El Estado Eficaz

* Peña Nieto, el joven líder mundial, se acerca ya a los 44 años, edad más que suficiente para encarar retos que dictan su propia búsqueda del poder y la combinación de montielato y salinismo, que algunos consideran más perverso que la alianza política de izquierdas y derechas. Davos, para la adormecida capital del Edomex, está perdida en algún lugar de los mapas fantásticos de héroes y hechicerías y nada dice de entrada.

Miguel Alvarado

El Foro Económico Mundial de Davos es parada obligada en la agenda anual del gobernador mexiquense Peña Nieto. Tiene ya la experiencia alpina que exigen reuniones de aquella naturaleza y no se arruga al estrechar manos y dictar ponencias cargadas de reflexión. Al menos eso cuentan en Televisa y en los propios boletines de prensa de la administración estatal.

Este joven líder mundial se acerca ya a los 44 años, edad más que suficiente para encarar retos que dictan su propia búsqueda del poder y la combinación de montielato y salinismo, que algunos consideran más perverso que la alianza política de izquierdas y derechas. Davos, para la adormecida capital del Edomex, está perdida en algún lugar de los mapas fantásticos de héroes y hechicerías y nada dice de entrada. Nada tiene que decir, de cualquier forma. Allá no se arreglan los desperfectos domésticos que incluyen alzas al transporte o linchamientos ridículos en los poblados del estado. Davos se convierte en un búnker nevado al que acceden los dueños de México, entre otros hacendados. Allí se pasean Calderón y sus enigmáticos aviadores infartados; el maniaco Azcárraga junto a su televisión rasurada y el propio Peña, envuelto en neoyorquinos abrigos negros, con la cara enrojecida por el frío benevolente de aquel paisaje, junto con otros tres gobernadores que ejercen el oficioso arte de bultos VIP.

La visita del gobernador genera beneplácito en sus propios y muy íntimos círculos desde hace tres años, cuando fue nombrado caudillo mundial sub-40 y ya negaba “cualquier augurio futurista para la carrera presidencial de 2012: no, de ninguna manera; más bien representa una designación muy honrosa, comprometedora. […] Exigirá trabajar con mayor compromiso y responsabilidad con los mexiquenses. Fue la primera señal firme de que el sexto gobernador atlacomulquense iba por buen camino. Fue el día de su legitimación real, avalada por una pequeñísima comunidad internacional. En ese momento tenía cuarenta años de edad”, recuerda el periodista Francisco Cruz en el libro Negocios de Familia.

La muerte de su esposa, Mónica Pretelini, cancelaba de la peor manera la gira peñista por Suiza en aquel aciago 2007 pero el siguiente año le devolvía la invitación al juvenil gobernador, quien se encargaba en aquellas tierras de pontificar por el uso del transporte masivo y dictaba conclusiones en la sesión llamada “Slimcity: Hacia la Movilidad Urbana Sostenible”. Y nada. Peña evitaba los ridículos en actividades intelectuales de bajo perfil pero a pesar de ello lograba lo que ningún otro gobernador había conseguido.

“Se presentó ante veintisiete jefes de Estado, al menos ciento trece ministros, mil trescientos directivos de grandes empresas y trescientos cuarenta representantes de la sociedad civil. Todos conocieron en persona al gobernante mexiquense. Esa presentación le dio un valor agregado, cuyo verdadero significado se notará en los siguientes años. Arropado en su atractivo físico, pelo cuidado y bien peinado, una disimulada risa juvenil y una seguridad reforzada, en ese enero de 2008 el gobierno del Estado de México destinó poco más de seiscientos mil pesos para una comitiva de cinco días”, escribía Cruz en su libro.

La exposición mediática del mandatario estatal en el 2009 crecía al infinito expectativas presidenciales, que deben encontrar raíces fuertes o tierra baldía en los dos años por venir. Mientras, el 2010 encontraba a Peña otra vez en Davos, luego de un merecido descanso en París al lado de su novia, en uno de los hoteles más caros de aquella iluminada ciudad. La oportunidad de Davos, un escenario de mentira donde los supuestos dueños del mundo ordenan, ratifican o dan marcha atrás las voluntades de los consorcios para los que trabajan y recuerdan a los tercermundistas que sólo son invitados y ni siquiera de piedra, era propicia. El gobernador o quien escribe sus dictados preparó a principios de este año un pequeño ensayo sobre lo que considera es democracia y desarrollo y lo tituló “Un Estado Eficaz”. Plataforma intelectual de una campaña seria, más política y abstracta, el escrito fue publicado por el diario Reforma el 24 de enero y luego impreso a toda plana por El Sol de Toluca. Servía además como preámbulo para la cita helvética. Pero otra vez la villa suiza lo encerró, con más deferencia esta vez, en la mesa “Repensando las ciudades sustentables”, aunque le abrió las puertas para un salón que ofrecía gastronómicas distracciones y sobre todo la presencia de la elite política. Allí estuvo, como sea.

“En México vivimos la paradoja de tener una competencia electoral intensa, que refleja la pluralidad del país, pero un estado ineficaz, que no tiene la capacidad de cumplir con algunas de sus obligaciones básicas. Por ello, considero que nuestra nación requiere sumar voluntades sociales y políticas para acordar las bases de un “Estado Eficaz” para la democracia. El año en que celebramos el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución es un momento inmejorable para presentar propuestas, alcanzar acuerdos y realizar acciones. Es un año de definiciones”, comenta Peña en uno de los párrafos de su escrito. Está claro para él que el Estado liderado por Calderón no cumple la función que tanto busca el de Atlacomulco y que tampoco ha sido capaz de implementar en su territorio. Sin nada que ofrecer, sólo palabras, parecen malas noticias que Peña haga oficial su interés por el país.

Considera luego que un Estado Eficaz debe garantizar todos los derechos constitucionales. Juega al estadista en la creencia de que reuniones como las de Davos otorgan, casi por ósmosis o la obligada imitación de los ademanes, una cierta capacidad moral e intelectual. Evita decir también que no es lo mismo eficacia que capacidad y revela sin mucha gracia la propia opresión gubernamental porque, dice, “en México vivimos una contradicción inaceptable: se reconoce legalmente una serie de derechos civiles, políticos y sociales como la seguridad, el acceso a la justicia pronta y expedita, no ser privados de nuestras libertades, propiedades y posesiones sino mediante juicio, acceso universal a la salud y la cultura, educación de calidad, trabajo, vivienda, un medio ambiente sano y alimentación de los niños y las niñas. Sin embargo, en la práctica, un gran número de mexicanos no disfruta de estos derechos básicos. Esta brecha entre el derecho y la realidad no únicamente nos presenta un Estado rezagado en sus obligaciones, sino a una población que no puede ejercer con plenitud las garantías que le son connaturales al hecho de ser mexicano”.

Es risible que quiera resolver estas contradicciones en la mesa de opiniones, que no debate ni es incluyente, de un sitio como Davos, capital por unos días de la globalización mundial.

El discurso de Peña es una extensión de lo que en su momento hablara Carlos Salinas. La sombra de Montiel no aparece aún porque es burda y representa el impulso ambicioso por el poder. Otra vez, como sucede históricamente, el ciudadano es preparado para el engaño. Peña debería plantearse si acaso le costaría el mismo trabajo hacer las cosas de buena forma y no por el camino del entuerto. Incluso le saldría más barato, se haría rico y poderoso de todas maneras. Pero está decidido a sostener en frases torpes un proyecto vital que no es el suyo y con el cual también a él lo han engañado. Porque nadie cuerdo trabajaría ambiciones y “alternancias” ajenas que, incluso, tienen ya la receta para su nuevo Estado y que se basará en dos reformas “que ya son parte del debate público: nuevas reglas para el régimen político y un nuevo esquema fiscal. La reforma política debe tener el objetivo de contar con un diseño institucional que permita tomar decisiones públicas de manera democrática y a la vez eficiente para poder crear los marcos legales y políticas públicas que, con celeridad, nos permitan cerrar la brecha entre los derechos en papel y los derechos en la práctica. Los tres principios que deben guiar esta reforma son: un sistema electoral que fomente la formación de mayorías legislativas; facultades al Ejecutivo que le permitan avanzar con claridad su programa de gobierno y mecanismos para mejorar la colaboración entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. En cuanto a la reforma fiscal, difícilmente podrá transitar si antes no se define para qué queremos los recursos. Mi propuesta es que tanto los montos como la orientación del gasto público estén determinados por el objetivo de tener recursos suficientes para poder financiar los derechos que tenemos todos los mexicanos y construir la infraestructura que necesitamos para crecer sostenidamente. La discusión sobre cómo obtener esos recursos debe tener como base cuatro principios: que todos, sin excepción, paguen de acuerdo con sus posibilidades; que todos, sin excepción, reciban los beneficios del gasto público de acuerdo con sus necesidades; establecer una nueva definición de obligaciones tributarias entre los municipios, estados y Federación, acorde con las responsabilidades de cada orden de gobierno; y que todos los organismos del Estado, sin excepción, rindan cuentas de cómo gastan los recursos de los ciudadanos”.

Una Federación a imagen y semejanza del Estado de México, donde Peña es un gobernador de veras, de poder ilimitado y con la capacidad de atar diputados y magistrados a sus intereses particulares, es lo que propone. Incluso se da el lujo de no gobernar porque sabe que nada escapará al control inmediato o posterior de un cuerpo administrativo preparado para que su grupo y él no encuentren objeciones. Un ejemplo de Estado Eficaz incluirá, por supuesto, el justo reclamo del narcotráfico que tanto daño le hizo a la expectativa de Calderón. Felipe no pudo encontrar negociante para tratar con los capos. Peña y cualquier otro con sentido común llegará a la presidencia con un profundo entrenamiento. El gobernador del Estado de México ya encontró el regalo que le dará al país este año de celebraciones: el consenso para que el PRI lo postule; un futuro brillante de potencia mundial y otra cita en Davos para el 2013, esta vez como presidente de una nación siempre inclinada y genuflexa.

El placeo

* Como nunca el grupo en el poder requiere de todos los hilos en la mano y el diputado Nemer, para su mala fortuna, es más bien un advenedizo (como su tutor Emilio Chuayffet) que un heredero directo.

Antonio León

Como presidente de la Junta de Coordinación Política de la LVII Legislatura estatal, diputado por el distrito XXXV local con sede en Metepec, diputado asociado de numerosas comisiones legislativas o invitado de algún otro legislador en los más diversos eventos políticos, Ernesto Nemer Álvarez mantiene sin tregua un intenso placeo para posicionarse como el puntero formal en la pugna por la candidatura del tricolor a la gubernatura de la entidad, que seguramente se definirá antes de culminar este 2010.

Desde su arribo a la actual Legislatura, el primo político del gobernador Enrique Peña dejó ver sus planes de cara a la renovación del Ejecutivo en 2011, proceso fuertemente emparejado al de mayor calado, al del propio mandatario estatal para ganar la nominación del tricolor a la presidencia de la república el mismo año.

Que esta dinámica vaya a darle resultado está por verse, pero que es su gran apuesta podemos verlo todos los días. Personal y recursos de la LVII Legislatura, incluso la gran mayoría de legisladores se encuentran hoy por hoy al servicio de este personaje.

En efecto, a casi medio año de funciones, el Congreso mexiquense ha caminado bajo los designios de este hombre que confía en su momento y relaciones de poder para ganarle la candidatura tricolor nada más y nada menos que al primo carnal de Peña Nieto y heredero directo del clan Atlacomulco, Alfredo del Mazo Maza.

Por ahora, en términos meramente formales, parece llevar ventaja. Al nivel de los medios de comunicación en todas sus presentaciones, Nemer Álvarez es figura permanente. En radio, televisión, internet y prensa escrita su nombre e imagen ocupan primeras planas y sus declaraciones intentan marcar línea editorial. Para gran parte de la prensa escrita, su opinión sobre el tema que sea de moda merece espacios más que visibles.

Y en la página web oficial del Poder Legislativo, sus comunicados de prensa se acompañan de titulares que destacan sus presuntas dotes de pensador, humanista, intelectual o luchador social, ocultando o minimizando defectos como su escaso arraigo popular o el grosero uso de los recursos económicos asignados a este poder.

Como el gran elector en turno, el marido de la secretaria de Desarrollo Económico, Carolina Monroy del Mazo, prima hermana del Golden Boy por excelencia, el diputado coordinador de la bancada tricolor en el Congreso mexiquense piensa que si gana en los medios gana en el terreno político. Y piensa también que una imagen dice más que mil palabras.

Las mejores fotos, la mejor sonrisa, el mejor y más sonoro abrazo, el mejor beso, el mejor gesto, la mejor caricia superarán al mejor discurso, la mejor arenga, la mejor promesa, el mayor compromiso. Que no sea tan guapo como el pariente es lo de menos, la sonrisa franca y el tono adulador pueden compensarlo. Lo mismo si de una sesión legislativa se trata que de un reparto de juguetes o una visita guiada por la sede del Congreso. En cualquier caso se repite hasta el cansancio el guión gestual y a veces hasta el discursivo. Todavía no supera al maestro, pero en ésas anda.

Quienes le dan seguimiento saben que todo empezó prácticamente cuando ganó la diputación local por el distrito XXXV, cuya cabeza electoral es su municipio de residencia, Metepec, el que tantas decepciones le dio en el pasado. Desde entonces buscó afanosamente perfilarse como el mandamás de ese espacio, primero como el principal alfil del gobernador y después con proyecto propio. Las fotos del grupo parlamentario tricolor durante las horas de la transición legislativa lo muestran firme y seguro en ese papel: al centro de sus 38 compañeros que no le regatearon nunca esa posición.

Quienes tuvieron dudas las dejaron cuando ganó la coordinación del grupo y después la presidencia de la Junta Coordinadora de la nueva Legislatura. Observadores de la realidad estatal adivinaron de inmediato que la presidencia de esta importante instancia legislativa serviría para canalizar las prioridades del Ejecutivo en materia normativa, pero además para perfilar sus propias aspiraciones.

Así fue al principio, cuando supervisó la integración e instalación de las comisiones legislativas y vigiló el desarrolló de la glosa del informe gubernamental. Cuando guardó las espaldas del primo de la esposa y tendió los primeros lazos con la presunta oposición. Ambos procesos corrieron sin contratiempos ni faltar al mandatario.

Después dio entrada a las primeras iniciativas ejecutivas que se han aprobado en tiempo récord, aunque no todas por unanimidad. En este terreno se ha visto diestro. Sus aliados, declarados o no (PVEM y Nueva Alianza en un caso, PT y Convergencia en el otro), han seguido al pie de la letra sus designios. Y los dizque opositores han jugado magistralmente su papel a sabiendas que ni unidos podrán revertir las iniciativas en disputa.

A la par se ha dado tiempo para explotar la imagen de representante popular. Abrió ya dos oficinas de atención ciudadana en Metepec y Chapultepec para recibir peticiones varias de sus electores y cada semana encabeza por lo menos una ‘visita guiada’ por la sede legislativa. En recientes fechas ha maniobrado para que sus coordinados lo lleven como ‘invitado especial’ a los eventos en que inauguran sus respectivas oficinas distritales.

En estos casos invariablemente se le cede la palabra para felicitar a sus compañeros, aunque también invariablemente aprovecha para deslizar ideas y propuestas para otros tiempos. Salpica sus discursos con menciones al gobernador, claro, pero no deja de aludir a mejores tiempos en que su partido y sus hombres harán de esta entidad ‘vanguardia nacional’.

Y más de una vez ha hecho de estas ocasiones verdaderos actos de campaña.

Al estilo Peña Nieto, se toma sus horas para saludar prácticamente a todos los presentes. De mano en mano saluda, recuerda, agradece, acaricia, promete y se compromete. Se deja querer y abrazar, palmear y hasta besar. Sonríe y se anima. Anima a la gente. Un verdadero candidato en campaña.

Nada de esto sería extraño si no fuera por los tiempos. Cierto que 2010 será decisivo. Cerca del final, probablemente, se nomine al candidato. Pero la historia reciente muestra que no bastan la imagen y la permanente presencia en los medios. Tampoco el despilfarro de los recursos públicos.

En esta entidad, se sabe, juegan un peso importante otros factores. Y ahora como nunca, la apuesta presidencial del gran elector es decisiva. Como nunca el grupo en el poder requiere de todos los hilos en la mano y el diputado Nemer, para su mala fortuna, es más bien un advenedizo (como su tutor Emilio Chuayffet) que un heredero directo.

Al tiempo…