El agua potable de Latinoamérica, el próximo secuestro

El agua dulce potable supone solamente el 0,008% del agua terrestre, lo que hace que en ocasiones su uso plantee complejos problemas. En las áreas urbanas de los países no desarrollados 170 millones de personas carecen de agua limpia para satisfacer sus mínimas necesidades: beber, cocinar o lavarse; en las áreas rurales de estos países el panorama es más sombrío ya que alcanza a casi 885 millones.  

Lenin Cardozo/Rebelión

La mitad de la población de la Tierra vive en casi el 5% de la superficie no marítima del planeta, y en gran parte se asienta en torno de regiones costeras, tales como estuarios y desembocaduras de ríos. La biodiversidad de ríos, lagos y humedales es el conjunto de ecosistemas más amenazados de la Tierra. Casi el 20% de los peces de agua dulce han desaparecido o están el peligro de hacerlo. Pero no son sólo los peces. Anfibios, moluscos y otras muchas especies peligran también aunque no se conoce suficientemente la biodiversidad de agua dulce. Los seres humanos se concentran en las proximidades de los cursos de agua y provocan que los sistemas de agua dulce sean los primeros hábitat en degradarse. Usan el agua, consumen sus especies animales, utilizan sus cauces para desplazarse y como colectores de sus vertidos.

El agua dulce potable supone solamente el 0,008% del agua terrestre, lo que hace que en ocasiones su uso plantee complejos problemas. En las áreas urbanas de los países no desarrollados 170 millones de personas carecen de agua limpia para satisfacer sus mínimas necesidades: beber, cocinar o lavarse; en las áreas rurales de estos países el panorama es más sombrío ya que alcanza a casi 885 millones. Todo indica, además, que la provisión de agua dulce en el mundo está disminuyendo inexorablemente. Una de cada cinco persona ya no tiene acceso al agua potable y casi una de cada tres no dispone de medios de saneamiento adecuados para potabilizarla. Algunos expertos opinan que la escasez de agua podría ser una de las principales causas de conflictos bélicos entre países en el futuro, especialmente en las zonas más áridas. Sólo usándola en forma adecuada y equitativa se podrían prevenir los efectos catastróficos de esta situación.

En Latinoamérica, las tensiones por la carencia del preciado liquido se hace sentir en zonas como el Altiplano o Puna que es una vasta región que abarca Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina, caracterizada por ser una zona árida. La escasez de agua ha generado tensiones en el pasado, como los recientes diferendos entre Bolivia y Chile por un pequeño curso de agua conocido como el Silala. La región también es muy frágil y afronta serios problemas de desertización causada por varios factores, entre ellos el sobrepastoreo y la agricultura intensiva. Esta situación ha hecho que la pobreza esté extendida en la zona y sea foco de constantes problemas sociales. Algunos países, como Bolivia, han tratado de establecer una ley de aguas para el adecuado uso de este recurso, pero esto también ha generado tensiones en la zona. Igual ocurre en la vasta región de El Chaco compartida por Argentina, Bolivia y Paraguay, con recursos naturales caracterizados por su fragilidad y relativa escasez, además de contar con una población reducida y marginalizada. Esta región sufre severos problemas de desertización, que inciden en la pobreza de sus habitantes. El agua, justamente es uno de los recursos escasos, a pesar de contar con dos grandes ríos que dibujan la región: el Pilcomayo y el Paraguay. Cuando llueve, el agua corre por las quebradas con tanta fuerza que destruye todo lo que encuentra en su camino. Los recursos acuíferos del Chaco afrontan también problemas de contaminación, lo que en el pasado ha generado tensiones y la necesidad de una actuación coordinada por los países de la región.

Igual problema se presenta en la Ciudad de México que se está hundiendo debido a la cantidad de agua extraída debajo de sus cimientos. Una de las ciudades más grandes y pobladas del mundo, México, D.F. fue una fértil tierra de lagos. Sin embargo, en los últimos 500 años, los lagos han sido drenados y los bosques de los alrededores han sido talados. Mientras la ciudad crecía, el problema del agua se magnificaba. Debido a la falta de un sistema de drenaje adecuado, hoy el agua de lluvia se mezcla con residuos y se la utiliza para la irrigación. La ciudad afronta ahora un serio riesgo de quedarse sin agua potable. Se estima que un 40% del agua de la ciudad se perderá por las filtraciones en los alcantarillados construidos a principios de siglo.

En Brasil, más de 17 millones de personas no tienen acceso al agua potable. Diversos estudios mostraron que 70% de agua potable va para el uso de la agricultura, 20% para la industria y solo el 8% va para el uso humano.

Y los dueños de la doctrina Monroe, donde la “América es para los americanos”, tiene una situación más comprometida en su territorio, porque el 95% del agua potable es subterránea. Sus fuentes de agua se están secando debido a que los granjeros de las praderas altas tejanas bombean el líquido más rápido de lo que la lluvia las rellena. El acuífero más grande de Estados Unidos, el Ogallala, se está empobreciendo a una tasa de 12.000 millones de metros cúbicos (m3) al año. La reducción total a la fecha llega a unos 325.000 millones de m3, un volumen que iguala el flujo anual de 18 ríos del estado de Colorado. El Ogallala se extiende de Texas a Dakota del Sur y sus aguas alimentan a un quinto de las tierras irrigadas de Estados Unidos.

No hay que ser un Julio Vernes o pitoniso , al expresar una alerta, ante el mayor depredador de todos los tiempos, que de seguro empezara a mirar hacia el Sur cuando ya no tenga más agua potable.

Buscan mecanismos de protección para defensores de DH

La representación de organizaciones como el Centro Nacional de Comunicación Social y el Comité Cerezo México, denunciaron que en el país, las y los defensores enfrentan actos de hostigamiento, amenazas, procesos penales infundados, ataques físicos y asesinatos.

Guadalupe Cruz Jaimes/CIMAC

Organizaciones civiles mexicanas plantearon ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la necesidad de crear un mecanismo que proteja a las y los defensores de derechos humanos en el país, debido a la falta de respuestas por parte del Estado mexicano.

Asociaciones como el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, y el Centro de Derechos Humanos “Miguel Agustín Pro Juárez”, señalaron en la audiencia que se llevó a cabo el pasado 28 de octubre, que las autoridades del país no investigan los ataques contra las y los defensores y tampoco otorgan las medidas cautelares necesarias.

Durante su intervención en el 140 periodo de sesiones de la CIDH, las organizaciones expusieron la problemática de violación a derechos de las y los defensores, que se caracteriza porque 98 por ciento de las 128 agresiones cometidas en contra de las y los defensores de Derechos Humanos (DH), de 2006 a 2009, han quedado impunes.

La representación de organizaciones como el Centro Nacional de Comunicación Social y el Comité Cerezo México, denunciaron que en el país, las y los defensores enfrentan actos de hostigamiento, amenazas, procesos penales infundados, ataques físicos y asesinatos.

Los riesgos se agravan cuando las y los defensores se dedican a reivindicar derechos como los sexuales y reproductivos, el derecho a la diversidad sexual, la defensa del medio ambiente y los derechos de las personas migrantes.

Debido a estas agresiones, incluidas las registradas en contra de los periodistas, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos solicitó medidas cautelares en 84 casos, la mayoría no fueron aceptadas por el Estado mexicano y las que fueron aceptadas no se cumplieron, sostienen las autoridades.

La falta de atención y respuesta por parte de las autoridades mexicanas a las denuncias realizadas por las y los defensores víctimas de amenazas y agresiones, así como la falta de implementación y seguimiento de medidas de protección planteadas por organismos internacionales, obliga a las y los activistas a insistir en la creación de un mecanismo de protección.

Esta petición después de ser ignorada reiteradamente por las autoridades mexicanas, fue planteada al Sistema Interamericano.

En la CIDH, las organizaciones como Red Todos los Derechos para Todos y Todas, señalaron que el mecanismo de protección para las y los defensores debe contar con un marco normativo claro que cubra la prevención, de la protección y de la investigación de los ataques.

Para que sea efectivo, debe ser subsidiario y complementario a la obligación del Estado de protección de la vida, la seguridad, la libertad e integridad de periodistas y personas defensoras de los derechos humanos.

También debe tener capacidad y competencia para actuar en todas las entidades federativas y en el Distrito Federal, ante amenazas provenientes de actores estatales y no estatales.

Además, debe contar con recursos presupuestales, materiales y humanos para el eficaz cumplimiento de su objetivo.

De igual modo, señalaron durante la 140 sesión de la CIDH, debe incluir la capacitación de los funcionarios que integren el mecanismo, acerca de los patrones de agresiones comúnmente cometidas contra las personas defensoras y cómo medir y evaluar una situación de riesgo.

Por último, las organizaciones señalan que el mecanismo debe tener capacidad para tomar decisiones vinculantes y reaccionar rápidamente ante situaciones de riesgo o amenaza.

Costumbres ajenas

El doctor en Antropología y catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEM, Juan Luis Ramírez Torres difiere de los planteamientos del poeta y ensayista capitalino Octavio Paz al afirmar que la creencia de que el mexicano se burla de la muerte se trata más de una frase de promoción turística que una realidad pues en México no podemos burlarnos de la muerte cuando vemos –dijo- la intensa ola de violencia que vive el país y que ha tocado a los jóvenes y a los adolecentes.

Elpidio Hernández 

Como cada año las flamas de los cirios iluminarán los caminos, el copal ahuyentará los malos espíritus, el pulque mitigara la sed y los platillos saciarán el apetito de los difuntos que como cada 1 y 2 de noviembre –según marcan las creencias- acudirán puntuales a los banquetes que familiares y amigos les han preparado en hogares y plazas públicas.

La tradición del Día de Muertos se ha colocado como uno de los folclores más arraigados en nuestro país aunque el paso de los años y la influencia de culturas foráneas como la estadounidense han hecho que la festividad se llene de costumbres ajenas, para dar paso a un rito donde se conjuga lo religioso con lo pagano, y donde la burla hacia la muerte se hace presente como escribiera el poeta Octavio Paz en su texto el Laberinto de la soledad en el cual narra que en muchas ciudades del mundo la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios, mientras que el mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, y es uno de sus juguetes favoritos, “cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía”, escribió el ensayista.  

El doctor en Antropología y catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEM, Juan Luis Ramírez Torres difiere de los planteamientos del poeta y ensayista capitalino Octavio Paz al afirmar que la creencia de que el mexicano se burla de la muerte se trata más de una frase de promoción turística que una realidad pues en México no podemos burlarnos de la muerte cuando vemos –dijo- la intensa ola de violencia que vive el país y que ha tocado a los jóvenes y a los adolecentes.

Los orígenes del día de muertos son inciertos pero algunos textos afirman que sus inicios se remontan al año 800 A.C. con el llamado Festival de muertos, que celebraban los aztecas durante los meses de julio y agosto, se trataba de un ritual para celebrar el final de la cosecha de maíz, frijol, garbanzo y calabaza, y que formaban parte de la ofrenda a la diosa Mictecacihuatl. Esta Diosa, reina de Chinahmictlan era la guardiana del noveno nivel del infierno, llamado Mictlán.

La tradición nació de la vieja creencia de que, al morir, las personas pasan al reino de Mictlán, donde tienen que estar un tiempo para después ir al cielo o Tlalocan. Así, para el viaje los seres queridos necesitan comida y agua para el camino; veladoras para alumbrarse; monedas, para pagar al balsero que los cruza por el río antes de llegar a Mictlán y un palo espinoso para ahuyentar al diablo; todo esto, se colocaba en su tumba y en el altar de muertos, para su visita anual a los vivos, en el que se coloca copal y flores de cempasúchitl para marcar el camino.

Pero cuando llegaron los españoles las creencias se fusionaron con el calendario cristiano por lo que ahora se celebra los días 1 y 2 de noviembre. De acuerdo con la tradición el primero se celebra el Día de Todos los Santos, dedicado a los niños y el día dos se ofrece a los adultos mayores; mientras que en algunas regiones se cree que el 28 de octubre bajan los muertos por accidente y el 30 los que están el limbo por no haber sido bautizados. La creencia señala que estos son los únicos días en que las almas tienen permiso para regresar a visitar a sus seres queridos. De manera que es, en realidad una fiesta de bienvenida para aquellos que se extrañan.

Pero para un amplio número de personas la fecha sólo se relaciona con días de asueto, tal y como sucede con muchos católicos en Semana Santa, que mientras Jesús esta en la cruz muriendo por los pecados de nosotros otros estamos pecando en Acapulco o en algún otro puerto a la salud del Cristo crucificado, afirmó el doctor en Antropología Juan Luis Ramírez Torres durante una charla con este semanario.    

 – ¿Cómo podemos entender el día de muertos?

– Debemos entenderla como una fusión entre la tradición prehispánica y lo que hoy es México, consiste en colocar una ofrenda a los familiares difuntos con los platillos favoritos de quienes ya se han adelantado, como el abuelo o el padre que murió, posteriormente se han venido sumando más cosas, ya no hablemos del Halloween, que se ha enraizado en la cultura, sino de una ofrenda más vinculada a lo público, a lo festivo, mientras que un número más reducido busca una raíz tremendamente lejana con pretendidas ofrendas aztecas, de las auténticas ofrendas que se ponían en Tenochtitlán.

– ¿El Día de muertos se puede entender como un festejo a la muerte?

– Siempre he repetido que Octavio Paz, como sociólogo, era un excelente poeta, no se cuánta gente discrepe conmigo, pero Paz miró con ojos europeos a la cultura mexicana, nos convenció de que los mexicanos nos reímos de la muerte, pero yo creo que lo que esta sucediendo hoy en día en el país es una evidencia clarísima de que los mexicanos no nos reímos de la muerte, cuando vemos muertos a adolescentes a jovencitos a nadie llama a sonreír porque la muerte nos afecta. Nosotros somos tan sensibles al drama de la muerte como en cualquier otra ciudad del mundo. Lo que sí tenemos en México es una manera muy particular de representar a la muerte por medio de sus contrarios como hacer calaveritas de dulce. Si la muerte nos llama a la melancolía, a la tristeza entonces provoquémonos una sonrisa con una calaverita de chocolate; esto es muy frecuente en infinidad de culturas donde algo negro se representa con blanco.

– ¿La fecha es sólo un pretexto para el descanso?

– Creo que muchos mexicanos estamos más alegres porque nos vamos de puente que por el Día de muertos y esto suena a paradoja, pero una buena cantidad de mexicanos nos iremos de puente a mitad del festejo o antes, si se puede, tal vez se acuda al panteón a poner una flor a algún familiar fallecido o a algún buen amigo, pero muchos nos vamos a dar un espacio para el descanso. Como muchos mexicanos católicos lo hacen el Viernes santo, mientras Jesús está en la cruz muriendo por los pecados de nosotros, estamos pecando en Acapulco o en algún otro puerto a la salud del Cristo, siempre en contradicción de la creencia católica.

– ¿Se está perdiendo la tradición del día de muertos en nuestro país?

– Hay subeybajas. Previo al terremoto del 85 la moda del Halloween iba en ascenso, principalmente en la Ciudad de México. Recuerdo que cuando sucede el terremoto en septiembre de 1985, al siguiente noviembre se hicieron monumentales ofrendas de muertos públicas, muy dolientes por las miles de víctimas que hubo y también por los desaparecidos, entonces vimos que ese dolor se volcó en ofrendas. Tengo la visión de que a partir de septiembre del 85 hubo un incremento en la colocación de las ofrendas en escuelas, oficinas y lugares populares, pero también hubo un descanso de la tradición del Halloween, que al paso de los años volvió a florecer.

– ¿Ha tomado ventaja el Halloween?

Desde luego que no, el Halloween se ha mexicanizado, no lo observo tanto en Toluca pero vuelvo a pensar en la Ciudad de México, donde es una fiesta de lo terrorífico, vemos en las tienditas largas filas de niños pero también de adultos que van a pedir su calaverita; hay un matiz entre el Halloween de los Estados Unidos y la forma en que se celebra en México donde lo que se pide es una calaverita y me parece que este es un dato interesante para saber como se fusiona una cultura y otra.  Estas largas filas son para recibir la generosa aportación en dulces del dueño de la tiendita que compra una determinada cantidad de sencillos regalitos para darle a todo el que se asome por su tienda. Hay casas en donde todos los integrantes de la familia se disfrazan para recibir a otros igualmente disfrazados vemos al padre que va de Batman, al niño que va de calabacita e incluso a la abuelita. No creo que sea el Halloween de los Estados Unidos, pero el vestirnos y disfrazarnos de monstros es una manera de neutralizar el temor que estamos viviendo.

– ¿Cómo conservar la tradición del Día de muertos frente a otras influencias como el Halloween?

– No se trata competir pues me parece que es algo muy natural, es una fusión de las culturas; debemos recordar que alguna ocasión el Día de muertos fue una mezcla que atentó contra las tradiciones prehispánicas porque había cinco días malos no un 1 y 2 de noviembre; cuando llega la iglesia católica-europea se mezcló con las tradiciones prehispánicas y luego durante la Colonia y más tarde durante el siglo XIX se fue estableciendo como la tradición que hoy conocemos. En este momento personas que van disfrazadas de mostos me parece que van muy de la mano del ambiente de terror que vive el país.

La ofrenda

El rito comienza en la última semana de octubre, cuando en familia se prepara el altar de muertos con los platillos favoritos de quienes ya se han adelantado, las fotos, las veladoras, las flores de cempasúchil, el papel picado de vistosos colores, el pan de muerto, el copal y los dulces típicos de estas festividades como las calaveritas se vuelven indispensables.

Según la tradición, el altar debe constar de siete escalones que representan los siete niveles que tiene que pasar el alma de un muerto para poder descansar. Cada escalón tiene un significado diferente y debe contener ciertos objetos. En el primero se pone la foto del santo o virgen de la devoción; el segundo es para las ánimas del purgatorio; en el tercero se pone la sal para los niños del purgatorio; en el cuarto se coloca el pan de muerto, que se recomienda sea hecho por los parientes del difunto; en el quinto, la comida y la fruta preferidas del familiar fallecido; en el sexto, la foto de la persona a quien se dedica el altar y, por último, la cruz y un rosario hecho de tejocotes y limas.

Pasta de Conchos: una herida abierta a la luz de Atacama

El trabajo de la minería en América Latina, históricamente, ha sido uno de los más peligrosos y más castigados para quienes lo realizan. La necesidad de los grandes capitales de extraer la mayor cantidad de minerales al más bajo costo provoca, no sólo que los salarios de mineros sean de los más bajos, sino que sus condiciones de trabajo sean las más extremas.

Los Brigadistas-UNAM/ Rebelión

Son dos gobiernos latinoamericanos, ambos son de derecha y neoliberales. Sin embargo, la diferencia de actitudes es escandalosa ante la tragedia de los mineros que quedaron atrapados en las profundidades de la tierra.

El trabajo de la minería en América Latina, históricamente, ha sido uno de los más peligrosos y más castigados para quienes lo realizan. La necesidad de los grandes capitales de extraer la mayor cantidad de minerales al más bajo costo provoca, no sólo que los salarios de mineros sean de los más bajos, sino que sus condiciones de trabajo sean las más extremas. Muchas veces no cuentan con el equipo y la tecnología que aseguraría mejores condiciones laborales, ni se invierte en la infraestructura que garantizaría mayor seguridad a los trabajadores. El propio desierto de Atacama está poblado de cruces que se han ido acumulando a lo largo de 500 años de explotación del pueblo chileno. Los accidentes pueden ser prevenidos y controlados, pero para eso es necesario hacer inversiones, y los voraces empresarios de la minería prefieren quedarse con todas las ganancias.

La conmoción pública que provocan accidentes tan aparatosos y la discusión que generan en torno a la responsabilidad de los poderosos acerca de la vida de los trabajadores, fueron aprovechadas por el gobierno de Piñera, en Chile, para desplegar una campaña de medios que debía incluir, forzosamente, el rescate epopéyico de los mineros, de modo que tanto la empresa como el gobierno salieran bien librados en términos de popularidad. Así, el mundo siguió paso a paso los meses de trabajo para rescatar a los 33 mineros, con especial atención en el último momento.

No se puede escatimar en lo más mínimo el ánimo de fierro de los mineros atrapados que muestra lo mejor de la clase trabajadora, ni la buena noticia de su rescate, ni las implicaciones que esta acción tiene en el estado de ánimo de los trabajadores mineros y del pueblo chileno. Aun así, es muy importante no encumbrar a Piñera como apóstol de los derechos de los trabajadores. El tiempo se encargará de demostrar cuál es su verdadera política laboral, ya fuera de los reflectores.

Vista desde nuestro país, la experiencia chilena pone en evidencia el desinterés, la ineptitud y la cobardía de quienes se han apoderado de México. En la tragedia de 2006 en la mina Pasta de Conchos, el gobierno y la empresa Minera México, de Germán Larrea (uno de las cinco personas más ricas de este país), decidieron simplemente abandonar a los trabajadores en el fondo de la mina y dejarlos morir.

Las condiciones laborales de Minera México son de las peores del mundo en cuanto al trabajo minero. No tienen equipo de rescate, no existen estructuras de contención, en varios tramos de la mina ni siquiera se han hecho mapas, ya que esperaban acabar de explotar las vetas antes de que fuera necesario hacer una evaluación. Todas las normas eran violadas con el aval del gobierno federal. Los propios mineros habían alertado sobre el creciente riesgo de un accidente, antes de que 65 de ellos quedaran sepultados. Suspendieron el rescate a los cinco días, mediante la mentira de que la calidad del aire hacía imposible descender y que no había posibilidad de que hubiera ningún cuerpo, todos estarían pulverizados, a pesar de que la estructura no se había caído en la parte en que estaban trabajando los mineros.

Cuatro años después, sabemos que salieron dos cuerpos completos, ni siquiera quemados y fuera de su lugar de trabajo. Estaban vivos y así los dejaron, morir de asfixia. De haber existido la voluntad de salvar a los mineros, se hubiera podido encontrar la tecnología adecuada para hacerlo, como demuestra la experiencia chilena. Los ingenieros rescatistas estaban a 100 metros de los mineros cuando Germán Larrea logró suspender el rescate, apoyándose en el criterio de unos peritos internacionales contratados por él para que dijeran lo que convenía a sus intereses. Después de ello, simplemente clausuraron la mina sin ningún aval legal; la razón: un grupo de poderosos ocultando un crimen.

Hay culpables, asesinos que sigue no sólo libres, sino gobernando y decidiendo los destinos de los trabajadores. Ellos y los voraces empresarios multimillonarios son los culpables tanto de las condiciones infernales de trabajo de los mineros, como del abandono después de la tragedia.

Turismo indígena necesita venderse mejor

De los 108 millones de habitantes de este país latinoamericano, casi 12 millones son indígenas, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Emilio Godoy/IPS

Dedicadas a promover la cultura de los pueblos originarios y el desarrollo sustentable, empresas turísticas indígenas enfrentan múltiples barreras, especialmente en el campo del comercio de servicios.

“Hemos perfeccionado el diseño de los circuitos regionales y capacitado a la gente que trabaja en las empresas turísticas, pero no hemos diseñado adecuadamente una estrategia de comercialización, para demostrar la diferenciación frente a otros destinos”, dijo a IPS Antonio Medina, de la Red Indígena de Turismo de México (RITA).

Fundada en 2002 por 32 socios, RITA agrupa a 160 empresas indígenas, con 5.000 miembros y 20.000 beneficiarios en 15 de los 32 estados mexicanos.

De los 108 millones de habitantes de este país latinoamericano, casi 12 millones son indígenas, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Los emprendimientos “buscan unir esfuerzos para comercialización, capacitación y aplicación de estrategias para venta de paquetes. En comercialización, les ha ido más o menos”, sostuvo Iris Vargas, de la Red de Ecoturismo Comunitario de Michoacán, Ecomich, que abarca a 12 empresas de ese estado del centro-oeste.

Para publicitar sus actividades, RITA organiza entre este jueves y el sábado la Segunda Feria de Turismo Indígena en Puebla, 123 kilómetros al sur de Ciudad de México, donde se hablará de desarrollo con identidad, venta de destinos turísticos y acceso a financiamiento.

“Una de las grandes debilidades de las empresas turísticas comunitarias es la comercialización y el mercadeo de sus productos o servicios”, dijo a IPS Álex Villca, de la Red Boliviana de Turismo Solidario Comunitario (Tusoco).

“La capacitación y la formación de los recursos humanos es incipiente, lo cual disminuye cualquier posibilidad de éxito”, acotó.

Surgida en 2006, esta Red, invitada a la feria de turismo mexicana, reúne al menos a 18 agrupaciones.

Se estima que en México hay 1,2 millones de micro y pequeñas empresas asentadas en territorios indígenas, con un promedio de 25 trabajadores cada una.

Estas firmas se dedican a actividades que van desde ecoturismo hasta extracción de minerales, pero no hay cifras de su aporte a la economía.

En Bolivia existen 89 iniciativas de turismo comunitario, según el Viceministerio de la Industria del Turismo, pero sólo cinco por ciento de ellas se sostienen por sí mismas.

Las empresas indígenas “necesitan formular buenos productos turísticos, estructurados de manera tal que sean sostenibles, incluyentes e integrales”, dijo a IPS la consultora mexicana Olivia Bringas.

Entre 2007 y 2009, un grupo de 32 empresas adscritas a RITA desarrollaron un proyecto por 300.000 euros (415.800 dólares), financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, para fortalecer la elaboración de diagnósticos y planes de negocios, y mejorar la capacitación, infraestructura y difusión.

En diciembre concluirá otro proyecto por 100.000 dólares costeado desde el año pasado por el Fondo Multilateral de Inversiones, administrado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y dirigido a la construcción de una radiografía sobre la Red.

Este año RITA también ha recibido apoyo del Programa de Turismo Alternativo en Zonas Indígenas, de la estatal Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, para capacitación en derechos de los grupos aborígenes.

En 2006 la Secretaría (ministerio) de Turismo dictó la norma 133, sobre requisitos y especificaciones de sustentabilidad del ecoturismo.

Desde esa fecha unos 60 circuitos turísticos han sido certificados bajo esa disposición oficial. Pero los empresarios indígenas exigen cambios a la norma, para que contenga aplicaciones específicas para sus proyectos.

Queremos “directrices que se deban acatar para realizar la actividad en nuestros territorios, respetuosas de nuestras formas de organizarnos, para los centros ceremoniales, el manejo del agua y de los residuos”, explicó Medina, organizador de la feria turística.

Una herramienta que incidiría en la comercialización de las rutas turísticas indígenas es la certificación de las empresas. En 2003 arrancó la Red de Certificación en Turismo Sostenible de las Américas, integrada por 130 organismos gubernamentales y privados de 23 países del continente.

En Bolivia, el gobierno municipal de la norteña localidad de Rurrenabaque y el Servicio Alemán de Cooperación Social-Técnica (DED, por sus siglas en alemán) certificaron en 2007 el llamado Destino Rurrenabaque, que incluye a seis municipios de los departamentos de La Paz y Beni.

En ese país andino está en fase de diseño hasta 2011 el Programa Nacional de Turismo Comunitario, financiado con 20 millones de dólares por el BID. Aún “existe un vacío desde el sector público al fomento y apoyo a este tipo de iniciativas económicas”, señaló Villca.

“La comercialización de un solo destino es un poco difícil y más costosa. Pero si se promueven de manera conjunta, se pueden estructurar acuerdos y rutas conjuntas”, propuso Vargas.

Para Bringas, las empresas indígenas no deben competir con los operadores de turismo convencional. “Van dirigidos a distintos segmentos de mercado. Ante los procesos globalizantes, la mejor forma de diferenciarse es recurriendo a reafirmar su cultura e identidad colectiva”, sugirió.

En marzo de 2011 se desarrollará el Primer Encuentro de Turismo Indígena de las Américas, en la austral localidad de San Martín de los Andes, en la Patagonia argentina.