Ciudad Desagüe

* La fetidez se convirtió en fragancia común en aquel ambiente. Ahí, en medio de ese olor los chalquenses esperaron pacientes a que los niveles de agua, que llegaron a alcanzar poco más de dos metros de altura, cedieran un poco para poder regresar a las viviendas y hacer un estimado de los daños causados por la anegación. La esperanza de que las autoridades les dieran la ayuda prometida sólo quedaba en eso.

Elpidio Hernández

La colonia San Isidro es una de las tres del municipio de Valle de Chalco que fueron afectadas por la fractura y el desplome de un muro de contención del Canal de la Compañía a la altura del kilómetro 27.5 de la carretera México-Puebla, lo que generó inundaciones en viviendas y vialidades de la zona. A días del suceso, el panorama es poco halagador para decenas de familias que tuvieron que abandonar sus casas y hoy duermen a la intemperie, en albergues o con familiares. El nivel de las aguas negras, que llegó a alcanzar más de dos metros de altura en algunas zonas, parece no ceder ante los esfuerzos de trabajadores de la Comisión Nacional del Agua, elementos de la Agencia de Seguridad Estatal, la policía municipal y soldados del ejército mexicano que continuaban edificando un parapeto con costales de arena para tapar la fisura de 70 metros de extensión. Así -expresaron los lugareños- con el pasar de las horas, lejos de disminuir el nivel del agua, éste se incrementaba y alcanzó a viviendas que en un principio no fueron afectadas.   

Era la 1:30 de la madrugada del viernes cinco de febrero cuando un fuerte estruendo despertaba de su letargo a las familias de las colonias San Isidro, El Triunfo y Avándaro en el municipio de Valle de Chalco. Uno de los muros de contención que escudaba el caudal del río la Compañía colapsaba y en menos de cinco minutos –según narran los afectados- ya inundaba viviendas, comercios y los carriles de la autopista México-Puebla.  

Para el domingo 7 el contexto que se vivía en la colonia San Isidro encontró polos opuestos entre sus habitantes. Para las familias que no fueron afectadas por la inundación la jornada transcurre con la normalidad de otros días. El templo cristiano lució atestado de hombres trajeados y mujeres con vestidos largos que escucharon atentos la palabra de dios. El campo llanero de la comunidad era sede del futbolero encuentro Pumas-Águilas y parejas de adolescentes paseaban de la mano disfrutando los sabores de los helados. Mientras, en las entrañas de la colonia la situación era totalmente distinta. Semblantes abatidos y repletos de zozobra se reflejaban en quienes, en cuestión de minutos, vieron desaparecer sus escasas pertenencias. El paisaje de calles y avenidas locales se asemejaba a los canales venecianos, sólo que en San Isidro las góndolas fueron mutadas por hechizas y no muy seguras barcazas confeccionadas a base de garrafones y apolilladas tarimas. A bordo de aquellos improvisados aparatos sus constructores hacían innumerables recorridos con comida y agua embotellada para las familias que se resistían a abandonar sus domicilios por temor a los infaltables actos de rapiña propios de cada desastre natural. Aquellos que se aventuraron a permanecer en los domicilios o que no les dio tiempo de salir trataron de hacer llevaderas las largas horas sentados en las azoteas de sus viviendas observando las tácticas de rescate desarrolladas por elementos del ejército y la Cruz Roja mexicana, que se encontraban desplegados en la zona afectada. 

Bajo la mirada de los blancos Popocatépetl e Iztaccíhuatl, decenas de familias se aglutinaron cerca de los cordones de seguridad que limitaban lo inundado de lo firme. La fetidez se convirtió en fragancia común en aquel ambiente. Ahí, en medio de esa fetidez los chalquenses esperaron pacientes a que los niveles de agua, que llegaron a alcanzar poco más de dos metros de altura, cedieran un poco para poder regresar a las viviendas y hacer un estimado de los daños causados por la anegación. La esperanza de que las autoridades les dieran la ayuda prometida sólo quedaba en eso, una simple esperanza, pues los apoyos prometidos por el gobernador Peña Nieto y el presidente Felipe Calderón hasta la tarde de aquel domingo de Super Bowl no se habían entregado, confirmaban los propios afectados. El descontento de los lugareños comenzaba a hacerse presente. Apostado en la esquina que hacen las calles Oriente 24 y Norte 10, un grupo de colonos intentaba infructuosamente organizarse para exigirle apoyo al alcalde local, Luis Enrique Martínez Ventura, quien según versiones de los isidrenses sólo estaba destinando ayuda a la colonia Avándaro, dejándolos a un lado. La realidad es que las acciones del gobierno municipal en ese momento no se veían por ningún lado y sólo dos unidades con el eslogan de “un Valle de Chalco más digno” se encontraban aparcadas en la avenida División del Norte sin que sus tripulantes hicieran acto de presencia. Mientras tanto, las largas horas de espera también eran aprovechadas por grupos de personas aparcados en las banquetas para dar diferentes versiones de aquellos acontecimientos.

Los costales repletos de arena abundaron por todos los rincones de aquella maltrecha colonia. Barricadas de cuatro o cinco filas de sacos arenosos se encuentran apilados como medida precautoria sobre las calles contiguas a las inundaciones como la Norte 10, Norte 11 y Norte 12, entre otras; misma estampa se dejó pulsar en puertas y zaguanes de los domicilios fronterizos a las zonas anegadas, donde hombres y mujeres hasta la tarde del domingo continuaban apilando costales para evitar que el agua ingresara a sus viviendas, en caso de una nueva contingencia.    

El Instituto de Salud del Estado de México implementó un cerco sanitario en prácticamente toda la colonia. Unidades médicas se encontraban en diferentes puntos del sector proporcionado consultas a todo aquel que las necesitó y de acuerdo a datos de los propios galenos, no se había reportado ningún problema de gravedad y sólo hubo aislados casos de diarreas y conjuntivitis.

Prácticamente en cada esquina de la zona afectada estaban cuadrillas médicas aplicando vacunas contra tétanos, hepatitis, influenza H1N1 y repartían sobres vida suero oral y los desparasitadores. Las buenas intenciones de la Secretaría de Salud mexiquense duraron muy poco, pues a la una de la tarde algunas brigadas médicas reportaban que las vacunas se habían agotado aunque se mostraban optimistas al anunciar que “en media hora” llegaría un nuevo lote.

Los alimentos en la colonia San Isidro cada vez son más escasos. Decenas de familias que viven al día, hoy no tienen dinero ni para las necesidades básicas como pueden ser los alimentos. La solidaridad de los vecinos les ha permitido organizarse y con recursos propios elaboran multitudinarias comidas para dar alimento a los habitantes de los sectores afectados. En la esquina que hacen las calles de Norte 10 y Oriente 22 se instala un puesto de comida que reparte platos de chilaquiles aderezados con frijoles refritos. En el lugar han sido habilitadas cinco mesas que hacen las funciones de un comedor y “lo poquito que estamos dando se hizo con la cooperación de nosotros mismos, porque del gobierno no hemos recibido nada”, declaró Juana Martínez, una de las múltiples encargadas de atender a los comensales. Poco más tarde, hasta la calle Oriente 21 llega una unidad particular provista de arroz y frijoles que inmediatamente fue abordada por los ávidos vecinos que hacían medianas filas de 20 ó 25 personas para recibir los alimentos.  

Decenas de elementos del ejército mexicano portadores de gafetes con el distintivo Plan DN-III se encuentran desplegados en diferentes puntos de la zona. Mientras algunos militares dedicaban esfuerzos a tapar el amplio boquete que causó el desbordamiento, otros regimientos se dedicaban a mantener el orden y evitar cualquier incidente, portando armas largas. Uno de aquellos puestos militares se encuentra ubicado en la esquina que hacen las calles Norte 12 y Oriente 20. Ahí, una treintena de militares auxiliaban a elementos de la Cruz Roja a bajar dos lanchas que más tarde serían utilizadas para llegar a las viviendas a proporcionar servicios de salud. Entre los ahí presentes una voz precisó que el gobernador Peña se encontraba en esos momentos supervisando los trabajos en la afluente del río, lo cual generó malestar entre los reunidos, que manifestaron que los afectados están en las colonias y es ahí donde debe llegar el mandatario. El gobernador llegaba aquel domingo por tercer día consecutivo hasta la zona inundada para afirmar que no se burocratizarían los apoyos ni tampoco se permitiría generar intermediarios que se erijan como representantes de alguna colonia. Para ello los afectados recibirían la visita en su casa de los representantes del gobierno y de la misma forma su apoyo, aunque al gobernador estatal se le olvidó precisar cuándo llegarían.

Sobre las principales arterias viales decenas de elementos de la Agencia de Seguridad Estatal intentaban con poco éxito agilizar el caos vehicular generado por cientos de automovilistas que escudriñan caminos alternos a la obstruida autopista México-Puebla. Algunos choferes se aventuraban a transitar por caminos terrosos y en mal estado con tal de eludir las transitadas vialidades. Mientras tanto, distintos helicópteros sobrevuelan todo el tiempo las zonas inundadas.

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El Barco Ebrio

El Barco Ebrio

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Inocente como es, cuenta que el viejo lobo de mar, Manzur Quiroga, le propuso ir en alianza por el distrito XII local con sede en El Oro. Asegura que pretendía intimidarla con unas supuestas encuestas que le daban ligera ventaja sobre ella, aunque admitía que no contundente. “Para qué nos desgastamos, Florentina. Está bien que tengas tus simpatizantes y seguidores pero yo tengo el capital. Vamos juntos esta vez y ya verás que en el partido sabremos compensarte. Vamos a ganarlas todas, te conviene regresar con nosotros”. Inocente como es, dice que respondió: “ya estuve en el PRI como 15 años y no me apoyaron en nada. Al contrario. Nomás me querían por los votos, nunca por mi gente. Y le dije que no. Que me la jugaba sola. Ganó él, pero también yo entré a la Cámara de Diputados. Ahora que los dos entramos, a ver quién ayuda más a nuestro pueblo”. ¡Ah, qué doña Florentina Salamanca! ¿No sabe que al Congreso se llega a hacer negocios, no a ‘ayudar a la gente’?

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Orondo se paseaba por los pasillos del palacio legislativo en los días que la LVI Legislatura se instalaba. Era su segundo arribo al Congreso local. Saludaba a diestra y siniestra y se apersonaba ante quienes, experto, identificaba como los nuevos jerarcas de la máxima representación popular: los Nemer, Rocha, Sámano.

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“Bien hecho, Cándido, bien hecho”, le decían al tiempo que le palmeaban la espalda y abrazaban con efusividad suficiente para informar a todos que no hubiera bastado el dinero y la campaña publicitaria para hacerse de votos. Que siempre hará falta gente como el diputado Flores, mapache electoral como pocos.

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Aunque no siempre a manos llenas ni espléndidas, las recompensas llegan. No por nada el PRD mexiquense se ha convertido en una de las franquicias políticas más cotizadas.

Empezó como líder vecinal. Después alcanzó espacios en el partido. Llegó a ser secretario general del mismo en la entidad y hombre de todas las confianzas del cacique nezatleca Héctor Bautista López, aún senador de la mismísima república.

La debacle electoral del 2009 lo alcanzó también. Hoy tiene que conformarse con un cargo burocrático en el Legislativo. No con un diputado, sino con el contralor. Como sea, Andrés Rivera Toribio no pasará hambre por unos meses más. ¿Bien por él?

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A propósito de su jefe político, quien va para 4 años de senador por el Estado de México, una rápida suma de sus ganancias oficiales lo ubican como un hombre de ‘altos ingresos’. Alrededor de 200 mil pesos mensuales entre la dieta de senador y el sueldo como integrante de la Comisión Política Nacional del sol azteca. Aparte las prestaciones senatoriales como el aguinaldo, que supera los 125 mil pesos anuales.

Nada mal para quien empezó, presume, en el Partido Mexicano de los Trabajadores, el añorado PMT que fundara Heberto Castillo, quizá el último izquierdista mexicano verdaderamente congruente.

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Más difícil es cuantificar su trabajo como legislador. Esta columna, olvidadiza como es, no recuerda una sola iniciativa de ley o reforma sobre ningún tema ni de algún impacto. Lo que debe tenerle sin cuidado. Su colega mexiquense, Yeidckol Polevnsky (¿alguien la recuerda?), tampoco se ha distinguido por sus aportaciones al quehacer senatorial.

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Hablando de perredistas, que no izquierdistas, en serio se la tomó el coordinador del grupo legislativo en el Congreso local. Molesto como nunca, (no por el plantón de trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) frente a la sede legislativa;  no por los gasolinazos; no por los damnificados por las lluvias, mucho menos por las posibles alianzas con el panismo), ha prescindido de los servicios de la Dirección General de Comunicación Social del Legislativo.

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Así es. Ricardo Moreno amenazó y cumplió. “¿Qué pasó con los reporteros? (dicen que preguntó cuando en su última conferencia de prensa se encontró con apenas un puñado de abnegados periodistas de la fuente). Vaya, parece que tendré que prescindir de los servicios de Comunicación Social (continuó, haciendo el gesto de entrecomillar lo último)”. Desde entonces, eventos van y vienen de los legisladores del perredismo y las huestes de Horacio Morales ni sus luces. No fuera Nemer Álvarez, se quejó Bastida, porque mandan a todos…

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Eso sí, pidió que no se hiciera nota de sus arranques. Entonces, ¿de qué?, se preguntaron los amigos de la tecla, si el señor nunca da nota. ¿O es que no sabe que es por esto que nunca tiene audiencia?

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Desde sus tiempos en la representación de Convergencia ante el Instituto Electoral estatal, Horacio Jiménez no ocultaba sus debilidades tricolores. Hoy que es diputado local, el descaro es total.

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Bastaría observar su zalamería cotidiana con los jerarcas de facto en el Congreso. Lo mismo en el pleno que en comisiones o actividades protocolarias. Presto y decidido, enfrenta con tremenda sonrisa al principal, Ernesto Nemer, no a su propio coordinador, Juan Ignacio Samperio.

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O bien recordar el teatro que protagonizó cuando supuestamente presentó, a nombre de su partido, la iniciativa de reforma judicial que cedía al Ejecutivo la facultad de nombrar magistrados del Tribunal Superior y el Consejo de la Judicatura. Torpemente creyó que nadie lo descubriría jugando el papel de recadero del gobernador y su secretario de Gobierno. Fue tan falsa la movida que hasta el perredismo se lo reprochó, como si en este partido no sirvieran de patiños.

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Pero es más que sumisión. Apenas este lunes tuvo la desvergüenza de participar en la conferencia semanal de Enrique Jacob Rocha, el priista presidente de la comisión legislativa de Planeación y Gasto Público.

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En ellas ha venido participando Eynar de los Cobos, novato diputado de Nueva Alianza. Ya se sabe que ambos partidos hicieron alianza electoral en 2009, por lo que era previsible otra legislativa. No debería ser el caso de Convergencia, que entonces caminó en sintonía con el PRD y PT, presuntos aliados naturales. Y menos de Jiménez López, quien presumía mayor congruencia que Samperio y Óscar Ceballos juntos.

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Sonriente, degustó el desayuno hasta que se entrampó con el tema de los recursos del Fondo Estatal de Desastres. Como el resto de los acompañantes, no supo siquiera su nombre oficial. Lo que representa un punto a su favor. Cada día, como ha de esperar, se tiñe más de tricolor…

Liberan al asesino de Nadia, a pesar de sentencia de 42 años

* Nadia, de 24 años de edad, fue asesinada por su esposo, Bernardo López Gutiérrez y su cuñado, “Matute”, según los testimonios de los hijos mayores de Nadia y Bernardo, César y Andrés, de nueve y diez años de edad, quienes junto con su hermana de siete años presenciaron el crimen registrado el 12 de febrero de 2004 en el municipio mexiquense de Villa Nicolás Romero.

Guadalupe Cruz Jaimes/ CIMAC

Magistrados del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México emitieron el 8 de febrero del 2010 una sentencia absolutoria a favor de Isidro López Gutiérrez, apodado “Matute”, quien en octubre pasado fue señalado como uno de los dos responsables de la muerte de Nadia Alejandra y condenado por este hecho a 42 años de prisión.

En su veredicto, Alfonso Velásquez Estrada, Rodolfo Antonio Becerra Mendoza y Leobardo Miguel Martínez Soria, magistrados de la Primera Sala Colegiada Penal de Tlanepantla, concluyeron que no hay delito que perseguir, por lo que además de dejar en libertad a “Matute”, se cierra la posibilidad de que Bernardo López Gutiérrez, hermano de Isidro y cónyuge de Nadia Alejandra, quien está prófugo desde el crimen, sea detenido.

Nadia, de 24 años de edad, fue asesinada por su esposo, Bernardo López Gutiérrez y su cuñado, “Matute”, según los testimonios de los hijos mayores de Nadia y Bernardo, César y Andrés, de nueve y diez años de edad, quienes junto con su hermana de siete años presenciaron el crimen registrado el 12 de febrero de 2004 en el municipio mexiquense de Villa Nicolás Romero.

Según las declaraciones de los niños –quienes en ocasión del crimen tenían cuatro y cinco años de edad– ampliadas en dos ocasiones durante la averiguación que se cerró el pasado 8 de septiembre, los hermanos Bernardo e Isidro golpearon a Nadia, la introdujeron a la cisterna, enredaron una soga a su cuello y la colgaron de una viga en el baño de su casa, simulando un suicidio.

Dos semanas después de la tragedia, María Antonia Márquez, madre de Nadia y los dos hijos mayores de la joven y Bernardo, rindieron su declaración ante las autoridades mexiquenses sobre cómo fueron los hechos, y atestiguaron también respecto a la violencia que en vida sufrió Alejandra y los niños, a manos de quien fue su pareja.

Tras cinco años y siete meses de investigación, el pasado 8 de octubre Felipe Landeros Herrera, juez tercero de lo Penal en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, declaró culpable a Isidro López Gutiérrez del delito de homicidio doloso con todas las agravantes y lo sentenció a 42 años de prisión.

Una semana después, la defensa de “Matute” apeló la sentencia. Y ayer los representantes del Tribunal Superior de Justicia mexiquense revocaron el fallo de Landeros Herrera con base en los dictámenes realizados por la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM), a pesar de que en ellos el personal de la dependencia incurrió en irregularidades, calificadas como “errores humanos”. 

“Anomalías” en la indagación

Desde el levantamiento del cuerpo, personal de la PGJEM cometió “graves anomalías” como “el extravío” de la soga y la agujeta con la que Nadia fue asfixiada, señaló a Cimacnoticias Noé Guillén, perito en criminalística, quien realizó el dictamen por el cual consignaron la averiguación previa por el homicidio de la joven, en febrero de 2005.  

También destacó que la casa donde ocurrió el asesinato no fue sellada, lo que permitió que días después del homicidio, familiares de Bernardo e Isidro quemaran lo que había en la casa de Nadia, lavaran la cisterna y hasta le colocaran una tapa nueva.

“Los magistrados no retoman estos elementos, en realidad su veredicto se basó en descalificar los testimonios de los niños, argumentando que fueron aleccionados y por lo tanto carecen de valor probatorio”, señaló Marcos Francisco López González, coordinador del Área Jurídica de la Oficina de Defensa de los Derechos de la Infancia (ODI).

Asimismo, los magistrados refieren que “los dichos de los niños se contradicen con los hechos, cuando declararon que su mamá fue golpeada por su tío y su papá, porque Nadia no tenía lesiones al momento en el que hallaron el cuerpo”, dijo en entrevista López González, asesor jurídico de la madre de la joven.

La sentencia de los magistrados indica que “Matute” y Bernardo no pudieron meter a Nadia a la cisterna porque ella no cabía. A decir del coordinador del área jurídica de ODI, los argumentos de los magistrados son limitados, no se basan en un análisis de todos los elementos del caso, tan sólo retoman la anómala investigación realizada por la PGJEM. 

López González añadió que los representantes del Tribunal también indican que el peritaje realizado por Noé Guillén, el cual concluye que la mexiquense fue asesinada, “tienen inconsistencias metodológicas y es tendencioso”.

En su veredicto, los magistrados dejan de lado las irregularidades en el proceso, así como el valor del testimonio de los niños, los cuales según los peritajes psicológicos realizados por personal de Fiscalía Especial para la Atención de Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas, el año pasado, no mienten respecto al asesinato de su madre, por el contrario, muestran síntomas del trauma ocasionado por este hecho.

A decir del abogado David Peña –quien junto con su colega Karla Michel Salas llevó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos tres de los ocho casos de feminicidio ocurridos en Campo Algodonero, Ciudad Juárez– las “graves” irregularidades en este caso son frecuentes en las investigaciones de feminicidio en el país.

Aseguró que las autoridades “pretenden mantener en la impunidad los asesinatos de mujeres; no se analizan sus implicaciones sociales y políticas, y no sólo se consideran un homicidio más, sino que además responsabilizan de los hechos a la propia víctima”.

En tanto, María Antonia Márquez se manifestó indignada que tras la sentencia absolutoria emitida por los magistrados, además de sentirse profundamente agraviada por quienes están encargados de impartir justicia en el estado, teme por la integridad física y emocional de ella y su familia.

Y es que durante el tiempo que duró el proceso, la familia de la joven fue hostigada por los hijos de Isidro, quienes se estacionaban frente al domicilio de la señora Márquez por varias horas.