La casita blanca de Fernando Zamora

* Describir la “casita blanca” del candidato del PRI a la alcaldía de Toluca equivale a constatar la miseria del entorno, como si la colonia Aviación en San Pablo Autopan se hubiera desprendido de sí misma para permitir la construcción. Esta mansión, a nombre de Omar Talavera Vázquez, actual supervisor pero ex subdirector de Educación Primaria y oficial mayor del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México, se cimienta desde la penuria de la zona más pobre del municipio, que observa, solamente observa, cómo un hombre, desde el poder público, literalmente los mira desde arriba. Esta es la historia de un cacicazgo, del camino de Fernando Zamora y su familia por el poder público y cómo, solamente ellos, se han beneficiado.

Miguel Alvarado

San Pablo Autopan, Estado de México; 3 de mayo del 2015. A la entrada de la tienda un gato juguetea por la mañana, retorcido entre los pies de la dueña que, sentada en una silla de palma, casi a ras del suelo, despacha y cobra desde los rayos del sol. Los propietarios de esa tienda, de adobe y de apenas 20 metros cuadrados, son vecinos de uno de los hombres más poderosos de la zona norte de Toluca y que ahora busca la presidencia municipal, luego de años militando en el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Junto a la casa del candidato, la tienda aquella -aun con sus dos pisos- ni siquiera alcanza la altura de los portones de enfrente, de hierro forjado cercanos a los diez metros, aunque sobrepasados por la propia mansión que resguardan.

Esa fortaleza de ladrillo y cemento, de techos atejados, no tiene comparación. Ni siquiera la casa campirana, también de puertas ciclópeas, propiedad de otro de los políticos más poderosos de la entidad, el secretario de Gobierno, José Manzur, distante a 800 metros, le hace sombra, a pesar de contener una capilla de azules cúpulas y una colección de autos Mustang que, aseguran los vecinos, se guarda allí.

Ésta es la colonia Aviación, con menos de 2 mil habitantes, zona rural de San Pablo Autopan y una de las más pobres del municipio. También es uno de los territorios de mayores contrastes sociales, donde funcionarios públicos locales han construido sus casas, gigantescas edificaciones que remarcan todavía más la pobreza de los habitantes originarios.

Eso no es casualidad. Los terrenos, todavía ejidales, están destinados a planes más ambiciosos que sembrar y todo gira en torno al futbol. Porque el Deportivo Toluca, el equipo profesional de la ciudad, edificaría el nuevo estadio de La Bombonera en esa colonia. Los ejidatarios confirman esta noticia desde la venta de sus parcelas, que aún trabajan en lo que se asienta el proyecto, y que incluye un desarrollo comercial y nuevas vías de acceso, lo que cambiará radicalmente la zona, así como los precios de los terrenos.

II

– Aquí vive el profesor Fernando Zamora -dice el guía mientras se detiene en la esquina de Puerto Aéreo y la calle 23 de Octubre, mirando hacia arriba. Esta versión la corroboran los vecinos de la colonia Aviación, quienes afirman sin ninguna duda que el profesor es el dueño de la casa.

“La comenzaron a construir alrededor del 2010, pero terminaron pronto, como en un año. Y lo que sabemos es que allí vivía el profesor junto con su esposa”, dicen.

Las bardas no están pintadas pero sí la residencia que resguardan. Es la “casita blanca” del candidato a la alcaldía de Toluca, que se puede observar a simple vista desde la carretera Toluca-Ixtlahuaca, pasando el mercado de Palmillas. El terreno sobre el cual está asentada la construcción mide aproximadamente 100 metros de largo por 25 metros de frente, unos 2 mil quinientos metros cuadrados. Un estudio realizado por un despacho de arquitectos en Toluca para este Semanario calcula su valor en 8 millones de pesos, aproximadamente. En San Pablo Autopan el metro cuadrado de tierra cuesta, como máximo, mil pesos, casi nada comparado con los 4 mil 200 pesos que vale en la colonia Federal; 6 mil 47 pesos en la Morelos o los 10 mil 698 pesos de la Morelos Primera Sección, en la zona urbana.

Describir la “casita blanca” equivale a constatar la miseria del entorno, como si aquella colonia se hubiera desprendido de sí misma para permitir la construcción. Esa mansión, quienes maestros del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México (SMSEM), afirman que está a nombre de Omar Talavera Vázquez, actual supervisor escolar pero ex subdirector de Educación Primaria y oficial mayor de Fernando Zamora cuando era líder gremial (2003-2005), se cimienta desde la penuria de los vecinos, que observan, solamente observan, cómo un hombre, él solo, desde el poder público, se ha beneficiado.

Del interior de la casa sólo puede observarse el patio principal -a través de los portones automáticos, de unos 7 metros de altura, encajados en muros de hasta 10 metros- decorado con piso de cantera y una fuente del mismo material. Ese patio es en realidad un estacionamiento donde, días antes de las elecciones, se guardaban cinco autos, entre ellos una camioneta negra y autos sedán. La fuente, en medio del patio, custodia la puerta principal de acceso, en forma de arco y de madera.

La descripción arquitectónica es simple pero reveladora. “Casa de estilo residencial tipo alto, con acabados de lujo, de al menos cuatro aguas y cinco niveles. La vivienda alcanza una altura aproximada de 17 metros en una zona cuyo uso de suelo es evidentemente para siembra, como lo constatan los terrenos vecinos, parcelas entre casas empobrecidas preparándose para la temporada.

La casa desentona con el discurso de servicio social y entrega comunitaria de Fernando Zamora: “He pasado toda mi vida en este municipio, por lo que conozco las necesidades y problemas de la gente, ya que además soy profesor desde hace 30 años, lo que me ha permitido estar en contacto directo con la población. Entre carencias y oportunidades, aprendí los pormenores de la actividad comercial, vendí prendas de vestir características de la producción de mi pueblo”, dice de sí mismo, presentándose desde su página web, http://www.fernandozamora.mx.

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III

La historia política de Fernando Zamora ejemplifica cómo se construyen en México los cacicazgos, a la sombra de los recursos públicos y el padrinazgo, pero también desde la óptica del gobierno mexiquense, que desde la Secretaría de Educación dice, literalmente a quienes encabezan el SMSEM, que “lo único que nos interesa de ustedes es su participación a nuestro favor en las elecciones”.

El aspirante a la alcaldía de Toluca era un maestro común que un día tuvo una responsabilidad, pequeña, dentro del magisterio. Egresado de la Normal Uno, desde un programa de cinco años de formación de docentes –sin grado de licenciatura- (1976-1981), se tituló desde un plan emergente diez años después, que le permitía entregar la planeación de trabajo para la escuela donde en ese entonces laboraba como prueba de sus conocimientos. Nunca hizo el intento de estudiar más. Y es que el sindicalismo lo llamaría casi desde el principio. Apenas con cinco años trabajando, fue incorporado a cuadros delegacionales en Temoaya. Su inicio, realmente modesto, se registra cuando armó un pequeño grupo con directores escolares –él mismo lo era- que derivaban en cuanto veían una oportunidad. Encontró una puerta abierta cuando Jacob Pérez Álvarez asumió la secretaría general del SMSEM e integraba a Fernando en una comisión sindical, en el trienio 1994-1997. En ese mismo comité estaba la profesora Trinidad Franco Arpero como secretaria de Educación Primaria, fundamental en el desarrollo político de Zamora.

A Franco se le identificaba desde entonces como una fuerza discordante que podía cambiar, llegadas las circunstancias, las manos en el  poder de un sindicato que, actualmente, maneja recursos cercanos a 150 millones de pesos al año.

Jacob Pérez Álvarez era un líder débil pero astuto y entre sus habilidades estaban las de identificar a quienes podían ensombrecerlo. Taimado como era, llamó aparte a Fernando Zamora para confiarle una misión delicada, que consistía en vigilar a Franco.

El actual candidato priista a la alcaldía no dijo que no e incluso fue más lejos porque, con el tiempo, Trinidad Franco Arpero se convirtió en su pareja sentimental. Había elegido bien porque Zamora tenía toda la intención de desarrollarse políticamente y ella era una mujer fuerte, capaz de operar elecciones y que no dudó en compartir durante 11 años aquel amoroso poder que el mismo sindicato le entregaría en su momento. El papel que Zamora desempeñaba era el que nadie quiere en una película, pues casi siempre estuvo entre la sombras. Manejaba los autos para la profesora, era el acompañante de planta y si al principio se dormía en las tediosas reuniones de su pareja, poco a poco aprendió las singulares maneras de hacer política desde aquel magisterio. No le dijo a nadie de ese aprendizaje y algunos tachaban sus propuestas, cuando las hubo, de poco serias o, en todo caso, de inadecuadas. En realidad, Fernando Zamora se entrenaba para suceder a Franco Arpero.

Pero en el trienio de Jacob Pérez y con Franco y Fernando aliados desde lo privado, se planteaba la posibilidad de que la profesora fuera la secretaria general. Ese camino era tan real que incluso se formó un grupo, Convergencia Magisterial, a finales de 1997, una asociación civil legalmente establecida que fedató el notario Gabriel Ezeta. Franco tenía ya su primera plataforma y podía preparar su ascenso. Y Zamora estaba con ella.

Sin embargo, no era fácil. Jacob Pérez, enterado de la existencia de Convergencia Magisterial, articuló una limpia en el sindicato. Zamora perdió su comisión pero Franco lo defendería organizando una marcha para exigir la reincorporación de su pareja. Esa manifestación exhibió la fragilidad de aquel líder pero también hizo patente la fuerza de la maestra. Conseguir que Fernando Zamora fuera restituido resultó, si cabe, pan comido.

A finales de 1997 Convergencia se presentaba a las elecciones del SMSEM en busca de la secretaría general con Trini como candidata, quien debió competir, a la buena y a la mala, contra la planilla oficial encabezada por Marcelo Quezada Ferreyra, que finalmente resultó ganador impuesto. Convergencia armó urnas transparentes para el ejercicio del voto secreto que, por supuesto, no sirvieron de nada. Pero los simpatizantes de Trinidad estaban aprendiendo. Franco había ganado esa elección a voto abierto, pero era una “no alineada” y al final Jacob Álvarez y Lauro Rendón, otro ex secretario general del SMSEM y “alquimista electoral del PRI”, impusieron a Quezada. Esas elecciones estuvieron plagadas de agentes de la Secretaría de Gobierno mexiquense. Trinidad protestaba pero los encubiertos estaban allí para disuadir a cualquiera.

– Si sigues con tus pendejadas, mañana va a haber dos o tres muertos –le dijeron en una llamada sin nombre a Franco.

Quebrantada Trini, Quezada asumió como líder de los maestros para el periodo 1997-2000 y Franco se integraba a sus labores cotidianas. Llegado el año 2000, una nueva planilla, Renovación Sindical, era impulsada por la profesora, quien insistía en la dirigencia. En ese proceso competían Luis Vargas Medina –un poco el término medio entre las propuesta oficial, encabezada por Horacio Albarrán- y la propia Trinidad.

En esos momentos los ex secretarios generales se encontraban divididos y terminaban por rechazar a Horacio Albarrán –quien compite hoy por el PRD para la alcaldía de Tejupilco-. Rendón, quien en el año 2000 tenía bajo su control a todos los coordinadores regionales, se decidiría por apoyar a Franco Arpero. Fue suficiente que el poderoso Lauro le pidiera al secretario de Educación que reuniera a esos coordinadores y les pidiera que apoyaran a la profesora.

El planteamiento del voto secreto era una exigencia y en ese año 2000 se lograría que los delegados, 3 mil 500, votaran de manera secreta. Pero cuando Rendón abrió la posibilidad a Trinidad, los propios subdirectores regionales se encargaron de distribuir toda la propaganda de Franco. Esa operación abrió la estructura magisterial, poniéndola del lado de la maestra.

El día de la elección las urnas fueron colocadas en el auditorio del Sindicato. Y a un lado de las urnas apareció la figura dinosáurica de Lauro Rendón, parado como patrón, viendo que los delegados pasaran, uno a uno, a votar. El resultado final fue el triunfo de Trinidad sobre Horacio Albarrán por 36 votos. La diferencia era lo de menos cuando el sindicato representa una de las cajas chicas más suculentas para el gobierno estatal y sus operadores. Era tal el poder de Rendón en ese magisterio que las cuentas bancarias del SMSEM estaban a nombre de uno de sus hijos, Hugo Rendón. Nadie movía un quinto si no firmaba él. Franco lo entendió bien pero también supo que debía romper con Lauro. Así lo hizo, asumiendo el control absoluto.

Fernando Zamora seguía conduciendo autos para Franco Arpero y se constituía en soporte emocional para la flamante lideresa. Ella premiaba la paciencia de su pareja otorgándole la dirección de Adquisiciones, donde Zamora usó el dinero de ese presupuesto sin ningún control. Pero tener contenta a Trinidad era el trabajo principal de Fernando, porque sabía que ése era el camino del poder.

Sumiso, el profesor supo aguantar, encontrar en la obediencia ciega un acicate más para sus propios objetivos, que se cristalizaron al terminar Franco su gestión, tres años después. Fue Zamora quien convenció a Trinidad de pelear sin cuartel por la diputación local o federal, premio que todos los líderes sindicales obtenían y de organizar una manifestación para exigirlo. Pero esa marcha resultó contraproducente. A Franco nada le otorgaron y se convirtió, de pronto, en la figura que desde sus orígenes había identificado el dirigente Jacob Pérez. El gobierno quitó a toda la estructura de la profesora que trabajaba en la burocracia. Esa marcha, que paralizó clases y de paso la capital del Estado de México, había sucedido el 13 de abril del 2003. Al otro día, todos los franquistas estaban en la calle, con sus renuncias firmadas. Alberto Curi era el secretario de Educación estatal.

La sucesión de Franco Arpero, sin embargo, estaba cantada. A pesar de otros candidatos como  Sergio Camacho o Rogelio Molina, la profesora eligió a Fernando Zamora, pues suponía que él le garantizaría el poder y el dinero desde el magisterio. “Es mi pareja, me tendrá que obedecer”, decía la maestra, según testimonios. A Fernando el sindicato le pagaría toda la campaña, desde movilizaciones hasta gasolina y los refrescos. Lo inevitable sucedió. Zamora ganaba de manera aplastante en la votación y ya era el líder. Franco Arpero estaba jubilosa, pues entendía que su poder podía alargarse y, si lo hacía bien, construiría un coto político sin precedentes. El ejemplo de Elba Esther Gordillo la seducía.

Pero Fernando Zamora tenía otros planes. Tomada la protesta a las seis de la tarde, una hora después acudía a la casa que compartía con Trinidad, en el poblado de San Lorenzo Tepaltitlán y empacaba. Se iría para siempre de la vida de la profesora, una vez que ésta le ha entregado el poder.

– Ya tengo nueva mujer. Se llama Yolanda Rosales, es de Toluca, es una maestra de preescolar –le dijo Fernando a bocajarro a la azorada Trinidad, a quien la impresión la enviaría a un centro médico privado en Metepec, por un mes.

El nuevo líder ejecutó su propio plan, masticado con la paciencia de quien lleva prisa y lo puso en marcha. Volvió con Lauro Rendón para pedirle perdón y culpó a Franco de la ruptura política. Eso aceleró la expulsión de Franco de aquel selecto círculo de ex dirigentes y la incrustación de Zamora como uno de los favoritos en aquella tiranía.

El profesor es el poder encarnado en la zona norte de Toluca, que tan sólo en cuatro pueblos, de predominancia otomí –Huichochitlán, Cuexcontitlán, San Diego Linares y Autopan-, aglutina poco más de 100 mil habitantes, según datos sumados del INEGI. Esa cantidad representa cerca del 10 por ciento del municipio de Toluca, pero también una enorme fuerza productiva, de la que es dueña la familia Zamora Morales, controladora de la industria textil que produce gorras, guantes y bonetes, que se venden sobre todo en Huichochitlán.

IV

La “casita blanca” no es la única propiedad de Fernando Zamora, quien unido a sus hermanos ha desarrollado en el pueblo de San Cristóbal Huichochitlán un cacicazgo fincado en el miedo y el control del mercado de gorras, bonetes y guantes que se producen allí. Si bien ninguna alcanza el lujo de la casa de Autopan, son demasiadas, incluso para toda una familia.

En el pueblo todos conocen esas propiedades pero pocos se animan a señalarlas. El temor por represalias es el principal motivo. Un comerciante, sin embargo, admite conocerlas y señala las más importantes.

La primera está ubicada en la calle Manuel Buendía, esquina con Monterrey, en Huichochitlán. “Este edificio fue construido con dinero del Magisterio estatal, cuando era secretaria general Trinidad Franco. A un costado se ubica la oficina de atención ciudadana de Fernando”.

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También en esa calle están las casas de los hermanos del profesor, “construidas con material proveniente del Programa Pie de Casa”, apunta el comerciante.

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La tercera es una de las primeras casas de Zamora Morales, en la calle de Monterrey S/N, “cuando en los años 90 no tenía ni drenaje. Lo que se aprecia en la imagen contrasta con los detalles del interior, como las chapas de las puertas bañadas en oro, vajillas de plata y cristalería fina”.

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Una serie de comercios se ubican en la calle Miguel Hidalgo S/N. “Estos son negocios donde el profesor invierte dinero. Son de los hermanos, que siempre han recibido apoyo económico de Fernando. Estos terrenos fueron adquiridos cuando era pareja de Franco y después secretario general del SMSEM. Allí se guardan bordadoras y tejedoras.

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La quinta propiedad está a nombre de su esposa, en la calle de Hidalgo esquina con Zapata, donde también se guarda maquinaria para bordados.

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La madre de Fernando también tiene un negocio, en la calle de Hidalgo, sin número.

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En Adolfo Ruiz Cortines, s/n., en el Barrio de La Concepción, Huichochitlán, Zamora tiene una bodega o nave industrial donde guarda material para construcción. Los vecinos señalan que en esa nave se guardaban tráileres con productos robados, y que el encargado de ese negocio era un hijo del profesor. Esa bodega fue cerrada luego de que un pariente de Fernando Zamora estafara a los ladrones, quienes amenazaron de muerte a la familia, que al final devolvió los productos. También, sobre la avenida Buendía, posee un terreno para renta donde actualmente hay una maderería abandonada.

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La última propiedad, considerada la joya de los Zamora, es otra nave ubicada en Colima, en el barrio de la Concepción, también de Huichochitlán, que en realidad “es una fábrica de hilo traída desde China, aunque aún no las puede echar a andar”.

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Una casa más, cuya dirección aparece en la credencial de elector del profesor Zamora, está ubicada en la calle Cerrada de la Independencia, en la colonia Científicos.

Pero las propiedades de la familia Zamora son apenas un reflejo del poder que el maestro ostenta en la zona norte de Toluca.

El castigo del fuego

 

* La zona norte de Toluca, una de las más pobres del municipio, pero también la de mayores contrastes sociales, vive desde hace años el dominio de la familia Zamora Morales desde un cacicazgo que ha sojuzgado la actividad comercial más importante del pueblo de Huichochitlán, la fabricación de gorras, bonetes y bufandas. Esta es la historia de una traición pero también la trama, telenovelesca, del encumbramiento económico y político de quien hoy quiere ser alcalde de la capital del Estado de México.

Miguel Alvarado

San Cristóbal Huichochitlán; 3 de mayo del 2015. El dos de agosto del 2004, a las tres y media de la tarde, vecinos del pueblo de San Cristóbal Huichochitlán habían detenido a agentes de la AFI porque realizaban cateos a los comercios. Los policías catalogaron a las miles de gorras que allí se fabrican como piratas o ilegales y se las llevaron argumentando violaciones y que algunos locales, ubicados en las calles de Juan Pablo II, Pablo Romero e Insurgentes, rompían la ley según una demanda conjunta de afectados. Esta historia está contada a partir de decenas declaraciones y entrevistas grabadas a testigos de los hechos que se describen, así como de habitantes del lugar, quienes razonablemente temen represalias.

Efectivamente, había un cateo, sólo que los policías se llevaban todo, sin importar lo que fuera. Ese saqueo, que hasta esa hora contabilizaba dos locales pero también un detenido, detonaba la ira de los habitantes, quienes habían conseguido cercar a los agentes para exigir la devolución de bonetes con figuras de la Warner Brother’s. Tres camionetas habían sido ya cargadas.

A esas alturas ya no había enojo sino rabia ciega. Cinco elementos de la PGR enfrentaban el linchamientos y quemarlos vivos sería el escarmiento que el pueblo había decidido. Reducidos, los agentes fueron rociados con gasolina mientras las campanas de la iglesia repicaban, convocando al resto de San Cristóbal, que en un santiamén estuvo reunido: la suerte para los policías parecía sellada.

Pero un diálogo de último minuto detuvo la sentencia. Un comandante enviado a negociar el destino de los condenados propuso una última opción.

– ¿Qué es lo que quieren? –preguntaba a voz en cuello el policía.

– ¡Que nos devuelvan la mercancía y que nos entreguen al detenido! – gritaron los habitantes.

Los policías, bañados en combustible, aceptaron sin chistar. La mercancía devuelta fue resguardada en el atrio de la iglesia y el intercambio de detenidos se realizó, también, sin complicaciones. Los policías se fueron, dejando atrás a un pueblo atónito, impedido para trabajar pero también traspasado de miedo.

Desazonados, los de Huichochitlán no sabían qué hacer para evitar nuevos encuentros con la fuerza pública. Ni pláticas o consejos pudieron tranquilizar a los espantados comerciantes, que poco a poco tomaban conciencia de lo que había sucedido.

Horas más tarde se presentó Fernando Zamora.

Rápidamente reunió a los afectados en la casa de uno de los vecinos. En ese tiempo el profesor era líder magisterial del SMSEM. Un asistente a aquella reunión recuerda los detalles.

– Ya se dieron cuenta de los problemas en los que están metidos –les dijo Zamora sin preámbulos –Es el momento oportuno para que la comunidad se una y resuelva este tipo de problemas. Yo los invito a que formen una mesa directiva.

Los pobladores se miraron extrañados, pero la propuesta, en un inicio, les pareció viable. Fernando Zamora dictaba las acciones, todavía sin disfraz de orden. Había que nombrar un presidente, un secretario y al tesorero, dijo. Después, constituirse para obtener una licencia y seguir vendiendo.

“Nos trasladamos al Salón Aldama y allí todos los locatarios, unas 250 personas, eligieron la Mesa Directiva. Luego, se dispusieron dos grupos, uno para tratar de adquirir la licencia y el otro para aclarar y resolver el enfrentamiento con la PGR”, rememora uno de los asistentes a esa reunión. Margarito Zamora, hermano del líder magisterial, sería uno de los encargados de conseguir aquella licencia que, entendidos los términos, podría dar equilibrio laboral a los habitantes de aquel pueblo, dedicado a la producción de gorras, bufandas, guantes, bonetes y artículos relacionados. Margarito quedó, además, como presidente de la nueva organización.

El mercado de las gorras representa demasiado dinero. El mismo Fernando Zamora reconoce, en una columna publicada en Poder Edomex (http://www.poderedomex.com/notas.asp?id=62934), que el 80 por ciento de San Cristóbal se dedica a esa actividad y que las gorras y los derivados se venden en los mercados más demandados del DF.

Quienes tenían que ir a la Procuraduría General de la República tenían miedo. No sabían cómo medirse ante los dueños de las armas, del poder público. Ese pánico les obligó a contratar a un joven para que los representara. Le pagaron 10 mil pesos para iniciar las pláticas pero más tardó en entrar que en salir. Los comerciantes lo rodearon, todavía más asustados. El miedo era la principal arma de la AFI para negociar y mandaba un mensaje en el cuerpo del chico.

Golpeado duramente, el muchacho deletreaba: que así como tuvieron valor para armar su escándalo, lo tuviera San Cristóbal para dar la cara. Ablandados, los comerciantes entraron a las oficinas y, después de identificados, fueron inquiridos.

– ¿Están dispuestos a pagar todos los daños?

Les cobraron todo. Carteras extraviadas y sus contenidos. Celulares dañados. La reparación de vehículos. La atención médica de los agentes lesionados. Quedó pendiente un tema. La AFI aseguraba que había un arma de fuego del ejército, en una de las casas cateadas, pero aún así se logró un convenio para que, por partes, se liquidara aquello, que alcanzaba 175 mil pesos. La AFI, luego de todo, tenía un as bajo la manga, que presentó al final.

– Si quieren trabajar sin problemas, coménteles a sus vecinos para que aporten una cantidad mensual por 20 mil pesos y asunto arreglado. Esto es para que, cuando vengan órdenes del DF, nosotros les hablamos y ustedes escondan las cosas y cuando nosotros lleguemos, pues que no haya nada  –dijo el de la AFI. Los comerciantes sopesaron y decidieron entrarle. También compraron motonetas y radios para estar en comunicación.

Noviembre se acercaba. Era el mes de las mejores ventas para esos productos pero todavía no había ningún resultado en la encomienda de Margarito Zamora. Si lo había, nadie estaba enterado. La licencia, de lograrse, debía salir a nombre de Artesanos y Productores Otomís de San Cristóbal, pues ese había sido el trato.

Pronto se supo que Margarito y sus hermanos habían conseguido la licencia, pero a nombre de ellos mismos, Ramoza´s Bros, SA de CV, cuyo domicilio actual está en la calle Manuel Buendía sin número, en la colonia San Diego de los Padres, de San Andrés Cuexcontitlán, otro pueblo del norte de Toluca.

Los comerciantes convocaron a una reunión, el 17 de noviembre, para que Margarito Zamora, como presidente, explicara las cosas. Pero el hermano de Fernando prefirió los insultos y arremetió contra el resto de aquella mesa directiva. “Ustedes ya tiene su cargo, ¿qué más quieren, cabrones?”, recuerda un testigo de aquella reunión. Las cosas estaban a punto de salirse de control cuando Rodolfo Zamora, otro de los hermanos, intervino, para terminar de ubicar a los comerciantes.

– Ya que están aquí presentes, pues sí, nosotros adquirimos la licencia a nuestro nombre y aquí está, para los que quieran verlo.

– Pero ese papel viene en inglés –le respondieron.

– Les vale madre, cabrones –reviró Rodolfo- Es más, ustedes no saben ni leer. Aquí está la licencia y según la relación que tenemos de quiénes tienen bordadoras y tiendas, será el pago que tendrán que hacernos. Para empezar, los de las bordadoras van a dar de a 150 mil pesos, y los que tienen local, pues 50 mil pesos. Los de los talleres, 25 mil pesos y los serigrafistas, 10 mil pesos.

“Y es que tenemos que juntar una cantidad de 3 millones y medio de pesos, que es lo que nos costó la licencia. Fernando (Zamora) nos dijo que se las compartiera. Y ultimadamente, al que no quiera dar nada, a partir de esta fecha, le vamos a dar en la madre”, concluyó Rodolfo.

Los comerciantes estaban anonadados. ¿Por qué los hermanos Zamora habían actuado de esa forma, si se suponía que todos estaban del mismo lado?

Entonces nadie pagó nada.

Esa noche no pudieron dormir, aunque nadie dijo nada.

Secuestros sin castigo

Al ver que nadie aportaba nada, los hermanos Zamora comenzaron con amenazas y algunos de los comerciantes se las tuvieron que tragar, en silencio. “Tú eres el primero al que te va a cargar la chingada”, les informaban directamente.

Los días se sucedieron y la venta encontraba sus mejores momentos. Pero el 25 de noviembre del 2004, cerca de las 8 de la mañana, un trabajador reportó los primeros actos de sabotaje. Al empleado lo habían visitado Margarito y Rodolfo Zamora, en la madrugada, para ofrecerle 20 mil pesos si revelaba el número de equipos que tenían los comerciantes, y dónde estaban guardados. Al negarse, el hombre fue amenazado.

– Hijo de la chingada, ¿desprecias 20 mil pesos que esos muertos de hambre no te pueden dar?

Los reclamos de los comerciantes no se hicieron esperar. Una comisión fue a buscar a los hermanos Zamora. Encontraron a Margarito, pero respondió a los reclamos con insultos. Ese día era jueves 25 de noviembre. A las nueve y media de la mañana Margarito y Rodolfo enviaban a un comando para secuestrar a la esposa de uno de los comerciantes. Junto con ella, otras cinco personas serían levantadas.

Los comerciantes, enterados del suceso, recorrieron la región. Buscaron por Cuexcontitlán, cruzaron hacia San Pablo y Prolongación Isidro Fabela, hasta que en la vialidad Alfredo del Mazo, rumbo a la terminal de autobuses de Toluca, encontraron a los familiares de los desaparecidos.

– ¿Qué están haciendo? –preguntaron los comerciantes.

– Vimos que Margarito Zamora estaba aquí, pero en lo que pudimos detenernos, ya se había ido–dijeron los familiares. Reunidos allí, los afectados se dieron cuenta de que los hermanos Zamora pasaban de nuevo, junto a ellos, encabezando un convoy de vehículos.

“Llevaban camionetas Durango y Suburban”, recuerda uno de los testigos, quien sostiene que los siguieron, perdiéndolos cerca de la Puerta Tollotzin y que sólo una corazonada los hizo avanzar hasta San Mateo Atenco, donde otra vez avistaron a las camionetas. Allí, los secuestradores se darían cuenta y en esa persecución, abierta ya, al único que alcanzaron fue a Margarito Zamora, en la desviación a San Pedro Tultepec.

El hermano de Fernando Zamora, bajando de su camioneta, alegó que a él también le habían secuestrado a un hermano, pero no pudo explicar por qué iba acompañando el convoy de los criminales.  A pesar de eso, tenía instrucciones precisas.

– Nos van a hablar en cinco minutos para decirnos dónde los tienen –informaba.

Los comerciantes no fueron engañados. Opinaban que en un secuestro a nadie le pedirían el número telefónico cinco minutos después de realizado el plagio. Decidieron seguirle la corriente a Margarito y, tal como había dicho, una llamada ingresó a su número menos de cinco minutos después.

– ¿Saben qué? Ya nos hablaron –dijo Margarito. Y están aquí en la Subprocuraduría de Metepec, por el Tecnológico Regional.

Fueron y, llegados, pudieron constatar que allí estaban todos los levantados, aunque esa Subprocuraduría tiene como función checar autos ilegales. Uno de los comerciantes se acercó para hablar con los secuestrados cuando fue interceptado por un hombre, que le impidió el paso.

– ¿Qué buscas? –le inquirió quien después se identificó como comandante, sin serlo.

– A mis familiares, quiero hablar con ellos –dijo el comerciante.

– No puedes, cabrón.

– ¿Por qué? ¿Me puede decir por qué están detenidos?

– Óyeme, jijo de la chingada, ¿y tú quién eres?

– Queremos que se nos explique qué está pasando –exigió el comerciante.

– Ah, pues los detuvimos por evasión fiscal, por usar marcas registradas sin permiso.

– Queremos que nos muestren la orden de aprehensión.

Los presuntos secuestradores ni siquiera estaban uniformados. Luego se supo que eran de Tepito, contratados por los hermanos Zamora para realizar el “operativo”. Los comerciantes habían llamado ya a sus abogados.

– No, no tranquilo, moreno, vamos a negociar –les dijeron.

Margarito Zamora llegó con un contador, quien trabajaba para ellos y que había participado en las reuniones que formaron aquella mesa directiva. “Yo no sé nada, pero ya se les había dicho que dieran dinero”, alcanzó a apuntar el hombre. Luego de un tiempo, el que se decía comandante se acercó a los comerciantes. “Vente, moreno, ya los vamos a dejar libres pero tienes que ir en nuestra camioneta. Súbete”.

Para entonces había anochecido y aquella Subprocuraduría estaba atestada de vecinos de Huichochitlán. El comerciante no subiría y, pactado que los supuestos policías serían seguidos por los vecinos, sacaron a los detenidos y enfilaron por la carretera Toluca-México. Poco después se detuvieron y la gente fue liberada. Mientras, un muchacho apuntaba las placas de aquellas camionetas pero fue descubierto y golpeado. Él fue el único herido en esa odisea, pues los plagiados estaban bien, nadie los había agredido.

– A ver, morenito –dijo otra vez el comandante- a ustedes se los va a cargar la chingada. Vamos a visitar a uno de tus compañeros en dos días.

El comando se retiró pero algunos comerciantes los siguieron. El grupo se detuvo a la altura de La Marquesa, donde estaban los hermanos de Fernando Zamora. Rodolfo y Margarito, además del contador y otras personas, eran los jefes de aquella operación. Esto, el jueves 25 de noviembre del 2004.

Los castigos

El sábado 27, cerca de las 10 de la mañana, los comerciantes reportaron un auto negro que daba vueltas por la avenida principal, Manuel Buendía, y que les pareció sospechoso. Los tripulantes señalaban algunos domicilios, ubicándolos. La tarde transcurrió en calma, hasta que llegó la noche.

Aquel sábado 17 se celebraba en el pueblo una boda. Los invitados estaban convocados para que, desde las siete de la noche, asistieran primero a la ceremonia religiosa y luego a la fiesta. Muchos de los comerciantes habían pensado no ir, creyendo peligroso dejar solas sus casas. Pero al final algunos se encontraron en el convivio, aunque la calma no tardó ni diez minutos en quebrarse.

Un vecino irrumpió en la fiesta vestido apenas con short, huaraches y una playera. Al verlo, los comerciantes supieron que algo había pasado. El hombre aquel avisaba que en la calle de Hidalgo y Nicolás Bravo un incendio devoraba la casa de allí, vacía porque los dueños habían ido a la fiesta. Sin embargo, no todos los ocupantes de aquella vivienda estaban a salvo. La familia propietaria, que llegaba para atestiguar el siniestro, gritaba desde lejos que uno de los hijos estaba adentro.

El padre de aquel chico quiso entrar por él, pero fue detenido por los vecinos, quienes ya habían llamado a los bomberos. El hombre consiguió que le prestaran un traje y que lo bañaran para buscar al hijo, pero cuando iba a entrar el chico apareció a su lado.

“Total que quemaron todo. Lo dejaron en la calle”, rememora uno de los vecinos.

Al día siguiente, una llamada a otro comerciante adjudicaba aquel siniestro.

– Ya cayó un hijo de la chingada, ¿quién sigue?– dijo una voz por el teléfono- Y los que no paguen, sobre ellos.

En pocas horas todos los locatarios pertenecientes a la sociedad de Artesanos y Productores Otomís de San Cristóbal recibían la amenaza. “El que no pague, se chinga”. Otro afectado señalaba que quienes hicieron aquellas llamadas fueron los hermanos Zamora Morales. Esta vez la amenaza de quemar casas y negocios había surtido efecto. Al hombre que había perdido su patrimonio le dieron la espalda. El miedo, pero también el incendio había logrado que todos pagaran las cuotas para la licencia. Y “todos” significaba un padrón de 250 comerciantes.

Sobre el misterioso incendio, los afectados levantaron actas y denuncias pero las investigaciones jamás se llevaron a cabo. Las carpetas, hasta la fecha, están perdidas, no aparecen en los archivos de la PGJEM. El afectado culpó directamente a Fernando Zamora y a sus hermanos, pero en el MP le dijeron que solamente podían levantarla contra quien resultara responsable. Aquella demanda cumplió 10 años sin resultado alguno.

La influencia de los Zamora en la policía se la atribuyen los afectados a Lauro, otro de los hermanos, quien cultivó la amistad de abogados que trabajan para la Procuraduría y que mantiene una red de informantes en esa instancia.

Un mes después, aquella familia terminaría de pagar por todos. Seis embargos a sus mercancías, notificaciones y querellas llegaron para destruir lo último que les quedaba. Las pérdidas materiales derivadas de aquel incendio ascendieron a tres millones de pesos. La casa original fue demolida. No servía para nada.

Los agentes de la PGR, aquellos que estaban a punto de ser linchados, se enteraron y acudieron con los afectados. Los comerciantes seguían pagando los 20 mil pesos que cobraba la policía por protección.

“Nos los vamos a fregar”, les dijeron, refiriéndose a los perpetradores.

Un plan a la medida

Luego de algunas pesquisas, informaron también sobre otra cosa. Los hermanos Zamora nunca habían adquirido ninguna licencia. Todo había sido un engaño para conseguir tres millones y medio de pesos. Pero si los Zamora no compraron la licencia, sí adquirieron productos que los distribuyeron por todo el país. También acapararon la materia prima que se usa en San Cristóbal para bonetes y guantes y obligaron a los productores, con amenazas, a comprarles. No había de otra. Los Zamora eran el poder absoluto y nadie se atrevería a levantarles la voz, luego de la demostración de fuerza e impunidad.

Las agresiones incluyeron las operaciones en el mercado de Sonora, DF, donde algunos de San Cristóbal mantienen locales como mayoristas. El grupo de los Zamora comenzó a atracarlos y, en el camino hacia la ciudad de México, con gente contratada en Tepito, los despojaban. Hoy, Zamora también es propietario en ese mercado.

El imperio del miedo de los Zamora alcanza para fábricas y bodegas, como Hilaturas Xinantécatl, pero también para, desde sus cargos políticos, hacer negocios con diversos sectores públicos. Su empresa, Ramoza’s, vendía uniformes deportivos a los maestros cuando Fernando era líder sindical. Al final los comerciantes se enteraron que había sido el mismo Fernando Zamora quien había solicitado el primero de los cateos, y que sus cálculos habían sido correctos.

Él, según los afectados, consiguió que los agentes de la AFI entraran al pueblo para requisar negocios. Después aprovechó para sugerir la conformación de una mesa directiva, donde sus hermanos tuvieron el control inmediato y desde allí planeó cómo conseguir dinero y castigar a quienes no lo apoyaran. Esto lo supieron los comerciantes porque existe un documento de la propia AFI donde agradecen la información a Zamora y corroboran que ésta es verdadera.

El profesor ha conseguido armar un discreto pero poderoso imperio en la zona más pobre de Toluca, la región norte, Huichochitlán, Autopan, Cuexcontitlán y Linares, donde ha impuesto a sus líderes, que tienen en sus manos programas sociales que usan para beneficio propio. Ellos, acusan los habitantes, han construido sus casas y otros inmuebles con esos apoyos sin que les cueste un centavo.

Todos conocen a Fernando Zamora. Sus manías han traspasado la discreción de la zona norte. “Aquí, el gran problema, es que la gente no quiera testificar”, apuntan los declarantes.

Una sola anécdota alcanza para entenderlo. “Yo estaba parado detrás del profesor Fernando, sin que él se diera cuenta”, señala un comerciante de la región- cuando alguien se le acercó para advertirle que se habían inscrito demasiadas planillas para una de tantas elecciones de delegados.

– No seas pendejo, Javier –respondió Zamora- Así se inscriban 40, la que va a ganar es la Roja y ya dije quiénes van a estar en ella. Aquello resultó cierto, pues llegado el momento la Planilla Roja arrasó en esas votaciones.

Campaña anticipada

Para las campañas rumbo a la alcaldía, Fernando Zamora tiene la capacidad de mover a cerca de 80 mil profesores afiliados al SMSEM para que hagan labores de proselitismo, apunta Luis Zamora Calzada, líder magisterial del Sindicato Unificado de Maestros del Estado de México (SUMAEM).

Pero no sólo los maestros harán ese trabajo. Desde el ayuntamiento de Toluca y el gobierno del Estado de México se ha organizado -y opera desde hace tres semanas- un grupo de promotores del voto que visitan las colonias de la ciudad presentando la candidatura de Zamora y, de paso, copias de credenciales de elector.

– Son para determinar con cuántos contamos –dijo uno de los activistas, identificado como director de una dependencia del ayuntamiento local y perteneciente al Grupo H, clave numérica para los empleados municipales movilizados.

Los 8 mil docentes se excusan diciendo que trabajan para programas comunitarios estatales pero lo hacen en horas de clases, por lo que el SUMAEM solicitó apoyo de padres de familia de la zona de Huichochitlán, Autopan, Totoltepec y Ocoyoacac para que proporcionen fotos y se establezcan las denuncias correspondientes. Y es que la existencia de una organización, Grupo Político, integrado por maestros, interrumpía las clases para repartir despensas y promover a Fernando Zamora.

El 20 de abril del 2015, el SUMAEM daba a conocer una determinación de la Secretaría de Educación, donde prohibía de manera oficial a los maestros colocar o distribuir propaganda electoral, así como salir de clases para hacer proselitismo.

Pobladores de Cuexcontitlán, por otra parte, describen los procedimientos de Fernando Zamora y del PRI en época electoral. “Recorren casa por casa y les dicen a los habitantes que deben votar por el candidato. De lo contrario, serán borrados de los programas de apoyo social, incluso los federales, como el Prospera o los locales como Apadrina un Niño y la tarjeta La Efectiva”.

No declarar, al menos, la intención de votar por el PRI genera presiones. Durante las campañas, esas brigadas organizadas de los Comités de Apoyo estatales vuelven a recorrer las mismas casas y sueltan las mismas advertencias. Piden, para comprobar ese voto, una foto tomada con los celulares.

Sin embargo, nada garantiza que los apoyos sean ni siquiera repartidos, como sucedió en la Secundaria estatal 69, de San Andrés Cuexcontitlán, donde hace cuatro años el gobierno llevó laptops, que nunca fueron repartidas. Tiempo después, alguien retiró los equipos y nadie volvió a verlos.

Desde octubre del 2014 la campaña priista está en marcha. Las brigadas ya tienen en su poder datos de los electores e incluso consiguieron que un documento, sin sellos ni identificación de ningún tipo, y que compromete a entregar la credencial al PRI, pero además a llevar a otras 10 personas el día de la elección, fuera firmado a cambio de los beneficios de los programas.

“A algunos les pagan 200 pesos. A otros 500. Dicen que este año el pago por el voto será de mil pesos y una despensa”, dicen los denunciantes mientras observan los enormes campos junto a sus pequeñas propiedades.

– ¿Estos terrenos son de ustedes?

– Ya quisiéramos. El pequeño, de unas 4 hectáreas, es de Martha Hilda González Calderón.

– ¿Y el otro, el más grande?

– Es un secreto a voces, ¿a poco no sabe? Es de Enrique Peña. Y abarca todo lo que es la ex hacienda de La Providencia, frente al panteón de Cuexcontitlán, entre la avenida Cristóbal Colón y la carretera a Temoaya. Es como de 10 hectáreas.

– ¿Cómo se llama aquí?

– Aquí es la Sección Siete, de Lomas de la Providencia, en Cuexcontitlán, Toluca.

– ¿Y cómo saben que son terrenos de Peña y de Martha Hilda?

– Pues porque vinieron trabajadores de la constructora ARA, para hacer pruebas de suelo y ubicar los pozos de agua. Aquí van a hacer casas de interés social. Y ellos nos dijeron.

– …

– Sí, pues.

Julio César Mondragón Fontes

* Desde que ocurrieron los trágicos hechos de Iguala, la sociedad mexicana ya no es la misma, algo está cambiando, flota en el ambiente una tendencia hacia la cultura de la legalidad que, de darse, seguramente las estructuras se modificarán radicalmente.

Luis Zamora Calzada

Julio César Mondragón Fontes, maestro en formación de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa, Guerrero, caído entre el 26 y 27 de septiembre en los lamentables hechos de Iguala, fue parte de una familia del municipio de Tenancingo, de la comunidad de San Miguel Tecomatlán.

Hasta el 15 de mayo, ninguna organización gremial les había manifestado solidaridad, hasta que lo hizo el Sindicato Unificado de Maestros y Académicos del Estado de México (SUMAEM) en la fecha señalada, en evento realizado en la sala “Benito Juárez” de la Cámara de Diputados, ubicada en el corazón de la ciudad de Toluca.

Recibió el “Manifiesto de Compromiso Gremial en Solidaridad y Exigencia de Justicia” su tío, Cuitláhuac Mondragón, quien en un emotivo mensaje agradeció a nombre de sus familiares las muestras de solidaridad de los docentes que integran el sindicato independiente de maestros de nuestra entidad.

En placa elaborada para la ocasión, se destacó en la parte que interesa “que con motivo del Día del Maestro y en reconocimiento a la docencia social que hoy practica en el Estado de México y en la nación entera, por un México mejor”, en el entendido de que Julio César no dará clases en ningún salón de ninguna escuela y, sin embargo, su nombre recorre no sólo los rincones del país, está en espacios internacionales junto con los 43 que faltan, dando clases de exigencia de justicia y lucha permanente por el cumplimiento del Estado de Derecho, que tienen la obligación de acatar quienes están al frente de las instancias gubernativas.

Desde que ocurrieron los trágicos hechos de Iguala, la sociedad mexicana ya no es la misma, algo está cambiando, flota en el ambiente una tendencia hacia la cultura de la legalidad que, de darse, seguramente las estructuras se modificarán radicalmente.

La clase política

La llamada clase política deja mucho que desear, sus actos molestan cada vez más a la ciudadanía que pretende despertar, sin lograrlo aún, ante algunos ejemplos que provocarían la reacción de la gente en cualquier parte del mundo, menos en Toluca. Veamos algunos casos.

El escándalo de OHL, empresa española “Obrascón Huarte Laín”, condujo al secretario de Comunicaciones del Estado de México, Apolinar Mena Vargas, a su renuncia al cargo, al encontrar la Secretaria de la Contraloría supuestas violaciones a la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado y Municipios por el asunto menor de haber recibido de la empresa una habitación sin costo en un hotel ubicado en la Riviera Maya, dejando de lado asuntos graves hechos públicos en las conversaciones, como la programación de obras y pagos adelantados, así como la inflación de costos al gobierno del Estado de México.

La virtual dirigente del Partido Verde Ecologista, la senadora María Elena Barrera Tapia, ex presidenta municipal de Toluca, sin resultados que la gente le relacione y recuerde, está asegurando a su familia. Resulta que su hija, María Elena López Barrera, es candidata a diputada plurinominal por Metepec, ubicada en la segunda posición por el partido citado, representación que obtendrá sin hacer campaña. El hijo, Francisco López Barrera, conocido como “Chico Barrera”, está apuntado para ser síndico en la planilla del PRI, que contiende por el municipio de Toluca, rumoreándose que no vive en esta ciudad, se dice que su domicilio está ubicado en Metepec.

La aspirante a la diputación federal, Martha Hilda González Calderón, también ex presidenta municipal, a quien se recuerda por la matanza de perros ordenada en su administración, hecho por el que se le colocó el mote de “Cruella de Vil”, villana de la película los “101 Dálmatas”, logró imponer en la citada planilla a Evelyn Osornio Jiménez, ex directora general de Desarrollo Social de Toluca y suplente de la propia Martha Hilda en la alcaldía; se dice además que fue la hoy candidata en comento quien recomendó al M1 (Germán Reyes) para que fuera director de Inteligencia de la policía municipal de Toluca, en la administración de su antecesora.

La historia del candidato a la diputación local por el distrito I de Toluca, Raymundo Martínez Carbajal, ex secretario de Educación estatal, registra la compra de 12 millones de pesos en tapetes para yoga con la única meta, como lo declaró en su momento, de obtener un Récord Guinness, que nunca se dio y para el que tampoco estaba facultado para pretenderlo, desde lo establecido en el reglamento interior de la Secretaría, que se concatena a la Ley Orgánica de la Administración Pública estatal. En medios periodísticos locales se difundió el año pasado una casa, supuestamente de su propiedad, ubicada en Cacalomacán, en el municipio de Toluca, con un costo estratosférico, insultante para la mayoría de los mexiquenses.

La Universidad Autónoma del Estado de México tampoco se escapa de los escándalos, Eduardo Gasca Pliego ha permanecido callado sobre un supuesto fraude de mil millones de pesos, no de trescientos, como se manejó inicialmente. De comprobarse, sería una terrible historia de corrupción que obligaría a transparentar lo que ocurre al interior de esa casa de estudios.

Salvo el escándalo de OHL y la UAEM, cuyo ex titular y titular respectivamente no son candidatos a un puesto de representación popular, los restantes, excluyendo al M1, sí son aspirantes, aunque la gran interrogante es sabe si los toluqueños seguirán votando por el PRI en estas elecciones. No hay otros perfiles mejores, por ejemplo, el candidato priista a la alcaldía de Toluca muestra a diario una serie de problemas de dicción que pretende suplir regalando palas, azadones y carretillas a la gente de San Cristóbal Huichochitlán, con motivo del día de San Isidro Labrador. ¿Podrá cambiar la historia?

El Barco Ebrio

*

La escuela primaria Gustavo Baz Prada en Metepec es un caos. O por lo menos eso piensan los padres de familia de alumnos que estudian allí, y que detectan serias irregularidades por parte del director, el profesor Melitón Delgado Trejo, a quien le imputan, puntualmente, lo siguiente:

Acoso sexual contra madres de familia.

Manejos turbios del dinero que aportan los padres.

Conduce un taxi para ayudarse en los gastos de su hogar, pero lo hace en horas laborales.

Durante un año, los niños tomaron clases de guitarra, impartidas por un padre de familia pero, de buenas a primeras, al siguiente año ya no las permitió, sin razón alguna. Hoy los niños toman clases de guitarra en la calle.

Esos mismos niños, declarados rebeldes desde la dirección de aquella escuela, no tuvieron acceso al Festival del Día de las Madres por órdenes de Melitón, el profesor.

“Yo mando aquí y todos me obedecen, papás, alumnos y maestros, les guste o no y nadie me puede hacer nada, estoy bien parado”, señala Melitón cuando alguien intenta reclamarle o acude a las instancias correspondientes. “Nos hemos quejado y las autoridades no hacen nada”, dicen los afligidos padres, quienes buscan desde ahora asesoría para, desde lo legal, enfrentar al director de la Gustavo Baz, quien por otro lado colecciona rosarios de quejas y señalamientos. Hasta un video hicieron los padres para denunciar al profesor, todavía sin resultados. Bueno, todavía. En esa grabación, la madre que denuncia, Eli Esparza, apunta que Melitón contabiliza 22 años de abusos. Y sí, los niños músicos, unos diez, separados del programa oficial de la escuela en esa celebración, se acomodan en las bancas de un parque y cantar para sus madres.

Ay, Melitón.

*

El ex gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, prepara su tercer divorcio en los términos que los anteriores matrimonios conocieron. Tío de sangre de Enrique Peña, Montiel se ha visto, toda su vida, envuelto en escándalos domésticos que tarde o temprano trascienden a la vida pública. Su primer casorio, con la señora Paula Yáñez, una ex reina de belleza de la Feria de San Marcos en Aguascalientes, terminó es escándalo cuando, para divorciarse en friega, cambió algunas leyes mexiquenses que le ayudaron a casarse, también en friega, con la francesa Maude Versini, una periodista, según describe ella misma, que al entrevistar a Montiel se dio cuenta de su carisma y atractivo, inteligencia y bondad. Bueno, ya casado con la francesa, los ánimos de Montiel para buscar la presidencia de México se dispararon. Ella era la porrista principal y en Toluca se supo que la ambición, la única ambición de Versini, era verse como Primera Dama de México. No se dio cuenta de que Montiel, más listo que Peña, que por supuesto cualquiera lo es, pero infinitamente menos guapo, perdió en el tramo final porque, sí, era más listo que Peña, pero menos guapo, muchísimo menos. Allí se vino abajo ese matrimonio. La francesa se regresó a su querida París y rehízo su vida, mientras que Montiel, luego de un tiempo, volvió a casar, esta vez con una reportera, Norma Meraz, representante del gobierno de Durango en el Distrito Federal y con un paso por Radio y Televisión Mexiquense. “Ella comenzó como reportera en Televisa y se sabe que es amiga de Dolores “Lolita” Ayala y la desaparecida Diana Laura Riojas de Colosio al grado de que  tuvo que declarar en el asesinato del ex candidato presidencial asesinado. Tuvo un puesto directivo en el gobierno de Montiel Rojas como directora del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense de 1999 a 2001”, recuerda una crónica del portal Las Noticias.

*

Con ella, con Versini, tuvo hijos, que hoy son todavía pequeños. Cuando todo se fue al diablo, ella le disputó la fortuna que tantos años le había costado hacer a don Arturo. Él, que había comenzado desde abajo, cargando el camión de cerveza que su padre, don Goyo, tenía en Atlacomulco, sabe mejor que nadie lo que es sufrir. Con eso en la cabeza, en menos de 30 años se convirtió en una de las luces, al menos públicas, del Grupo Atlacomulco.

*

Versini acusó a Montiel de golpearla y la demanda de divorcio, desde Francia, incluía un pago de 20 millones de euros, que desde lo legal Montiel no tiene, según su propia declaración e investigaciones judiciales –je, je- que lo exoneraron del delito de enriquecimiento ilícito. A esas alturas, a Paula Yáñez ya le había dado una casa en Ixtapan de la Sal y formado un fideicomiso que involucraba al menos, 10 millones de pesos. Montiel pagó, nadie sabe cuánto, tal vez los 38 millones de pesos que luego aparecieron en los contratos firmados y se liberó de Versini, quien se volvió a casar, esta vez con un francés de su edad, y en Marruecos.

(Je, je).

*

Pero estaban los niños y en enero del 2012, en un viaje que los chicos hicieron desde Francia para ver a su padre, fueron retenidos alegado que eran víctimas de violencia. Montiel se vengaba por algo, no se sabe de qué, y los niños estaban en medio. Versini reclamó ante quienes pudo. Olvidado el pasado de lujos y viajes, de dinero proveniente de quién sabe dónde, los ex esposos se dedicaron a pelear. Tres años después, Versini estaba harta y se decidió a revelar el origen de la fortuna de don Arturo, quien se empecinó hasta lo último para que la madre no viera a sus chicos. El castigo resultó. La hizo sufrir, aunque Versini sabía desde el principio con quiénes emparentaba. Lo supo cuando, desde ese principio, paseaba con Arturo Montiel junior y sus amigos, en los centro nocturnos de Toluca y después, ya casada con don Arturo, lo volvió a saber.

Pero la hicieron sufrir. Y pues cómo.

*

El conflicto escaló hasta cierto grado de peligrosidad cuando Versini amagó. La fortuna, sus orígenes, deben permanecer donde están ahora. Una recomendación del presidente México, Enrique Peña, hizo que Montiel desistiera, por fin, y permitiera un acuerdo para ver a los tres niños en las francias. Y es que Peña o quien lo asesora, al menos en eso vieron un golpe más contra el magullado presidente. Y más, ya no se puede. ¿O sí?

Je, je.

*

Montiel cedió y salió regañado. Pero todavía faltaba resolver su propia vida y Norma Meraz ya no estaba en esa ecuación. Los que los conocen aseguran que, una vez más la violencia doméstica es uno de los detonadores de esta separación y por lo pronto la señora Meraz y don Arturo están inmersos, decidiendo. La verdad, que todo sea para bien, que logren ser felices y tener salud, que eso es lo importante.

Ya lo había dicho el “Chepo” de la Torre, ¿no?

Cuartos de Guerra

* Las descoloridas campañas no dan para más. Ni siquiera un debate, al que sólo asistieron dos candidatos y un clown acercado al PRI, logra interesar a la ciudadanía que conoce, aunque sea en partes, las historias de cada uno de los aspirantes a la presidencia municipal por Toluca. Pero esto, el descrédito de los contendientes, tiene una razón.

Miguel Alvarado

Toluca, México; 18 de mayo del 2015. Eymar Gutiérrez Ramírez es muy joven. Lo es, y así lo asume. Perredista, además, es candidato a la diputación federal por el distrito 34 de Toluca y como curiosidad, publica el reportero local Gabriel Flores Archundia, tiene un Vocho de 1973.

Estudiante en la Facultad de Arquitectura en la Universidad estatal, impulsó desde ahí una organización llamada Movimiento Metrobús Toluca Ya, que impulsaba propuestas para mejorar el transporte público donde incluía, precisamente, la implementación del propio metrobús. Estas iniciativas fueron eventualmente arropadas por el PRD, por el ahora candidato al distrito I local por Toluca, Mario Medina, y su hermano, Gabriel, quien busca una regiduría en el ayuntamiento de Toluca.

A Eymar pocos lo ubican, aunque en su organización, el círculo de los hermanos Medina, es bien acogido y la opinión, espontánea si se puede el término, es que el chico, de 25 años, “es muy joven pero se expresa con una calidad y una solvencia  que impactan”.

Sí, o así parece. Un video, que tiene más de 70 mil reproducciones, en su propio muro de facebook, lo muestra en campaña política. No tiene empacho, en la filmación que él mismo realiza, en abordar a otro aspirante, el panista Juan Rodolfo Sánchez Gómez, quien por su lado busca, por segunda vez, la candidatura del PAN a la alcaldía de Toluca.

A las puertas de lo que parece una escuela, se observa a Eymar, vestido con su camisa negra de campaña, bordado el logo del PRD en el lado del corazón, acercarse precisamente a Sánchez Gómez, quien lo ve llegar a su lado, sorprendido. Sin embargo, el panista no se niega a un diálogo inicial.

– Juan Rodolfo… -dice el perredista- yooo soy candidato a diputado federal, Eymar Gutiérrez…

– Sí, te he visto, te he visto –responde Sánchez Gómez- Eymar, muy bien…

– Mira, yoooo… mi familia… hoy puedo tener una carrera universitaria porque mi familia… son comerciantes –suelta sin más Eymar, mirando a Sánchez- mi abuela y mi madre vendían en el mercado Juárez, cuando tú los quitaste.

Sánchez aguanta la embestida. Apenas cambia el gesto y sabe por dónde va Eymar. El tianguis, aquel desalojo que luego justificaría como una medida contra las actividades ilegales, lo sigue en las campañas por Toluca que, aunque desangeladas y con el desinterés vivo de la ciudadanía, se desarrollan en un ambiente donde la mayoría sabe, o cree saber, que las decisiones respecto a los resultados finales, están ya tomadas. Así que Sánchez Gómez se limita a asentir con rápidos movimientos de cabeza mientras el perredista habla.

– Tú dices que nos diste oportunidades… y opciones… –alcanza a decir Eymar cuando una voz, bronca y gruesa, lo interrumpe.

– ¿Por qué lo estás grabando? –increpa un hombre de camisa azul claro y saco café.

– ¿Por qué lo estás grabado? -repite, interponiéndose entre Sánchez y Eymar, levantando la mano, invitando a un diálogo, pero poco amistoso.

– Pues por queee…

-Si no quieres una plática… –dice, entrecano y malencarado, aquel que se parece a Francisco García Burgos, coordinador general de la campaña de Sánchez. Para este caso, no importa que lo sea, ejerce igualmente de guardaespaldas y consigue separar a Sánchez, quien discreto se va, se ubica en segundo plano y aprovecha que alguien le pide una foto para abrazarse con él y, de pronto, poner distancia.

– Si no quieres una plática tranquila, pueees…

– Yo quiero preguntarle, yo quiero preguntarle –insiste Eymar, disminuido incluso por la sorpresa –no nos dio opciones, no nos dio opciones…

– Bueno, tú quieres hacer una campaña…

– …hacer una pregunta…

– …a costa de…

–  Yo lo que quiero…

– Ten el valor de hacer una campaña con lo que tú traes, -dice García Burgos, señalándolo al estilo del oeste, dándose media vuelta, pues el candidato panista ya se ha ido. Eymar, sin remedio, se queda viendo espaldas.

– Yo quiero hacer una pregunta y no me lo permitieron –dice para la camarita el del PRD, mientras levanta la voz y la mano- ¡Juan Rodolfo, no nos contestaste! ¡Quedan dudas para la ciudadanía!

Pues sí.

Las descoloridas campañas no dan para más. Ni siquiera un debate, al que sólo asistieron dos candidatos y un clown acercado al PRI, logra interesar a la ciudadanía que conoce, aunque sea en partes, las historias de cada uno de los aspirantes a la presidencia municipal por Toluca. Pero esto, el descrédito de los contendientes, tiene una razón.

¿Por qué Eymar Gutiérrez, un chico apenas estudiante de Arquitectura, saltó a la candidatura de una diputación federal? El capital político de Gutiérrez tiene su origen en el círculo inmediato de los hermanos Medina, de quienes es pariente de sangre. Los partidos políticos, una base amorfa que luego reparten poder y prebendas, están diseñados desde una construcción feudal, donde el poder es, en todo el ámbito de lo real, repartido entre familias. El Grupo Atlacomulco es para el Edomex el ejemplo más emblemático, pero lo mismo sucede en todos las organizaciones del país.

Las elecciones que definirán la alcaldía y diputaciones en Toluca de pronto son una mala broma y el caso de Eymar no es el único: Ana Leyva, la aspirante del PRD a la presidencia, mantiene su propio conflicto de intereses. Ella, por otro lado activa defensora de los derechos de las mujeres y denunciante eficaz de casos de feminicidos en el Estado de México desde su curul, en la Cámara de Diputados, tiene un nexo panista que pocos saben, pues es pareja sentimental de Roberto Valdez García, ex director general de Seguridad Pública, Tránsito y Vialidad y luego secretario del Ayuntamiento, hace unos años, justamente en la administración de Juan Rodolfo Sánchez.

Valdez, también abogado penalista, fue incluso sustituto de Sánchez Gómez cuando éste era, justamente, secretario del Ayuntamiento (2000-2003). El diario Alfa, el 20 de marzo del 2015, recordaba la relación de Leyva y el abogado: “un dato curioso, de esos que abundan en la política y que hacen pensar que todo está conectado. La precandidata del PRD a la alcaldía, Ana Yurixi Leyva Piñón, es pareja sentimental desde un par de años nada menos que de Roberto Valdez, uno de los hombres más cercanos a Juan Rodolfo Sánchez, tanto que se desempeñó como secretario del Ayuntamiento durante su mandato como presidente municipal de Toluca. Qué cosas tiene la vida”.

Ana Leyva, en los inicios de su carrera política, formada en el círculo de Domitilo Posadas, uno de los caciques del perredismo en la ciudad, hoy alcanza, apenas, 9 por ciento en las preferencias electorales, en una capital donde la izquierda nunca ha gobernado. El círculo cercano de Leyva afirma que ella no era la primera opción del PRD para la alcaldía. Y si lo era, ella misma no aceptó de buenas a primeras.

Así, el panista Sánchez Gómez ha encontrado hasta sin querer, en uno de sus colaboradores más cercanos, un punto de coincidencia dentro del PRD. Pero si Leyva dice en lo privado que su relación sentimental no tiene nada que ver con la política, los Medina son un tema aparte.

Mario Medina, el candidato a diputado, es idealista. Desde la quinceava regiduría de Toluca, donde despachaba antes de las elecciones, apoyó siempre el olvidado sector cultural de la ciudad desde la impresión de colecciones literarias, presentaciones de libros y, en general, actividades marginales o independientes. Nadie lo hace. Por otro lado, entendió la fuerza que otorgan posiciones políticas y la construcción de estructuras. Fue acusado por algunos medios locales de cobrar cuotas a ambulantes del primer cuadro de la ciudad, dedicados a la venta de tamales. Jamás comprobado, sin embargo, se dejó ver públicamente con algunos líderes del ambulantaje, como Francisco Hernández, representante de la Organización Cuauhtémoc con presencia en la Alameda. Hernández, por su lado apoyaba al PAN, hace años, antes de la llegada de Sánchez al poder municipal, pero cuando entendió la política de Sánchez, optó por acercarse al PRD.

Reporteros locales recuerdan que Eymar Gutiérrez, hace pocos años, todavía en el proyecto del metrobús, llenó un día a la explanada de la Alameda, colocó una mesita y una silla y se dedicó, como pudo, a recabar firmas de apoyo para su organización. En esas estaba cuando Francisco Hernández se presentó ante el improvisado gestor y, sin mediar palabra, le propinó una golpiza. Las elecciones del 2015, sin embargo, han servido también para limar asperezas y las alianzas, por extrañas que parezcan, impulsan disímbolos proyectos políticos.

Poco después, Mario Medina fue señalado por apoyar a Mónica Fragoso, candidata del PAN a la alcaldía de Toluca hace tres años, y quien perdió porque, dice ella misma, el grupo político de Sánchez operó para que así sucediera. Medina la impulsó para que se presentara a una extraña votación interna en el partido amarillo, y compitiera justamente contra Ana Leyva, ya nombrada abanderada, para ver a quién prefería la militancia. Leyva ganó, cuando se sentía bajada de la campaña y no tuvo más remedio que seguir. El propio Medina reconoce que Fragoso aceptó de buen grado aquella derrota. A mitad de las campañas, Mónica Fragoso demandó la expulsión de Sánchez Gómez del PAN, por tener doble militancia, azul y del Movimiento Ciudadano, pero también exhibió recibos del ayuntamiento con los montos de las gratificaciones que cobró el ex alcalde. Casi un millón de pesos. El pleito interno continúa. El diario local Alfa afirma que “Juan Rodolfo Sánchez propuso un acuerdo a Mónica Fragoso para evitar la ruptura entre panistas en Toluca. Le ofreció la primera sindicatura en su planilla, ella la rechazó, se le hizo poco. Pidió más posiciones para ceder, pero era imposible, ya estaban comprometidas. Posturas irreconciliables de ambos lados, era claro que los agravios del pasado seguían vigentes. Ya verán cuánto les costará”.

En el Cuarto de Guerra de los Medina, la sombra de Fernando Zamora se pasea.

El último Diez en el mundo

* Queda una sensación, sólo eso. Por qué, no, no se sabe. Que Fragoso y Mario Medina, el aspirante a diputado del PRD, han hecho alianza con el priista Fernando Zamora. Que Ana Leyva ha pactado con Sánchez Gómez. Que Guillermo Molina ha desperdiciado la oportunidad de usar una candidatura congruentemente: está en la luna pero lleva en su pecho los colores de Zamora y que los minipartidos están bien donde están. Al otro día, Medina publicará la foto megachoteada del priista, quien ha callado incluso en las redes sociales. Pero ese 13 de mayo, desde las suposiciones, al menos algo real se desprende y Molina se ha perdido entre Hegel y Kant, en el dantesco escenario de un debate político. 

Miguel Alvarado

Toluca, México; 13 de mayo del 2015. A Juan Rodolfo Sánchez la sonrisa le salpica el rostro. Sentado en el escenario que el Colegio Mexiquense había preparado para un debate entre los aspirantes a la alcaldía de Toluca, ocupaba el centro de aquella salita repleta de intenciones, una mesa con flores y recipientes con dulces. Allí, junto al panista, estaba Ana Leyva, la candidata del PRD, vestida con el garbo que la exposición electoral le exige. Alta y trendy, a Leyva le habían sugerido el negro y amarillo para su outfit, que complementó con botas a la black velvet y tacón alto, que disparaban su elegancia. Sánchez Gómez, por su lado, eligió el traje informal, una indistinguible indumentaria entre negra y azul y largos zapatos pero sin corbata que destacaba, a fuerza, la camisa blanca o azul muy clara, de estilo euroesport y el pelo engominado. Eso era todo por su parte. Mientras Ana se llenaba de papeles y anotaba, como entrenadora de futbol, las ideas que llegaban al final, otro debatiente centraba su atención en los dulces y chocolates que por cortesía la escuela aquella había colocado al alcance de los electorales antojos. Ese otro, folclórico y nervioso al mismo tiempo, llegaba gritando al pequeño auditorio, donde unas 150 personas ya lo abarrotaban.

Qué gritaba, nadie se acuerda.

Lo único recordable de Guillermo Molina en ese debate muy toluco fue su mano estirada, escogiendo dulces para, luego, recargado en su lugar, cruzar la pierna como si estuviera en su casa. Molina perdió el decoro desde el principio. Aquel escenario nunca fue propicio pero él se confundió de dirección y creyó que estaba en un salón de clases, protegido desde su cátedra.

El espacio, el lugar vacío entre Sánchez Gómez y Molina era para Fernando Zamora, “El Profe”, como él mismo se llama. Priista toda su vida, declinó, por no decir otra cosa, la invitación del centro escolar “por motivos de agenda”, como aclaraba la apurada pero cumplidora maestra de ceremonias.

A las diez era la cita. ¿A las diez? ¿El 13 de mayo, cuando otros debatirían asuntos más lúcidos, incluso un partido en Madrid a las 2 de la tarde y otro en el estadio “Chivo” Córdova de Toluca, donde la UAEMéx, metida de lleno en el panbol, se jugaba la final del futbol profesional de Segunda División contra Loros de Colima? Allí, sin acarreos, o eso dicen, llegaron 28 mil aficionados y hasta un desfile de saltimbanquis se organizó por las calles de Toluca. Al debate llegaron 150. A veces, hasta el balón más blanco se mancha y la política, queda claro, no es un encuentro de ideas, aunque las haya, mientras no se resuelva el caos de la Nación Peña Nieto y su Grupo Atlacomulco, mientras el PAN y el PT no se crean tricolores y los perredistas no dejen de hablar de Ayotzinapa como de un error, sí, pero que ya aceptaron. A la misma hora, la comisión de la Cámara federal de Diputados que investiga los sucesos del 26 de septiembre del 2014 en Iguala, era desintegrada, por votación, a partir del 14 de mayo; la PGR reservaba por 12 años cualquier dato relacionado con la desaparición de los normalistas y Eruviel Ávila ratificaba al secretario de Comunicaciones, Apolinar Mena en su cargo, luego del escándalo por corrupción que involucra a la constructora OHL. Tomen su Ayotzinapa. Su Atenco. Su Tlatlaya. A los tolucos, sus propias tragedias invisibles o gritadas en la punta de un volcán.

Quedaba un consuelo.

Javier Hernández era anunciado para salir a la banca del Real Madrid y Pirlo, el último Diez del mundo, iba de titular con la Juventus.

Es lo que hay. Lo que hubo.

Entonces nada queda, sólo las risas de un auditorio como jauría, entrenado para el acoso más vulgar.

En ese desleal océano todos improvisaban. Todos, excepto los asistentes. El espacio, en un principio, era para los alumnos pero ellos nunca llegaron. O llegaron pocos. O no los dejaron. O no cupieron. Porque esa sala no albergaba a ciudadanos interesados y los partidos convocados tuvieron el criterio del tamaño de un balón para disimular. Los asientos eran suyos, los de los candidatos, enfrente, y los del público, en el otro lado. Sólo algunos apátridas pudieron entrar, confundidos al principio pero después invitados impávidos al circo de pulgas que armó el representante del Partido del Trabajo, abogado y despechado militante del PRI, el señor Molina, ávido consumidor de dulces ajenos.

– Por cuestiones de agenda el candidato del PRI, Fernando Zamora, no pudo asistir- decía la conductora, mientras el abucheo se alzaba desde las sillas.

Así que tiene la palabra el candidato del PAN, Juan Rodolfo Sánchez Gómez, luego de leerse una cuartilla y media de cargos públicos, haberes y deberes anclados en un pasado tan actual que de pronto resultaba futurista.

– Lamento la ausencia del candidato del PRI –dijo, más o menos-. Y es que cómo justificaría el mayor problema que enfrenta la ciudad de Toluca, que es la inseguridad –dijo, más o menos, mientras azotaba a manazos, pero benévolo, el sitial abandonado de Zamora, ex líder magisterial que le apuesta a que una foto choteada, megachoteada, donde aparece montado con un AK-47 y un caballerango de lujo, el narcotraficante de los Zetas, Albert González Peña, no le signifique nada porque, dice, ya tiene diez años.

– …se centra en el combate a la inseguridad –dice Sánchez, mientras Molina apunta como poeta datos que dará después pero que en realidad nada son sino garabatos desde plumas rojas, verdes y negras, que sostiene con manos y boca. Vuelve a los dulces como obsesivo diabético al que le ponen chocolates a propósito. Es claro que Sánchez tiene su discurso bien dominado. Nada del otro mundo. Sin embargo, el alcalde de Toluca en el 2006 no dice cómo, aunque abundan los porqués tan trajinados.

– … ¡es así! –grita de pronto Sánchez, sobresaltando a Ana Leyva, quien se estira para recibir tarjetas con indicaciones de sus entrenadores de cancha. ¿Qué pueden decir aquellas cinco líneas que no se pueda adivinar?

– Jóvenes que me escuchan, apunta Sánchez y un siseo se levanta desde el auditorio. Porque jóvenes sí, pero estudiantes, al menos de esa escuela, no. La composición de aquella audiencia está clarísima. Ellos mismos no dejan lugar a dudas. En un extremo, la porra perredista se agazapa, ataviada en sus uniformes blancos y amarillos.

– …el aeropuerto abandonado –increpa el panista a entidades invisibles que sólo él identifica. Y su propio batallón, muy sentado en el otro extremo de aquel foro, pujante y numeroso como el del PRD, lo mira obediente.

Tiempo.

El tiempo se le acaba a Sánchez Gómez y una tarjeta blanca se lo señala. Está bien. Habló bien. Moduló. Gritó cuando fue necesario, cambió la posición de las piernas como indican los manuales de usos y costumbres de aspirantes exitosos y entornó los ojos con suficiencia. Al final se hizo para atrás, recargado como estadista, echando un vistazo a las botellitas del agua, sin tomarlas. Correcto. Todo políticamente correcto. Uno se pregunta si esto mismo no podría haberlo hecho Fernando Zamora, cuya ectoplásmica presencia toma cuerpo en alguna parte de ese auditorio.

– ¿Qué dijo el panista? -pregunta uno de los reporteros al pie del escenario.

– Sepa, güey. Y dame chance, que ahí te va la foto.

Caray, caray, caray.

Ese mismo movimiento, la cámara al frente, el enfoque, la mentada en F5 y la cenitalidad, casi un vertical horizonte, abismo negro de posibilidades infinitas, es suficiente para que Ana Leyva, con sonrisa casi de verdad –porque estás guapa, diría después Guillermo Molina, el inapto petista- asienta, mientras leen su currículum, donde no aparece la boleta de calificaciones de la secundaria por decencia o un olvido, y toma el micrófono.

– Gracias –dice, cuando Molina asalta por enésima vez el cuenco de los chocolates y le echa una mirada -a estas alturas llena de miel- a sus rivales. Sánchez, ya encarrerado y con la confianza de –¿de qué?- alguien que ya superó el escenario, atiende su celular y hasta se permite una sonrisa, casi con desdén.

Pero gracias, dice Ana Leyva, nacida en Michoacán y quien informa a rajatabla que hace 37 años, en Toluca, no se construye una escuela preparatoria porque ningún gobierno municipal ha tenido la idea y por eso “queremos crear una preparatoria municipal”.

Es una mujer segura, no como decían sus propios compañeros. Le falta, eso sí, la naturalidad que uno espera de los políticos. Los vivales tienen eso pero Ana no lo es. Trata de ser sincera y lo consigue a fuerza de avanzar. Se le cree cuando dice que nunca fue una niña de 9 y 10 en las boletas de la primaria.

Se le cree cuando dice que nunca estuvo en la escolta.

Se le cree cuando dice que nadie hace nada por los chicos que no sacan promedios excelentes.

Y también se le cree que los quiera apoyar con becas universales. Que incluso ya la habían promovido desde la Cámara de Diputados.

– ¿Y qué creen? -apunta con la voz, ahora, sí, comprometida en la distancia- ¡que panistas y priistas nos votaron en contra esa beca!

– ¡Tsssss! –viborea el amable auditorio, al estilo de los cácaros más prestigiados. Y es que decir debate en México equivale, aun en Toluca, a un ring que incluye la mejor versión de Pacquiao. El silencio invade de pronto como una ameba al foro. Algunos –son microfracciones del tiempo, ése que dicen que no vuelve jamás- se miran, enamorados aquella mañana de calor húmedo o seco, según convenga, y de pronto reaccionan. Los panistas, callando, cejijuntos y desinteresados, clavados en el facebook. Los perredistas, bien intencionados eso sí, porque son jóvenes y creen y son románticos y creen y hace activismo político y creen y de pronto quieren entender Ayotzinapa o Tlatlaya y entonces ya no creen o creen con todas las reservas. Y saben que las encuestas apenas les dan 9 puntos en las preferencias de la ciudad y descreen pero ahí están, aunque malpaguen las elecciones.

Y aplauden, con cierto talento pop, a la candidata que, en verdad, se interesa por los feminicidios y los derechos de las mujeres.

Gritan esos románticos mientras Guillermo Molina desenvuelve otro chocolate, al que mira con fruición de candidato cuando le muestran los presupuestos, echándoselo a la boca para saborearlo en toda la extensión, con alegría de niño, del que sabe que nada le va a pasar o del que ya ha cobrado su quincena, cerrado un buen negocio. El horror que se refleja desde Molina es el de la mitad de México y sus violentados. Ese hombre, abierta la boca y el bigote ya cano pero aliñado, dirá, más adelante, que “soy priista, señores. Me invitaron otros cinco partidos a representarlos, pero yo firmé con el PT un acuerdo para no afiliarme. Yo sigo siendo priista y los dirigentes lo saben. El PT no choca con el PRI”.

Molina cree que se ríen con él, porque también abre la boca y expele un aire irrespirable, como si tratara de desaparecer a algún alumno. Molina es repulsivo porque se sabe vendido, avillanado y quiere hacer un chiste con eso. Lo que le sale, lo que consigue lo desviriliza.

En los pasillos, el coordinador de campaña del Partido del Trabajo vuelve los ojos y murmura, lo suficientemente alto para que se le escuche, que: “¡no puede ser, puta madre!” y da por concluida, en ese momento, una campaña a la que ni dios o las ilusiones asistieron jamás.

En realidad, Molina es un miserable.

Y es que Ana, quien sigue diciendo que “¿qué creen? Pues que el Edomex no da cuenta del estado de la educación. El secretario de Educación, Raymundo Martínez, nos debe informar dónde está el recurso. Lo exigirá la Cámara. Martínez es hoy candidato del PRI a una diputación por Toluca”, ha elevado su voz a decibeles inmedibles. Hasta Sánchez, un histrión aunque dislocado, la mira sorprendido. Ella misma, pasmada de una pieza, sostiene el micro con ligereza mientras sus papeles se desparraman en su regazo. ¿Otra señal que nadie ve? Ella, por fin, se sabe dueña del foro, incluso los chicos en los asientos de atrás, los pocos estudiantes que han logrado entrar, así lo entienden aunque se miran sonrientes entre ellos.

– Perdón, licenciada, se le acabó el tiempo –dice la moderadora, oportunamente.

– Ya, ya, Anita, así es la cosa, se acabó el tiempo –repite cacofónico Molina, mientras un dulce juguetea entre sus manos, adquirida vida propia y eso mismo, esa cosa azucarada, una dosis antinatura de pura bombonería.

Ya, ya.

– Anita, Anita, me encantas –dice Molina, en uso de la palabra, por fin.

Y entonces agradece.

Agradece.

Agradece.

Molina acaba de desperdiciar otros 15 minutos de la vida de todos. “Yo voy a hablar, como abogado, de la composición de un ayuntamiento, porque el ayuntamiento no está para resolver problemas de educación ni tampoco los de la policía. Es un administrador de servicios públicos municipales y debe crear un ambiente propicio para desarrollarlos”.

Poco a poco, ese priista renegado se rebate a sí mismo. Observa sus manos y de pronto dice que es abuelo. Pero no es un renegado, ni siquiera resentido. A él le duele, y eso es todo, que nadie lo tome en cuenta.

Al mismo tiempo, en el centro de Toluca, la panista Mónica Fragoso anuncia que pide la expulsión de Juan Rodolfo Sánchez del partido. La guerra se desarrolla en varios frentes. La batalla es de una simultaneidad inaudita y, de entrada, queda claro que Mónica no ama a Sánchez.

Anuncia que pide. O pedirá, no se sabe bien.

Porque Sánchez tiene doble filiación. Una con el PAN y otra con Movimiento Ciudadano. De paso, muy femenina, muestra recibos del ayuntamiento de Toluca, cuatro, donde se observan las gratificaciones del entonces alcalde de la ciudad.

Un recibo, del 2 de abril del 2009, en hoja membretada del ayuntamiento de Toluca y a nombre de Sánchez, ampara el cobro de 20 mil 216 pesos con sesenta y nueve centavos, por “gratificación extraordinaria correspondiente al mes de abril del 2009”.

Otro, del 26 de febrero del 2009, respalda un cheque por 184 mil 539 pesos con 16 centavos.

El tercero, del 16 de julio del 2009, es un recibo por 300 mil pesos.

El último, del 31 de marzo del 2009, es por 184 mil 539 pesos con 16 centavos.

Y así.

Queda una sensación, sólo eso. Que Fragoso y Mario Medina, el aspirante a diputado del PRD, han hecho alianza con el priista Fernando Zamora. Que Ana Leyva ha pactado con Sánchez Gómez. Que Molina ha desperdiciado la oportunidad de usar una candidatura congruentemente: está en la luna pero lleva en su pecho los colores de Zamora y que los minipartidos están bien donde están. Al otro día, Medina publicará la foto megachoteada de Fernando Zamora, quien ha callado incluso en las redes sociales. Pero ese 13 de mayo, desde las suposiciones, al menos algo real se desprende y Molina se ha perdido entre Hegel y Kant, en el dantesco escenario de la incontinencia.

– ¿Dónde quieren estar? –y parece que afirma- ¿en el ser o en el tener?

Molina es un demiurgo y de pronto el vacío le habla de tú. Cuarenta y tres personas, otra de las ironías de la tierra cruel, chatean desde sus celulares: Molina les vale madre. “Entiéndanlo bien, muchachos”, remata desde la verborrea, porque “hay planes completos que ya tengo, pero todo es un conjunto”, dice inhábil, acantinflado, estéril.

Sánchez sonríe al vacío. Le brillan los ojos y prefiere estirar un pie, después el otro en tanto se desarrolla el drama de una confesión.

“Yo soy priista, señores”, dice Molina muy sonriente. Esto ya se ha dicho, pero se dirá otra vez. “Yo soy priista, señores. Me invitaron otros cinco partidos a representarlos, pero yo firmé con el PT un acuerdo para no afiliarme. Yo sigo siendo priista y los dirigentes lo saben. El PT no choca con el PRI”.

– ¡No puede ser, puta madre! –dice por lo bajo su coordinador de campaña.

El reflujo de los tres estados del tiempo alcanza a Molina, quien se desvanece en un acto imposible de borrado, la cancelación cuántica que tanto buscó Hawkins. Molina, chamán del Control Z, todavía insiste. “Podemos hablar de las logias”, apuntala, mientras aplausos –la prensa que más aplauda- le sugieren amables que se calle de una vez.

“Y me conocen en todo Toluca”.

Ana ríe.

Sánchez se relaja, antes de que empiecen las preguntas.

A esta hora, aunque no tiene que ser ya, una mujer en Nueva York prepara sus maletas y revisa conexiones rumbo a Bogotá, pasando por México. Abre su correo y envía cinco palabras. Reserva de nuestro breve encuentro.

Y eso, señor Molina, señora Leyva, señor Sánchez, lo cura todo para siempre.

II

Pirlo se llama Andrea. Tiene 35 años y cara de ogro. Escogió el número 21 y juega para la Juventus. No tiene la habilidad de Messi ni la fortaleza de Gerard. No sonríe como Ronaldinho y apenas gana tres y medio millones de euros al año, una miserable nada al lado de los 17 que le pagan a Cristiano. Es, pues, un simple Diez que a esa hora, las 12 de la tarde en Toluca, se sienta en una banca del vestuario de la tal Casa Blanca y piensa. Como único Diez será su responsabilidad, suya, absoluta, lo que suceda en el Bernabeu. Pero él lo sabe, porque no es la primera vez. Lo que no sabe es que saldrá ovacionado por los madridistas, cuando lo cambien, al minuto 78, con el encuentro empatado y el Madrid, con todo y Chícharo, aplastado en su propio campo. Ya ganó algo una vez en Berlín, en el 2006.

La Copa del Mundo, algo así.

A Pirlo se le cuestiona mucho, quizás demasiado, dirían los intelectuales del futbol desde los micros de ESPN, propiedad de la Disney, y que ha enorejado todos los deportes. Con todo y eso, es más fácil ganar la Champions contra el Barcelona y sus freaks de otro mundo que estar sentado allí, en Toluca, ante un auditorio copado por militantes entrenados, o al menos que han aprendido de memoria una o dos preguntas.

Ahora sí. Vienen los cuestionamientos para los candidatos a la alcaldía.

Sólo para hacer memoria: en el auditorio no hay estudiantes. O muy pocos, pues.

Y la primera, o una de las primeras preguntas proviene de una chica, muy guapa, como Ana, pero no tan alta, y que trabajaba, hace unos meses, para la regiduría que ocupaba Mario Medina en el ayuntamiento. Siempre amable, solícita, lo sigue siendo aun en el nuevo encargo como preguntadora. Todos la reconocen y se le quedan viendo mientras se expresa.

– ¿… el mercado Juárez?

Sánchez capta. Ni que fuera un improvisado. Es cierto que de pronto cuesta trabajo, pero lo asume, primero, como una percepción que tal vez pudiera estar influida por su propensión a lo negativo. Por lo pronto, contesta.

– Sí. El tianguis era un problema de ilegalidad, donde había cualquier tipo de delincuencia. La explanada estaba diseñada para… pero había 28 mil comerciantes que ocupaban 32 calles. Bueno, había desde trata de personas y hasta contrabando. Yo me jugué mi capital político, sabiendo las consecuencias, pero estoy dispuesto a asumir el costo. Hoy los comerciantes son mis amigos. Y hoy, con esa fuerza que se actuó, me propongo hacer pedazos a la delincuencia.

Aplausos inmediatos desde la parcialidad del PAN, que grita más y mejor. Y más bonito que los del PRD, como una caterva melodiosa de duendes nocturnales, pero al fin y al cabo parejita, gutural, sí, escandalosa. Sánchez sabe lo que viene. Lo supo desde el principio. ¿Son enviados de Fernando Zamora? ¿Es una táctica de Ana Leyva, muy seria, sentada casi junto a él? ¿Estas son las guerras del fin del mundo o estamos aquí todos, reunidos, perdiendo el tiempo olímpicamente?

Es la hora de la Champions, hay que recordar.

En Madrid, Pirlo se prueba el calzado. Elige la playera, azul celeste, y escucha. Atentamente, guarda silencio y en ese vestidor de millonarios una alucinación le llega repentina. Está en Berlín pero su equipo no es la Juve sino el Liverpool.

Pregunta.

… ¿por qué no cumplió con sus promesas cuando fue alcalde la primera vez y…?

Sánchez ya está al borde del asiento. Eso lo interpreta a él mismo. Todo el tiempo aguardó, paciente, muy sentado y casi inmóvil, sonriendo a veces y los ojos brillantes, como de farmacia. Pero ahora no puede permanecer así. Es lo que es, dirá luego su terapeuta, si es que lo tiene. Por ahora hay que entrarle.

Bueno, hay que entrarle. Juan Rodolfo, hay que entrarle.

Juan Rodolfo, ey.

Ah, a Molina le vale madre que se acabe el mundo. Toma un dulce. Lo palpa, se vuelve uno con él. Los dos son un dulce y vuelan metafísicos a la fábrica de Charly Wonka. O al menos al Museo del Chocolate de la Nestlé, allá por Paseo Tollocan. Qué mala onda. Pero sí.

– No es verdad, y te voy a explicar por qué –dice Sánchez al preguntador. Para entonces los chats de los celulares funcionan frenéticos. Frente al escenario está la coordinadora de campaña de Mario Medina, sentada, juvenil y cansada, enviando, enviando. Leyendo, leyendo. Frente a ella, el panista termina sus respuestas.

– La única obra que hay en Toluca es la que dejamos nosotros. No la han terminado. Lo que nos tocó hacer lo entregamos puntuales… antes había mil 300 policías y ahora hay 700… había 600 patrullas y ahora ni 25 se entregan. Y mira, te recuerdo el caso del M1, un narco que trabajaba para la policía municipal en la administración de María Elena Barrera…

Alto. El narcotráfico es el tema más delicado. Porque la historia reciente de la droga en Toluca es panista y fue en la administración del panista Armando Enríquez cuando la Familia Michoacana…

Que Pirlo.

Que traspasado por el piano de Satié nos dice adiós o que ahora vuelve.

Que Madrid, un mar sin istmo que hace del sol un código encriptado.

Que las sombras se alargan como un juego de beisbol.

– … y hasta que lo apresaron -termina Sánchez.

Ana Leyva por fin mueve algo. Es el agua en la botella diminuta. Se le seca la boca y revisa la hora de continuo. ¿Es que tiene otra cita?

Otra pregunta.

.. y Ana Leyva representa a un partido culpable de lo de Ayotzinapa. Me da gusto que haya una mujer pero eso no la limpia de los errores. Y del PAN, en la colonia Morelos, en un parque que se llama La Bomba, hubo siempre tres patrullas durante el trienio de Sánchez. Y es que ahí vive su mamá… ¿y es verdad que se llevó a su rancho los pisos del Portal?

“Eso es falso”, dice Sánchez a Ana, en corto, muy en corto, moviendo la cabeza y ahora sí, molesto. Los dos lo comprueban y pueden decir con cierta solvencia que Fernando Zamora vino al debate y se sentó entre el público y que ahora rompe todo lo que puede romperles. Pero qué es estar molesto en la política, en lo público, en el fingimiento de lo correcto. Nadie lo sabe, ni ellos, que pueden explotar cuando se encuentren solos o poco comprometidos. Pero los políticos son así. Son proverbiales los enojos de Luis Miranda, actual subsecretario federal de Gobierno; o los del propio Peña y su amigo Luis Videgaray. Los grados de cretinismo no tienen zona postal ni partido político. Enojados, Ana y Juan son apenas panes de dulce con sonrisa de caramelo, pero deben contestar.

Primero Ana.

… Lo de las escuelas –porque le cuestionan que el municipio no hace escuelas preparatorias, las hace la UAEMéx- no puede ir solo el municipio. Lo de Ayotzinapa: bueno, está un gobernador en la cárcel; los Abarca en la cárcel. Hemos reaccionado. A Calderón se le escapó “El Chapo”. ¿Dónde está Montiel? ¿Moreira? ¿Marín?

Alguien le sopla. Fssshh. El aire tan necesario, la dádiva de oxígeno en forma de una tarjeta.

– …¿dónde está Montiel? Exonerado. ¿Granier?

Bien por Ana, pero olvida, sí, olvida que Ayotzinapa nos representa porque nosotros hemos pasado por lo mismo, todavía sin levantar la voz. Y olvida que Ayotzinapa no ha terminado, que hay cientos arrastrando las consecuencias. Que están Marissa y la familia de Julio César Mondragón, del Estado de México y que nadie los ha apoyado en absolutamente nada. Menos la clase política. Ana olvida o por lo menos omite, matiza, desprofundiza. No es el lugar, dirá. ¿Cuál será el lugar, entonces?

Luego Sánchez toma el micro. Más enojado que Ana, ahora sí se le nota, mejor dice lo que ya sabía.

– No me cabe duda de que Fernando Zamora mandó a sus amigos o colaboradores para hacer preguntas. El PRI mandó voceros, pero voy a contestar al chico, que se trajo todos los rumores desde el PRI. En la colonia donde yo vivo hubo una patrulla… pero yo renuncié a ese derecho, aunque me la asignaron por seguridad. Esa patrulla se quedó para la colonia. Tu comentario es inducido. La loza del Portal estaba rota en un 80 por ciento y por otro lado no tengo ningún rancho. ¿Sabes cuántas casas tiene los de tu partido?

El PRI de Zamora, eso es verdad, ha contratado una brigada de jóvenes, entre 60 y 80, para operar Zamobots y reventar o intentarlo, reuniones como la de ese día.

Para ese momento Molina se ha dado cuenta de que nadie lo pela, ni sus parientes y menos su asesor de campaña. Así que de cuando en cuando interrumpe, emite sibarita algún comentario de adolescente perverso, como el “ya cambien de tema” o el “ooootra vez con lo mismo”. Minutos adelante, una chica, ya palera o estudiante, lo pondrá en su lugar. El bote de la basura en ese auditorio queda demasiado lejos, pero ya lo llenan las envolturas de los chocolates.

– Señor Molina, usted se confundió. Esto no es un salón, usted está en un debate.

– ¿Sí?, pues te voy a decir que yo no vengo a debatir –contesta todavía. El asno. El asno o burro es un animal doméstico de la familia de los équidos. Los ancestros silvestres africanos de los burros fueron domesticados por primera vez a principios del V milenio, dice la endeble Wikipedia.

-… yo pagué todas mis comidas, mis reuniones como alcalde, de mi dinero –insiste ahora Sánchez- mis viajes. Y estuve tres años en el cargo. Hay uno que no está pero envió voceros para ponernos en jaque. No hay preguntas, sólo ataques. La ley es la ley y me permite competir. Yo me reunía con amigos que les gusta el futbol. Y decían que no hay que cambiar a Saturnino Cardozo, entrenador del Toluca, porque entonces serán dos años sin un solo campeonato. Hay que dejarlo.

Ana: “mi partido sí se equivocó, pero también tomamos medidas. Yo me conduzco con transparencia”.

Y por fin alguien repara en Molina. Una chica le pregunta que cuál es su estrategia de gobierno. El abogado, con la pierna cruzada y el milésimo dulce quebrado, apunta que “no venimos a debatir aquí, venimos a nuestras propuestas. Confunden personas con partidos”.

Se descose, literalmente. La incontinencia del cuerpo. Y dice. Se permite arriesgados ejercicios de sintaxis, se deshocica sinceramente y todavía recuerda a Chespirito cuando remata: “venimos a proponer nuestras propuestas”.

Para ese momento el auditorio está fuera de control. Es claro que no hay alumnos pero también es claro que no hay debate. Una duda. ¿De quién es esa escuela? Y mientras una alumna, ésta sí, reclama el derecho legítimo de los estudiantes para preguntar, Ana Leyva mira con ojos de súplica a la maestra de ceremonias.

– Oiga, se puede hacer… es que ya tengo un evento dentro de…

– Sí, claro, orita, orita, contesta muy apurada la otra, off the récord.

Otra pregunta y Molina se pierde de nuevo explicando la diferencia entre tolucos –Anita, estás guapísima-, toluqueños y tolucenses.

Sánchez concluye que en la calle donde vive se han cometido 47 asaltos, un secuestro y un asesinato. Así, en seco.

El debate termina y los aspirantes se reúnen para la foto del recuerdo. Ana y sus prisas la llevan a desaparecer pronto del escenario, no sin antes observar, compungida, que nadie la entrevista. La prensa local se va en masa con Sánchez Gómez, quien ni siquiera de reojo mira el desastre emocional del PRD. Porque nadie los entrevista, pues, y cuando uno se acerca a esa reunión sin alma, de pronto se disuelve. Al mismo tiempo, Sánchez sólo afirma que va adelante.

– ¿Por cuántos puntos, señor?

– Tenemos el pronunciamiento de victoria al interior del partido.

– ¿Por cuántos puntos, señor?

– Gracias.

Lo cierto es que Sánchez captó, por fin, la atención de los medios. No sabe, o lo sabe a medias, que Mónica Fragoso comienza a subir a redes sociales los recibos de pago del ex alcalde. Lo sabrá después, no hay duda, tanto, que al otro día promoverá la expulsión de Mónica, su compañera en la militancia.

“Pero es que hay de militancias a militancias”, Miguel. Tú, por ejemplo…

Pirlo ya tiene el balón en sus manos, para empezar.

Y en Nueva York una mujer escribe sobre las Galápagos y la urgencia de alguien condenado a muerte. Dice, mirando los parques verdes, que nunca ha sentido la primavera como ahora, luego de vivir el largo invierno, como un tránsito. Y que su avión llega a las 9 y media de la noche.

Grupos de autodefensa en Toluca

* Es incomprensible que el candidato priista a la alcaldía del municipio de Toluca, Fernando Zamora, convoque a los habitante a unirse “para restablecer la seguridad ciudadana en todas partes y todo el día para vivir bien en casa y en las calles”, tal y como se pretendió en Michoacán con los grupos de autodefensa y sus consecuencia violentas que ocuparon las primeras planas informativas del país.

Luis Zamora Calzada

Las ocurrencias de la ignorancia muestran, en muchas ocasiones, interpretaciones del mundo construido en el  referente de las personas, en donde se reflejan niveles de información, lecturas, experiencias acumuladas, incluso el nivel de escolaridad y académico obtenidos.

Es lamentable escuchar, en estas épocas de campaña, planteamientos ajenos a la realidad. A manera de ejemplo, el tema de inseguridad no se puede reducir a un perfil y tipo de policía al tener relación directa con componentes esenciales de la sociedad, como son los valores, la educación y el propio modelo económico que se encuentra orientado al consumismo.

No es complicado analizar algunos hechos visibles desde la propia infancia, veamos los elementos presentes en una acción, quizá para muchos sin importancia, que ocurren cuando un niño le quita a otro sus tenis de marca. Si se resiste, incluso le pega y le amenaza para que no le diga a nadie lo ocurrido.

Se puede inferir que el niño agresor proviene de un familia pobre, sus padres no pueden comprarle los tenis que obtiene con violencia y en tales condiciones es probable que sienta envidia y coraje en contra del que puede tenerlos, aprende que con el uso de la fuerza lograrán cumplirse algunos deseos y anhelos que el sistema económico le niegan. Así, sucesivamente, se llegará a deducir que el papel de la policía en este tipo de actos es intrascendente.

Por esta razón es incomprensible que el candidato priista a la alcaldía del municipio de Toluca, Fernando Zamora, convoque a los habitante a unirse “para restablecer la seguridad ciudadana en todas partes y todo el día para vivir bien en casa y en las calles”, tal y como se pretendió en Michoacán con los grupos de autodefensa y sus consecuencia violentas que ocuparon las primeras planas informativas del país.

De manera implícita, renuncia a la responsabilidad constitucional de garantizar la seguridad de sus ciudadanos y reconoce la incapacidad del gobierno municipal para cumplir con dicha obligación. Seguramente, los toluqueños no están dispuestos a ninguna “alianza total con el policía leal al ciudadano” y mucho menos con un “grupo de élite de la policía municipal de Reacción Inmediata a Delitos de Alto Impacto” que pretende crear. Vaya ocurrencias.

Ignorancia legal

El capítulo octavo de la Ley Orgánica Municipal del Estado de México establece la normatividad de los Cuerpos de Seguridad Pública y Tránsito, y en el artículo 142 mandata que en cada municipio se integrarán cuerpos de Seguridad Pública, de bomberos y, en su caso, de Tránsito, de los cuales el presidente municipal será el jefe inmediato. Sin embargo, el artículo 143 ordena que en los casos del Ejecutivo federal y el gobernador del Estado, en los términos del artículo 115, fracción VII de la Constitución General de la República, tendrán el mando de la fuerza pública en los municipios donde residan habitual o transitoriamente. En el municipio donde residan permanentemente los Poderes del Estado, el mando de la fuerza pública municipal lo ejercerá, en cualquier caso, el Ejecutivo estatal a través de la Dirección General de Seguridad Pública y Tránsito.

En ninguna parte de la ley se faculta al presidente municipal, como pretende hacer creer a los ciudadanos el candidato priista a la alcaldía de Toluca, estar en posibilidades de crear un “grupo de élite de la policía municipal de Reacción Inmediata a Delitos de Alto Impacto”, tampoco a la “formación de la policía civil urbana habilitada” y mucho menos a la “creación del detective ciudadano” y el “Centro de Inteligencia Municipal”, lo que constituye un engaño al no existir el marco legal que le permita una actuación de esa naturaleza, denotando con sus propuestas ignorancia legislativa a pesar de ser diputado con licencia.

Resulta totalmente improcedente que los detectives ciudadanos sean parte de la participación social en la planeación y supervisión de la seguridad pública, como plantea el citado candidato, en un arranque de ocurrencias infundadas y contrarias a derecho.

En su decálogo, de libre inspiración, el punto ocho propone crear el “Instituto para LA Prevención y el Combate al Delito”, para generar “estrategias y programas para incrementar la eficacia policial y, en consecuencia, reducir los índices delictivos en el municipio” y al calor de las ocurrencia también promete un “observatorio de violencia contra las mujeres como mecanismo de emergencia que colabore con las autoridades municipales para abatir la violencia de género”.

La improvisación y falta de conocimiento de la realidad le conducen a su programa “Fíjate quién es”, que significa la instalación gratuita de mirillas en las puertas de hogares y negocios. ¿Qué pasará con la gente que no tiene casa o negocio?

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