La misma ruta

* López Obrador es poderoso todavía y conserva parte del poder que lo convirtió en fenómeno electoral en el 2006. En contraparte, aunque no es candidato oficial, el mexiquense Enrique Peña conserva una considerable ventaja sobre sus posibles contrincantes y alcanza la mitad de las preferencias en las últimas encuestas aplicadas, seguido por Marcelo Ebrard, quien buscará el apoyo del PRD y Santiago Creel, por el PAN.

Miguel Alvarado

Mientras que Andrés Manuel López Obrador será el aspirante presidencial por el PT, el PRD perfila a otros que pueden ofrecer mejores resultados que el tabasqueño, quien para estas elecciones está conciente de que no es el mismo de hace cuatro años. Incluso, en su equipo de campaña se hacen ya a la idea de que no ganará y ni siquiera presentará una batalla cerrada. Así, a quienes se acercan para saber sobre el programa de López Obrador, se les dice veladamente que “si no es en ésta, será en la otra”.

De cualquier manera, López Obrador es poderoso todavía y conserva parte del poder que lo convirtió en fenómeno electoral en el 2006. En contraparte, aunque no es candidato oficial, el mexiquense Enrique Peña conserva una considerable ventaja sobre sus posibles contrincantes y alcanza la mitad de las preferencias en las últimas encuestas aplicadas, seguido por Marcelo Ebrard, quien buscará el apoyo del PRD y Santiago Creel, por el PAN.

Por lo pronto, AMLO usa temas de coyuntura para promocionarse y lo mismo escribe cartas al presidente boliviano Evo Morales que al Ejecutivo norteamericano Barak Obama. Iguales objetivos encuentra en los habitantes de Iztapalapa, la senadora Hillary Clinton, los legisladores del Congreso de la Unión y, en general, los habitantes de México. Además publica documentos como la Iniciativa de Ley de Precios Competitivos, sobre el Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo, un Programa de Acción Inmediata para Fortalecer Pemex, una Propuesta del FAP en Materia Energética, un Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo, una Denuncia contra la Mafia del Poder en México, sobre Empresas Extranjeras y Corrupción en Pemex y responde a la pregunta de “¿Por qué son privatizadoras las iniciativas de Calderón y del PRI?”.

Para Obrador, en campaña casi permanente desde que perdió la presidencia contra el panista Felipe Calderón, las elecciones presidenciales son un asunto personal. Su periódico, Regeneración, que lo ayuda como plataforma de lanzamiento es desde hace meses uno de los vehículos en los cuales AMLO busca reposicionarse el DF primero y llegar al Estado de México, entidad que lo apoyó en los anteriores comicios.

Su Proyecto Alternativo de Nación es a la vez una denuncia en contra de los poderes fácticos y un compromiso en caso de salir ganador donde invita a “una revolución de las conciencias, de alcances históricos, para reconstruir la nación desde sus cimientos, para hacer realidad la libertad, la fraternidad, la justicia y la democracia”.

Este mismo documento utiliza las figuras de los llamados héroes patrios para ilustrar que es posible un cambio en el país y pone al manifiesto como base para un debate de ideas sobre el México que sueña. Peña hizo lo mismo con los Foros de Reflexión, donde aglutinó a los intelectuales y académicos oficiales del país y figuras extranjeras para que expusieran puntos de vista y dieran “consejos” a quienes los escuchaban.

Así, Obrador expone puntos centrales para trasformar al país donde resalta la “revolución de las conciencias y un pensamiento crítico”, donde propone un “cambio político, económico, social, cultural y, sobre todo, moral, ético”, pero no dice cómo hacerlo.

“Superar la crisis moral”, alude a la mala influencia de los modelos neoliberales y las minorías dueñas del poder y la economía en la nación.

Luego aborda “una nueva forma de vida”, donde cada uno valdrá por su trabajo, convicciones y aportes. Visualiza una sociedad en igualdad de condiciones que participa del bienestar y la riqueza generada por el conjunto.

“Recobrar el sentido de comunidad” es otro eje e invita a “superar el individualismo y el egoísmo mediante el ejercicio crítico frente al poder, la violencia de la desigualdad, la ignorancia y el oscurantismo”. Establecer una política ética, crear instituciones de participación, promover una cultura democrática, impulsar una visión integral de los derechos humanos, la diversidad biológica y cultural, una modernidad alternativa y el nuevo espacio de lo público prefiguran este primer bloque.

Luego añade que el Estado debe servir al pueblo y la nación, habla sobre el acceso democrático a los medios de comunicación, una ética republicana y el combate a la corrupción, una nueva economía, sobre el combate a los monopolios, sobre abolir privilegios fiscales para redistribuir la riqueza con justicia, sobre el sector energético, el campo y la soberanía alimentaria y acera del Estado de Bienestar y lucha contra la desigualdad. El documento fue elaborado por conocidos personajes de la vida pública mexicana entre los que destacan José María Pérez Gay, Lorenzo Meyer, Rogelio Ramírez de la O, Adolfo Hellmund, Juan José Paullada, Julio Scherer Ibarra, Jaime Cárdenas, Luciano Concheiro, Héctor Díaz Polanco, Elena Poniatowska,

Laura Esquivel, Víctor Manuel Toledo, Cristina Barros, Armando Bartra, Jesusa Rodríguez, José Eduardo Beltrán, Claudia Sheinbaum Pardo, Asa Cristina Laurell, Raquel Sosa Elízaga y Martha Pérez Bejarano, entre otros.

Al igual que Peña Nieto, el tabasqueño utiliza los medios de comunicación a su alcance y se escuda en un cuestionado patriotismo y desinterés en beneficio del servicio público. Sin tanto dinero como el mexiquense, AMLO señaló hace poco que si tuviera los espacios de la televisión abierta disponibles, habría esperado los tiempos oficiales para destaparse, pero cree que sólo haciéndolo a dos años de los comicios pueden nivelar el panorama. Peña ha ejercido cerca de 3 mil millones de pesos para promover su figura desde que llegó a la gubernatura del Estado de México y encontró en la empresa de Emilio Azcárraga, Televisa, a su principal patrocinador. El camino elegido por el de Atlacomulco es similar al que escogió su tío, el anterior gobernador Arturo Montiel y a quien la misma Televisa cerró el paso en el momento decisivo. Peña Nieto es en popularidad e imagen lo que fue Obrador en las pasadas elecciones. A este último no le alcanzó al final y no supo defender un triunfo que muchos ya daban por hecho antes incluso de las votaciones. Peña deberá todavía recorrer el camino que le indican sus patrocinadores y pelear, sobre todo, contra sí mismo y sus cuestionadas vidas pública y privada. Pero la ruta que siguen ambos es la misma.

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