En el nombre del Padre

* La historia clerical desde siempre ha sido velada en sociedades como la nuestra. No es sino en los últimos tiempos que se han dado a conocer casos de abuso sexual, asesinatos, corruptelas y violaciones a las leyes del sacerdocio, además de evidenciar que dentro de casas parroquiales, seminarios y centros de retraimiento se esconden manejos inapropiados de los conceptos de la fe y la justicia.

 

Nuestro Tiempo

En el Edomex no resultan novedosos los escándalos sacerdotales pues la historia evidencia el récord de delitos generados por sacerdotes católicos. Desde Atizapán a Ecatepec el territorio estatal cuenta con historias de vejaciones y violaciones a los derechos humanos, sexuales y clericales que han contado con la protección de los jerarcas de aquella religión.

La historia clerical desde siempre ha sido velada en sociedades como la nuestra. No es sino en los últimos tiempos que se han dado a conocer casos de abuso sexual, asesinatos, corruptelas y violaciones a las leyes del sacerdocio, además de evidenciar que dentro de casas parroquiales, seminarios y centros de retraimiento se esconden manejos inapropiados de los conceptos de la fe y la justicia.

El canon 277 de la iglesia dice a la letra que “los clérigos están obligados a tener una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los Cielos y por tanto quedan sujetos a guardar el celibato que es un don peculiar de Dios, mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres”. En otro punto advierte que “los clérigos han de tener la debida prudencia en su relación con aquellos que puedan poner en peligro su obligación de guardar la continencia o ser causa de escándalo para los fieles”.

El padre Nicolás Aguilar es uno de los casos representativos de actos que, debido a su trato preferencial por parte de la arquidiócesis californiana y después la mexicana, encabezada por Norberto Rivera, no ha dejado lugar a dudas de que intervienen poderes de facto para la intervención legal y proteccionista para individuos como éste.

“Cuando el padre Aguilar ya había huido a México, las autoridades eclesiástica mexicanas fueron informadas de los cargos en contra del sacerdote. Las autoridades de México no hicieron ningún esfuerzo para disciplinar, investigar o cesar a Nicolás Aguilar, en vez de ello, fue colocado en una iglesia en el Estado de México, donde nuevamente tuvo contacto con menores mexicanos. Actualmente, Nicolás Aguilar continúa oficiando en México, y las autoridades eclesiásticas mexicanas no han tomado ninguna medida para cesarlo del sacerdocio”. Esto fue comunicado después de que el sacerdote Nicolás Aguilar había violado a más de ochenta niños en Estados Unidos, pasando por Puebla y el Estado de México. Una de sus víctimas y su familia interpusieron una denuncia pero el caso se “apagó” por la excelente defensa legal que le proporcionó la iglesia y por la colusión de autoridades en su protección.

 A pesar de contar ya con 26 denuncias de carácter sexual y de ser un criminal desde su etapa de seminarista, donde abusara sexualmente de su sobrino, el cura violó a Joaquín Aguilar en la parroquia que administraba mientras otro sacerdote oficiaba una misa, esto sucedió en la parroquia del poblado de San Antonio, en el Estado de México.

Norberto Rivera sabía de los delitos cometidos por el sacerdote, sin embargo no sólo no cesó a dicho clérigo sino que lo protegió mudándolo continuamente de sede en donde ofrecer su homilía.

John D., una de las primeras víctimas de Aguilar, tras haber seguido con su vida  y después de 30 años de que sucedieran los hechos de abuso sexual en su contra por el mismo párroco, interpuso una denuncia contra Aguilar y también acusó a Rivera por protección a la pederastia, que recae también sobre la arquidiócesis de California.

Otro caso sucedió en mayo de 1987, en Atizapán de Zaragoza cuando el sacerdote Francisco Chávez, párroco de la iglesia de San Francisco de Asís, fue acusado mediante denuncia penal por la señora Elena Chávez Morales por la violación de su hijo de 7 años, quien servía de acólito en la misma iglesia. Aunque la denuncia llegó a manos de la Secretaría de Gobernación y se siguieron los procedimientos de ley para la captura del sacerdote, miembros de la iglesia lo protegieron, entre ellos Rivera Carrera. Chávez contaba con antecedentes y un juicio ante el Vaticano por autosecuestro. Tiempo después fue remitido al penal de Barrientos pero salió con la ayuda legal de la iglesia que posteriormente lo cambió de adscripción parroquial.

 

No matarás

 

Otro caso más es el del padre Dagoberto del Valle Arriaga, quien asesinara a su propio hijo, Óscar Emanuel Valle Hernández, procreado en concubinato con María Félix Hernández. El clérigo, al sentirse en peligro de ser descubierto y cesado de sus potestades sacerdotales por el incumplimiento al celibato, dio muerte a Emmanuel Valle a quien citó el día de su deceso para tratar “asuntos importantes”, según declaró a la Procuraduría estatal. Esto sucedió en 1995 en Texcoco, Estado de México y por tal hecho fue sentenciado a 55 años de prisión y recluido en el penal de Barrientos. También fue sentenciado a pagar una multa de 109 mil 980 pesos, según Sanjuana Martínez, periodista independiente de Cimac.

El 18 de abril de 2006 fue detenido César Torres Martínez, sacerdote que confesó haber matado y mutilado a Verónica Andrade Salinas, con quien mantenía una relación sentimental. Él pertenecía la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en el municipio de Nezahualcóyotl. Allí, en la casa parroquial fue cometido el asesinato y mutilación del cuerpo, que después fue colocado en una bolsa de basura y trasladado a un panteón de Chimalhuacán, donde fue arrojado. 

En febrero del 2000 los hermanos Osvaldo y José Valdés, de 15 y 16 años, respectivamente, ultimaron a Ricardo Crespo, párroco de la iglesia de El Ranchito, en Toluca. Allí atacaron al religioso con un picahielo, lo ataron a la cama de pies y manos con lazos que encontraron en el cuarto y por más de dos horas se dedicaron a humillarlo y lastimarlo, hasta matarlo lentamente.

Cuando el cadáver del religioso fue hallado, dos días después, éste mostraba 17 heridas de arma blanca y huellas de tortura, además de presentar rastros de orina por todo su cuerpo. “El padre oraba por nosotros y nos perdonaba, mientras nos reíamos a carcajadas. Luego, cuando el prelado expiró, le colocaron un recado que decía: “¡Viva la familia!”.

 

No jurarás el nombre de Dios en vano

 

El obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda fue citado ante el ministerio público en el Distrito Federal en calidad de indiciado, acusado de fraude por la cantidad de 130 millones de dólares, derivado de un préstamo que le hiciera a Olga Azcárraga Madero sobre una colección de pinturas y que tratara de cobrar después de su fallecimiento. En su comparecencia se negó a responder los cuestionamientos de la autoridad y se comprometió a hacerlo de manera escrita en enero del 2009. La comparecencia del obispo fue histórica pues nunca se había citado a un jerarca de la iglesia. Según abogados de la parte acusadora, Onésimo Cepeda había mandado decir al ministerio público que “a él se la persignaban, pues ya había hablado con el señor presidente de la república”. En otra arista, el empresario Carlos Ahumada asegura que le entregó un millón de pesos en efectivo al obispo de Ecatepec, para que éste le comprara un coche del año a su madre y con el resto realizara obras piadosas.

Cuenta Ahumada en el libro Derecho de Réplica, que “con Onésimo compartimos muchísimas reuniones, desayunos, comidas y cenas. Dos de ellas fueron en casa de su madre, ubicada en Tlalpan. En una de ellas le entregué un millón de pesos en efectivo, que me había pedido argumentando que le quería comprar un coche del año a su madre y que el resto serviría como aportación a sus obras piadosas”. Dice Ahumada que entregó el dinero porque sería “un gran incentivo” para el obispo, quien intercedería “ante Dios Nuestro Señor” para el bienestar de él y de su familia.

Recuerda que el obispo de Ecatepec ofició la misa de primera comunión de sus dos hijos, Carlos Emiliano y Ana Lucía, el 11 de octubre de 2003, en la residencia particular del empresario, en San Ángel. Ahí, “Onésimo pidió para brindar, como era su costumbre, una botella de Petrus”.

Ahumada cuenta que a instancias de Onésimo tuvo que apoyar al candidato del PRI en Ecatepec, Eruviel Ávila. Lo mismo que al alcalde panista de Tlalnepantla, Ulises Ramírez.

El empresario señala que en enero de 2003 intercedió para que el prelado y Rosario Robles, entonces dirigente del PRD, dejaran la “guerra” que estaban sosteniendo en la prensa. Ambos “hicieron las paces” durante una “larga cena en Au Pied de Cochon, un lujoso restaurante de la Ciudad de México. Onésimo siempre insistía en que quería hacer negocios conmigo”, narra Ahumada. Pero el obispo le advertía que de obtener alguna obra, “tendría que caerme con el diezmo correspondiente”.

Menciona las “varias tardes taurinas” que en Acapulco compartió con Onésimo Cepeda, y que “se prolongaban” en “cenas bohemias y hasta en amaneceres en ese bello puerto”.   

Sin embargo, Ahumada se lamenta porque Onésimo le dio la espalda cuando cayó preso y más necesitaba de su auxilio espiritual: “nunca aceptó la única petición que le hice cuando fui privado de mi libertad, en el sentido de que fuera a mi casa (el mismo domicilio donde se había celebrado la comunión) para que hablara con mis hijos y les infundiera un poco de paz, de tranquilidad y de fe”.

Sobre su amistad -“o como se le pueda calificar”- con el polémico obispo de Ecatepec, Ahumada concluye señalando que “una vez más me equivoqué”.

Onésimo Cepeda también ha hecho gala de declaraciones insólitas y decía que “Jesús es el jefe y a él le hacen los mandados”, dijo durante la controversia que se generara por la construcción del aeropuerto en Texcoco y declaró que no importaba si había que matar 500 ejidatarios para hacerlo.

Según un reporte para La Jornada, de Javier Salinas Cesáreo en Acolman, Edomex, el sacerdote Jorge Vidal Garduño fue expulsado de San Miguel Xometla, San Pedro Tepetitlán y San Lucas Tepango debido a los cobros arbitrarios por las misas que oficiaba. Dicho cobro lo empleaba para beneficio personal.

 

No mentirás

 

Tras una investigación para Mundo TV, transmitido por Antena 3 en el año 2000, se dio a conocer una red de tráfico de órganos en donde participó como líder un pseudo sacerdote que dirigía la Casa Alianza en México y donde se mantenían bajo resguardo niños que después fungirían como donadores no voluntarios, tal sacerdote cobraba 900 mil dólares por un riñón.

La Jornada, al tratar de establecer comunicación con el “padre” Martín Rubio, con domicilio en Ecatepec, no fue localizado, como lo refirió una empleada del albergue, que también comento que éste tenía 3 meses de no acudir a dicho centro, además entre los pobladores de Ecatepec se le conocía como un sacerdote carismático que siempre estuvo rodeado de niños y jóvenes. Cabe señalar que la red que presidía el sacerdote no es de carácter nacional sino internacional, pues operaba en España y Argentina.

La exposición de estos casos no quiere decir que la iglesia toda infrinja la ley. Sin embargo, es necesario que no se haga gala de impunidad para juzgar a sacerdotes como se haría con cualquier otro ciudadano, sin intereses mediáticos ni políticos, de manera que no permeen en ilícitos relaciones de poder que irrumpan el derecho más elemental a la vida.

1 comentario

  1. Me parece que a toda esta gente corrupta de la Iglesia catolica habria que expulsarla,porque destruye la institucion.Yo por eso me fui de la iglesia.
    Los poderes temporales deben juzgarla cuando delinquen


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