La inútil reforma

* Si bien la actual legislación no establece normas o mecanismos para abatir el rezago legislativo, que no es otra cosa que el acumulamiento (o ‘congelamiento’, según el argot parlamentario) de iniciativas sin dictaminación ni calificación, y tampoco lo tipifica, los congresistas reconocen que es uno de los principales problemas a los que se enfrentan y han enfrentado legislaturas anteriores.

Antonio León

Con bombo y platillo, diputados de la comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales de la actual Legislatura estatal, anunciaron nuevas disposiciones que, según ellos, abatirán el rezago legislativo y los obligará a ser más productivos y participativos. Una lectura atenta de esta iniciativa que reforma la ley orgánica del poder Legislativo muestra, no obstante, que es innecesaria y superficial.

Contra lo que sus creadores alardearon, no es un avance ni un primer paso en el intento de perfeccionar el quehacer legislativo, hacerlo más productivo y establecer quizá, las bases para que los representantes populares rindan verdaderamente y no sólo simulen trabajar.

Si bien la actual legislación no establece normas o mecanismos para abatir el rezago legislativo, que no es otra cosa que el acumulamiento (o ‘congelamiento’, según el argot parlamentario) de iniciativas sin dictaminación ni calificación, y tampoco lo tipifica, los congresistas reconocen que es uno de los principales problemas a los que se enfrentan y han enfrentado legislaturas anteriores.

Aunque no se sabe con certeza qué tan amplio es el rezago, se infiere que lo es por declaraciones de los mismos legisladores. Cada conclusión y arranque de una Legislatura; cada que concluye un periodo de debates o incluso uno de receso, alguno o varios representantes se atreven a realizar balances mínimos, tratando de destacar cifras que puedan impresionar, aunque bien vistas no digan nada.

En lo general, destacan el número de sesiones plenarias realizadas, de reuniones de comisiones y comités, de iniciativas recibidas y aprobadas, de votaciones unánimes y otros presuntos indicadores de su gestión. Casi nunca nos enteran, en cambio, de sus inasistencias a las sesiones, de votaciones divididas, de iniciativas congeladas, de las razones de su reserva, del cumplimiento de plazos para su calificación, de participaciones en tribuna, de iniciativas por legislador o grupo parlamentario y largos etcéteras.

Con los datos que aportan, por otra parte, pretenden probar que su labor es productiva y rentable. Que desquitan sus sueldos y prestaciones. Que cumplen sus funciones al cien por ciento y su papel como contrapeso de los otros poderes constitutivos de la entidad. A pesar de lo cual, con presunta pena, admiten el acumulamiento de iniciativas desatendidas.

Así, en cada nueva Legislatura quienes se perfilan como líderes parlamentarios empiezan por afirmar que una de sus ‘prioridades’ será la superación de este retraso. Entusiasmados, declaran que reformarán la ley para establecer reglas y mecanismos que obliguen a la superación de los atrasos o bien que establecerán acuerdos para la calificación inmediata de las propuestas en reserva.

Hasta la anterior supimos de una reforma que obligó a sesionar hasta por tres periodos de debates por año, esperando que los congresistas tengan más tiempo para la calificación. La verdad es que ni así se evitó el congelamiento de iniciativas, por lo que la presente creyó necesario impulsar su propia reforma.

De esta manera, en sesión de la comisión citada del pasado 9 de febrero, bajo la presidencia del priista José Manzur Quiroga, trece de catorce de sus miembros aprobaron reformar tres artículos de la ley orgánica del Poder Legislativo para establecer que todas las iniciativas y dictámenes que no hayan sido resueltos por una Legislatura se entreguen a la entrante bajo la forma de proyectos.

Bajo esta figura, pasarán directamente al pleno sin necesidad de un nuevo estudio y dictamen, pudiendo ser votadas de inmediato y ya no acumularse. Se entiende que de no ser aprobadas perderán su vigencia y simplemente se desecharán.

Pero la reforma no dice más. No establece la obligatoriedad de subirlas al pleno ni votarlas, como tampoco un plazo de atención. Nada garantiza que así como las reciba la Legislatura entrante, decida meterlas también al congelador. Tampoco se dice algo de medidas coercitivas o emergentes en caso de incumplimiento, por lo que nada pasaría de suceder. 

Más allá de estas fallas en la reforma, el gran desliz está en la inobservancia del texto vigente de la ley en cita. De acuerdo con su capítulo VII, Del Proceso Legislativo, Artículo 84, “la comisión o comisiones a las que sean remitidas las iniciativas o asuntos presentados a la Legislatura, harán llegar su dictamen al Presidente dentro de los treinta días hábiles siguientes de haberlas recibido, para el efecto de su presentación a la Asamblea; si esto no fuere posible, deberán solicitar a la Presidencia una prórroga que les será concedida hasta por igual término y por una sola vez, salvo que por acuerdo de la Asamblea se les conceda un plazo mayor. Si en el plazo señalado no presentan el dictamen, el Presidente nombrará una comisión especial para que dictamine en el término improrrogable de 10 días. Cuando las leyes establezcan plazos, las comisiones se sujetarán a ellos”.

No hace falta ser jurista para entenderlo. Su claridad es evidente. Cada iniciativa recibida por el Legislativo cuenta con un plazo de calificación: 70 días.

Aquí radica el problema. Este es el precepto legal que no se cumple. Es aquí donde nuestros legisladores han faltado. Y todos. No uno o dos, todos. Quienes ejercen o han ejercido como presidentes, como secretarios, como vocales, como coordinadores, como miembros de comisiones o comités.

Y no se trata de una falta cualquiera o menor. Es el incumplimiento de su obligación mayor: legislar. Para eso fueron electos, para legislar. Y se legisla con base en un procedimiento perfectamente establecido en su ley orgánica, que en el artículo mencionado fija la mecánica para atender, dictaminar y votar las iniciativas.

Entonces, si el mecanismo existe, ¿qué se gana esta Legislatura presumiendo una reforma inútil? 

La misma inutilidad se aprecia con la aprobación de una modificación legal que obliga a los diputados a asistir con puntualidad a las sesiones de trabajo legislativo a las que sean convocados, además de participar. Aunque en el texto actual de la ley no se estipula esto, resulta ocioso agregarlo si, como ellos mismos observan, la misma norma les garantiza faltar si lo pueden justificar. Por otra parte, la obligación de participar resulta imprecisa. ¿No bastaría el voto para probar que se participó?

Sus creadores sugieren que es un primer paso para abatir el rezago y perfeccionar su quehacer. Como se ve, es innecesario. El mecanismo para calificar en tiempo razonable existe. De atenderse, no existiera rezago ni congeladora legislativa.

Las razones de su reserva deben buscarse en otro ámbito. En el político, ni siquiera en el anímico. No es que los legisladores quieran o no dictaminar una u otra iniciativa. Es que las que votan convienen políticamente a uno u otros. Así de simple.

La ficción oficial

* La administración del Estado de México poco aprendió de las amargas experiencias de inicio de milenio. Poco hizo en materia de desazolve en afluentes cuyas vetustas estructuras fueron rebasadas por las precipitaciones de los últimos días en Valle de Chalco.

Elpidio Hernández

Ha pasado prácticamente una década desde aquel 31 de mayo de 2000, cuando miles de habitantes de los municipios de Ixtapaluca, Chalco y Valle de Chalco despertaban rodeados de aguas negras. Aquella madrugada -al igual que el pasado cinco de febrero del 2010- uno de los diques que escoltaban al extenso caudal de la Compañía se resquebrajaba dejando un saldo de cinco mil viviendas inundadas, las mismas colonias que hoy yacen bajo el agua. Las crónicas periodísticas de aquellos días narraban así el aciago pasaje: “el desbordamiento del río la Compañía provocó una inundación sin precedentes, alrededor de cinco mil familias de por lo menos diez colonias de los municipios de Valle de Chalco, Chalco e Ixtapaluca se vieron afectados por la acumulación de aguas negras de hasta cinco metros de altura”, donde el periódico La Jornada se daba tiempo para denunciar a priistas y a los panistas amigos de Fox, quienes aprovechaban aquella desventura para condicionar la entrega de dádivas a cambio del voto en los comicios electorales del 2 de julio.

En aquel momento autoridades de los tres niveles de gobierno llegaban a la zona anegada, el gobierno federal de Ernesto Zedillo y el estatal de Arturo Montiel Rojas pactaban -en medio del agua- compromisos de todo tipo encaminados a la construcción de trabajos para impedir que una desventura de las mismas dimensiones se volviera a repetir en aquella región dominada por los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.

El 26 de mayo del 2004 Montiel regaba a ocho columnas la noticia de la construcción del drenaje profundo para el río de la Compañía “con el fin evitar inundaciones en Ixtapaluca, Chalco y Valle de Chalco que afecten la vida y bienes de los mexiquenses de esta región”, decía quien concluyó su mandato sin ver, por lo menos iniciado, el ambicioso proyecto. 

Las promesas para terminar de manera definitiva con las inundaciones que temporada tras temporada se presentan en los asentamientos colindantes al afluente, comenzaron a tomar forma el 15 de agosto de 2006 cuando inició la construcción del túnel. Un mes después, el 19 de junio el aún presidente Vicente Fox y el gobernador Enrique Peña llegaban a Ixtapaluca para -ante decenas de periodistas- arrancar formalmente los trabajos de construcción del túnel y vaticinar con ello que “se resolverían de manera definitiva los riesgos de inundaciones de esta zona”. En aquella ceremonia el director general de la Comisión Nacional del Agua, Cristóbal Jaime Jáquez expresaba que con el túnel “las lluvias ya no representarían amenaza para los habitantes de esas colonias”. Por su parte, el gobernador Peña tomaba el micrófono y ante decenas de cámaras calificaba los trabajos como “una obra de justicia social, necesaria y apremiante ante el riesgo que representa el cauce y, sobre todo, que ya se han registrado experiencias lamentables y desagradables, cuando se ha desbordado y ha puesto en riesgo y dañado el patrimonio que con mucha entrega muchas familias han logrado a través de los años”.

La obra, entonces se dijo, tendría una inversión de mil 423 millones de pesos y sería entregada en julio de 2008, pero a cuatro años de iniciados los trabajos la vanagloriada obra no ha sido consumada y los desbordamientos siguen siendo una constante en aquella zona, como la inundación que se registró el cinco de junio de 2005 cuando un desbordamiento de menores proporciones se extendió a los municipios de Chalco y Valle de Chalco, causando daños menores en decenas de viviendas.

En 2007, un nuevo desbordamiento de medianas magnitudes atestaba de incertidumbre a los habitantes de los municipios colindantes al afluente. Días más tarde, el 21 de agosto de ese 2007, Peña atendía una entrevista en el noticiero estelar de Televisa para reconocer que se habían detectado dos fisuras en el canal de la Compañía, fisuras que estaban desembocando agua en varias colonias del municipio, pero aseguró que su gobierno y la Comisión Nacional del Agua trabajaban de forma coordinada para evitar situaciones similares a las del 2000, cuando “se desbordó el canal y se registraron las inundaciones más severas de las cuales se tuviera registro” en esa región, dijo el gobernador ante el conductor López Dóriga. 

A pesar de las promesas y los compromisos de los gobiernos federal y estatal, diez años después de aquella gran inundación, miles de habitantes de Valle de Chalco viven una situación de las mismas dimensiones. La estampa común son las casas anegadas, familias que pernoctan a la intemperie, en albergues o con familiares y personas que han perdido prácticamente todos sus bienes. Pero la desventura que hoy padecen los habitantes de Valle de Chalco no es más que la secuela de años de fallas gubernamentales, pues la advertencia de un desbordamiento siempre ha estado vigente en esa zona.

La historia dicta que prácticamente año con año el canal se revienta en el mismo punto, pues es un afluente calculado para un porcentaje de familias menor al que hoy lo utiliza. Pero la administración del Estado de México poco aprendió de las amargas experiencias de inicio de milenio. Poco hizo en materia de desazolve en afluentes cuyas vetustas estructuras fueron rebasadas por las precipitaciones de los últimos días.

En otros tiempos, cuando se trataba de aparecer en los diarios locales, ahí estaba el secretario del Agua y Obra Pública estatal, David Korenfeld Federman para hablar de los trabajos realizados en el Gran Canal. Hace unas semanas Korenfeld apuntaba que “en 2010 estaremos concluyendo 69 obras que tenemos en proceso, con lo que tendremos la oportunidad de hacer valer la palabra del gobernador Enrique Peña Nieto, entre las magnas obras programadas está el entubamiento del Río de la Compañía, con una inversión superior a mil 400 millones de pesos, cuyo túnel de 6.7 kilómetros ya está terminado y pasa por debajo del municipio de Ixtapaluca, colindando con Chalco y Valle de Chalco….”.

En septiembre pasado en su comparecencia ante los legisladores locales, el mismo Korenfeld hablaba de las “magnas obras del gobierno mexiquense” y enlistaba, entre otras, la construcción del túnel en el río de la Compañía. Hoy la figura del secretario estatal -siempre presente en las grandes inauguraciones- no se ha visto en el lugar de las afectaciones y la “magna obra”, como él la califica, ya debería estar en operación

Los orígenes del Gran Canal se remontan a los tiempos del Porfiriato. Por aquellos días se anunciaba como una magna obra de la ingeniería que serviría para sacar el agua del lago de Chalco que expulsaba malos olores y generaba mosquitos y alimañas de todo tipo –como lo narra el escritor Aurelio Fernández, en un artículo publicado en el diario La Jornada-. Sin embargo, la construcción de la autopista México-Puebla, inaugurada el 5 de mayo de 1962, cortó el cauce del canal dejando sólo el espacio necesario para las condiciones de aquellos días. Nadie, ni el propio general Díaz se imaginó que aquella inmensa área rodeada de volcanes se convertiría en una colosal mancha urbana que empezó a desarrollarse a partir de la década de los setentas y que alcanzó mayores dimensiones en 1989, cuando el entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari fundó el municipio de Valle de Chalco.

En el artículo, Fernández añade que las autoridades del Estado de México vieron una gran oportunidad para hacer negocio y se dedicaron a aprovechar la región para su causa política y económica. “Los más escandalosos negocios los hizo Arturo Montiel con unidades habitacionales multitudinarias, no sólo autorizadas, sino gestionadas por el célebre mandatario en virtud de que también era socio de esos negocios. Pasó por encima de ordenamientos territoriales hechos por su propio gobierno y por el gobierno federal”.

Aquellos desarrollos habitacionales muy pronto necesitaron dónde descargar su drenaje. Para ello el gobierno estatal se ahorró buenas sumas de dinero evitando la construcción de un drenaje que fuera receptor de las aguas negras de los nuevos complejos y decidió utilizar la ya vetusta infraestructura del Gran Canal, multiplicando un problema generando severas inundaciones desde hace poco más de una década.   

Las inundaciones y desbordamientos no son tema desconocido para las autoridades estatales. Hace menos de medio año el gobierno del Estado de México atendía severas inundaciones en Valle Dorado, Huixquilucan y San Mateo Atenco. Hoy, además de la anegación en Valle de Chalco, también enfrenta el desbordamiento del caudal del Río de los Remedios, que afectó a más de tres mil 500 familias de los municipios de Ecatepec y Nezahualcóyotl y otras tantas viviendas que también resultaron dañadas en el municipio zapatero de San Mateo Atenco que sufrió los embates del Frente Frío número 29.

La revista Proceso documentó que Valle de Chalco sufrirá un hundimiento de hasta 19 metros para dentro de diez años, según estudios del investigador del Centro de Geociencias de la UNAM, Marcos Adrián Ortega Guerrero. “En concordancia con las tendencias observadas, se calcula que en 2020 el Valle de Chalco tendrá el hundimiento referido e incluirá entre mil 200 y mil 500 hectáreas de superficie, así como una parte de suelo agrícola, que podría afectar cerca de 25 hectáreas de la zona urbana de Tláhuac y 150 del Valle de Chalco”, informa aquella publicación.

Chalco: la primera vez

* Aquel día el gobernador más impopular de los últimos tiempos debía cumplir una agenda apretada. Era jueves y apenas daba tiempo para alistar autos y helicópteros pues esperaban por él los directores del Infonavit para anunciar alguna charada inolvidable. Arturo sabía lo elemental. Que llovía y que habría alguna inundación. Pero no se preocupó. Todos los años era lo mismo.

Miguel Alvarado

Eran los días en que frescos cadáveres recorrían las calles pudriéndose en paz. Llegaban llagados, llevados ya al viento empuñando sonrisas, doradas monedas de falsos sibaritas, cazadores diletantes de erarios públicos y mentiras presupuestadas en salones de burdel. Buscaban algunos el barro milagroso que sana las heridas mientras peces y panes oxidaron el banquete que aquellos muertos despreciaron.

Era el primero de junio del año 2000. Fallaban por kilómetros cábalas y testigos jehovarizados sobre el fin del mundo y aquel tenía ya seis meses sumergido en domésticas tragedias, inconfesables reuniones que dictaminaban acólitos y aspirantes para el ciclo electoral que a traspiés se cumplía en la casa de Montiel, dominado entonces por el miedo al ridículo. Arturo no mandaba en su hogar pero dictaba como podía la política de manos chuecas en un estado de 14 millones de habitantes, trabajadores todos si se comparaban con aquel priista que años después intentaría poner otra Carlota a gobernar el país.

No lo sabía aún y estaba mejor así, medianamente perfilado, poderoso a secas aunque colmado en intraducibles ambiciones, con su ceguera al revés que apenas le daba para comprar un palco en la vetusta Bombonera, al lado de Onésimo, César y Emilio en una final futbolera donde ni la tragedia lo haría perdérsela.

Aquel día el gobernador más impopular de los últimos tiempos debía cumplir una agenda apretada. Era jueves y apenas daba tiempo para alistar autos y helicópteros pues esperaban por él los directores del Infonavit para anunciar alguna charada inolvidable. Arturo sabía lo elemental. Que llovía y que habría alguna inundación. Pero no se preocupó. Todos los años era lo mismo, desde que trabajaba para el priismo. Él mismo caminó aguaceros apocalípticos cuando su época como líder de partido le obligaba a sinsentidos de arrabal. Todos lo sabían, hasta el panista Juan Carlos Núñez Armas, quien se empeñaba por el sueño de conquistar la alcaldía de Toluca en las barbas del propio gobernador y de uno de los inútiles más públicos de aquel tiempo. El alcalde priista Armando Garduño atinaba apenas a atusarse el bigotito y exclamar con los ojos cuando le llamaban la atención. “Mira lo que te dicen”, le recordaban sus logísticos apoyos pero él no pensaba en ello y dejaba hacer y mejor pasar.

Otro que luego se hizo famoso presentaba ese día y por allí un libro llamado El Grupo Atlacomulco. Jorge Toribio tampoco hacía caso del clima y organizaba su aquelarre literario mientras María Luisa Farrera, aquella lisérgica funcionaria, comenzaba periplo como directora del Instituto Electoral del Edomex. Instrumento montielista de la democracia, esta Farrera deslumbraba con peinados a la Carolyn Jones, aquella seductora Morticia, que le sirvieron para derrotar a Jaime González Graff en la lucha por la posición. Sustituiría a José María Sainz Gómez, renunciado por motivos de salud. En ese momento la María gozaba del beneficio de la duda pero no el esposo de Carolina Monroy, quien hacía su lucha para gobernar Metepec e iba de casa en casa, cejijunto y anticlimático con su cara de árabe, repitiendo a los cansados electores un “porque yo, Ernesto Nemer…”. Allí quedaría él, tendido cuan largo era antes ni siquiera de comenzar la batalla. Reflexivo, encontraría luego culpable a Fox de su estrepitoso estrellarse en el suelo.

Pero la madre de todas las vergüenzas las sufrió el humilde ex gobernador del Edomex, César Camacho Quiroz, quien a pesar de algunos buscaba todavía un cargo de elección popular que lo reivindicara ante sí mismo. Este metepequeño quería ser senador y para ello recorría kilómetros disfrazado de moreno Santa Clos, cargado de obsequios. El primero de junio de aquel 2000, Camacho lo pasó muy orondo reunido con la señora Loba, una ama de casa de armas tomar que en sus ratos libre se hacía llamar Guadalupe Buendía Torres y trabajaba como dueña absoluta de Chimalhuacán y sus gobernantes.

Hoy presa, la señora Loba, como le gustaba le dijeran, era la anfitriona del licenciado Camacho. Pretextos sobraban y César se acordó de que a las abnegadas madres de aquella región nadie las había agasajado en su día. Así que le dijo a la señora Loba que le juntara muchas porque él, personalmente, iría a felicitarlas. Y así fue.

“Que sí, que no, que como chingados no”, entonaban guturales aquellas hijas de Luperca mientras César posaba para las fotos. “Folclórica como siempre en el decir y el hacer, Guadalupe Buendía no tuvo empacho en señalar que ningún panismo ni perredismo entrarán a Chimalhuacán”, mientras anticipaba la victoria del licenciado, de Labastida y la de su propio hijo, Salomón Herrera, miembro destacado de aquella manada y que buscaba una diputación local, recordaba inocente una crónica de El Sol de Toluca.

Camacho, alguna vez césar sin sufragios, se apresuró riendo a rifar estufas, lavadoras, refrigeradores, televisiones y planchas mientras tomaba aire y micrófono para asegurar a las 12 mil afortunadas que “vengo a cargar pilas con la gente de Chimalhuacán, especialmente con las mujeres, quienes nos llevarán al triunfo. Salomón Herrera mamó desde la cuna el servir a la gente como lo ha hecho Guadalupe Buendía”.

Camacho era político y así explica muchos de sus desaciertos pero tuvo que pasar aullando aquella tarde de nubarrones y chubascos repentinos mientras la señora Loba preguntaba a voz en cuello que “¿quién no le pidió agua, drenaje, banquetas, guarniciones a César Camacho?”.

Y César, modesto desde su altura estrechaba manos y dictaba líneas a aquel diario que concluyó que “fue una tarde de compromisos, de gente bien nacida con gente que sabe honrar su palabra”. Para rematar aquel horror, Paquita la del Barrio cerraba la vendimia entarimando los rencores de aquellas mujeres aquel día en el que Valle de Chalco se pudría por primera vez.

La historia, aquella serpiente que se muerde la cola, dicta que la señora Loba y toda su familia viven ahora en la cárcel, donde se hacen viejos a fuerza del recuerdo y malas horas. Y César, aquel Camacho gobernador, fue vapuleado en las votaciones porque la mayoría decidió que no lo quería ni en el Senado. Nadie devolvió planchas ni refris y el avergonzado aspirante debió inscribirse en una plurinominal. Al fin y al cabo ganaba a fuerza.

Pero Arturo. Conocía el lugar común. Entendía que llovía y que habría alguna inundación. Pero no se preocupó. Es más, el 31 de mayo ya se había desmoronado un tramo del canal del Río de la Compañía y en un kilómetro se habían detectado tres boquetes. Uno era de 12 metros pero nadie hizo nada. Tres días después el saldo era de 30 kilómetros cuadrados anegados en Valle de Chalco e Ixtapaluca; 20 mil damnificados; 30 colonias sumergidas tres metros en aguas negras; 5 mil familias afectadas; 2 extraviados, 40 heridos y un muerto. Nada mal para ser sólo lluvia.

Ya enterado de la gravedad, Montiel entró en acción. Vistió fina camisa azul marino y envidiable pantalón caqui para recorrer la podredumbre. Llegó a la altura del kilómetro 28 de la carretera México-Puebla, lugar donde el canal vomitaba y allí se hundió hasta la cintura junto al secretario de Desarrollo Social, Carlos Jarque, que intentaba ser claro y expedito. Montiel decía de inmediato que no había muertos con aquella voz de otro mundo que nunca pudo domar pero el subprocurador de Justicia de Amecameca, Santos Montes Leal, encontraba la cruz de aquel martirio al deslizar que un hombre de 80 años llamado Fernando Feliciano Nicolás, flotaba inerme en las aguas de aquella desgracia. Montiel cayó y luego guardó silencio, que rompió al ver llegar los cuerpos de rescate estatales y del DF. Supervisó, dicen los que lo vieron y dio rápidas órdenes a los suyos. Horas después el alcalde de Valle de Chalco, Francisco López Lira, pedía aplicar el plan DN-III y la entrada del ejército, que finalmente dirigió la evacuación.

A las 8 de la mañana del primero de junio llegaba el director de la Conagua, Guillermo Guerrero y muy orondo explicaba las sinrazones. Que la causa de aquellos boquetes en la Compañía eran los hundimientos naturales de la ciudad de México. Que eso sucedía desde hace muchos años. Que el agua se llevó las partes flojas. Que no había problema.

Los vecinos, hundidos hasta el cuello en excremento lo escucharon asqueados. Guerrero evitaba el diálogo pero no pudo reprimir que los ahogados le dijeran mentiroso. Hacía días que las grietas se abrían debido al agua proveniente de los volcanes y aunque se dio aviso la estructura nunca fue reforzada.

A Jarque le recordaron que estaban hartos de promesas electorales. Reaccionó mal y contestó enojado, como si tuviera la culpa. Mojado hasta la cintura, dijo que allí no se trataba de partidos políticos mientras el señor gobernador prometía solemne que se convertiría en gestor ante la Federación para que la gente recuperara sus cosas. Montiel, todavía en fina camisa, tuvo tiempo de regresar a Toluca, tomar un baño caliente, cumplir las reuniones de su agenda y luego volver a Chalco. Allí se enteró de lo que todos sabían hacía tres años, pero a los colonos el gobierno no les hizo caso. Cuatro horas bastó para que se inundara todo pero sirvió de algo. Jarque y Montiel pudieron retratarse chapoteando en las calles de aquellas colonias. La foto no miente. El secretario explica hasta con las manos a Montiel la situación, pero éste hace que escucha mientras frunce la boca y cierra los ojos a causa del asco que le produce aquello.

Montiel dejó que todo fluyera, que el problema se resolviera casi por sí mismo. Llegado a Toluca, publicó a una plana en los diarios locales una declaratoria de emergencia que pasó de noche para la mayoría. Mayolo del Mazo, en ese entonces secretario de Desarrollo Agropecuario aprovechaba para decir muy serio que “las inundaciones son cosa mínima, se afectaron sólo 30 hectáreas”, mientras la Federación dictaminaba que se encontraban bajo el agua 104 mil.

Otra pista del circo se desarrollaba en la Cámara local, donde los diputados aportaban 300 mil pesos entre todos para que los de Chalco se compraran un atole cada uno, aunque sea. Y se justificaban diciendo que sabían que era muy poco dinero, pero que lo que contaba era la intención. Acto seguido, los legisladores se fueron a sus casas hasta que dejó de llover.

A Montiel le habían dicho que un terreno de 33 hectáreas resolvería el problema de las inundaciones por muchos años, por lo que su gobierno lo encontró rápidamente y se instruyó para que allí se depositaran las aguas negras. Pero todo le salió mal. Este futuro vaso regulador tenía dueños. Trescientos campesinos expulsaron a los trabajadores e impidieron que en su propiedad se hicieran las excavaciones necesarias. Amenazaron con linchar a un delegado municipal y el sueño de Montiel se esfumó. Pero a esas alturas ni él se acordaba de aquel terreno.

Y es que a Montiel se le olvidó todo menos la final del futbol mexicano que jugaban sus amados diablos del Toluca el 3 de junio de aquel año. Luis Contreras, reportero de El Sol, reseñó el pambolero interés del gobernador en una entrevista de primera plana. “El diablo arrasó en Toluca. A las 13:30, con escolta a pie, llegaron los Santos a la Bombonera. Y a las 14:15 arribaron al estadio dos delanteros que le van siempre al diablo. Tomados del brazo aparecieron el gobernador del Edomex, Arturo Montiel y el obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda Silva.

– Gobernador, su pronóstico…

– Vamos a ganar. Aquí tiene que ganar Toluca.

– ¿Y en la final del 2 de julio?

– También.

– ¿Cómo ve la alineación para el 2 de julio?

– Muy bien, tenemos buen delantero, buen tirador de derecha y de izquierda.

– ¿Habrá goleada?

– Desde luego.

Allí, en las gradas del Nemesio acudía la nata de la política local. Emilio Chuayffet brincaba en palcos y decía señero que “vamos a volver ser campeones y venimos todos a celebrar”. Onésimo decía que Fox quería “darnos atole con el dedo, pero el Toluca gana por 3 a 0”. César Camacho, Jiménez Cantú, Mario Ramón Beteta y el alcalde Armando Garduño estaban en aquella banca jubilada mientras en Chalco reportaban actos de rapiña y desabasto. No hubo agua, medicina ni alimentos suficientes y el dique se reventó por segunda vez. El nivel del agua no bajó, como lo anunció el gobierno estatal y mil personas vivieron en sus azoteas por una semana.

Montiel celebró la victoria del Toluca junto a Rafael Lebrija, los amigos de entonces y no regresó a Chalco. Toluca campeonó en otros torneos y Camacho fue senador. Hoy quiere el PRI o la Procuraduría estatal. Jiménez Cantú y Beteta no resistieron la edad. Onésimo se pudre en eclesiástica paz. Nemer es casi gobernador. Farrera se retiró a enseñar danza clásica. Núñez Armas no será nunca más alcalde. Emilio ensombrece todavía la política local y Valle de Chalco se muere de sed por segunda vez en un vaso de aguas negras.

El nuevo colapso neoliberal y su repetida estela de genocidio económico

“[Pero] el sol brillaba, no teniendo otra alternativa, sobre lo nada nuevo”. Murphy, 1938.

“[Pero] pronto, a pesar de todo, [estaré] por fin completamente muerto”. Malone muere, 1952.

Samuel Beckett.

Marcos Chávez/ Refundación/ Rebelión

Entre 1988 y 1994, México era considerado “como un modelo de transición económica y política de un sistema dirigido por el Estado hacia una estructura de libre mercado (…), [hecho que le había permitido] alcanzar el estatus cercado al primer mundo”, según Alan Greenspan. [1] Fue considerado como un “alumno ejemplar” por los alborozados promotores y beneficiarios del “consenso” de Washington, como los clasificó taxonómicamente John Williamson; [2] es decir, el gobierno estadounidense, los organismos multilaterales, las grandes corporaciones, los “think tanks” y sus apologistas que se reúnen en Washington, según Paul Krugman, [3] como si fuera un sínodo nocturno bajo la inspiración del platónico “filósofo rey”, para conspirar en contra del resto, porque el gobierno mexicano tuvo la audacia necesaria para arroparse escrupulosamente con los remozados harapos de la decimonónica “modernidad” de la “utopía liberal” y hacer tragar a las mayorías, súbita y brutalmente, sin consenso y contra sus intereses, la “píldora amarga” —expresión de Adam Przeworki— [4] de las políticas estabilizadoras y de ajuste estructural popularmente conocidas como neoliberales. Radicalizó el viraje estratégico en el modelo de desarrollo, iniciado en 1983, hacia el pasado. De una economía cerrada, administrada por el Estado y basada en la industrialización sustitutiva de importaciones, a otra completamente abierta, normada por el “librecambismo”, el frenesí empresarial, el Estado jibarizado y artrítico y la subordinación al mercado mundial, bajo el dogma victoriano de las “ventajas comparativas” y la especialización primario-exportadora.

Ese cambio económico vanagloriado, que también destruyó unilateralmente el viejo pacto social capitalista y remodeló la estructura política hasta convertirse en un nuevo proyecto de nación no fue, en realidad, original. Sólo fue una copia tardía del experimento inaugurado en Chile, Argentina y Uruguay en los años setenta del siglo XX, donde la “mano invisible” de los Chicago Boy’s y la visible manu militari, ambas brutalmente ensangrentadas, estrangulaban a sus respectivos pueblos. El neoliberalismo mexicano nació vigorosamente mientras aquellos se colapsaban prematuramente en su baño de sangre. De todos modos, ello no impidió que la contrarrevolución neoconservadora metropolitana, liderada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, rescatara al neoliberalismo primigenio de su ruina y lo entronizara como la política mundial durante la reunión del Grupo de los Siete en Ottawa, en 1981, en sustitución del keynesianismo y el estructuralismo latinoamericano, que quedaron enterrados entre los escombros sistémicos ocasionados por la unilateral ruptura estadounidense de los acuerdos de Bretton Woods, a finales de los años sesenta. Así, la relativamente estable “época dorada” del capitalismo de posguerra fue suplantada por las tendencias neocoloniales de la esquizofrénica “globalización”. Por la nueva “internacional monetarista” como la definiera Ricardo Ffrench-Davis, [5] bajo responsabilidad del Fondo Monetario Internacional FMI), el banco Mundial BM) y Organización Mundial de Comercio (OMC, en esos años conocida como GATT), en cuya enloquecida nave se precipitaron a abordarla incondicional y perversamente todos los gobiernos latinoamericanos salvo el cubano, en una desesperada búsqueda por encontrar la falacia del paraíso perdido del “mercado libre”, aunque su pase de acceso fue condicionado a la aceptación irrestricta de todas las reglas impuestas desde las metrópolis, a través de esos organismos.

La orgiástica fantasía neoliberal mexicana, sin embargo, saltó en pedazos en diciembre de 1994 y el discípulo fue reprobado y degradado a la calidad de paria. Se le trató como un apestado a quien había que aislar para evitar que contagiara al capitalismo globalizado. A partir de ese momento Greenspan lo vio como “el primer caso relevante [cuyas] equivocaciones significativas de la política económica” que puso en riesgo al mundo, pese a que el desastre, además de los errores en la conducción, se debió a las mismas causas endógenas del modelo local/global que llevaron primero, al fracaso a las dictaduras citadas, hecho discretamente omitido por el gobernador de la Reserva Federal y después a un gran número de países, subdesarrollados y desarrollados. Entre éstos últimos sobresale Estados Unidos con sus dos reventadas burbujas especulativas, la del 2000 y la fatal del 2008, con sus respectivas hecatombes mundiales en las cuales el pintoresco maestro en la “la economía vudú”, Greenspan, fue un destacado corresponsable. La segunda conmoción representó el “derrumbe intelectual” de la Escuela de Chicago, en palabras de Brad DeLong, de la Universidad de California en Berkeley, expertos en la “edad oscura de la macroeconomía”, [6] así como la quiebra de la “virtuosa” quimera neoliberal asimétricamente “globalizada” que dichos expertos en la mercadotécnica cábala económica contribuyeron a publicitar en el mundo, como si fuera la piedra filosofal, la única senda conocida por el dios-mercado para alcanzar la “modernización” capitalista y el bienestar internacional.

El respaldo a los neoliberales mexicanos en 1995 no fue gratuito ni desinteresado. La Casa Blanca, el FMI y el BM, principalmente, concedieron una línea de crédito de emergencia por 508 mil millones de dólares, la mayor cantidad históricamente otorgada a un país hasta ese momento, destinados a garantizar el cumplimiento de los compromisos financieros externos. De ese monto sólo se emplearon 30 mil millones para amortizar la deuda pública interna de corto plazo que tenía que liquidarse en moneda extranjera (títulos conocidos como Tesobonos), pasivos que había sido emitidos en un esfuerzo desesperado para tratar de evitar la estampida masiva de los capitales especulativos y sus efectos desquiciadores y guardar la apariencia de la estabilidad macroeconómica para evadir las inevitables macrodevaluaciones de diciembre de 1994 y marzo de 1995, debida a la fuga de divisas, y la crisis financiera y de balanza de pagos que colapsaron al modelo. Los objetivos que condicionaron los créditos se cumplieron cabalmente. Los tenedores de los papeles recibieron sus divisas que depositaron a buen resguardo en el exterior, se elevó el saldo de la deuda externa de 85.4 mil millones a 100.9 mil millones, cuyos intereses también fueron puntualmente cubiertos y la economía se hundió en su peor recesión desde los años treinta, la cual se extendió de 1995 a mediados de 1996, y que sería superada por la de 2009. Gracias a ese apoyo se logró otro propósito: la obligación de llevar a cabo la “tercera generación” de reformas neoliberales, como pudorosamente se denominó a la subasta del sistema financiero y la entrega generalizada de la infraestructura pública y los sectores estratégicos de la economía a las grandes corporaciones, principalmente las foráneas.

Adicionalmente existió otra razón de mayor trascendencia que obligó, a regañadientes, a los adalides del “consenso” de Washington a rescatar a sus cipayos mexicanos, circunstancia que posteriormente se repitió ante otros gobiernos en trances similares. Ella fue develada por Greenspan: “desde una perspectiva mayor, el contexto de la guerra fría y sus consecuencias”, no quisieron correr el riesgo de una defección en la internacional monetarista de quienes “muchos de los ministros de finanzas y banqueros centrales de los países en desarrollo consultaban para aprender los mecanismos que habían empleado para alcanzar el estatus de primer mundo. (…) Porque las reformas económicas estarían amenazadas por presiones para reimponer controles en muchas áreas de la economía y para restablecer la interferencia gubernamental en el cada vez más vibrante sector privado”; por una eventual “reversión de las reformas” [contagiaría] a otros mercados emergentes [que] podrían detener o revertir la tendencia global hacia las reformas orientadas hacia el mercado y la democracia” al estilo americano. “Esto sería un retroceso trágico para Estados Unidos y también para el resto del mundo”.

Durante varios años los paladines del “consenso” globalizador fueron exitosos para salvar a los proclives neoliberales latinoamericanos, militares, de las “democracias acotadas” o autoritarios como los mexicanos. A la postre, empero, no lograron evitar que el mapa regional cambiara, al desplazarse el péndulo político en la mayor parte de la región, de la tenebrosa noche neoliberal y autoritaria de la derecha que la devastó alrededor de tres décadas, a partir del sangriento derrocamiento del democrático gobierno chileno de Salvador Allende y la Unidad Popular, en 1973, hacia la gradual renovación de la variopinta izquierda. Los onerosos saldos económicos y sociopolíticos del neoliberalismo abonaron, en sus propias entrañas, el terreno fértil para que la mayoría descontenta impulsara la emergencia de nuevos gobiernos que actualmente alteran los fundamentos de ese proyecto de nación y tratan de construir otro socialmente incluyente y democrático, recuperan su soberanía nacional y desafían los términos de la mundialización y la hegemonía estadounidenses. Hasta el momento, en su naciente historia, desde la perspectiva del tempo histórico, no han logrado extirpar la matriz neoliberal y sus pasos hacia otra forma de capitalismo o la construcción de un sistema postcapitalista, llámese socialista o de otra manera, son imprecisos, y se encuentran asediados por la Casa Blanca y sus aliados internos, que tratan de desestabilizarlos para provocar su caída y restaurar la hegemonía estadounidense y la hermandad del capital criollo y transnacional en el continente.

Con la nueva crisis sistémica, iniciada en 2008, el gobierno mexicano es visto con conmiseración, hecho que se suma a su deteriorada imagen en el escenario internacional, en especial en América Latina, donde ha perdido el liderazgo que tuvo hasta los años ochenta, en virtud del relativo avance económico logrado con su autarquía colonizada, su autoritarismo nacionalista, su escatológico tercermundismo y su mimética estrategia de no alineación ni intervención que le daba un cierto margen de autonomía frente a los bloques del este y el oeste en la llamada “guerra fría”, sin que ellos perturbaran sus amores clandestinos mantenidos con la casa Blanca, estrategias que de alguna manera resultaron benéficos para la subregión. Actualmente se encuentra aislado, merced al giro radical en la política interna y externa realizada por la gobernante derecha política-empresarial, que se encaramó al poder a raíz de la crisis de la deuda de 1982, en sentido inverso a la tradición histórica de México y de la tendencia de la mayoría de los latinoamericanos, A los vientos renovadores del sur, democratizadores, con anhelos soberanos y en diferentes grados heréticos al consenso neoliberal, antepone el remozamiento del ajado e impresentable antiguo régimen presidencialista despótico. Trata de vender infructuosamente la alternancia entre la cogobernante derecha del viejo partido de estado y la decimonónica derecha clerical, ocurrida desde el 2000, como un misterioso fenómeno que súbitamente abrió y democratizó los patios interiores del sistema político, al mismo tiempo que, aún más enigmáticamente, se atrinchera en su esencia y estructuras autoritarias, impone un régimen de excepción salvaguardado por los cancerberos policiaco-militares, excluye a la sociedad y los movimientos progresistas, cercena las conquistas sociales y suspira por apuntalar el bipartidismo entre esas facciones fundamentalistas y al estado teocrático. El bloque dominante vuelve autista al gobierno, limita la presencia estatal a la simple administración de uno de los últimos valladares del neoliberalismo puro y la protección del capitalismo mafioso. Reduce sus pretensiones cosmopolitas a la peculiar asimilación del neocolonial vasallaje estructural de Estados Unidos, como un furgón de cola, alejándose deliberadamente, en sus relaciones productivas, comerciales y financieras, de América Latina y el resto del mundo.

En política exterior, obsecuente e impúdicamente se arrojó voluptuosamente a los afanosos brazos imperiales estadounidenses. Por amor interesado, ya que, asediadas por el ascendente descontento social y la oposición de centro-izquierda, ante quienes pudo retener dos veces el poder en turbios procesos electorales (1988 y 2006) que dejaron la percepción de “golpes de estado técnicos”, sabe que su futuro depende de su interesado respaldo, y por degeneración, al corromper sus antiguos principios, los devaneos furtivos de las elites mexicanas con sus “socios” del norte se transformaron en obscenas y públicas “relaciones carnales”, tomando prestada la famosa expresión de Guido Di Tella, ministerio de relaciones exteriores de Carlos Menem, con la cual definió la estrategia de alineación incondicional de ese gobierno con la Casa Blanca. La derecha mexicana, de Miguel de la Madrid a Felipe Calderón, y sus pares latinoamericanos, el reciclado Alan García, de Perú, Álvaro Uribe, de Colombia o los golpistas de Honduras, ha establecido un concubinato de tiempo completo con Estados Unidos, que busca acabar con los regímenes progresistas.

El antaño orondo gobierno mexicano ahora es digno de lástima. Mientras la mayoría de los gobiernos del mundo abjuraron temporalmente de sus creencias neoliberales a favor de una activa intervención estatal, la reimplantación de algunas regulaciones económicas y el uso de los instrumentos keynesianos monetario y fiscal, con el objeto de enfrentar sus recesiones, el extravagante mexicano se aferró a la ortodoxia monetarista como si fuera el último cruzado, en narcotizada espera de que la milagrosa “mano invisible” del tótem del “libre mercado” rescate del fondo del abismo recesivo a la economía, o que el influjo keynesiano estadounidense funcione y saque del estado comatoso a su aparato productivo y, por añadidura, arrastre el nuestro, convertido en un desarticulado fardo que se mueve desfasadamente al ritmo de aquel.

China, que combina un esotérico socialismo capitalista (de “mercado” le llaman) no esperó demasiado tiempo para actuar, una vez que sus exportaciones, el “motor” de su economía, se vieron seriamente afectadas por el derrumbe del consumo, el crecimiento y las importaciones de Estados Unidos y el resto del mundo. Su gobierno expandió el crédito, instrumentó un paquete de de apoyos fiscales por 585 mil millones de dólares y buscó diversificar sus mercados externos, entre otras medidas, para estimular el mercado interno y compensar la contracción de la demanda mundial de sus productos que llevó al cierre de miles de fábricas y dejó sin empleo a 20-30 millones de trabajadores. Los resultados fueron importantes: no sólo pudo contrarrestar su declinación económica observada entre el tercer de 2007 y el primero de 2009 (su tasa anualizada bajó de 13.4% a 6.1%). Pero a partir del segundo trimestre empieza a recuperarse su ritmo y se estima que cerró el año en 8.5% – 8.9%, nivel que superaría la meta fijada de 8%. En 2007 su tasa había sido de 13.4% y en 2008 de 9%. Para el 2010 se proyecta que supere el 10%. De lograrlo, el dato de 2008 apenas representará un pequeño bache su desenfrenado crecimiento iniciado en 1977, cuya tasa media real anual hasta el 2010 será de 9.8%, tres veces más que el promedio mundial (3.1%) y que el Grupo de los Siete (2.3%). Lo más llamativo es que, contra lo que dice la ortodoxia económica, ni el programa anticíclico ni la dinámica económica generaron fuertes presiones inflacionarias. El nivel de los precios en 2007 había sido de 4.8%, en 2008 de 5.1%, en 2009 se estima un decremento de -0.1% y en 2010 una alza de 0.6%. Ante esos resultados, el Banco Central elevó los réditos de la deuda pública a tres meses por primera vez en 19 semanas, tras afirmar que su objetivo para el 2010 será regular la expansión del crédito y la liquidez y el aumento de precios. El manejo monetario pasará de una estrategia moderadamente flexible y una política fiscal proactiva para reforzar el crecimiento.

La disminución de su crecimiento se debió a la baja de sus exportaciones, que empezaron a desacelerarse a partir de 2004, cuando se expandieron 35.4% (593 mil millones). En 2007 aumentaron 25.8% (1 billón 219 mil millones); en 2008 en 17.2% (1.4 billones) y en 2009 decrecieron 16% (1.2 billones). Sin embargo, en diciembre empezaron a mejorar, rompiendo una racha de 13 meses de caídas. Ello, no obstante, no impidió que superara a Alemania como el mayor exportador del mundo (el valor de sus ventas externas habrían sido por 1.17 billones). Quizá Alemania ya no recupere esa posición, pues su crecimiento esperado en 2009 y 2010 es de -5.3% y 0.3%. Es probable que, si no ocurre algo extraordinario, China empezó a consolidarse como la principal potencia vendedora mundial. Entre 1948 y 2002, Estados Unidos ocupó ese lugar (su participación en las exportaciones mundiales cayó 21.8% a 10.7%). En 2003-2008 fue sustituido por Alemania (9.1% y 9.1% del total). En 2006, China ocupaba el tercer lugar.

El deterioro de las exportaciones chinas se debió en gran medida a la disminución de las importaciones estadounidenses de sus mercancías, que entre septiembre de 2008 y agosto de 2009 (su tasa anual pasó de un aumento de 12.4% a un decremento de 19%). El total acumulado entre enero y noviembre de 2009 cayeron 14% (de 313 mil millones a 270 mil millones). Las importaciones chinas en el total estadounidenses equivalieron al 16% en 2008 y en 2009 al 19% (esto se debe a que las totales cayeron con mayor fuerza: 28%). En el 2000 apenas representaban el 8%. Del lado chino, sus exportaciones hacia ese país equivalieron a 24% en 2008. En 2004 había sido de 33%. El intercambio comercial entre ambos ha sido ascendentemente deficitario para Estados Unidos: en 1990 fue por 10 mil millones; en el 2008 por 264 mil millones y en 2009 quizá sea del orden de 230 mil millones. A esa situación se debe las presiones de Washington a Pekín, con objeto de que modifique su política cambiaria, devalúe su moneda y abra más su mercado. Su balanza comercial arrojó un superávit por 196 mil millones de dólares, 34% con relación a 2007 (296 mil millones), cuando alcanzó su máximo histórico. A partir de 1994 su saldo (5.1 mil millones) se volvió sistemáticamente positivo y creciente, al igual que su cuenta corriente, que pasó de 7.7 mil millones a un estimado de 371 mil en esos años, aunque será 14% menor que el de 2008 (426 mil millones). Ello explica su extraordinaria acumulación de reservas internacionales, que en septiembre sumaron 2 billones 273 mil millones, las más grandes del mundo, y que se haya convertido en el mayor exportador neto de capitales. En 2008 aportó el 24.7% del total mundial.

Estados Unidos, centro promotor del neoliberalismo y epicentro del terremoto mundial, empezó a reducir sus réditos desde septiembre de 2007. La tasa real media de fondos federales cayó de 2.2% en 2007 a -1.9% en 2008 y 0.6% en 2009. Los bonos del tesoro a tres meses de 1.5 a -2.4 y 06%, respectivamente, hecho que, no obstante, no desalentó su compra masiva, sobre todo del exterior, lo que contribuyó a facilitar el financiamiento de sus ambiciosos programas de apoyo a la economía: un billón de dólares en 2008, equivalente a 7% del PIB anual (157 mil millones en estímulos en febrero y 150 mil millones en deducciones fiscales, más 700 mil millones para el rescate financiero, en octubre), y otros 787 mil millones adicionales en febrero de 2009, 5.7% del PIB, para la recuperación y reconversión económica. Casi 1.8 billones en total. No dudó tampoco en ampliar gasto real del gobierno federal, incluyendo el keynesianismo militar, aún cuando los ingresos fiscales se desplomaron. El primero había aumentado 1.9%, en 2007; en 2008 lo hizo en 10.2% y en 2009 en 38.7%; respecto del PIB pasó de 16.7% a 17.6% y 24.4%. Los ingresos totales, que crecieron 7.5% en 2007, se contrajeron -3.5% y -19.5% en 2008 y 2009. Ese desajuste elevó astronómicamente el déficit fiscal presupuestal: de 342 mil millones a un billón y 2 billones en los años de referencia; 2.5%, 4.5% 13.9% del PIB. Para el 2010 se espera que sea por 1.4 billones, 9.5% del PIB. La deuda pública total aumentó de 9.2 billones a 10.7 billones y 12.1 billones (hasta noviembre). Esa estrategia contingente atemperó hacia finales de 2009 la recesión iniciado un año, aún cuando sus síntomas críticos no han desaparecido, la reactivación es incierta y existe el riesgo de nuevas recaídas, situación compartida por el resto del mundo. En 2007 esa economía creció 2.1%, en 2008 en 0.4% y -2.7% en 2009. Para este año se estima que crecería sólo 1.5%. La tasa de desempleo abierto pasó de 4.9% a 10% entre diciembre de 2007 y nombre de 2009, 104% más; de 7.5 millones de personas a 15.4 millones. Para el 2010 se estima que permanecerá por arriba del 10%.

México, en cambio, pagó dramáticamente las consecuencias de un gobierno que, primero, fue incapaz de percibir la catástrofe mundial que se avecinaba y que ya era más que evidente a mediados de 2008, en especial en su “socio” estadounidense. Luego porque se paralizó, actúo como si no pasara nada y quiso ocultar la calcinante realidad con un dedo, por medio de estrafalarios discursos optimistas. En octubre de ese año, cuando el país se deslizaba precipitadamente hacia el precipicio, con la arrogancia de un ignorante o de un demagogo, Felipe Calderón exaltaba la onírica fortaleza financiera de la economía. La consideraba como una ínsula ajena al desastre externo y declaraba que “somos el único país del mundo donde nadie tendrá que apretarse el cinturón… no será necesario pedir sacrificios a los mexicanos como consecuencia de la convulsión financiera… [se] enfrentará la coyuntura con más gastos en infraestructura”; después porque diagnosticó equivocadamente las causas de la recesión internacional, su magnitud, su eventual duración y sus efectos para México, además de que instrumentó un programa contingente a destiempo, de escasa duración y financieramente limitado, porque supuso que la crisis sería suave y de corta duración, además de que la cuantía erogada estaría condicionada a su pánico de que el déficit fiscal se alejara del mito neoliberal del balance cero.

La flexibilización de la política monetaria fue tardía. Antes que preocuparse por la economía que se despeñaba hacia la recesión —en el segundo trimestre de 2008 creció 2.9%, en el tercero 1.7% y en el cuarto -1.6%— y el creciente desempleo, la atención del banco central se concentró en la inflación, el desorden de los mercados financieros internos y externos, la brusca contracción en la entrada de recursos por la cuenta de capitales —endeudamiento, emisiones de papeles en el extranjero e inversión extranjera directa (IED) y de cartera, entre la segunda mitad de 2008 y la primera de 2009—, los ataques especulativos en contra de la moneda —la paridad nominal se devaluó se depreció 46% entre agosto de 2008 y marzo de 2009— y la fuga de capitales, el apoyo a las empresas con problemas financieros y la pérdida de reservas internacionales —casi 30 mil millones de dólares durante la crisis—. Para tratar de estabilizar los mercados financieros, elevó los réditos. La tasa nominal media de fondeo interbancario a un día subió cuatro veces; entre junio y diciembre de 2008 pasó de 7.25 a 8.25% en de 2008, presionando a la alza a los demás intereses. La medida fue procíclica al premiar la inversión financiera sobre la productiva, con sus efectos perniciosos sobre el costo del crédito, el consumo, la solvencia de los deudores y la economía en general.

Esa disposición es económicamente insensata cuando una nación se desfonda. Es como apagar el fuego con gasolina. Pero es lógica cuando se apega a la biblia monetarista. Tal comportamiento es una manifestación de al menos dos circunstancias, producto de las reformas financieras neoliberales. Una está asociada a la autonomía otorgada al Banco Central en 1994. En su nueva ley orgánica no se le exige una política monetaria armoniosa con el crecimiento, el nivel de la inflación, de la paridad y el equilibrio de las cuentas externas. Su compromiso se redujo a alcanzar la estabilidad de los precios y la defensa del valor de la moneda. Para alcanzar un nivel de precios similar a la de Estados Unidos, ha usado dos instrumentos: a) los altos intereses reales para ajustar el ritmo de expansión del consumo, la inversión y el crecimiento con la meta anual de la inflación. Es decir, con su represión; b) el atraso o sobrevaluación cambiaria. En dos sentidos, la política cambiaria es usada como “ancla” o control de la inflación: para moderar sus expectativas al determinarse un precio estable de la moneda y un nivel de precios, objetivos férreamente perseguidos; y para limitar el alza de los precios internos. Una tipo de cambio estable o revaluado, sumado a la desgravación arancelaria (la apertura comercial), reduciría el precio de las importaciones que se convertirían en “techo” en los aumentos de las cotizaciones internas. La paridad, la liquidez de la economía y el ajuste de la balanza de pagos estarían determinados por las divisas que ingresaran por la cuenta de capitales no por la corriente (saldo de comercio de bienes y servicios), cuyo déficit dejó de tener importancia. Los altos réditos internos, al menos tres veces más comparados a los externos, y la eliminación de las regulaciones a los flujos de divisas (especulativos y la IED) atraerían capitales o intentarían retenerlos. También regularían la liquidez que generarían (esterilización parcial o total). La acumulación o pérdida de las reservas internacionales es la expresión de esa manera de operar. Con ellas se financiaría el déficit corriente y se sostendría la estabilidad cambiaria. Por desgracia, esa política encareció el costo del dinero requerido por la inversión productiva. Bajo ese esquema, los productores sólo tienen tres opciones: reducir sus costos de producción y precios de venta para mejorar su productividad y competir exitosamente, cambiar de actividad, desaparecer del mercado, vender o quebrar. Deliberadamente el banco central ha confundido la estabilidad de precios con la macroeconómica. La reducción de la inflación, temporal, ha sido a costa del estancamiento económico, la destrucción de parte del aparato productivo, la sobrevaluación y el desequilibrio externo que contribuyó al colapso de 1994-1995. En 2008 el Banco Central elevó los réditos para tratar de evitar una estampida de capitales y contener los efectos inflacionarios de la devaluación citada previamente. Nada le importó que favoreciera a acelerar y profundizar la recesión.

Otro hecho es la pérdida de la soberanía monetaria y cambiaria. Con la apertura externa de la cuenta de capitales, los intereses (bajos, subsidiados y sectorialmente selectivos) ya no están relacionados con las necesidades de estimular el crecimiento, sino para atraer/retener capitales y regular la liquidez asociada a sus movimientos. La paridad dejó de ser un instrumento para inhibir la especulación cambiaria (cambios súbitos desfavorables para los especuladores), ajustar las cuentas externas y apoyar al crecimiento (alto nivel de la moneda para desalentar las importaciones y fomentar las exportaciones).

Sólo a partir enero de 2009 el Banco Central empezó a reducir la tasa de fondeo, estabilizándola en 4.5% entre el 17 y julio y diciembre. En términos reales, en promedio, de abril a diciembre, es negativa en 0.2%. Sin embargo, los primeros efectos contracíclicos esperados sobre la demanda de dinero, el consumo, la inversión, los usuarios del crédito, insolventes o con problemas de pagos, suelen manifestarse, optimistamente, de 2 a 4 meses, y hasta un año o más para que se generalicen. Ello dependerá la situación económica y sus expectativas. También del comportamiento del sistema financiero, en especial el bancario, y aquí se complicó aún más la política monetaria. Porque con la desregulación neoliberal bancaria, de sus operaciones activas y pasivas, su reprivatización y transnacionalización, perdió su capacidad para influir en el nivel de los réditos y el destino del crédito. Los intereses reales del banco central cayeron a cero por ciento. Las pasivas, las pagadas a los ahorradores se volvieron negativas o positivamente marginales, como deseaba la autoridad monetaria. Con ese rendimiento ínfimo o la pérdida del ahorro por la inflación, pensaba obligarlos a gastarlos. Pero las tasas activas bancarias, el costo del crédito, varias veces mayor al internacional, no cambio significativamente. Los diferenciales entre las tasas activas y pasivas (margen financiero) ampliaron las ganancias bancarias que compensaron la caída del crédito y el aumento de las carteras vencidas, concentrada en el consumo (tarjetas de crédito, bienes de consumo duradero y vivienda). El crédito real al sector privado se ha contraído durante 27 meses consecutivos, entre de octubre de 2007 y noviembre de 2009. En 2007 aumentó 27%, en 2008 sólo 5% y hasta noviembre de 2009 se contrajo 7%. Desde abril es negativo.

Ante las limitaciones inherentes a la política monetaria contracíclica, lo más aconsejable es uso de la fiscal, la ampliación del gasto público, cuyos efectos son más rápidos, sobre todo si no se escatima el presupuesto. Desdichadamente, en este ámbito el Ejecutivo y el Legislativo también fueron mezquinos y contradictorios. En marzo de 2008, con fanfarrias, pregonaron un programa de egresos público, adicional en 60 mil millones de pesos al presupuesto original, equivalente al 0.3% del PIB. Paradójicamente, esa medida fue acompañada con un nuevo impuesto (el IETU) y cambios en la estructura del impuesto sobre la renta que elevaron n los gravámenes, principalmente a la llamada “clase media”, que afectó negativamente su ingresos netos y, por añadidura, el consumo privado. Tan ridícula fue la ampliación del gasto que nada pudo hacer para evitar que la economía entrara en recesión en el último trimestre del año (-1.6%). La tasa media anual del PIB fue de 3.3% en 2007 y de 1.4% en 2008. La meta original para el último año fue de 3.7% y luego fue reducida a 2.8%. El gasto real programable del gobierno federal (excluye los costos financieros) aumentó en esos años en 15% y 10%. Contra viento y marea prevaleció la meta del balance fiscal no se modificó significativamente: en 2007 se obtuvo un superávit corriente por 3.3 mil millones de pesos, 0.0% del PIB; en 2008 un déficit por 11.7 mil millones, 0.1% del PIB. Ante el acelerado desplome económico, en octubre se diseñó otro paquete de gasto complementario anticrisis por 90 mil millones de pesos (alrededor de 7.8 mil millones de dólares con la paridad estimada), equivalente al 0.7% del PIB, sin considerar otras líneas de financiamientos ni reasignaciones presupuestales, el cual entraría en operación hasta el 2009. Pero ante la caída generalizada de los ingresos públicos, en mayo de 2009 se anunció un recorte en el gasto por 35 mil millones y en julio otro más por 50 mil millones, 85 mil en total que virtualmente anuló los egresos adicionales. Así, el gasto real del gobierno federal promedio pasó de un aumento de 20% en el primer trimestre del año, con relación al mismo lapso de 2008, en el segundo apenas subió 3.5% y en el tercero decreció 12%. El déficit fiscal nominal será por 218 mil millones, alrededor de 1.5-2% del PIB, como consecuencia de un desplome de los ingresos y la reducción del gasto ejercido. El perfil fiscal anticíclico se volvió procíclico. El ajuste en el gasto se llevó a cabo justo cuando la economía se hundía en lo más profundo de la recesión, ante el temor de la pérdida del equilibrio fiscal. Prefirió salvar las finanzas públicas a costa de la economía y la sociedad. Fue como colgarle plomo en el cuello a la economía que en los tres meses transcurridos del año se contrajo en 7.9%, 10.1%y 6.2%. En términos anuales, la caída estrepitosa de la economía será del orden de 8%, la peor recesión desde 1932 cuando cayó en 14%. También fue la más desastrosa de América Latina y del mundo. México dejó de ser comparado a países más importantes de América Latina como Brasil, Argentina o Chile. Ahora se coteja con los más humildes de la región como Haití. Por si no fuera suficiente, para el 2010 se diseñó un programa nítidamente procíclico. El gasto programable real del sector público presupuestario se reducirá 0.4%, mezclado con un aplastante aumento de impuestos directos e indirectos, que no afectará a la oligarquía ni las prebendas de la elite política, y de precios de bienes y servicios públicos que afectarán el 30-35% del ingreso personal, con 0.7% del PIB. En plena crisis, el gobierno se ha comportado como un obstinado monetarista, un fundamentalista fiel a sus principios. En lugar de fortalecer al mercado interno ha preferido esperar que la reanimación estadounidense estimule a la economía mexicana, pese a que la desproporcionada crisis se debe en gran medida a dicha dependencia estructural.

El Ejecutivo, el Legislativo y las elites empresariales se han comportado como los “modernos” Huitzilopochtli, el dios de la guerra de los mexicas, al que les ofrecían sacrificios humanos. Dícese que cuatro sacerdotes sostenían al cautivo de cada extremidad y un quinto le hacía una incisión con un afilado cuchillo de obsidiana y extraía el corazón. El rehén estaba completamente cubierto de gris —quizá de ceniza—, el color de la inmolación y, quizá, drogado, pues los gritos se consideraban de mal gusto en ritual del sacrificio. Así han ofrendado a las mayorías, en nombre del equilibrio fiscal, los privilegios del bloque dominante, la competitividad y la acumulación de capital.

Los costos sociales del colapso de 2008-2009

Si el 2008-2009 fue catastrófico para las mayorías debido a la peor recesión registrada desde 1932 y la apatía oficial por instrumentar un efectivo plan anticíclico que atenuara sus efectos, el 2010 será de tierra arrasada, porque el gobierno de Felipe Calderón, representante de la derecha clerical, la oligarquía y la mayoría legislativa de los partidos del PRI, el PAN, el Verde Ecologista y de Nueva Alianza, las sacrificarán una vez más. La política económica diseñada para el año es la continuación del genocidio económico asociado a la guerra de clases declarada por las elites contra el pueblo desde 1983, cuando impusieron el actualmente colapsado proyecto neoliberal. Será un año sombrío y crítico, caracterizado por la intensificación del saqueo de los bolsillos de la población, a través del desaforado cúmulo de impuestos recetados, la inflación, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, la falta de empleos y el intento por legalizar el desmantelamiento de las leyes laborales que, de facto, el gobierno y los empresarios aplican desde hace tiempo, según las directrices de la “flexibilidad” del mercado de trabajo enseñadas por los Chicago Boy’s de Chile, en los años setenta del siglo XX, durante la sangrienta dictadura militar.

Si alguien se atreve a protestar ante la creciente pobreza y miseria que ha sido condenado, las elites utilizarán el garrote policiaco-militar que se pasea impunemente y como bestia enfurecida por las calles del país, desde que sustituyeron el estado de derecho por el estado de excepción, en 2006. La tiránica “mano invisible” del “mercado libre” de la dictadura neoliberal y la mano autoritaria del sistema político se cierran con mayor fuerza sobre el cuello de las mayorías.

Un programa económico con sentido social, es decir antineoliberal, implicaría la creación de empleos formales y dignos, el reforzamiento del poder adquisitivo de los salarios, la mejor distribución del ingreso, el bienestar. En 1922, Henry Ford, ¡nada menos!, apoyaba los salarios altos para “forzar” el consumo. Decía que “nuestro propio éxito depende en parte de los salarios que paguemos. Si repartimos mucho dinero, este se gasta [y] se traduce en el aumento de la demanda [de nuestros automóviles]. [La disminución del empleo y el ingreso] reduce el poder adquisitivo de los asalariados y estrecha el mercado interior”. Ante la gran recesión de los años treinta del siglo XX, Keynes propuso como medidas contracíclicas la vigorosa expansión del consumo (más empleos y salarios) y de la inversión pública. En 1931 calificaba a la política inglesa como “digna de la cordura de un asilo de alienados”, porque al reducir el poder de compra de los ciudadanos, junto con el desempleo, se afectaban los ingresos fiscales, las rentas y las ganancias. Keynes sólo deseaba salvar al capitalismo ante el fracaso de los economistas neoclásicos y el “mercado libre”. En su obra ¿Soy un radical?, de 1925, dijo: “no puedo permanecer insensible a lo que creo que es la injusticia y el sentido común; pero la lucha de clases me hallará del lado de la burguesía ilustrada”.

En Brasil, Lula aumentó el salario mínimo en 9.68% para 2010, 49%-115% por encima de la inflación esperada (4.5%-6.5%). Con esa alza espera que el consumo funcione como un instrumento contracíclico, que estimule el mercado interno y reduzca la desigualdad en los ingresos. En Argentina se ha privilegiado el aumento de los salarios reales, la reactivación productiva y la generación de empleos formales.

En México nuestras zafias elites, burguesía y la elite gubernamental optaron por la “política digna de la cordura de un asilo de alienados”. Versados en el fundamentalismo neoliberal se inclinaron por reforzar la ley de hierro de los salarios vigente desde 1983 y propuesta por el dinosaurio economista inglés David Ricardo (1777-1823): la máxima explotación del trabajador para obtener la mayor tasa de ganancia pagándole un salario limitado a lo estrictamente necesario, un límite mínimo para sólo pueda subsistir sin morirse de hambre. Hacienda proyectó una inflación anual de 3.3% para 2010. El salario mínimo, el “piso” de referencia de las otras categorías, subió de 53.19 a 55.77 pesos diarios, en promedio nacional, 4.85% más, 2.58 pesos más, por lo que se ubicaría en 47% por arriba de la inflación esperada. Pero la cascada de aumentos en los precios de bienes y servicios administrados (gasolina, diesel, gas, electricidad, transporte del metro, tren ligero) y los impuestos, el predial, la tenencia, el costo de las licencias, la verificación de vehículos) obligó al banco central a reconocer que la inflación superará el 5% (El Universal, 01/01/2010), lo que deteriorará aún más el poder de compra de los salarios y el nivel de vida de la población.

En el pecado llevarán la penitencia: el consumo se deprimirá y afectará las ventas, las ganancias y la recaudación fiscal. El aumento salarial no fue libremente negociado con los trabajadores, debilitados por la grave crisis, el desempleo y el temor al mismo. Fue impuesto autoritariamente por Calderón, los empresarios y los matones capos del sindicalismo corporativo, por una política de estado dirigida por el troglodita Javier Lozano, secretario del Trabajo, que reprime a los trabajadores peor que a los delincuentes. Dos ejemplos prototípicos ejemplifican la brutalidad de la política de estado violadora de la Constitución. Una es el caso de los trabajadores mineros, a cuyo líder, golpeador del sistema y de los trabajadores del ramo para someterlos a los intereses empresariales, obligó a refugiarse en Canadá con el objeto de facilitar la entrega de los recursos nacionales a los capitales extranjeros, principalmente canadienses. Otros son los más de 40 mil electricistas en activo y jubilados —cuyo sindicato se caracterizó por su postura progresista— que condenó a un futuro incierto al despedirlos en masa, violando la legalidad en aras de elevar los precios a los consumidores y reducirles los subsidios fiscales, como parte de la estrategia privatizadora de la industria y las telecomunicaciones.

La política antisalarial del gobierno es deliberada. Con la pérdida programada del poder de compra de los ingresos de los trabajadores se busca reducir el consumo para abatir la inflación, los costos de las empresas, para puedan elevar su productividad, competitividad y rentabilidad, el gasto público real destinado al pago de los empleados que no son funcionarios y atraer la inversión extranjera directa. El genocidio económico, el hambre, la pobreza y la miseria de las mayorías constituyen las bases del neoliberalismo, de las grandes fortunas y el ajuste fiscal.

En el primer trienio del gobierno calderonista el alza salarial fue subordinado a la inflación esperada, pero la alcanzada fue superior cada año, por lo que el poder de compra del salario mínimo acumuló una pérdida de 2%, medida por el índice general de precios, o de 4.6% si se considera la canasta básica. Los salarios contractuales retrocedieron 1.7% y 4.6%. En 2006 el salario mínimo real había se había contraído 76.6% respecto de su máximo histórico de 1976; en 2009 a 77%. El 13% de las personas ocupadas (5.9 millones de 43.9 millones) sobrevive misteriosamente con ese ingreso, al igual que el 9% de los trabajadores subordinados (5.6 millones de 20.6 millones). El poder de compra de los salarios contractuales respecto del índice general se desplomó en 56.1% y 56.8%, de su máximo histórico de 1987; a 57.4% y 59.1% en el caso de la canasta básica El Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, que elabora una canasta alimenticia recomendable (consumo diario de una familia integrada por cinco personas, dos adultos, un joven y dos niños), estima que la pérdida del salario mínimo fue de más de 7% en 2009, más de 37% con el calderonismo y de 84.2% desde 1982. Ellos calculan el precio de tal canasta en 145-160 pesos diarios. (El Universal, 02/01/2010)

En su voracidad, las elites no esperaron el inicio del 2010 para lanzarse como una atropellada manada de hienas hambrientas sobre los menguados ingresos de la población. Los hombres de presa inauguraron el saqueo con el alza de algunos precios (cervezas, cigarros, tortillas, entre otros), seguidos por los calderonistas (gasolinas), ante la supuesta extrañeza de los congresistas priistas, que se desgarraron las vestiduras. Los panistas fueron consecuentes con su postura antisocial: justificaron las alzas porque, como siervos de su caudillo gobernante, Calderón, las habían aprobado, junto con la mayoría legislativa. Les dio lo mismo la premura. Los priistas hicieron gala de su cinismo y del desprecio que les merece la sociedad antes de irse a descansar, después de las innumerables puñaladas a la población. Esos aumentos, junto con el del gas y el transporte del metro y tren Ligero, ya devoraron los 2.58 pesos adicionales en el salario. Ese fue el preludio de la rapiña que se avecina. El alza generalizada de precios que seguirá y los impuestos desfondarán el poder real de compra de los salarios.

Las elites escaparán y se beneficiarán del pillaje legalizado, porque no serán tocados en sus ganancias y privilegios presupuestales. La austeridad en el gasto público no es para la elite política. Sus mayores tributos serán pagados con nuestros impuestos y sus insultantes ingresos serán iguales antes y después del pago de sus gravámenes. Sus demás prebendas no fueron manoseadas. Los empresarios, sobre todo la oligarquía, no resentirán los estragos de los nuevos impuestos y el alza de las tarifas de los bienes y servicios públicos, porque los eludirán, evadirán, deducirán o los trasladarán hacia la población con el aumento de sus precios. La inflación, especulativa y por costos, constituye un excelso mecanismo para compensarlos y elevar sus beneficios, en reemplazo de la baja demanda. Durante varios meses se observará una pugna por la recomposición de la tasa de ganancia en la economía. Las grandes empresas y las “formadoras de precios”, públicas y privadas, en su mayoría transnacionales, liderarán la inflación en contra de los demás productores y los consumidores. Las pequeñas y medianas empresas ajustarán sus precios al proceso inflacionario. Algunas desaparecerán.

La población se verá obligada a recomponer y reducir su consumo, en proporción al aumento de impuestos directos e indirectos aprobados (el IVA de 15% a 16%, a la renta, de 28% a 30%, a los depósitos en efectivo (IDE), de 2% a 3%, el 3% a los servicios de telecomunicaciones, el 26.5% a la cerveza, el 30% a juegos y sorteos, 80 centavos más al tabaco en 2010-2011 y otros 40 centavos en 2012), la inflación y el recorte de subsidios. La pérdida en el poder de compra de 70 millones de personas, pobres y miserables, será la ganancia tributaria del estado y de las utilidades empresariales. El deterioro en 2010 será el peor durante el calderonismo y en 11 años.

El menor consumo, la austeridad fiscal y la restricción monetaria serán procíclicos, retrasarán la reactivación, la harán más lenta. El banco central estima que se crearán 300-400 mil nuevos empleos. Entre octubre de 2008 y noviembre de 2009 se perdieron 417 mil plazas permanentes. El desempleo abierto pasó de 1.6 millones a 2.9 millones; las personas que dejaron de buscar un empleo por considerar que no lo encontrarían de 4.8 millones a 5.4 millones; los informales de 12.1 millones a 12.4 millones. De los 2.1 millones de personas que han emigrado con el calderonismo sólo regresaron 1.3 millones: 780.8 mil se quedaron fuera, 23.4 mil por mes. Por la recesión 1.5 millones de personas buscaron empleo por primera vez y no lo encontraron. En 2010 ocurrirá lo mismo con otro millón más. La delincuencia, la descomposición sociopolítica y el descontento se verán reforzados.

El sistema capitalista muestra su violenta esencia parasitaria. Sólo puede alimentarse y vivir dañando al organismo social que depreda. Pero ya ha afectado las condiciones que garantizan su prosperidad, lo que obligará a definir la supervivencia entre el huésped o el anfitrión. La sociedad adquirirá su conciencia de clase y el imperativo del cambio por cualquier medio.

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[1] Notas:

[1] Alan Greenspan, “Testimonio ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos”, en: Pensamiento Iberoamericano, Madrid, núm. 27, enero-junio, 1995, pp. 163-169. (http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/08149517733792717532268/207190_0040.pdf)

[2] John Williamson, El cambio en las políticas económicas de América Latina, Ed. Gernika, México, 1990; “Lo que Washington quiere decir cuando se refiere a reformas de las políticas económicas”, en: Manuel Guitián y Joaquim Muns (dirs.), La cultura de la estabilidad y el consenso de Washington, La Caixa, Barcelona, 1999.

[3] Paul Krugman, “Los tulipanes holandeses y los mercados emergentes”, en Guitián y Muns, obra citada.

[4] Adam Przeworki, Democracia y mercado”, Cambridge University Press, Gran Bretaña, 1991. La expresión de “píldora amarga” después fue llamada como la “doctrina del shock” por Noami Klein, siguiendo el sentido de las “recomendaciones” terapéuticas de Milton Friedman, en su obra, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Ed. Paidós, Barcelona, 1997.

[5] Ricardo Ffrench-Davis, “América latina frente a la internacional monetarista”, en: Nueva Sociedad, núm. 96, julio-agosto, 1988.

[6] Paul Krugman, “¿Cómo pudieron equivocarse tanto los economistas?”, El País, Madrid, 13/09/2009. (http://www.elpais.com/articulo/primer/plano/pudieron/equivocarse/economistas/elpepueconeg/20090913elpneglse_4/Tes)

Una estadística más

* Peña desciende de un helicóptero y se aventura a bordo de vehículos anfibios a recorrer algunas de las partes afectadas. Su escolta personal no permite que nadie se le acerque. Además de posar para las cámaras, tomaba el micrófono y publicitaba sus propios números de apoyos brindados a las zonas anegadas; sin embargo los apoyos, vanagloriados por el Ejecutivo estatal, en la realidad no se han dejado sentir en las viviendas inundadas.

Elpidio Hernández

Eran las primeras horas de febrero. El Frente Frío número 29 y la quinta tormenta invernal avanzaban celosamente hacia el centro del país generando mal tiempo en prácticamente todo el territorio nacional; para el miércoles 3 de febrero las condiciones adversas generaban una intensa precipitación pluvial que envolvió a prácticamente todo el Estado de México extendiéndose durante gran parte del jueves. Aquellas inusuales lluvias muy pronto saturaron los caudales del Canal de la Compañía y el Río de los Remedios que no resistieron la presión del agua y colapsaron, ocasionando severas inundaciones en los municipios mexiquenses de Nezahualcóyotl, Ecatepec y Valle de Chalco.   

Las autoridades reportaban que el saldo por el fenómeno meteorológico en los municipios mexiquenses conurbados al Distrito Federal fue de 37 mil damnificados y seis mil viviendas inundadas. La cifra preliminar en Nezahualcóyotl por el desbordamiento del Río de los Remedios fue de diez mil damnificados y 2 mil viviendas anegadas en las colonias Sol, Valle de Aragón, en su primera y segunda Sección, Plazas de Aragón, Estado de México, Impulsora y Ciudad Lago. En Ecatepec la cifra es de siete mil 500 personas afectadas en mil 500 viviendas, asentadas en 18 colonias, entre ellas Franja Valle de México, Valle de Aragón, Las Vegas, Ampliación Bravo y Granjas Valle de Guadalupe. Sin embargo, los daños más severos se registraron en el municipio de Valle de Chalco, donde la fisura del Gran Canal de la Compañía dejó un saldo de veinte mil damnificados y más de dos mil quinientas viviendas anegadas en las colonias El Triunfo, Avándaro y San Isidro.

En Valle de Chalco, al igual que en el resto del país el fenómeno meteorológico se prolongó por más de 48 horas. Una estampa común de aquellos días fueron las intensas precipitaciones y los fuertes ventarrones suficientes para fracturar uno de los diques del Gran Canal de la Compañía que colapsó alrededor de la una y media de la madrugada, inundando en minutos tres colonias del territorio chalquense. El gobierno del Estado de México, encabezado por Enrique Peña, hizo presencia prácticamente todos los días en el lugar de las inundaciones. Peña desciende de un helicóptero y se aventura a bordo de vehículos anfibios a recorrer algunas de las partes afectadas. Su escolta personal no permite que nadie se le acerque.

Además de posar para las cámaras, Peña tomaba el micrófono y publicitaba sus propios números de apoyos brindados a las zonas anegadas; sin embargo los apoyos, vanagloriados por el Ejecutivo estatal, en la realidad no se han dejado sentir en las viviendas inundadas, donde cientos de familias continúan a la espera de alimentos y agua potable.

Manuel Martínez es sólo una estadística más para el “gobierno que cumple”. Su nombre está inscrito en la lista de los veinte mil damnificados de Valle de Chalco. Tiene su domicilio en la calle Norte 12, manzana 448, en el lote 14 de la colonia San Isidro. Su vivienda está edificada a cinco cuadras de la autopista México-Puebla. A pesar de la enorme distancia que hay entre su casa y el extenso caudal, el agua alcanzó un metro de altura en su domicilio; el domingo 7 por la tarde, su vivienda era una de las pocas donde el agua había sido extirpada por completo. Sin embargo, lo que en ese momento brotaba de las coladeras amenazaba con anegarla una vez más. Como muchos otros habitantes de San Isidro, Martínez no ha ido a trabajar y desconoce si conservará su empleo en una de las múltiples maquilas de la región donde labora.    

– ¿Cómo le fue con la inundación?

– Bastante mal. Estamos retirados del canal y pensamos que el agua no llegaría hasta nuestra calle. Hace diez años, cuando se desbordó el río el agua sólo llegó hasta la calle Comonfort, que es la que está aquí adelante, pero en esta ocasión el agua venía con más fuerza e inundó nuestra casa, aunque mucha del agua que entró a la sala y a la cocina salió de las coladeras.

– ¿Perdió bienes materiales?

– No todo, pero sí tuvimos muchas cosas que se perdieron. Como el agua tardó en llegar hasta esta parte, nos dio tiempo de subir algunas cosas a la azotea como la estufa, las camas y las televisiones, pero perdimos la sala que tanto trabajo nos costó comprar, el refrigerador y el comedor son pérdidas totales. Pero estamos bien si nos comparamos con otros vecinos que perdieron todo.

– ¿Han llegado a esta zona las autoridades federales o estatales?

– Sí han venido a esta zona, pero no han llegado hasta estas calles. El gobernador vino en helicóptero pero sólo se quedó en el canal, no llegó hasta acá adentro, como lo debería de haber hecho para enterarse de cuáles son nuestras necesidades.

– ¿Le han dado algún tipo de apoyo?

– No hemos recibido nada del gobierno. Los únicos que me han apoyado son mis cuñados, mis papás y mis hermanas que vienen y me traen leche o mandado. Hace un momento, bendito sea Dios, me vinieron a dejar 500 pesos para comprar algo de comer porque no he ido a trabajar desde el viernes en la noche. Ahora tengo que buscar cómo justificar las faltas en mi trabajo porque van a pensar que andaba tomando.

– ¿Cómo ve la respuesta de las autoridades?

– Creo que están en la mejor disposición de ayudar, pero hay mucha gente que no fue afectada, que viene de otras colonias y ellos son los que se llevan cobijas, cobertores y despensas, gente que no está afectada y que sólo viene por apoyos.

– ¿Seguirá esperando los apoyos del gobierno?

– Me dijeron que han llegado pocas despensas, pero los líderes de los partidos son quienes las reparten a su conveniencia, a sus amigos, a quienes votan por sus partidos y si uno les reclama te avientas de enemigos a los líderes vecinales. No estoy de acuerdo en eso porque el gobierno da apoyos, no importa que uno sea del PAN, del PRI o del PRD porque son nuestros impuestos con los que los compran.

Juan Flores es otro de los múltiples damnificados isidrenses. A la una de la tarde hace fila en la esquina de Norte 10 y Oriente 22, donde está instalado un puesto de comida que reparte platos de chilaquiles con frijoles refritos. Su semblante no es nada optimista, refleja la zozobra de los últimos días. Ataviado con un pantalón deportivo negro y las botas de hule blancas características en toda esa zona, se anima a pedir cuatro raciones para su esposa e hijos que aún permanecen en la vivienda ubicada sobre Oriente 22, “la que está totalmente inundada, como a unos 50 metros de la pista”, dice mientras señala.

– ¿Qué fue lo que pasó cuando se rompió el dique del canal?       

– Sólo escuchamos un estruendo y no nos dio tiempo de nada, ni cinco minutos tardó en inundarse la casa; fue mucha la presión con que llegó el agua. Donde yo vivo es como un hoyo, por eso se inundó tan rápido pero nos dio tiempo de reaccionar. A esa hora de la madrugada lo único que busca uno es salvar a la familia.

– ¿Ha tenido la oportunidad de hacer un recuento de los daños en su domicilio?

– Perdí todo. Nosotros tenemos un negocio, tenemos madera y estamos esperando para ver qué es lo que podemos rescatar, pero vamos a perder muchas cosas porque no tuvimos tiempo de movernos. Lo único que nos preocupaba era salir. Incluso la presión del agua botó la puerta de la calle. Intentamos sacar algunas cosas pero me di cuenta que el agua ya había entrado. Me hice a un lado y subimos a la azotea.

– ¿La ruptura del dique ya se pronosticaba o fue algo que se dio de improviso?

– La verdad, nunca pensamos que fuera a pasar. Ya había pasado hace diez años pero nunca nos imaginamos que se volvería a repetir porque decían las autoridades que ya lo tenían muy controlado y mira, incluso un día antes yo fui a ver cómo estaba el canal, lo vi normal y así se los platiqué a mis vecinos. Nunca pensé que se fuera a desbordar.

– ¿Los han visitado funcionario del gobierno?

– No, ellos llegaron al canal. Para esta parte no han venido. Peña Nieto vino a donde se desbordó como a las siete de la mañana pero no dejan acercarse a él, lo tienen muy vigilado sus “guaruras” y nunca se tomó la molestia de venir a donde en verdad está la gente afectada. Nunca se toma la molestia, sólo viene afuerita y eso es todo, una foto para los periódicos y vámonos. El ejército está en toda la zona, pero deberían de traer más lanchas. Yo quiero ir a dejar comida a mi esposa que sigue en la azotea de mi casa y no he podido, desde las ocho de la mañana estoy esperando porque decían que iban a traer las lanchas y nada. El día de ayer estuvo la Policía Federal transportándonos, pero hoy no llega nadie.

– ¿Ha recibido apoyos del gobierno?

– Hasta este momento nada, ni despensas ni cobijas. Los vecinos de este lado tienen oportunidad de moverse y conseguir comida o agua, pero la gente que está hasta adentro… ¿qué podemos hacer? Tengo a mi esposa en la casa, a mis hijos en la casa de mi suegra y a todos les tengo que llevar de comer. Como siempre los ganones son las personas de las orillas, si dieron despensas o comida yo no las he visto llegar. Reciben los apoyos los que sólo tienen inundado sus patios pero no se comparan con la inundación que nos tocó a nosotros que vivimos cerca del canal.

– En Valle Dorado el gobierno repartió cheques de 15 mil pesos a las familias afectadas…

– Eso no nos alcanzaría porque muchos perdimos todo. Hay quien compara el problema de las casas que están de este lado –dice, mientras señala la zona firme- con las casas que están cerca del canal como la mía. Aquí no se inundó esa noche, ellos tuvieron oportunidad de mover sus cosas, sacarlas o por lo menos subirlas, pero los que estamos cerca del canal… cuando el gobierno reparta los apoyos los van a dar parejo, pero no pueden comparar porque los principales afectados somos los de hasta allá adentro. Ha pasado gente del gobierno a pedir datos para los apoyos pero todavía no sabemos cuánto van a repartir. Hace un momento intenté dar mis datos a unas personas que estaban de este lado, pero me comentaron que es por calles. Yo no conozco a la persona que quedó de encargada en mi cuadra, un tal doctor Meza, no sé quién es. ¿Cómo es posible que pongan a una persona que nadie conoce y que él a nadie conoce? No puede coordinar los apoyos porque no sabe de la situación de cada vecino. Cuando hagan el censo va a repartir los apoyos parejo y creo que no es justo.  

Pedro Martínez es otro de los cerca de veinte mil vallechalquenses que han perdido prácticamente todo su patrimonio. Es transportado en una improvista balsa que sirve para llevar a los vecinos de la calle Oriente 23. Su menuda figura, de uno cincuenta de estatura se aventura a salir de su domicilio para adquirir alimentos y agua embotellada.

– ¿Cómo recuerda el momento de la inundación?

– Estábamos durmiendo. Primero se escuchó una explosión que dicen algunos vecinos que fue una pipa. Luego se escuchó otro estruendo más fuerte y fue cuando dos vecinos que venían de trabajar pasaron dando la voz de alerta. Pero cuando vimos, el agua ya estaba entrando a nuestras casas. Sólo salimos, pero el agua ya había inundado todo. 

– ¿Le dio tiempo de sacar sus papeles personales o electrodomésticos?

– Nada, sólo nos dio tiempo de sacar a la familia, ni papeles pudimos llevarnos. Tuve que regresar al otro día por ellos.

– ¿Los llevaron a un albergue cuando los evacuaron?

– No, nosotros nos fuimos con un familiar y es ahí donde ahora estamos viviendo, esperando a que bajen los niveles de agua y podamos regresar a nuestras casas.

– ¿Qué autoridades los han visitado?

– Hay presencia de la Policía Federal, estatal, municipal y el ejército, pero no hemos obtenido nada de ellos. El gobernador vino el primer día, pero anduvo de aquel lado, con sus “guaruras” que no permitían acercarnos a él. El presidente de la república también vino, pero yo nunca lo vi por esta colonia, los dos llegaron sólo a donde están las fisuras.

– ¿Qué apoyos le han llegado de los gobiernos federal o estatal?

– La calle donde vivo no ha recibido nada del gobierno. Nos dieron agua pero fue por parte de la iglesia. El cura de aquí siempre se organiza y abre las puertas de la iglesia cuando llega a haber una emergencia. Ha estado repartiendo agua pero es con dinero que la misma gente aporta, él no le pide nada al gobierno.        

– ¿Cómo ha visto la respuesta del gobierno?

– Pésima, como siempre. No hay respuesta, no hemos recibido ningún apoyo.

El panorama para los próximos días no es nada halagador para los municipios afectados del Estado de México, tal y como lo confirman los reportes del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), que pronostican días de sol pero seguidos de lluvias moderadas.

Ciudad Desagüe

* La fetidez se convirtió en fragancia común en aquel ambiente. Ahí, en medio de ese olor los chalquenses esperaron pacientes a que los niveles de agua, que llegaron a alcanzar poco más de dos metros de altura, cedieran un poco para poder regresar a las viviendas y hacer un estimado de los daños causados por la anegación. La esperanza de que las autoridades les dieran la ayuda prometida sólo quedaba en eso.

Elpidio Hernández

La colonia San Isidro es una de las tres del municipio de Valle de Chalco que fueron afectadas por la fractura y el desplome de un muro de contención del Canal de la Compañía a la altura del kilómetro 27.5 de la carretera México-Puebla, lo que generó inundaciones en viviendas y vialidades de la zona. A días del suceso, el panorama es poco halagador para decenas de familias que tuvieron que abandonar sus casas y hoy duermen a la intemperie, en albergues o con familiares. El nivel de las aguas negras, que llegó a alcanzar más de dos metros de altura en algunas zonas, parece no ceder ante los esfuerzos de trabajadores de la Comisión Nacional del Agua, elementos de la Agencia de Seguridad Estatal, la policía municipal y soldados del ejército mexicano que continuaban edificando un parapeto con costales de arena para tapar la fisura de 70 metros de extensión. Así -expresaron los lugareños- con el pasar de las horas, lejos de disminuir el nivel del agua, éste se incrementaba y alcanzó a viviendas que en un principio no fueron afectadas.   

Era la 1:30 de la madrugada del viernes cinco de febrero cuando un fuerte estruendo despertaba de su letargo a las familias de las colonias San Isidro, El Triunfo y Avándaro en el municipio de Valle de Chalco. Uno de los muros de contención que escudaba el caudal del río la Compañía colapsaba y en menos de cinco minutos –según narran los afectados- ya inundaba viviendas, comercios y los carriles de la autopista México-Puebla.  

Para el domingo 7 el contexto que se vivía en la colonia San Isidro encontró polos opuestos entre sus habitantes. Para las familias que no fueron afectadas por la inundación la jornada transcurre con la normalidad de otros días. El templo cristiano lució atestado de hombres trajeados y mujeres con vestidos largos que escucharon atentos la palabra de dios. El campo llanero de la comunidad era sede del futbolero encuentro Pumas-Águilas y parejas de adolescentes paseaban de la mano disfrutando los sabores de los helados. Mientras, en las entrañas de la colonia la situación era totalmente distinta. Semblantes abatidos y repletos de zozobra se reflejaban en quienes, en cuestión de minutos, vieron desaparecer sus escasas pertenencias. El paisaje de calles y avenidas locales se asemejaba a los canales venecianos, sólo que en San Isidro las góndolas fueron mutadas por hechizas y no muy seguras barcazas confeccionadas a base de garrafones y apolilladas tarimas. A bordo de aquellos improvisados aparatos sus constructores hacían innumerables recorridos con comida y agua embotellada para las familias que se resistían a abandonar sus domicilios por temor a los infaltables actos de rapiña propios de cada desastre natural. Aquellos que se aventuraron a permanecer en los domicilios o que no les dio tiempo de salir trataron de hacer llevaderas las largas horas sentados en las azoteas de sus viviendas observando las tácticas de rescate desarrolladas por elementos del ejército y la Cruz Roja mexicana, que se encontraban desplegados en la zona afectada. 

Bajo la mirada de los blancos Popocatépetl e Iztaccíhuatl, decenas de familias se aglutinaron cerca de los cordones de seguridad que limitaban lo inundado de lo firme. La fetidez se convirtió en fragancia común en aquel ambiente. Ahí, en medio de esa fetidez los chalquenses esperaron pacientes a que los niveles de agua, que llegaron a alcanzar poco más de dos metros de altura, cedieran un poco para poder regresar a las viviendas y hacer un estimado de los daños causados por la anegación. La esperanza de que las autoridades les dieran la ayuda prometida sólo quedaba en eso, una simple esperanza, pues los apoyos prometidos por el gobernador Peña Nieto y el presidente Felipe Calderón hasta la tarde de aquel domingo de Super Bowl no se habían entregado, confirmaban los propios afectados. El descontento de los lugareños comenzaba a hacerse presente. Apostado en la esquina que hacen las calles Oriente 24 y Norte 10, un grupo de colonos intentaba infructuosamente organizarse para exigirle apoyo al alcalde local, Luis Enrique Martínez Ventura, quien según versiones de los isidrenses sólo estaba destinando ayuda a la colonia Avándaro, dejándolos a un lado. La realidad es que las acciones del gobierno municipal en ese momento no se veían por ningún lado y sólo dos unidades con el eslogan de “un Valle de Chalco más digno” se encontraban aparcadas en la avenida División del Norte sin que sus tripulantes hicieran acto de presencia. Mientras tanto, las largas horas de espera también eran aprovechadas por grupos de personas aparcados en las banquetas para dar diferentes versiones de aquellos acontecimientos.

Los costales repletos de arena abundaron por todos los rincones de aquella maltrecha colonia. Barricadas de cuatro o cinco filas de sacos arenosos se encuentran apilados como medida precautoria sobre las calles contiguas a las inundaciones como la Norte 10, Norte 11 y Norte 12, entre otras; misma estampa se dejó pulsar en puertas y zaguanes de los domicilios fronterizos a las zonas anegadas, donde hombres y mujeres hasta la tarde del domingo continuaban apilando costales para evitar que el agua ingresara a sus viviendas, en caso de una nueva contingencia.    

El Instituto de Salud del Estado de México implementó un cerco sanitario en prácticamente toda la colonia. Unidades médicas se encontraban en diferentes puntos del sector proporcionado consultas a todo aquel que las necesitó y de acuerdo a datos de los propios galenos, no se había reportado ningún problema de gravedad y sólo hubo aislados casos de diarreas y conjuntivitis.

Prácticamente en cada esquina de la zona afectada estaban cuadrillas médicas aplicando vacunas contra tétanos, hepatitis, influenza H1N1 y repartían sobres vida suero oral y los desparasitadores. Las buenas intenciones de la Secretaría de Salud mexiquense duraron muy poco, pues a la una de la tarde algunas brigadas médicas reportaban que las vacunas se habían agotado aunque se mostraban optimistas al anunciar que “en media hora” llegaría un nuevo lote.

Los alimentos en la colonia San Isidro cada vez son más escasos. Decenas de familias que viven al día, hoy no tienen dinero ni para las necesidades básicas como pueden ser los alimentos. La solidaridad de los vecinos les ha permitido organizarse y con recursos propios elaboran multitudinarias comidas para dar alimento a los habitantes de los sectores afectados. En la esquina que hacen las calles de Norte 10 y Oriente 22 se instala un puesto de comida que reparte platos de chilaquiles aderezados con frijoles refritos. En el lugar han sido habilitadas cinco mesas que hacen las funciones de un comedor y “lo poquito que estamos dando se hizo con la cooperación de nosotros mismos, porque del gobierno no hemos recibido nada”, declaró Juana Martínez, una de las múltiples encargadas de atender a los comensales. Poco más tarde, hasta la calle Oriente 21 llega una unidad particular provista de arroz y frijoles que inmediatamente fue abordada por los ávidos vecinos que hacían medianas filas de 20 ó 25 personas para recibir los alimentos.  

Decenas de elementos del ejército mexicano portadores de gafetes con el distintivo Plan DN-III se encuentran desplegados en diferentes puntos de la zona. Mientras algunos militares dedicaban esfuerzos a tapar el amplio boquete que causó el desbordamiento, otros regimientos se dedicaban a mantener el orden y evitar cualquier incidente, portando armas largas. Uno de aquellos puestos militares se encuentra ubicado en la esquina que hacen las calles Norte 12 y Oriente 20. Ahí, una treintena de militares auxiliaban a elementos de la Cruz Roja a bajar dos lanchas que más tarde serían utilizadas para llegar a las viviendas a proporcionar servicios de salud. Entre los ahí presentes una voz precisó que el gobernador Peña se encontraba en esos momentos supervisando los trabajos en la afluente del río, lo cual generó malestar entre los reunidos, que manifestaron que los afectados están en las colonias y es ahí donde debe llegar el mandatario. El gobernador llegaba aquel domingo por tercer día consecutivo hasta la zona inundada para afirmar que no se burocratizarían los apoyos ni tampoco se permitiría generar intermediarios que se erijan como representantes de alguna colonia. Para ello los afectados recibirían la visita en su casa de los representantes del gobierno y de la misma forma su apoyo, aunque al gobernador estatal se le olvidó precisar cuándo llegarían.

Sobre las principales arterias viales decenas de elementos de la Agencia de Seguridad Estatal intentaban con poco éxito agilizar el caos vehicular generado por cientos de automovilistas que escudriñan caminos alternos a la obstruida autopista México-Puebla. Algunos choferes se aventuraban a transitar por caminos terrosos y en mal estado con tal de eludir las transitadas vialidades. Mientras tanto, distintos helicópteros sobrevuelan todo el tiempo las zonas inundadas.

El Barco Ebrio

El Barco Ebrio

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Inocente como es, cuenta que el viejo lobo de mar, Manzur Quiroga, le propuso ir en alianza por el distrito XII local con sede en El Oro. Asegura que pretendía intimidarla con unas supuestas encuestas que le daban ligera ventaja sobre ella, aunque admitía que no contundente. “Para qué nos desgastamos, Florentina. Está bien que tengas tus simpatizantes y seguidores pero yo tengo el capital. Vamos juntos esta vez y ya verás que en el partido sabremos compensarte. Vamos a ganarlas todas, te conviene regresar con nosotros”. Inocente como es, dice que respondió: “ya estuve en el PRI como 15 años y no me apoyaron en nada. Al contrario. Nomás me querían por los votos, nunca por mi gente. Y le dije que no. Que me la jugaba sola. Ganó él, pero también yo entré a la Cámara de Diputados. Ahora que los dos entramos, a ver quién ayuda más a nuestro pueblo”. ¡Ah, qué doña Florentina Salamanca! ¿No sabe que al Congreso se llega a hacer negocios, no a ‘ayudar a la gente’?

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Orondo se paseaba por los pasillos del palacio legislativo en los días que la LVI Legislatura se instalaba. Era su segundo arribo al Congreso local. Saludaba a diestra y siniestra y se apersonaba ante quienes, experto, identificaba como los nuevos jerarcas de la máxima representación popular: los Nemer, Rocha, Sámano.

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“Bien hecho, Cándido, bien hecho”, le decían al tiempo que le palmeaban la espalda y abrazaban con efusividad suficiente para informar a todos que no hubiera bastado el dinero y la campaña publicitaria para hacerse de votos. Que siempre hará falta gente como el diputado Flores, mapache electoral como pocos.

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Aunque no siempre a manos llenas ni espléndidas, las recompensas llegan. No por nada el PRD mexiquense se ha convertido en una de las franquicias políticas más cotizadas.

Empezó como líder vecinal. Después alcanzó espacios en el partido. Llegó a ser secretario general del mismo en la entidad y hombre de todas las confianzas del cacique nezatleca Héctor Bautista López, aún senador de la mismísima república.

La debacle electoral del 2009 lo alcanzó también. Hoy tiene que conformarse con un cargo burocrático en el Legislativo. No con un diputado, sino con el contralor. Como sea, Andrés Rivera Toribio no pasará hambre por unos meses más. ¿Bien por él?

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A propósito de su jefe político, quien va para 4 años de senador por el Estado de México, una rápida suma de sus ganancias oficiales lo ubican como un hombre de ‘altos ingresos’. Alrededor de 200 mil pesos mensuales entre la dieta de senador y el sueldo como integrante de la Comisión Política Nacional del sol azteca. Aparte las prestaciones senatoriales como el aguinaldo, que supera los 125 mil pesos anuales.

Nada mal para quien empezó, presume, en el Partido Mexicano de los Trabajadores, el añorado PMT que fundara Heberto Castillo, quizá el último izquierdista mexicano verdaderamente congruente.

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Más difícil es cuantificar su trabajo como legislador. Esta columna, olvidadiza como es, no recuerda una sola iniciativa de ley o reforma sobre ningún tema ni de algún impacto. Lo que debe tenerle sin cuidado. Su colega mexiquense, Yeidckol Polevnsky (¿alguien la recuerda?), tampoco se ha distinguido por sus aportaciones al quehacer senatorial.

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Hablando de perredistas, que no izquierdistas, en serio se la tomó el coordinador del grupo legislativo en el Congreso local. Molesto como nunca, (no por el plantón de trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) frente a la sede legislativa;  no por los gasolinazos; no por los damnificados por las lluvias, mucho menos por las posibles alianzas con el panismo), ha prescindido de los servicios de la Dirección General de Comunicación Social del Legislativo.

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Así es. Ricardo Moreno amenazó y cumplió. “¿Qué pasó con los reporteros? (dicen que preguntó cuando en su última conferencia de prensa se encontró con apenas un puñado de abnegados periodistas de la fuente). Vaya, parece que tendré que prescindir de los servicios de Comunicación Social (continuó, haciendo el gesto de entrecomillar lo último)”. Desde entonces, eventos van y vienen de los legisladores del perredismo y las huestes de Horacio Morales ni sus luces. No fuera Nemer Álvarez, se quejó Bastida, porque mandan a todos…

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Eso sí, pidió que no se hiciera nota de sus arranques. Entonces, ¿de qué?, se preguntaron los amigos de la tecla, si el señor nunca da nota. ¿O es que no sabe que es por esto que nunca tiene audiencia?

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Desde sus tiempos en la representación de Convergencia ante el Instituto Electoral estatal, Horacio Jiménez no ocultaba sus debilidades tricolores. Hoy que es diputado local, el descaro es total.

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Bastaría observar su zalamería cotidiana con los jerarcas de facto en el Congreso. Lo mismo en el pleno que en comisiones o actividades protocolarias. Presto y decidido, enfrenta con tremenda sonrisa al principal, Ernesto Nemer, no a su propio coordinador, Juan Ignacio Samperio.

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O bien recordar el teatro que protagonizó cuando supuestamente presentó, a nombre de su partido, la iniciativa de reforma judicial que cedía al Ejecutivo la facultad de nombrar magistrados del Tribunal Superior y el Consejo de la Judicatura. Torpemente creyó que nadie lo descubriría jugando el papel de recadero del gobernador y su secretario de Gobierno. Fue tan falsa la movida que hasta el perredismo se lo reprochó, como si en este partido no sirvieran de patiños.

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Pero es más que sumisión. Apenas este lunes tuvo la desvergüenza de participar en la conferencia semanal de Enrique Jacob Rocha, el priista presidente de la comisión legislativa de Planeación y Gasto Público.

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En ellas ha venido participando Eynar de los Cobos, novato diputado de Nueva Alianza. Ya se sabe que ambos partidos hicieron alianza electoral en 2009, por lo que era previsible otra legislativa. No debería ser el caso de Convergencia, que entonces caminó en sintonía con el PRD y PT, presuntos aliados naturales. Y menos de Jiménez López, quien presumía mayor congruencia que Samperio y Óscar Ceballos juntos.

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Sonriente, degustó el desayuno hasta que se entrampó con el tema de los recursos del Fondo Estatal de Desastres. Como el resto de los acompañantes, no supo siquiera su nombre oficial. Lo que representa un punto a su favor. Cada día, como ha de esperar, se tiñe más de tricolor…