Aguinaldos

* El salario mínimo es milagroso. Deberá estirarse si un albañil aspira a cenar no sólo en Navidad. Deberá considerar que un oficial de la cuchara gana 76 pesos en 24 horas, cuando hay trabajo. Quienes calculan el salario mínimo saben que un cajero de máquina registradora tiene derecho a 67 pesos diarios, que un chofer de carga puede exigir 78 pesos todos los días del año, que un despachador de gasolina se lleva a su casa diariamente 67 pesos, que un plomero puede cobrar 73 pesos, que los maltratados pero ignorantes reporteros tienen derecho a 157 pesos cada vez que abandonan sus redacciones, luego de 18 horas de trabajo, que un trabajador social puede tener 86 pesos y que un velador no aspirará a ganar más de 67 pesos.

 

Miguel Alvarado

Se acerca Navidad. Aunque la mitad de la población en el Estado de México es clasificada como “pobre”, las tiendas comerciales no pierden la capacidad de atracción. Pero pocos compran. Las familias se asoman a los escaparates sólo para ver y hacen cálculos para enero, cuando se cree que los artículos bajan de precio. Casi todos entran a las tiendas, adornadas desde principios de noviembre y se enteran de ofertas y promociones, que endeudarán al comprador durante meses. Los bancos ofertan tarjetas de crédito y préstamos. Tienen viajes y atractivas cuentas que a muchos deslumbran, pero que a pocos atrapa.

Los últimos aumentos a productos de primera necesidad y gasolina ya se resienten a nivel familia. El aumento al salario mínimo llegará con el año, pero será como tantos otros. Apenas alcanzará la suma del anterior. La euforia por el futbol y el Toluca instalado en semifinales no es suficiente para paliar lo urgente. La figura del hombre-récord, Hernán Cristante, ha sido rebasada por la realidad y ni siquiera la Perra Brava, inmortalizada en una película más de los dueños del cine mexicano, Gael García y Diego Luna, supondrá el alivio. Lejos, a cinco mil kilómetros, el primer presidente negro de Estados Unidos se prepara para asumir el cargo que lo ubicará como el más poderoso del mundo. Supone integración y atención para las minorías, pero en Toluca, a 2 mil 672 metros sobre el nivel del mar, la lejanía tiene el efecto del propio olvido. Aquí nadie será integrado pero todos sabrán del romance entre el gobernador Enrique Peña y una actriz de Televisa, Angélica Rivera, que dará planas para las revistas rosas y el chisme de baratilla durante los próximos meses. La muerte de Mouriño, primera plana por una semana en los medios de todo el país, se diluye con la llegada de los Reyes Magos y el Teletón, un engaño más del imperio de los Azcárraga para no pagar sus impuestos. Hacienda, sin embargo, no perdona a los pequeños contribuyentes, a los comerciantes en pequeño y los perseguirá como delincuentes hasta que logre arrebatarles lo que por ley no es de ellos. La ley no significa justicia, ni siquiera igualdad. La libertad tiene un precio y habrá que pagarlo. Ya no valen las revueltas de cartón ni las imágenes neozapatistas. El salario mínimo es milagroso. Deberá estirarse si un albañil aspira a cenar no sólo en Navidad. Deberá considerar que un oficial de la cuchara gana 76 pesos en 24 horas, cuando hay trabajo. Quienes calculan el salario mínimo saben que un cajero de máquina registradora tiene derecho a 67 pesos diarios, que un chofer de carga puede exigir 78 pesos todos los días del año, que un despachador de gasolina se lleva a su casa diariamente 67 pesos, que un plomero puede cobrar 73 pesos, que los maltratados pero ignorantes reporteros tienen derecho a 157 pesos cada vez que abandonan sus redacciones, luego de 18 horas de trabajo, que un trabajador social puede tener 86 pesos y que un velador no aspirará a ganar más de 67 pesos.

Las calles representan el esquema mental del ciudadano. Hay histerias contenidas, no se encuentran las salidas. Más de cinco horas detenidos en un mismo punto, policías incapaces de resolver los elementales derechos de vía. Los santacloses plásticos en las tiendas, saludando a fuerza de aire caliente.

En 2008, desde enero 84 profesiones y oficios recibieron un aumento, pulverizado a los pocos días por las primeras embestidas de la nueva crisis. El 4 por ciento que el Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos acordó fue una simulación más. No hay dinero para los trabajadores, no hay opciones. O las hay pocas. Una de ellas es el servicio público, convertirse en diputado, hacer carrera en la administración pública. Otra opción es integrar las filas del narco. Dinero inmediato, casi mágico a costa de vidas y tragedias. Estados Unidos es otro espejismo.

El Estado de México, con 15 millones de habitantes y el plato electoral más apetecible para los comicios presidenciales, está ubicado en el área geográfica C, donde se ganan 50 pesos diarios. Lo acompañan en su suerte los estados de Aguascalientes, Campeche, Coahuila, Colima, Chiapas, Durango, Guanajuato, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Nayarit, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Tabasco, Tlaxcala, Yucatán y Zacatecas; así como en municipios específicos de los estados de Chihuahua, Guerrero, Jalisco, Estado de México, Nuevo León, Sonora, Tamaulipas y Veracruz.
Las tiendas departamentales son guettos para ricos desde hace años, pero hoy se nota mucho más la separación social, el abismo adquisitivo. Las tienditas de la esquina lo saben, pero no pueden competir con los aumentos que a ellos mismos les aplica. Tres piezas de pan, un kilo de huevo, un paquete de tortillas de harina, un litro de leche, un jugo embotellado de Jumex, una cajetilla de cigarros rebasan en conjunto los 140 pesos.

Otros tienen mejor suerte. No son iluminados ni más sabios. Tampoco más guapos, altos o fuertes. No cuentan con estudios especializados ni buena ortografía ni letra legible y leen poco. Carecen de la elemental cultura general pero viajan, toman decisiones, usan lujosos celulares y tienen choferes a cualquier hora del día. Gastan trajes y zapatos de lujo. Acaparan espacios en diarios, televisión y radio con inserciones pagadas y ejecutan su voluntad en la administración del dinero público. No todos son así. Otros están peor. Ellos, los alcaldes de los municipios del Edomex, buscan perpetuar su nivel de vida. La mayoría seguirá en otros cargos, tan remunerables como el que ocupan ahora y se quejarán de todo, salvo de sus salarios.

Los panistas, por ejemplo, propusieron 118 mil pesos mensuales para el alcalde de Naucalpan, Toluca y Tlalnepantla y 51 mil pesos para Zinacantepec. Los ejemplos son 125, pero no se da cuenta de bonos especiales, de cajas chicas, de los extras con los que son compensados. Ellos no protestan. La canasta básica no es para ellos.

Otros que tampoco protestan son los diputados. Setenta y cinco de ellos sirven a sus distritos por tres años. Al menos eso dicen. Y si trabajan mucho, deben cobrar una compensación justa. En 2007 se repartieron más de 9 millones de pesos, repartidos en 40 días por aguinaldo, con 100 mil pesos cada uno; una prima vacacional por 25 mil pesos equivalente a 10 días de trabajo y un salario fijo, llamado dieta mensual, por 75 mil pesos mensuales. Además, un bono trimestral alivió preocupaciones y arrojó la cantidad de 300 mil pesos por cada legislador para aquel fin de año.

La Ley Federal del Trabajo los protege, a ellos sí, pues advierte en su artículo 87 establece que los trabajadores tienen derecho a un aguinaldo equivalente a 15 días de salario base y debe ser entregado antes del 20 de diciembre.

Hace un año, ellos ganaban 74 mil pesos 978 pesos, de los cuales 50 mil 625 iban a Atención Legislativa 16 mil 920 para Atención Ciudadana, además de 10 mil pesos en vales de gasolina y 8 mil para pagar los celulares.

Para el 2008 la partida para el pago de aguinaldos, sueldos y bonos de fin de año es de 15 millones 750 mil pesos, lo primero que se programa en los presupuestos recibidos. Para el 2008, la Cámara local manejó mil 104 millones de pesos.

La partida dice que, sólo en aguinaldos, cada uno de los diputados recibirá 42 mil pesos, pero en total el Congreso pagará 3 millones 150 mil pesos.

El bono de fin de año que recibirán los representantes populares será de 100 mil pesos cada uno, un total de 750 mil pesos en forma global, además del salario, 75 mil 491 pesos para cada ocupante de las curules, aunque en total el pago es de 5 millones 250 mil pesos.