Comida chatarra pervive en colegios de México

* Una investigación del estatal Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, realizada en 2004, concluyó que los niños y niñas de México gastan unos mil 500 millones de dólares anuales en las tiendas escolares, comprando dulces, refrescos y frituras.

Emilio Godoy/ IPS

Las últimas disposiciones del gobierno no son suficientes para impedir que los 25 millones de estudiantes de primaria y secundaria que regresan a las clases en México accedan a alimentos de alto contenido calórico, causantes de una epidemia de obesidad, alertaron expertos.

Con el comienzo del ciclo lectivo 2010-2011, entrarán en vigor una serie de pautas de la gubernamental Comisión Federal de Mejora Regulatoria (Cofemer) sobre los alimentos que deben expedirse en las tiendas de los centros de estudios públicos y privados mexicanos.

Las disposiciones no han dejado satisfechos a nutricionistas y grupos de consumidores, que esperaban medidas más enérgicas contra la llamada “comida chatarra”.

“Es un paso necesario, pero no suficiente. Estos lineamientos se quedan un poco cortos respecto de lo que cabría esperar, dado que el problema es extremadamente grave”, dijo a IPS Bernardo Ávila, investigador del Instituto Nacional de Nutrición.

Tras abrir un periodo de consulta y recibir 884 aportes de la sociedad civil y de fabricantes de alimentos sobre una propuesta original de las secretarías (ministerios) de Educación (SEP) y Salud Pública (SSP), la Cofemer resolvió autorizar la distribución de ciertos aperitivos que no superaran las 140 calorías por porción y que contuvieran hasta 40 por ciento de grasas totales.

Además, en su documento de 180 páginas divulgado el 12 de este mes, recomendó que en las escuelas primarias se ofreciera sólo agua potable. Sin embargo, permitió que, en colegios secundarios, los alumnos de entre de 12 a 15 accedieran a bebidas industrializadas sin cafeína y con limitados ingredientes no calóricos y edulcorantes artificiales.

Estas disposiciones son más indulgentes respecto de los lineamientos originales. Los cambios se debieron a la presión de la industria durante la etapa de consulta.

“Se perdió una oportunidad histórica, pues se mantienen las condiciones y los hábitos alimentarios, ya que se van a tener esos productos en las escuelas. El consumo de calorías se va a mantener”, dijo a IPS Alejandro Calvillo, director de la organización no gubernamental El Poder del Consumidor, que promueve una dieta saludable en los colegios.

México encabeza la lista de países con mayor obesidad infantil y ocupa el segundo lugar en obesidad adulta después de Estados Unidos. Unos 4,5 millones de niños y niñas de entre 5 y 11 años padecen esta enfermedad, que se ha convertido en una epidemia causante de dolencias como diabetes, hipertensión y afecciones cardiovasculares.

El tratamiento de la obesidad le cuesta al erario público más de 5 mil millones de dólares anuales. Para 2015, ese gasto escalaría a unos 7 mil 600 millones, según estimaciones gubernamentales.

En mayo, la SEP y la SSP enviaron a la Cofemer los lineamientos originales con el objetivo de retirar de 220 mil centros educativos primarios y secundarios productos como refrescos, jugos industrializados, frituras y algunos bocadillos que contuvieran más de 400 calorías.

El plan se completaría en tres años, para que la industria alimentaria pudiera revisar y modificar la fabricación de unos 20 mil productos con alto contenido calórico, según el planteamiento original.

En sus comentarios a ese proyecto, la poderosa industria argumentó que varias de las disposiciones carecían de normativa, y que el costo de la transición hacia productos más saludables era muy oneroso.

La Cofemer clasifica a los jugos, los néctares, la leche y sus derivados de soya como alimentos líquidos, en virtud de que contienen un alto contenido nutrimental, acorde con las nuevas disposiciones, que se harán obligatorias a partir del 1 de enero de 2011.

“Hay una distancia lamentable entre lo que presentó Cofemer y la propuesta original. Hubo una concesión al dejar edulcorantes en secundaria. No puede dejarse que prosiga la publicidad para niños y que el Estado renuncie a la promoción de la cultura alimentaria tradicional”, sostuvo Ávila.

Cada año, la televisión mexicana transmite 20 mil spots cuyo claro objetivo es la niñez, y de los cuales 8 mil alientan el consumo de productos con altas dosis de calorías.

Se calcula que, durante el recreo escolar, los estudiantes consumen más de 500 calorías.

Una investigación del estatal Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, realizada en 2004, concluyó que los niños y niñas de México gastan unos mil 500 millones de dólares anuales en las tiendas escolares, comprando dulces, refrescos y frituras.

La creencia extendida entre expertos y asociaciones de consumidores es que la SEP, la SSP y la Cofemer cedieron al cabildeo de los fabricantes de alimentos y bebidas.

“Organizaciones médicas de otros países han advertido de riesgos de bebidas con ingredientes no calóricos”, como ha sucedido en Canadá, Noruega o España, dijo Calvillo.

En enero pasado, el gobierno lanzó el llamado Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria y la Estrategia contra el Sobrepeso y la Obesidad, que busca reducir la incidencia de la enfermedad en menores de entre 2 a 5 años y revertir el exceso de peso en adolescentes.

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