Atenco: tres años

* Cristina Valls, observadora de Derechos Humanos, fue una de los 5 extranjeros deportados que estuvieron en el lugar de los hechos. Tres años después, un juez mexicano revocó la expulsión de estos personajes, por lo que la prohibición de volver a México fue cancelada. Valls, desde España, recuerda el día de su detención y expulsión. Hoy se cumplirán tres años de aquellos sucesos. Peña va en camino de la presidencia mexicana, con el caso Atenco semienterrado en el olvido oficial.

 

Miguel Alvarado

Ella estaba en México observando las giras del subcomandante Marcos, en abril del 2006. Lo había seguido por el país, junto con su pequeña comitiva, que visitaba poblados y municipios. Unos días antes le había tocado estar en Axapusco, una comunidad perdida del Estado de México, cercana a la zona de Santiago Tianguistenco. Allí todo había transcurrido con normalidad. No mucha gente había acudido a la reunión de Marcos, quien entró montado a caballo, custodiado por algunos campesinos y un extraño cuerpo de seguridad. Era una de las últimas paradas antes de dirigirse a la ciudad de México, desde donde se trasladaría al municipio de San Salvador Atenco. Allí los campesinos del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra habían sido catalogados como rebeldes y el gobierno estatal se refirió a ellos como “terroristas”. La versión del gobierno sostenía que Marcos acudiría allí para atestiguar la declaración de la autonomía de Atenco, que podría en riesgo la supuesta gobernabilidad del recién desempacado Ejecutivo mexiquense, Enrique Peña. Pero antes de que Marcos llegara al poblado, a un costado de Texcoco, un enfrentamiento entre el FPDT y la policía derivó en una de las masacres más recordadas del país. A la fecha, todavía permanecen 16 detenidos y ninguna de las autoridades ha sido declarada responsable de las vejaciones, ataques sexuales, dos asesinatos, 200 detenidos y deportaciones que ocurrieron luego de 4 de mayo del 2006.

Cristina Valls, observadora de Derechos Humanos, fue una de los 5 extranjeros deportados que estuvieron en el lugar de los hechos. Tres años después, un juez mexicano revocó la expulsión de estos personajes, por lo que la prohibición de volver a México fue cancelada. Valls, desde España, recuerda el día de su detención y expulsión. Hoy se cumplirán tres años de aquellos sucesos. Peña va en camino de la presidencia mexicana, con el caso Atenco semienterrado en el olvido oficial.

“Escuchamos desde la Plaza de las Tres Culturas del DF que se ha atacado el municipio de San Salvador Atenco. Lo escuchamos en la misma plaza en la que, hace 37 años, el gobierno mandó matar a miles de “otros” estudiantes. Se nos informa de asesinatos y brutalidad a manos de fuerzas federales. Se invita al apoyo moral y resistente con el pueblo de Atenco.

Salvador Atenco. Hay miedo y fuerza en la noche de Atenco. Preparados y conscientes de que la policía puede aparecer en cualquier momento.

…Las palabras de una señora local con la que hablo en la noche. “que truene esto ya, que pase lo que pase, que truene ya… no están anulando día tras día… cuando hay para comer no hay para cenar… nunca junto dinero para visitar a mi familia… no puedo dar de comer, no paro de trabajar, y encima nos hacen esto”.

Se montan barricadas de vigilancia. Un@s esperan, otr@s se duermen esperando.

Se avientan cohetes desde la primera barricada, resuenan las campanas, la policía ha llegado… pero no entran solamente por una calle, ni vienen 100 ni 200, ni vienen solamente por tierra… ninguna calle de salida muestra fin de uniformes, caen los primeros gases lacrimógenos, alguien se acerca con pañuelos mojados en vinagre, caen los primeros ataques de fuego, empiezan los pies a correr.

Rodeo una frente como puedo, con un pañuelo que encuentro. Se la rodeo a un compañero que tiene una profunda herida en la cara.

Huele a masacre, no hay donde llegar, nos vigilan desde arriba, nos vienen a matar por detrás. Nos escondemos en casas de familias que nos abren sus puertas.

Un compañero de escondite me pide que le cosa el brazo, tiene un buen trozo abierto… aparece la señora de la casa, dispuesta a hacerlo. Permanecemos más de una hora viendo, en el directo de la tv, lo que está pasando a unos metros… Golpes y gritos en la puerta… esperamos a alguien?… o es que alguien está en problemas ahí afuera.

Aporrean la puerta de la casa. Entran sin invitación.

Efectivamente, alguien tiene problemas ahí afuera, la PFP. ¿enajenación mental? No, güey, la gente que vive en las cárceles, loqueros, no son así… ¿es que estarán los que han de estar fuera, dentro y los que han de estar dentro, fuera?, da igual, será que no domino el tema; a saber, lo mismo están totalmente cuerdos y lo tienen todo bien pensado… ¿cómo se le llama a eso?

Al suelo, boca abajo, manos atadas, a la espalda. Porrazos y patadas. “¡Levanta la cara y mira a la cámara!, ¡di tu nombre! Paso siguiente, cara tapada, de rodillas y frente golpeada en la pared.

Ni subas la mirada que viene otro porrazo. Y di tu nombre otra vez. Tu nacionalidad, qué mierdas haces aquí. Más golpes. Otro paso, salida a la calle. Tirados en el suelo, cabeza al suelo.

“¡Mírate los huevos, así cabrón!” le gritaba un policía a un compañero. Porrazos por ser extranjera, aunque daba igual el motivo, siempre había alguno. Alguien dice de separar a las españolas. ¿Por qué lo propondría? ¿Es que no podíamos ver algo? Fue tal su locura que no cumplieron la propuesta.

Subida al camión. A patadas y a porrazos. Al suelo y más golpes.  Cambio de camión.

Cabezas tapadas, miradas al suelo y cortinas cerradas. Todos aventados al suelo. El exterior no ve nada. Tirada a suelo, bocabajo, con la sangre del piso tocándome la boca, asfixiada, con 6 personas encima. Asfixiad@s, abusad@s sexualmente, aporread@s, patead@s, obligad@s a hacer y decir, violad@s…

Nos roban todas las pertenencias que llevamos encima.

Preguntándonos los nombres constantemente, pegándonos cada vez que nos preguntan. Pasando lista constantemente, pegándonos cada vez que no gritamos lo que quieren. 38 presentes torturados. Cambio de postura. Un@s tirados encima de otr@s en los asientos traseros. Los demás arrodillados al suelo, con la frente pegada al asiento. Y otr@s a manos de los policías…

Cualquier movimiento contestado con golpes, cualquier movimiento después de 3 horas de postura fija. Gritos pidiendo compasión, gritos de dolor, voces de asfixia. Manos buscándose, convenciéndonos de no estar solos. Transmitiendo fuerza, rabia y unidad pese a no saber ni a quién estás tocando. Da igual, somos un@. Porrazos, patadas, insultos, abusos sexuales, violaciones, vejaciones, humillaciones, capuchas y oscuridad… no me sale, ¿cómo se le llama a eso?

La tortura no ha venido corriendo, venía en camión.

Mira a la cámara. Di tu nombre. Nacionalidad. Qué coño haces aquí. Nos sientan al fondo de una gran sala, del comedor. Miradas clavadas, manos enlazadas, palabras de fuerza, nadie está sol@.

Se hacen dos grupos. Hombres y mujeres. Miro las caras de las chicas. Todas han sido objeto de abusos sexuales. Todas tienen fuerza de decirlo. Las palabras son de rabia. Hay tiempo para sonrisas, algunas queremos darle tono.

Miro las caras de las señoras. Una ha sido violada. Otra tiene la cara ensangrentada. Miro las caras de los chicos y señores… se han ensañado pegándoles. Todos están ensangrentados. Tod@s tenemos las cabezas golpeadas. La gran mayoría con heridas abiertas.

Llega otro camión, mismas caras, misma sangre, misma fuerza. Vamos por grupos a la revisión médica. Revisión fría. Palabras más que secas con gente que llega de una tortura. Ningún interés mostrado por parte del personal médico. Ninguno enseña lo escrito. Nos entregan la comida. Una sopa fría y unos huevos. Ya son tres grupos. Mexicanos, mexicanas y extranjer@s.

L@s extranjer@s reciben al director. No se hace responsable de lo que ha pasado antes de llegar, pero desde este momento se les va a tratar bien. L@s extranjer@s reciben tabaco. Nos toman declaraciones. Dos abogados de oficio. Uno dice que no declares, otra dice que declares. Uno dice que mínimo un año en la prisión, otra dice que nos dejarán en la calle.

Se comparten los cigarr@s que hay entre los compañer@s. Intentamos acercarnos unos a otros, pero enseguida se nos va a buscar para dejarnos en nuestro sitio. De tanto decir ahora te dejamos llamar, llegó la noche y algun@s seguíamos sin poder hacerlo. Intentamos enterarnos lo que está pasando fuera… toda información es falsa, especulaciones incesantes. Se toman huellas dactilares y fotografías de frente y de perfil, sosteniendo un papel con el nombre completo. Tenemos sueño, cansancio. Algun@s nos estiramos en los bancos, pero la noche es fría y no hay con qué cubrirse.

L@s extranjer@s se niegan a las huellas y a la foto si no se sabe de acusaciones. L@s extranjer@s se fotografían y dan huellas, si no, no se sale de prisión.  El director nos explica que l@s extranjeros quedamos libres en la noche. Nosotr@s ilus@s pensando en que no tenemos nada de dinero para estar fuera… “no se preocupen, nosotros lo arreglamos”. En todo momento nos preguntan por el trato, si estamos bien… pero solamente a l@s extranjer@s. Y han sido largas para todo por todo el día, y han sido mentiras constantes todo el día. Las 2 de la madrugada.

L@s mexican@s se van a dormir.  Otr@s se van… ¿libres?  L@s extranjer@s…

En todo momento acompañad@s, para movernos, para ir al baño… cuando quieren, claro. … y pensar que nos dijeron que ya estábamos en libertad…

Llegamos en la madrugada, faltan los trabajadores. Vamos dormitando en los sofás, cuando parece que agarras sueño te hacen levantar para ir a declarar y a facilitar datos. Le presto una chaqueta a un extranjero muerto de frío… nunca se me deja volver a por ella; siempre es “ahora, ahora”. (Y después preguntan si el trato…)

Amanece en “la migra”. Comienza otra vez la tortura psicológica. Hasta las 5 de la tarde ahí metid@s. Dormitando en los sofás de la sala donde estamos encerrados… ¿alguien nos habló de libertad?

Tomándonos datos generales… sí, tatuaje en el tobillo. Ah, y la descripción de la cara, por si se pierden todas las fotos y así se quede en el papel, si es que un día no se lo lleva el viento. Pues sí, ya van más de 30 horas intentando involucrarnos en movimientos civiles y pacíficos, y ni 30 minutos en escuchar hablar de la tortura… sin entrar en ello.

Y sí, intentando involucrarnos en movimientos civiles y pacíficos, en “la otra campaña”. Haciéndonos responder preguntas como “¿has oído hablar del Subcomandante Marcos?, ¿y del EZLN? ¿Sabes quién gobierna este país? Ohhh, pues sabes mucho de la política en México, eh?”.

Una de las cosas que se me dicen, por cierto, eran tres policías aunque vistieran de civil, es que América pregunta por mí y Valentina… Claro, cuéntame otra… América del Valle pregunta por su amiga Cristina… en fin… y la tortura olvidada en la sangre que ha quedado en las paredes y el piso de la cárcel, aún sin limpiar en el momento del traslado a migración. En los rostros y en la piel de los presos. En las ideas golpeadas.

Hay compañer@s en la puerta de migración; comunicación por carteles.  Intentándonos haciendo saber como estábamos, cómo están las cosas dentro y como lo están fuera. Hasta que aparcan camiones delante, impidiendo la comunicación. Más fotos, más declaraciones. Nadie nos informa. Firmamos nuestros derechos en los que nombraba el derecho a visitas de 15 a 18 horas. Algunos nunca llegan a recibir visita alguna. Otra vez fue “ahora, ahora”.

También hay derecho a un baño. Ningun@ lo consigue… “ahora, ahora” En la tarde, el cónsul nos informa de la deportación. Lo único que me dice es que no se puede permanecer en México más de tres meses en un semestre, o sea, que estaba ilegal, o sea, que ya sabemos de dónde ha sacado la desinformación “El País”. Y que ya se mirará a ver lo de la tortura. Palabras frías. Un poco de compasión… una cajetilla de tabaco. Fuera de la migra la gente se moviliza, se preparan los recursos contra la deportación. Puede que haya prisa por la expulsión. Se está consiguiendo cerrar el recurso contra la deportación de Valentina.

Nos suben a un coche. ¿Dónde vamos? “a una oficina”; ¿Vamos a regresar aquí?, “depende de cómo os portéis”. Son las palabras del policía que maneja el carro. Son las palabras y las mentiras de la prepotencia, de la misma que nos acompaña hasta Barcelona. Salimos de la migra, antes han apartado a la gente de fuera, que no nos veamos, ni una mirada con ellos… no hay corazón. El carro vuela por las calles transitadas, no importa el sentido marcado, la calle es de ellos.

Reconozco los pasajer@s de otros dos carros que siguen al nuestro. El coche para y ninguna sorpresa, ya estamos en el aeropuerto. ¿Alguien lo dudaba? Antes de subir al avión, mejor pasamos a una sala. Nos hacen sentar, las 4 a una sala y Mario a otra.

Siguen con el abuso de autoridad en las palabras que nos dirigen. Otra vez, “¡voltéate y mira a la cámara! ¡Mírame y di tu nombre!”… bueno, una vez más… como delincuentes peligrosos.

Ya esperamos el vuelo. En todo momento acompañad@s, para movernos, para ir al baño… siempre con los policías al lado. Ni movernos por la sala, tres metros y volver al sitio. Se va Samantha. Se van l@s chilen@s. Subimos al avión las catalanas.

Nos sentamos juntas, va a ser así, digan lo que digan. No se nos permite tomar alcohol. No nos importa, nos tomamos el vino, digan lo que digan. Los cuatro leemos la prensa que informa y desinforma sobre Atenco.

La policía me pregunta sobre lugares de interés para visitar en Barcelona. Sobre dónde alojarse… ni loca te digo, no vaya a ser que me de por visitarles…

El policía se presta a llevarnos hasta el centro de la ciudad si es que no tenemos dinero… ni locas, en cuanto pisemos tierra te olvidas de nosotras. Juramos a los policías que esto se va a oír, que la información se va a expandir sin límites ni fronteras. Que nada se iba a callar.

El policía nos mintió en todo momento, además de comprobar, durante el viaje, su machismo, su ignorancia, su homofobia y su fascismo. Llegamos sin firmar expulsión, sin deportación, sin cargos… sin saber porqué. Llegamos con los bolsillos vacíos, sin ninguna documentación, sin ningún equipaje. Pero no lo duden, con fuerza y rabia y al calor de las familias, colectivos, pancartas y aplausos…”.