Una pandemia que nadie cree

* En las últimas semanas casi nadie porta un cubrebocas en su andar por las calles; se concurre a cines, escuelas, mercados o tiendas de autoservicio haciendo caso omiso de las mínimas recomendaciones de salud. Los saludos incluyen beso o la mano sin importar que el virus se encuentre anidando y listo para reaparecer a gran escala, según detalla un informe de la Organización Mundial de la Salud.

 

Elpidio Hernández

El virus de la influenza AH1N1, que por varias semanas mantuvo en jaque a las autoridades sanitarias del país, sigue teniendo presencia en territorio mexiquense. El riesgo de un nuevo brote se encuentra latente, advierten especialistas. Sin embargo, las medidas sanitarias en la población se han relajado, el temor a enfermar ha disminuido y atrás quedaron los días de pánico cuando ese mismo virus quebrantó la rutina diaria de los habitantes que, de pronto, abarrotaron hospitales y clínicas por simples sospechas, mientras que otros tantos se abalanzaban a las farmacias por vacunas, antigripales o cubrebocas para prevenir cualquier fatalidad.

En las últimas semanas casi nadie porta un cubrebocas en su andar por las calles; se concurre a cines, escuelas, mercados o tiendas de autoservicio haciendo caso omiso de las mínimas recomendaciones de salud. Los saludos incluyen beso o la mano sin importar que el virus se encuentre anidando y listo para reaparecer a gran escala, según detalla un informe de la Organización Mundial de la Salud.

En el Estado de México el semáforo de alerta continúa en amarillo. Hasta el 29 de octubre del 2009 el Instituto de Salud de la entidad, en voz de su titular Franklin Libenson Violante, confirmaban que se han atendido 2 mil 320 casos y se han registrado 22 fallecimientos por influenza en territorio mexiquense, lo que ubica al Edomex en el séptimo lugar a nivel nacional, sólo por debajo del Distrito Federal que registra cinco mil 228 casos; Chiapas, con tres mil 599; Yucatán, con tres mil 39 además de Nuevo León, Jalisco y San Luis Potosí, entidades que han atendido poco más de 2 mil pacientes.

El titular del ISEM informó que en la última semana de septiembre y la primera de octubre fue el periodo donde se atendió el mayor número de casos, pues se presentaron diariamente entre 144 y 150 casos y agregó que en el último par de semanas la cifra disminuyó atendiéndose en promedio sólo 90 personas cada 24 horas. Sobre los 22 fallecimientos registrados en suelo mexiquense, puntualizó que diez se presentaron entre abril y mayo cuando se gestó la primera oleada de influenza y los restantes doce se han registrado en los últimos tres meses. “Ha muerto por lo menos un paciente cada semana”, dijo, y detalló que de los doce fallecimientos tres se registraron en clínicas del Seguro Social, uno en el ISSSTE y ocho en las clínicas del Sector Salud. Hasta el 29 de octubre se encontraban hospitalizados 125 pacientes que presentaban síntomas relacionados con el virus AH1N1.       

La afluencia de personas en el hospital Adolfo López Mateos, enclavado al norte de la capital mexiquense, ha disminuido considerablemente. Cifras extraoficiales revelan que diariamente se atienden de diez a veinte personas que presentan síntomas relacionados con el temible virus, aunque aclaran que en la mayoría de los casos se trata de una gripa estacional pero igual de peligrosa, pues mientras la influenza AH1N1 ha cobrado la vida de 22 mexiquenses, la influenza estacional que comprende neumonía y bronquitis ha cobrado la vida de poco más de 250 personas en lo que va del año.

Situación similar se registra en la Clínica 223 del Seguro Social, donde la afluencia de pacientes se vio reducida. La doctora María de los Ángeles Barragán, directora de esa institución, indica que la afluencia de personas disminuyó porque sólo se está atendiendo a derechohabientes y no a la población en general, como se hizo durante la etapa critica de la contingencia. Aún así el número de pacientes que se atienden diariamente son, en promedio, 20 personas aunque la mayoría de ellas por gripe estacional.

– ¿Se descarta una nueva ola de influenza?

– No, no la podemos descartar. Todo indica que va a haber un nuevo brote, pero no tenemos por qué alarmar a las personas. Si seguimos las indicaciones nada malo puede pasar, hay que ajustarnos a las recomendaciones y no crear pánico, que poco ayuda a resolver el problema. Si alguien presenta algún síntoma lo primero que debe hacer es acudir a su clínica más cercana, no andar paseando por lugares concurridos, debemos lavarnos las manos, usar tapabocas…

– ¿Por qué en la clínica nadie, ni doctores, enfermeras o pacientes utilizan cubrebocas ni se reparte gel antibacterial como medida de prevención?

– No lo utilizamos ni los repartimos porque no se ha declarado una contingencia, el semáforo continúa en amarillo.

– ¿El riesgo es latente? ¿Puede haber virus en cualquier lugar?

– Pues sí.

– ¿Cuentan con las vacunas suficientes en caso de cualquier contingencia?

– Claro que contamos con las vacunas para atender alguna emergencia. Repito que lo más importante en el tema de la influenza es seguir las recomendaciones sanitarias.

– ¿El Seguro Social sigue atendiendo a la población que no sea derechohabiente?

– No. En estos momentos sólo atendemos a personas que están afiliadas, pero en caso de que haya un nuevo brote el gobierno va abrir las puertas de todas las clínicas del país, como lo hizo durante la contingencia, eso te lo puedo asegurar.    

La situación en las dos instituciones luce tranquila, ninguna de las dos está atestada de quienes creen ser portador del virus, tal y como sucedió hace algunos meses. En el hospital Adolfo López Mateos una enorme manta da cuenta de las medidas preventivas que se deben seguir y que son las mismas de siempre: lavado permanente de manos con agua y jabón; uso de gel antiséptico; limpieza de los espacios de uso común; al estornudar o toser cubrirse la boca con el antebrazo; no compartir utensilios de comida ni instrumentos de uso personal; si se está enfermo evitar ir a trabajar, a la escuela o acudir a lugares concurridos; no saludar de mano o de beso y  usar cubrebocas. En caso de presentar fiebre de 38 grados, tos intensa, escurrimiento nasal, dolor de cabeza y articulaciones, dificultad al respirar y, en el caso de los niños, diarrea, se debe acudir al médico de inmediato.

La Clínica 223 del Seguro Social carece de cualquier información útil, no hay mantas desplegadas y tampoco se reparten folletos. Un cartel colocado en el área de Urgencias da cuenta de aquellas recomendaciones. En ninguna de las dos instituciones el personal se apega a las medidas preventivas, ni personal ni pacientes portan cubrebocas y el aparato donde se expende el gel antibacterial está vacío.  

En el territorio nacional las medidas de seguridad se han reforzado. El jueves 30 de octubre la Arquidiócesis de México, encabezada por el cardenal Norberto Rivera Carrera emitió una serie de recomendaciones a sacerdotes y fieles por esta nueva oleada del virus y se detallan las medidas sanitarias en iglesias. El documento, dirigido a párrocos, rectores, religiosos y fieles establece que al recibir la comunión deberán colocar las manos juntas, la mano izquierda debajo de la derecha y llevar la hostia a la boca con la mano derecha; para evitar cualquier contagio se deberá proveer gel antibacterial a los asistentes. A los sacerdotes se les sugiere no oficiar misas si presenta el más leve indicio de la enfermedad, celebrar misas al aire libre, mantener ventilados los templos, reducir los tiempos de celebración de la misa, que la colecta sea al final de la misa, omitir el rito de la paz y usar cubreboca en caso de realizar una confesión. A los fieles se les pide abstenerse de asistir a misa ante la presencia de alguna enfermedad respiratoria y si hay contingencia deberán seguir la misa por radio.  

Un día después de las recomendaciones eclesiásticas el gobierno de la Ciudad de México hizo lo propio al reforzar las medidas sanitarias en el Sistema de Transporte Colectivo Metro, que incluye la distribución gratuita de gel entre los usuarios y la repartición de volantes informativos que enlistan las medidas de prevención. Las medidas incluyen que desde este viernes y hasta diciembre se repartirán diez toneladas de gel entre los pasajeros, además de que 30 cuadrillas de trabajadores realizarán labores de desinfección con equipos fumigadores en trenes, pasillos, andenes torniquetes y pasamanos, además, el personal que ordinariamente realiza labores de limpieza incrementará las acciones de sanidad en los vagones, poniendo especial atención en los pasamanos.

La influenza es una enfermedad que es curable si se atiende a tiempo. El virus AH1N1 se transmite a través de las gotas de saliva que expulsan las personas enfermas al hablar, toser, estornudar, compartir utensilios, alimentos y saludar de beso. Este virus sobrevive entre 48 y 72 horas en superficies lisas y porosas como manos, manijas, barandales, pañuelos desechables y telas; de ahí la necesidad de lavarse las manos con frecuencia o desinfectarlas.

Hasta la segunda semana de octubre esta pandemia había cobrado la vida de más de 4 mil 500 personas en 191 países, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Su directora general Margaret Chan confió en que México será capaz de controlar una segunda oleada del virus de la influenza humana que se avecina, “México ha tenido un actitud transparente y los líderes y el pueblo en general reaccionaron de manera adecuada ante la enfermedad, que hasta el pasado 26 de octubre ha provocado 50 mil 234 casos y 328 decesos”.

Enrique Peña, el legislador de piedra

* “El PRI vuelve a sus tácticas de antaño porque pretende imponer a un comisionado a modo para que no asuma una postura responsable frente a los actos barbáricos del gobierno”.

 

Elpidio Hernández

El nombramiento del doctor Marco Antonio Morales Gómez como nuevo titular de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México confirmó que el Congreso mexiquense está plegado a los intereses del PRI y del gobernador Enrique Peña Nieto. La superioridad en el número de diputados ha permitido al Revolucionario Institucional hacer y deshacer a su gusto en la Legislatura local, donde la oposición ha quedado reducida a una simple caricatura incapaz de oponer ni siquiera una pequeña resistencia.  

Para la designación de Morales Gómez como nuevo titular de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México, la fracción priista simple y sencillamente hizo valer su mayoría en el Congreso. Poco importaron los reclamos y las rabietas de legisladores y dirigentes panistas, pues los 39 diputados tricolores, sumados a los seis de Nueva Alianza, los tres ecologistas y el socialdemócrata son suficientes para concretar cualquier proyecto. 

El nombramiento de Morales Gómez -cuya capacidad y trayectoria es incuestionable- comenzó a gestarse desde el pasado 21 de octubre cuando en una sesión fast track de escasas cuatro horas la Comisión de Derechos Humanos de la Legislatura estatal lo designó -con seis votos a favor y tres en contra- comisionado de la Codhem para los próximos cuatro años. En la sesión, luego de entrevistar a los diez candidatos registrados, el presidente de la Comisión legislativa, Marco Gutiérrez Romero, determinó llevar a cabo la votación en ese mismo momento. Panistas y perredistas se opusieron argumentando que se carecían de elementos suficientes para tomar una decisión tan apresurada; sin embargo, la supremacía de los legisladores priistas hizo posible la votación bajo la justificación de que los perfiles de los candidatos y las entrevistas realizadas esa tarde a puerta cerrada eran suficientes para elegir una propuesta. Las legisladoras panistas Mónica Fragoso y Florentina Salamanca, así como el perredista Francisco Javier Veladiz Meza solicitaron extender la discusión parlamentaria y analizar con mayor cuidado los perfiles profesionales y políticos de los aspirantes a un cargo como aquel, pero se toparon con una rotunda negativa. La decisión ya había sido dictada desde alguna oficina del palacio de Lerdo. Al final los legisladores priistas Marco Antonio Gutiérrez Romero, Jorge Álvarez Colín, Gregorio Escamilla Godínez, Juan Manuel Trujillo Mondragón y Cristina Ruiz Sandoval, así como la diputada del Partido Nueva Alianza, Lucila Garfias Gutiérrez, dieron su respaldo al ex rector de la máxima casa de estudios de la entidad, mientras que el bloque opositor conformado por Mónica Fragoso, Florentina Salamanca y Francisco Javier Veladiz Meza votaron en contra y exigieron extender la discusión. Un día después, en sesión de reposición que duró menos de treinta minutos, se ratificó la propuesta de Morales Gómez como nuevo ombudsman mexiquense. En esta ocasión los embates de la panista Mónica Fragoso se centraron en descalificar la elección del ex consejero electoral ya que –dijo- se incurriría en una ilegalidad pues el artículo 91 del Código Electoral impide a los ex consejeros ocupar cargos públicos doce meses después de separarse de su cargo. Para disipar dudas aclaró que “la jurisprudencia en la materia establece que los trabajadores de órganos autónomos siguen siendo funcionarios públicos”.

El ardid legislativo se extendió hasta el pasado miércoles 28 de octubre cuando en una sesión pública realizada en Ixtapan de la Sal, Morales Gómez fue nombrado nuevo Comisionado de Derechos Humanos del Estado de México en sustitución de Jaime Almazán Delgado. Dicha propuesta fue avalada por el pleno del Congreso con 62 votos a favor por sólo 10 raquíticos votos en contra de los congresistas albicelestes. En la sesión, la fracción parlamentaria del PAN se mantuvo firme en su posición de que Morales Gómez no podía ser designado comisionado en virtud de que no se ha cumplido un año de que dejó de ser consejero electoral y advirtieron que el nombramiento podría ser tomado como un premio por su actuar en el Instituto Electoral del Estado de México en las pasadas elecciones.

Fragoso dijo que Acción Nacional reconocía su amplia carrera como académico y servidor público y explicó que su partido no lo cuestionaba como persona ni por su trayectoria, sino por lo señalado en el artículo 91 del Código Electoral. Denunció que el procedimiento donde fue electo el nuevo comisionado “resulta viciado”, toda vez que dijo el citatorio a los integrantes de la comisión no se llevó conforme a la formalidad legislativa; agregó que la sesión fue privada, además de que nunca se llevó a cabo la difusión de la consulta en medios de comunicación y remató diciendo que las entrevistas fueron meras exposiciones, pues nunca se interrogó a los candidatos a pesar de haberlo solicitado.

La priista Cristina Ruiz Sandoval, quien forma parte de la comisión Legislativa de Derechos Humanos, argumentó que la selección del comisionado fue adecuado, aclarando que el hecho de que el ombudsman se desempeñara como vocal electoral, “no constituye impedimento alguno pues la Comisión de Derechos Humanos es un organismo autónomo, que no pertenece a ningún poder ni depende de ellos”.

Entrevistado después de rendir protesta, el nuevo ombudsman mexiquense rechazó ser militante priista y se comprometió a actuar con imparcialidad, acatar la ley e impulsar el estudio de fondo de los derechos humanos para la creación de una nueva cultura en esa materia. Morales Gómez señaló que la oposición panista no tenía nada que ver con cuestiones jurídicas, pero rechazó sentirse atacado, pues cada persona se conduce conforme a sus intereses. Para finalizar, afirmó que en su andar como comisionado se guiará por el sendero de la legalidad. “No habrá colores ni intereses personales ni de grupos”.  

Para el senador y presidente de la Comisión Directiva Provisional del Partido Acción Nacional en el Estado de México, Adrián Rivera Pérez, el nombramiento de Morales Gómez fue singular y violatorio del marco legal y fue así –dijo- porque el gobierno de Peña tiene cuentas pendientes en el respeto a las garantías individuales; agregó que la elección tiene rasgos similares a la designación de Fernando Baz Ferreira como titular del Órgano Superior de Fiscalización del Estado de México, donde “el PRI utilizó su mayoría para imponer a una persona que no sancionará la conducta perniciosa y despilfarrada que Peña aplica en el manejo de los recursos públicos” y agregó que el PRI vuelve a sus tácticas de antaño porque pretende imponer a un comisionado a modo para que no asuma una postura responsable frente a los actos barbáricos del gobierno. Morales, ex rector de la UAEM y ex consejero del IEEM, fue propuesto para el cargo por la propia Universidad Autónoma del Estado de México, la Universidad Anáhuac, la Academia de Jurisprudencia y el Colegio de Abogados del Estado de México; en el camino dejó a Guillermo Calderón, ex secretario de Organización del PRI estatal y actual director del Transporte, apoyado por la Sociedad de Geografía y las asociaciones civiles Talitha Kum e Ideas Libres; a Antonio Gómez Alcántara, catedrático de la UAEM, quien contó con el apoyo de la Academia de Jurisprudencia al igual que Lucía Núñez Aguilar, actual presidenta de ese organismo; mientras Víctor Muhlia Melo, primer visitador general de la Codhem, fue apoyado por la Sociedad de Geografía y por la Asociación de Abogados; Israfil Filós Real, presidente del Consejo Ciudadano para la Prevención y Eliminación de la Discriminación fue respaldado por organizaciones como la Fundación Caballeros Águila y la Asociación Nacional de Estudios Filosóficos; José Antonio Ortega, presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, fue propuesto por la Comisión Mexicana de Derechos Humanos; Jorge Gómez Tagle contó con el apoyo del Colegio de Licenciados en Administración y Jorge Humberto Cruz Martínez, fue impulsado por el Colegio de Abogados.

La capacidad y trayectoria de Morales Gómez es incuestionable. Su sola presencia al frente de ese órgano predice resultados favorables. Su ficha curricular indica que es maestro en Derecho Público por la Universidad Autónoma del Estado de México y cuenta con estudios de doctorado en Derecho Público en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido catedrático en varias instituciones educativas, fue rector de la UAEM de 1993 a 1997, presidente del Instituto de Administración Pública del Estado de México de 1997 1999, director del Instituto de Capacitación y Especialización Judicial del Tribunal Superior de Justicia del 2001 al 2003 y director general fundador de la Escuela Judicial del Estado de México.

De 1968 a 1979 fue agente del Ministerio Público, después ocupó diversos cargos como asesor del gobernador Cesar Camacho Quiroz, director general del Instituto Mexiquense de Cultura en 1998 y coordinador general de asesores de la Subsecretaría de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación entre los años 1999 y 2000. Su último cargo fue el de consejero electoral del 2008 al 2009.

Unas cuantos escollos quedan en el camino de Morales Gómez que seguramente podrá resolver sin ninguna dificultad el Ejecutivo estatal, como los dolores de cabeza que causará el consejero de la Codhem y ex candidato a Comisionado, José Antonio Ortega Sánchez, quien interpuso un recurso de amparo en contra de la resolución de la Comisión de Derechos Humanos de la Legislatura por haber impuesto a Morales como ombudsman mexiquense; también quedaran en el aire las rabietas de los panistas que, dicen, están dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias.

Las migajas del PAN

* Los seis aspirantes registrados se encuentran en polos opuestos. La mayoría de ellos son políticos consumados que tratan a toda costa de perpetuarse en el poder. En el otro extremo están los jóvenes, acusados de carecer del oficio político necesario para asumir un reto tan complicado como será reconstruir Acción Nacional. Sin embargo los objetivos de todos los contendientes van encaminados en el mismo sentido.

 

Elpidio Hernández

El alicaído Partido Acción Nacional, que durante un extenso lapso gobernó municipios importantes del territorio estatal como Toluca, Metepec, Naucalpan, Cuautitlán Izcalli, Tlalnepantla y Atizapán de Zaragoza, hoy vive una de las más sensibles crisis en su historia reciente. La estrepitosa derrota del pasado cinco de julio donde sucumbieron y sólo alcanzaron doce de las 125 alcaldías en disputa ha obligado a los altos mandos del panismo mexiquense a renovar la dirigencia que actualmente está en poder del senador morelense, Adrián Rivera, quien sustituyó a Ulises Ramírez al ser éste último acusado de compadrazgos a la hora de repartir las candidaturas en el proceso electoral pasado y a quien muchos le atribuyen un gran porcentaje de la hecatombe panista en el Estado de México.

La lista de aspirantes para dirigir los destinos albicelestes en la entidad es encabezada por el diputado local Alejandro Landero Gutiérrez quien -se dice- goza de todas las simpatías del dirigente nacional César Nava; le sigue muy de cerca el diputado federal Octavio Germán Olivares, quien forma parte del grupo del senador Ulises Ramírez; la lista es completada por el sempiterno Francisco Gárate Chapa, quien tiene una amplia experiencia en el tema pues ha dirigido los destinos del PAN en tres ocasiones; también se encuentran la ex alcaldesa de Tlalnepantla, Ruth Olvera; el diputado local, Carlos Madrazo Limón y el inédito Iván Arturo Rodríguez Rivera, del que poco o nada se conoce.  

Los seis aspirantes registrados se encuentran en polos opuestos. La mayoría de ellos son políticos consumados que tratan a toda costa de perpetuarse en el poder. En el otro extremo están los jóvenes, acusados de carecer del oficio político necesario para asumir un reto tan complicado como será reconstruir Acción Nacional. Sin embargo los objetivos de todos los contendientes van encaminados en el mismo sentido: unir a la militancia, recuperar la confianza ciudadana y reposicionar al partido ante los ojos de la sociedad. En sus discurso ninguno de ellos ofrece algo novedoso, nadie –por lo menos en el discurso público- se ha comprometido a apoderarse de la gubernatura mexiquense que se estará disputando en los comicios del 2011 y poco hablan de estrategias para emprender la reconquista del extinto Corredor Azul.

La juventud y la preparación del diputado local Alejandro Landero Gutiérrez, pero sobre todo el respaldo del congresista Gustavo Parra y la simpatía del dirigente nacional César Nava, lo ubican como uno de los firmes contendientes para obtener la dirigencia estatal. Landero Gutiérrez es licenciado en Filosofía con doctorado en Gobierno y Administración Pública, cuenta con una maestría en Estudios Políticos Aplicados. En su trayectoria como panista destaca su labor como director de Capacitación Política Estatal del 97 al 98; coordinador general de Juventudes del 98 al 99; coordinador de Relaciones Internacionales en Juventudes a partir del 2000 y consejero estatal del 2004 a la fecha, fue regidor en el municipio de Tlalnepantla en la administración 2003-2006, diputado federal de 2006 a 2009 y actualmente se desempeña como diputado  local por el distrito XVIII con sede en Tlalnepantla.

Landero Gutiérrez se comprometió a construir el mejor comité estatal en la historia del Partido Acción Nacional, privilegiar que el talento esté por encima de las lealtades personales, así como convertirse en un partido de los ciudadanos y para los ciudadanos. Aclaró que una de sus prioridades será construir un instituto político que vuelva a escuchar, que no se ensoberbezca en el poder, sino que encuentre en él, su razón de ser.

Otro de los firmes aspirantes para llegar a la presidencia del CDE panista es Octavio Germán Olivares, quien cuenta con el respaldo moral y político de Ulises Ramírez y el grupo de consejeros –calculado en menos de 35- que se aglutinan en torno a la figura del senador mexiquense. Germán Olivares es licenciado en Administración de Empresas y en su trayectoria como panista destaca su labor como secretario de Acción de Gobierno y presidente del Comité Directivo Municipal en su natal Tecámac, además de ser miembro del Comité Directivo a nivel estatal. En su trayectoria como servidor público su currícula destaca que fue regidor del municipio de Tecámac durante la administración 97-2000, en ese último año se convirtió en presidente por ministerio de ley; fue Diputado local en el periodo 2003-2006; presidente municipal de Tecámac en el trienio 2006-2009 y actualmente se desempeña como diputado federal por el Distrito XXIIX con cabecera en Zumpango.   

El legislador federal expuso que trabajará para rescatar los principios, valores y el fundamento de Acción Nacional para convertirse en la mejor opción política en el estado de México y dijo que es tiempo de salir a trabajar con la sociedad, apoyado con por cada uno de los militantes de Acción Nacional. Confió en que logrará transformar las cosas desde el interior del partido, por lo que ha buscado a todos los sectores de la sociedad para exhortarlos a que se sumen a un nuevo proyecto de pensamiento generoso que integre a los mejores individuos para trabajar en el nuevo CDE.

Uno más de los aspirantes que buscan apoderarse de la dirigencia del panismo estatal es Carlos Madrazo Limón, ingeniero mecánico electricista de profesión con una maestría en Mecánicas Aplicada. En su haber como panista destacan su labor como capacitador estatal del 94 al 97;pPresidente del Comité Directivo Municipal en Atizapán de Zaragoza del 95 al 98; miembro del Comité Estatal en los periodos 2001-2003 y 2004-2007; secretario general del partido en el Estado de México en 2003; consejero estatal desde 1997 y consejero nacional de 1998 a la fecha. En su experiencia en cargos de elección popular su ficha curricular destaca que fue presidente municipal en Atizapán de Zaragoza durante el trienio 97-2000, senador de la república en el periodo 2000-2006, diputado federal del 2006 al 2009 y actualmente se desempeña como diputado local cargo al que ingresó por la vía plurinominal. En 2005 Madrazo Limón compitió en la elección interna del panismo en la búsqueda de la candidatura para gobernador, proceso donde declinó a favor de José Luis Durán, aunque a la postre el ganador de la contienda fue Rubén Mendoza Ayala. En su discurso Madrazo Limón señaló que uno de sus objetivos fundamentales será construir un partido ganador y competitivo, abundó que trabajará para incrementar la militancia y ser un partido de ciudadanos. Señaló que una de sus metas será sumar ciudadanos, “la política es de sumar no de restar, debemos pasar de 70 a 150 mil panistas lo más pronto posible”, dijo y añadió que eso sólo se logra dando a conocer los logros de sus gobiernos.

En la terna de aspirantes también se encuentra Ruth Olvera Nieto, quien podría dar la sorpresa y convencer a la militancia panista. Olvera Nieto es licenciada en Administración de Empresas egresada de la Universidad del Valle de México, en su trajín político destaca su cargo como diputada federal de 1988 a 1981, y en 1997 se convirtió en la primera alcaldesa de su natal Tlalnepantla. Olvera Nieto señaló que no viene a reinventar al PAN, vengo –dijo- a recuperarlo, porque lo que necesitamos es volver a los orígenes del PAN, volver a trabajar con los sectores que abandonaron; las mujeres y los jóvenes, y recuperar el trabajo en las calles donde el partido se hizo grande y fuerte.  La ex alcaldesa de Tlalnepantla consideró que el PAN cometió muchos errores que lo pusieron en la situación en la que hoy se encuentra, sumido como tercera fuerza política en el Estado de México y con una mínima representación tanto en la Cámara de Diputados como en los ayuntamientos de la entidad, afirmó que el principal problema fue la imposición de candidaturas desde los órganos de dirección de Acción Nacional. Señaló que su principal oferta es convertirse en una “dirigente de tiempo completo”. No podemos seguir –indicó- distrayendo a la dirigencia del partido en labores importantes pero distintas a la conducción del instituto político, como el ser diputado local o federal, ser delegado del Comité Ejecutivo Nacional u otro tipo de cargos, aunque sean honorarios.

Las posibilidades del veterano Francisco Gárate Chapase se han reducido. El haber dirigido los destinos albicelestes en tres ocasiones disminuye sus posibilidades. En su haber político destaca su labor como diputado federal y coordinador de la bancada azul en la LVI Legislatura local. Externó que una de sus prioridades será rescatar la práctica de la cultura humanista y democrática, transformar al partido para que sea instrumento de los ciudadanos; impulsar, generar y promover acciones de política pública y legislativa que den sustento a los pilares del humanismo político, así como fortalecer la organización y estructura interna.

El último de los aspirantes para dirigir los destinos del panismo estatal es el inédito Iván Arturo Rodríguez Rivera, aunque en su trayectoria política destacan su cargo como secretario general adjunto del Comité Directivo Municipal de Ecatepec de Morelos, y actualmente se desempeña como presidente de la delegación de Cuautitlán Izcalli; es miembro adherente desde 1997 y militante activo desde 1999. Se comprometió a trabajar por la recuperación de los principios del partido, unificar a la militancia, fortalecer a las estructuras, acabar con el divisionismo interno y generar el consenso que siempre ha caracterizado al PAN, la única forma como se lograrán estos objetivos –dijo- es con consensos, por lo que platicará con la militancia y acabará con el grupismo que se dio durante las dos últimas dirigencias.

El nuevo dirigente se conoce ya desde el uno de noviembre, luego del cierre de esta edición y la responsabilidad recayó en los 108 consejeros que hay en la entidad y el triunfador tomará posesión de su cargo a más tardar el próximo 15 de noviembre.

El Barco Ebrio

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El fenómeno de las redes sociales alcanza a famosos, actores, políticos, medios de comunicación y hasta narcotraficantes que han encontrado en estos espacios gratuitos de internet medios casi seguros para expresar opiniones y posturas. Algunos, los más jocosos, publican fotos personales y apreciaciones políticas con mayor o menor fortuna.

 

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La libertad de expresión nada tiene que ver con las a veces descerebradas declaraciones que los familiares o parejas sentimentales de políticos escriben allí Y aunque la mayoría mantiene un cerrojo en sus espacios, siempre se filtran sus contenidos y dejan ver el verdadero lado de aquellos que en público muestran una cara pero en lo privado resultan chabacanos y hasta estúpidos.

 

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El fenómeno Twitter, una de las redes sociales más populares, tomó más o menos relevancia los últimos días cuando el diario Milenio publicó las fotos y comentarios del hijo de Andrés Manuel López Obrador. El joven, llamado como su padre, publicó imágenes de sí mismo paseando en yate acompañado de sus amigas, lo que fue blanco de duras críticas contra el estilo de vida de los familiares del Peje. Lo cierto es que en esas páginas los detalles que permiten atisbar ganancias y despilfarros mueven a reflexión. No es nada más cómo se gasta, sino de dónde viene el dinero.

 

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Lo mismo sucedió con la dirección web de la prometida del gobernador Peña, la actriz de Televisa Angélica Rivera, quien de plano escribe algunas puntadas dignas de la familia Televisa y que dejan pulsar su lamentable inteligencia. Si bien es cierto que no puede comprobar que sea ella quien escribe, deja boquiabiertos a unos y con sonrisas sardónicas a otros cuando aborda los casos de Atenco, opina sobre Carlos Salinas, los impuestos, el propio Peña y “la indiada revoltosa” que puebla este país.

 

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Las pasadas campañas electorales en el Edomex propiciaron que la mayoría de los aspirantes o sus colaboradores abrieran sitios gratuitos en diversas redes, donde promovían plataformas y promesas. Si bien en la política no son todavía las armas de penetración que representan en otros rubros, los sitios exploraron una posibilidad más o menos novedosa de hacerse publicidad gratuita y despuntar las campañas negras con notas de desprestigio para los rivales en turno.

 

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Algunas de aquellas direcciones todavía sobreviven, como la de la alcaldesa priista de Metepec, Ana Lilia Herrera en la dirección http://twitter.com/analiliaherrera. Allí agradece los votos a la ciudadanía aunque mantiene cerrado su acceso y no se puede ver el contenido, aunque advierte que ella es “una mujer Comprometida con mi comunidad con Honestidad e Integridad” y tiene “Una nueva forma de hacer política sin ataques y ambientalista”.

 

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Otra que mantiene sus espacios en internet es la alcaldesa priista de Toluca, María Elena Barrera. De acceso libre, dejó de postear el 1 de julio del 2009, cuando las elecciones eran inminentes y nunca más lo ha hecho. Lo utilizó para dar a conocer los avances en su candidatura y tuvo cuidado de no mezclar su vida personal en el espacio twitter.com/mariaelenabt

 

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Uno de los narcotraficantes presos más famosos de México, Miguel Ángel Félix Gallardo, cuenta con un portal web, www.miguelfelixgallardo.com, donde comparte su historia y fotos familiares, además de noticias referentes a su salud.

 

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Si la famosa Gaviota cayó bajo la tentación de Twitter, su novio, el no menos famoso Enrique Peña, tampoco pudo evitarlo. El gobernador del Edomex cuenta también con una cuenta en aquel espacio, http://twitter.com/EpenaNieto, que mantiene activo desde el 5 de mayo del 2009. Allí comienza con un saludo que dice “Hola a todos, sé que es una etapa dificil para méxico pero me uno a ustedes para descubrir porqué se habla tanto de este servicio” y “en estos momentos me pongo a pensar en la poca presencia que tengo en estos medios no hay gente hablando de mi, pensaré en como cambiar esto”. Su último post lo realizó el 19 de octubre del 2009 con un “Me despido, les deseo una excelente semana”. Allí trata de contestar, siempre cortésmente, algunos comentarios enviados a su espacio y de vez en cuando proporciona ligas hacia dependencias del gobierno para “ampliar” algunos temas. Peña tiene también cuenta a su nombre en Facebook, http://www.facebook.com/pages/Enrique-Pena-Nieto/37107394336?v=info.

 

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Uno más es el diputado local por el Verde Ecologista y ex secretario particular de Arturo Montiel Rojas, Miguel Sámano Peralta, quien desde una página llamada http://miguelsamano.org.mx donde pone parte de su biografía y los logros que él cree tener, enlaza a direcciones en redes sociales como Facebook, http://es-la.facebook.com/people/Miguel-Samano-Peralta/100000092404941, donde el propio Peña Nieto es uno de sus “amigos virtuales”. Uno más conduce a la popular HI5 en http://miguelsamano.hi5.com/friend/p441162026–Miguel_Samano+–html, aunque está vacía.

 

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También el joven Alfredo del Mazo Maza, jetsetero de tiempo completo y alcalde de Huixquilucan en sus ratos libres, mantiene la cuenta http://www.myspace.com/alfredo_delmazo, donde sube algunos comentarios y sostiene una pequeña lista de amigos. Su foto engalana el espacio y una breve reseña de sus hazañas y generales la acompañan. También es asiduo de HI5 en la dirección http://hi5.com/friend/p430466133–Alfredo_del%20Mazo%20Maza–html y de Facebook, en http://www.facebook.com/people/Alfredo-Del-Mazo-Maza/1232945598.

La Tinta Chinga

* Una voz cavernosa pero culta, con cierto acento alemán brotó de aquella garganta imposible. Primero carraspeó un poco, se sacudió el polvo de ultratumba, algunos gusanos juguetones y luego nos miró con aquellos ojos dulces que alguna vez despacharon en la oficina que ocupa Enrique Peña.

 

Pasó el día de Muertos y la mayoría olvidó a uno de nuestros ilustres descarnados. Pero desde el Más Allá se contactó con esta Redacción y exigió una entrevista para dar a conocer sus puntos de vista acerca de la actualidad del Estado de México. Así, esta asustada pluma se dio a la tarea de buscar un médium para contactar a nuestro herrumbroso personaje y lo encontró precisamente en palacio de gobierno, donde un sonriente secretario general de Gobierno, Luis Miranda, enterado de la pesquisa, reveló que desde pequeño él practica la nigromancia. Comenzaba a hablar el sesudo funcionario de sus experiencias con el mundo de los espíritus cuando se dio cuenta de que iban a dar las 12 de la noche. “Es el momento”, dijo, para, acto seguido colocarse un turbante muy hindú y un collar magnético e iniciar la sesión allí, en la intimidad de su faraónico escritorio. “Esta indumentaria me la regaló mi gran amigo Guillermo Cano, meses antes de adelantársenos. Era secretario de Comunicaciones y también lo nombramos, post-mortem, representante de nuestro gobierno en la tierra de la Santa Muerte. Ah, también me regaló un celular por si todo lo demás fallaba, pero hasta el momento no lo he necesitado. Vamos tan bien que pronto tendremos la primera línea de transporte a la tierra de los no vivos. Se llama Flecha Roja, para que vean qué adelantados estamos. Pero vamos, vamos a empezar”. Miranda se sentó en su sillón de piel, se puso su traje y nos tomó de las manos. Algo desconfiados, accedimos a dárselas pero nos tranquilizamos al ver que era en buena onda. El lúgubre secretario entró pronto en trance y para ello sólo necesitó leer un oficio que le enviaba el gobernador Peña donde le solicitaba mayor vigilancia para los electricistas y le anunciaba un descuento en su quincena por llegar tarde todos los días. Puso los ojos en blanco y la cabeza se le fue para atrás. Luego, un pequeño estremecimiento que asustó a sus guaruras, afuera de sus aposentos, indicaba que todo estaba listo y la invocación comenzó.

– ¡Espíritu de Isidro Fabela, yo te convoco para que la Tinta Chin(g)a te entreviste, tal como lo solicitaste! ¡Amigo, qué digo amigo… hermano, protector, benefactor, Chilo, te pido que acudas a este habitáculo para intercambiar ideas!

No teníamos idea del nivel cultural de nuestro médium pero el llamado surtió efecto. Una bruma verdosa comenzó a materializarse y pronto tomó forma de una sábana sucia sin cabeza. Miranda se concentró aún más y un rostro comenzó a dibujarse, una sonrisa, un cabello aislado, un diente medio podrido, una lengua retorcida. Finalmente una cosa humana, bastante sólida estuvo frente a nosotros. Pero cosa, al fin y al cabo.

– ¿Es usted, don Isidro? Porque está en los puros huesos.

Una voz cavernosa pero culta, con cierto acento alemán brotó de aquella garganta imposible. Primero carraspeó un poco, se sacudió el polvo de ultratumba, algunos gusanos juguetones y luego nos miró con aquellos ojos dulces que alguna vez despacharon en la oficina que ocupa Enrique Peña.

– Sí, soy yo. Tienen razón, es que acá la comida no es muy abundante y no soy un fantasma, son un zombie y necesito cerebros para comer. Lo malo es que aquí Luis tiene muy poco, igual que mis amigos del Grupo Atlacomulco.

– Entonces existe el Grupo Atlacomulco…

– Bueno, así como existir, existir, no. Yo siempre he dicho que presenten pruebas, que me digan dónde hay un acta que lo constituye o una asamblea como las que ahora hace Arturo allá en su casa de Ixtapan. Primero que lo prueben y luego les digo.

– Tiene razón, es un tema que ni en ultratumba se puede tratar. ¿A usted no le han apagado la luz?

– Sí, cómo no. No he podido terminar la segunda parte de mis memorias. Allí cuento la mera neta del planeta, como dicen ahora. Esos del SME me han retrasado y allá en la editorial ya me están presionando. Debo decir que hace decenios que no pago la luz, tampoco me llegaban los recibos pero en el banco me dijeron que no me espantara.

– ¿Entonces no apoya la postura de Enrique Peña?

– ¿Quién es Enrique Peña?

– El actual gobernador del Edomex.

– Aaah, ya lo recuerdo. Es uno muy guapo. Ya me acordé. Lo he visto en Zombie Novelas, la revista que le compro a mi esposa. Y a veces sale en Fantasmavisa. ¿Es uno que anda con una actriz? Porque por acá he platicado con su… bueno, ya para qué digo.

– Sí, ése mismo.

– Bueno, pues yo creo que los debería defender aunque sea un poquito, porque tengo entendido que quiere ser presidente. De todas maneras no habrá marcha atrás.

– ¿Será presidente?

– Psss… yo creo que sí. Es un muchacho muy dispuesto y tiene además el apoyo de Arturo Montiel.

– ¿Lo conoce?

– Cómo no. Siempre me hacía mis homenajes y le piso mi nombre a muchísimas calles allá en el norte del estado. Es un buen hombre, muy parecido a mi gran amigo Carlos.

– ¿Por qué perdió el PAN las anteriores elecciones?

– La cuestión fue que se les apareció el muerto y no supieron cómo reaccionar. Ahora tienen que revivir cadáveres. Yo podría darles algunos cursos pero no me pueden ver ni en mi tumba.

– ¿Conoció usted a aquella vidente de Atlacomulco?

– Claro, mi gran amiga Francisca. Ella vendía chicles en el ayuntamiento de Atlacomulco y no me lo van a creer pero siempre le atinaba a lo que uno compraba. “Aquí están sus chicles de menta, licenciado”. “Le traje su agüita para la cruda, licenciado”. “Hoy tengo sus cacahuates garapiñados, licenciado”. Se la pasaba echando la broma y luego la perdí de vista. Una vez me invitó a comer pero no pude adivinar dónde vivía.

– ¿Qué le preocupa del Edomex?

– Pues la verdad la cosa del narco.

– ¿La violencia?

– Nooooo, bueno fuera. Me preocupa que nos estén sacando del negocio.

– ¿Y usted qué haría?, como dijo la canción…

– Pues una comida. Todo se arregla con comidas. Eso me recuerda a mi admirado Alfredo Zárate. Con él todo se arregló en una comilona y quedó muy en paz. No sé si contento, pero muy apaciguado.

– ¿Le afectó la subida de los impuestos, licenciado?

– Por supuesto, por supuesto. Ya no puedo comprar sábanas, por eso hoy vengo de zombie, porque las sábanas están por las nubes. Uno ya no puede asustar decentemente. Es inconcebible, de verdad. Le digo a mi general Carranza que deberíamos hacer una revolución pero nomás se ríe.

– ¿Quién va a ser el próximo gobernador?

– Pues aquí Luis Miranda no, porque primero pone el muerto y luego se asusta.

– ¿Quién le gusta?

– Cuidado con lo que preguntas. A lo mejor contesto la verdad. Pero ya en serio, me gusta Luis Videgaray. Es un hombre atractivo pero preparado. Se sabe las tablas de multiplicar y divide sin errores. Ya quisiera que en mis tiempos hubiera alguien como él. Pero mis informantes me dicen que puede ser un panista el próximo. Así que mucho ojo.

– ¿Planea regresar a la política?

– Lo he meditado mucho y la entidad necesita un hombre de mi categoría. Estoy esperando los tiempos correctos, que serán dentro de unos 100 años, cuando todos ustedes estén muertos. Acá los espero para que voten por mí.

– ¿Le faltó algo por hacer durante su etapa como vivo?

– Por supuesto. Quise construirme una casa en Acapulco, comprarme un Bentely, casarme con una francesa o de perdida con una actriz o actor, no importa. También me faltó sembrar un árbol y nombrar obispo a algún familiar mío.

– ¿Qué le recomienda a Peña para que concrete su sueño presidencial?

– Pues que le eche ganas. Que se consiga un reality si puede, ahora que otra vez están de moda. Se puede llamar Si Yo Fuera Presidente.

Repentinamente don Fabela se desvaneció. Un gutural estertor despertó a nuestro médium, Luis Miranda, quien para reanimarse pidió una cuba libre, que se tomó de un jalón. Luego, ya menos pálido se metió al baño y reapareció con su habitual traje Armani. Preguntó cómo había estado la entrevista y pidió un número del semanario para enterarse. Lo dejamos muy preocupado, a punto de entrar otra vez en trance porque se acordó de aquel oficio que el gobernador le enviara. Nosotros nos dirigimos a la Redacción por la avenida Isidro Fabela, aunque siempre atentos por si al prócer se le ocurría regresar para comerse unos taquitos al pastor.

Syriana y la realidad de la CIA

* Robert Baer dedicó 21 años de su vida a la celebrada Agencia Central de Inteligencia, desde 1976, a los 22 años. Era un creyente. Lo entrenaron para hacer volar las cosas –la tradición de acción clandestina para la cual nació la CIA– y, más importante, para asegurar que no hagan volar a los estadounidenses. Fue entrenado para escuchar, observar, tomar notas. Se lanzó a las ciudades de Oriente Próximo, aprendió el juego del espionaje, aprendió a engañar y a embaucar y a ser otra persona, perfeccionó su árabe, dejó crecer su barba negra, bronceó su piel.

 

Christopher Ketcham/ Counterpunch/ Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Cuando encontré por primera vez al ex agente de la CIA en Washington DC, pensé: el tipo no se parece en nada a George Clooney. Pero Clooney, quien ganó un Premio de la Academia representando a Baer en la película Syriana, había realmente captado algo de la postura, del patetismo, del abatimiento de un hombre de la CIA que pasa demasiados años ensuciándose en el terreno –en el fango peculiar de Oriente Próximo, nada menos– arriesgando su vida y siendo ignorado al hacerlo. Clooney en la cinta anda en bicicleta entre los trajes en Langley, la burocracia en sus cubículos, y parece como si fuera el único hombre sano en un pabellón para enfermos mentales.

Así fue con Bob Baer en Washington –terreno poco familiar, “una ciudad de lunáticos,” dijo. Había vuelto a casa, en el oeste, a la pequeña aldea montañosa de Silverton, y cuando lo encontré allí unos meses más tarde, me llevó a un gran tour. Silverton es un reducto minero convertido en atracción turística, pero sigue resonando con las maneras inconformistas de hombres que extraen plata del suelo a la busca de un filón y no gustan de que se entrometan las autoridades. A la localidad se llega por pasos elevados en los que los camiones con remolque caen regularmente a los barrancos en invierno, y tiene sólo una calle pavimentada, Main Street, y una iglesia con cruces cabeza abajo. Varios residentes –me aseguró Baer– tienen licencias para poseer ametralladoras totalmente automáticas. “Es para disparar a los helicópteros negros,” dijo riendo, pero no parecía estar bromeando. La gente del lugar me dice que el lugar tiene una tendencia a recibir “gente que metió la pata en alguna otra vida y que viene aquí para no ser nadie.” Pienso que Bob Baer vino aquí en parte porque la CIA afirmó que había metido la pata. Tal vez lo hizo. Depende con quién se hable en este negocio. Así debe ser cuando se trata de mentirosos profesionales.

Porque tal vez sea la Agencia la que metió la pata –parece ser una costumbre de la CIA, la especie de costumbre que no ve a al Qaeda en el horizonte, que empantana al país en Iraq, que hace que uno se pregunte, como ciudadano que paga sus impuestos, si la agencia en su actual encarnación tiene otra razón de ser que malgastar tu dinero. Es algo que puede generar las quejas de los ciudadanos en Silverton.

Robert Baer dedicó 21 años de su vida a la celebrada Agencia Central de Inteligencia, desde 1976, a los 22 años. Era un creyente. Lo entrenaron para hacer volar las cosas –la tradición de acción clandestina para la cual nació la CIA– y, más importante, para asegurar que no hagan volar a los estadounidenses. Fue entrenado para escuchar, observar, tomar notas. Se lanzó a las ciudades de Oriente Próximo, aprendió el juego del espionaje, aprendió a engañar y a embaucar y a ser otra persona, perfeccionó su árabe, dejó crecer su barba negra, bronceó su piel. Oriente Próximo fue su crisol y finalmente su obsesión. Llegó a ser tan bueno que pasaba por ser nativo, errando por Beirut en los años ochenta durante la guerra civil que causó estragos en el Líbano, con una cinta para el pelo que decía, en la caligrafía del Qu’ran, “Deseamos el Martirio”. “Esos malditos estadounidenses están por doquier,” decía a sus taxistas, a la busca de mártires. “¡Deberíamos hacer volar su embajada!” Ya en 1983, describía la amenaza de redes terroristas islamistas en memorandos que según él pocos de la gente importante en Langley o en el Despacho Oval se molestaba en leer. Su trabajo le hizo ganar la Medalla de la Carrera de Inteligencia de la CIA; Seymour Hersh, el decano de los reporteros de inteligencia en Washington DC y su amigo personal, una vez lo llamó “el mejor agente en el terreno que la CIA tuvo en Oriente Próximo.” La distinción de sus superiores pareció una cruel ironía cuando años más tarde los islamistas sobre los que había advertido atacaron tierra estadounidense.

Cuando abandonó la Agencia en 1998, se acurrucó y escribió sobre su tiempo como espía. Sus primeros dos libros –una memoria “See No Evil,” y una revelación: “Sleeping with the Devil,” sobre la demencial relación de EU con los saudíes– le hicieron conseguir un contrato con Hollywood. Pero lo que no logró captar Syriana como película –porque, después de todo, es una operación de Hollywood y dedicada, como la CIA, a un buen tema de portada, uno que venda, que nos mantenga mirando sin comprender realmente– es que la CIA no es muy buena haciendo lo que supuestamente debe hacer, que no es asesinar o hacer volar cosas o montar golpes mal concebidos, sino saber. A la agencia para la que Baer trabajó y a la que amó se le ha atribuido en sus peores horas tanta estupidez, atrocidad, desperdicio y engaño, tanto que es subterráneo e inaudito, y mientras tanto supuestamente sabe lo que el resto de nosotros no podemos saber: un control de los secretos del mundo, una responsabilización en el sentido final de suministrar lo que se llama “inteligencia” –no estupidez.

De modo que Baer había ido a Silverton para alejarse de la estupidez. Sugirió que fuéramos a caminar a las montañas. El día era cálido, el sol estaba en lo alto y los riachuelos llenos de agua de deshielo. Cuando caminé para encontrarme con él en su vieja casucha de minero renovada cerca de Main Street, frente a la iglesia con las cruces cabeza abajo, su esposa Dayna, ex agente de contraterrorismo de la CIA estaba sobre la alfombra con su recién adoptada huérfana paquistaní de 13 meses, Khyber, que era toda sonrisas. “El juez talibán en el tribunal de adopción no confiaba en dos estadounidenses que vagaban por el país a la busca de un huérfano,” dijo Baer. “Pero la embajada de EU fue peor.” Sujetó la manita de Khyber y besó su pie y me lanzó una sonrisa traviesa. “No estoy seguro de si es hija de un atacante suicida o de un guerrero talibán que matamos,” dijo. Resultó que no era ninguna de las dos cosas. Luego fuimos a pasear.

 

***

 

La Agencia Central de Inteligencia, establecida en 1947 bajo la Ley de Seguridad Nacional, fue concebida por hombres que habían aprendido el arte de la guerra secreta en la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) durante la Segunda Guerra Mundial. La OSS era un equipo de comandos, creado para la acción clandestina –asesinato de nazis, atentados contra puentes– pero se suponía que la CIA fuera algo mejor, más sutil, más complejo. Se involucraría en acción clandestina cuando surgiera la necesidad, pero preferentemente cubriría como la niebla los países en cuestión, silenciosa y amorfa, flotando por doquier. Después de la Segunda Guerra Mundial, la recolección de inteligencia era el objetivo declarado, no la intervención brutal, ciertamente no asesinatos. Esto fue subrayado en la carta y en la legislación que estableció la CIA, pero la letra de la ley no tenía mucha importancia.

La agencia estaba y sigue estando dividida en dos ramas principales. La principal es el Directorado de Operaciones, el DO, que envía a agentes al terreno, entrenados para desaparecer bajo tapadera, a fin de reunir información y, en casos extremos, estaban dispuestos y eran capaces de participar en acciones encubiertas para amañar elecciones, derrocar gobiernos, organizar muertes desafortunadas. El DO es mejor conocido como servicios clandestinos –es la CIA imaginada en películas, alternativamente engalanada y oculta por una cortina de humo, pero siempre romantizada. Al contrario, el Directorado de Inteligencia, el DI, está repleto de intelectuales –los doctores, los científicos, los psiquiatras, los sociólogos, los artistas– que analizan la información que supuestamente deben aportar los agentes del DO. Desde el comienzo ha habido conflicto entre los dos directorados: uno el centro de inconformistas, operadores, los que se ensucian las manos, los otros la torre de marfil de los pensadores que filtran los datos en bruto para hacer que sean digeribles para el consumo por los políticos. De muchas maneras, es una falsa dicotomía: los dos directorados han trabajado de común acuerdo en la toma de decisiones erróneas, pero habitualmente uno culpa al otro.

Bob Baer, según él mismo, fue un tipo de acción por naturaleza. Creció en las tierras altas de Colorado soñando con una vida de esquiador competitivo. Le gustaba deslizarse por lomas escarpadas donde una decisión errónea significaba que se moría envuelto en pinos, caído a un precipicio o perdido en una grieta. Su ambición se atascó con su horrendo rendimiento en la escuela –“puros insuficientes, y unos pocos peores todavía,” recuerda, porque pasaba demasiado tiempo en las laderas. Su madre, heredera de una considerable fortuna del abuelo de Bob, tuvo una reacción razonable. Lo llevó a Europa para una especie de pseudo-educación a la edad de 15 años, la formación de un naciente agente sobre el terreno de la CIA. Bob y su madre atravesaron Europa durante varios años– su padre, “un bueno para nada,” había abandonado a la familia –y en 1968, estuvieron en Paris cuando la ciudad estaba en llamas y los estudiantes se manifestaban. Pronto aprendió francés, luego alemán cuando su madre compró un Land Rover y se dirigió hacia el este, con el improbable objetivo de llegar a Moscú. El Land Rover era un pedazo de chatarra, fue como “ir en un tractor John Deere.” Cuando iban a rastras para salir de Praga, los tanques soviéticos se cruzaron con ellos en la carretera, enviados a aplastar la Primavera de Praga. Llegaron a Moscú, después a Helsinki, y de vuelta a EU, donde Baer fue enviado por su madre a una escuela militar. De alguna manera la disciplina tuvo su efecto, y fue aceptado por la Universidad Georgetown, se graduó con un título en relaciones internacionales y, por broma, pasó el examen para el Foreign Service. Un año después, durmiendo en el sofá de un amigo en Berkeley, sin perspectivas de trabajo, y sin mucha ambición por otra cosa que la vida de un loco por el esquí, solicitó un puesto, de nuevo por broma, en la CIA. Se imaginó una prebenda en los Alpes, donde podría espiar a los gobiernos europeos entre descensos por las pistas.

En su lugar, Baer fue lanzado a las entrañas de Nueva Delhi para extirpar la influencia soviética en India. Ahora era un guerrero de la Guerra Fría. Cuando llegó a la casa suministrada como tapadera, lo saludaron siete sirvientes formados bajo “una inmensa higuera de Bengala y una pérgola de jazmín que cubría todo lo largo de la entrada.” No había nieve, pero no estaba mal para un muchacho de veinticinco años que comenzaba su primer trabajo verdadero.

 

***

 

En 1976, el mismo año en el que Baer, dispuesto, ávido y enamorado, se sumó a la Agencia, un veterano de los servicios clandestinos llamado John Stockwell, jefe en la desastrosa operación de la CIA en Angola en los años setenta, preparó una serie de memorias deinvestigación muy similares a los libros que Baer escribiría un cuarto de siglo después. Lo que Stockwell había visto como agente en África y en todo el Tercer Mundo era una CIA que era puramente intervencionista – que no recolectaba inteligencia, sino que era brutalmente maquinadora, maligna, un arma secreta para que presidentes de EU y políticos en la Casa Blanca combatieran a los soviéticos para lograr el control del mundo. Las operaciones paramilitares de la CIA mediante fuerzas testaferras – el financiamiento de mercenarios, terroristas, saboteadores – eran, informó Stockwell, “todas ilegales,” su objetivo de “afectar el funcionamiento normal, a menudo el funcionamiento democrático, de otras sociedades (un chispazo centelleante de lo obvio para los lectores de nuestros días). Para Stockwell, quien abandonó la CIA en 1976 para denunciarla ante el Congreso, esto “provocó serias dudas sobre la responsabilidad moral de EU en la sociedad internacional de naciones.” El secreto en la búsqueda de esa cosa mercurial llamada “seguridad nacional,” escribió, había dado paso a la amoralidad que surgía de los escalones más altos del gobierno: “La mayor función del secreto en Washington es impedir que el pueblo de EU y el Congreso de EU sepan lo que los dirigentes de la nación están haciendo,” escribió. “Secreto es poder. El secreto cubre los errores. El secreto cubre la corrupción.” Y en la CIA, concluyó, “se ha establecido una profunda, arrogante, corrupción moral.” El ex analista de la CIA Chalmers Johnson llegó a una conclusión similar: “Cada presidente desde Truman, una vez que descubrió que tenía a su disposición personal un ejército privado totalmente secreto, no responsabilizable en lo financiero, no pudo resistir su utilización”.

A mediados de los años setenta, sin embargo, el velo fue desgarrado. El Congreso, publicó bajo la dirección del senador Frank Church en 1975-76 una devastadora serie de informes sobre la criminalidad de la agencia. La CIA había patrocinado golpes y elecciones amañadas en Grecia, Italia, Birmania, Indonesia, y docenas de naciones más. Había sacado clandestinamente criminales de guerra nazis de Alemania para combatir el comunismo en Europa Oriental; trabajaba conjuntamente con narcotraficantes en Asia, Europa, Oriente Próximo (y siempre parecía dejar tras de sí un próspero nexo con la droga dondequiera intervenía; suministraba a fuerzas de seguridad en todo el mundo equipos de tortura, manuales de tortura, entrenamiento en tortura. En Vietnam su inmensa Estación de Saigón supervisó los secuestros y asesinatos de decenas de miles de presuntos Vietcong, muchos de ellos inocentes, e hizo un buen trabajo incitando a la población campesina contra EU. La inmundicia salía a la luz casi a diario al ser descubierta por el Comité Church. A finales de los años setenta, la CIA había planificado o realizado los asesinatos de dirigentes en más de una docena de países; bromistas en la CIA los llamaban “suicidios administrados involuntariamente,” por cortesía del “Comité de Alteración de la Salud” de la Agencia. El trabajo de desestabilización de gobiernos tenía lugar a menudo al servicio de corporaciones con estrechos vínculos con el Congreso y la Casa Blanca, cuyos intereses empresariales estaban amenazados por algo que oliera a socialismo. La agencia también había estado ocupada en el frente interno, en violación de la ley interior, supervisando programas de control de la mente en los cuales se intoxicó con drogas a estadounidenses involuntarios, se hizo experimentos con ellos, y fueron efectivamente torturados; abriendo el correo de ciudadanos de EU; vigilando la actividad política de estadounidenses; infiltrando los medios con desinformación; mintiendo habitualmente a funcionarios elegidos. La CIA apareció a esta luz como una amenaza para la república en sí.

Todo esto afectó poco al joven Bob Baer, que estaba terminando su último año en Georgetown cuando las revelaciones de Church salieron en las primeras planas del Washington Post y del New York Times. “Me quedé con la impresión,” escribió en sus memorias,” de que detrás de la suciedad debía haber algún misterio profundo, oscuro, impenetrable – un conocimiento prohibido.” La estadía con su madre en toda Europa le había proporcionado una “visión romántica del mundo,” y la CIA, dijo, “pareció por un momento como el romance en sí”.

 

***

 

Los historiadores discutirán al respecto, pero después de las audiencias Church una especie de reforma se impuso en la agencia, ciertamente una reducción de la acción clandestina que anunciaba el fin de lo que los nostálgicos podrían llamar la era heroica del intervencionismo alocado – aunque la reforma no duró. Baer maduró como agente en el terreno bajo la nueva administración, encargado de hacer lo que la CIA ahora afirmaba que esperaba de los servicios clandestinos: no perturbar o desestabilizar o asesinar – la directiva presidencial 12333, expedida en 1981, prohibía explícitamente los asesinatos de la CIA – sino escuchar, hablar el idioma, reunir fuentes, quedarse tranquilo, mantener los ojos abiertos, conocer su país anfitrión, los temas críticos, a la gente y a los protagonistas, conocer las calles de la ciudad donde está ubicado, desaparecer en el tejido de la sociedad. Aprender a moverse como la niebla. Cualquier agente te dirá que es mucho más difícil de lo que suena. Agentes de la CIA que trabajaron con Baer me dicen que era excepcional en su tarea dondequiera iba, en Beirut en los años ochenta, en el desastre de Iraq después de la Primera Guerra del Golfo, en Jartum persiguiendo a terroristas, en Tayikistán como jefe de estación, en Sarajevo durante la guerras yugoslavas, en Paris en cócteles.

Profesionalismo era la clave. Se aprendía a evitar la vigilancia y a realizar vigilancia. Se aprendía a intervenir teléfonos y a asegurarse de no ser intervenido. Se aprendía a conocer las armas del enemigo, sus planes de batalla, las últimas tecnologías. Se devoraba libros, un hombre de la CIA dedicado a erudito regional. Se aprendía a utilizar los trucos del oficio, extraños venenos como “¿Quién, yo?”, que hace que la víctima huela literalmente a mierda durante días, un olor que sale de sus poros. Se utilizaban artefactos estándar de James Bond como micropuntos, negativos fotográficos reducido al tamaño de un punto en una página, y se aprendía esteganografía, el arte de ocultar datos dentro de fotografías. Se enseñaba a usar disfraces. Baer gustaba especialmente del Disfraz del Diente de Diamante – un incisivo de diamante falso en tu sonrisa y “lo único que recuerda la gente es ese diamante.” Se aprendían tapaderas para la acción y tapaderas para el estatus, este último, la gran explicación del motivo por el cual uno está en el país. Con más frecuencia la tapadera para el estatus es que uno trabaje en algún puesto para la embajada de EU, un trabajo de todos los días en el papeleo (Baer, como todos los agentes de la CIA, está limitado por un contrato vitalicio con la CIA a no revelar sus tapaderas de estatus durante los años).

El verdadero trabajo comienza cuando oscurece, cuando la embajada cierra. Entonces se sale a las calles, los bares, las callejuelas, las sórdidas habitaciones de hotel en las que se obtiene informaciones de sus “agentes”, los sujetos locales que has dado vuelta para que trabajen traicionando a su propio gobierno, robando secretos. Las coberturas para la acción representaban la vida o la muerte de una misión, el factor determinante de si uno vuelve a casa para la noche o es atrapado en un crimen capital por espionaje. La Cobertura de la Lavandería era práctica. Si uno anda corriendo por una ciudad tarde por la noche, es importante que sepa dónde se encuentra la próxima lavandería automática y que lleve su ropa sucia – tiene que estar verdaderamente sucia – y “hay que asegurarse de que uno mismo también esté sucio.” Los bebés en su coche son una buena cobertura. Los perros tarde por la noche son una buena cobertura para buzones muertos, porque se puede utilizar al perro como una excusa por andar vagabundeando. “También se puede ocultar mensajes,” dice Baer, “en la caca del perro.”

La cobertura de la Madre fue una de las invenciones de Baer. “He llevado a mi madre como cobertura a los sitios más complicados,” me dice. “La llevé al Valle Garm en 1992, en Tayikistán, que acababa de ser invadido por extremistas de bin Laden.” El propósito de Baer como jefe de estación en Tayikistán era descubrir cómo y dónde operaban esas facciones. “Teníamos un viejo sedán Niva con placas robadas de diplomático afgano y nos detuvieron doce combatientes, que libraban la guerra civil, sucios y con tajos y que no se habían lavado durante semanas. Mi madre dijo: ‘Hola, ¿cómo les va? Soy su madre. ¿Y de dónde son? Algunos de ellos hablaban inglés. Finalmente nos dieron té”.

De modo que ahí estaba Baer entre príncipes jordanos, comerciantes ilegales de petróleo en Iraq. Ahí estaba en 1993, robando un kilo de cocaína del avión del rey de Marruecos, Hassan, simplemente para demostrar que uno de nuestros aliados en Oriente Próximo era narcotraficante (“quería restregárselo en la cara a los de Washington.”). En Sarajevo se presentó como traficante de armas, en Iraq fue un asesino, en París, alcahuete. Una vez fue acechado por lobos en la Ruta de la Seda. En Tayikistán, pasó su tiempo libre cultivando la amistad de sus homólogos en el KGB, lanzándose con ellos en paracaídas, borrachos con vodka, o acelerando en sus tanques por una payasada (la central lo amonestó por su iniciativa). En la capital tayika de Dushanbe, estuvo en medio de un levantamiento islámico, refugiado en la habitación de un hotel con un alijo de misiles Stinger, mientras le disparaban a la gente en la plaza de la ciudad y un hombre con un megáfono gritaba: “HAY ESPÍAS ENTRE NOSOTROS.”

Y luego Beirut en los años ochenta, donde Baer comprendió a plenitud las apuestas que involucraba el trabajo de inteligencia, las respuestas que podía utilizar. Beirut fue una experiencia trágica para EU en Oriente Próximo, eclipsada sólo por el desastre de la ocupación de Iraq 20 años después. Comenzó con el atentado con coche bomba contra la embajada de EU en abril de 1983, en el que murieron 63 estadounidenses, incluidos seis agentes de la CIA. Seis meses después, 241 soldados estadounidenses murieron en un atentado con coche bomba contra el cuartel de los marines. Luego, en la primavera de 1984, el dilecto jefe de estación de la CIA en Beirut, William Francis Buckley, fue secuestrado por elementos de Hezbolá, y en 1985, Buckley murió de neumonía en cautiverio. Nunca antes había sufrido la CIA tantas bajas en un período tan breve.

Nadie sabía quién estaba tras los atentados, menos que nadie la CIA. La solución del misterio se convirtió en una obsesión para Baer, y comenzó una odisea de cuatro años en la Estación de Beirut para obtener una respuesta. El trabajo en Beirut era peligroso. El lugar era bombardeado y atacado con cohetes a diario, estaba infestado de francotiradores, dividido en feudos controlados por milicianos drusos, Hezbolá, terroristas de Fatah. Baer operaba entre todos ellos. “Bob conoció Beirut mejor que nadie que yo haya encontrado allí,” dijo un ex agente de la CIA, John Maguire, en retiro actualmente, quien espió con él en la estación de Beirut durante varios años en los años noventa. “Trabajaba a los dos lados de la Línea Verde, Beirut este y Beirut oeste, los suburbios al sur, y el valle Biqa. Era reclutador, y trabajaba solo, lo hacía día y noche, sin fanfarria, sin respaldo.” Baer concluyó finalmente, en 1987, que el régimen islamista de Irán, empleando testaferros locales de Fatah, era el protagonista clave detrás del atentado contra la embajada y el secuestro de Buckley. Las revelaciones, dijo Baer, no fueron registradas en la central. “Para entonces era cosa antigua. Simplemente no les importaba. Fue mi primera comprensión de la amnesia histórica de la agencia”, dice ahora.

Baer afirma que siguió produciendo una buena cantidad de inteligencia en Oriente Próximo y Asia Central. Reclutó un contacto dentro de Hezbolá, lo que nunca antes había sido hecho. Dice que impidió un ataque terrorista contra el USS New Jersey, que iba a ser atacado con cohetes frente a la costa del Líbano. En los años ochenta, comenzó a penetrar la red de islamistas conocida como Hermandad Musulmana, cuyos miembros más adelante se vincularon a al Qaeda. “Dije a la central: ‘oigan, tenemos que hacer algo respecto a la Hermandad, tienen malas intenciones’”, me dijo Baer. “Fui a Alemania, encontré una fuente en la Hermandad, pero nadie en Washington estaba interesado, y dejaron que el sujeto desapareciera.” La fuente, afirma Baer, era miembro de la misma célula a la que se unió años más tarde Mohammed Atta en Hamburgo en preparación para los ataques del 11-S.

El punto, me dijo una y otra vez, es que los de más arriba en la CIA, que informaban a la Casa Blanca, no parecían interesarse por verdadera inteligencia, el lento proceso orgánico de recolectar de a poco información y comprenderla. Los presidentes sirven cuatro años; quieren resultados hoy mismo, quieren inteligencia útil para la agenda política que asegura la reelección. El director de la CIA, George Tenet, suministró precisamente ese tipo de inteligencia en los preparativos para la guerra de Iraq. Las armas de destrucción masiva (ADM) iraquíes fueron una “clavada,” dijo Tenet, y su pronunciamiento correspondía a la justificación principal para una guerra predeterminada por el gobierno de Bush. Pero las ADM eran una ilusión, y mientras tanto había en la CIA disidentes en el terreno que lo decían y fueron ignorados.

Un día, cuando pedí a Baer que enumerara sus logros como espía, presentó una lista interminable de trabajo serio. “También arreglé la máquina de café en el 6º piso y follé a la mujer de George Tenet,” dijo bromeando.

 

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La amnesia histórica podrá parecer un hábito de cada gobierno estadounidense desde la fundación del Estado de seguridad nacional en 1947, pero se destaca como un problema histórico mundial en el entorno posterior al 11-S. Los ataques de testaferros de Irán en Beirut – los atentados contra instalaciones militares y de inteligencia estadounidenses, el secuestro de Buckley – presentado como posiblemente un caso clásico de la historia que vuelve para hacer pagar caro a la CIA en la forma de un “contragolpe.” El ex analista de la CIA, Chalmers Johnson, ha hecho una carrera escribiendo sobre los contragolpes, la expresión profesional de la CIA para cuando el intervencionismo resulta en consecuencias negativas a largo plazo para la seguridad nacional. Johnson en sus tres libros sobre el tópico – el primero llevaba el subtítulo “Los costes y consecuencias del imperio estadounidense” – presenta un apremiante argumento universal sobre el contragolpe como sistémico en la política exterior de EU después de la Segunda Guerra Mundial.

En retrospectiva, el contragolpe iraní contra EU debería haber sido esperado. Es tan fácil de comprender como la ley de la gravedad. En 1953, la CIA ayudó a derrocar al presidente democráticamente elegido de Irán, un socialista llamado Mohammed Mossadegh quien amenazó con nacionalizar los intereses petroleros británicos. La agencia instaló al tiránico Shah, amigo de las corporaciones petroleras, mientras instituía un reino de terror que provocó la Revolución Islámica de 1979 – los mismos islamistas que invadieron la embajada de EU para tomar 53 rehenes estadounidenses y gatillaron la crisis de los rehenes que afectó la presidencia de Jimmy Carter, los mismos islamistas que atacaron a EU en Beirut, donde EU también estaba interviniendo. Durante ese período, la CIA estaba suministrando armas a otro grupo de revolucionarios islamistas en Afganistán que estaban combatiendo contra una invasión soviética. El pasado en Afganistán fue un prólogo: Nuestros aliados islamistas se unieron en al Qaeda para suministrar un ejemplo particularmente horrible de contragolpe: el 11 de septiembre de 2001.

 

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Cómo Bob Baer llegó a su triste fin en la CIA después de 21 años de servicio, reducido de un día al otro a la condición de paria y obligado a irse, es una cuestión de disputa. En 1995 era jefe de operaciones de la CIA en el norte de Iraq, basado en Salah-Al-Din, en manos kurdas, encargado de organizar la oposición al régimen de Sadam Hussein. Era su primera incursión en la acción clandestina, y sería la última. A comienzos de 1995, sus fuentes dentro del ejército iraquí hablaban de un intento de golpe, del derrocamiento de Sadam y de la instalación de una junta militar amiga de EU. Parecían estar de acuerdo con la misión de Baer. Durante meses había estado dirigiendo fuerzas kurdas, con apoyo de la CIA, para atacar puestos avanzados del ejército de Sadam en el note. Los ataques llevaron a la muerte de miles de soldados iraquíes. (Cuando pregunté a Baer si alguna vez había cometido asesinatos para la agencia, dijo: “No, siento desilusionarlo, pero ordené las muertes de más de 2.000 iraquíes en operaciones paramilitares. ¿Me convierte en asesino o en homicida en masa?”).

Washington dijo que había sobrepasado su autoridad al apoyar a los planificadores del golpe. Baer afirmó que de hecho el gobierno de Clinton había dado su aprobación, y luego vacilado en el último minuto. El sentimiento de Baer fue que el gobierno no sabía lo que quería, que era demasiado “políticamente correcto,” y que él era el chivo expiatorio para su indecisión. El golpe, cuando finalmente tuvo lugar, fue aplastado sin mayores ceremonias, y los generales rebeldes muertos.

Lo que pasó entonces fue más allá de su imaginación. Lo convocaron a la central, fue investigado por el FBI, confiscaron sus pasaportes, y fue acusado – de modo absurdo, le pareció en vista de la historia de errores de la CIA que no fueron castigados – de intento de asesinato por conspirar para asesinar a un dirigente extranjero. Baer afirmó que sólo seguía órdenes. Después de seis meses de investigación fue exonerado de la acusación. Las ironías abundan. Baer había sobresalido en el trabajo de inteligencia, no en intervención, y su único intento en la acción clandestina fracasó y arruinó su carrera. Fue encargado permanentemente de trabajos de escritorio, odiando la burocracia de aire acondicionado en Washington, sabiendo que nunca más sería enviado al terreno en el que medraba. En el momento mismo en el que su carrera en la agencia debiera haber prosperado, la abandonó.

Ahora contemplaba el paisaje de su vida, y no era hermoso. Estaba sin un centavo, incapaz de permitirse los precios de los bienes raíces de la burbuja económica en Washington y, acostumbrado a vivir en lugares infernales y bajo tensión, se sentía como extranjero en su propio país. Su familia estaba arruinada después de años de descuido. Su matrimonio, dijo, carecía de amor, de sexo – se había alejado intencionalmente en sus tareas en el extranjero. Era un paria para sus tres hijos, un padre ausente. “Toda esa mierda de que terminarán por volver,” dice hoy. “Pero eso es lo que es, mierda. Mis hijos me mienten básicamente sobre todo. Sus estudios. Sus vidas.” Pronto se divorció y se volvió a casar con una colega, una agente de la CIA llamada Dayna Williamson, a quien había conocido mientras trabajaba en la guerra en Sarajevo. Dayna fue trabajadora social en Orange County antes de entrar a la agencia, se convirtió en “tiradora” en la Oficina de Seguridad de la CIA, entrenada para matar con una pistola, entrenada en la “adquisición de objetivos” en multitudes utilizando un bolso de rápido alcance con un doble fondo en el que llevaba una Glock. Una vez trabajó protegiendo a la reina de Jordania durante apariciones en público. Separados de la agencia, Bob y Dayna probaron la consultoría en inteligencia en Beirut, un territorio antiguo y familiar. Una de las primeras ofertas que obtuvo Baer fue un asesinato. No era una opción.

En su lugar estudió latín y griego, se convertiría en erudito. Leyó a Aristóteles, Herodoto, Polibio, Tácito en la lengua original. Pensó en escribir libros, algo sobre su historia con la CIA. La idea tenía sentido. Incluso podría ganar dinero. Baer trabajó durante dos años para terminar “See No Evil” y, cuando el libro llegó a las librerías a comienzos de 2002, después de los ataques del 11-S, fue un éxito de ventas. Su argumento era de sentido común y no contenía nada nuevo: La CIA había olvidado que la inteligencia depende de seres humanos en el terreno, lo que llaman “humint” [inteligencia humana]. Los computadores digiriendo datos, los satélites sacando fotos desde kilómetros de altura – no nos salvarían. El que no se haya confiado en los peligros de la humint, argumentó Baer, ayudó a permitir que sucediera el 11-S. Dedicó su libro a sus hijos: “Espero que ayude en algo,” escribió, “a explicar dónde estuve durante todos esos años.”

A Baer le gustaba la disciplina de la escritura; correspondía a su lado fuerte como espía. Podía realizarla solo, sin supervisión, cultivar fuentes, escuchar a su manera, sin estar limitado por la burocracia. Una serie de ex agentes de la CIA con los que hablé dijeron que la memoria de Baer sonaba a verdad: la CIA no valorizaba a su gente que hacía el trabajo sucio. El ex agente infiltrado de la CIA Ishmael Jones, que el año pasado publicó una memoria bajo pseudónimo: “The Human Factor,” sobre sus años de desilusión en la CIA, me dijo: “El logro de Baer en los libros muestra que es muy talentoso e inteligente. Imagine lo que podría haber hecho por nuestra seguridad nacional en un servicio clandestino que funcione.” Es tal vez la mayor ironía: Baer tuvo que abandonar la agencia para desarrollarse plenamente. Trabajar para la CIA fue “la aventura de un muchachito,” me dijo Baer. “Pero uno no madura. Uno no crece.”

 

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Cuando Hollywood llegó corriendo después del éxito de “See No Evil” y se inició la producción de Syriana en 2004, Baer tomó un papel como cameo, en el rol de un agente del FBI. Era una sola línea, exigiendo a George Clooney que renuncie a sus “pasaportes” – en plural – y metía la pata continuamente. Numerosos ex agentes de la CIA me cuentan que se han reído de la versión de Syriana de la CIA, entre ellos Bob Baer.

Lo que ofrece Syriana, aparte de su retrato obvio de la simbiosis del gran petróleo y de la política exterior agresiva, es una clara coreografía conspiracionista de hombres de la agencia. La CIA baila sin fallar al ritmo de los ejecutivos de la corporación petrolera y de lobistas y abogados de Washington quienes, en canales no revelados tan etéreos como ESP, ordenan a la agencia que asesine a un emir de Oriente Próximo que no es del gusto de las corporaciones petroleras. Este absurdo mundo de relojería de la CIA funciona en película, como la mayoría de las conspiraciones de la CIA, sin problemas, sin accidentes, sin rencillas burocráticas, sin papeleo, sin estupidez o incompetencia o flojera, y ciertamente sin nada de los cansadores y trágicamente aburridos interregnos del mundo real en los cuales agentes como Baer sudan en esas piezas de hotel en Beirut interrogando a sus fuentes, haciendo lentamente conexiones, solucionando acertijos o no solucionando nada. El verdadero trabajo de inteligencia no sirve para buenas películas.

A este respecto, Syriana es una visión notablemente obsoleta que corresponde bastante bien a la agencia de los años cincuenta y sesenta que circulaba por el planeta derrocando gobiernos durante la era dorada de la acción clandestina, en los tiempos en los que la CIA era mortalmente efectiva y no lo que es actualmente. Se podría argumentar que Syriana es en realidad una especie de propaganda engañosa, tan ensordecedoramente simplista como una cinta de James Bond. “La objeción que tengo ante la obra de Baer es que el ángulo de la entretención muestra sin quererlo a la CIA como una organización eficiente,” dice Ishmael Jones, quien pasó 15 años como infiltrado para la agencia. Syriana podrá parecer un retrato negativo de la CIA – como una organización de asesinos que trata de favorecer los intereses de las compañías petroleras estadounidenses – pero también presenta a la CIA como omnisciente, determinada, dura y trabajadora. La CIA, como criatura viva, preferiría ese retrato al de estar dedicada sólo a su propia manutención y crecimiento, evitando el trabajo rigoroso y el deber en el extranjero.” Cuando pregunté a Baer por la evaluación de su colega, me envió rápidamente un correo diciendo: “Tiene razón.”

La verdadera historia que Syriana no menciona es que la CIA de hoy tiene más empleados, más arribistas en la burocracia, más contratistas privados y un presupuesto más voluminoso que nunca y que todavía no parece desplegar efectivamente agentes en el terreno para el propósito fundamental de la inteligencia humana. En el largo período después del 11-S, la agencia, atiborrada de dinero, se dedicó a una masiva contratación de personal, y ahora tiene más de 20.000 empleados, el equivalente del tamaño de una división del ejército. La mayoría sirve en el Directorado de Inteligencia, el escuadrón de los frikis; menos de 2.000 trabajan en los servicios clandestinos en el Directorado de Operaciones. Pero incluso los de operaciones se quedan en su mayoría en casa. Según Ishmael Jones, cerca de un noventa por ciento de los empleados de la CIA viven y trabajan en el confort de EU, no acostumbrados a beber agua en las acequias ni a dormir en catres; durante la Guerra Fría, aproximadamente un 45% vivía en EE.UU. La evidencia física se ve por todo Washington DC en la forma de inmensos nuevos edificios para oficinas de la CIA.

“Antes del 11-S la CIA era burocrática y negligente, pero después empeoró considerablemente,” me escribió recientemente Jones en un correo en el que describe cómo funciona la hinchazón. “En lugar de simplemente llamar a alguien y organizar una reunión, como se hace tan a menudo en el trabajo como periodista,” me dijo, “la CIA forma comités para discutir como contactar a alguien y pasará meses haciéndolo. Luego, en lugar de llamar al individuo por teléfono, hará algo terriblemente costoso – crear una convención en Roma en un hotel elegante, preparar eventos y oradores, y luego invitar al individuo a la convención. O comprarán el banco que usa para sus negocios. Los bienes raíces son importantes, de modo que tal vez compren la casa al lado de la del individuo. Esos programas nunca parecen funcionar porque las condiciones nunca parecen ser exactamente lo que debieran ser para reunirse con la persona. Pero la reunión no es el objetivo,” me dijo Jones. “El objetivo es que todos parezcan ocupados y que desaparezca el dinero.”

La agencia es presa del frenesí privatizador que ahora es común en los servicios de inteligencia de EU, donde los agentes están más interesados en las puertas giratorias de Washington que, a pesar de las ilusiones hollywoodenses de Syriana, en asesinar emires al otro lado del globo. El complejo inteligencia-industrial vale hasta 50 mil millones de dólares al año, con la subcontratación en el sector privado de ex agentes de la CIA que ofrecen sus servicios a la agencia a tres veces lo que gana el empleado promedio de la CIA (y con mucho menos efectividad, según fuentes como Jones, incluso que los empleados derrochadores). Es un cambio sin precedentes en la historia de la agencia. “Nunca se vio a un contratista privado dentro de la CIA en mis días y nadie hablaba de conseguir un contrato cuando se iba,” me dice Baer. “La gente se retiraba y desaparecía. Era como Cincinato. Volvían a sus granjas. Mire George Tener. Se retira, gana millones de dólares con su libro, y ahora tiene múltiples contratos de consultoría con la CIA. Cuando escribió su libro, la CIA le dio investigadores y una oficina – una oficina confidencial en Langley – para posibilitar que la CIA le comprobara los hechos.” Ishmael Jones me dice que desde el 11-S unos 3.000 millones de dólares han sido “desperdiciados, perdidos o robados” por ex agentes de la CIA que trabajaban como contratistas haciendo “trabajo de apoyo,” dirigiendo programas de entrenamiento, realizando “investigación,” escribiendo “análisis.” El que compañías privadas desplumen al gobierno de EU es una tradición estadounidense, con más fuerza en la última década que nunca antes, pero la diferencia, señala Jones, “es que los contratistas de la CIA no están sujetos a supervisión, ni a rendir cuentas.”

La nueva contratación, los mayores presupuestos, el crecimiento en la subcontratación se basa claramente en preocupaciones aparentes por la seguridad nacional. Todo ese esfuerzo se hace para derrotar al sustantivo llamado “terror” y para encontrar a bin Laden, que ocupa el útil punto en el horizonte en el cual otrora el comunismo surgía como amenaza. Bob Baer aprovechó la industria de la amenaza de bin Laden con su primer libro. “Hay dinero, carreras, reputaciones enteras que dependen de la amenaza de bin Laden. Pero la amenaza fue efímera,” dice Baer. “Ese caso lo estropeamos”.

Mientras tanto, existe “Baghdad Station,” donde supuestamente la inversión tiene importancia. John Maguire, quien trabajó con Baer en Beirut, volvió recientemente de Bagdad, que es ahora la mayor operación clandestina de la CIA desde Saigón durante la Guerra de Vietnam. “Hay pocos, si alguno, agentes que sepan moverse por la ciudad, pocas veces se atreven a salir, ciertamente no solos, y la mayoría pueden perderse. ‘Demasiado peligroso,’ dicen. Cuando salen,” me dice Maguire, “es con guardaespaldas personales, conductores, coches blindados, armas automáticos, y un perfil de una película de Mad Max.” Para que luego hablen de moverse como la niebla. En su lugar, es el puño de hierro, los Abu Ghraib y los “sitios ocultos” de la CIA, los gulag súper-secretos, donde la agencia ha resucitado su hábito criminal de torturar sus “fuentes.” La tortura, como os dirá Bob Baer, nunca ha producido material útil de inteligencia y nunca lo hará. La tortura, sin embargo, produce una cantidad de gentes encolerizadas que terminan por odiar a EU cuando podrían haber sido aliados. En otras palabras, un buen sistema para más contragolpes.

 

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Un día en otoño pasado, cuando fui a visitar a Baer en Silverton antes de la llegada de mucha nieve y del cierre de los caminos durante días enteros, caminamos por las montañas y hablamos de lo que podría haber logrado una CIA eficiente. Podría haber encontrado a bin Laden (Baer piensa que está muerto, que sus videos resultan del trabajo de un especialista en Photoshop de al Qaeda). Podría haberse introducido en la Hermandad Musulmana que ayudó a producir la tropa de bin Laden. Podría haber sido honrada en cuanto al espejismo de las ADM de Sadam. “La CIA suministró armas a los muyahidín en Afganistán durante diez años para derrotar al ejército soviético,” dijo. “Sin embargo la agencia no había encontrado una sola fuente dentro de Afganistán que pudiera informarnos sobre al Qaeda.”

Hablamos sobre su último libro, “The Devil We Know,” un análisis de la inteligencia respecto a Irán que sugiere que todo en el discurso popular en EU es erróneo. Es el tipo de inteligencia que probablemente habría sido ignorada si hubiera sido publicada dentro de la agencia. EU, plantea Baer, debería abrirse hacia Irán, una gran potencia en Oriente Próximo, heredera de la Persia antigua que posee una memoria histórica que el aparato de espionaje estadounidense no se molesta por comprender. EU debiera llegar a una distensión con los gobernantes de Irán, reconociéndolos no como dementes que buscan la destrucción sino como protagonistas en el mundo de la realpolitik – no tan diferente en su propósito de EU. Irán, dice Baer, ha abandonado su tendencia a financiar el terrorismo contra EU. En general es un argumento generoso, casi heroico, considerando la carnicería realizada contra la CIA por los mullahs durante los años de Baer en Beirut, los amigos muertos por Irán, el caos provocado por Irán. En ese sentido el libro es una oferta de paz a pesar del terrible pasado – un reconocimiento de la memoria histórica y un intento de encontrarle una respuesta.

Casi nada de lo que sugiere en el libro sobre Irán está de acuerdo con la sabiduría convencional en Washington. Irán debe someterse, dice la sabiduría, o sufrir nuestras bombas. Irán, después de todo, es supuestamente la próxima gran amenaza. La voz disidente de Baer es pequeña en la avalancha de intereses en Washington. Por eso está en Silverton. Sugiere que la CIA transfiera su central a las montañas, que viva en el duro invierno gélido y que tome contacto con la realidad, pierda un poco de grasa. Me da la impresión de que ya no cree en el poder de EU tal como está configurado actualmente. Tal vez ha vuelto al punto de partida de sus viajes por el mundo con su madre. Me cuenta que podría presentarse de candidato a sheriff del distrito y que su primer acto oficial será que ya no “implementará las leyes federales.” Me dice: “Somos un país de aislacionistas. No construimos imperios. Así que volvemos a casa. Construimos el coche eléctrico perfecto, regalamos paneles solares, transformamos a los tarados de Wall Street para que construyan el transporte público.” Tiene que cuidar a su nueva hija Khyber y a su esposa Dayna. Tiene un nuevo par de esquíes. Mientras caminamos por las montañas, la nieve comenzó a caer. Pronto los picos estarán cubiertos, y el valle. Baer podría ir a esquiar.

 

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Christopher Ketcham, escritor independiente en Brooklyn, NY, está escribiendo un libro sobre grupos secesionistas en EU. Para contactos escriba a: cketcham99@mindspring.com o vea más de su trabajo en christopherketcham.com.

Fuente: http://www.counterpunch.org/ketcham10232009.html

Zona Pirata

* La magia zombie radica en la ilusión del cambio, para bien o mal, de la humanidad. Son toda una experiencia las desérticas tomas que muestran a Londres o Nueva York con las calles vacías, llenas de basura y oscuras protuberancias moviéndose en las sombras que antes pertenecían a pandilleros y ratas.

 

Miguel Alvarado

Las películas de zombies han causado, a lo largo de los años, una fijación inexplicable en las audiencias. Nadie sabe por qué es divertido aunque pocas veces terrorífico ver a los muertos levantarse de sus tumbas, buscar cerebros y convertir a otros en aquellos cuerpos putrefactos que repetirán interminablemente el mismo ciclo. El fenómeno incluye cómics, libros, videos musicales, intentos de romper Récord Guinness y festivales hechos y derechos dedicados a estas anormalidades.

Una de ellas es de reciente manufactura y recaudó en Estados Unidos 25 millones de dólares los dos días posteriores a su presentación en las salas de cine. Los gringos se han apropiado de esta parte oscura y poco entendida del folclor nacido en Haití hace tres siglos y han logrado insertarlo en su propia discapacidad pop para, desde allí, dominar el mundo como siempre han querido. Pero lo trágico es que lo han logrado. Estos muertos que caminan y que a veces se disfrazan de punks o teiboleras tienen el mismo impacto que hace años alcanzaron los luchadores enmascarados que peleaban contra gráciles momias y vampiros seductores casi desnudos.

La historia del cine descarnado, sin embargo, no es reciente y se remonta al lejano 4 de octubre de 1932, cuando se presentó en cartelera White Zombie, donde actuaba el fantasmal pero legendario Bela Lugosi. La película fue producida por expertos de la pantalla muda y sólo una pequeña parte de ella fue sonora, por lo que las críticas literalmente devoraron las entrañas de aquel intento. Lugosi, sabio monstruoso, advertía la importancia comercial de aquellos seres pues veía en ellos una veta inextinguible. Y tuvo razón pero pasaron décadas para que los descarnados aquellos encontraran a su padre putativo, George A. Romero y su pestífera La Noche de los Muertos Vivientes, de 1968. Romero, un hijo de cubana y lituano creó los arquetipos del zombie hollywoodense que posteriormente fueron modificados en las versiones de cada director. En las tramas no hay truco. Mueren, reviven y contagian a otros, que luchan por su vida y pierden. La importancia de aquel Romero lituano radicó en que, sin querer, decidió de alguna manera la suerte de este subgénero. Luego sus lamentables secuelas dieron al traste con la expectativa del mórbido público que demandaba sesos esparcidos, pero también más cerebro para despertar a los parientes lejanos de Toussaint L’Ouverture.

Esta Zombieland rompedora de récords y aclamada por nuevos cinéfilos que piensan en un océano lleno de razón, nació en una época en la que los portadores de fauna cadavérica son creíbles, tanto como los OVNI, la Atlántida y el Yeti. Muchos están dispuestos a aceptar que los brujos retornan con alquimias y filosofías puras para salvar al mundo y adjudicarle nuevos dictadores. O los mismos, pero recargados. La magia zombie radica en la ilusión del cambio, para bien o mal, de la humanidad. Son toda una experiencia las desérticas tomas que muestran Londres o Nueva York con las calles vacías, llenas de basura y oscuras protuberancias moviéndose en las sombras que antes pertenecían a pandilleros y ratas. El desorden preconcebido no existe ya pero ni siquiera hay la esperanza de volver a él. La naturaleza toma por asalto sus territorios de los cuales fue exiliada y pacientemente reconstruye el Edén. Los zombies no dañan a nadie, excepto a los humanos y contribuyen con el verdadero orden de floras y animales.

El fenómeno también fue adoptado por los cómics mass media identificados con valores inescrutables, inquebrantables pero también imposibles. Aquellos mundos del calderonista Capitán América, el zapatista Punisher, el bobalicón Hombre Araña y el tétrico Hombre de Hierro también han sido destruidos por la amenaza ambulante y ellos, los superhéroes capaces de derrotar a Hitler pero no de impedir la caída del World Trade Center, de salvaguardar a Barak Obama pero a la vez recorrer las calles con Archie Gómez, son aceptados sin ningún dejo de racismo por los amados muertos. Zombies con superpoderes. Nadie puede detenerlos. ¿Cómo esperar que el dios Thor, ahora descarnado, entienda las razones de los supervivientes? ¿Dónde quedó la imaginería impostora del profesor Xavier, quien no puede controlar el hambre? ¿Qué hacen la ridícula Antorcha Humana, el perverso Míster Fantástico y el descerebrado doctor Doom? Se dejan llevar, aceptan el legado del geriátrico cubano criado en el Bronx y se dedican, sin mayor argumento que el hambre, a cazar cerebros. Marvel descubrió a tiempo la mordedura del zombie y decidió resquebrajar aquella sociedad de supertontos incapaces de definir el término “maldad”. A cambio, les ubicó en un amanecer infranuclear donde ya no importa nada.

Y Zombieland no es distinta a ninguna otra aunque de pronto aparezca la figura grotesca del rechoncho Bill Murray y se burle de su pasado cazafantasma. La producción ni siquiera es mala y la belleza del error se pierde en bruscos pero estúpidos diálogos de reconocimiento entre los protagonistas, una sombra de Harry el Sucio y un estudiante con acné. Un recorrido por lo que queda de Estados Unidos sobre carreteras plagadas de caminantes sin vida y dos hermanas delincuentes completa el cuadro. Avanzan porque sí a cualquier parte y deciden como destino un parque de diversiones donde payasos diabólicos con una mitad podrida de la cara intentan comérselos en medio de una lluvia de balas. La edición está pulcramente cuidada, tanto que pierde definitivamente aquellas maniqueas intenciones de Romero. Lo previsible se materializa porque se descartaron los fantásticos clichés de maestros del absurdo como Ed Wood y su secta de fanáticos que han abierto una página web donde anuncian una nueva religión que pregona la salvación si se miran todas las películas malas del mundo. Y sí, ellos toman el absurdo con seriedad y dejan todo a la malaventura. Zombieland es lo contrario y extravía en definitiva el armonioso maquillaje de cientos de zombies que además corren y no caen al primer golpe de bala. Están hambrientos aunque parecen intelectuales arrebatos por la ira. El zombie original muere en definitiva bajo la dirección de un tal Ruben Fleischer, a quien la deleznable Wikipedia califica de “impulso fresco”. Debutante al fin y al cabo, el ahora millonario acompaña este chiste pésimo de la joven Abigail Breslin, quien sorprendió en “Pequeña Miss Sunshine” y “La Isla de Nim”. Candidata al sospechoso Óscar alguna vez, decidió que matar muertos era lo suyo y lo consiguió pero sin gracia ni fortaleza. También está Emma Stone, extraída de la horripilante La Casa de las Conejitas; Woody Harrelson, quien cambió a los Asesinos por Naturaleza y a Larry Flint por un chantaje de sí mismo. Completa el cuadro Jesse Eisenberg, menopáusico adolescente que abrevó en las casi estúpidas Adventureland, La Sombra del Cazador y La Maldición.

Si algunos pagaron 89 pesos por ver el superclásico entre América y Chivas en tercera dimensión, podrán con la entrada al cine pero lo más recomendable es un bonito DVD pirata por 15 pesos, aunque todavía no tiene el sonido original y de vez en cuando se observa a una sombra obstruir la imagen, cargada de palomitas y hot-dogs.

Y no, al final no se mueren… al final dan pena.