Alianzas PRD-PAN: ¿alguna novedad?

* El PRI mantiene hoy en día la mayoría de las gubernaturas, la mayoría en el Senado y la Cámara de Diputados, la mayoría de los municipios y mantiene importantes cotos de poder en otras instituciones del estado como los sindicatos y las universidades; y más aún, en prácticamente cada gobierno panista o perredista participan o colaboran priistas o expriistas. Incluso para citar uno de los casos que hoy nos atañen, el abanderado por la coalición PAN-PRD al gobierno de Durango, José Rosas Aispuro, hace tan sólo unos meses militaba en el PRI.

Andrés Ávila Armella/ Rebelión

En las últimas semanas se ha dado a conocer que el Partido de la Revolución Democrática y el Partido Acción Nacional competirán juntos, en coalición, para disputar algunas gubernaturas y puestos públicos en el presente año, en los estados de Durango, Oaxaca e Hidalgo, y probablemente en Puebla y Veracruz. En general, el asunto ha despertado expectativa ya que después de la confrontación del 2006 en las elecciones presidenciales, un fraude electoral llevó al candidato del PAN, Felipe Calderón, a la presidencia y el candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, desconoció el resultado de la elección y fue declarado por sus seguidores “el presidente legítimo de México”. Algunos, quienes con buena fe, insisten en identificar al PRD como un partido de izquierda, se encuentran confundidos al respecto y han criticado dicha política de alianzas. Por mi parte no criticaré en estas líneas la postura del PRD, porque la crítica tendría que partir del supuesto de que el PRD es un partido de izquierda y con principios, pero trataré de avocarme a la única fuente que admite el marxismo para analizar la política, los hechos, no los supuestos, por lo que en vez de criticar a los coalicionistas, trataré de explicar cómo es esto posible.

Además trataré de atender a la polémica que, como es costumbre surge en estos casos. ¿Deben las organizaciones de izquierda revolucionaria sumarse a alguna de estas campañas o tienen que persistir en practicar la política de otra forma?

El espectro partidario electoral mexicano

Como sabemos, en el supuesto ideológico de los partidos políticos que hoy en día gestionan el Estado mexicano, el PAN es el partido de derecha, el PRD de izquierda y el PRI de centro. La lógica indicaría que sería más factible pensar en una alianza entre el PAN y el PRI o bien, entre el PRI y el PRD, pues esto les permitiría a ambos polos de la confrontación el evitar que su antagonista se posicione políticamente. Si atendiéramos a ese criterio, las alianzas entre el PAN y el PRD serían ilógicas. ¿Será entonces que la política es ilógica? O será más bien que las premisas son en realidad incorrectas. Además ya han existido en décadas pasadas distintas coaliciones formadas por panistas y perredistas [2].

Tal vez para algunos resulte repetitivo el que insistamos en que el Estado tiene un carácter de clase, en que el carácter del estado mexicano es burgués y que las fuerzas políticas que componen la burocracia que lo dirige responden en general a este principio. Por supuesto, la burguesía no es homogénea y tampoco lo son las fuerzas y partidos políticos que la representan en el aparato de Estado. ¿Qué los distingue, entonces?

Marx advertía en su método para analizar las disputas políticas que es un error muy frecuente el caracterizarlas dando por cierto todo aquello que las fuerzas o agrupaciones políticas dicen de sí, el método correcto para él es caracterizarlas a partir de los intereses que representan y no de los que dicen representar [3].

Para entender el problema tenemos que remitirnos a que en México, los principales capitalistas están conformes con el neoliberalismo, sobre todo quienes están vinculados con el mercado exterior, ya sea porque son importadores o exportadores, o bien porque las políticas neoliberales les permiten acumular más ganancias como es el caso de los banqueros, hasta hoy beneficiados con el dinero público a través del IPAB. Existe una parte cada vez más insignificante de la burguesía que estaba hecha al modo de la política económica precedente al neoliberalismo y que considera que sería bueno tomar algunas medidas de fortalecimiento del mercado interno, y existe también una buena parte de la burguesía que obtiene beneficios del libre comercio pero que para realizar sus expectativas de ganancias requiere también de cierta capacidad de consumo interno, como es el caso de Carlos Slim, quien tiene muchas operaciones en el mercado exterior como lo es la importación de tecnología, pero que en gran medida su mercado son los consumidores mexicanos de todas las clases sociales.

De acuerdo con sus intereses, dicha burguesía apoya en campañas y precampañas, concediendo espacios o gestionando acuerdos a los partidos o candidatos de su preferencia. Algunos impacientes estarán preguntando cuál es el partido de la burguesía.

Lo curioso es que dicha pregunta no tiene una sola respuesta y esto obedece a algunas características esenciales de la burguesía como clase. El espíritu burgués está movido por el mayor beneficio, al menor costo y lo más pronto posible, esa es su guía, esta condición determina su ideología y no al revés. ¿Y tiene moral? Claro, lo moralmente correcto para ellos es lo que les permita obtener el mayor beneficio, al menor costo y lo más pronto posible y lo inmoralmente correcto es todo aquello que lo dificulte.

La mayoría de los capitalistas ni siquiera están afiliados a algún partido político y sus preferencias normalmente se guían por el criterio descrito en el párrafo anterior; pero esto de ninguna forma significa que estén fuera de la política, es sólo que ellos sí se saben los conductores de la misma y son quienes en última instancia deciden el curso de la mayoría de las polémicas y decisiones políticas. Los capitalistas no se dejan moldear por los partidos, son ellos quienes los moldean. Incluso en ocasiones apoyan a más de un candidato simultáneamente, y muchas veces lo hacen confidencialmente.

Una vez comprendido lo anterior, no resultará difícil comprender que la esencia de la política en un estado burgués está determinada por la conciencia y la moral de la clase dominante, una vez más, la burguesía. Y por tanto no será difícil comprender que la lógica con que se conducen los partidos y fuerzas políticas que lo gestionan es la lógica del mayor beneficio, al menor costo y lo más pronto posible.

Sin duda es el Partido Revolucionario Institucional, PRI, el que mejor ha comprendido esto y por ello ha sido el partido que más tiempo ha estado en el poder presidencial, además de ser el partido que mayor poder tiene en el país hoy en día, a pesar de no estar en la presidencia; es un partido sumamente pragmático y para los parámetros de la política burguesa esa es una gran cualidad. Y así ha sido aún cuando ideológicamente el PAN parezca representar más los intereses de la burguesía; el PRI suele ofrecer una gama de políticos bien entrenados para hacer cualquier principio a un lado con tal de complacer a los capitalistas que los respalden, a la vez que discursivamente enarbole las banderas del nacionalismo y cuente con un sinnúmero de mecanismos para contener la inconformidad popular, los cuales van desde la cooptación de líderes sociales, la gestión de programas de asistencia gubernamental, hasta la capacidad de formar grupos de choque para reprimir ilegalmente a los inconformes.

Así pues, el PRI mantiene hoy en día la mayoría de las gubernaturas, la mayoría en el Senado y la Cámara de Diputados, la mayoría de los municipios y mantiene importantes cotos de poder en otras instituciones del estado como los sindicatos y las universidades; y más aún, en prácticamente cada gobierno panista o perredista participan o colaboran priistas o expriistas. Incluso para citar uno de los casos que hoy nos atañen, el abanderado por la coalición PAN-PRD al gobierno de Durango, José Rosas Aispuro, hace tan sólo unos meses militaba en el PRI.

Así pues, panistas y perredistas tienen una admiración oculta por el PRI, a su modo tratan de imitar su camino de éxito político recurriendo incontables veces a los métodos corruptos que caracterizan a dicho partido, aún cuando discursivamente lo critican.

Por un sinnúmero de razones que no podemos describir en tan pocas líneas, PAN y PRD han ganado espacio de acción en la gestión estatal mexicana, el PAN controlando desde hace nueve años la presidencia, gubernaturas importantes como la de Jalisco y numerosos municipios; mientras que el PRD lo hace en distintas entidades y municipios entre los que destaca la capital del país. Aún así, en muchos de los estados de la república el PRI sigue siendo lo que siempre había sido, el partido predilecto de la burguesía, el único en quien ésta confía para tomar ciertas decisiones y con quienes tienen acuerdos y pactos. El estado de Oaxaca es un ejemplo muy notable. ¿Qué puede hacer que PAN y PRD hagan a un lado sus diferencias y participen juntos en algunas coaliciones? Pues lo mismo que los motiva a hacerlo por separado, el interés del poder.

En su cálculo político es más conveniente asociarse con sus enemigos ideológicos y así obtener, como se dice popularmente, una buena rebanada del pastel en lugar de resignarse a que todo el pastel sea para otros. La capacidad de poder del PRI en Oaxaca, Durango y Puebla es tal que no necesita aliarse con ninguno de los otros dos para aspirar seriamente a conservarlos, ellos apuestan al triunfo completo, arriesgando un poco pero con expectativas muy serias de llevarse todo para ellos. Además el PRI pasa, según sus parámetros, por un buen momento pues fue proclamado por los medios como el gran vencedor de las elecciones del 2009, pues recuperó la mayoría en el Congreso de la Unión, recuperó gubernaturas en estados gobernados por el PAN como San Luis Potosí y municipios tradicionalmente panistas como Monterrey, Guadalajara, Naucalpan y Tlalnepantla, además de arrebatarle al PRD municipios importantes como Nezahualcóyotl, Ecatepec, Chalco y Texcoco [4]. Mientras tanto, panistas y perredistas prefieren evidenciar ante todos su carácter de mercenarios antes que resignarse a quedar fuera de la jugada y cediendo sus posibles beneficios.

¿Y la opinión pública? En estos casos como en tantos otros pasa a segundo término, en todo caso siempre es más fácil obtener votos estando en el poder que fuera de él; si triunfara alguna de las coaliciones referidas, tanto PAN como PRD gozarían de más instrumentos y recursos para financiar campañas en dichos estados, tendrían más acceso a medios de comunicación, podrían rehacer los pactos con los grupos económicos de poder local y los posicionaría mejor para consolidarlos a nivel nacional.

Entonces, ¿para qué tanta ideología en los partidos? Finalmente la ideología de los partidos representa intereses, tampoco es algo gratuito, a través de ella obtienen la confianza de quien los apoya en la medida en que los electores y los patrocinadores ven reflejados sus intereses en alguna plataforma política. Esto vale tanto para los capitalistas como para los sectores populares que participan en las elecciones, sólo que no de la misma forma.

Para los patrocinadores, entiéndase los capitalistas, quienes deciden apoyar una campaña, es importante que sus candidatos defiendan sus intereses en todos los terrenos, incluso en el terreno ideológico, pero la burguesía es una clase que no se caracteriza por regalar el dinero desinteresadamente sino por invertirlo en todo aquello que pueda generar futuras ganancias; así pues, los capitalistas no consideran solamente la propuesta ideológica de un candidato o partido sino su capacidad real de cumplir sus expectativas, es decir, su capacidad real para hacer más redituables sus inversiones a través de pactos con el gobierno en turno.

Por tanto la tendencia será que los grupos económicos de poder apoyarán las candidaturas de quienes ofrezcan mayor seguridad para sus inversiones, mayor gobernabilidad y mayor disposición a negociar con ellos. A final de cuentas si un candidato ofrece negocios seguros por su capacidad de gestión económica y política, y está dispuesto a respetar íntegramente los intereses de los capitalistas, pero se pasea en los medios vociferando su vocación popular, afirmando estar del lado de los pobres o de los desposeídos, bien puede ser un buen candidato. Al mismo tiempo, si un candidato ostenta su carácter procapitalista pero no demuestra tener propuestas y mecanismos claros para cumplir con las expectativas de los propios capitalistas, puede ser para ellos un mal candidato.

En tanto para los sectores populares que participan en las elecciones habría que señalar que pueden ser muchos los motivos que provocan el voto a favor de uno u otro candidato, pero finalmente existe un límite, sólo se puede votar por candidatos registrados, y sólo se vota por un candidato bien publicitado y conocido, el problema para los sectores populares es que ellos no determinan ninguno de estos factores y suelen verse orillados a votar por lo más conocido. O bien, arrastrados por la lógica burguesa de la política, la cual permea también en la conciencia y la práctica política de los desposeídos, orientan su voto a favor del candidato que parece ofrecer un mayor beneficio, al menor costo y lo más pronto posible, orientando muchas veces su decisión electoral a la obtención de un soborno, o de un compromiso inmediato pero intrascendente que suele obtenerse a través de representantes de sindicatos, gremios o comunidades. En este sentido, el PRI tiene ampliamente desarrollado un sistema de corrupción de electores que funciona en prácticamente todo el país, sistema que por cierto es imitado tanto por panistas como perredistas. [5]

Es por ello que en la política electoral mexicana alcanzan mayor protagonismo y relevancia los personajes más pragmáticos, que conocen su ideología pero que no permiten que ésta les estorbe para negociar, mientras que los políticos que creen fervientemente en su ideología partidaria y la anteponen al cumplimiento de las expectativas de sus patrocinadores son sencillamente aislados y desechados por sus propios partidos; en el mejor de los casos los partidos los conservan como estandarte ideológico pero los mantienen alejados de las decisiones estratégicas.

La necesidad de hacer notar la diferencia entre la política burguesa y la política revolucionaria

Aún con todo lo anterior ha habido momentos de efervescencia electoral, son momentos en que por el hartazgo de ciertas prácticas o de la misma cotidianeidad que asfixia, algún candidato puede canalizar las expectativas populares y atrae a las urnas a un número inusual de votantes. El PRI, si bien ha sabido mantenerse en el poder, también ha acumulado tras de sí una lista interminable de agravios que no son olvidados por gran parte del pueblo, así pues, ha habido candidatos tanto del PAN como del PRD que han logrado despertar entusiasmo, destacándose las candidaturas presidenciales de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y de Andrés Manuel López Obrador en el 2006, también la candidatura a la jefatura de gobierno del Distrito Federal de Cuauhtémoc Cárdenas en 1997. Sin embargo este fenómeno no ha sido exclusivo del PRD, habría que reconocer que esto sucedió también en la campaña de Vicente Fox en Guanajuato en 1991 o de Salvador Nava en San Luis Potosí en 1961 y 1991, ambos abanderados por el PAN.

Lamentablemente para los entusiastas electores, la mayoría de estas experiencias han derivado una vez tras otra en profundas decepciones que conducen en algunos casos a la radicalización política, pero en gran medida conducen también a la inmovilidad política derivada de la sensación de impotencia que conduce finalmente a la resignación. Esto explica en gran parte el hecho de que las elecciones en México, a diferencia de lo que ocurre en otros países de América Latina, cuentan con una participación que cuando es alta gira alrededor del 60% del padrón electoral.

Una tarea importante para la izquierda revolucionaria del país es el convencer a los cientos de miles de mexicanos que viven profundamente decepcionados de la política, que es posible hacerla, pero de otra forma. Finalmente la inmovilidad y el pesimismo tampoco juegan a favor de nuestro proyecto, incluso pueden ser elementos muy útiles para el Estado y la clase dominante.

La credibilidad del Estado, de sus partidos e instituciones está profundamente desgastada y es posible canalizarla en función de un proyecto de transformación radical del orden social existente, pero para ello es importante que la política practicada por las fuerzas revolucionarias sea visiblemente distinta de la que practican los capitalistas y sus lacayos. Esto no implica de ninguna forma el practicar una política ingenua, es decir, pensar que porque se tienen principios ya se está haciendo la política correcta, pero tampoco y mucho menos pensar que insertándose en la política burguesa a través de prestar apoyo y credibilidad a los partidos electorales, se podrá convencer al pueblo de en un futuro apoyar un proyecto revolucionario; éste pensamiento también es tremendamente ingenuo y oportunista.

Prácticamente todas las organizaciones de izquierda que en el pasado se han prestado a engrosar las campañas de candidatos comprometidos con grupos de poder y de capital, han terminado por desdibujarse y por corromperse en dicha lógica, dejando de representar, en los hechos, la posibilidad de hacer política revolucionaria. Suponiendo sin conceder que exista alguna excepción, no deja de ser eso, una excepción, la generalidad sin embargo es avasalladora. Hoy quienes en Oaxaca y Durango, por citar los casos más avanzados, justifiquen la política de apoyo al PRD por considerarlo comparativamente más progresista, tendrían que explicar cómo se favorece al proceso de acumulación de fuerzas haciendo campaña simultáneamente por el PAN.

Decía que los principios no bastan para hacer una política revolucionaria, pero sí son indispensables para hacerla; es sólo que además de tener principios hay que tener inteligencia, estudiar la teoría y la historia revolucionaria, tener la capacidad de identificar a las fuerzas reales y no las aparentes que hacen la política, tener la capacidad de planear, de organizarnos, de elaborar estrategia y táctica, todo en función de nuestro objetivo que no puede ser otro que la emancipación de los explotados.

Finalmente, si verdaderamente queremos conducir la inconformidad popular por el camino de la Revolución, es necesario que esto se note en los ojos y percepción del pueblo, porque sin él no habrá tal, y aunque resulte tremendamente tentadora la posibilidad de acercarse a las masas a través de alguna fuerza política burguesa y además corrupta, esto difícilmente permitirá hacer política revolucionaria, no son los cuadros revolucionarios los que utilizan el sistema electoral para hacer política revolucionaria, sino que son los partidos burgueses los que utilizan a cuadros formados en la lucha revolucionaria para hacer política burguesa. Los resultados de dichas prácticas son notables y están a la vista de todos.

La política revolucionaria no se caracteriza siempre por ser estrepitosa, ruidosa, llamativa, ni siquiera masiva, es una labor ardua y tenaz que muchas veces no encuentra resultados inmediatos, tampoco es a un bajo costo ni rinde ningún beneficio personal, pero si persiste y mantiene el rumbo, suele encontrar el caudal de la Revolución, más tarde o más temprano.

* El autor es militante del Comité de Lucha por el Movimiento de Emancipación Nacional (COLMENA), es Maestro en Estudios Latinoamericanos y Licenciado en Sociología por la UNAM. Actualmente estudia el Doctorado en Estudios Latinoamericanos en la UNAM.

[2] Incluso lo que no ha habido, formalmente, son coaliciones electorales PRI-PAN o PRI-PRD, aunque sabemos que existen mecanismos para ceder en el proceso electoral en función de otro candidato o partido. En las elecciones del 2006, por ejemplo, fue evidente el apoyo de algunos sectores del PRI a la candidatura de Felipe Calderón, y de sectores relegados del mismo que apoyaron la candidatura de López Obrador.

[3] Puede revisarse el método seguido por Marx en el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte.

[4] Todos ellos figuran entre los municipios más poblados del país y algunos como Monterrey, Guadalajara, Tlalnepantla y Naucalpan tienen además la importancia de una significativa actividad industrial.

[5] En la política electoral mexicana es muy común el canje de votos o la participación en mítines por despensas, materiales de construcción o promesas como el otorgamiento de espacios para ejercer el comercio ambulante, concesiones de taxis y transporte colectivo, licitaciones de vivienda, aprobación de alguna obra pública, etc.

Mónica o la candidez

* En esa época su jefe inmediato, Carlos Alberto Pérez Cuevas, presidente de dicha comisión y hoy diputado federal la mandaba siempre como avanzada en los eventos que encabezaba y a los que era invitado. ‘La licenciada Mónica Fragoso’, decía. ‘Con ella pueden ver la agenda y lo de los documentos’.

Antonio León

Ya destacaba como secretaria técnica de la comisión de Procuración y Administración de Justicia en la pasada Legislatura, aunque nunca se pudo quitar el estigma, como ahora, de que había llegado a ese puesto por ser cuñada del entonces mandamás panista en la entidad, Juan Carlos Núñez Armas.

En esa época su jefe inmediato, Carlos Alberto Pérez Cuevas, presidente de dicha comisión y hoy diputado federal la mandaba siempre como avanzada en los eventos que encabezaba y a los que era invitado. ‘La licenciada Mónica Fragoso’, decía. ‘Con ella pueden ver la agenda y lo de los documentos’.

Y ella, bien modosita, sonreía lo mismo al procurador que al ombudsman estatal o al comisionado de la ASE. ‘El diputado está por llegar’ o ‘el diputado está en camino’ era el inevitable saludo de la fiel colaboradora de quien ha jurado erradicar el perredismo de Nezahualcóyotl. Nadie imaginaba que un día llegaría también al Congreso estatal en calidad de legisladora.

Pero se le hizo. Consiguió colarse en la lista de plurinominales gracias, sin duda, al parentesco citado. Ni duda que llegaría, pues el lugar en la lista le garantizaba colarse tanto si el panismo ganaba o, como todos vimos, perdía estrepitosamente. Desde entonces declaraba feliz que ocuparía la presidencia de esa comisión pues no había, entre los candidatos a diputados de todos los partidos, quien tuviera su experiencia y trayectoria. 

Como haya sido, hoy es flamante diputada en la Cámara local. Para su mala fortuna llegó tan debilitada junto con la raquítica bancada blanquiazul, que esa presidencia no se le hizo. A duras penas el oficialismo cedió unas cuantas comisiones legislativas a sus opositores, entre ellas la de Participación Ciudadana, propuesta en la Legislatura pasada por un compañero de partido de la señora Jael.

Pero si la concesión fue ésa, la vocación es otra. A la fecha, Jael Mónica ha olvidado esa responsabilidad y se ha ocupado de otras materias más bien distantes de la participación ciudadana. Por omisión o voluntad de su coordinador Óscar Sánchez Juárez, es hoy una de las protagonistas del panismos en la Legislatura.

Si del presupuesto se trata, es ella quien comenta. Si de la reforma judicial, nadie más. Si de tal o cual nombramiento, ella tiene la respuesta y a veces hasta las propuestas. Si de temas nacionales, quién más. De todo, literalmente, opina, salvo del tema que se le encargó.

Su candidez es tal que se da el lujo de amagar con controversias constitucionales si algo no le gusta, presentando incluso pretendidas jurisprudencias que avalan sus dichos. Sólo después de la batalla mediática, que siempre pierde, admite que no hay condiciones para entablarlas o de plano que en la Corte no cuenta con amigos suficientes, lo que no le resta agallas para convocar a los mismos medios que terminaron vapuleándola para dignamente afirmar: ‘a lo que sigue’.

Así fue con el nombramiento del comisionado estatal de Derechos Humanos, Marco Antonio Morales Gómez, de quien dijo no podía aspirar al cargo porque apenas había concluido como consejero electoral. La ley es muy clara, aseguraba, fue servidor público y si no me creen ahí les dejo esas jurisprudencias de la Corte Suprema de México que definen muy bien quiénes son y quiénes no servidores.

Derrotada, aclaró que nunca se opuso a la persona, que por cierto contaba con grandes méritos para ser el defensor público de los derechos elementales de los mexiquenses, pero ya designado pues no quedaba otra que otorgarle un voto de confianza y desearle buena suerte en esa posición. De la controversia constitucional nada, a sabiendas que de ser ciertas las tesis jurídicas ofrecidas por lo menos hubiera generado controversia.

Así también con la fallida reforma judicial que otorgaba al mandatario facultad para nombrar miembros del consejo de la judicatura del poder Judicial. Se desgarró las ropas diciendo que era indebido y violatorio de la autonomía de ese poder, pero no fue más allá. Después quiso impugnar que los aspirantes a magistrados cumplieran con todos los requisitos de ley, menos presentar examen de oposición.

Igual afirmó que existen tesis de la Corte que se oponen a esta decisión, pero tampoco las hizo válidas. Se dijo indignada por el mayoriteo tricolor en la Cámara, pero no se atrevió a recurrir a la Corte. No tenemos la facultad, señaló, de ingresar controversias constitucionales. Como si no supiera, como abogada que es, que en su partido más de uno la tiene y puede interponerla por ella.

Recientemente, sin que viniera a cuento, le dio por opinar sobre la urgencia de una reforma hacendaria aunque no estatal, sino ¡federal! A cuento de qué, sólo ella sabe. Y encima en plena inauguración de una campaña preventiva de cáncer femenino.

Así es ella. Esperemos verla comentar sobre todos los temas, menos el suyo. Aunque siempre podremos preguntarnos para qué tanto ruido por la creación de una comisión legislativa de participación ciudadana si ahora que la tienen simplemente no la aprovechan.

Panistas al fin. Tantos años peleando la presidencia del país para desperdiciarla ahora que la tienen en sus manos.

Migajas legislativas

* Nada honroso tiene votar un presupuesto estatal con una partida para desastres naturales como la de Valle de Chalco y Neza de tan sólo 75 millones de pesos, y otra para difundir la imagen personal del gobernador por el doble.

Antonio León

Como era de esperarse, los diputados de la LVII Legislatura estatal aprobaron donar un día de salario a los damnificados de las recientes inundaciones en los municipios de Neza y Valle de Chalco, presumiblemente para apoyarlos con los gastos de víveres y artículos o servicios que puedan ‘aliviar su pena’.

De acuerdo con esto, se recaudarían alrededor de 200 mil pesos, considerando que un diputado devenga poco más de 2 mil 650 pesos diarios.

De ser aproximadas las cifras oficiales del desastre y sus víctimas, bien vale la pena preguntar cuánta gente y de qué manera podría beneficiarse de semejante suma. De ser mayores a lo estimado, es seguro que esta cantidad resulta incluso ofensiva.

No es que se juzgue el gesto, bienvenido a todas luces, pero es obligado preguntar si es genuino y, sobre todo, en qué ayuda porque la magnitud de esta desgracia, para ser claros, incuantificable, deja en ridículo los 200 mil pesos que se pudieran reunir.

Sería inútil dedicar este espacio a las cuentas alegres de qué y en qué cantidad se puede comprar. Por más que se comparen costos de unos productos contra otros, esta suma simplemente no servirá de nada. Ya sea que se destine a obra o productos, víveres, según la intención, no dejará de ser simbólica.

La cuestión es otra. ¿Qué se ganan los diputados con estas acciones? ¿Qué intención de fondo hay detrás de cada donación? ¿Qué ha convertido un gesto de solidaridad social y humana en un mero evento sin impacto ni profundidad? ¿Por qué de inmediato y casi sin chistar en eventos semejantes deciden estas donaciones?

No es fácil conocer las motivaciones personales de cada uno de los llamados representantes populares, que cada uno ha de tener las propias, pero es posible aventurar una explicación  general y hasta institucional si se atiende cómo deciden su propuesta y aprobación, en especial su difusión.

Maneras que hemos visto en infinidad de ocasiones, a propósito de numerosas tragedias, propias y ajenas. Esta misma Legislatura, incluso, estrenó su presunta solidaridad con la tragedia de Haití para la que decidieron también una donación similar.   

Una primera observación es a la difusión de su caridad. Como en pocas ocasiones, la oficina de prensa legislativa suele dar profusa difusión a estas aprobaciones. Una mirada por la prensa escrita de la entidad deja ver cómo el comunicado oficial respectivo se repite a diestra y siniestra. Lo mismo los diarios con sede en la capital Toluca que los conocidos como regionales, dedican espacios notables a la nota. Con grandes encabezados y la más de las veces a un cuarto o media plana, fotografía de por medio., nos hacen saber de la magnanimidad de nuestros representantes.

Así en la radio y la televisión local, que repiten la nota destacando motivaciones, fines y a veces cantidades, agregando audio e imagen en la que se miran diputados con gesto adusto y ademanes enfáticos explicando la bondad de su decisión.

El hecho suele ser más promovido cuando la aprobación se da en el Pleno, porque se acompaña de su imagen con todos los congresistas de pie y en actitud de estar votando de manera unánime, queriendo mostrar que priva la armonía y voluntad política entre ellos y los grupos parlamentarios que lo integran.

Para entenderlo mejor hay que recordar que este despliegue ‘informativo’ dista mucho de ser el cotidiano. Más bien la norma es otra. Siempre que se trata de eventos espinosos o polémicos, se cuida mucho que no trasciendan los verdaderos motivos de las diferencias. Por el contrario, los hechos vistosos y ‘políticamente correctos’ siempre se publicitan generosamente.

Puede entenderse el afán de difundir mayormente las ‘buenas noticias’, pero no el ocultamiento de información o su administración facciosa.

Más allá de esta línea noticiosa oficial, seguramente válida, queda al descubierto el descuido en que se incurre privilegiando lo ‘bonito’. Al hacerlo, se proyecta uno de los mayores defectos que muestran de carne y hueso a quienes tienen la fortuna de convertirse en diputados: su oportunismo insultante.

Eso muestra la donación. Su celeridad para presentarlo y votarlo sin turno a comisiones. Su rapidez para distribuir a los medios el boletín institucional, para buscar las cámaras y grabadoras a fin de casi gritar a los cuatro vientos su generosidad engañosa.

Eso, por donde quiera mirarse, es oportunismo vil.

Y de este oportunismo deriva una segunda observación: su simulación extrema.

Tanto afán por publicitar una acción que de suyo debería ser discreta, sólo se explica por esa aberrante inclinación por la simulación. Es tan difícil creer que trabajan y hacen por la entidad, que acciones como la entrega de un donativo se vuelven oro molido para esconder sus miserias.

Nada honroso tiene votar un presupuesto estatal con una partida para desastres naturales como la de Valle de Chalco y Neza de tan sólo 75 millones de pesos, y otra para difundir la imagen personal del gobernador por el doble. Entonces mejor oculto esto y promuevo lo otro. Así se concreta la simulación.

Y así, oportunismo y simulación se transforman en las caras de una misma moneda. La del cinismo y desvergüenza legislativa.