La Feria del Libro

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* Audrey Sylvain debe creer, en la noche más negra, más black, más metal, que Faiblesse des Sens es cualquier cosa. Tiene razón, pero la torpeza letrística está compensada. Qué importa que en esos momentos la muerte se acentúe, o que sean les corps sont des réfuges aux caresses. Porque qué importa si para eso están la música más salvaje, el francés más ligero.

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Miguel Alvarado

Que entrábamos. Y que teníamos el boleto 33 mil 127 para la Feria Internacional del Libro, la primera, una de las pocas que se hacen en Toluca y que exhiben un montón de ellos, por todos lados, siempre más de superación personal y de evasión, como Crepúsculo, las 50 Sombras y así.

Por otro lado, el aparato oficial, entidad que se permite todavía un buen gasto en imprimir algunos muy buenos productos, pero otros tan malos que hay que ojearlos porque qué tal que dicen algo, inunda los espacios, los acota. Está bien, nadie dice nada, hasta bonitos están. Hasta hay poesía.

Pero no. ¿O sí?

Puros –¿cómo es?- espacios públicos. Así ha sido, así será, pero hay un montón por hacer. Ese dinero, esos gastos que necesariamente se emparejan con el 41 por ciento de los mexicanos en estado de miseria o del millón de desempleados universitarios que no encontrarán, nunca jamás, un trabajo en el área que estudiaron, ese dinero es… pero lo importante es leer. Se vale intentarlo, hasta la envoltura del Gansito. Lo demás, lo demás no significa nada.

Ya si alguien quiere (puede-sabe), tratará después de entender el texto.

Por ejemplo, dice la revista electrónica ecoosfera.com que el 42 por ciento del Gansito es azúcar.

Pero no quería, no quería datos, sólo una tabla de contenidos (también hay Chocorroles y recuerdo los Submarinos. ¿Todavía existen los Submarinos?).

Pero Google no está disponible y dice en la pantalla que se intente más tarde.

Marinela, Marinela, Marinela de mi amor. Marinela se llamaba la hija del creador de los productos. O es una leyenda de esas que todas las empresas tienen, donde los dueños le ponen los nombres de sus seres queridos a los dulces y luego los derriten azucarados, los entintan y los imprimen, los inmortalizan en neón y los colocan visibles, súper eléctricos, en Reforma de perdida. Anda pues, los seres queridos.

Ya. No. Se desata la tormenta y entre el rudo aliento del océano, dice Verne, puede pensarse alguna vez que todo depende del ritmo, de la astucia interpretativa. Porque cómo, uno, je m’écoeure, je m’écoeure, se dirige sin equívocos al lugar más alejado de distintas maneras.

Una, la gracia.

Otra, la estulticia.

Audrey Sylvain debe creer, en la noche más negra, más black, más metal, que Faiblesse des Sens es cualquier cosa. Tiene razón, pero la torpeza letrística está compensada. Qué importa que en esos momentos la muerte se acentúe, o que sean les corps sont des réfuges aux caresses. Porque qué importa si para eso están la música más salvaje, el francés más ligero.

Que esperen los gansitos, al fin que no va a haber.

Los libros chatarra conviven por mientras, así como por mientras, en el espacio tan desaprovechado de la Plaza de los Mártires, el pobre centro de Toluca, en una oscura cueva construida con la tecnología que los mítines nos dejaron. Enfrente, otra cueva, pero ésta de ladrones, tan oscura y opresiva como las carpas literarias: la Catedral que el Grupo Atlacomulco le construyó a sus sacerdotes están en pie, con todo y su indigente a las puertas. Lo faraónico, lo miserable se puede traducir en los comentarios de quienes, sin tener nada, nadie, ningún lugar a donde ir, llegan a esa glaciación disfrazada de iglesia.

Ay, qué bonita.

Ay, que lujosa.

Ay, qué alta, pues quién entra.

Ay, güey.

Aquí se casó el Peña con la Gaviota.

Entonces, cómo llegamos a los gansitos.

A ver.

110 calorías.

3 gramos de grasa.

300 miligramos de sodio.

13 gramos de carbohidratos, en total 42 por ciento de azúcares.

Y es que cómo llegamos a los gansitos cuando adentro, allá con los libros la increíble respuesta del público se deja sentir en las altas ventas registradas, en esta feria realizada entre la universidad estatal y el ayuntamiento de Tol. De Tol. De Tol. Y el gob. del Edo. Méx.

Pero no es cierto eso de las altas ventas.

Rocío dice que los de la editorial Planeta van a todos lados, aunque nada más ganen dos pesos.

“Es que siempre van, como perros”, dice Rocío, que no puede verlos. O sí, pero lejana, así, sin meterse en broncas.

Y hay una lectura que está bien, aunque la gloria local de la poesía, Sergio Ordóñez -extraño conjunto de ideas- la eche a perder. Presentador amateur pero ganador del Premio Nacional de Poesía Elías Nandino en el 2011 (poesía joven, muy joven), dice que agradece la invitación del antologador del libro “Últimos Coros para la Tierra Prometida”, Sergio Ernesto Ríos, pero que no terminó su texto y que pues va a leer lo que alcanzó, al fin y al cabo ni que estuviera en Bellas Artes. Lee y luego improvisa. Se nota que lee, pero más que improvisa. Ese vacío, esa cueva negra parecida a todo lo que toca el Grupo Atlacomulco se traga a Ordóñez, joven sonriente que incumplió lo que le correspondía. Era bien fácil. Y dice: que la antología, porque es una antología de poetas jóvenes del Estado de México, que la antología supere la prueba del tiempo.

Al otro Sergio, Ríos, habrá que reconocerle su trabajo, fantasmal y acertado.

Luego los que escribieron y estaban presentes fueron invitados a leer y todos se divirtieron de lo lindo cuando se equivocaba alguien o cuando uno mismo apenas podía pronunciar.

N’ombre, de lo lindo.

Hay poemas buenos pero la memoria es mala. De todas maneras está el libro.

Éste es de Selene Hernández:

¿Cómo llamarte?

Liminar de luz.

Hogar de umbrales.

Eclipse y calco de sombras a favor de los incendios.

Y éste, de Luther Chávez:

En la mesa un cuchillo, un vaso y un plato vacío tienen la angustia

calmada de ciego en escalinata angosta, infinita y sin barandal.

La liebre bebe de golpe las palabras hasta el fondo,

y en su cabeza empieza un baile invisible de jóvenes desnudos,

comienza su sueño de estatua sumergida en angustia idólatra,

arropada en su ritmo acuático de ciudad hundida,

y la estatua quisiera ser boceto al carbón

porque el papel dura menos que la piedra

porque sólo la piedra soñaría un baile de esculturas flotantes,

de bailares ligeros de tap furioso,

que no se atreverían a danzar así sobre un boceto en papel algodón.

*

Es que hay, ay, líneas tan raras en ese libro. Raras, decimos por ahora.

El caso de tortura de Enrique Hernández

*

* La cárcel municipal de Tenancingo, en el Estado de México, es un microespacio donde se arraciman hasta 200 presos, todos ellos confesos mediante tortura. Esta es la historia de Enrique Hernández Mercado, un joven acusado de violación por un comandante de la policía de Coatepec Harinas, Arturo Ventura y obligado a firmar hojas en blanco como parte de su declaración. Lo condenaron a 47 años.

*

Miguel Alvarado

Tenancingo, México; 12 de agosto del 2015. Cómo dicen adiós a todo, a casi todos. Cómo se paran enfrente oteando las casas, los tejabanes, imaginándolos. El cielo azul se mira incluso en los ojos de los policías, ensartado en la profunda oscuridad.

Pero también el cielo está envuelto en el papel periódico donde meten la droga. Cada fumada cuesta una mutilación, un chorro de sangre, no se sabe si colombiana. Y uno piensa que lo mismo pasa con la Coca-Cola, los balones del futbol, los vuelos a Nueva York o Bogotá, las escalas en México o los apuros en Detroit, tan iracundo y abandonado. No se puede cancelar, evitar el robo, vivir como otros dicen, a veces pisando presidio. El cielo no es este trozo que se asoma entre los muros de la cárcel. Está más abajo, en las mesas donde ni sentado siquiera se platica simulando que no se ama.

Otro allí dice que dios habita en las pérdidas.

No importará que las puertas se abran porque no se irán. No hay a dónde cuando la familia no puede. Esa imagen, la familia huyendo, dura para siempre.

Entonces da lo mismo suicidarse que estar preso.

*

II

“Orita ya pasan. No se enojen. ¿Pa’ qué se enojan? El que se enoja pierde”, dice a las mujeres formadas uno de los custodios. Se les queda viendo como si entrar a ver procesados, sentenciados sea un premio que, luego de más de dos horas haciendo fila, se ganen por pacientes.

El policía toca a la puerta verde de lámina, que ni siquiera tiene un metro y medio de ancho. Una mirilla se levanta y alguien quita los cerrojos desde el otro lado, abriendo. Antes de entrar, se toca la gorra arreglándose el uniforme negro, segando inapto arrugas que no existen. Es sábado y huele a comida. Es sábado y es lo que es: aquí es el día de las visitas.

El guardia echa una última mirada a las mujeres. Aprieta los puños, endureciendo la cara y entra. Algo ve que lo incomoda. Estirada la mano, lo captura el inasible sudor. La puerta de la prisión simboliza pero sólo alcanza para acerrojar la sola entrada, la salida imposible. Pegados a las paredes, carteles inmensos detallan las prohibiciones que incluyen alimentos, dinero y aparatos electrónicos. Una piña, por ejemplo, no puede pasar porque fermenta. Tampoco los pantalones negros ni las libretas o las plumas, aunque sí los televisores portátiles. En cambio, el tráfico de drogas representa la máxima economía en esos adentros, controlada por custodios y mandos policiacos.

El 18 de junio del 2015 un cateo de militares y la policía estatal recolectó una punta metálica, un celular, dos teles, seis radios, tres sartenes, dos licuadoras, nueve planchas y 112 discos.

De las drogas, nadie dice nada.

– Porque a mí me han dado los paquetes a guardar –dice uno de los reclusos, contando agachado su historia. Los traen unos del cártel de Sinaloa y le tengo que entrar a güevo, porque si no me chingan, a mí y a mi familia afuera.

– ¿Y qué haces con ellos?

– Nada, nomás los guardo. Ya en la noche llegan unos y los entrego.

Se queda así, mirando el concreto que sirve de mesa comunitaria. Hoy habrá chicharrón fresco, pollo rostizado cortado en trozos. Tortillas y un refresco de naranja serán alimento de casi todos aquí, en este caldo infrahumano cocido a 35 grados, hacinamiento de las horas de visita, siempre un desencuentro aunque no más fuerte que el amor.

Y percibimos.

En abril del 2010, se fugaron 8 reos, a quienes se les relacionaba con la Familia Michoacana. Esa fuga incluyó un agujero en la pared, que les abrió paso por un hotel vecino, en construcción, y de ahí a la salida, donde los esperaban tres autos. Pero evadirse no es una opción para todos.

Se llama Enrique y le falta un dedo que, dice su hermana, se cortó trabajando.

Este es el Centro de Readaptación Social de Tenancingo, en el Estado de México, que dirige un funcionario llamado Miguel Ángel Correa Peralta.

La cárcel, pues.

*

III

Ubicada en el centro de la cabecera municipal, forma parte del mismo edificio que ocupa el ayuntamiento. No hay ninguna separación y presos y empleados públicos comparten la misma construcción. Los reos, todos, son pobres y casi nadie tiene para un abogado. Más de 70 por ciento debe resignarse a la defensoría de oficio, que en condiciones de miseria significa la pérdida del caso.

Afuera. Bueno, hace calor afuera y en la plaza central se reúnen los familiares. Allí descansan un momento, en la sombra libre antes de plantarse en las puertas de la cárcel. Revisan la comida, preparan credenciales, los permisos. Es un día de fiesta porque los verán, pero también el más triste porque no debieran pasarlo allí, ni ellos adentro porque el 80 por ciento de los encerrados es inocente o su proceso tiene errores graves. El penal tiene una capacidad para 120 usuarios, y hace cinco años el gobierno del Edomex reportaba una sobrepoblación del 68 por ciento.

Dos palabras identifican a los cerca de 200 reos que habitan, si se puede el término, en este penal: la tortura.

Eso, porque a los que son inocentes no los acusa nadie, pues la misma policía los ha usado para justificar crímenes de otros o estadísticas oficiales: les han fabricado una escena poniendo todos los elementos, los arman, con todo y falsos agraviados. Los familiares que se ha arriesgado a contratar un defensor terminaron estafados. Ninguno ha salido gracias a un abogado, que exprime la angustia para esquilmar lo más que pueda.

A la cárcel se entra por la puerta verde, que conduce a un patio enclavado justo en el centro de aquellos muros. Antes habrá que pasar los controles, fronteras salvajes que pretenden ser civilizados pero no. Respeto es lo único que no se consigue cuando el policía que toma los datos, la mujer que revisa a los visitantes les huele todo, aun con la premura. ¿Qué se puede meter, que no se den cuenta? Prácticamente cualquier cosa, si uno paga el precio, comenzando por los propios visitantes. Si alguien ajeno a la familia quiere entrar, puede pasar por 200 pesos si los guardias están de buenas y hubiera un comandante que autorice.

Guadalupe Hernández Mercado, de 40 años, ha visitado a su hermano cada semana, desde hace dos años y tres meses, cuando llegó al penal, acusado de violación y sentenciado luego a 47 años de cárcel. Madre soltera y con un hermano en Canadá, se sostiene vendiendo elotes y dice que su familiar estaba con ella cuando sucedió el delito.

– No pudo ser él porque no coinciden los horarios que dan los acusadores. Lo están incriminando por una venganza –dice ella, con la mirada fija en la calle Madero, frente al palacio municipal.

Tiene los ojos cada día más tristes y formada ahí ha recorrido los controles una y otra vez, sometida, sin opción. La puerta se ha abierto, dejándola pasar, junto con otros visitantes, que cargan lo mismo que ella. El pollo, el refresco, las tortillas, ese menaje convive en un espacio de menos de cinco metros cuadrados donde niños corren o se someten a las faldas de las madres, que cómo explican que esto es un presidio.

El grupo pasa la primera reja pero el resto del camino es una bajada, agujero desfondado transformado en puertas, tres más, y en policías que adentro tienen el poder absoluto.

– Qué milagro, qué milagro que se deja ver –dice uno de los guardias en una puerta, mientras se recarga en el enrejado, acercándose.

– Pues ya ve -dice ella, con los ojos más tristes, más abiertos todavía. Ella, que ha ido siempre, se traga el asecho por milésima vez.

Pues ya ve.

El camino termina por franquearse. Mujeres y niños avanzan de nuevo, superando ese encapsulado, saliendo al aire donde los reos, de playera blanca y uniforme café muy claro, deambulan por el patio, de unos 30 metros cuadrados. Otra puerta, la de talleres, se abre y por allí el contingente de familiares debe entrar. Los de café están sentenciados y a esos no les toca visita, pero ven de lejos y chiflan. Cómo es la cárcel que ese aire parece libertad, aunque para ellos, los encerrados, ésa no se encuentra allí, ni tampoco afuera.

Las puertas se abren. Las mujeres y sus niños avanzan.

Esto no es el infierno, todavía no.

*

IV

Hay un vacío.

Sin luz, hay un vacío y quien lo ocupa apunta a la pared, donde algunos se esperan.

Buscándose, aquel suicida lleva en los brazos los nombres que ama y dibuja en el aire una gota con sal.

Los niños entran con risas y espanto. Abrazan. Ya no preguntan y luego corren chocando entre ellos, en este desorden donde todo cabe.

Hay que hablar. Ahora es entonces.

Enrique ha esperado a Guadalupe toda la mañana. Ella lo ve desde lejos y se adelanta para saludarlo. Deja la comida en un espacio apartado para ellos y busca a su pareja, otro preso que la abraza al encontrarla.

Atrás, en la mesa de junto, alguien rasga la guitarra, entona como pidiendo permiso. “Estas son las Mañanitas que cantaba el rey David”, se oye, como un desgarro, y se ve cómo se abrazan, entrechocando el plástico de los vasos, empujando platos y tortillas.

– Que así sea -dice uno detrás de Enrique.

Y Enrique manosea la comida, probándola apenas.

Aquí se canta lo mismo que afuera, las mismas notas alacranadas. No es el fin del mundo aunque muchos caminen, deambulen como idos en espera de que alguien, hasta equivocándose, decida saludarlos. Esos son los recargados en las paredes. Sentirán que es mejor que no vayan a verlos, para qué mirarlos así. Eso lo dice Enrique en algún momento.

Los presos y las familias, pasada la primera emoción, se cuentan las cosas interrumpidos solamente por otros reos que intentan vender los trabajos que adentro hacen. No lo consiguen porque cómo comprar los pavorreales de papel o los barcos gigantes de madera y tela, que cuestan hasta 200 pesos, aunque circulan fantásticamente, incluso en el silencio de los detenidos en ese muro, vestidos de azul, esperando la sentencia.

Mejor se lustran el calzado o a’i pal’otra, dicen, mientras alguien se prepara un taco, sirve los refrescos y el que puede abarca a sus visitas en un abrazo que no permite equivocaciones. Todos caben, o casi todos, en esas, las horas contadas. No hay ventilación y pronto esa galera de 15 por 15 metros o menos se caldea enfriando, sin embargo, el único deseo que todos tienen allí: largarse cuanto antes.

Enrique mira al suelo, juegan sus manos, sus dedos tatuados, el cráneo sin pelo. Es bajito pero fuerte, delgado y nervioso. Tiene un vaso de plástico, que aplasta mientras habla, le da vueltas. Se agacha para hacerlo sin levantar la vista.

– Trabajaba en el rancho Las Américas, en Coatepec Harinas, pero allí me dijeron que tenía que entrarle a la droga. Me dieron unas bolsas para cuidar, pero ni siquiera las abrí. Yo sabía de qué eran y luego de una vez mejor les dije que no, que no me convenía, que allí le dejáramos.

Enrique dejó el rancho, donde construía invernaderos como albañil, en compañía de su ex cuñado y de un tío, aunque rápido se dio cuenta de que no sería fácil deshacerse de aquellos que lo querían involucrar. Días después ya lo seguían.

Le dijeron, cuando lo abordaron, que debía llevar una camioneta a cierto sitio, para que lo dejaran en paz. Enrique dijo que no podía, porque no sabía manejar.

“Me vale madres, tú sabrás cómo le haces, pero la entregas, así que la llevas a esta dirección”, fue la respuesta, la única que obtuvo. Como no pudo hacerlo le dijeron que debía pagar, entonces, 25 mil pesos y que si no, ellos se encargarían de que la policía lo desapareciera. Porque uno de ellos tenía un hermano que era comandante.

– Pero yo no tengo dinero, no tengo ni para comer -dijo Enrique.

– ¿Sí, cabrón? ¿Y entonces por qué compraste esa moto en la que andas? Esa sí la sabes manejar, ¿no?

– La compré a plazos en la tienda Elektra. Si quieren le enseño los recibos.

– Nos vale vergas. Nos pagas o te vas a la verga.

Trastabillan sus manos en el vaso. Alguien le sirve agua. No, refresco de limón No, es naranja.  Sirven dos vasos cuando él ni siquiera quiere. Los vasos están allí y pronto, quizás nunca, serán vaciados.

*

V

– Mi nombre es Enrique Hernández Mercado y tengo 31 años…

– Y recuerdas có…

– El domingo 14 de abril me levanté entre 8:30 y 9:00 am. Fui por mi motocicleta a casa de mi sobrino, Omar Nava, que estaba cerca de la casa que yo estaba rentando. Regresé, desperté a mi niña y le dije que se levantara para que fuéramos a desayunar algo. Se levantó y salimos de la casa, nos subimos a la moto y nos fuimos para el mercado. Entré al mercado y dejé la moto estacionada por los puestos de ropa. Fuimos a la fonda de doña Cata y pedí dos platos de pancita, uno para mi niña y otro para mí. Estábamos almorzando cuando llegó un mensaje a mi celular, de mi hermana Guadalupe, que me decía que fuéramos a desayunar con ella. Mi niña me preguntó que quién era y le respondí que su tía Lupe quería que fuéramos a desayunar con ella. Le regresé el mensaje a mi hermana: que en un rato bajábamos.

Enrique se palpa la ropa, toda azul marino. Su pants, con el escudo de la Adidas cosido por un lado, le queda grande pero apenas le estorba. Dice, porque lo dice varias veces, que ese 14 de abril del 2013 visitó a su hermana, después del mercado, para comer allí, que él y su hija llegaron a las 10 de la mañana y platicaron un rato. Guadalupe le encargaba una Coca cuando recibió una llamada al celular. Era otro de sus sobrinos, Jorge Nava, quien le pedía un raite al centro de Coatepec Harinas.

– Mi niña me dijo que no fuera, que si no la iba a llevar a donde le había dicho… le dije que me esperara con su tía, que no me tardaba. Me dijo mi hermana que comprara la Coca y que no me tardara. Me subí en la moto y fui por mi sobrino Jorge. Llegué a su casa, se subió a la moto y nos fuimos para el centro. Llegamos al jardín, en la esquina frente al banco. Me detuve y se bajó mi sobrino. Le dije que no se tardara, que mientras compraría la Coca.

Estacionó la moto, le bajó la pata, le puso el seguro.

Todavía no sacaba la llave cuando alguien le puso la gorra de la playera en la cabeza y lo jaló de los brazos, diciéndole que “ya chingaste a tu madre”.

– Me metieron a la patrulla. Eran cuatro policías de la municipal. El Arturo Ventura, un jefe de la policía local de Coatepec Harinas; un gendarme que tiene un puesto de discos; uno que iba a mi lado, a quien no conozco y el que iba de chofer, a quien tampoco conozco, y quien me sacó fotos con su celular.

El comandante Ventura no se andaba con rodeos. Pegándole en la cara a Enrique, le dijo que “te metiste con la persona equivocada, le jugaste al vergas”.

– ¿No que no tenías dinero? ¿Pensaste que no te íbamos a encontrar? ¡Te va cargar tu puta madre! –le decían los otros.

La golpiza siguió un rato más, al igual que los reclamos.

– Sólo se te pidió hacer una cosa y no la hiciste –le dijeron. Enrique se dio cuenta de que se dirigían al palacio municipal. Antes de llegar le quitaron la cartera, el celular y le robaron 2 mil 300 pesos.

Y siguieron golpeándolo.

– No tengo el dinero, Arturo –suplicaba Enrique- ¡pero puedo juntarlo, dame chance!

– ¡Te voy a descuartizar! Yo soy el jefe de esta plaza –le respondió el policía – Se te dio tu tiempo para pagar, y ya hasta andas en moto, ya no hay otro chance. ¡Órale!

Los policías habían dicho a Enrique que lo matarían, igual que habían hecho con un dulcero a quien habían hallado muerto en el pueblo de Porfirio Díaz. El auto en el que iban tomó rumbo a ese lugar.

Los cuatro policías lo agacharon entre los asientos, mientras cruzaban las calles, pero Enrique pudo zafarse por unos momentos. Asomado repentinamente a la ventanilla, vio al primo de su esposa, quien caminaba con la novia. Enrique pudo gritarle que le avisara a Rosa. Una vez más pudo levantarse y ver, ahora, a Dora, dueña de la Papelería Ábaco. Le gritó lo mismo: “¡avísale a Rosa!”.

La osadía le valió una andanada de golpes, pero también entendió que sería más difícil que los policías lo mataran, como pensaba que harían con él. Los 25 mil pesos impuestos por los narcotraficantes se cobraban en el peor momento.

– ¡Ya valió verga, ya lo vieron! –dijo el comandante Ventura.

Pero el auto continuó su marcha. Enrique sintió, porque ya no podía ver, que entraban a una calle de terracería. Allí se detuvieron y minutos después, entre gritos, lo bajaron. Otra vez lo golpearon, pateándolo, mientras los compañeros del comandante le pedían que lo mataran

– ¡Ya métele un pinche balazo, que se lo cargue la verga!

Eran las 12 y media del día.

*

VI

Por lo pronto no había remedio para ventura y sus compañeros. Los habían visto y el comandante no iba a arriesgarse por nada. Cambió la actitud y le dijo al levantado que todo había sido una broma, para ver cuánto aguantaba, y que le iban a dar chance de juntar lo que les debía.

Entonces se dirigieron al centro en el auto pero una llamada alertó a los policías. La familia de Enrique ya lo buscaba en la comandancia. Los policías condujeron entonces hacia el palacio municipal, donde metieron discretamente la patrulla y bajaron al joven.

– Si dices algo –le dijo Ventura- mato a tus hijos y a tu vieja, ya sabes que la tengo cerquita. Y a tu hija la levanto cuando quiera.

Ventura también tenía razones personales para inculpar a Enrique. Porque Guadalupe, la hermana del joven, lo había rechazado cuando éste le propuso sostener una relación.

– Me dijo que me iba a dar donde más me doliera –dice Guadalupe- Yo nunca pensé que esta cadena de hechos fuera a desembocar en una historia así. Antonio, el hermano del comandante, trabaja en el rancho Las Américas. Y todo se enlaza.

A Enrique no podían acusarlo de nada. Eso pensaba él, mientras bajaba del auto y le ordenaban que esperara.

*

VII

– ¡No mames, es el que violó a la chava de anoche! –le dijo Adrián “N” al policía Ventura, conocido de Enrique cuando lo encontró en la comandancia.

Era una trampa, también una señal. Ventura y el resto de los policías se le fueron encima a Enrique. Una nueva golpiza, esta vez para arrancarle confesión.

– ¡Tú violaste a la chava! ¡Ibas con otro en un taxi y la levantaron!

Al taxista nunca lo atraparon. Según la versión de la propia policía, habían ido por él, pero les pidió chance de vestirse, porque estaba en calzones. Se metió a su casa y nunca más lo volvieron a ver.

Enrique negó la acusación, sacada de la nada y, una vez más, no pudo evitar que le siguieran pegando. Uno de los policías le colocó una bolsa de plástico en la cabeza, que apretaban contra él hasta casi hacerlo perder el sentido. Así lo hicieron varias veces mientras repetían que había violado a una chica. Eran, quizás, la 1:30 o las 2 de la tarde cuando por fin lo dejaron. Ventura y sus policías se habían cansado y se retiraban un rato.

Un policía se había quedado con Enrique, para custodiarlo.

– ¿Por qué dicen que una violación? –preguntó el joven.

– Eso no es cierto –le dijo el policía- Hoy en la mañana encontramos a un chavo con su novia, pero pagó y se fue. Te voy a hacer un paro con mi celular para que le marques a tus hermanos, o márcale a alguien, porque te van a chingar.

Enrique llamó a su esposa, contándole que estaba detenido acusado de algo que no había hecho.

¿Y cómo armaron los policías la escena de la violación?

– Después regresaron y volvieron a subirme a la patrulla. Me agacharon otra vez y pronto me di cuenta de que íbamos al Cerrito de Coatepec, donde ya estaba mucha gente reunida. Los policías bajaron las ventanillas y uno de ellos grababa con su celular. La gente se acercó, gritando que iban a lincharme. Los policías arrancaron la patrulla y se estacionaron cerca de una tienda, donde volvieron a golpearme, amenazándome con levantar a mi hija y a mi esposa si decía algo.

Finalmente, enfilaron a Tonatico, a donde lo llevaron al Ministerio Público. Ya eran las tres de la tarde, pero allí vio llegar a sus hijos, sus hermanos.

Guadalupe recuerda que la supuesta violada reconoció a su hermano cuando paseaba por el jardín de Coatepec, en compañía de su madre. Incluso fue la madre quien reconoció a Enrique. Al menos eso fue lo que declararon.

– Mira –dijo la madre- ¿no es ese el que te violó?

– Ah, sí, sí es –respondió la chica, quien contó a la policía que Enrique, junto con otro hombre, la había levantado en un taxi a las 9 de la noche, y la habían violado continuamente, hasta la una de la mañana. El domingo 14 de abril, a las cinco de la tarde estaba en el MP. Llevaba un collarín y un raspón en la ceja.

La versión de Enrique apunta otra cosa. Estaba en un puesto de papas, junto a la iglesia de Coatepec, el sábado 13, cuando la chica dice que comienza todo. Estuvo con su hermana y después fue a guardar la moto, a las 11:30 de la noche, para ir a dormir.

La hermana asegura que el sábado 13 de abril, a las 10:45 de la noche, Enrique llegó a verla, preguntando por la cena. Él mismo se ofreció a comprar algo en las tiendas Aurrerá, a la que fue con su niña en la moto. Pero Guadalupe tuvo que salir y ya no lo volvió a ver, sino hasta la mañana siguiente, entre once y once y media, antes del mediodía.

– El papá de mis hijos -dice Guadalupe- sin saber que el detenido era mi hermano, me contó después lo que había pasado con el supuesto cómplice, porque era su vecino. Dice que la policía llegó por él, y que el taxista escapó, aunque le tiraron disparos al aire. “Déjenlo que se vaya”, decidieron los policías.

Guadalupe tiene también llamadas telefónicas entre la presunta agraviada y una de sus amigas, la noche de la supuesta violación:

23:13 horas: “Qué pasó. Está todo bien estoy con un amigo”.

23:37 horas: “ya hice el amor con un muchacho que conocí, eso es muy rico, dile a mamá que estoy contigo ok”.

23:47 horas: “no pero en este instante me lo está haciendo de nuevo y lo amo”.

23:49 horas: “cuídate no te valla a embarazar… que… no manches… pues yo no puedo hacer eso y pues me dejaste en que? Oye mínimo usaron protección. Tu hermana sabe. Oye creo que tu familia esta preocupada por ti ya es algo tarde y no saben dónde estás. Yo diría que mejor mañana lo viras para evitar problemas con tu mamá”.

*

VIII

Lo metieron a que lo viera el médico legista. “Estoy bien madreado”, dijo Enrique, quien se quitó la ropa para que se le hiciera una revisión superficial. “No tienes nada”, dijo el médico, aunque estaban lesionadas las costillas y la espalda. Enrique estaba ya en los separos. Su ropa estaba empapada en sangre.

El 15 de abril lo trasladaron a Coatepec Harinas. Allí, en las oficinas del MP lo esperaban un licenciado y un agente judicial, quien lo recibió con un rodillazo en el estómago. También el licenciado lo agredió y le susurró: “te dije que te iba a meter a la cárcel”. En la comandancia lo esperaba la síndico Teresita Díaz Delgado, a quien Enrique le contó la tortura a la que lo habían sometido, pero no pudo, no quiso ayudarlo.

Poco después, un abogado de nombre René Popoca se presentó con el detenido.

– ¿Dónde está la navaja? –le preguntó de pronto.

– ¿Cuál navaja?

– El comandante Arturo me dijo que te detuvieron por violación y que traías una navaja.

– No es verdad. Arturo me levantó porque su hermano, Antonio, tenía una cuestión conmigo.

– Bueno, mira, la cosa está así. Te vas a declarar culpable de violación y de que traías una navaja. Luego pagan una multa y te sacan.

A Enrique le dijeron que podría salir pronto. Lo llevaron a que le tomaran datos, fotos y le informaron que habían pagado una multa, que saldría. Hernández Mercado desconocía los procesos judiciales a los que estaba sometido y quiso confiar. De cualquier manera no tenía opción, pues su familia tampoco sabía bien lo que estaba sucediendo.

Así que Enrique declaró lo que Popoca le había propuesto. Estaban presentes los familiares de la chica violada, a quienes Guadalupe conocía porque su hermano había trabajado con el abuelo de la muchacha, aunque a ella no la había visto antes.

El 16 de abril el joven fue trasladado al penal de Tenancingo. Ya era martes y Enrique volvió a ser golpeado, ahora dentro de un auto gris. Otra vez recibió amenazas de muerte contra su esposa e hija. Al llegar, el recibimiento fue igual.

– Llegó el ministerial y me dijo: “ponte a rezar” y me metieron a una celda. Entró un custodio y me dijo: ¿por qué vienes?, le dije: “por arma blanca” y me dio un rodillazo en el estómago. Me dijo: “soy el jefe de turno, y vienes bien puesto”.

Finalmente entró con los otros reclusos cuando repartían charolas con comida. A Enrique le dieron una, pero de inmediato fue rodeado por los reos, quienes le aventaron la comida. Reventado a golpes, comprendió la última frase del jefe de turno.

Uno de los presos, chimuelo, moreno y delgado, gritó con todas sus fuerzas:

– ¡Éste es el que violó y mató a la niña de mi compadre! ¡Tenía cinco años!

Todos se le fueron encima. Esta vez los golpes serían lo de menos. Entre varios lo levantaron y lo metieron de cabeza a un tambo con agua mientras otros le pegaban en la cara, acusándolo, ahora, de asesino. Por fin lo dejaron y, junto con otros diez, lo metieron a una de las galeras para dormir. Fue allí donde escuchó por primera de vez del Negro y del Téllez.

– Ya pagaron por atravesarte –le advirtieron, antes de apagar la luz.

“Si hablas se van a morir tus familiares”, le dijeron.

Como quiera que sea, te va a llevar tu puta madre, le dijeron después.

*

IX

“Yo había perdido la noción del tiempo y en mi mente le pedía a Dios que alguien me matara rápido. Sentía una presión tan fuerte durante la noche. Entonces llegó el Téllez y sin preguntarme ni decirme nada me comenzó a pegar en el estómago. Me decía que me iba a reventar. El Téllez y otros me arrimaron a una esquina y él les pidió unas bolsas. Me amarraron las manos a la esquina de una cama y me pateaba el estómago, diciéndome que por borrego”.

A esa golpiza pronto se unió el Negro Eleuterio, otro ablandador de la cárcel a quien le habían encargado castigar a Enrique. Rodeado por presos que se reían a cada golpe que le encajaban, oyó que violarían a su hija, a la esposa. También los custodios se encargaron de recordarle las amenazas de muerte contra su familia.

“Yo pensaba cómo quitarme la vida para que todo se acabara. Me llevaron al día siguiente a la audiencia y pensé aventarme de las escaleras. Al salir de la sala ya lo había decidido pero el custodio que me acompañaba me esposó contra un tubo y ya no lo hice. Sólo pensaba: cómo me mato antes de llegar de regreso. Cuando estaba de regreso me mandaron llamar y era el licenciado Popoca, que llevaba unos papeles. Sacó tres hojas en blanco y me dijo: si quieres volver a ver a tus hijos y a tu esposa, firma estas hojas. No le puedes ganar al gobierno”.

Popoca sacó una foto de uno de los niños.

Así, en blanco, él y los papeles, Enrique firmó.

*

X

También a Guadalupe la levantaron, después del encarcelamiento de su hermano. Una mujer y dos hombres en un taxi se la llevaron a la comunidad de El Salitre. A ella le pusieron un estropajo en la boca, la tomaron del cabello. Uno de los hombres comenzó a quitarse el pantalón.

– ¡No, güey, dijeron que nomás era un susto! –dijo la mujer.

Guadalupe pudo bajarse, en un descuido de los captores, ilesa.

– Desde ahí, a la familia la han amenazado. En estos días le enviaron mensajes a la hija de mi hermano, que tiene 13 años, diciéndole que se cuide porque le va a pasar lo mismo que a la presunta víctima. La familia no puede apoyar a Enrique porque a todos los han amenazado. La única que anda aquí soy yo. A mi hermano lo han querido matar adentro, en el reclusorio de Tenancingo, picándolo. Es una persona que se llama Téllez, a quien trasladaron a otro penal y en la sábana de llamadas aparecen mensajes de la muchacha agraviada, comunicándose con él. “Ya va a llegar la persona que supuestamente violó”, le dice ella en los textos a Téllez –dice Guadalupe.

Ninguno de los abogados de oficio que defiende a Enrique le da esperanzas. Al contrario, dicen, como Rosalba, una de las litigantes, que si cree que le ganará al gobierno, que se acuerde de sus hijos. Ella le dijo a Enrique que se declarara culpable sobre lo de la navaja, y él así lo hizo.

– Es que dice que así más rápido salgo –le dijo luego a su hermana.

Tres meses después de entrar a la cárcel, los presos supieron la verdad sobre Enrique y las golpizas cesaron. Enrique le ha contado su caso a todos: al criminólogo, a los sicólogos, a los mismos custodios, pero todos le dicen lo mismo: no hay nada que hacer.

Los golpes acabaron pero no las extorsiones. El Negro y el Téllez se encargaban de esquilmar al joven, quien debía darles dinero, que le pasaban sus hermanos, para mantener a raya a los perseguidores. Incluso le pedían que su esposa fuera con ellos, a visitas conyugales, lo que nunca  sucedió. Cuando Enrique iba a las audiencias, veía cómo los abogados que supuestamente lo defendían, saludaban muy efusivos a los acusadores. Al mismo tiempo, los propios licenciados le pedían más dinero.

“Me di cuenta de que no iban a hacer nada, así que no pedí a mi familia. Por 8 ó 9 meses siguieron las amenazas de muerte del Téllez. Pero aquí en la cárcel me enteré de otras cosas. Vi entrar a una de las que fueron supuestas testigos, y resulta que es hermana del Téllez, al igual que entraba la madre de la persona que me acusó, y los supuestos testigos, y me enteré que entre ellos son pareja. Yo se lo dije a los licenciados pero no hicieron nada. Más aún, el licenciado Raúl me aconsejó que no dijera nada y que pidiera mi cambio a las Islas Marías. Tampoco quiso preguntar nada a mi testigo, cuando tenía su declaración por escrito, cambiándola de último momento. El mismo juez, Luis Humberto Pérez Rodríguez, dijo que no había tiempo de meter más pruebas, cuando tenía todo el tiempo”.

La familia de Enrique contrató luego a dos abogados, uno de ellos Jaime Vázquez Libién, quien tampoco pudo hacer nada por el preso, aunque cobró.

Guadalupe Hernández apunta que no hay pruebas contundentes, sólo el dicho de la muchacha, que para el juez fue suficiente. Esa chica, dice Guadalupe, tiene ya un bebé, que en Coatepec Harinas se le achaca al novio de la mujer.

“La joven afectada dice que mordió a mi hermano, para defenderse, pero a él, después de ser revisado, no se le encontró ninguna lesión donde dijo la muchacha. Ella dice que la jalaron del pelo, dentro del taxi, pero no se halló ninguno. Incluso la ropa interior de la chica la hicieron perdidiza”.

Las irregularidades en torno al caso las puede ver Enrique, aun sin saber de procesos penales y señala que se ha omitido la historia del levantón, cuando el comandante Ventura y los policías lo subieron a la patrulla. El juez Luis Humberto no ha aceptado que se extraigan las llamadas de celulares de las sábanas existentes.

“Soy inocente pero ya me mandaron decir que cuando me pasen con los sentenciados debo vender droga para ellos. Ahora no tengo miedo y soy inocente de este delito que me han cuadrado. Nunca en mi vida he sido delincuente y menos violador y si haber callado no sirve para proteger a mis hijos, no callaré más. Sin ellos no tengo nada y no necesito vivir. Las pruebas que se han presentado son ilógicas. La supuesta víctima no presentó rastros de saliva ni había semen en su cuerpo y ropa, pues ella dijo que se había limpiado con su ropa. No había desgarros. Por otro lado, acepta como testigos a la familia de la supuesta agraviada pero a mí no me acepta a la mía, como a mi hermana, como testigo. ¿Por qué no es parejo? También mi defensora, la licenciada Rosalba no llamó nunca a mis testigos, Esmeralda Rubí, quien me rentaba la casa donde vivía yo con mi niña, y a Rosa María Albores Escobar, quien me pasaba luz a mi casa. Tampoco llamó a Alejandra, quien me daba permiso de guardar mi moto en su casa. El día 13 de abril, a la hora de la violación, estuve frente a la iglesia, en un puesto de papas. Ni eso pudieron investigar. El juez me quita la vida sentenciándome a 47 años y seis meses de cárcel, y ni siquiera me sirvió apelar”.

Enrique Hernández toma un sorbo de refresco y por fin se hace un taco. Le pone chicharrón y algo de pollo. Come mientras los presos y sus familias aprovechan los últimos minutos de una visita que no se sabe cuánto puede prolongarse, en qué momento los custodios le pondrán fin.

Acto dominguero

* “Hasta que se nos hizo, sin palancas ya eres directora y yo supervisor, llevaba años pidiendo esta plaza a los que llaman jefes, pero nunca te hacen caso si no eres arrastrado o estás con regalos y regalos, pero ahora ya ves, al del sindicato ni quién lo pelara, su trajecito no le sirvió para nada, nadie lo saludó, qué pena, eso les pasa por… y a nadie mandaron de Educación, creo que fueron más inteligentes que el que limosneaba al menos una mirada, nuestras plazas no se las debemos a nadie, para qué hacer caravanas…”, decía el maestro, ahora supervisor, a su acompañante, entre la euforia y satisfacción de quien logra un éxito, además en voz muy alta para que le escucharan.

Luis Zamora Calzada

Otra vez las prisas y el estrés, el listado de la documentación a presentar llegó hasta el numeral once, para todos aquellos maestros que recibieron el comunicado en sus correos electrónicos el 15 de agosto, la cita fue al día siguiente, el domingo 16 del mismo mes y año que transcurre, lo que constituye todo un acto dominguero magisterial.

El turno de afectación emocional correspondió ahora a los maestros que presentaron la evaluación para la promoción a directores y supervisores escolares, en el mes de junio, obteniendo el resultado de idóneos.

El lugar de reunión fue en las instalaciones de la Normal Uno de Toluca y desde las siete y media de la mañana del día señalado, llegaron maestros de diferentes partes del Estado de México, federales y estatales, que accedían a la sede.

Sin los escenarios impuestos para ocasiones similares ─ceremonias con discursos inatendibles y funcionarios encomendados para la recepción de aplausos fáciles─, los profesores se fueron amontonando en los listados fijados en las rejas de la escuela, con cierta ansiedad iniciaron la búsqueda de sus nombres y folios, era el inicio de la asignación de la función obtenida.

“¿Cómo le hiciste para sacarte las fotos? fue un relajo, pedir cuatro fotografías de frente, perfil derecho, izquierdo, oídos y frente descubierta de tamaño afiliación óvalo de un día a otro, es un verdadero abuso, fueron treinta fotos, en ningún lugar te sacan solamente cuatro. Los fotógrafos, ahora sí, literal, hicieron su agosto.”, comentaban dos profesores mientras checaban las listas.

La dichosa invitación presentó textos que pueden calificarse de extremadamente amenazantes pero infundados y queda para la historia los siguientes: “El procedimiento para la asignación de cargos será público, los sustentantes de acuerdo con las vacantes disponibles podrán elegir su adscripción, en estricto orden de prelación….de acuerdo con las vacantes que se vayan generando durante el Ciclo Escolar 2015-2016, convocarán a quienes continúen en el orden de prelación….Asimismo quienes no acepten las condiciones para su promoción en el servicio, serán eliminados de este proceso; para tal efecto deberán manifestar por escrito este hecho…

“…de no presentarse en el lugar, fecha y horario indicado, y no mostrar o exhibir la documentación indicada, quedará sin efecto el lugar de prelación que le corresponde”.

Lo anterior, a pesar de que la Ley General del Servicio Profesional Docente, no establezca nada al respecto y aun cuando pretendan justificar la acción en lineamientos, por la supremacía de leyes, lo que pretenden es una verdadera violación al artículo 123 Constitucional.

Renuncia sin valor

Las manifestaciones fueron diversas, las caras de satisfacción en muchos, el desaliento en otros; hubo de todo en la asignación de plazas a los maestros calificados como idóneos, el 16 de agosto en la Normal Uno de Toluca.

“Hasta que se nos hizo, sin palancas ya eres directora y yo supervisor, llevaba años pidiendo esta plaza a los que llaman jefes, pero nunca te hacen caso si no eres arrastrado o estás con regalos y regalos, pero ahora ya ves, al del sindicato ni quién lo pelara, su trajecito no le sirvió para nada, nadie lo saludó, qué pena, eso les pasa por… y a nadie mandaron de Educación, creo que fueron más inteligentes que el que limosneaba al menos una mirada, nuestras plazas no se las debemos a nadie, para qué hacer caravanas…”, decía el maestro, ahora supervisor, a su acompañante, entre la euforia y satisfacción de quien logra un éxito, además en voz muy alta para que le escucharan.

Del otro lado de la moneda, con cigarro en mano y el celular pegado al  oído, la maestra va hablando mientras se dirige a la salida de la escuela: “…me fue muy mal, me ofrecieron varios lugares, pero ninguno cerca de la casa, imagínate el tiempo para trasladarse, los gastos, en lugar de salir beneficiada, saldría con deudas, es como empezar de nuevo, con otra categoría pero es volver a iniciar, en el colmo de las cosas, de verdad no sé qué decir, pero me hicieron renunciar a esa plaza, me obligaron a firmar una renuncia, qué des…”, dice, sin ocultar su molestia.

Efectivamente, lo que dice la maestra es verdad, después de casi cuatro horas y en la fase cuarta de la asignación, en la elección de la probable adscripción, si el maestro idóneo no elige alguna institución, los que atienden le entregan un formato de una hoja, con sus datos personales con el siguiente encabezado: “CARTA DE ACEPTACIÓN Y RENUNCIA A LA ASIGNACIÓN DE PLAZA”, a pesar de no existir normatividad legal que les faculte realizar lo que es a todas luces un agravio al trabajador, en la parte que interesa presenta el siguiente texto:

“…RENUNCIO A MI DERECHO DE ASIGNACIÓN DE PLAZA DERIVADO DEL CONCURSO DE OPOSICIÓN PARA PROMOCIÓN A CARGOS CON FUNCIONES DE DIRECCIÓN, SUPERVISIÓN Y ASESORÍA TECNICA PEDAGÓGICA EN EDUCACIÓN BÁSICA, CICLO ESCOLAR 2015-2016.

Lo que hago de su conocimiento para los efectos legales a que haya lugar”.

El documento está dirigido a Aurelio Robles Santos, ex subsecretario de Administración y Planeación del área educativa, ahora en su carácter de coordinador del servicio profesional docente del Estado de México, quien desde su puesto anterior, en enero del 2015 aún firmó nombramientos de supervisor escolar, sin concurso alguno, incurriendo en probables violaciones a lo establecido en la Ley General del Servició Profesional Docente.

La citada ley prohíbe cualquier asignación en plazas de dirección, supervisión y asesoría técnica que no se apegue a lo establecido en la misma, señalando que las misma serán nulas, siendo determinante en su artículo 25, que mandata que “quienes participen en alguna forma de ingreso distinta a lo establecido en este Capítulo, autoricen o efectúen algún pago o contraprestación u obtengan algún beneficio, incurrirán en responsabilidad y serán acreedores a las sanciones correspondientes”, de donde se puede desprender que se otorgó autorización que contraviene el mandato federal en la asignación de plazas de supervisión escolar en enero de este año.

Diálogo con los maestros

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* Ya brotan las irregularidades de la evaluación para la permanencia. Van desde las pretendidas sustituciones que ordenan supervisores escolares a través de los directores, para incorporar al proceso a los docentes que no son de su agrado y no pertenecen al grupo de sus cercanos, hasta los cambios de última hora en la modalidad de la evaluación.

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Luis Zamora Calzada

Diálogos con los maestros: Análisis sobre la Reforma Educativa y la Evaluación, temática con la cual los integrantes de la directiva del Sindicato Unificado de Maestros y Académicos del Estado de México (SUMAEM), han reunido a docentes en diferentes municipios de nuestra entidad, contado con gran afluencia en cada una; la crisis generada por la primera aplicación de la evaluación del desempeño docente, supuestamente para determinar la permanencia del trabajador en su empleo, han permitido en las dos últimas semanas, gran acercamiento entre los docentes afiliados y no, con la organización gremial.

Es notoria la aceptación de la experiencia legal que comparte el SUMAEM, por ejemplo al hablar de los motivos de la autoridad educativa para dejar sin trabajo a un maestro ─causales de rescisión─, establecidas en las leyes laborales nacional y local, los rostros de sorpresa entre los asistentes no se hacen esperar, conocer ahora que es suficiente no atender una indicación por escrito de la patronal para ser despedido, ha inducido a reflexionar sobre la probable determinación individual de no cubrir cada una de las etapas de la tan temida evaluación.

De estas reuniones han surgido comentarios diversos, de la Circunscripción Poniente SUMAEM, circula en las redes sociales planteamientos significativos, a manera de ejemplo, el siguiente: “Compañeros somos maestros y es tiempo de que nos informemos y perdamos miedos infundados, hoy no hay etiquetas partidistas, sindicalistas o religiosas,  somos maestros y somos quienes tenemos la responsabilidad histórica de defender nuestro gremio, la escuela pública y sobre todo la dignidad como profesionales de la educación, tú tomas decisiones: si vives en la obscuridad de la psicosis del que me dijeron o qué pasará, o te decides a dar el gran paso para aportar un granito de arena a esta gran lucha en donde día a día se van construyendo bases firmes a partir de hacer respetar el Estado de Derecho”.

Tal es la aseveración emitida con motivo de la reunión del 5 de agosto del 2015, en San Pedro Tecomatepec, Ixtapan de la Sal, agradeciendo por el mismo medio el diálogo para “permitir a los maestros del sur del estado la posibilidad de ser informados, de mostrarles que hay caminos de defensa y que no están solos, que hay una institución abierta para cuando gusten acercarse, que estamos comprometidos para defender sus derechos laborales, ya que estamos conscientes que su estabilidad laboral implica también la emocional, familiar y social”, violentadas por la forma en que se opera la citada evaluación, que ya ha cobrado al menos dos vidas de profesores en el Estado de México, por el gran estrés causado.

Crónica de un acto autoritario

Ya brotan las irregularidades de la evaluación para la permanencia. Van desde las pretendidas sustituciones que ordenan supervisores escolares a través de los directores, para incorporar al proceso a los docentes que no son de su agrado y no pertenecen al grupo de sus cercanos, hasta los cambios de última hora en la modalidad de la evaluación.

La Ley General del Servicio Profesional Docente y la Ley para la Coordinación Administrativa del Servicio Profesional Docente del Estado de México vigentes establecen una evaluación del desempeño profesional para determinar la permanencia del trabajador en el servicio, en los términos especificados; para quienes tengan nombramiento provisional de dirección y supervisión, continuarán en la función que desempeñan y serán sujetos de la evaluación establecida, respetando la función que desempeñan.

En la ley estatal de la materia está establecido que al personal que obtenga resultados suficientes en dicha evaluación se le otorgará nombramiento definitivo y quedará incorporado al Servicio Profesional Docente conforme a lo dispuesto por la Ley General del Servicio Profesional Docente y la normatividad local.

Con el solo propósito de impedir el nombramiento definitivo de director escolar, el cinco de agosto del 2015 un supervisor de telesecundarias de Villa Victoria, Estado de México, comunicó de manera verbal a un directivo de la zona la determinación de aplicar la evaluación para la permanencia en carácter de docente frente a grupo y no de director escolar, función que viene desempeñando desde hace trece años.

La comunicación verbal instrumentada carece de soporte escrito de alguna instancia de autoridad reconocida, lo que constituye un procedimiento con vicios, afectando los derechos y la defensa del docente, que trascienden al sentido de los actos, incurriendo en arbitrariedad, desproporción, desigualdad, injusticia manifiesta, desvío de poder entre otros, omitiendo cumplir con lo establecido en las leyes citadas en párrafos anteriores.

Ante este acto autoritario es urgente ejercitar el medio de defensa que las propia leyes del servicio profesional docente establecen, en virtud de no haber sido notificado el maestro afectado de ningún aviso por escrito emitido por  la autoridad competente, incumpliendo con el trámite procedimental que establece el Código de Procedimientos Administrativos, vigente en Estado de México, lo que constituye una determinación, a todas luces, contraria a derecho.

Eruviel amonestado

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* En la sesión del Congreso estatal el diputado Octavio Vargas Martínez denunció que los congresistas no se hubieran atrevido a más cuando quedó acreditada la violación constitucional. Dijo que de ser consecuentes con su mandato, deberían separarlo del cargo e incluso inhabilitarlo para nuevos cargos públicos. En defensa de Ávila Villegas su compañera de partido, Teresa Arzola Vargas, dijo que el Poder Legislativo no cuenta con mayores atribuciones para otro tipo de sanciones, por lo que de hacerlo estarían incurriendo en una ilegalidad para castigar otra.

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Jorge Hernández

Toluca, México; 12 de agosto del 2015. Por segunda ocasión en menos de tres meses, los diputados de la LVIII Legislatura mexiquense evadieron sancionar al gobernador Eruviel Ávila Villegas por diversas violaciones a la Constitución de la República y la ley general en materia electoral relacionadas todas con la difusión indebida de su persona e imagen disfrazada de información periodística.

En sesión plenaria del actual y último periodo ordinario, con el voto mayoritario de gran parte de los legisladores de todos los grupos legislativos, incluido el PAN, aprobaron el acuerdo preparado por la Junta de Coordinación Política que tímidamente emite una sanción administrativa de amonestación en contra de Eruviel Ávila por incumplir el mandato del Instituto Nacional Electoral respecto a dicha publicidad.

La LVIII Legislatura había sido emplazada por esta autoridad a resolver sobre el desacato en que incurrió el Ejecutivo al desobedecer el mandato de establecer medidas cautelares ordenadas desde fines del año pasado en relación con una serie de publicaciones en diferentes medios de circulación nacional (La Jornada, Milenio, El Universal. La Crónica, entre otros) que parecían violar disposiciones constitucionales y legales, según denunció en su momento el representante del PRD ante el INE, Pablo Gómez.

En la sesión del Congreso estatal el diputado Octavio Vargas Martínez denunció que los congresistas no se hubieran atrevido a más cuando quedó acreditada la violación constitucional. Dijo que de ser consecuentes con su mandato, deberían separarlo del cargo e incluso inhabilitarlo para nuevos cargos públicos.

En defensa de Ávila Villegas su compañera de partido, Teresa Arzola Vargas, dijo que el Poder Legislativo no cuenta con mayores atribuciones para otro tipo de sanciones, por lo que de hacerlo estarían incurriendo en una ilegalidad para castigar otra.

A su vez, Guillermo Bravo Álvarez, del PAN, señaló que el mandato del INE sólo pedía al Congreso sancionar al mandatario por el desacato en mención, no por presuntas violaciones a la Constitución.

A principios de junio pasado, la LVIII Legislatura había sido emplazada también por el INE para sancionar al gobernador por violar la Constitución federal al publicitar ilegalmente su Tercer Informe de gobierno fuera del territorio mexiquense, incumpliendo las pautas que al respecto establece la propia legislación.

Entonces, la misma Junta de Coordinación Política diseñó el acuerdo por medio del cual a Eruviel Ávila sólo se le amonestaba por considerar, también, que no se tenían las atribuciones necesarias para un castigo mayor. En medio del proceso electoral último, tocó a un buen número de legisladores suplentes calificar favorablemente dicho acuerdo.

El documento del INE remitido a esta Legislatura, UT/SCG/Q/CG/6/PEF/21/2015 –se puede consultar en el sitio web del INE-,  determina que “en estricto apego al principio de legalidad establecido en los artículos 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, 457 y 458 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, y en términos del debido respeto a la soberanía de los estados para que las autoridades locales resuelvan sobre las faltas administrativas e impongan las sanciones que por su transgresión fijen las leyes locales, se ORDENA dar vista conforme a lo siguiente:

  • Respecto a la conducta cometida por Eruviel Ávila Villegas, Gobernador Constitucional del Estado de México, lo procedente es dar vista a la LVIII Legislatura del Honorable Congreso del Estado de México.

Lo anterior, de conformidad con lo dispuesto en los artículos 108, 109 y 113 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; 61, 129, 130 y 131, de la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de México; 2, 3, 4, 41 y 42, de la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado y Municipios de aquella entidad federativa, a efecto de que determine lo que en derecho corresponda”.

Agrega que “De los artículos 108, 109 y 113 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; 61, 129, 130 y 131, de la Constitución Política del Estado de México, se advierte que el Ejecutivo del estado, al ser un representante de elección popular, es un servidor público susceptible de incurrir en responsabilidad por los actos u omisiones que redunden en perjuicio de los intereses públicos fundamentales o de su buen despacho, así como violaciones a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, a las Leyes Federales, a la Constitución Política del Estado de México y a las leyes que de ella emanen.

Asimismo, la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos de aquella entidad, en su artículo 2, establece los sujetos de responsabilidad y, el diverso artículo 42, señala las obligaciones que todo servidor público de ese estado deben observar.

En este sentido, al ser las autoridades competentes para aplicar dicha Ley, ente otros, el Congreso del Estado de México, por lo que hace a la conducta atribuida a su Gobernador; y la Secretaría de la Contraloría de dicha entidad, por las atribuidas al servidor público Raúl Vargas Herrera, Coordinador General de Comunicación Social del Gobierno del estado en cita, se considera que sean dichas autoridades las competentes para conocer, investigar, y en su caso, sancionar la presunta comisión de las conductas que se atribuyen a los servidores públicos denunciados.”(Subrayado nuestro).

En tal virtud, prosigue, “se determina dar vista con copia certificada de las actuaciones que integran el presente asunto, así como de la presente determinación, conforme a lo siguiente

  • A la LVIII Legislatura del Honorable Congreso del Estado de México, por lo que hace a la conducta cometida por Eruviel Ávila Villegas, Gobernador Constitucional del Estado de México.
  • A la Secretaría de la Contraloría del Estado de México, por lo que hace a la conducta cometida por Raúl Vargas Herrera, Coordinador General de Comunicación Social del Gobierno del estado en cita.

Se da vista a dichas autoridades, toda vez que resultan ser las instancias competentes para, en su caso, sustanciar y resolver el tipo de conductas denunciadas (subrayado nuestro), quienes deberán informar a este Instituto Nacional Electoral, dentro del término de 15 días hábiles, las medidas que hayan adoptado, con motivo de la presente Resolución”.

La masacre de Zitácuaro: historia de dos secuestros

*

* Esta es la historia de los secuestros de dos hermanos, Juan Carlos y Janik Rodríguez, perpetrados por una célula de la Familia Michoacana que al mismo tiempo detenía y levantaba a un comando de la policía federal, los llevaba al campo y allí, luego de interrogar a los agentes, los condenaba a muerte. Los hermanos, al denunciar el secuestro y encarar a los culpables, desataron una venganza implacable, un reflejo de la violencia que en México sucede todos los días.

*

Miguel Alvarado

Zitácuaro, Michoacán; 5 de agosto del 2015. Daba de lleno el sol reventando la calle a la mitad del mediodía. Ella se apuraba en la soledad de su negocio, la clínica cosmetológica Sofiskin, en la calle de Cuauhtémoc 51, al poniente de Zitácuaro, Michoacán, bastión por años de los cárteles de las drogas de los Zetas, la Familia Michoacana y los Caballeros Templarios.

La vieron y calcularon que no tardarían ni cinco minutos. Esta es la historia de dos secuestros y una masacre de policías federales, pero también el relato de cómo los cárteles mexicanos de las drogas no han desaparecido, sólo mutado, engarzados ahora y de manera definitiva en las propias estructuras de gobierno de los tres niveles, desde donde se integra una supermafia donde políticos, policías, militares y sicariato trabajan de la mano, por los mismos objetivos.

Eran las doce, la mitad del día, más o menos, del 17 de agosto del 2013.

Janik Rodríguez Martínez, de 33 años, acomodaba algunas cosas en su clínica. Era la dueña y trabajaba allí desde hace cuatro años. Con dos licenciaturas, había vivido en Canadá y, ahora de regreso, intentaba que su centro funcionara mejor. Poco después de las doce llegaba una clienta, a quien Rodríguez tenía citada.

Pero esa consulta nunca sería. Las mujeres estaban adentro cuando dos autos se detuvieron junto al negocio. Uno de ellos tenía placas del Estado de México. A esa hora, sin ningún problema, cuatro hombres sacaron a Janik, amagando a la asustada paciente, quien minutos después avisaría al padre, el arquitecto Juan Carlos Rodríguez Marmolejo.

Eran las doce y media. El secuestro no había tardado ni cinco minutos.

Rodríguez Marmolejo avisó de inmediato a la policía municipal. Tenía testigos del secuestro, la propia clienta y una niña, quien se ofreció a describir a los hombres, que ni siquiera se molestaron en cubrirse los rostros ni quitar las placas a los vehículos. En la policía municipal lo atendió Silverio Sánchez Sandoval, subdirector de Seguridad Pública, y que ahora está detenido, desde el 2014, por la Procuraduría michoacana cuando fue relacionado, desde actividades de halconeo, con el hallazgo de 11 cuerpos hallados en fosas clandestinas localizadas en un predio de Ciudad Hidalgo, Michoacán.

– Silverio me dijo: “no, no pasa nada, luego la sueltan” –recuerda el padre de Janik, quien añade haber entregado todo los datos de los vehículos, los detalles que conocía hasta ese momento.

En su despacho, en el centro de Zitácuaro, el arquitecto narra por qué la chica fue secuestrada, pues no fue un hecho aislado, y tiene que ver con otro secuestro, el de su propio hermano, el 13 de noviembre del 2009.

– Mi hijo dio una parte del dinero que se le pedía, pero mi hija la llevó. Pero él, en lugar de seguirles dando, denunció a sus captores. Y esta es una de las pocas sentencias condenatorias que existen, pues agarraron a… cuando menos a uno sí lo condenaron.

Pero el plagiario no era cualquier delincuente. Se llama Nabor Pérez Chaires, identificado en la carpeta de Sentencia Definitiva, Proceso Penal 18/ 2011-II, y la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIS/186/2011 como “El Dieciséis”, “El Camaleón” o “El Nabor”, de 24 años de edad.

Era uno de los sicarios de la Familia Michoacana, detenido en Manzanillo, Colima, en enero del 2011, relacionado con los secuestros de los policías federales Juan Carlos Ruiz Valencia, Pedro Alberto Vázquez Hernández, Luis Ángel León Rodríguez, Bernardo Israel López Sánchez, Israel Ramos Usla, Jaime Humberto Ugalde Villeda, Víctor Hugo Gómez Lorenzo y el asesinato del civil Sergio Santoyo García. Los agentes fueron asesinados por otros sicarios de la Familia en un operativo en el que Pérez participó como vigilante.

Pérez Chairez fue condenado a 409 años de cárcel -aunque su pena fue reducida a 60- el tres de julio del 2014, y está preso en el Centro Federal de Readaptación Social número 5, en Villa Aldama, Veracruz. Una columna, “Plan B”, de la periodista Lydia Cacho lo recuerda: “en 2013 La Familia se ha fortalecido y opera en pequeñas células que se han repartido las regiones de los tres estados que controlan. Pero seguro eso ya lo sabe. Desde el Operativo Conjunto Michoacán, hasta ahora las fuerzas armadas y la Policía Federal han ultimado la vida de varios miembros y detenido a cabecillas. A todos se les interroga sobre la producción, trasiego y venta de drogas, sin embargo ha quedado oculto uno de los delitos que persiste con mayor crudeza en la región: el secuestro, violación y esclavitud de veintenas de niñas y adolescentes otomíes, purépechas, nahuas y mazahuas. La trata de personas de los cárteles mexicanos ¿le suena conocido? En 2010 gente de Nabor Pérez Chaires, miembro de La Familia, amenazó a Martina y a su esposo para que entregaran su tierra. Su hija de 12 años, oculta detrás de la milpa fue hallada por dos pistoleros. El jefe le dijo a Martina que esa niña era suya, porque Dios así lo quería”.

– A mi hijo le pedían 5 millones de pesos –recuerda el arquitecto- Entonces lo dejaron ir para que fuera a conseguir lo demás. Mi hijo dijo que sí, con tal de que lo soltaran, pero cuando lo hacen él estaba muy enojado y toma la decisión de presentar una denuncia. Tiene que comparecer mi hija, porque ella fue quien llevó el dinero y conoció a los secuestradores porque, también, no se tapaban la cara. Entonces los señaló. Y a raíz de eso empezó el juicio y llegó el rumor de que a todos los que estaban dentro del juicio los iban a matar.

Juan Carlos Rodríguez Martínez siempre quiso ser empresario y aunque no cursó estudios formales siempre estuvo involucrado en los negocios de aquel municipio. Abrió una discoteca, “La Terraza”, que pronto tuvo éxito, aunque poco después decidió cerrarla para abrir dos nuevas, “El Ate” y “Sunday”, junto con un bar, el “Green”.

El joven consiguió un contrato de exclusividad con la Cervecería Modelo, y también un préstamo por 500 mil pesos con esa misma empresa, que debía pagar en los siguientes tres años. El arranque fue prometedor y por un tiempo el joven pudo solventar sus proyectos. Pero una ola de violencia generalizada en Michoacán echó todo abajo.

Arnoldo Rueda Medina, el “Minsa”, era un narcotraficante de la Familia, pero también uno de sus principales operadores. Encargado de atacar bases policiacas de Lázaro Cárdenas, Zitácuaro, Huetamo, Uruapan, Maravatío, Pátzcuaro y casetas de peaje, “El Minsa” se vio perseguido por el ejército, que a mediados de julio del 2009 pudo apresarlo. El narcotraficante estaba al nivel de Servando Gómez, “La Tuta”, de Enrique Plancarte, “La Chiva”, o de José de Jesús Méndez Vargas, “El Chango Méndez”. Era tal su influencia que él decidía los jefes de plaza del Edomex, Colima, Guerrero, San Luis Potosí y Jalisco. Los ataques en Michoacán estuvieron sincronizados con acciones similares en el Estado de México y entidades donde la Familia tenía presencia y peleaba por territorio. El negocio del “Minsa” eran la cocaína, mariguana y las drogas sintéticas.

Sostener una empresa o un centro de diversión en las condiciones de inseguridad por las que atraviesa Michoacán es casi imposible si no se siguen las reglas. Pero esas reglas, el pago de piso y las extorsiones a las que los dueños son sometidos no pueden seguirse si la clientela es ahuyentada. El “Green” abrió, pero nadie iba, no como antes porque todos tenían miedo. Los ataques en Zitácuaro y la detención del criminal sólo desataron más violencia. Aquella ciudad era un retrato miniaturizado de una guerra invisible pero extendida por el resto del país. El hijo del arquitecto se sentó a ver cómo, en un mes, se pulverizaban sus ganancias, perdiendo las inversiones. Lo peor era que debía pagar los préstamos a la cervecería.

Una llamada desde la Subgerencia de la Modelo en Zitácuaro terminó por confirmar sus temores. El gerente de Ventas en ese entonces, Gustavo Sámano, le exigía el reembolso inmediato del medio millón de pesos, porque el negocio estaba cerrado. El joven, sin aliento, respondió que no podía pagar y pidió tiempo para reabrir el bar.

El arquitecto cree que quienes se llevaron a Janik fueron los mismos que secuestraron a su hijo.

– Sí, sin dudas. Y entre ellos incluyo al actual presidente municipal, Juan Carlos Campos Ponce, porque él tuvo diferencias con mi hijo después de no pagarle un grupo musical para sus campañas.  Después de eso, mi hijo fue secuestrado. El contralor, Gustavo Sámano Ruiz, es papá del novio de la hija del alcalde. Es el mismo que trabajaba anteriormente en la cervecería Modelo en la subgerencia de Ventas. Con él tuvo problemas mi hijo.

El 13 de noviembre una llamada al celular del joven revelaba el fondo del asunto. Un hombre, quien se identificó como “El Chundo” le hacía saber que “El Señor”, otro apodo de Hilario López Morales, el jefe de los capos en Zitácuaro, quería verlo en el estacionamiento del “Green”, por la tarde. Sin opción, acudió a la cita, a la que llegaron los narcotraficantes en seis autos. El joven reconoció al “Morsa”, otro de los jefes de plaza, y al “Lágrima”, sicario de la Familia. Allí, sin más, le pusieron una capucha negra, esposándolo.

– Llévenselo –dijo uno de ellos. Lo subieron a un Jeep rojo cereza y enfilaron para la localidad de San Andrés, en Zitácuaro. El joven pudo saber dónde estaba porque el celular registró la posición pero también porque reconoció el paisaje. Una casa abandonada sería el teatro grotesco del secuestro. El joven fue golpeado y hasta orinado. Después le preguntaron su nombre y direcciones. El interrogatorio apenas comenzaba. Posteriores investigaciones de la PGR revelaron que, al mismo tiempo, los mismos secuestradores detendrían a ocho policías federales, un eslabón más en la cadena delictiva de aquella célula narcotraficante.

Dos sicarios, “El Morsa” y “Don Pit”, grababan al joven desde un celular mientras le decían que el secuestro era porque le debía a la cervecera. El joven entendió que el empleado, Gustavo Sámano, habían contratado a la Familia Michoacana para finiquitar aquella deuda.

Encadenado y golpeado con un martillo, pellizcado con pinzas, permaneció cautivo cuatro días, y el pudo enterarse de que el 15 de noviembre los sicarios hablaban con Janik, la hermana, y con la madre. A ellas “El Morsa” les escupía la exigencia: estaba secuestrado, el rescate sería por 5 millones de pesos. A ellas las citaron un día después, en la gasolinera La Perica o La Cotorra, a la entrada de Zitácuaro.

– No tenemos esa cantidad –dijeron las mujeres, aunque después los secuestradores aceptarían 100 mil pesos para dejar libre a su pariente, a condición de que consiguiera el dinero restante. Hilario  López Morales le dio un mes al secuestrado para completar el rescate.

Juan Carlos Rodríguez Martínez escapó de la región, exiliado él mismo, cambiando de ciudad cada temporada para evitar ser descubierto. “No me interesa que se detenga a mis secuestradores, sino que la información que yo estoy aportando sirva para limpiar Zitácuaro de estas personas y apoyaré a la autoridad para detener a estos sujetos, pero exclusivamente con esta finalidad, por lo que no quiero se moleste a mi madre ni a mi hermana”, expresaba a la PGR Rodríguez Martínez, quien aseguraba que por sus negocios, pues también contrataba grupos musicales, conocía a algunos de ellos, que funcionario del ayuntamiento eran sus clientes y que los de la Familia habían asumido la parte del cobro, en contubernio con las autoridades.

Nabor Pérez Chaires fue reconocido como uno de los que participaron en el secuestro. La investigación de la PGR lo identificó, pero también al resto de aquel sicariato. El secuestro del joven tuvo, al menos, una utilidad. La autoridad pudo ratificar la radiografía de la Familia en Zitácuaro, ampliar el esquema de esa organización, que incluía un batallón de halcones para vigilar patrullajes y desplazamientos de federales y militares pero, además, se pudo detener a algunos.

– A mi hija le dije que se fuera un tiempo, por las amenazas de muerte. Se fue a Canadá pero se confió, yo siento que se confió porque ya cuando se vino ni me avisó. Le dije que veía muy peligroso todo, pero… bueno.

*

II

La PGR describía al “Dieciséis” como nacido en 1986, casado, católico, estudiante hasta el cuarto semestre de preparatoria, mecánico, con un ingreso de 3 mil pesos mensuales, ni alcohólico, fumador ni drogadicto. Sin tatuajes.

Nada de eso, sólo era secuestrador, homicida, sicario de la Familia Michoacana.

Janik, la hija del arquitecto, declaró ante la PGR sobre el secuestro de su hermano el 26 de enero del 2011. Ella precisaba que el 13 de noviembre del 2009 notó la ausencia de su hermano, quien no le contestó el teléfono. Fue hasta el 15 de ese mes que recibió una llamada al celular, desde el número del hermano. La voz de un hombre, con el tono de los que viven en Tierra Caliente, le informaba que tenían al joven “por un asuntito pendiente” y que debía juntar dinero.

El 16 de noviembre Janik y su madre fueron citadas en la discoteca El Ate, a las tres de la tarde. Allí las esperaba una camioneta Jeep Cherokee blanca, con placas del DF. Un hombre se les acercó, identificándose como el negociador para el rescate del hermano, quien debía pagar porque tenía un adeudo con la cervecera. La madre propuso entonces que lo soltaran y a cambio se la llevaran a ella, pero el hombre le dijo que ellos no se metían con mujeres, sugiriéndoles que vendieran sus propiedades para poder pagar. La madre también propuso entregarles La Terraza, otra de las discotecas, a cambio, pero aquello fue rechazado. Un día después fue el propio hermano quien contactó con Janik, para decirle que reuniera 100 mil pesos, pues con eso lo podrían liberar y así él reuniría el resto.

– No se preocupen por él –les dijeron a las mujeres- Tiene las tres comidas.

*

III

Janik siempre dio la cara ante los secuestradores. Fue ella quien recibió las pertenencias de la víctima y quien consiguió el dinero, ayudada por un pagaré que el propio Juan Carlos le hizo llegar  a través de los sicarios. Pudo juntar 110 mil pesos, que entregó a la Familia en la discoteca El Ate, en la calle de Joaquín Amaro, en la colonia El Moral. El intercambio del dinero resultó tenso, pues los secuestradores dijeron al principio que eso no era para liberarlo. La madre les dijo entonces que no les darían nada. Después de llamadas a celulares, los secuestradores aceptaron. Sin embargo, después de partir, Janik se dio cuenta de que no les había entregado todo lo que había juntado, pues uno de los fajos se había quedado en su bolsa. Volvió a llamar al sicario para decirle, y conseguir una nueva reunión por la noche. Al final ese descuido sirvió de mucho, porque apareció la misma camioneta blanca, pero esta vez el hermano iba en ella. El canje se realizó sin problemas. Ya libre, Juan Carlos reveló que el hombre que hacia las negociaciones era Pablo Serrato García, “La Morsa”, y que iba acompañado del “Cupra”, José Iván López González.

*

IV

José Iván López González, “El Cupra” fue detenido posteriormente y revelaba ante la PGR la estructura de la Familia en Michoacán. Él mismo afiliado al crimen desde Apatzingán, “porque no pudo conseguir trabajo”, tenía a su cargo la contabilidad de los crímenes cobrados. Así, esa célula en Zitácuaro quedó al descubierto: Hilario López y después Pablo Serrato como jefes máximos de plaza; “Don Piter” como el segundo y “El Lágrima” como encargado de operativos. El responsable de informar actividades era “El Márgaro”. Había también un responsable de extorsionar a madereros y cobrar pagarés, “El Niño”, a quien Nabor Pérez sustituyó. También controlaban la piratería y hasta cobraban cuotas sobre máquinas tragamonedas, e intervenían en eventos públicos y servicentros. El inmenso negocio involucraba cuotas a tianguistas, taxistas y transportistas, patrullajes, levantones, ejecuciones, secuestros, tráfico de inmigrantes a EU y extorsiones contra agricultores de poblados cercanos como Guanoro, La Palma, Encarnación y Laureles, donde además obligaban a los campesinos a trabajar para la organización como halcones.

La Familia había encontrado en los esquemas empresariales una fórmula para hacer dinero desde el terror, en el submundo de una economía sicaria. Ese organigrama abría las puertas a militares y desde la declaración de detenidos, en Zitácuaro había al menos cinco de ellos: el “Moroleón”, “Tláloc”, “Pájaro”, “Oso” y “Cabildo”.

Otro sicario, Carlos Atghizri Hernández Dávila, el “Márgaro”, refieren las alianzas y protección de la policía municipal, como las pactadas con Dante Híjar Romero, director de Seguridad Pública en Zitácuaro, aunque lo mismo pasaba con directores policiacos de los municipios aledaños.

El propio Pérez Chaires confirmaba pagos a mandos policiacos por 55 mil pesos mensuales y 85 mil pesos para directores de la Procuraduría michoacana, mientras que para la AFI las entregas eran por 100 mil pesos al mes. Todo a cambio de protección.

Había nóminas quincenales registradas puntualmente y que echaban por tierra la creencia de que el narcotráfico paga bien. “El Cupra” reveló que los montos mensuales ingresados alcanzaban unos 2 millones de pesos y que los dividían en sueldos, reparación y compra de autos y mercancía robada. Desde Zitácuaro se planeaba la entrada de la Familia hacia el Estado de México y un comisionado, el “Rivas”, se encargaba de abrir plazas en Atlacomulco y Jilotepec, donde comenzó a secuestrar. También se puso al descubierto una escuela de entrenamiento en el manejo de armas y supervivencia, que se impartía en el pueblo de Guanajuatillo, Apatzingán, y que duraba tres meses.

Los sueldos para los integrantes no correspondían al riesgo, aunque había aguinaldos y hasta un bufete de abogados para libera a los detenidos.

En el 2009 la Familia pagaba 15 mil pesos mensuales a encargados.

Para los de operativos, 6 mil 500 a 4 mil 500 pesos.

Los halcones ganaban mil 500 pesos semanales.

Había que hacer méritos, como en todas las empresas.

*

V

Christian Rodríguez Hernández, El Pato” era un empleado de la Tesorería en el ayuntamiento de Zitácuaro. Estaba en el archivo muerto y ganaba 2 mil 800 pesos mensuales, que apenas le alcanzaban para sobrevivir. Pero bastaban, eso sí, para acudir de vez en cuando a la discoteca El Ate, donde conoció a “El Primillo”, Osiel López, quien no se andaba por las ramas exhibiendo dinero y camionetas. Una noche el “Pato”, ya seducido, le pidió trabajo. Osiel le dijo que abriría un autolavado, Martinazo, y que podía ser encargado por mil pesos semanales. No era mucho, aunque sí más de lo que ganaban en el archivo muerto. Sin saberlo pero sospechándolo, ese negocio pronto fue, para Rodríguez Hernández, una cuestión de vida o muerte.

Rápidamente se dio cuenta de quiénes acudían al lugar. La crema y nata del narco era clientela del Martinazo. Allí se lavaban el BMW convertible gris, el Audi A4 y la Hummer H3 blanca del “Gato”; la Nissan X-Trail negra del “Lágrima”; la RAV4 Toyota del “Sonrics”; el Toyota guinda del “Ponce”; las Mitsubishi del “Rivas”. Allí se platicaba abiertamente de levantamientos y extorsiones y ellos, siempre vestidos de negro, armados, con chalecos tácticos, blindados y a veces con logos de la AFI, no tenían problema en exhibir quiénes eran. Al “Pato” le dio miedo pero cuando presentó su renuncia, ésta fue rechazada.

– Ya no se puede. Ya sabes mucho. Si te vas, algo puede pasarle a tu familia.

El “Pato” fue asignado con el “Chip”, experto en halconeo, quien le enseñó todos los puntos de vigilancia y lo entrenó para que los soldados y la policía no comprada no lo detectaran. Le dieron un auto, un Jetta, equipo de radiocomunicación y le subieron la paga. Ahora ganaba 6 mil pesos mensuales. También ubicaba a delincuentes ajenos a la Familia, reportándolos para que los levantaran y ejecutaran o, al menos, integrarlos a la empresa.

En noviembre del 2009, en la misma fecha en la que el hijo del arquitecto estaba cautivo, una camioneta con personas armadas pasaba por Zitácuaro. La red de halconeo la detectó milimétrica desde la caseta de peaje de Lengua de Vaca, donde trabajaba alguien de la Familia y, en pocos minutos, un grupo de choque, que tenía su base de operaciones en el poblado de Benito Juárez, fue enviado para investigar. Nadie sabía que hacía en la región aquel comando, y ni siquiera una llamada a la AFI local, por parte de los sicarios, pudo aclarar aquel misterio.

“No, no son de los nuestros, pero tal vez sean Zetas”, fue la respuesta de los agentes que protegían a la Familia.

A las dos de la tarde el “Pato” vio pasar la camioneta y detrás de ella dos vehículos de la Familia. Él mismo se unió a la caravana, en realidad una armada integrada por “Lágrima”, “Tláloc” (identificado como ex militar), el propio “Don Piter”, “Pato”, “Sonrics”, “Márgaro”, la misma “Morsa” y “El Cupra”, quienes interceptaron al vehículo en una gasolinera, “Las Cuatas”, cuando se abastecían. Parece imposible poder detener a un grupo así, pero los sicarios habían desarrollado sus propias tácticas, las más simples, las más efectivas y los federales nunca pudieron usar sus AR15.

– ¡Bájense, hijos de la chingada! –gritaron los sicarios.

“Llegan las camionetas de mis compañeros y se colocan en ambos lados de la camioneta azul, de la que descienden varias personas que se empujaban y con las armas en sus manos. En ese momento mis compañeros les apuntan con sus armas y las personas de la Suburban azul comienzan a gritar que “¡somos federales!”… entonces rodeamos a los federales y los desarmamos completamente y les quitamos las cintas de sus botas, amarrándoles los pies y manos y con su propia camiseta le cubrimos la cara para subirlos a su camioneta Suburban. Como la gente se espantó, “Don Piter” comenzó a gritar: ‘¡agarramos a una banda de secuestradores!’”.

Así de fácil. Sin disparar un tiro.

Con los federales en su poder, los sicarios tomaron rumbo a Piedras de Lumbre en Zitácuaro, donde los jefes llegarían y darían instrucciones. Media hora después aparecía el “Gato”, junto con otros, para comenzar un interrogatorio que, de pronto, parecía, terminaría en un acuerdo. Antes, los policías serían cambiados de camioneta. A las cinco de la tarde llegaban al cerro de La Coyota, donde los bajaron para tomarles fotos, entrevistarlos formalmente, videograbarlos. Los levantados dijeron que se harían cargo de la seguridad pública en Ciudad Hidalgo, pero que además realizarían labores de inteligencia e infiltración en Zitácuaro. El “Gato”, de 1.60 metros, ojos verdes y barba cerrada, era un hábil negociador y pronto consiguió que los federales cooperaran. Pactó con ellos protección pero, realizada la parte más fácil, debía ahora avisar a sus propios jefes. Tomó el celular, alejándose unos metros de los policías. La plática duró poco. El “Gato” volvía, con el semblante de piedra, dando la orden.

– Dénles piso –fue lo que dijo.

“Los llevamos a más arriba del cerro y en ese lugar se les ordenó a los policías sentarse en fila”, dijo el “Cupra” en declaración a la PGR, inscrita en los autos del proceso penal 18/2011-II, con fecha del 30 de abril del 2014.

Se escogió lo más alto porque había luna llena. Los policías fueron sentados mientras “Don Piter”, “Morsa”, “Sonrics”, “Lágrima”, “Italiano”, “Huesos”, “Pato” y “Chundo” les avisaban lo que iba a pasar.

– Ya se los llevó la verga –les dijeron, mientras cada uno apuntaba a la frente de un policía, que suplicaban que no los mataran.

Uno de los federales, hincado ya, le dijo uno de sus compañeros:

– Gracias por estar conmigo en las buenas y en las malas.

La reacción de “Don Piter” fue una y sólo una. Lleno de ira, tomó el arma, una Pietro Beretta que le había quitado a un federal, colocándole al policía una bala en la cabeza.

– ¡Esto es para que sientan lo que sintió mi compadre el “Minas! –gritó el sicario.

Eso desató la masacre.

*

VI

El “Gato” había dado la orden para que mataran a todos. “Lágrima”, “Chundo, “Italiano”, “Sonrics” y “Márgaro” dispararon al mismo tiempo. El “Pato”, por su parte, buscaba las carteras en los bolsillos de los muertos pero los demás, enojados o algo, le reclamaron exigiéndole que ejecute. Él, según su declaración, dispara contra el cuerpo de un muerto luego de fingir, quién sabe cómo, que su pistola se ha trabado. El “Gato” lo reprendió, enviándolo por llantas para hacer una pira. El “Pato” regresó a Zitácuaro y de una vulcanizadora extrajo 25 llantas, que cargó en una Ranger. Mientras, en La Coyota, todo era actividad. Los sicarios buscaron maderas, ramas para armar fogatas y quemar allí los cuerpos, a los que además se les rociaría con sosa cáustica. Pero no sería tan fácil, así que comenzaron a destazarlos. Brazos y piernas, a machetazos, fueron separados de los torsos, que metieron a bolsas que al final tiraron en la Presa del Bosque a las seis de la mañana, en el lugar de recreo de los habitantes de Zitácuaro. Igualmente, las cenizas y restos carbonizados fueron recogidos en una cubeta y arrojados al agua. El febrero del 2010 el “Pato” fue detenido por federales, cuando reclamaba su quincena al “Cupra”, quien contaba el dinero de la nómina.

– Para llevar a cabo tales actividades se contaba con el apoyo de diferentes directores de Seguridad Pública de las regiones de Tuxpan, Ocampo, Angangueo, de los cuales desconozco los nombres, el cual consiste en que no se nos detenga cuando llevamos a cabo las actividades que he mencionado –dijo luego el “Cupra” a la PGR.

Después se supo que la Suburban azul 1996 donde viajaban los federales era rentada, tenía placas del Estado de México y que la habían pagado los mismos policías para trasladarse del DF a Michoacán. Habían salido a las 12 del día del 16 de noviembre del 2009 del Centro de Mando de Iztapalapa, esperando hospedarse en un hotel de Ciudad Hidalgo. La Suburban regresaría a México. En vez de eso, los restos de los policías se perdieron en las aguas y la Suburban fue desmantelada en Zitácuaro, en el deshuesadero El Chilango, dedicado a vender autopartes robadas.

Estos eran los personajes que la familia Rodríguez Martínez enfrentaba.

*

VII

Nabor Pérez Chaires, principal acusado del secuestro de Juan Carlos Rodríguez Martínez, afirmaba a la PGR que el joven debía dinero, además del que reclamaba la cervecera, a la propia organización de la Familia, pues le habían ayudado a pagar una deuda adquirida cuando se realizaba la Feria de Zitácuaro. El joven había conseguido un grupo musical para la campaña del actual alcalde de esa ciudad, el priista Juan Carlos Ponce, quien al final se negó a pagar ese servicio prometiendo que lo haría cuando asumiera. El joven no tuvo más remedio que pagar a los artistas de su propia bolsa, pero tuvo que pedir, al mismo tiempo, un préstamo.

Pérez Chaires se reclutó con la Familia Michoacana en el 2008. Comenzó desde abajo, como halcón, con un salario de 4 mil pesos quincenales. Pronto, gracias más a la necesidad de la organización que a las habilidades propias, Pérez fue ascendido a cobrador de renta de los aserraderos, ganando 7 mil 500 pesos quincenales.

Su currículum, como integrante de los cuerpos de choque, es otra cosa. Pérez participó en los ataques a los cuarteles de la policía federal de Zitácuaro, en noviembre del 2009, donde acribillaron las oficinas con cuernos de chivo; estuvo en la emboscada contra un convoy de federales, en junio del 2010, sobre un puente en la carretera Zitácuaro-Toluca, donde además bloquearon accesos terrestres y quemaron camiones de pasajeros. En esa acción, 35 sicarios al mando del “Morsa”, Pablo Serrato Magaña, mataron a 12 policías.

Nabor siempre negó haber participado en el narcotráfico.

La PGR identificó, como secuestradores de Juan Carlos Martínez Rodríguez, al “Morsa”, a Nabor Pérez, al “Cupra”, al “Lágrima”, al “Pato”, a “Don Piter”, al “Chundo”, al “Hielos” y, por supuesto, al “Gato”. De manera increíble, por fin un proceso judicial terminaba en sentencia condenatoria para los culpables, a quienes además se les probaba el delito de delincuencia organizada desde el cártel del narcotráfico de la Familia Michoacana.

Porque Juan Carlos Rodríguez Martínez los había identificado plenamente y sostuvo los careos correspondientes hasta que un juez dictó a Pérez Chaires 409 años de cárcel, reducidos desde la lógica jurídica a 60 y pagar 791 mil 625 pesos como reparación a  los afectados.

Para Juan Carlos Martínez y su familia, volver a sus vidas resultó una tarea ardua, imposible. El empresario intentó retomar el negocio de los bares y discotecas, en el 2010, pero a finales de agosto del 2012 uno de sus establecimientos, el Green, recibía la visita de sicarios que lo buscaban abriendo fuego. Los guardaespaldas asignados por la PGR a Martínez cayeron muertos de manera instantánea pero el joven salvó la vida porque no estaba en el lugar.

Un testigo narra aquella noche: “pues te digo que un sábado, cuando ya estaban en el Green y el hijo en El Ate, llegaron, me imagino que por él, pero al no encontrarlo dispararon y mataron a dos de los guaruras enfrente de la señora y la chica. La señora estaba histérica, les dieron balazos en la cabeza a los chicos, estaban de espaldas a la puerta”.

Los custodios eran federales ministeriales. Además hubo un tercer policía herido, junto con dos asistentes. Ese fue el saldo después de 17 disparos de armas calibre .38 Súper y 9 milímetros.

“Los AFI fallecidos fueron identificados como Marco Antonio García Álvarez, de 40 años de edad, quien tenía seis lesiones de proyectil de arma de fuego: tres en el brazo izquierdo, una en el cuello y dos en la rodilla izquierda; y Juan Carlos Olvera García, de 35 años, quien presentaba dos heridas de bala en el abdomen”, decía una crónica de la Agencia Esquema de Michoacán.

*

VII

El secuestro de la joven Janik Rodríguez Martínez volvió a cambiar la vida de la familia, especialmente la del padre, el arquitecto Juan Carlos Rodríguez. Divorciado y distanciado del hijo empresario, se ha dedicado a buscar a la chica sin éxito, pero también sin contar con la ayuda de autoridades.

Incluso, recuerda, una vez los secuestradores o quienes dijeron serlo lo citaron en un paraje para que entregara una cantidad de dinero por ella. Un cambio de planes le avisaba que debía seguir hasta Apatzingán.

– Se rompió aquel contacto –dice el arquitecto, quien desistió de seguir en aquella ocasión porque no había condiciones mínimas de seguridad para él- Mi hijo hizo indagaciones, pero no me decía claramente cómo estaban las cosas. En el DF, a donde me fui, acudí a Atención a Víctimas pero todo fue muy disperso y no se concretaba nada. Finalmente quise hacer público el secuestro de mi hija en Zitácuaro, porque había muchas versiones acerca de su ausencia, pero tampoco puedo tener la certeza de que la mataron.

Un dirigente municipal panista se ofreció a ayudarlo, pues era amigo de la chica y arregló una entrevista con uno de los involucrados en los secuestros de la región, a quienes el arquitecto identifica como parte de La Maña, organización criminal ligada con la autoridad y que también implica a narcotraficantes, a los que patrocina con dinero, celulares y hasta motocicletas.

– Están mezclados –dice el arquitecto-. Son policías, funcionarios municipales e incluso el alcalde priista de aquí, Juan Carlos Campos Ponce, es parte de La Maña. El Ministerio Público federal está totalmente cooptado. Aquí los Orihuela (la familia del político Chon Orihuela, ex candidato del PRI a la gubernatura de Michoacán) son los que controlan todo. Incluso oficinas públicas están en propiedades de ellos.

El contacto de La Maña recomendó que antes de hacer cualquier negociación debía exigir escuchar a su hija. El consejo era útil, pues en ocasiones anteriores le habían puesto grabaciones con voces falsas. Los contactos del arquitecto dijeron que quien podía tener información real sobre Janik era Enrique Plancarte, uno de los narcotraficantes más poderosos de Michoacán, pero su muerte cerró aquel camino.

– El día que secuestraron a mi hija, también desapareció su mamá, pero en ese caso ya no me metí –cuenta el arquitecto- pero mi hijo es quien denunció lo de su mamá.

Las declaraciones y ratificaciones de Janik en contra de los sicarios de la Familia Michoacana fueron determinantes para que fueran apresados. Janik no era cualquier testigo, sino, más bien, fue clave en el desmantelamiento de aquella célula. Según el arquitecto, la organización de la Feria de Zitácuaro está a cargo de La Maña, a través del grupo de Enrique Plancarte. Para él, que la Familia Michoacana se haya desintegrado sólo significa que el crimen en Zitácuaro cambió de manos.

– Por ejemplo, hay un tipo a quien llaman el “Mamer”, Roberto Abouchard, de una de las familias más conocidas en la ciudad. Ese Roberto traía de secretario al “Morsa”, el asesino de los federales, pero se cree que estaba apadrinado por Plancarte. Hablé hace más de un año con un subprocurador que venía del Edomex, José Ramón Ávila Farca, dedo chiquito de Ricardo Castillo, pero al salir casi me secuestran. Le conté el caso y primero me dijo que no había problema, pero saliendo…

– Entonces usted está solo…

– Yo decía que hiciéramos un movimiento. Hay muchos secuestrados pero los parientes no le entran por temor. Incluso mis hermanos, que querían que me fuera.

– ¿Usted culpa directamente al alcalde de la desaparición de Janik?

– Como parte de La Maña, sí. Tengo una denuncia en la que querían meter a la cárcel a mi hija. Era una chicanada. Entregan tres citatorios y si al tercero uno no se presenta, van por ti. A ella nunca se los entregaron, pero alguien avisó y fuimos al MP. El jefe dijo que nos atenderían para aclarar pero se desapareció, nadie pudo o quiso atendernos. Después de eso, la secuestraron. El MP está con ellos. También se metieron a robar a mi casa, todos mis documentos, pasaporte, cédula, hace un año. Una cámara grabó a los culpables pero los MP obstruyeron todo. Luego me carearon  con unos, que al final me agredieron, es muy difícil. Hice un juicio público ciudadano al alcalde Campos, haciéndolo responsable de la seguridad de los civiles, y hay una denuncia formal de una arquitecta, Verónica Loaiza, sobre los moches en obras públicas. Y sobre Sámano, se le demanda por usurpación de profesiones, porque firma como contador cuando no lo es.

El arquitecto está solo, pero también el resto de los afectados en aquella ciudad por el narcotráfico y la corrupción. Una foto detrás de su escritorio lo acompaña en el día a día, trabajando en el despacho de avalúos que encabeza. En esa imagen, una joven bonita, morena, de pelo largo, observa a quienes entran.

Lo observa todo, como si estuviera esperando.

Tácticas para una elección

*

* Invitado a dictar una “conferencia magistral” sobre el tema y la iniciativa de reforma constitucional del mandatario estatal, Miguel Carbonell Sánchez se dijo seguro que de ser “un diputado del PRI en el Congreso local” claro que votaría a su favor, y que “si lo fuera de un partido opositor”, con mayor razón.

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Jorge Hernández

Toluca, México; 10 de agosto del 2015. Tras cuatro años de veto por el Poder Legislativo mexiquense, Miguel Carbonell Sánchez, académico e investigador especialista en derecho constitucional, se presentó en el salón “Benito Juárez” de la sede de este Poder para dar visto bueno a la iniciativa del gobernador Eruviel Ávila, que propone crear gobiernos de coalición en nuestra entidad.

Invitado a dictar una “conferencia magistral” sobre el tema y la iniciativa de reforma constitucional del mandatario estatal, Carbonell Sánchez se dijo seguro que de ser “un diputado del PRI en el Congreso local” claro que votaría a su favor, y que “si lo fuera de un partido opositor”, con mayor razón.

Carbonell Sánchez, también columnista de un diario de circulación nacional y consultor privado en materia legislativa y constitucional, fue conferencista habitual en esta soberanía hasta agosto de 2011, cuando participó en la XII Asamblea de la Asociación Nacional de Oficiales Mayores de los Congresos de los Estados y Distrito Federal (ANOMAC) con la ponencia “Actividad Parlamentaria y Justicia Constitucional”.

Siempre crítico de los usos y costumbres de los diputados tanto federales como de los estados, venía señalando sus carencias y limitaciones, lo que ocasionó el enojo de los miembros de esa asociación que por entonces presidía Javier Domínguez Morales, secretario de Asuntos Parlamentarios del Congreso mexiquense, quienes decidieron no invitarlo más a sus encuentros.

Esta vez, invitado formalmente por el diputado Sergio Mancilla Zayas del PRI, habló de las ventajas de votar positivamente la iniciativa de Ávila Villegas, presentada formalmente a los legisladores locales el pasado jueves 6 de agosto.

En la misma alocución Carbonell Sánchez advirtió que de no hacerlo podría suscitarse una crisis política que abra paso a las expresiones populistas que tanto daño han hecho en otras latitudes,  entre ellas Venezuela “y ahí está Syriza en Grecia y Podemos en España”.

No obstante, señaló también como una ventaja de los gobiernos de coalición la consolidación de la pluralidad política y democrática, la que permitiría la participación de todas las fuerzas políticas presentes en nuestra entidad.

Para Carbonell, quien habló ante una veintena de diputados del PRI y otros del PAN, PRD, Nueva Alianza, Movimiento Ciudadano y Verde Ecologista, además de los presidentes de la Junta de Coordinación Política  y la Directiva, la iniciativa del gobernador ofrece como ventajas pasar de las alianzas electorales al ejercicio compartido del poder, ya que si algunos partidos compiten en coalición y ganan tiene sentido que se gobiernen juntos. Esto permitirá, agregó, que no sólo en el parlamento se escuchen y representen todas las voces, sino también en el Ejecutivo.

Asimismo, continuó, esta figura alienta las conductas cooperativas de los partidos políticos, pues tiende a prevenir conflictos entre ellos. Al dar a los perdedores un espacio en las instituciones, no tendría lugar el conflicto y nadie tendría por qué mandarlas al diablo.

De hacerse efectiva, explicó, se construirían puentes de interlocución entre ambos poderes, fortaleciendo su cooperación. Con ella, necesariamente, se enriquecerían los programas y planes de gobierno, pues con toda seguridad habría lugar para todas las propuestas valiosas y constructivas.

Por último, con la posibilidad de que el Legislativo pueda ratificar o vetar a algún personaje designado para encabezar alguna secretaría en específico, se fortalecería la presión para eficientar el ejercicio de gobierno. Si la oposición le da su aval a tal servidor, éste se vería obligado a cumplir porque también a ella le rendiría cuentas, y no sólo a quien lo propusiera.

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