La rebelión de los locatarios

* La sonrisa de Hank no se borraba ni siquiera para ir a dormir, en el ensayo previo al enfrentamiento con su Cabildo y los problemas cotidianos. Pero este gesto de oreja a oreja no le alcanzó para enfrentar la furia de más de mil locatarios que, de la noche a la mañana, fueron obligados a pagar 100 por ciento más por derecho de piso en los mercados 16 de Septiembre e Hidalgo si querían trabajar.

 

Miguel Alvarado

Eran días aciagos y fríos. Las temperaturas alcanzaban hasta 8 grados bajo cero según los reportes de la época porque azotaba al país una de las ondas gélidas más fuertes de aquellos tiempos. El 6 de enero de 1956 despertó a Toluca con el anuncio de que un nuevo negocio aprovechaba las ventajas de un creciente alcoholismo, disfrazado de buen gusto. Lo Reyes Magos llegaban puntuales en forma de botellas y bajo el auspicio de las grandes marcas del momento. Nadie quiso quedarse atrás en aquella celebración, que marcaba el inicio de las grandes inversiones en la ciudad y que convocaba a las personalidades más pujantes. Vinos y Licores de Toluca, bajo la dirección de José Ugarte, impactaba en el centro de la ciudad y su búnker estaba enclavado en las calles de Morelos y Juárez. El diario local El Sol de Toluca publicaba en primera plana el acontecimiento social del año y las felicitaciones no fueron escatimadas.

Allí estaban, cortando el simbólico listón, el gobernador Salvador Sánchez Colín, el obispo-empresario Arturo Vélez Martínez quien sabedor de la importancia de salir en la foto, buscaba el apoyo de los hombres del dinero para proseguir con la construcción de la Catedral de la ciudad, que derivaría luego en un enorme fraude cercano al millón de pesos y que terminaría con los sueños de grandeza del jerarca católico. Otro gobernador, Alfredo del Mazo Vélez, rescataría a su pariente obispo de la ignominia y pagaría la deuda, pero no pudo detener el escándalo de unas rifas amañadas donde los ganadores nunca tuvieron su premio. Pero era enero y todavía no pasaba nada.

Más allá de los Vinos y Licores de Toluca, el mundo asistía mudo a las explosiones atómicas que los Estados Unidos realizaron, primero en el atolón Bikini, el uno de marzo de 1954 y luego la mayor, también explotada en el Pacífico, con una fuerza equivalente a 50 millones de toneladas de TNT. Eran los comienzos de una Guerra Fría que duraría décadas y que terminaría con la desaparición de la Unión Soviética y la unificación de las alemanias.

Ajenos a ello, los estadistas se divertían y sacaban provecho de una publicidad gratuita que los ubicaba como impulsores de la ciudad y su comercio. Allí, en el local atestado de botellas y de “guapas damitas de la alta sociedad”, se daban cita Malaquías Huitrón, miembro del antiguo Grupo Atlacomulco, que departía alegre con los hermanos Mawaad y sus familias; estaban allí, sonrientes y trajeados, Cristino Lorenzo, un famoso cronista deportivo de la época, que miraba de lejos al joven Carlos Hank González, presidente municipal de Toluca, al profesor Rodolfo Soto, famoso en el siglo XXI porque una calle lleva su nombre aunque nunca nadie sepa cuáles fueron sus merecimientos para nomenclaturarlo, y todos los miembros de aquel Club de Leones, plagado de empresarios y políticos de poca monta que luego escalaron el Everest de las circunstancias. Hank asistió emperifollado como siempre, y con la misma sonrisa que decantó a amigos y rivales años después. Aprendía allí el arte de la seducción, la importancia del porte, lo necesario de la vaselina. El espectáculo prosiguió luego con un brindis en honor al regenteador del establecimiento y las copas de cristal cortado relucieron en las tomas presentadas al sediento pueblo. Sentados, el gobernador Sánchez y Ugarte, parecía arreglar el mundo saboreando las burbujas de sus anhelos, junto a los máximos productores licoreros, quines no escatimaron en felicitar y respaldar una cantina de categoría disfrazada de buen comercio.

En El Sol de Toluca trabajaron horas extras para darle forma a una edición singular, que pagaría deudas y pendientes en la organización de los García Valseca. Allí se leyeron las congratulaciones del Ron Potero, del brandy Fundador, del carísimo Martell, del desaparecido Bonampak, del inimitable Cinzano, del inmortal Cetto, de la Viuda Alegre, del fallecido Evaristo I, del populachero Bacardí y del vino Santa María. La corte de Baco atestiguaba en Toluca el inicio de una bacanal económica, una borrachera de divisas.

Acabado el acto, alegres todos y chispeante el ánimo, se dispusieron a seguir con la vida. La sonrisa de Hank no se borraba ni siquiera para ir a dormir, en el ensayo previo al enfrentamiento con su Cabildo y los problemas cotidianos. Pero este gesto de oreja a oreja no le alcanzó para enfrentar la furia de más de mil locatarios que, de la noche a la mañana, fueron obligados a pagar 100 por ciento más por derecho de piso en los mercados 16 de Septiembre e Hidalgo si querían trabajar.

Os comerciantes rumiaron la estrategia. No lo dieron a conocer pero enviaron propios al ayuntamiento para hacerle saber que cerraría los negocios durante 15 días y dejarían sin servicio a los hambrientos ciudadanos si no se reconsideraba el precio. “Nosotros no moriríamos de hambre si dejamos de vender cuando menos dos semanas”, decía el recado.

Hank se mantuvo en su trece durante unos días, pero al final, hábil como era con el pueblo, decidió una reunión con 100 de los inconformes para definir el futuro. El de él.

Con la mira puesta en la gubernatura, que llegaría hasta 1969, Hank no quiso ofender a nadie pero tampoco parecer débil. Alargó la reunión por más de tres horas y finalmente, tomando aire de ninguna parte, esbozando la sonrisa aquella, declaró a rajatabla: “perdón, nos equivocamos”.

El silencio que siguió a aquella frase fue sepulcral. A lo lejos se escuchaba al vocinglero del cine Coliseo anunciado en cartelera a Abel Salazar y Gloria Marín en El Coyote, competencia directa del Rex, que programaba Tú Eres mi Pasión, con Mario Lanza y La Venus del Carnaval, estelarizada por la hormonal Esther Williams.

El silencio duró lo justo, programado casi matemáticamente. Hank no perdió el aplomo. Sabio en el arte de aparentar, culpó entonces a sus administrativos y dijo que el ayuntamiento se conformaba con un aumento del 20 por ciento. Los locatarios pagaban 1.50 pesos por aquel piso percudido y cobraban 3 pesos las comidas corridas. Todo se resolvió en ese golpe de audacia, pero los rebeldes locatarios fueron aplacados, al menos de momento, porque ya gestaban una presión similar para que el agua no subiera tanto. La impunidad de la ley negociada quedaba como ejemplo para las generaciones venideras, que usarían el recurso a conveniencia.

Pasado el susto, Toluca sabría de la detención de uno de los enemigos públicos más peligrosos de los años 50. Amador Reséndiz Gómez estaba comiendo en un restorán de la ciudad cuando a su mesa llegaron varios agentes de la policía judicial. Sin mediar palabra, Reséndiz sacó su pistola y amenazó calladamente a los apresores, pero supo que estaba perdido cuando su compinche, Raúl Merino López, bajó su arma y dijo “me rindo”.

Reséndiz era famoso por gatilleros y matón, peor también porque era hermano de una de las leyendas de la ciudad, Agustina Reséndiz “La Negra”, famosa matrona y celestina que regenteó los primeros burdeles en la gélida Toluca. Al pequeño Negro, de apenas 27 años, los valientes policías le requisaron 5 radios, 3 relojes, 2 sarapes y una colcha robados en Acámbaro y Zitácuaro. Tan pobre riqueza resultó incomprensible cuando la ficha delictiva del hampón llegó desde la ciudad de México. Había probado la vida loca en las Islas Marías cuando eran reducto imposible y no el parque recreativo que disfrutan los presos de ahora en aquel mar. El joven delincuente estaba relacionado con el asesinato del senador Mauro Angulo y entre sus cartas de presentación encontraron las tarifas a la carta que cobraba por sus oficios: 20 mil pesos por asesinato.

Nada mejor para la ciudad que noticias como ésta porque ya nada le entretenía. Veía perderse el campeonato nacional de futbol, con un Toluca enjundioso pero superado por las máquinas atléticas del León, que campeonaba con 36 puntos; de El Oro, con 34 y del Atlante, Necaxa y Tampico, con 30, los mismos que los Diablos. La estación de radio XECH trasmitía en vio los encuentros del Ave Fénix, Manuel Camacho y del letal “Monito” Carús, quien alcanzaría 70 goles con la camiseta roja.

A Hank no le alcanzaba el tiempo para resolver sus problemas. Inauguraba el nuevo Parque Zaragoza, construido en tiempo récord por sus amigos rotarios y que entregaría a los niños junto con 2 toboganes, columpios, volantines y sube y bajas. Allí Hank defendería el aumento del 100 por ciento al agua y elogiaba las católicas ayudas del padre Ricardo de Jesús, de la iglesia de El Ranchito, a los niños pobres del Calvario. Años después en el mismo templo, otro padre, éste de apellido Crespo continuaba con esa tradición y a cambio era cosido a puñaladas por un grupo de chavales cansados de pagar los favores del párroco con su propia carne.

Toluca navegaba así por aquel 1956, mientras el boxeador José “Toluco” López recibía la paliza de su vida a manos del rabioso Américo Rivera y perdía el campeonato nacional gallo y un grupo de expertos abogados vendía pasaportes americanos en 650 pesos, con perdón incluido para los deportados mexiquenses.

El Barco Ebrio

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El gobernador Peña no ha resuelto ninguno de los problemas que aquejan al Edomex. Pero de esto no se preocupa, porque ninguno de los anteriores gobernadores resolvió nada. Pobreza, inseguridad, narcotráfico siguen campeando en el panorama.

 

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Tampoco ha resuelto sus muy particulares enredos, no siquiera los del corazón. Incluso compró algunos, que derivaron en una seria amenaza de muerte de parte del hombre más rico del mundo por una razón desconocida, peor que involucraba a una de las parientas de ese poderoso clan, el verdadero gobernante del país. Tal fue el enojo de ese hombre que el gobernador entró en pánico y se ha puesto blandito con todas las operaciones que realiza aquel empresario en el Estado de México, incluido el aeropuerto de Neza o la reactivación del proyecto en San Salvador Atenco.

 

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El rompimiento de Slim con las cúpulas empresariales afines al priismo no es casualidad. Usa a los contrarios, a las mafias que la supuesta izquierda mexiquense procreó para lograr sus objetivos y, de paso, darle una lección al frívolo gobernador y su grupo.

 

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Humberto Moreira, gobernador de Coahuila, se perfila como otro contendiente para las presidenciales y su gobierno prepara una campaña que incluye desprestigiar a Enrique Peña Nieto. Sabedor de las debilidades del de Atlacomulco, por allí enfocará sus baterías. Por lo pronto, paga a comentaristas de aquel estado para que lo comparen con el novio de La Gaviota y realcen las virtudes del norteño.

 

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Otro que critica en público al gobernador Peña es Andrés Manuel López Obrador, quien lo llama “producto chatarra” cada que tiene oportunidad, lo que genera la inevitable carcajada en los presentes. Eto se puede corroborar en la página de videos www.youtube.com, tecleando Enrique Peña. Allí están las imágenes y las palabras.

 

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Para el año que viene al gobernador se le verá prácticamente hasta en la sopa. Los cuadros que operan a su favor en otros estados tiene la orden de arreciar el posicionamiento de Peña rumbo a las elecciones. Para ello, cuentan con un millonario presupuesto salido no del PRI-Edomex, sino del palacio de gobierno, allá en la calle de Lerdo.

 

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La ciudad de Toluca ha crecido para todos lados. Esto no significa bonanza para la mayoría, sino para unos cuantos. Todos los proyectos empresariales y de construcción tienen una sola meta, y no considera a la clase trabajadora. Peor esto no es una novedad. Desde siempre ha sido así y así será por un largo rato más. En Toluca, los empresarios-gobernantes encontraron un nuevo espacio para explotar.

 

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Autopan es considerada la nueva Joya de la Corona para los hombres del dinero en el municipio. Allí se hizo la prueba, con el desalojo de tianguistas y su posterior reubicación en aquella periferia, para saber si la gente acudiría a una zona considerada como marginal, sumida en la pobreza. La gente acudió allí, no porque quisiera sino porque no le queda de otra.

 

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Aprobado aquel experimento se dio luz verde a un antiguo proyecto que aglutina centros comerciales, fraccionamientos para clasemedieros arruinados, desarrollo de áreas verdes y el traslado de la Bombonera, el viejo estadio del Toluca.

 

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El enorme terreno para la construcción de la nueva casa del Toluca ya fue adquirido por el club, a precio ínfimo. Nada más conocerse que los dueños del poderoso equipo cervecero construirían allí, posprecios de los terrenos se dispararon. Hace diez años el metro cuadrado costaba 10 pesos, pero nadie compraba debido a la lejanía a y los problemas con los ejidatarios. Luego, se cotizó en 100 pesos hasta que el futbol dictó otra cosa. Hoy, el metro cuadrado vale 527 pesos y sube todos los días.

 

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Incluso en Desarrollo Urbano municipal hay un plano que ya considera los nuevos espacios, la nueva Toluca. Aparece allí un bonito Walmart, pues finalmente el terreno del antiguo tianguis no pudo ser usado para la llamada “megatienda de los pobres”.

 

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La Bombonera será construida en Autopan, a la altura de las vías del tren, sobre la carretera Toluca-Atlacomulco. Las obras no han comenzado pero preparan los caminos pavimentándolos. Estas primeras obras han afectados a algunos de los dueños de los terrenos circundantes, pues sin mayores explicaciones tuvieron que ceder espacios para las flamantes calles.

 

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El gobernador Peña visitó al Toluca, antes del primer partido de la final del futbol, contra Cruz Azul. Pero fue sólo el pretexto para dialogar con los dueños y afinar detalle sobre el proyecto. La reunión fue en el DF y Valentín Díez Morodo el contentísimo anfitrión.

 

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El destino de la actual Bombonera se desconoce. Unos creen que será demolida para dar paso a un espectacular complejo deportivo, propiedad del Toluca. Otros, que será usado para entrenamientos y de cuneado en cuando como sede alterna, donde el Atlético Mexiquense encontrará sede definitiva.

 

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Una nueva investigación sobre San Salvador Atenco es preparado por una editorial trasnacional. Ha encargado a uno de los expertos en el tema, un periodista de Nuevo León que sigue paso a paso la historia de aquellos tlahuicas, que aclare los oscuros pasajes que ensombrecieron al país hace dos años.