La fuente de los milagros

* Jorge Toribio, escritor “maldito” del Estado de México por tocar investigar temas relacionados con la familia Montiel Rojas y acreditar la existencia del Grupo Atlacomulco, tiene otra faceta. Entrevistador nato, ha recopilado las vivencias de pintores famosos como José Luis Cuevas y Luis Nishizawa. Este es un segundo fragmento, narrado precisamente por Nishizawa en primera persona, que forma parte de un libro inédito que Toribio preparó hace unos años, detenido por la entonces directora del Instituto Mexiquense de Cultura, Carolina Monroy.

 

Jorge Toribio

En la vecindad donde viví había una gran población de niños, jugábamos hombres y mujeres. Una chica tenía el labio leporino y la nariz sumida, me acuerdo de ella porque era horrible. Se llamaba Aurora. Nunca fui noviero ni mujeriego. La época más bonita de mi vida de estudiante fue cuando ingresé a la Escuela de Artes Plásticas. Las muchachas guapas entraban a estudiar para conquistarse un arquitecto con carro. A nosotros, los de artes plásticas, nos decían “la fuente de los milagros”. Tuve muchas amigas, siempre las respeté. Me decían “El Rey Sol”. Recuerdo a un amigo, Arreguín, muy inteligente pero se accidentó. Se quemó las manos, los dedos… dibujaba con las manos vendadas. Iba a ser gran pintor, pero la vida lo trató mal. Es un esteta, tiene cinco libros de arte sin publicar. Se gana la vida con la fotografía. Lástima, la vida le fue adversa.

 

Fumé mucho de joven

 

De mi padre tomé el ejemplo de fumar. Cuando era estudiante fumaba hasta dos cajetillas diarias. Un día, al trabajar me empecé a sentir cansado, era por el cigarro, me di cuenta. Fumé de 1946 a 1966, veinte años. Una vez acompañé a mi padre al doctor. Entró a consulta y al salir me comentó que ya el cigarro le hacía mal, lo debía dejar. Salimos del consultorio, caminamos por la calle. En cada tienda, en esa época, había un cesto de basura. Entonces tomó la cajetilla, los cerillos y los tiró. Cuando me sentí mal por fumar lo recordé así. Me dije “si él pudo, yo también”.

 

Mis amistades                                    

 

Al caminar por el mercado Abelardo Rodríguez buscando judas, pues siempre me han gustado, me encontré a un amigo en compañía de Rivera: “Mira Nishi, te voy a presentar con Diego”… muy parco, Diego me dio la mano, sin darme la menor importancia siguió en busca de sus judas. Me cayó gordo.

En una de mis estancias en Japón fui a visitar al pintor Kojin Toneyama, alumno de Diego. Al platicarle exclamó: “¡ah, el pintor mexicano!”. Toneyama fue quien habló por primera vez del muralismo en Japón. Cuando Kojin llegó a México por primera vez, Diego y los muralistas comenzaban, no eran famosos. Después mi amigo regresó a Japón porque Foujita le dijo que debía volver a Tokio para convertirse en uno de los líderes del movimiento moderno de su país. Cuando regresó de visita a México se encontró con una obra monumental. Me dijo que de haberse quedado hubiese sido uno de los grandes renovadores del arte mexicano. Toneyama me hablaba de Diego, quien una vez le pidió buscarme: “Ese muchacho me interesa mucho”. Diego comenzaba a saber de mi trabajo.

Un día los niños le rindieron un homenaje en el Anahuacalli, le obsequiaron pájaros y palomas. Llevé a un sobrino al cual quise mucho, ya murió, para que participara en la ceremonia. Le puse su yucata, la clásica bata japonesa y le di una palomita. Cuando los niños pasaban, Diego estaba como patriarca, le ofrecían la paloma y daba las gracias. Mi sobrino no quería, tenía pena: “¡andale!, ¡ándale!, ve. Se la das” – le decía. Al ver Rivera a mi sobrino con la yucata, me buscó con la mirada, cuando me encontró extendió la mano, me dio un apretón.

En realidad tuve encuentros fugaces con Rivera, sin embargo había cierta relación afectuosa. En una ocasión fui al Palacio de Bellas Artes, Diego bajaba las escaleras y yo subía, nos cruzamos, me vio y se regresó para saludarme, me dio un abrazo. No le dije nada. Yo conocía bien a su hija Ruth, ella le habló bien de mí, imagino.

Era una mujer interesante, aunque un poco desgarbada, la sentía mal vestida. No era una belleza, más bien su tipo no era común.

En 1957 pinté un mural en el Centro Médico del DF, cuando todavía estaba en obra negra. Me tocó el sitio de Neumología. En ese lugar, en esas fechas Siqueiros hacía un mural en Oncología. Su esposa Angélica lo llevaba en su coche. Detenía el vehículo, Siqueiros observaba mi trabajo. Mi ayudante me decía espantado: “¡Maestro, ahí está Siqueiros!” Un día bajé del andamio:

– Por favor, maestro, vea mi trabajo.

– ¿Y tú crees que no observo lo que haces? – me dio unos consejos. Lo agradezco.

Desde entonces comenzó nuestra amistad.

Cuando Antonio Moreno Prieto, director de Salubridad, inauguró el Centro Médico, develó primero el mural de Siqueiros, sin embargo, con rapidez, David caminó a mi mural, ahí se quedó mucho tiempo en compañía del director. A Siqueiros le gustó el mural. En la prensa tuve buenos comentarios:

En 1951 presenté una exposición, asistió Siqueiros. Me dijo: “te voy a escribir una carta”. Pasó un mes, nunca llegó la carta. Fui a la galería, la secretaria me dijo: “Nishi, Siqueiros me dictó esto. Es para ti”. Leí la carta, era linda en contenido pero llena de errores, escrita en un papel horrible. Una carta calurosa.

En una segunda exposición me dejó otra carta pero ya escrita por él.

Toneyama organizó una gran exposición de arte mexicano en Japón, con su apoyo mandamos a Siqueiros a participar. Para los preparativos, me ponía de acuerdo con David.

No olvido una fiesta en mi casa, asistió una invitada bonita. Llegó Siqueiros con su esposa Angélica, pero al ver a la invitada empezó a hablar de sus amores de manera formidable, con imaginación increíble. Inolvidable el hombre.

Después de morir Alicia (la hija de Luis Arenal), Siqueiros me fue a visitar. Sucedió que Alicia al pintar un mural en el Polyforum se cayó del andamio. Siqueiros me pidió sacar una foto, porque iba a armar gran escándalo en la prensa. Yo tenía una cámara de cajón, no podía usarla para fotografiar el lugar de los hechos, además, con franqueza, no me quería comprometer: “No tengo cámara”, le dije. Me pidió recomendarle a un fotógrafo. Le dije que buscara a uno de apellido Verde: “Ese no” – dijo, por ser conocido. Quería un fotógrafo común, por eso pensó en mi, yo no era fotógrafo. Me insistió:

– ¡Sácala tú!

– No, maestro, ¡no puedo!

Al final de cuentas Siqueiros armó, con razón y como pudo, el escándalo, porque a Suárez, el dueño del Polyforum, se le pidió emparejar el piso para que los andamios no se movieran y no se cayeran. No hizo caso, sucedió el accidente… cuando Siqueiros se quedó sin chofer le recomendé a un muchacho que vivió en Estados Unidos, hablaba inglés, sabía manejar. Le fue útil a David. 

Siqueiros conmigo fue una persona encantadora. Tenía un sobrino tremendo, lo hacía papilla. En una ocasión los invité a mi casa a cenar, fui por ellos a Tres Picos. Ya en el coche, Angélica se sentó enfrente, Siqueiros y yo atrás, el sobrino comenzó a manejar como un loco, Angélica le gritó:

– ¡Oye, no vayas tan rápido!

– ¡Para el coche! – le dijo Siqueiros a su pariente en tono duro. Maneja tú – dirigiéndose a su esposa.

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Desde Toluca

“Aquí en la cabecera municipal nosotros estamos bien. En esta parte de Huixquilucan todo está tranquilo. Quienes tienen los problemas son los otros, a los que les toca cuidar la parte de los ricos, allá en La Herradura”.

 

Miguel Alvarado

La mañana es clara en Bosques de la Herradura. Las calles recién barridas soportan mudas el paso de los autos, casi todos camionetas blindadas y autos compactos de lujo. Nadie camina por sus calles a las 8 de la mañana y los dueños del dinero en México no abren tan temprano sus negocios. Un enorme edificio con la franquicia de Toyota esboza apenas una pequeña puerta por donde entran los empleados, que alistarán un día más en el municipio más dispar del Estado de México. Fuentes públicas y prados son arreglados con esmero, como si se pudiera más. Una manta del ayuntamiento cuelga sin elegancia en una de las entradas al fraccionamiento. Desde allí, el rostro del alcalde priista Adrián Fuentes, sonríe sin esfuerzo, mirando fijamente a los curiosos, que desde atrás de la caseta de vigilancia se asoma para ver las casas, algunas deslumbrantes palacios, para ver cómo viven los ricos.

Aquí todos tienen un rol que cumplir y se visten para ello. Los funcionarios públicos del Distrito Federal, los importantes, salen despacio de sus búnkeres, manejando ellos mismos sus autos impenetrables. Detrás de ellos la inevitable escolta arranca casi al parejo y cuida las espaldas, los escapes de los Midas. Una hora más tarde las esposas se aprestan a cumplir el rito de las compras, de los paseos por tiendas comerciales, del café con los amigos. Casi todas tienen un negocio que atender, tiendas pequeñas pero de gran lujo, abiertas al acaso. No compiten con las trasnacionales. Son las arterias artesanales del mundo feliz, a la mitad de Huixquilucan. La otra, la pobre, la que uno se encuentra cotidianamente en todo el Estado de México, aguarda con dientes filosos a que algo pase.

En la cabecera municipal hay movimiento. Las estrechas calles fueron cerradas desde las 7 de la mañana porque el alcalde ocupará una silla en la pequeña placita que da forma a un inconcebible centro. A un costado, el austero y encementado palacio municipal forma escolta acompañado de al menos 7 policías, que cuidan entradas y salidas sin esforzarse demasiado. Una placa gris, pegada a una de las paredes, cada cuenta de la visita que El Hijo del Santo hizo a la presidencia hace tiempo. El recuerdo ha permanecido allí como una cantinflesca ironía en el uso de máscaras y antifaces, tan necesarios en el camuflaje de la nueva narcopolítica mexiquense.

El 13 de noviembre los federales de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) detuvieron al ex director de la policía municipal de aquel lugar, Pedro Chávez, por presuntos nexos con el narcotráfico. Nada nuevo en los planos policiacos configurados en modernos esquemas de retribución que el lado oscuro de la ley ha mantenido intactos, a pesar de las bajas en sus guerras particulares.

Chávez no es sino uno más de una cadena larga y poco visible de mandos, de poderosos que usan y desechan para mantener el negocio de la droga en pie.

A Chávez no le alcanzó la suerte y no quiso escapar cuando todavía podía. Había renunciado a su cargo el 22 de septiembre, diez días después del hallazgo de 24 ejecutados en La Marquesa. Le dijeron que se quedara, que nada pasaría, que sería peor si se iba. Su suerte estaba echada, al igual que la de tres de sus comandantes, vinculados con el cártel de Sinaloa. Las piezas del brutal ajedrez comenzaban a moverse, develando el oscuro gioco, pianissimo, que practicaban los maestros del lugar. El 26 de noviembre del 2008 testigos protegidos revelaron los pagos que La Familia y los Beltrán Leyva hacían a policías y que alcanzaban el millón de pesos. Los pagadores estaban inmiscuidos en una batalla por el control de la policía en Huixquilucan pero de eso nadie habla, mucho menos si no es un testigo protegido.

Hoy es como otros días. Los integrantes del ayuntamiento salen de las deprimentes oficinas y ocupan sus lugares. Un ceñudo Adrián Fuentes ocupa su sitio, en primera fila mientras los oradores del día se ocupan en fáciles lisonjas. “Gracias a nuestro alcalde…”, “por órdenes de nuestro presidente municipal…”, “la visión clara del PRI…” ensordecen a los pobladores y comerciantes del pequeño centro. El alcalde no se mueve, no gesticula y espera paciente el final.

Mientras, con la atención de todos puesta en el alcalde y los burócratas, un grupo de policías se junta en una de las calles aledañas, cerrada con patrullas y electos armados. Narran lo que saben, aunque sin revelar sus nombres. No están protegidos.

“Aquí en la cabecera municipal nosotros estamos bien. En esta parte de Huixquilucan todo está tranquilo. Quienes tienen los problemas son los otros, a los que les toca cuidar la parte de los ricos, allá en La Herradura”, dice uno de ellos mientras cuida con la mirada el evento donde Fuentes aguanta estólido.

Tiene razón. Del otro lado las cosas están peor y llegan hasta San Mateo Atenco, donde el jefe policiaco, Antonio Careaga Ramírez, fue acusado de trabajar para La Familia. Esto era sabido incluso por el alcalde de Atenco, Santiago Zepeda, quien había renunciado al falso policía pero lo mantenía como asesor. La razón del cese fue un presunto problema de alcoholismo en el jefe policiaco. El alcalde nunca lo denunció. No podía o no quiso pero lo entregó personalmente, trasportando al hoy detenido en su propio auto, hasta las manos de los federales.  

Antonio Careaga y Pedro Chávez se conocían. También conocían a Antonio Ramírez Cervantes, agente de Huixquilucan que encabezó el convoy que llevó a los 24 ejecutados en el bosque. Este era un hombre poderoso, con dinero y dispuesto a quedar libre lo antes posible, así que ofreció un millón de pesos al entonces delgado de la PGR en la entidad, José Manzur Ocaña, medio hermano de José Manzur Quiroga, ex funcionario de las administraciones de Enrique Peña y Arturo Montiel. Ocaña fue removido el 7 de julio de este año. El comunicado oficial de la PGR destacaba que Ocaña atendería otras áreas de la Procuraduría. Después se hizo público lo que ya se sabía.

Careaga, el de Atenco, recibía pagos de hasta 25 mil pesos de La Familia. Tampoco escapó, confiando en que lo protegía un poder supremo.

“Claro que no escaparon. Pudieron hacerlo pero se confiaron. A uno, aunque le digan que se espere, si sabe lo que viene, mejor busca escapar lo más lejos que se pueda. No escaparon porque creyeron que sus jefes los protegerían y saldrían del problema sin dificultades, como siempre ha sucedido”, relata otro agente de Huixquilucan.

Para Adrián Fuentes, Huixquilucan no es un centro de operaciones del narco porque 

“somos un municipio de paso y por sus características geográficas, permite la interacción entre el Estado de México y el Distrito Federal”, apuntaba en El Universal. Y de ahí nadie lo saca. La postura del alcalde y protegido del poderoso rival de Peña para las elecciones presidenciales, el también priista Manlio Fabio Beltrones, es entendible. Nadie sale a decir que su municipio sirve de plataforma para operaciones ilegales.

“La verdad es que sus jefes les fallaron. Nosotros no tenemos ningún problema en la cabecera municipal ni en la zona que está para Naucalpan. Allí sucede lo de siempre. Las mordidas y todo eso, pues de eso vivimos también, pero no se ve el tráfico de drogas como en la parte alta. Los jefes policiacos, no nada más de Huixquilucan, sino los de cada municipio controlan ese negocio. No se puede hacer nada sin protección porque luego, luego te caen. Si los jefes de las policías no le entran, pues los cambian o los matan. Tampoco hay para escoger. Pero aquí todos sabían que quien le daba las órdenes al jefe de la policía era el alcalde, Adrián Fuentes”.

Otro policía en Huixquilucan remata todo. “Para qué se hace uno pendejo, las órdenes vienen desde Toluca, nadie se puede zafar”.

El narco también teje leyendas y una masacre como las de los 24 ejecutados ocurre muy pocas veces. El miedo y la paranoia no solamente permean en Huixquilucan entre los involucrados. También se afincó en los parajes de La Marquesa, entre los vecinos del lugar, quienes afirman que los ejecutados eran muchos más que los 24 reportados a la prensa. “Eran docenas”, dice uno de ellos, mientras se cubre la boca para no seguir hablando, muy cerca de La Loma en San Isidro, Tepehuantepec, en Ocoyoacac.

El primer informe

* Un joven de ascendencia alemana, alto, desgarbado y envaselinado convocaba a la ciudadanía para rendir un informe de gobierno municipal que a nadie interesaba. Pagó una plana en El Sol para reproducir íntegro el texto que leería el primero de enero.

 

Miguel Alvarado

Toluca. 1956. Inicios de año. La ciudadanía está indignada por el aumento escalado en los preciso de productos de primera necesidad. No hay forma de detenerlo y los primeros días de enero son cascada de malas noticias. La tortilla, por ejemplo, se vende al criminal precio de 8 centavos cada una, algo nunca visto en la todavía pequeña capital del Edomex. Pero también el kilo de barbacoa ha rebasado los límites, a pesar del rango legal establecido por las autoridades. Los 14 pesos en los que ha sido tasada la carne rebasan casi 10 por ciento la lista oficial. No hay de otra, se compra o no se come. Lo mismo pasa con el chorizo, el tradicional bocado toluqueño, que ese año alcanzó el estratosférico precio de 12 pesos por kilo. La misma suerte corrieron la mantequilla, a 5 pesos el kilo y la cecina, a 11 pesos. Nada grave, aparentemente, pero el salario mínimo apenas subió dos pesos y se estancó en 8, imposible de pagar para los pequeños comercios y algunos avaros, quienes pegaron el grito en el cielo cuando los trabajadores exigieron la aplicación de la nueva tarifa. De inmediato los comerciantes amenazaron con despidos, cierres y bancarrotas, aunque finalmente apechugaron y pagaron puntuales, pero con largas caras de disgusto.

Más allá de la eterna pobreza, los toluqueños intentaban divertirse con las pocas distracciones que la ciudad ofrecía. El Toluca, aquellos Diablos Rojos todavía pobres, jugaba contra el Atlas, repleto de una pléyade de cracks argentinos, indisciplinados pero capaces de darle la vuelta a los juegos con los ojos cerrados. Un crucial juego contra la oncena del original Maschiarelli los llevaba de viaje a Colomos para tratar de sumar puntos. Ya El Oro había derrotado, días antes, al Tampico por dos goles contra uno, y el diario deportivo Esto resaltaba las gambetas de otro albiazul, Vigo, autor de las dos anotaciones. Nadie hablaba, como hoy, de la desazón americanista ni de nuevas camisetas. Estaba en boga el beisbol y un héroe olímpico, Joaquín Capilla, se había lesionado la pierna.

Los cines en la ciudad lucían abarrotados, con algunos estrenos que presentaban a las juveniles estrellas del lado gringo. El teatro Justo Sierra anunciaba en diminutos programas una doble sesión de imágenes. Como plato principal se proyectaba El Cáliz de Plata, con la participación de la ex novia del fallecido Rebelde sin Causa, James Dean. Allí en el Justo Sierra los lamentos de la italiana Pier Angeli se mezclaban con las varoniles voces del galán de moda, Paul Newman y Jack Palance pero Gloria Mayo recordaba a la plebe que el sueño americano era para todos y aparecía como coestelar. La otra película era la despreciada Ataque de los Extraterrestres, que asolaban a la pobre humanidad con armas desconocidas dispuestos a colonizar el planeta Tierra. Todo esto por tres pesos.

Otros cines como el Florida, defendían su derecho a la libre competencia y exhibía La Casa del Sol Naciente, y el Elliot Ness por excelencia, Robert Stack, acaparaba envidias y suspiros al lado de otro Robert, menos conocido pero tan metrosexual como el galante Beckham. Se apellidaba Ryan y se perdió, junto a Shirley Yamaguchi, en las brumas de haluro made in USA. El cine Rex se conformaba con una mediocre cinta, La Zapatilla de Cristal, modernista versión de La Cenicienta, con la emergente Leslie Caron.

Pero hay cosas que nunca cambian. La amenaza del comunismo escandalizaba Europa cuando un candidato rojo ganaba las elecciones presidenciales en Francia, prendiendo las alarmas en Washington y desatando la euforia de Moscú, presto ya a firmar tratados de mutua ayuda con los compatriotas de De Gaulle.

Toluca pudo vivir y sobrevivir a los comunistas, a pesar de todo. La ciudad se enteraba, de buenas a primeras, de los 30 muertos y los 500 heridos que dejaron en el DF las fiestas decembrinas, pero guardaron luto riguroso por una tragedia más local y que involucraba a tres de los jóvenes más conocidos de la ciudad, víctimas de un accidente de tránsito en la carretera México-Toluca, cuando estrellaron su auto contra un ómnibus que cubría la ruta hacia la capital del país. Incrédulos, los toluqueños descifraron los nombres de los 8 muertos y los 20 heridos que dejara el impacto. Entre fierros retorcidos, aparecieron los conocidos: Rafael Mondragón Cruz, dueño de la zapatería Mona Lisa; también deletrearon los apellidos de Jesús Poblet Varela, alto empleado de Teléfonos de México y de Alfonso García Velázquez, prominente empleado bancario. La crónica era más que clara. Luego de una fiesta, los tres amigos tomaron sin permiso el auto del hermano de Mondragón y minutos después colisionaban contra el camión de pasajeros número 12 de primera clase México-Toluca-Ixtapan de la Sal, entre 6 y 8 de la mañana, en el kilómetro 59.

“El encontronazo fue tremendo, el carro de los jóvenes quedó a la mitad de la cinta asfáltica, totalmente despedazado. Dentro, entre una masa informe de hierros retorcidos se encontraron los tres cadáveres en el asiento delantero, confundidos con manubrios, vidrios de parabrisas, fierros del motor y huesos humanos”, detallaba macabro El Sol de Toluca, todavía propiedad de la familia García Valseca y, puntilloso, señalaba que el conductor era Poblet. No había nada que hacer, salvo rezar por el alma de los difuntos y encontrar al chofer del camión, fugado y malherido, que apareció tres días después, para rendir su declaración.

Pero había cosas peores. Un joven de ascendencia alemana, alto, desgarbado y envaselinado convocaba a la ciudadanía para rendir un informe de gobierno municipal que a nadie interesaba. Pagó una plana en El Sol para reproducir íntegro el texto que leería el primero de enero. En el ínterin aparecían los invitados de honor. El gobernador Salvador Sánchez Colín estaría en primera fila, felicitando al todavía modesto alcalde. Hicieron fila en los abrazos Hermilo Arcos, oficial mayor; Malaquías Huitrón, secretario de Gobierno; Manuel Barbabosa, presidente de la Junta de Mejoramiento; Guillermo Colín, procurador de Justicia y el general Eduardo Hernández Cházaro. Todos los que debían estar estuvieron, menos el obispo Arturo Vélez, quien dirigía sus fuerzas al rescate de almas bautizando a la hija de Guillermo Molina Reyes y Margarita Molina.

El futuro “Profesor” todavía no era quien fue. Nadie le llamaba por su título profesional y un simple Carlos bastaba para que volteara y atendiera charlas y aspavientos.

Acudió, eso sí, trajeado y sonriente, al auditorio Miguel Alemán y tomó por asalto el estrado preparado para la ocasión. Dijo lo que todavía repiten los alcaldes de cualquier municipio del país, que la prioridad era la seguridad pública, para la cual había gastado 448 mil 183 pesos, aunque la obra pública sólo tenía una inversión de 261 mil pesos. Lo ovacionaron los policías, pues para ellos compró una camioneta del año, por 25 mil pesos pero para tenerlos contentos les otorgó un seguro de vida por 5 mil pesos y los llenó de gozo cuando supieron de los nuevos uniformes, que costaron 32 mil pesos, además de abrir una caja de ahorro con un monto de 28 mil pesos. Lo mejor llegó al final. Un aumento del 32 por ciento más otro del 10 se les reflejó en una sonrisa y un sonoro aplauso se hizo uno con el hijo del misterioso Guillermo Hank Weber, muerto en un accidente de motocicleta cuando el entonces alcalde era pequeño.

El primer informe de Hank era claro. Nada de parafernalias. Puros números, de fácil digestión aun para los menos entendidos. Orgulloso, declaró que en 1955 hubo 6 mil 49 nacimientos, 2 mil 264 defunciones, 582 matrimonios y apenas 14 divorcios.

El colmo de la euforia llegó al día siguiente. El Sol publicó las felicitaciones de la ciudadanía. La Unión Campesina Proletaria, la Coca-Cola, la Mueblería Imperial, Vinos y Licores de José Ugarte, la Pepsi de José Fernández Caso, Aceites Refinados, la Relojería Cantú, Banamex, el Banco Agrícola, el Banco General de Michoacán y los Boliches Electromecánicos de Alejandro Zermeño se sumaron al jolgorio.

Hank tenía más en su informe. Motivado por los aplausos, puntualizó que había 378 extranjeros viviendo en Toluca, que el Censo Municipal de Electores arrojó 33 mil 813 electores, 18 mil 168 hombres y 15 mil 645 mujeres y que el colector Xicoténcatl, en el río Verdiguel, estaba construido.

Siguieron las flores para los policías. Diez mil 436 remisiones, 6 mil 397 sancionadas y multas por 123 mil pesos florecieron los laures de los tamarindos. Hank no obvió nada. Quiso ser transparente, futurista y aceptó la limpia en la corporación. Las 54 destituciones, las 66 bajas voluntarias, las 135 altas y los 152 arrestos mitigaron la gloria de los policías.

Hank perfilaba ya el espíritu empresarial que lo llevaría a la cúspide de la riqueza en México, pero quiso que Toluca supiera que ofreció al empresario Luis Gutiérrez Dosal el Servicio de Limpieza Municipal, que el pariente del mediano ex futbolista Juan Dosal rechazó elegantemente donando, incluso, una unidad para tales menesteres y comprometiéndose a conseguir otra entre sus acaudaladas amistades.

Luego vino el trago amargo. Hank, aunque nunca contrito, aceptó que otro grave problema de Toluca era el agua y el drenaje, pues había invertido 677 mil 512 pesos pero sólo obtuvo 162 mil 143 pesos. La gente no pagaba los impuestos. Días después Hank volvió a la carga. Había obtenido el perdón de una deuda en Agua por 2 millones 959 mil 834 pesos justamente del presidente de México, Adolfo López Mateos.

“Ofrecimos trabajar como en casa de cristal y así lo hemos hecho, manifestamos que el palacio municipal, que es la casa del pueblo, tendría sus puertas abiertas y los hemos cumplido así”, remataba el funcionario, con apenas 27 años de edad.

La fiebre por el germano informe pasó pronto. Hank no era noticia para semanas, menos para días. Cuarenta y ocho horas después algunas realidades asomaban entre rendijas. Los bomberos necesitaban 300 mil pesos para una necesaria renovación, a la que contribuyeron los apaga-fuegos del DF y un exangüe patronato. No había agua. No hubo gasolina por una semana. Una epidemia de tifo exantemático y casos de meningitis cercaron la ciudad, pero fueron silenciadas en Toluca por las autoridades.

“Solamente los “leidos” y “escrebidos” pueden interpretar correctamente un informe anual oficial leído desde lo alto de una tribuna”, apuntaba la columna sin firma de El Sol, llamada Papirotazos, aludiendo a los números del tianguistecano.

El escándalo por la escasez de gasolina no pudo taparse y antes del 4 de enero todos protestaban. Los despachadores no comprendían tal pobreza de combustible, pues el resto del país contaba con la gasolina. Sólo Toluca, a pesar de recibir desde Salamanca el producto, padecía las inclemencias del energético. Una vez más, el indeleble Hank presentó la solución. Habló directamente con el borrascoso Antonio Jáquez Bermúdez, director casi vitalicio de Pemex y el desabasto llegó a su fin pero no pudo hacer nada por el precio del agua y dejó que se disparara hasta 100 por ciento. Los contribuyentes que pagaron debieron apartar 22 pesotes para garantizar el servicio.

El informe de Hank tampoco incluía el millón de pesos que costaba embovedar el Verdiguel, una de las prioridades hasta la fecha, ni la construcción del monumento a los Niños Héroes, por 70 mil pesos, que incluían la contratación del prestigioso arquitecto Vicente Mendiola, proyectista de la fuente de la Diana Cazadora en el DF, del escultor Manuel Silva y del constructor Zenaido Flores.

Pronto se olvidó el accidente de los tres amigos, el partido del Toluca ante La Academia, la lesión de Joaquín Capilla. Hank superó incluso la muerte. Conjuró embrujos y peligros y preparó el futuro, que hasta hoy se cierne sobre la silla presidencial de México, con el Profesor reposando tranquilamente en el panteón municipal de Santiago Tianguistenco.

El silencio de mi padre

* Jorge Toribio, escritor “maldito” del Estado de México por tocar investigar temas relacionados con la familia Montiel Rojas y acreditar la existencia del Grupo Atlacomulco, tiene otra faceta. Entrevistador nato, ha recopilado las vivencias de pintores famosos como José Luis Cuevas y Luis Nishizawa. Este es un segundo fragmento, narrado precisamente por Nishizawa en primera persona, que forma parte de un libro inédito que Toribio preparó hace unos años, detenido por la entonces directora del Instituto Mexiquense de Cultura, Carolina Monroy.

 

Jorge Toribio

La relación con mi padre se dio sin palabras. Los japoneses no expresan sus sentimientos. Tuvo educación de Samurai, era parco en todo, sin embargo me quiso con intensidad. Fue una relación poco expresiva, diferente a la de los padres mexicanos, que son más extrovertidos. Yo veía a otros padres cargar a sus hijos, acariciarlos. Después entendí su manera de ser y lo respeté. Era inteligente, me comprendía. No hablaba bien el español, ni cuando fue adulto. De niño pensaba que debía hablar como él, claro, tomé conciencia y aprendí.

Mi padre, ya grande y enfermo acostumbraba pasear en el Jardín del Carmen del DF, donde hizo algunos amigos, gente pobre, como los boleros. Se arreglaba bien, tal vez porque sabía que iba a morir y se salía a distraer. Caminaba unas diez cuadras. Poco tiempo antes de su muerte, partí a Europa y al Oriente. Al estar en Japón le mandé una carta. Con orgullo se la enseñó a su amigo el bolero. Después de que mi padre murió, como al mes, el bolero fue a la casa para saludar a su amigo. Entonces nos empezó a platicar de su amistad. Me conmovió.

Mi padre tuvo cáncer intestinal. Cuando me fui el médico le dio de tres a cinco años de vida. Regresé y todavía le hicieron otra operación. En esa época estaba más atrasada la cura del cáncer. Estuve con él hasta su muerte. Me fui con la intención de regresar y platicarle cómo se encontraba su patria, incluso pensé llevarlo 15 días o un mes a Japón, pero no aceptó porque estaba cansado. Además me dijo: “quiero a Japón, pero ya no tengo amigos allá. Mi patria es México, la mayor parte de mi vida la he pasado aquí”. Mi padre creía que si en ese momento iba a Japón, sería un extranjero en su patria. Sucede con los japoneses ancianos que regresan.

 

No pude ser pianista

 

Cuando estudié música mi padre me apoyó. Con seguridad si hubiese tenido buen oído, habría sido músico porque podía componer de acuerdo a las reglas de armonía, del contrapunto…

Mi hermana entró a estudiar piano, eso influyó en mí para después aprender a tocar el teclado y más tarde composición. Llegó a ser mi maestro y amigo Rodolfo Halffter. Estudié música siendo joyero. Después me di cuenta que no era mi mundo, mi idea siempre fue la pintura.

Cuando decidí estudiar dibujo y pintura tuve el apoyo familiar, total. Hoy lo lamento porque tocaría el concierto de Rachmaninoff a las muchachas, por lo menos. Tengo 40 años sin mover los dedos.

Conocí a grandes músicos como Salvador Moreno, fue mi maestro. Era la época de los poetas, de Villaurrutia y de Pellicer. En la escuela tuve amigos y compañeros cultos y me contagiaron su entusiasmo. Por ellos leí poesía de Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado. Tuve un gran amigo, murió joven pero de haber vivido sería uno de los grandes compositores de México. Carlos Chávez lo quiso escuchar, pero a mi amigo le dio cáncer. Me pasé la juventud en la Sinfónica y en el teatro. Todas las sinfonías las conocíamos, íbamos a todos los conciertos. La vida musical de México corría en aquel entonces en la sinfónica de Carlos Chávez, en Bellas Artes. Uno iba los viernes y encontraba a los intelectuales. El concierto se repetía el domingo. Una vez, al final de un concierto, el bachiller Dueñas me envió una carta de reconocimiento por mi asidua asistencia. Era maravilloso ver a grandes músicos y compositores, como a Stravinsky. Hoy vienen pero de ese nivel no. Recuerdo también a Blas Galindo, joven indígena quien más tarde fue mi compañero en la Academia de Artes. Casi todos han muerto. Salvador Moreno está ciego y aparte de músico y compositor es pintor. Carlos Chávez lo quiso mucho. En una ocasión Chávez le permitió dirigir una obra de Mozart. Se fue a vestir, pero era demasiado delgado, el traje le quedó grande y se veía cómico al moverse. Después partió a Barcelona. Escribió dos estudios interesantes sobre los pintores Cordero y Pelegrín Clavé. Por él conocí al español Ramón Gaya.

 

Trabajé de joyero

 

Trabajé en la gran joyería “La Perla”, de las mejores del DF. Me pagaban 17.50 pesos a la semana. De mi sueldo apartaba dos semanas de trabajo para ayudar a pagar la renta de donde vivía con mis padres aunque me quedaba con el dinero de las otras dos semanas. Después decidí estudiar pintura e ingresar a la Academia de San Carlos. Le dije a mi familia y les dio gusto: “tú dedícate, no te preocupes por la renta”. Afortunadamente mi hermano, el más chico, empezó a ganar dinero porque era contador. Compramos la casa que rentábamos. Tuvimos cierto desahogo al no pagar renta.

 

El café de los “agachados”

 

Fui a los cafés de los “agachados”, siempre anduve “bruja”. Al Café París iban muchos poetas y pintores, pero como nosotros estábamos al margen por ser estudiantes, buscábamos lugares sencillos. A un costado de la Academia de San Carlos existió “El Chatanuga”, se llenaba de arquitectos, de muchachas de la escuela, pintores y modelos. Las modelos nos enseñaban a bailar, eran buenas bailadoras de tango, a pesar de ello nunca aprendí a moverme bien: “Ándale Nishi, siempre me han dicho así, vamos a bailar. Te vamos a enseñar”. Era nuestro “antro”. Otro al que iba se llamaba “El Cairo”, de café turco. Nos leían la suerte. Me dijeron que me ganaría la lotería pero nunca me la saqué. En ese entonces podía tomar diez tazas de café, hoy tomo dos express y me siento morir.

La otra cara de Leonardo Favio

* El nombre de Fuad Jorge Jury nada nos dice. Pero si ponemos Leonardo Favio, las telarañas del recuerdo serán removidas de inmediato y nos despejarán a un argentino que actuaba en películas más o menos inclasificables de los años 60 y 70. Fue cantante y actor secundario y con 70 años a cuestas, hoy es un reconocido cineasta, al menos en España, donde hace poco recibió un reconocimiento por su trayectoria de manos del Ministerio de Cultura. Una nueva película, Aniceto, es el pretexto para esta entrevista.

 

Aldo Rubio

– ¿Podemos considerar esto como tu regreso?

– Pues yo no me he ido, he estado haciendo, escribiendo dentro, dentro de mi religiosidad, de mi fe, de mi estilo, de mi persona, de quién soy, porque nunca niego lo que soy, no digo que sea un artista pero lo que hago quiero que se acerque al arte, soy un cineasta, porque hago cine, no niego lo que soy, el arte es sólo un pequeño divertimento un poco más sano que algunas profesiones, sólo pretender que nosotros o que algún oficio en particular se pueda acercar a Dios es demasiado; es como que una hormiga quisiera comparar su cerebro al de Einstein, en ningún momento yo planifico bajar línea a través de mi arte, porque tengo miedo de que se me escape la poesía, por eso seguí al menos con letras, al menos con música, en cambio. Sé que aquello que hace a mi manera de sentir y de pensar, aquello que está en mis genes, va a aflorar en algún momento determinado a través de la estética, que también va a aflorar la religiosidad, los símbolos, la forma de ver a la gente con el sentido solidario, con la reverencia a la fe de los demás hacia la Madre María, o con el respeto hacia el misterio que surge del estar involucrado con el cristianismo en profundidad, mucho misterio, amalgamando palabras es un misterio, lo lindo es sentir la seducción del continuo misterio porque cuando quieres aprisionar eso misterioso es cuando pierdes, es como el juego del malabar, del mago, cuando más miras menos ves, a eso misterioso es a lo que tienes que entregarte, porque te tienes que entregar. Es decir, es como si una gota inmersa en medio del océano, en el centro del océano, pretendiese comprender el océano. ¿Cómo hace la gota para concebir el océano? No puede. ¿Cómo hacemos nosotros para concebir a Dios? Eso es imposible.

– No eres para nada nuevo en España, pero sí para este festival Donosti…

– Es algo digno y me llega de manera especial escuchar la palabra “nuevo”, más para alguien de mi edad, es renovador acudir y recibir un reconocimiento por parte del ministerio español, más para mis películas, porque siempre hubo la censura de por medio y lo que más lleva esa etiqueta de censura es el miedo, porque no hay que tener miedo para ver o escuchar nada, no hay por qué tenerlo. Estuve por estas tierras allá en mi segunda juventud, después en mi primera madurez y ahora en la ancianidad. Estoy muy feliz de encontrarme acá con este nuevo hijo, espero que Dios me permita tener dos o tres más.

– En México no supimos de ti en mucho tiempo…

– No sólo en México, fue como guardarse, mi venia original era hacer cine pero no podía porque era caro, me parecía demasiado alto y tuve que hacer mi música para poder solventar mi otro deseo, me dediqué y México me vio muchas veces, canté mucho para ese país, muchas cosas. México fue encantador porque siempre siguió mi trabajo y decían que era un galante y un romántico, era bello, me daban títulos hermosos, me daban nombres, yo le doy y sigo dando mis bendiciones porque lo que mejor hicieron fue otorgarme bendiciones a mi canción, a mi vida, y eso le agradezco. Mírame, ahora estoy en otro país donde valoran lo que tal vez nunca se dieron la suerte de ver, que se prohibieron a sÍ mismos, es irónico lo que hace el paso del tiempo con la percepción de las personas, al menos ahora están abiertos.

– Se dice que le otorgaste calidad al cine argentino…

– No le otorgué, sólo hice algo que me nacía, darle letras a las palabras, imágenes que le era necesario, quise contar algunas historias, la verdad los tiempos han cambiado bastante. Ahora, gracias a lo que ha hecho el terror y el crecimiento de lo comercial, puede finalmente hacerse llegar el cine que supuestamente podría ser ofensivo o no era de urgencia ser visto.

– ¿Qué es el Aniceto que nos presentaste?

– Es una versión musical y más libre del romance del Aniceto y la Francisca. Antes retrataba la represión, algo autobiográfico, los colegios, las mujeres de Argentina, las instituciones. Ahora son temas distintos, ahora libre de esos demonios es más sencillo dirigir mi atención al amor a la desdicha, pero jugando con la nueva luz del color. Para mí fue experimentar con mi pasado y hacer algo más hacia futuro, no lo sé, pienso hacer al menos otras tres o cuatro películas más, tengo la energía, el tiempo me permitió escribir más historias de las que pude vivir.

– ¿Qué representa para ti México?

– Mi casa, me acogió en el 76, tengo demasiado amor para mi segunda casita porque la primera tenía un velo negro que no murió, sólo tuvo esa etapa horrible, esa maldita dictadura, pero viví en este hermoso país de religiosidad pura.

– ¿Tuviste algún tipo de escuela para tu cine?

– Torres Nillson fue mi maestro, me enseñó algo muy importante, el no tenerle miedo a la irreverencia e hice uso de la irreverencia, ya te imaginarás, muchos se escandalizaron y se agarraron la cabeza. “Vos sos un loco”, me decían; “vaya novedad”, pensaba yo. No se trata de lo irreverente por lo irreverente mismo, aquí de lo que se trata es de usar todos los elementos posibles para obtener el objetivo buscado, todo es válido para obtener el objetivo de la emoción, de la alegría, para cumplir con la meta de un narrador de cuentos, el cineasta es eso, un narrador de cuentos. Cuando estaba viviendo en México, en un pueblito que era muy pequeñito en esa época, les contaba cuentos a mis sobrinos. En el momento de relatar el cuento agarraba una vela y me la iba acercando a la cara, después la iba bajando hasta que, finalmente, la luz me iluminaba desde abajo y todo eso les daba mucho miedo. Pero todo eso era válido para darle fuerza al relato del cuento. Y, al fin de cuentas, todos somos como niños que jugamos a distintas cosas.

– ¿Qué representa este festival para ti?

– Representa un encuentro de profesionales, de gente que sabe de cine, que hace cine, de talentos, de profesionales, de estudiantes, el impacto de mi obra pasa como la fugacidad de un periódico, sirve para los estudiantes, para la gente que ama el cine pero no para modificar la historia. La historia no la modifican los artistas que hacen este tipo de arte como el mío; a la historia la modifican los artistas que hacen la política, no hay mayor obra de arte que la de intentar la felicidad de tus iguales. 

– ¿Y el reconocimiento?

– Lo recibo dignamente, les agradezco a todos y al tiempo y a Dios, con un montón de premios y distinciones, todo eso es algo que sólo sirve para recibir el afecto de la gente, de un grupo de seres humanos que te quiso en un momento determinado, porque no va más allá de eso la trascendencia de tu trabajo, es digno, pero el mayor mérito es que te vean, lean o escuchen, ése es el premio más grande que seguirá aun cuando ya me haya muerto.

Retrato de familia

* De cómo un regidor perredista de Toluca acabó con el partido.

 

Antonio Benítez

No pidan opinión a los regidores del PRI en el cabildo de Toluca sobre su compañero Jorge Vázquez Libién, del PRD. En público se limitan a sonreír con sorna y mirarlo con cierto desdén, pero en privado lo menos que hacen es recordarle el diez de mayo.

 

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Le reprochan que nunca haya cumplido su palabra de votar en contra algunas de las iniciativas del presidente Juan Rodolfo Sánchez. Aunque en ciertos cabildeos habían conseguido su promesa de votar junto con ellos, incluso si eso implicara rechazar a los del PAN, a la hora justa siempre se ha echado para atrás y aprobado las propuestas del PAN.

De traicionero no lo bajan, si bien admiten que se vende muy bien.

 

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Una rápida revisión de sus participaciones en cabildo para este espacio deja ver que, en efecto, nunca ha votado en contra del blanquiazul. Tampoco ha tomado la palabra para cuestionar al presidente o alguno de sus regidores. Jamás ha solicitado se vuelva a estudiar algún asunto o se posponga su calificación. Y menos ha llevado temas de relevancia a esta instancia edilicia. Siempre, invariablemente, vota a favor de lo que el panismo quiere.

 

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Por si no bastara, jamás convocó a una reunión de la Comisión que presidió, la de Seguimiento al problema del Mercado Juárez, que se suponía debería fijar la agenda y dirección para resolver la situación generada con el desalojo de la zona ordenado por Juanro. ¿O habrá sido el gober precioso?

 

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Podríamos explicarnos semejante actuación más próxima al panismo que al perredismo, recordando parte de su perfil y trayectoria. 

 

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Él mismo asegura que pertenece a la tribu denominada UGOCEM, o Unión General de Obreros y Campesinos del Estado de México, para los no iniciados. Claro que ni él ni la mentada organización tienen que ver con obreros y campesinos aunque, eso sí, se dice su principal dirigente en el valle de Toluca.

 

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Esta corriente nutre a la poderosa Nueva Izquierda que lidera el Chucho mayor, el mismísimo Jesús Ortega, hoy dirigente formal y nacional del PRD. En la entidad fue creada por Valentín González Bautista, primer presidente perredista de Nezahualcóyotl como una agrupación fantasma que le diera cierto respaldo y margen de maniobra ante los grupos organizados de la ‘izquierda social’ del oriente de la entidad, que para entonces ya proyectaba a los hermanos Bautista López como los grandes caciques que hoy son. De la mano de su hermano Gildardo, extendió su influencia por diversas zonas del Estado, incluida Toluca.

 

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Aquí se supone que la fundó precisamente Vázquez Libién, amparado en la estrecha relación que sostuvo con José Luis Jaime Correa, el principal beneficiario, junto con su familia, de la franquicia perredista en la capital mexiquense. Quienes conocen de cerca la historia cuentan que el regidor, abogado de profesión, representó legalmente al citado Correa, allá por los años noventa, en un litigio legal contra un yerno, quien lo demandó por agresiones físicas. Resulta que el yerno golpeaba a la hija de José Luis Jaime y Rocío Merlos, provocando que Correa ajustara cuentas con aquél a golpes. De la demanda salió bien librado, empezando así una exitosa relación con su defensor quien, bonachón como es, no tenía empacho en cargarle el portafolios. Creyéndolo de su círculo y todas las confianzas, Jaime Correa empezó a promoverlo en diferentes espacios del partido en Toluca, llegando así a convertirlo incluso en su presidente a principios de esta década.  Como suele suceder con algunos canes, terminó mordiendo la mano que le dio de comer, rompiendo con él y conformado su propio grupo, la citada UGOCEM.

 

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Hoy se da por hecho que es cabeza de una de las principales tres corrientes del perredismo en Toluca. Las otras dos las dirigen, de un lado, su ex “brother” José Luis Jaime, y del otro Domitilo Posadas, diputado local y aspirante a la candidatura del partido a la presidencia de la capital. Entre ambos han conseguido acotar la presencia de Correa en la capital y dejarlo casi sin representantes en el comité ejecutivo municipal como en el estatal del partido. A su alianza con Posadas Hernández debe la regiduría que hoy ostenta, y la presidencia del partido en la ciudad en manos de uno de sus propios alfiles.

 

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Durante la elección presidencial del 2006 fue un furibundo obradorista; hoy es un furibundo anti-obradorista. Ni decir que siendo de Nueva Izquierda, no hace olas que lo lleven a perder sus espacios y privilegios. De la mano de Posadas Hernández pretende una candidatura a diputado plurinominal en 2009. No es tonto, sabe que de ir por el voto directo no tendría una sola posibilidad de ganar, como ya lo comprobó en 2006, cuando mandó al matadero a su hermano Miguel Natalio y a Evangelina Lara, quienes ‘compitieron’ por una diputación y la presidencia municipal de Toluca respectivamente.

 

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Ambos recibieron menos votos que el número de presuntos militantes del PRD toluqueño oficialmente registrados, Lo que no debería sorprender. Se sabe que durante su gestión como presidente del PRD toluqueño infló el padrón de militantes para recibir así mayores recursos del Comité Ejecutivo Nacional. Al doble por lo menos, según nos enteramos. De acuerdo con el padrón más reciente de afiliados en la capital, el sol azteca contaría con un superejército de 40 mil militantes. La pura verdad es que por el PRD no votan más allá de 30 mil ciudadanos en promedio, contra los más de 100 mil que lo hacen por el PAN o los 80 mil que lo hacen por el PRI. La más penosa verdad es que no cuenta con más de cinco mil leales.

El Barco Ebrio

Un análisis realizado por medios independientes internacionales como www.rebelion.org demuestra que la muerte del secretario federal de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, no fue casualidad. Y propone un escenario donde el gobernador del Estado de México, Enrique Peña, alcanza la soñada presidencia de México para el Grupo Atlacomulco.

 

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Este análisis involucra a los grandes poderes mediáticos del país, Televisa y TV Azteca como los hacedores del milagro. Para Enrique Peña sería la silla presidencial, ante la desunión que priva en el PAN, al que se divide en tres grandes grupos de poder: “el “neopanismo moderno” de Calderón, con su estilo Mouriño; la extrema derecha tradicional, de Espino, el Yunque, con el auxilio de los Fox; y el PAN concertacesionador, más bien PRI-AN, del Jefe Diego Fernández de Cevallos y Antonio Lozano Gracia”.

 

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El análisis va más allá y propone lo que para muchos es ya evidente. También hay tres grupos de poder en el PRI, “que intentan ser dos o uno: el de Peña Nieto y los restos del Grupo Atlacomulco; el formado por Beltrones y Salinas, que escenificó su “reaparición”, aunque nunca se fue ni cuando residía en Dublín, visitando en Coahuila al gobernador Moreira; y el grupo en torno a Beatriz Paredes, que en 2009 puede tener la mayoría de legisladores priistas”.

 

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Rebelión destaca que todo está negociado. Peña ocupará la presidencia de México, pero no descarta que pueda surgir otro personaje con menos cola que le pisen, pero coincide en que, sea quien sea, tendrá el respaldo de las televisoras, que cobijarán a este personaje con una historia rosa, fabricada ex profeso para llamar la atención. El noviazgo de Peña con “La Gaviota” es un indicativo para Rebelión, que no duda que se montará “un cuento de hadas, una telenovela”.

 

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A pesar de ello y de la gran ventaja que Peña ha obtenido hasta hoy en los círculos mediáticos, no descarta que Beatriz Paredes irrumpa faltando poco para elegir candidato y arrase con los sueños del gobernador mexiquense.

 

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En el camino de Peña se formulan varios “peros”. El primero, y más evidente, es la relación de parentesco que tiene con el ex gobernador Arturo Montiel Rojas, quien ya sufrió en carne propia una guerra contra las fuerzas priistas. Está también la muerte de su esposa, Mónica Pretelini, en circunstancias poco claras pero que el gobierno sorteó con gran habilidad. La represión en San Salvador Atenco se suma al expediente del joven gobernador, caso silenciado pero no olvidado y la aparente frivolidad con la que Peña maneja su vida privada, a todas luces, demasiado pública.

 

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Pero el mayor escollo lo representa el narco en el Estado de México. En este asunto, las aguas están tan revueltas que alcanzan a personajes en activo de la política mexiquense, como en Huixquilucan, donde los policías municipales acusan de manera directa al alcalde priista Adrián Fuentes de ser el principal organizador de las rutas de distribución, venta y protección en aquel desigual municipio. “Todos saben que el jefe es el alcalde”, dijeron los policías a este semanario.

 

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Las cosas no paran allí. Los mismos policías aseguran que Adrián Fuentes “recibe órdenes de arriba, desde Toluca”. Y callan cuando el nombre de Peña se pronuncia.

 

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Para las grandes editoriales de habla hispana el caso de Peña y el Estado de México no pasa desapercibido. Prácticamente todas han iniciado investigaciones que derivarán en sendos libros sobre el tema, y que saldrán a mediados del año próximo. Ya tomaron providencias para que no les pase con el caso de Mouriño, quien muerto, dejó en imprenta algunos libros, oficiales o no, pues ya nadie los consumirá, a menos de que aclaren la muerte del ex secretario.

 

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Por cierto, en el caso de Mouriño, fue su padre quien trianguló las contrataciones de los pilotos que comandaban la accidentada aeronave. Uno de ellos había sido piloto de Elba Esther Gordillo, por lo que gozaba de amplia reputación en lo que al vuelo de naves se refiere.

 

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La última encuesta sobre los presidenciables muestra al gobernador en el primer lugar. Allí, el del Edomex recibió el apoyo del 48 por ciento de los encuestados, por arriba del perredista Ebrard y del panista Creel, pero también superando a Beatriz Paredes y a Manlio Fabio Beltrones, padre político del alcalde  Huixquilucan, Adrián Fuentes. En las elecciones pasadas, cuando Peña derrotó al panista Rubén Mendoza, tenía 20 puntos de desventaja, por lo que debe conocer los panoramas de ser el primero a años de los comicios.

 

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El cártel de narcotraficantes La Familia opera en Toluca. Da protección, incluso, a servidores públicos en la Procuraduría estatal, para bien o para mal, como lo cuentan los mismos empleados de la dependencia. Su avance es imparable, aseguran, y pronto serán el grupo dominante en la entidad.

 

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El investigador y escritor Jorge Toribio, autor del libro El Grupo Atlacomulco: Revelaciones, presentará su trabajo ante la Cámara de Diputados federal el próximo 6 de febrero. Con invitados de lujo, a las seis de la tarde expondrá la tesis que su trabajo maneja: la existencia de aquel grupo desde hace décadas.