Al estilo mexiquense

* Empotrado en el balcón central del Palacio de Gobierno, el gobernador dio muestra de que su popularidad se mantiene intacta y que ni la reforma que dispuso en el Congreso estatal despeinó su copete; pocos, muy pocos fueron los abucheos que se dejaron escuchar para el aspirante presidencial, apenas un recordatorio gritado tímidamente por un pequeño grupo, pues pesaron más las muestras de afecto, aplausos, saludos y solicitudes de “¡beso!, ¡besos!” con Angélica Rivera. Incluso, uno que otro no tuvo problema en gritar “¡Peña para presidente!”, mientras que el “¡Peña! ¡Peña!” fue organizado desde los propios balcones por los funcionarios.  

Elpidio Hernández

“Vivan los héroes que nos dieron Patria y Libertad. Viva la Independencia nacional. Viva Hidalgo. Viva Morelos. Viva Allende. Viva Doña Josefa Ortiz de Domínguez. Viva Guerrero. Viva el Bicentenario de la Independencia. ¡Viva México! ¡Viva México.

¡Viva México!”, fueron las arengas que lanzó el gobernador mexiquense Enrique Peña desde el balcón central de palacio para festejar 200 años de vida independiente. Mientras el titular del Ejecutivo hacía redoblar las campanas, la rancia Plaza de los Mártires se desbordaba de alegría con los fuegos pirotécnicos y el espectáculo multimedia que proyectó una breve reseña del movimiento armado de 1810.

Pero las actividades del 15 de septiembre fueron utilizadas por el gobernador para su lucimiento personal; de su prometida, la actriz Angélica Rivera y del presidente de la Junta de Coordinación Política, Ernesto Nemer Álvarez, quienes acompañaron al mandatario durante la apretada agenda del día que incluyó la entrega de la Presea Bicentenario, la develación de murales, la inauguración de las Torres Bicentenario, el Grito de Independencia y culminó con una cena de gala a la que asistieron trescientos invitados especiales, parte del jet set político, empresarial e intelectual del Edomex, donde pulularon trajes oscuros combinados con corbatas rojas y los vestidos de noche con detalles alusivos a las fiestas patrias.

En el último Grito de Independencia que ofreció al frente de la administración pública estatal, el más aventajado en las encuestas presidenciales no dudó en echar la casa por la ventana. Cifras del titular de la Secretaría de Finanzas mexiquense, Raúl Murrieta Cummings, reportan que se erogaron cerca de 210 millones de pesos en los festejos sin contar los edificios, escuelas, hospitales y carreteras que han sido inauguradas con el nombre “Bicentenario”, junto al de algún personaje famoso de la historia nacional; la mayor parte de los recursos fueron destinados a la edificación de las Torres Bicentenario, cotizadas en 150 millones de pesos y consideradas el emblema; veinte millones más fueron puestos a disposición del poder Legislativo, diez millones para el Judicial y treinta millones fueron utilizados por el Ejecutivo para la contratación de artistas, espectáculo multimedia, los eventos que se realizaron durante el día y la cena en las recién inauguradas Torres Bicentenario, todo ajeno para los viandantes comunes y corrientes.

Por segunda ocasión en septiembre, las céntricas calles de la capital mexiquense fueron completamente sitiadas por elementos de la Agencia de Seguridad Estatal (ASE), uniformados y encubierto que se sumaron a la policía municipal y la escolta personal del gobernador, que resguardó la integridad de los asistentes; fuerzas estimadas en al menos tres mil efectivos que fueron desplegados en el primer cuadro de la ciudad e incluso grupos de las fuerzas especiales se instalaron en las azoteas de los edificios de los poderes de la Unión, así como en la alcaldía municipal.

El temor sobre un posible atentado por parte del crimen organizado hizo que el cordón de seguridad se duplicara en el centro de la ciudad y en prácticamente todos los municipios de la entidad; en los accesos al corazón de la capital mexiquense se instalaron filtros de revisión provistos de arcos detectores de metal fuertemente custodiados por la policía municipal y estatal que intentó, sin mucho éxito, prohibir la entrada de bebidas alcohólicas, huevos, confeti, espuma o cualquier objeto que pudiera poner en riesgo la integridad de los asistentes.

Desde la mañana del 14 de septiembre camiones con la leyenda CREA -firma dedicada “a la producción y desarrollo de espectáculos y eventos artísticos de cualquier índole” que, según documenta el reportero de la revista Proceso, Jenaro Villamil es una de las tres empresas brokers de Televisa, junto con Tv Promo y Radar Servicios Especializados, se anclaron en la Plaza de los Mártires para instalar el escenario que en esta ocasión fue dispuesto de manera diferente. La enorme estructura de metal por donde desfilaron el grupo Merenglass, El Trono de México, Ninel Conde y Pepe Aguilar fue ubicada entre la catedral de Toluca y el edificio del Ayuntamiento.

Entrada la tarde, los colores patrios inundaban por completo las calles y a pesar de que la administración de la alcaldesa María Elena Barrera es una de las más quisquillosas con los vendedores ambulantes, sobre las avenidas Hidalgo, Juárez e incluso sobre los pasillos de los portales se podía encontrar decenas de carritos y puestos que comercializaban toda clase de accesorios para el Grito, desde rehiletes, sombreros, pelucas, cornetas, espumas, bigotes, llaveros, rebozos y banderas que costaban entre 5 y 150 pesos.

Los locatarios de los portales también se unieron a las festividades independentistas y prácticamente todos los comercios fueron engalanados con adornos, desde las fachadas hasta los aparadores de las mercancías, mientras que los negocios más folclóricos ataviaron a los empleados con ropajes o accesorios alusivos, muchos con la intensión de ganar la pantalla de 42 pulgadas que puso en juego el ayuntamiento de Toluca para el local mejor adornado.

Desde temprano las calles que rodean al zócalo mexiquense como Lerdo de Tejada, Independencia, Nicolás Bravo y Riva Palacio fueron cerradas al tránsito vehicular; a las cinco de la tarde cientos de personas hacían inmensas filas para ingresar a una cercada Plaza y mientras aquellos espacios se poblaban de entusiastas mexiquense, los conductores de la gubernamental Televisión Mexiquense enfundados en trajes típicos se instalaban en diferentes puntos para continuar con su transmisión especial, que dio amplia difusión a las actividades del gobernador; ese grupo era encabezado por la presentadora Anayanssi Moreno, considerada, según el diario El Universal como “una de las diez comunicadoras más influyentes del Edomex”.

A las seis de la tarde la vetusta plaza desbordaba alegría con el inicio de la verbena popular. Familias completas esperaban “el desfile de estrellas”, como animadamente le llamó la administración mexiquense a los artistas que contrató para amenizar.

El primer grupo en saltar al escenario fue “el tropicalísimo Merenglass” que con su famoso “kulikitaka” y el Baile del Venado incendiaron los ánimos. Los músicos dominicanos entonaron algunas canciones muy patriotas como el Cielito Lindo, ampliamente coreada por los asistentes, lo mismo que algunos de sus éxitos como “Sopa de Caracol” y “El Baile del Oso”. 

A las siete de la noche los filtros de seguridad seguían abarrotados; a un costado de los detectores los efectivos policiacos apilaban decenas de latas de espuma y objetos con rango de impenetrables como botellas de vino y cerveza, que tenían que ser bebidas apuradamente por sus portadores.

Para cuando salió a escena el “Trono de México”, el lugar era un bullicio. Sin embargo las barreras de acero y las interminables columnas de policías que resguardaban el frente del Palacio de Gobierno y el espacio por donde fue trasladada la bandera nacional hacían más difícil el paso. A pesar de la aglomeración, “El Trono” hizo bailar al ritmo del “pasito duranguense” a muchos de los asistentes.

Con la llegada de la noche el centro se convirtió en una gran fiesta multicolor con los miles de focos verde-blanco-rojo colocados sobre las principales avenidas, formando leyendas como “1810-2010” que escudaba la campana de Dolores o la inmensa águila diseñada en cientos de luminarias y colocada en la esquina surponiente de la Plaza España, a un costado de la iglesia del Carmen.  

Mientras, muchos se dieron una escapada a la Plaza Ángel María Garibay (frente al Cosmovitral), donde se instalaron poco más de doscientos puestos ambulantes que expendían todo tipo de antojitos mexicanos, desde el tradicional pozole, flautas, enchiladas, pambazos, tostadas hasta el muy solicitado taco de carnitas. No podían dejar de faltar las aguas frescas y las piñas coladas, los clásicos algodones y los harinosos buñuelos. Aunque el ayuntamiento anunció que los doscientos comerciantes que recibieron el permiso para vender tendrían una infraestructura homogénea, aquella recomendación pasó desapercibida para prácticamente todos. 

La “sensualidad” llegó al escenario cuando, poco después de las nueve de la noche, subió al escenario la actriz de Televisa, Ninel Conde, quien ofreció un show que deleitó a los toluqueños; en su presentación, que duró poco más de una hora, el llamado “Bombón Asesino” se dio tiempo para canciones muy mexicanas, pero la más aplaudida fue el que tal vez sea el único éxito de su carrera y que da nombre a su sobrenombre.  

A veinte minutos de las once de la noche, los portones de la presidencia municipal se abrieron para dar paso a la escolta que portaba la bandera nacional, cortejo encabezado por la alcaldesa priista Barrera, quien fue acompañada hasta el Palacio de Gobierno por el cabildo toluqueño como el síndico Andrés González Nieto y el regidor Víctor Álvarez Herrera. En las gigantescas pantallas de televisión colocadas en diferentes puntos de la plaza, se daba fe del tranquilo camino que siguió la comitiva, resguarda en todo momento por una inmensa valla de policías municipales y estatales.

En el Salón del Pueblo, Barrera, enfundada en un elegante vestido blanco y una chalina roja, hizo entrega del lábaro patrio al gobernador, quien a la once en punto salió al balcón central acompañado de su prometida y de los seis hijos mutuos para dar el tradicional Grito. En el balcón ya había sido colocado un mástil con las arengas que habría de lanzar y después de emular Dolores hizo tañer las campanas y ondeó la bandera que hizo que la alegría se desbordara, al tiempo que las cornetas sonaron y cientos de latas de espuma fueron vaciadas, a pesar del aparatoso filtro de revisión que en la teoría no permitía el ingreso de esos objetos.

Al equipo de logística que se encarga del mínimo detalle para que todo le salga bien al gobernador se le olvidó preparar el Himno Nacional y el del Estado de México que brillaron por su ausencia; luego de ondear las banderas, todas las luces del primer cuadro fueron apagadas para el espectáculo multimedia que se proyectó en la fachada del Palacio y en algunos de los balcones, donde fueron colocadas pantallas blancas para recrear el movimiento armado. Ahí se pudieron distinguir las siluetas de los próceres de la nación y algunos de los pasajes más importantes de la lucha independentista, como el llamado que hace el cura Hidalgo para levantarse en armas. Incluso se recreó una batalla que llenó de fuego los balcones. Un nutrido aplauso se dejaba escuchar con cada pasaje histórico que culminó con una melodía.

Luego irrumpió el fuego en el corazón de la capital, que se convirtió en un concierto de flamas con un espectáculo pirotécnico que se extendió durante más de veinte minutos ante la algarabía de la familia Peña-Rivera, que no cesaba de saludar a la muchedumbre desde su balcón. En el resto, funcionarios acompañados de familiares, empresarios, invitados especiales, atentos a las proyecciones y la pirotecnia que iluminaba como nunca la vetusta catedral. En el palacio legislativo apareció, con fuegos pirotécnicos, el semblante de Josefa Ortiz de Domínguez, mientras que en el poder Judicial, el de Morelos. Por su parte, la alcaldesa le mandó hacer a su ex-jefe el imagotipo del “gobierno que cumple”, encendido en la azotea del palacio municipal.    

Empotrado en el balcón central del Palacio de Gobierno, el gobernador dio muestra de que su popularidad se mantiene intacta y que ni la reforma que dispuso en el Congreso estatal despeinó su copete; pocos, muy pocos fueron los abucheos que se dejaron escuchar para el aspirante presidencial, apenas un recordatorio gritado tímidamente por un pequeño grupo, pues pesaron más las muestras de afecto, aplausos, saludos y solicitudes de “¡beso!, ¡besos!” con Angélica Rivera. Incluso, uno que otro no tuvo problema en gritar “¡Peña para presidente!”, mientras que el “¡Peña! ¡Peña!” fue organizado desde los propios balcones por los funcionarios.   

En el patio de Palacio, Peña y Rivera -ataviada con un elegante y sofisticado vestido rojo, largo y escotado por la espalada- fueron los encargados de romper el tradicional baile. Afuera el dios Tláloc se compadeció de los mexiquense y no apareció la lluvia.

La fiesta se prolongó hasta entrada la medianoche, cuando Pepe Aguilar ofreció un concierto con sus más grandes éxitos como “Me estoy acostumbrando a ti”, “Por una mujer bonita”, “México lindo y querido”, “El rey” y terminó la velada entonando las tradicionales Mañanitas.    

Ese 15 de septiembre bicentenario Peña tuvo su propia agenda que disfrutó acompañado de la elite política mexiquense. Desde el mediodía el acceso fue restringido al Teatro Morelos, donde el mandatario entregó el reconocimiento especial del “Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución” a 18 personalidades, siete organizaciones y cuatro instituciones; entre otros entregó el Identidad a Isidro Fabela Alfaro (post mortem); el de Equidad a la Fundación Pro Zona Mazahua; al Banco de Alimentos Cáritas; a La Fundación Teletón México, CRIT Estado de México y Fundación Teletón; mientras que en conocimiento se distinguió a la máxima casa de estudios de la entidad UAEM. En el evento estuvo acompañado por su inseparable Ernesto Nemer, por los titulares de los poderes Legislativo y Judicial, Lucila Garfias Gutiérrez y Baruch Delgado Carbajal, respectivamente y por el secretario general de Gobierno Luis Miranda Nava entre muchos otros que abarrotaron el vetusto Teatro Morelos.

Más tarde inauguraron los murales del “Bicentenario de la Independencia Nacional y Centenario de la Revolución Mexicana” en el Palacio de Gobierno, que proyecta la visión de los maestros Leopoldo Flores, Luis Nishizawa, Ismael Ramos y Ulises Licea, las cuales comprenden las cuatro etapas de la historia de México: la prehispánica, independentista, revolucionaria y contemporánea. Luego de develar una placa conmemorativa acompañado de los creadores de los murales, de José Narro Robles, rector de la UNAM; Eduardo Gasca Pliego, rector de la UAEM y los ex gobernadores Alfredo del Mazo González y Alfredo Baranda García realizó un recorrido para conocer a detalle la obra.

Los eventos particulares continuaron a la entrada de la capital, donde rodeado de un impresionante aparato de seguridad, inauguró las Torres Bicentenario donde apretó el botón que encendió la iluminación de la monumental obra que lució en su máximo esplendor al quedar revestida con luces en verde, blanco y rojo; simultáneamente se escuchó el Canto a la Libertad, en voz del Coro Monumental de Niños de México, acompañado por un espectáculo de fuegos artificiales, fuentes danzantes y una bandera blanca con el “Gobierno que cumple”, que ondeaba en lo más alto de un mástil. Las dos torres en forma de hélice que ascienden en espiral por 67 metros, fueron construidas con 100 bloques de acero. El museo cuenta con dos salas para exposiciones alternas, área para biblioteca y auditorio para 150 personas. Los trabajos tuvieron una inversión de 150 millones de pesos y aunque se hizo hincapié en que se terminaron en su totalidad, las instalaciones quedarán vacías y sólo serán ocupadas hasta el próximo 20 de noviembre.     

El culto a la personalidad culminó con elegante y exquisita cena de gala que ofreció Peña después de encabezar el Grito, en las recién inauguradas Torres Bicentenario. Ahí se dieron cita más de trescientos invitados. El gobernador endulzó los oídos de sus asistentes, pues les dijo que entre mexicanos no hay una guerra que declarar, sino problemas comunes que resolver; que la desigualdad, la pobreza, el estancamiento económico y la inseguridad habrán de ser superados con el esfuerzo sostenido de todos los mexicanos y terminó su discurso arengando que esa noche también simboliza nuestra unidad y nos convoca a hacer del México del siglo XXI “la nación próspera, libre e igualitaria”, en un evento a puertas cerrada, para unos cuantos.

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