquier administración. En 1993, el polémico Romero fue impuesto como dirigente sindical por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, después de encarcelar a Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, guía moral del sindicato petrolero, acusado de: homicidio calificado, acopio y almacenamiento de armas para uso exclusivo del Ejército, introducción ilegal de aeronaves con valor superior a los 10 millones de dólares y por atentar contra la seguridad nacional. Sin embargo, Deschamps también resultó ser una  “fichita” para los negocios.

Romero y Rogelio Montemayor Seguy, ex director general de Petróleos Mexicanos (Pemex), fueron acusados de desviar mil 500 millones de pesos de esa empresa en 2000 para transferirlos a la campaña presidencial de Francisco Labastida. Pero el dirigente sindical acapara los reflectores porque se le vincula con la firma de contratos y concesiones, así como por sus ingresos,  que le permiten vivir con lujos que jamás imaginaría un trabajador. Se le ha documentado la posesión de yates, residencias, relojes de lujo y el Enzo Ferrari de su hijo.

Como si pasara inadvertido por su estilo de vida, este político ha dado por llamarse el “dueño” de Pemex, presume de tener una colección de autos antiguos, ser propietario de un yate valuado en más de 3 millones de dólares, usar relojes —como el Audemars Piguet que tanto se le criticó en 2008—, cuyo valor real supera 40 mil dólares, además de sus ranchos y lujosas propiedades en Miami y Cancún.

Más cerca de Beltrones que de cualquier otro, Gamboa Patrón tendrá marca personal porque está rodeado de operadores de Peña, es el caso de la secretaria general del PRI, Cristina Díaz,  David Penchyna y Omar Fayad— hidalguenses cercanos al secretario de Organización de la dirigencia nacional priista, Miguel Osorio Chong—, Ana Lilia Herrera Anzaldo, ex alcaldesa de Metepec; y Armando Neyra Chávez, dirigente refresquero en territorio mexiquense.

Por si algo le hiciera falta, Peña puede contar también con el apoyo “incondicional” de la senadora Mónica Arriola Gordillo, del Partido Nueva Alianza e hija de la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo Morales.

El salario del maestro

* El Índice Nacional de Precios al Consumidor reporta en alimentos 61.5 y 115.9 como índices en estos años respectivamente, obteniendo una diferencia de 54.4 más, que no se compara con el porcentaje de aumento salarial obtenido. Esto quiere decir que con el sueldo actual se compra menos del 50% de lo que se compraba hace cuatro años.

 

Luis Zamora Calzada

De acuerdo a los pronósticos de diversos grupos de economistas, el salario mínimo tendrá un incremento de entre 4 y 4.5% para el año 2014. En términos reales se traducirá a dos o tres pesos más. Los expertos señalan que el pronunciamiento se realizará por la Comisión Nacional de Salarios Mínimos en el mes de diciembre, en detrimento del poder adquisitivo de los trabajadores porque el aumento no alcanzará ni para pagar medio kilo más de tortillas.

Es de conocimiento público, o al menos eso se puede deducir, porque así ocurre cada año, que una vez determinado este incremento regirá para toda la república, así está establecido en la ley.

Resulta una incongruencia que algunos sectores de maestros se encuentren en plena campaña pregonando que van a obtener un incremento del 13% para el año siguiente, lo que constituye una verdadera falacia. Al parecer ya muy pocos les están creyendo. En el magisterio la ingenuidad empieza a desvanecerse con la información.

El poder adquisitivo del salario del maestro está en picada. Año con año se compra menos con lo que se gana, hoy es más complicado adquirir la canasta básica alimentaria, sobre todo la que determina el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Nacional (CONEVAL), que se integra por 84 artículos para cubrir las necesidades nutrimentales mínimas. Ni siquiera es necesario hablar de la canasta básica no alimentaria que contempla servicios, diversión, colegiaturas y otros pagos, cuando en la realidad se observa que muchos maestros, en fin de quincena, hasta piden prestado para pagar sus pasajes.

A manera de ejemplo, el profesor titulado, sin aplicarse ningún descuento, en 2010 ganaba 8 mil 334 pesos; en 2013 gana 10 mil 268 pesos mensuales, que significa un incremento de mil 934 pesos, 23.2% de aumento en cuatro años.

En tanto el Índice Nacional de Precios al Consumidor reporta en alimentos 61.5 y 115.9 como índices en estos años respectivamente, obteniendo una diferencia de 54.4 más, que no se compara con el porcentaje de aumento salarial obtenido. Esto quiere decir que con el sueldo actual se compra menos del 50% de lo que se compraba hace cuatro años.

Para no caer en nostalgias y como dice la canción, “dinero maldito que nada vale, yo conocí la pobreza y allí entre los pobres jamás lloré…”.

Para mayor comprensión, se vale tararear.

 

 

Cama 19

 

“No estoy en horas de consulta, si quieres una, ésas las doy en el Venecia, pero te cuesta seiscientos pesos, bajo cita, si quieres…”, decía el doctor con supuesta experiencia al practicante que le preguntaba cómo atender una lesión en la cara de un paciente.

No fue grata la visita al Hospital General “Adolfo López Mateos”, que irónicamente se encuentra a un lado del edificio de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, porque la intolerancia, la prepotencia y la deducible violación a los derechos humanos al parecer es algo cotidiano. Algunos visitadores del edificio vecino lo pueden verificar, aun cuando nadie interponga queja alguna.

El paciente de la Cama 19 llegó con una lesión en el pie izquierdo. Para su mala fortuna el médico de las consultas de seiscientos pesos fue el encargado de su atención. El diagnóstico fue brutal: “la infección que tienes avanza muy rápido, es un virus que no requiere de oxígeno, es como un gas que sube y sube, te tenemos que cortar la pierna, en las próximas 10 horas hasta la rodilla, en 24 más arriba, en más de 24 horas ya ni te atendemos, no hay salvación, estarás totalmente invadido…”.

El paciente, sin información y lleno de pánico, firmó la aceptación de la intervención quirúrgica y lo prepararon para el quirófano que estaba ocupado. Luego vino el cambio de turno. Al enterarse los familiares, se opusieron a la barbarie que se iba a cometer, se pidió la alta voluntaria para trasladarlo a otro hospital, trámite burocrático de muchas horas, típico de la medicina social, concatenada al Seguro Popular. No era posible lo que estaba aconteciendo.

Después de visitar varios lugares el paciente recibió atención médica profesional. No le amputaron la pierna, le aplicaron antivirales modernos para combatir la infección y la intervención quirúrgica para la parte afectada. ¡Cuánta gente no corre con esta suerte!

Ese médico de los seiscientos pesos debe ser sancionado y si ese hospital está lleno de practicantes, que se tomen las medidas necesarias para no afectar a los usuarios. Son seres humanos con derechos, quizá sin recursos, pero no merecen el maltrato y el mal servicio que se observó con el paciente de la Cama 19, quien se salvó de milagro del mal diagnóstico médico determinado sin sustento alguno.

El Barco Ebrio

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Transportistas del Estado de México fueron citados, antes del Día de Muertos, a una reunión extraoficial pero urgente, con autoridades mexiquenses en Toluca. Allí, muy quitados de la pena, los funcionarios les informaron que el gobernador Eruviel Ávila se va, se va y que no termina el año. Y que fueran arreglando sus pendientes porque si no, las cosas no estarían tan tersas para ellos. También advirtieron que quienes tengan alguna dificultad con María Elena Barrera, que haga favor de pasar a terapia o tomar un curso de Programación neurolingüística, porque ella será la próxima gobernadora.

 

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Sucedió lo mismo en todas las direcciones de Ventas, donde los apuran para que entregue, ni siquiera ya que resuelvan, los pendientes generados y que los nuevos directores tomen las decisiones adecuadas. Muchos ya se frotan las manos pensando que María Elena Barrera les dará una solución o les abrirá las puertas. ¿Y si no? Ya se comieron el pavo y todavía no es Navidad.

 

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Pero los que sí se comieron el pavo, pero lo tuvieron que pagar, fueron los empleados de gobierno, a quienes en algunas dependencias les llegaron con la noticia de que la cena de Fin de Año, tendría que ser comprada por ellos mismos. Un pequeño donativo, les dijeron, pero muchos se quejan de que ésa era un evento que debía organizar el gobierno, y que él mismo instauró y puso las añejas reglas de protocolo que se sigue. Además de que se las cobran, pues también se las adelantan, con eso de que se puede ir el gober, pues es la última oportunidad de tomarse la foto con tan distinguido personaje.

 

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Con el anuncio interno de que Barrera será la nueva gobernadora, la maquinaria de siempre se ha puesto en marcha. Ya algunos que se creían descartados para los siguientes cuatro año han desempolvado los trajes y las buenas maneras, y otros han recibido ya la formal invitación para la función pública. Veremos.

 

 

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La industria de la misericordia que explotan Televisa y sus aliados a partir del dolor ajeno no halló eco en una sociedad cada vez más desencantada. Pero eso los de la tiendita de Azcárraga ya lo sabían y se aseguraron que de todas maneras llegaran los donativos. En la planta de Jarritos Toluca, por ejemplo, les descontaron vía nómina a los empleados 150 pesotes por cabeza, “pa ayudar a los desgraciados” que no tienen recursos como el resto. A pesar de protestas, no les quedó de otra que apechugar. En las tiendas Soriana la cosa es más calmada, pero más efectiva,  pero no como la tarjeta del gobierno. Y es que allí el donativo de cada comprador se cobra por default en las cajas. Sale en el ticket, para los muy fijados y reclamadores, con el rubro de “donativo Teletón: 10 pesos”, pero como casi nadie lo revisa, el truco ha sido limpiamente ejecutado.

 

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Que valle de Bravo va de mal en peor. Que allá viven muy a gusto los Templarios, sin que nadie los toque. Pero también han logrado encontrar un justísimo equilibrio con las bandas rivales y lograr sanísimos acuerdos comerciales que impulsan la economía de la región. Porque ellos serán muy narcos y muy matones, pero impulsan el desarrollo de los pueblos donde llegan, no como los políticos, que saquean regiones para ir a derramar el dinero a otro lado. El negocio templario incluye todo. Previsores como son, ya tienen en sus manos el transporte, la construcción, los espectáculos, pagos del municipio y toda clase de increíbles emprendimientos. Sólo les falta el ramo de los funerales, peor ya piensan en eso. Mientras, los ciudadanos de por allá se acostumbran y los turistas también. La verdad es que no hay muertos, ni ejecutados ni secuestrados. Al menos en los periódicos ya bajó el índice de criminalidad.

 

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Hablando de cárteles, es Toluca la policía y los empleados del ayuntamiento se llevaron una sorpesa por uno minutos pasaron las de Caín. Y es que una campaña gráfica contra la inseguridad en la ciudad fue pegada en las calles de la capital, molestando a la jefa, la alcaldesa Martha Hilda González Calderón, quien ordenó que de inmediato se limpiara a la ciudad de esos asquerosos “cárteles”. La orden fue recibida tal cual, pero no ejecutada. ¿Quién se atreve a limpiar la ciudad de los temidos cárteles? Cualquier cosa, menos eso, por amor de Dios. Tarde comprendieron que eran carteles, sin acento, y que estaban dañando la salud de una sola persona, la alcaldesa, que para ese momento ya presentaba altas dosis de alcalinidad. Cabe destacar que la policía cumplió cabalmente con el cometido y todos los carteles fueron retirados y quemados en los hornos del ayuntamiento. Los cárteles, afortunadamente, están bien.

 

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Metepec está prácticamente sitiado por bandas locales que ejercen el secuestro como medio empresarial y ya hasta lo disfrazan de actividad de negocios. Los blancos son los que pueden pagar, y en Metepec abunda una clase que, bien o mal, puede. El terror que ha desatado el secuestro ha escalado incluso hasta el ayuntamiento local, donde el hijo de uno de los funcionarios más importantes fue plagiado hace unos meses. Se mantuvo todo en secreto, hasta que al final se resolvió sin pérdidas humanas y sólo el susto prevalece.

 

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Sin opciones para crecer económicamente, los comerciantes de Toluca se preparan como pueden para afrontar las obligaciones fiscales del año próximo. La vida, en general, costará 16 por ciento más, si bien va. Pero las cuentas no les salen a todos y los negocios que cerrarán sumarán miles en los próximos meses. No habrá ninguna ganancia para quienes paguen. Los impuestos no serán devueltos en la forma de mejores servicios, mayor seguridad o mejores oportunidades de comercio. No. Lo único que pasará es que alcanzará menos para pagar los impuestos, que se prohijará la evasión o que se pague menos, en todo caso pero sí que las fuentes de empleo se cierren, que no haya nuevas vacantes.

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