Nuevo administrador

* Heredero de las políticas públicas de Peña Nieto, Eruviel no podía ejercer porque no tenía realmente poder. Se limitó a aparecer en público y cumplir con obras y actividades previamente programadas y a respaldar los dichos de la Presidencia, cualesquiera que esos fueran. María Elena Barrera, por su parte, ha sido secretaria particular de Enrique Peña cuando éste era secretario de Finanzas estatal; luego la nombraron secretaria de Salud estatal y por último recuperó la alcaldía de Toluca, en manos panistas, para el priismo, aunque no completó su trienio, pues se postuló para una senaduría que ganó sin dificultades.

 

Miguel Alvarado

La administración del gobierno mexiquense ha oficializado de manera interna la salida de Eruviel Ávila, actual Ejecutivo del Edomex, en reuniones internas desde cada Secretaría. Al menos tres de ellas ha reunido a su personal para informar que Ávila no llegará al 30 de noviembre de este año, y exige dejar los pendientes resueltos, aseguran mandos medios y empleados de Salud, Obras y Transporte. La exigencia incluye reportes sobre el estado de cada dependencia, que serán entregados al relevo, María Elena Barrera Tapia, quien ocupará el sitio de Eruviel.

Luego de casi año y medio de rumores y falsas renuncias, el hecho toma forma desde las propias secretarías y a pesar incluso del anuncio televisivo del propio Ávila, gobernador priista que anunció por Televisa su permanencia para todo el sexenio. El destino de Eruviel todavía no se conoce aunque se versiona que será llamado de manera oficial por la Federación y trabajará como asesor del presidente Enrique Peña, en primera instancia. Otras versiones lo ubican como embajador o directamente en la Secretaría de Relaciones Exteriores.

El destino laboral de Ávila poco importa ya al Estado de México. Dos años estuvo al frente del estado más poblado del país, uno de los más ricos también, y sede del Grupo Atlacomulco, organización política, empresaria y eclesiástica a la que pertenece el actual presidente de México. Ávila consiguió la candidatura luego de acercarse al PRD, que le propuso como aspirante, pero al final un acuerdo priista lo llevó a las campañas del 2011. Desde allí firmó 6 mil compromisos, imitando la estrategia del “te lo firmo y te lo cumplo” que usó el propio Peña cuando compitió por la misma gubernatura. Según Ávila, ha cumplido la mitad en dos años de gestión. El acuerdo que lo sentó en el edificio de Lerdo incluía, según versiones priistas, dejar el cargo luego de dos años, para que el grupo político dominante obtuviera el poder. Cumplido el término, al ex alcalde Ecatepec ya lo ubican en otras encomiendas.

Para Ávila no fue fácil sustituir al político más mediático en la historia de México. Nunca pudo igualar su publicidad pagada y no consiguió reflectores que garantizaran a su partido la retención del Edomex. Tanto perdió –no nada más por la publicidad- que una encuesta de Mitofsky señala que el PRI no ganaría las elecciones para gobernador si éstas se realizaran ahora. Contra Eruviel estuvo hasta Antorcha Campesina, una organización de choque usada para reventar proyectos políticos. Con ellos fue más la exposición negativa que alguna acción efectiva, aunque al menos lograron anunciar una mega manifestación contar el todavía mandatario en el Estadio Azteca, para el tres de noviembre. Antes de la fecha, a los de Antorcha se les complicó todo. El secuestro del padre de Maricela Serrano, alcaldesa de Ixtapaluca, desarticuló cualquier prioridad en el seno de los inconformes.

La cuestión electoral, sin embargo, debiera ser el menor de los problemas para Ávila. La entidad atraviesa por una de las crisis de inseguridad más severas, pero además se han cerrado los recursos públicos. La derrama económica llega a cuentagotas. Las dependencias han dejado de facturar y ni siquiera los compromisos que auspiciaron la campaña del 2011 han sido saldados. En su contra también operó que el equipo original que lo acompañaría en la aventura mexiquense fue desmantelado apenas iniciado diciembre. La Federación se llevó prácticamente a todos. Secretarios de Estado, directores y operadores políticos atendieron al llamado y lo dejaron prácticamente solo. Ahora, paradójicamente, algunos de los que se fueron preparan ya su regreso para apoyar a la todavía senadora María Elena Barrera. El efecto se ejecutará al contrario, según los mismos priistas, quienes, ya encarrilados, se atreven a soñar con que Barrera consigue suficiente capital para postularla en la presidencia, dentro de 4 años.

Barrera primero deberá poner orden o al menos ubicar a los nuevos cuadros. La inseguridad, como tema preponderante no le muestra un asunción tersa. Las últimas dos semanas han presentados casos extremos de violencia, como en Huehuetoca, donde pobladores tomaron la alcaldía después del asesinato de un joven a manos de la policía, cuando salía de una fiesta. La descomposición social alcanza a todos los rubros y se manifiesta de diversas formas. La entidad no puede confiar en su policía, a la que cambiaron el nombre, Secretaría de Seguridad Ciudadana, pero no la reglamentación ni las conductas. No hubo cambios en la estructura y los agentes fueron los mismos. La misma corrupción, con otra playera, mantuvo el control en las calles. Así, un caso en Metepec ejemplifica el fracaso de las políticas de seguridad del sexenio, cuando el 28 de abril del 2010 Osvaldo Aguilar moría en un enfrentamiento a tiros con la policía federal, en Metepec, cuando, según la versión oficial, se perseguía a un auto con reporte de robo. El conductor condujo a la policía a Osvaldo Aguilar, quien murió en el hecho. Óscar López, el conductor del auto supuestamente robado, era dueño de una popular taquería en Metepec, llamada El Jefe. Tres años después, una investigación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos establece que aquella acción policiaca se trató de un montaje y que agentes federales asesinaron a Aguilar de 37 balazos. “Los hechos ocurrieron el 28 de abril de 2010, cuando se reportó un enfrentamiento a balazos… cuando una persona de apellidos López Granados se dio a la fuga en un punto de revisión a bordo de un vehículo Chrysler tipo 300 M, con reporte de robo, e ingresó a una vivienda de Metepec. Entonces, como resultado del enfrentamiento, murió Osvaldo Aguilar Martínez, habitante de la casa, quien pudo disparar y herir a un agente, argumentó en su momento la SSP”, dice el reporte.

Los crímenes relacionados con el narco, que tuvieron un repunte en el 2011, pronto desaparecieron de los medios locales, pero las zonas bajo influencia de cárteles no sufrieron reveses. Así, la Tierra Caliente del Edomex, los valles de México y Toluca operaron en esa modalidad “normalmente”. Por otro lado, el diario local Alfa reporta en noviembre que el Edomex es la entidad con más denuncias presentadas a nivel nacional por delitos del fuero común, con 203 mil 699.

Heredero de las políticas públicas de Peña Nieto, Eruviel no podía ejercer porque no tenía realmente poder. Se limitó a aparecer en público y cumplir con obras y actividades previamente programadas y a respaldar los dichos de la Presidencia, cualesquiera que esos fueran.

María Elena Barrera, por su parte, ha sido secretaria particular de Enrique Peña cuando éste era secretario de Finanzas estatal; luego la nombraron secretaria de Salud estatal y por último recuperó la alcaldía de Toluca, en manos panistas, para el priismo, aunque no completó su trienio, pues se postuló para una senaduría que ganó sin dificultades. De llegar, los cambios en el gabinete se prevén sucedan a partir de enero, cuando asuma completamente as distintas obligaciones. Barrera es la sucesora más adelantada, aunque en su momento se mencionaron también a Luis Miranda Nava, Ana Lilia Herrera, Ernesto Nemer, Miguel Sámano, Alfredo del Mazo y hasta Carlos Iriarte. El cambio, dicen, liberará al menos recursos públicos, pues los sociales deberán esperar lo que los políticos llaman “tiempos adecuados”, que nunca llegan.

El dichoso usarcé que sabe la hora en que muere

* En Huichochitlán el futbol es así, como en Brasil y en los foros de Televisa, pero la muerte es otra cosa y los despojos son reverenciados con esas caras largas y nocturnas de aquella la gente mexicana, oscura como Obdulio, de pocas y negras palabras. Así, el panteón cristiano y que debajo encierra las máscaras endurecidas de Nuestro Señor el Desollado, el Colibrí a la Izquierda, y asoma la oreja del humeante espejo negro, prepara la llegada de las ánimas en el silencio perturbado de la noche de los muertos.

 

Miguel Alvarado

Obdulio Varela fue un hombre silencioso. No necesitaba hablar, pero cuando lo hacía era como si pateara una pelota. Primero le reclamó a Rimet, un francés con cara de ministro y bigote a la Chaplin, que pronunciaba su discurso –uno de tantos, claro, sólo que éste era la bienvenida al último partido del Mundial de Brasil, el 16 de julio de 1950- en todos los idiomas, menos en español. Jules, que así se llamaba el presidente de aquel New Order, atinó a jalarse los pelos plateados y estirar la mano. Varela no lo dejó hacer el ridículo y la estrechó porque era un tipo educado. Luego tomó el balón y, como no queriendo, lo sopesó y pateó, nomás para la suerte. Antes, minutos antes, en el vestidor de los uruguayos que aguantaban como podían el griterío de 200 mil esquizofrénicos con boleto pagado en el Maracaná, uno, alguien, decía al Obedulio que ya nada importaba, que había sido una gran Copa y que nada más cuidara que no les metieran cinco goles, por la honra de la jefa santa y de la tradición charrúa.

Varela, negro como las almas del Grupo Atlacomulco aunque santo como la zurda de Maradona, le contestó con la boca torcida, la mirada clavada en la puerta del local del visitante, que “nunca he perdido un partido ante de jugarlo”. Luego, aquel oscuro jefe encabezó la salida del equipo más celeste al campo más grande del mundo en aquel entonces. Nuevo, nuevecito, aquel mausoleo de amianto y concreto respiraba con aliento funerario. ¿Por qué tenía que ganar el Brasil? ¿Qué pensaba Friaca, el mejor delantero del mundo ya que Stanley Matthews había hecho el ridículo junto a su pérfida Albión? ¿Y quién era Obdulio, insolente como él solo? Los participantes de aquel juego están muertos, la mayoría, casi todos. Incluso hubo uno que murió dos veces, el portero brasileño Barbosa, a quien nunca le perdonaron el segundo gol uruguayo, obra de Ghiggia. Barbosa lo perdió todo, incluso la vida, pues nadie le volvió a dirigir la palabra. Siempre pidió perdón pero el futbol es así, dicen los comentaristas de Televisa. ¿Así? Nada saben los pobres, llenos de datos y temores, reflejos fieles de su patrón.

Pero Barbosa.

Murió, porque el futbol es así, el 7 de abril del 2000, a causa de un derrame cerebral. El arquero del Vasco no encontró piedad ni en aquella huida de mentiras porque los torcedores publicaron en los diarios de aquel país que “Muere Barbosa… por segunda vez”. Y mientras el arquero enfrentaba la condena eterna, su verdugo, Alcídes Ghiggia alcanzaba la fama en Europa y se manchaba de oro las manos blancas, enrojecidas por la tragedia en vida del portero. Ghiggia tuvo tanta suerte que todavía hoy, porque es un monumento viviente allá en las celestes pasturas, se atreve a pronosticar un triunfo uruguayo en la Jordania lejana, que lo llevará, otra vez, de vuelta al bendito Maracaná.

En Huichochitlán el futbol es así, como en Brasil y en los foros de Televisa, pero la muerte es otra cosa y los despojos son reverenciados con esas caras largas y nocturnas de aquella la gente mexicana, oscura como Obdulio, de pocas y negras palabras. Así, el panteón cristiano y que debajo encierra las máscaras endurecidas de Nuestro Señor el Desollado, el Colibrí a la Izquierda, y asoma la oreja del humeante espejo negro, prepara la llegada de las ánimas en el silencio perturbado de la noche de los muertos. Por otra parte es una fiesta de atoles y tamales, gorditas de papa y hamburguesas y decenas de motos que jóvenes extravagantes conducen dentro del camposanto. Algunos recuerdan al Pelé, avecindado en el pueblo de Cuexcontitlán, un tipo habilidoso, tanto como O Rei pero con la mala fortuna de que le gustaba la fiesta con Bacardí. Nunca pudo dejar los llanos, pero al menos cobraba por partido. A veces, cuentan los que lo conocieron, jugaba hasta cuatro partidos en un solo día. Hoy nadie sabe dónde anda o si ya está muerto.

En Huichochitlán el panteón ni siquiera tiene nombre. Tampoco hay luz eléctrica pero ni falta que hace. Y es que todo huele a flores, al menos al principio, antes de que la humareda recubra el terreno y desvista de carne y ropa a los vivos. Allí se va a estar un rato pero la condición es que todo se transforme en la oscura avenida, que uno se vuelva fantasma. Las sombras, los pasos casi ebrios de los viandantes, el “dichoso usarcé que sabe la hora en que muere” tocan los hombros de los que no visitan a nadie. Porque, sí, hay un velo que separa a los curiosos de los obligados y no se puede confundir con la desfachatez del atole de piña o el café con harta azúcar, nomás para entibiar el ánimo. Nada es tenebroso, pero sí lo bastante oscuro para guardar silencio, apretar los dientes. La bronca es entender porque uno, a veces, no entiende bien qué está haciendo allí la gente, toda agachada y hasta risueña en sus largas jetas, arreglando los despojos de algunos que ya hasta ni polvo son. Imaginar los pasos de la muerte inversa, los departamentos cadavéricos ocupados todos por inquilinos dobles o triples que se niegan a irse.

Si uno dijera que Obedulio, El Negro Jefe, tomó la bola desde el fondo de las redes, en el arco de Roque Gastón Máspoli, que retuvo el balón entre sus manos mientras miraba a los brasileños bañarse del miedo certificado por la victoria y que se encaminó tranquilamente al centro del campo para depositar la pelota en el manchón, mientras decía al resto de La Garra que aquello se resolvería en un dos por tres, sería faltar a la verdad.

El tal Ghiggia recuerda el gol del triunfo uruguayo, con una sonrisa que excluye, desde luego, la tragedia canarinha: “vi a Julio Pérez librarse de un adversario con un “dribbling”. Me cargué a la derecha cuando él me lanzó hacía un corredor libre. Mí ángulo de entrada era bastante bajo con respecto a la línea de meta. Cuando vi a mi marcador que se me acercaba, decidí tirar. Barbosa, para prevenir el eventual cruce hacia atrás, se colocó ligeramente sobre su derecha, dejando un espacio suficiente entre él y el poste. Cerré los ojos y disparé con toda la energía que tenía en el cuerpo… cuando los abrí, vi el balón en la red. En aquel momento, nos convertimos en campeones del mundo”.

Luego de obtener la Copa, Obedulio, transido de dolor, dejó la fiesta uruguaya y se encaminó, él solo, por las calles de aquella Río de Janeiro vaporizada, infectada, transida, fractal, desmoronada. Y se metió, él solo, a las cantinas donde los negros lloraban delante de un vaso de cachaza y los blancos les servían de paño de lágrimas. Allí, con la cara contrita, escuchó su nombre y el razonamiento simple pero demoledor. “La culpa es de Obedulio, la culpa es de Obedulio”. Y era tanta, que un impulso lo obligó a acercarse a ellos, pedir su aguardiente y llorar como garota junto a aquellos derrotados, muertos vivientes desangrados hasta la última gota por un partido que ellos, los afectados, comprendían, era el fin del mundo, de todas las cosas, de un jefe que sólo ese día y en ese lugar odió su trabajo.

Y para Barbosa, por poner un final, siempre será Día de Muertos.

Balance de fuerzas

* La confianza en Beltrones —quien nunca ha ocultado su simpatía por Carlos Salinas, ni su amistad con Raúl Salinas— tiene sus límites muy marcados. Por las dudas, Peña le envió allí, a la Cámara de Diputados, a su ex subsecretario general de Gobierno José Manzur Quiroga, así como a Fernando Maldonado Hernández, ex secretario del Trabajo y ex director general del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMyM), al ex líder magisterial Fernando Zamora, a Miguel Sámano Peralta, ex secretario particular y brazo operativo de Arturo Montiel, así como a su ex secretario de Educación, Alberto Curi Naime. Sin duda, una importante comitiva de fieles seguidores de Peña que tendrá como principal tarea informarle de cuanto ocurra en la Cámara de Diputados. Este es un texto extraído del libro Los Golden Boy’s, del periodista Francisco Cruz, editado por Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

Durante 1994, un año después de que ocupara el cargo como gobernador,  Mario Villanueva llegó a un acuerdo para que el Cártel de Juárez usara, libremente, el estado de Quintana Roo para recibir envíos de cocaína colombiana. La droga era almacenada y, posteriormente, con el conocimiento del gobernador, enviada a Estados Unidos. Bueno o malo, el arreglo permitió a Villanueva hacerse hasta de 500 mil dólares por cada cargamento. El dinero se transfería a sus cuentas bancarias y firmas de corretaje en México, Estados Unidos, Suiza, Bahamas y Panamá.

En mayo de 2002, se confirmó que los bienes acumulados de Felipe Enríquez Hernández, el “nuevo” Golden Boy, y su familia, superaban 223 millones de pesos. Él justificó todo, negó cualquier tipo de desvío de dinero público o acto de corrupción.

Hizo lo que estaba a su alcance. Pero el 1 de julio siguiente se demostró que los señalamientos habían conmocionado a la opinión pública porque el electorado le cobró a Enríquez sus escándalos, las aventuras de caudales de dinero, la acumulación de propiedades y sus negocios inmobiliarios: lo hizo perder los comicios por la alcaldía de Monterrey. Fue aplastado por la joven panista Margarita Arrellanes Cervantes, quien participaba por primera vez en una contienda electoral.

De plano, y entrando al futurismo, hay quienes piensan que aquel 1 de julio le cortaron las alas o sus ambiciones políticas, porque el diputado federal Felipe Enríquez Hernández, el compadre de personajes poderosos como Peña e Ivonne Ortega, ya soñaba con desplazar a Videgaray Caso y a Emilio Lozoya Austin en el equipo presidencial.

Por decirlo de otra manera, muy temprano en la contienda interna, aun antes de entrar en ella, le mataron sus sueños sucesorios. A menos que pase un milagro priista, amparándose en la generosa “ley de olvido”, fue condenado a operar en lo oscurito.

En lo abierto, o en la superficie, el primer grupo quedó bajo el control de Emilio Chuayffet —quien en 1993 llegó a la gubernatura mexiquense de la mano del presidente Salinas—; el segundo quedó a cargo del influyente Luis Videgaray — que representa a la escuela tecnócrata salinista, a cuyo lado aparece Emilio Lozoya Austin, hijo de un secretario de Estado en el salinato—; y el tercero, al mando de los ex gobernadores hidalguenses Miguel Ángel Osorio y Jesús Murillo, responsables de la agenda legislativa desde donde se busca neutralizar al sonorense salinista Manlio Fabio Beltrones, coordinador de los diputados federales priistas de septiembre de 2012 a agosto de 2015.

Sacrificado en la contienda interna para la candidatura presidencial, Manlio apuesta por un gobierno compartido con las alianzas. Eso implica el reparto de los puestos de la alta burocracia, circunstancia con la que no están muy de acuerdo los peñistas, aunque, de momento, lo han aceptado.

Todavía hay quienes atribuyen a Beltrones la filtración de documentos confidenciales que culminó con la revelación del pacto secreto que firmaron, como testigos de honor en 2010, Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación en el sexenio de Felipe Calderón y Luis Enrique Miranda Nava, secretario general de Gobierno del Estado de México, para prohibir una eventual alianza del PAN con el PRD en las elecciones de julio de 2011 con la finalidad de elegir al sucesor de Peña.

El debate entre PRI y PAN para discutir la alianza PRI-PRD en el Estado de México fue tan agrio, que por varios días entró al salón de plenos de la Cámara de Diputados, pero el punto más candente se alcanzó en la sesión del 10 de marzo cuando, en su intervención, la legisladora panista María Elena Pérez de Tejada hizo una pausa para responder a la provocación del priista Rodrigo Reinoso Liceaga sobre si sabía que Gonzalo Alarcón, ex alcalde panista, había golpeado y casi matado a su esposa. La respuesta fue tajante: “Yo no estaba enterada, pero si así fuese, cualquier mexiquense, incluso el gobernador que, no lo digo yo, lo dicen muchos medios, está acusado de haber matado a su mujer; que denuncien y que investiguen”. A pesar de que los diputados priistas exigieron que ese señalamiento se borrara del Diario de Debates, el daño ya estaba hecho y, con ello, se ponía al entonces senador Beltrones en boca de todos.

Después de esta acusación, Pérez Tejeda continuó con su discurso, pero apenas se escuchó cuando sentenció: “los mexiquenses queremos verdades, ya basta de luces, de telenovelas, de engaños, de mentiras. Los jóvenes, las mujeres, las niñas, los niños, los mexiquenses, ¿queremos un gobernador que salga en la tele? Sí, para rendir cuentas, para decir la verdad, no para presentarnos a su novia”.

Y eso jamás se lo perdonarán a Beltrones. Los priistas mexiquenses del Grupo Atlacomulco lo sabrán cobrar cuando llegue el momento, pues para tramar venganzas su mejor virtud es ser pacientes. Setenta años se tardaron en alcanzar la Presidencia de la República, pero llegaron. Ahora tienen el poder, recursos y tiempo de sobra.

Por su parte, Beltrones es un acertijo. El 29 de octubre de 2011, Jesusa Cervantes escribió en la revista Proceso: “… le reconocen habilidad para negociar y capacidad para operar; han llegado a decir que es ‘un hombre de Estado’. Lo cierto es que se trata de un político que a lo largo de los años ha logrado establecer puentes políticos con Estados Unidos, el empresariado mexicano, las fuerzas armadas, la Iglesia y hasta con la oposición. […] Pero también se le ha señalado como un hombre siniestro que ha podido establecer ligas con seres oscuros y míticos, como el narcotraficante Amado Carrillo, “El señor de los cielos”. […] Este aspecto, su presunto nexo con un ala del crimen organizado, ya forma parte de las historias que se han formado en torno a su figura, así como aquello de que se trata de uno de los políticos más informados del país. Su historia negra corre de la mano de su exjefe y mentor Fernando Gutiérrez Barrios, pero también de su mano corren las habilidades y estrategias aprendidas”.

Su historia negra se ha tejido de muchas maneras. Por ejemplo, en 1994 se le vinculó al crimen del candidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio debido a un encuentro con el “asesino” Mario Aburto en Playas de Tijuana. Las versiones todavía se encuentran en internet: “Cuando asesinaron a Colosio, Beltrones se encontraba en Sonora (era gobernador) y el presidente Salinas le pidió que se trasladara a Tijuana para estar al tanto de los acontecimientos; Rubén Aburto, padre de Mario Aburto, quien cumple condena señalado como el asesino de Colosio, acusó a Beltrones de estar presente durante las torturas a su hijo para que se declarara culpable”. Lo real es que la carrera política del sonorense siempre fue hacia arriba.

De entre sus leyendas, sobresale la que cuenta que, en mayo de 2009, Beltrones, un político de línea dura y trato suave, coordinó una colecta de fondos entre varios gobernadores del PRI y el presidente Vicente Fox para pagarle al empresario argentino-mexicano Carlos Ahumada por los videos que entregó de algunos líderes perredistas —como René Bejarano, de la confianza de Andrés Manuel López Obrador—, involucrados en actos de corrupción.

La confianza en Beltrones —quien nunca ha ocultado su simpatía por Carlos Salinas, ni su amistad con Raúl Salinas— tiene sus límites muy marcados. Por las dudas, Peña le envió allí, a la Cámara de Diputados, a su ex subsecretario general de Gobierno José Manzur Quiroga, así como a Fernando Maldonado Hernández, ex secretario del Trabajo y ex director general del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMyM), al ex líder magisterial Fernando Zamora, a Miguel Sámano Peralta, ex secretario particular y brazo operativo de Arturo Montiel, así como a su ex secretario de Educación, Alberto Curi Naime. Sin duda, una importante comitiva de fieles seguidores de Peña que tendrá como principal tarea informarle de cuanto ocurra en la Cámara de Diputados.

Así, el 14 de agosto de 2012  Síntesis Informativa Digital del CEN PRD hizo público el mensaje de José Manzur Quiroga en San Lázaro cuando perfilaba como coordinador de los diputados mexiquenses y donde advirtió que buscará apoyar las propuestas de Peña, principalmente en rubros como educación y trabajo: “Tenemos que estar muy cerca de Peña […] Hay que darle orden a este país, somos la bancada mayor en la Cámara y la del Estado de México es la mayor de todas las bancadas de los estados, vamos a tener una fuerza muy importante para apoyar a nuestro Presidente de la República”.

La Muerte a escena


“La muerte es dulce; pero su antesala, cruel”.

Camilo José Cela.

 

Jaime Garduño

El Fandango de los Muertos es una obra que cumple ya 28 años. Cada año se presenta en el circuito universitario de la ciudad con éxito, aunque casi nadie sabe quiénes están detrás de una dramatización que recorre las distintas expresiones del ser humano. Lo chusco, lo grotesco se mezclan de pronto en una parodia de vida y muerte que critica todo: la política, el arte, las tradiciones.

Este Fandango, escrito por Constancio Suárez y dirigido por Héctor Sánchez, finalmente se ha posicionado dentro de las festividades del Día de Muertos y por sus filas ha visto aparecer a Esvón Gamaliel e incluso al actual rector de la UAEM, Jorge Olvera.

- Desde hace 28 años El Fandango de los Muertos es ya tan de nosotros que no nos damos cuenta del tiempo que tiene. Héctor Sánchez, comentaste que cuando se inició este proyecto había niños, muchos de los cuales hoy vienen nuevamente, algunos ya como actores y que incluso traen a sus propios hijos. ¿Cuántas Personas iniciaron este proyecto?

- Iniciamos la planeación cuando éramos un grupo de 7 u 8 amigos que nos juntábamos y que íbamos constantemente al panteón.

- ¿Ibas con la familia?

- No, con los amigos. Pues yo no soy de aquí y no tenía a nadie, no tengo a nadie.

- ¿De dónde eres?

- Nací en Jalisco. Y desde chavo mi papá nos llevó a Colima porque no había escuelas. Nací en San Marcos, Jalisco, muy cerca de los límites de Colima. A mi papá lo mandaron a trabajar a un pueblo de ahí, en Coquimatlán, un ingenio azucarero. Un hermano y yo nos venimos a estudiar aquí. Yo iba a estudiar medicina pero por problemas muere mi padre y ni modo, a ponerse a trabajar de tiempo completo. Mi hermana, la más grande, se acababa de casar. Mi hermano y yo, que nos habíamos venido, nos decidimos a trabajar. Mi madre es ama de casa, no tiene preparación y pues a apoyarlos. Nos pusimos a trabajar para que mis hermanos estudiaran. Afortunadamente todos mis hermanos estudiaron, incluso muchos de ellos se titularon mucho antes que nosotros dos. Así fue como llegamos a Toluca. Aquí nos casamos y vino la familia. Ya somos más de aquí y la vida aquí está.

- ¿Qué edad tenías cuando inicias esta aventura de ir a los panteones con los amigos?

- Pues tendría 30 años o menos. No estábamos casados, todos solteros y además éramos gente de teatro. Entre ellos estaban Cony Jaimes, Miguel Jaimes, Eglantina López, Miguel Rodarte (qepd), Gabriela Córdova, que era su pareja, Esvón Gamaliel, Calvillo Pérez y un servidor. Veíamos el panteón desde el centro de Toluca, desde acá, en la avenida Matlazincas, donde está el panteón San Miguelito y en esos días se veía muy bien. Y hacíamos siempre lo mismo. Buscábamos una tumba sola, la limpiábamos y tomábamos flores de otras tumbas que estaban solas, pero que ya antes las habían arreglado en el transcurso del día. La arreglábamos y nos poníamos ahí, sin saber de quién era y ahí nos poníamos a observar: unas personas llorando, otras cantando, cenando,  tomando y otras contando anécdotas. Veíamos que eso era una fiesta y así nos la pasábamos toda la noche. Como todos estábamos en teatro salió la idea de hacer algo. Pero se quedaba nada más en eso. Un día pasé por una librería y compré un libro, Teatro de Pueblo o algo así y en esas obras venía una llamada El Fandango de los Muertos, que es esta obra, la que estamos presentando. Entonces la leo y en la noche, en la bohemia les comenté el texto y pues vamos a leerlo, lo leímos y pues nos reíamos. Esta obra tiene siete personajes y unos músicos que menciona ahí el autor oaxaqueño Constancio S. Suárez. En ese tiempo Esvón Gamaliel estaba haciendo un curso para los jóvenes del PRI -le habían prometido que el curso iba a culminar con una puesta en escena-. Y resulta que no, como siempre, resulta que Esvón les pide presupuesto para empezar a producir, poner la puesta con la obra con los muchachos y resulta que no hay. Hizo el coraje de su vida y así llegó a nuestra reunión y me dice que no le dieron presupuesto, pero le enseñamos El Fandango. Esvón me dice a ver, a ver. Y así fue como empecé. Éramos siete actores y siete músicos. Éramos en total 14 y yo dirigiendo aquí en Rectoría.

Transcribo estas Calaveras a manera de muestra y de homenaje a la obra El Fandango de los Muertos.

El fandango teporocho,

maldiciente y claridoso

este año cumple veintiocho

y aún se siente gozoso.

*

Los maestros de la CNTE

clamaban sin más pensarlo,

que evalúen al presidente

si no hay que cesarlo.

 

*

Agua pasa por mi casa,

por el catre y el colchón,

no, no es una adivinanza,

es una perra inundación.

Un día sin clases

* Es comprensible que no sea fácil decidir ir a trabajar en un “día dado”, porque la gran mayoría de maestros festeja la suspensión sin tomar en cuenta la destrucción que se hace de su figura, emprendida sobre todo en la televisión.

 

Luis Zamora Calzada

El Plan de Desarrollo del Estado de México 2011-2017, en el pilar de gobierno solidario, en su apartado de política educativa establece que la educación “es un instrumento necesario para integrar a los grupos en situación de vulnerabilidad a la sociedad como individuos con derechos plenos, puesto que al garantizarles este acceso se materializan sus oportunidades”.

A pesar de los renglones citados, el derecho a la educación garantizado en el artículo 4 constitucional, y a lo establecido en el calendario escolar a nivel federal, pasaron a segundo término en la determinación estatal de suspender clases el primero de noviembre sin fundamento legal alguno.

El miércoles de la semana pasada fue sorprendente este anuncio, sobre todo cuando a nivel local, el titular del Ejecutivo estatal ha manifestado su apoyo íntegro a la reforma educativa impulsada por el gobierno federal, lo que hacía suponer que comprendería los días a cubrir en el ciclo escolar.

Una parte interesante fue la reacción que tuvieron muchos maestros, que ante la suspensión de un día de clases, presumida como un logro sindical oficial, tomaron la determinación de laborar ese día. Según reportes diversos, algunos docentes realizaron actividades fuera de las instituciones al encontrarse con las escuelas cerradas y contar con la asistencia de sus alumnos.

Esta acción, por menor, que parezca, puede ser el punto de partida en la construcción de un nuevo perfil magisterial, sobre todo en una cultura de confort impuesta, que ha devaluado la imagen de los profesores estatales ante la sociedad.

Es comprensible que no sea fácil decidir ir a trabajar en un “día dado”, porque la gran mayoría de maestros festeja la suspensión sin tomar en cuenta la destrucción que se hace de su figura, emprendida sobre todo en la televisión.

Enhorabuena por este hecho, no importa que hayan sido pocos.

Reinstalación anunciada

Fue necesario que el Tribunal Estatal de Conciliación y Arbitraje (TECA) fuera obligado por la justicia federal para dictar seis laudos (sentencias) en el expediente laboral 550/2008, el último de fecha 28 de junio de 2013, para que finalmente ordene la reinstalación de quien esto escribe, el día 8 de noviembre del año en curso, en los mismos términos y condiciones en que lo venía desempeñando, en el centro de trabajo “Instituto Superior de Ciencias de la Educación del Estado de México”.

No es comprensible desde ningún punto de vista, que de las actuaciones del TECA y por lo dictado en los amparos otorgados por magistrados de los colegiados federales en materia laboral, se hayan determinado actuaciones ilegales y contrarias a derecho en contra del trabajador, con el único propósito de perjudicar, consumir tiempo, desesperar para vencer la resistencia y a toda costa pretender quitar la plaza ganada mediante concurso escalafonario al afectado.

Han pasado varios años desde que la Secretaría de Educación, por el solo hecho de haber ejercido un derecho constitucional, haya emitido oficios de rescisión laboral, que fueron combatidos en términos de ley. Dicha instancia llegó al extremo de inventar causales falsas que no evidenció con medio de prueba alguno durante el juicio, su pretensión con los despidos fue impedir la constitución del Sindicato Unificado de Maestros y Académicos del Estado de México, no lo consiguió, de ahí su cerrazón al diálogo.

En el caso que nos ocupa, durante el proceso el TECA se manifestó como el enemigo del trabajador. Por ejemplo, sin motivo alguno interpuso en marzo de 2011 un impedimento ante la justicia federal para retardar un año el procedimiento, reclamando “…la conducta de los magistrados mencionados es ilegal toda vez que han mostrado parcialidad a favor de Luis Zamora Calzada, en las resoluciones dictadas en los asuntos con él relacionados, lo que trae como consecuencia un evidente beneficio a dicha persona;… Por tanto, ante el evidente favoritismo manifiesto… y el notable designio anticipado ha propiciado flagrante violación a la garantía de neutralidad… violando con ello disposiciones jurídicas vigentes”. Fue declarado infundado, con el pago de una multa que les impusieron.

Esta instancia “impartidora de justicia laboral” no tiene sustento legal para explicar este tipo de actuaciones dolosas y de mala fe como los cometidos en este expediente, que fueron superados con los amparos federales. Lástima que muchos trabajadores en circunstancias similares sean vencidos en el transcurso de su defensa.

Los días del Metro

* ¿Pero cómo? ¿Pero quiénes? La mitad de la vida montados en un vagón subterráneo ha insensibilizado las más elementales necesidades. Adormecido, uno se pregunta por los aviones allá fuera o escucha la radio, al locutor Sergio Sarmiento, mientras articula defensas imposibles para sus patrocinadores.

 

Miguel Alvarado

Todo comienza con un ataque cardiaco en un vagón del Metro. Es el Distrito Federal y sus calles subterráneas apenas atraviesan la piel de los gusanos. Han aprendido a vivir escondidos, sin posibilidades, al límite de lo que en otro lado sería la muerte. Los gusanos están felices pero aquellos que viajan en ese laberinto, perdidas las horas de oficinas en hacerse los interesantes, los productivos, desterrados en reflexiones insensatas, espantados de sí mismos, que trabajan, que esperan dinero a cambio de algo casi siempre estúpido, esos no se dan cuenta. ¿Pero cómo? ¿Pero quiénes? La mitad de la vida montados en un vagón subterráneo ha insensibilizado las más elementales necesidades. Adormecido, uno se pregunta por los aviones allá fuera o escucha la radio, al locutor Sergio Sarmiento, mientras articula defensas imposibles para sus patrocinadores. “Yo quiero asegurar… bueno, mejor, mejor son las 7:25 de la mañana”, informa el tiburón más pequeño de los mass media cuando un escucha le reclama los servicios de Sura, que maneja en el marco de la legalidad las afores del desesperado. Sura, en su tiempo libre, patrocina el noticiero de Sarmiento, ávido coleccionista de motos y que viaja a San Diego por razones hacendarias y de seguridad. ¿Cómo es vivir así, entre vuelos de 3 mil pesos por servicio, más sándwich de jamón y bebida apenas pasable? Sura significa Grupo de Inversiones Suramericana, y compró los activos de ING, holandesa a la que se le hizo fácil capitalizar a los socios. Lo consiguió, luego de que los colombianos de aquella Sura pagaran 3 mil 783 millones de dólares por los activos. Sura no es cualquier cosa y trata de portarse bien porque uno de sus estudios arrojó que México representa un mercado potencial de 210 mil millones de pesos, en el rubro de las afores. ¿Para qué querrá alguien tanto dinero? ¿Dónde lo guardará? ¿Comprará cómics? ¿Dejará de trabajar? Encontrará el nirvana en ese nicho de mercado. Yo lo encontraría sin dificultades. De sí mismo, Sura, dice que es un “grupo multilatino”, con más de 30 millones de clientes. Lo que no dice es quiénes son sus dueños, pero hacen sociedad con Scotiabank y mantienen empresas productoras de alimentos a nivel global, aunque para hacer negocios les encanta Chile, donde encontraron una especie de familia de repatriados que controlan la mayor parte de las empresas en aquel país. Sura es el Grupo Atlacomulco de Colombia. Incluso, su denominación más general, GEA, Grupo Empresarial Antioqueño, no existe oficialmente. Dice la reportera Valeria Ibarra que “en Colombia son omnipresentes. El café que se bebe en la mañana es parte del grupo, así como el jamón Zenú, la carne Ranchera o los tallarines Doria. Si saca una cuenta bancaria, ahí están en Bancolombia; si tiene ahorros previsionales, un seguro o atención privada de salud, estará con ellos, con Sura. Incluso su casa bien probablemente está construida con Cementos Argos. Aunque están en todos lados, su hogar y su identidad está definido: son de Antioquia. Son “paisas”, como se autodenominan los colombianos de esa región, y en parte la fama del conglomerado empresarial se debe a ello. Porque los “paisas” son vivarachos, buenos comerciantes, como señalan en el país caribeño. En resumen, son los emprendedores de Colombia”.

Nadie dice que tengan que ver con el narco o con políticos en el poder o con empresarios en la política o con el clero. Nunca. Mejor portarse bien y evitar los cardiacos ataques.

 

 

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¿Qué más vimos? Un hombre, desolado, ejecuta maromas junto a un destacamento de policías, que lo mira entre burlón y envidioso. Delgadito, como fideo, el hombre parece tener hambre. Pero no. Es un practicante del parkout, que significa algo así como hacer acrobacias en la ciudad, que se vuelve cómplice de los gimnastas pues aprovechan los concretos obstáculos como mejor pueden. En los videos europeos las cosas se ven de otra forma. Gráciles cual gacelas, los sajones despliegan lo mejor de su elástico cuerpo  y su equipo logra las mejores tomas. Hasta lo justifican, filósofos ellos, con sendas frases que -algunas, otras no tanto- dan risa en este Tercer Mundo. Pero el mexicano del otro día practica constantemente, afuera del Museo Nacional de Arte, junto a los granaderos, con público o sin él. Con el único que habla es con el del carrito de la basura, antes de saltar una hilera de postes de unos 80 centímetros de altura. Sube al primero y se prepara. Escarba lo mejor del oxígeno de aquel Distrito Federal y se limpia las manos en sus pantalones, que no son cortos, pero tampoco largos. Estira los brazos y brinca con las dos piernas juntas. La hilera, de unos 12 postes, es completada en menos de 40 segundos, pero no hay aplausos: pocos se detienen a verlo. A 15 metros, el Caballito verdoso de Carlos IV, cubierto con una cerca de alambres y malla se corroe tranquilamente, junto a los afanes de los hombres necios que acusáis al Chepo de la Torre sin razón.

 

*

Estaban los museos, pero eran aburridos. Había fotos de una señora que coleccionaba el arte de otros. Lola, muy valorada en círculos extrañísimos, desde Rivera hasta toreros, tenía en su casa vitrinas de cristal cortado con enormes colmillos de elefante, tallados a mano, como tailandeses o chinos. Los elefantes caen bien, excepto el Dumbo volador de Disney, que quiere ser una estrella de cine o un trapecista cuando tiene la oportunidad de todas las oportunidades. Lola tenía una casa excepcional, donde vivía rodeada de cosas bonitas pero no tan cálidas. Luego pusieron allí un museo, donde cuelgan unos cuantos Modigliani, Matisse y hasta Picasso. Obras menores o mayores, sin embargo su estética es decretada por la pared a la que se aferran. Clavos inhumanos las sostienen como pueden en un espacio diseñado, seguramente, para un dios de altura. También había unas cuantas coatlicues y tenebrosas divinidades aztecas, inmejorables, abandonadas en un estante, inexplicados pero aún poderosos, vitales, sobreviviendo a Lola, a sus perros grises sin pelo, sacados del averno de los Asura. Porque asuras, dicho sea de paso, es el peldaño más bajo en la categoría budista para los demonios.

Paz, paz.

 

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Salidos de pintores y calaveras, el DF ofrece cualquier cosa si se puede pagar. Quisiéramos comprar todo, tocar, beber, coger, usar, tirar. Aire, pisos, mentadas de madre, por ejemplo, pero también manos, respuestas, preguntas o silencios. Nada mal. Llenos o vacíos de eso, unos tacos de chorizo en el puesto más incómodo de La Noria. Allí, sobre una banqueta apenas comenzada, don Alonso reparte el queso. Y los tacos y las quesadillas y los sopes, mientras su esposa se encarga de echar un lente a los clientes. Y es que algunos se van sin cobrar, cuentan los taqueros, nomás se hacen tantito para allá y de pronto ya ni quién los vea y ya se llevaron los tacos y el refresco. Por eso, siempre a las vivas.

-Pero es que vieja, el joven del suéter negro ya se fue para allá, mira, se está haciendo nomás y no ha pagado sus sopes.

-Que no, viejo, aquí está su cuate, echándose su chorizote. ¿Verdad, joven que viene con el don?

Y así las dudas se cocinan entre muestras de agradecimiento y desconfianza. Al final 200 peso por 3 órdenes no significan nada. Nada, sólo 200 pesos menos.

A favor

* Los diputados priistas que votaron a favor de la reforma hacendaria tienen nombre y apellidos. Algunos, hasta trayectoria pública tienen. Pero ninguno se tocó el corazón o la inteligencia para no apoyar la propuesta federal que encarecerá 16 por ciento productos y servicios a partir del 2014.

 

Miguel Alvarado/ Juan Manuel Hernández León

Sólo tres de los diputados federales mexiquenses del PRI no votaron a favor de la reforma hacendaria, que eleva los impuestos de prácticamente todos los bienes y servicios en 16 por ciento para el 2014. Estos tres que no votaron a favor, José Luis Cruz Flores Gómez, Raúl Sandoval Macías y Darío Zacarías Capuchino –líder de la CNC- se limitaron a no asistir a la sesión del 18 de octubre del 2013.

El resto de los diputados tricolores del Edomex siempre han tenido una relación directa y cercana con el presidente de México, Enrique Peña Nieto y su grupo político. Casi todos los que votaron no representan caras nuevas para el electorado. Han sido diputados locales, presidentes municipales, líderes sindicales y funcionarios públicos desde el sexenio de Arturo Montiel Rojas, tío de sangre de Peña Nieto.

La votación de los priistas, apoyada por 79 panistas, 72 perredistas y 10 aliancistas arrasó con la pobre oposición del Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano, que entre los dos apenas juntaron 22 votos, más otros 30 entre PAN y PRD.

La abrumadora mayoría tricolor y sus aliados no tuvieron dificultades y acudió a la experiencia de los allegados al poder del grupo peñista. Destacan, por ejemplo, Miguel Sámano Peralta, operador político del peñismo cuando gobernador pero secretario particular de Arturo Montiel desde que éste trabaja en los Talleres Gráficos de la Nación. Siguió a Montiel a la gubernatura y al término del sexenio se le otorgaron posibilidades para una diputación por parte del Verde Ecologista, que no desaprovechó. Considerado uno de los Golden Boy’s más influyentes, le tocó acercar a Montiel con medios de comunicación y negociar con políticos y empresarios para establecer una sola línea de trabajo con resultados admirables. La prensa local fue alineada a partir de contratos o convenios. Nadie quedó fuera y se procuró una derrama general para las empresas. Montiel vivió un terso sexenio con algunos sectores gracias a los oficios de Sámano, a quien se le consideró uno de los tres políticos más poderosos, junto con Luis Miranda y el propio Montiel.

En la lista de los que votaron a favor también aparece Fernando Zamora, ex dirigente del impenetrable Sindicato de Maestros, SMSEM, en la entidad. Los maestros agrupados en esa organización suman más de 80 mil y siempre se han plegado del lado tricolor para apoyarlo en tiempos electorales. La gestión de Zamora fue como todas, pero se le recuerda más por una extraña foto donde apareció montado a caballo y con un rifle AK-47 en las manos, justo al lao de uno de los jefes del narcotráfico de La Familia en el sur mexiquense. La foto no le representó mayor problemas, tan es así que después consiguió una curul federal, donde opera actualmente.

Otro personaje que votó a favor de la reforma hacendaria es José Manzur Quiroga, ex secretario general de Gobierno con Montiel y subsecretario con Peña Nieto. Manzur simpre h estado en el ojo del huracán, incluso desde el 2007 una declaración patrimonial pública hecha por él mismo señalaba que poseía “casas en Naucalpan, Temascalcingo y Valle de Bravo; 99 vehículos antiguos de colección, que aseguró haber heredado; 47 vehículos de arrastre y salvamento, que forman parte de su empresa Grúas Manzur; ocho automotores más, “de servicio”, y cinco autos de “uso diario”, consignaba el diario La Jornada. Siempre al lado del montielismo, vivió el asesinato de uno de sus hermanos y los señalamientos sobre narcotráfico contra otro. Todo lo superó y actualmente es uno de los priistas mexiquenses más poderosos.

En la lista de los votantes a favor de los impuestos hay ex alcaldes como Roberto Ruiz Moronatti, de Coacalco, y Alejandra del Moral, de Cuautitlán Izcalli. El primero enfrenta una petición por desafuero debido a señalamientos por incumplimiento de obras. Siempre leal al priismo, ha conseguido un capital político de cierto peso pero que le alcana para influir en el valle de México a favor de su grupo. A Alejandra de Moral se le ubica como una de las aspirantes a la gubernatura de la entidad en los próximos sexenios. Simpática y guapa, se ganó al electorado de su distrito, siempre al lado de Peña Nieto.

Otro ex alcalde, José Rangel Espinoza siempre mantuvo bajo perfil cuando encabezó la presidencia del municipio más pobre de la entidad, San José del Rincón. Como diputado federal, saltó a la palestra pública porque emplacó su auto, un lujoso Mercedes, con distintivos de la Cámara. Se le conoce como el legislador Dipucharola, que lo obligó a rectificar.

El caso de Gerardo Liceaga es inusual. Comentarista deportivo de Televisa, después se postuló para la alcaldía de Teoloyucan, donde fue señalado por corrupción por su propio cabildo cuando detectaron cifras maquillas en el 2012. Representa un ejemplo de la influencia de la empresa de Emilio Azcárraga en lo sexenios de Montiel y el actual presidente de México.

Jesús Tolentino Román Bojórquez es miembro de Antorcha Campesina, la misma organización que reclama la renuncia del gobernador mexiquense Eruviel Ávila por incompetencia y que ha convocado a una megareunión en el Estadio Azteca para el 3 de noviembre y hacer públicas sus razones. Antorcha es uno de los brazos duros del priismo y apoyó a Peña en sus campañas para gobernador y presidencia.

Fernando Salgado Delgado, secretario del PRI juvenil en tiempos de César Camacho, es uno de los enlaces con los sindicatos mexiquenses, entre ellos el del transporte y la CTM. Es protegido de Joaquín Gamboa Pascoe.

Fernando Maldonado Hernández Fernando fue director del ISSEMyM los primeros meses de la gestión eruvielista. En 2013, el IFE determino que había rebasado los topes de gastos de campaña, igual que el 90 por ciento de los ahora diputados federales del PRI. Fue también secretario del Transporte en la entidad, sector con el que mantiene intereses políticos.

Alberto Curi Naime fue secretario de Educación estatal con Peña y perdió las elecciones para la alcaldía de Toluca en el 2000.

Los diputados, presumidos por el PRI y el propio presidente de México como “una nueva camada” dan la impresión de estar en las curules por méritos ajenos y porque son necesarios para cerrar grupos dentro del priismo a favor de su líder inmediato. Cada uno, aun con carreras públicas cortas o de bajo perfil, presenta una relación de parentesco, política o empresarial con la cúpula priista, como el caso de Sue Ellen Bernal Bolnik, hija de Eduardo Bernal, un ex alcalde de Tecámac, relacionado con la familia Hank. Asesor de Jorge en Baja California, también coordinó parte de la campaña de Ávila, “y se mantuvo como el enlace de negocios y encuentros del personaje conocido como Tigre Blanco en los expedientes de los organismos de inteligencia de Estados Unidos”, cita el semanario Proceso. La hija, Sue Ellen, tiene 31 años.

Angelina Carreño Mijares aseguraba en campaña que Enrique Peña regresaría la dignidad a México. Hoy, esta diputada está registrada entre una de las que más viaja, en un presupuesto que hasta mayo del 2013 alcanzaba 2.8 millones de pesos en gastos, ejercido junto con otros diputados. No cuenta con trayectoria académica, al igual que Darío Zacarías y Maricruz Cruz Morales. De esta última, se sabe que es integrante de la Central Campesina Independiente. “O te dedicas a ser dirigente social, o te dedicas a hacer propuestas, o te dedicas a leer”, es una de las frases más celebradas de la representante popular. En pocas palabras, terminó la preparatoria y se colocó como asesora de un legislador. De allí a la diputación había un solo paso.

Aurora Denisse Ugalde Alegría, hija de Arturo Ugalde, alcalde de Tlalnepantla y cuya experiencia política es nula y llegó al cargo, dicen, por ese vínculo.

Laura Barrera Fortoul es una de las que más carrera tienen, aunque siempre ligada al montielismo. Consejera del PRI, secretaria estatal de Turismo. Hija de Heberto Barrera, ex presidente de la Fundación Colosio. Es hermana de Heberto Barrera, quien perdió una elección municipal en Villa del Carbón y sobrina de Jaime Barrera, ex secretario del Transporte.

Otro, Alberto Acosta Peña es concesionario de Pemex y ha sido subdirector de Finanzas de Chimalhuacán, por lo que su interés estará enfocado también en apoyar una reforma energética.

El resto de los diputados priistas que votaron a favor, no menos interesantes que los anteriores,  son Marco Antonio Calzada Arroyo Marco Antonio, Brenda Alvarado Sánchez, César Navarro de Alva, José Moreno Árcega, Silvia Márquez Velasco, Norma Ponce Orozco, Cristina Ruiz Sandoval, Rosalba Gualito Castañeda, Blanca Estela Gómez Carmona, Irazema González Martínez Olivares, Juan Manuel Carbajal Hernández, Tanya Rellstab Carreto, Noé Barrueta Barón, Francisco Fernández Clamont, Cristina González Cruz, Gerardo Hernández Tapia, Érika Funes Velázquez y Leticia Calderón Ramírez.

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