Ministros de culto y abuso sexual

El Departamento de Investigaciones sobre Abusos Religiosos calcula que alrededor de 30 por ciento de los 14 mil  sacerdotes católicos en México son responsables de haber cometido algún tipo de abuso de índole sexual contra feligreses o personas de sus comunidades.

Jorge Erderly Graham

Ciencia Ergo Sum, marzo 2003, vol. 10 número 1 (extracto)

Redalyc.uaemex.mx

En México, la mayoría de las religiones y denominaciones no objetan hacer del conocimiento público el número de miembros con que cuentan. Algunas, de hecho, publican activamente cifras y datos –a menudo imprecisos y/o inflados- con motivos publicitarios. El acceso a la información financiera, sin embargo, no es tan fácilmente asequible para los investigadores de las religiones. En contraste, en otros países existen mecanismos voluntarios de transparencia que facilitan esta labor. Los recientes escándalos por pedofilia en EU repercutieron en México como consecuencia de la globalización de la comunicación. Al hacerlo, evidenciaron que el tema de la conducta sexual de los ministros ante sus feligreses es mejor custodiado que el de las finanzas. Más aún, en el proceso de intentar recabar datos al respecto, son observables interesantes resistencias, esfuerzos por obstaculizar el acceso a dicha información y estrategias para desautorizar y descalificar cualquier cifra que cuantifique el abuso sexual cometido por ministros. Además de los retos metodológicos que dicho escenario presenta para los investigadores, son interesantes los efectos de la supuesta ausencia de cifras en la discusión pública y en materia de derechos humanos, particularmente el derecho a la información de los feligreses.

No todas las religiones y denominaciones actúan así en todos los países. Por ello existen estudios que sirven como base para tener un acercamiento estadístico que nos permita valorar la extensión y prevalencia de estos fenómenos a nivel global y cómo se comparan con otros ámbitos del quehacer profesional: por ejemplo, el médico y el psicoterapéutico. Partiendo de la información disponible, se presenta primero una panorámica global que a barca a EU, África y una porción de Europa, con el fin de contextualizar el problema. La segunda parte se enfoca a México.

Panorámica global

En su tesis doctoral, Richard Blackman (1984) estudió a 302 ministros metodistas, 404 pentecostales, 300 pastores presbiterianos y 190 clérigos episcopales en EU. El 38.6 por ciento del total de su muestra admitió haber tenido “algún tipo de contacto sexual” con uno o más miembros de su iglesia. El grueso del grupo estudiado se componía de hombres y la gran mayoría de contactos sexuales ocurrieron con mujeres.

Del total, 12.7 por ciento de los pastores, admitió haber consumado relaciones sexuales con alguna feligresa. En contraste con la cifra de 38.6 por ciento en la investigación de Gatrell (1995), sólo 12 por ciento de los médicos estudiados había tenido “algún tipo de contacto sexual” con pacientes. La diferencia entre el 38.6 por ciento de los ministros evangélicos y protestantes y el 12 por ciento de los médicos es de 26.6 por ciento: más del triple de la incidencia.

En Psychology Today, Sherman reportó en 1993 una cifra similar a la de los médicos cuando publicó una investigación sobre el comportamiento de trabajadores sociales, psicólogos y psicoterapeutas. La incidencia de conducta sexual inapropiada con pacientes (no necesariamente coito) resultó ser de entre 7 y 13 por ciento. En 1992, una investigación canadiense sobre la ética de médicos familiares, ginecólogos y doctores de otras especialidades había reportado un porcentaje menor al del estudio de 1995 de Gatrelll. La cifra fue de 9 por ciento y sin embargo fue considerada escandalosamente alta por las autoridades y la sociedad. El shock que provocó la publicación de esos resultados hizo que e tomaran serias medidas para reducir el índice de profesionales de la salud que se involucraban sexualmente con sus pacientes.

En otra investigación, publicada en el Journal of Pastoral Care, se encontró que por lo menos 14.1 por ciento de los pastores de la Convención Bautista del Sur, una de las denominaciones evangélicas más numerosas y conservadoras de EU, ha tenido contactos sexuales ilícitos. Entre ellos, 70.4 por ciento tiene conocimiento de otros pastores dentro de la misma denominación que han tenido este tipo de actividad con miembros (en general del sexo femenino) de su iglesia. Por el lado de la feligresía, 24.2 por ciento de los pastores bautistas del sur les ha tocado atender a alguna mujer que se ha involucrado en relaciones sexuales con algún ministro de la misma denominación.

Una encuesta aplicada a ministros de EU realizada por la conocida revista Christianity Today, concluyó que 12 por ciento de los pastores evangélicos protestantes ha tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio durante su ministerio (Leadership, 1988). De ellos, 17 por ciento incurrió al mismo tiempo en comportamientos  ilícitos al realizarlas

Con mujeres que se encontraban recibiendo consejería terapéutica, bajo su cuidado pastoral (equivalente en cierta forma a una relación medico-paciente). Esto añade al fenómeno de acuerdo al Marie Fortune (1992) un componente de explotación y abuso de poder.

Por otra parte la Iglesia Metodista Unida, en un reporte interno publicado en 1990, saco a la luz, que 77 por ciento de las mujeres ministro en esa denominación, reportaron haber sido objeto de hostigamiento sexual en su ámbito de trabajo; lo mismo que 77 por ciento de las empleadas administrativas y 48 por ciento de las mujeres estudiantes de sus seminarios (TUMC, 1990), en el caso de la iglesia unidad de Cristo, el porcentaje de hostigamiento sexual fue similar (UCWS, 1986).

Las cifras anteriores son mas significativas, si se considera que las denominaciones representadas en los estudios, se encuentran entre las mas numerosas e influyentes en todo el mundo, y varias se distinguen por enseñar una moral estricta y conservadors.la estadística comparativa de inmediato permite observar una dimensión particular del problema cuando se tiene en cuenta de que en caso de la profesión medica, la incidencia de casos de abuso es menor en una proporción de 1 a 3.

Por otra parte, es interesante notar que el porcentaje de ministros del sexo femenino que son objeto e hostigamiento sexual en la denominación metodista, son superiores que los que se repiten, por ejemplo, en religiones como el judaísmo (CWE, 1993)

En resumen el porcentaje de abusos a pacientes por parte de profesionales de la salud en los Estados Unidos es mas bajo que en importantes denominaciones evangélicas y protestantes, y como se vera más adelante, que en la Iglesia Católica. Las implicaciones practicadas para los creyentes son claras: corren mas riesgo de ser explotados sexualmente por un pastor o un sacerdote, que si acudieran a consultar a su medico o a un psicoterapeuta.

Catolicismo la crisis mundial por la paidofilia

Desde hace más de una década ha sido notorio que amplios sectores del clero de la Iglesia Católica atraviesan por una crisis de ética y credibilidad. Así lo evidenciaron desde 1993 las declaraciones públicas del papa Juan Pablo II que expresaban preocupaciones por la cantidad de sacerdotes católicos en los Estados Unidos acusados de abusar sexualmente de menores. Dichas declaraciones ocurrieron poco después de que Jason Berry, un periodista católico, diera a conocer a la opinión pública nacional casos como  el del padre Gauthe y otros sacerdotes paidofilos en el  estado de Louisiana. Tanto los artículos periodísticos, y eventualmente el clásico libro de Berry (2000), cimbraron a propios extraños. El  problema, evidentemente, era real y muy grave. Para 1997, uno de los casos de pederastia mas publicitados por los medios de comunicación termino con una histórica condena judicial contra la diócesis de Dallas, Texas. Fue sentenciada a pagar una indemnización de cerca de 120 millones de dólares a varias victimas de abuso sexual por su papel culposo en el encubrimiento activo del sacerdote Rudolph Koss, quien perpetro violaciones en serie a menores durante un periodo de varios años con conocimiento de sus superiores.

Actualmente, el investigador católico Richard Sipe estima que alrededor de 6 por ciento de los más de 46 mil sacerdotes católicos en los Estados Unidos han cometido actos de abuso sexual contra niños. Esto arrojaría una cifra de alrededor de tres mil clérigos involucrado exclusivamente en paidofilia.

Dicha cantidad no incluye a diáconos, personal administrativo y laicos en posición de liderazgo que han cometido abusos similares, si no solo a sacerdotes, por su parte la abogada texana Sylvia Demareset reporta que actualmente hay mas de mil 500 sacerdotes acusados frente a la justicia estadounidense de crímenes sexuales contra menores de edad. Sólo en Kentucky existían hasta el 8 de junio de 2002, 122 nuevas demandas contra sacerdotes pederastas y parroquias responsables de encubrirlos.

Estas cifras, sin embargo, se enfocan casi exclusivamente en paidofilia homosexual. El abuso a niñas y mujeres adolescentes no esta incluido, ni tampoco el uso de secreto de confesión para seducir a mujeres adultas, casadas o solteras.

Además de la rotación de clérigos paidofilos de parroquia en parroquia –algunos dentro, otros fuera de los Estados Unidos- hasta fines de diciembre del año pasado la Iglesia Católica de Los Estados Unidos había removido formalmente de su cargo al menos a 365 sacerdotes acusados de acusados de abuso a menores. La mayoría, sin embargo, mantuvieron su estatus oficial de sacerdotes. De enero a junio de 2002 –en medio del escándalo actual por encubrimiento a sacerdotes pederastas que inicio en la diócesis de Boston- han sido retirados de su cargo por la iglesia otros 218 curas. La mayoría de ellos tenían ya expedientes parroquiales con denuncias de agresiones a menores. Desde enero de 2002 se han presentado alrededor de 300 demandas civiles contra iglesias y parroquias católicas de la Unión Americana. También han renunciado algunos obispos –como  el de Paml Beach Florida- acusados de abusos sexuales contra seminaristas desde hace tiempo.

Panorámica europea

A diferencia de los Estados Unidos, en Europa existen pocas cifras disponibles sobre ministros y abuso sexual. Podemos observar, sin embrago, casos notorios recientes de paidofilia homosexual y explotación heterosexual de altos jerarcas. En Alemania el obispo auxiliar de Maguncia F. Einsenbach, fue denunciado por una catedrática universitaria de haberla agredido sexualmente durante una sesión de exorcismo que este le practicaba. Un mes antes, en marzo, el papa acepto la dimisión forzada del arzobispo de Poznan, Polonia, Juliusz Paetz, connacional y personal cercana a el, quien trabajo en el Vaticano de 1967 a 1976.

El arzobispo Paetsz fue investigado recientemente por una comisión enviada recientemente por el papa y fue hallado culpable de “conducta inapropiada” contra varis seminaristas y sacerdotes jóvenes que lo denunciaron por diversas agresiones sexuales en el pasado. Otro obispo irlandés, país de mayoría católica, también renuncio recientemente admitiendo cargos similares, el caso mas notorio, sin embargo, por que involucra al clérigo católico de mas alto rango hasta la fecha ha sido el del Cardenal austriaco Hans Hermann Groer,  quien, recién nombrado fue obligado ha abandonar su cargo en 1998 cuando la opinión publica austriaca se entero de su presunto pasado como paidofilo.

La paidofilia homosexual, sin embargo, no es de ninguna manera el único fenómeno sexual prominente entre los ministros católicos. En marzo de 2001 se hicieron públicas denuncias hechas a muy alto nivel sobre el abuso generalizado de monjas en África por parte de sacerdotes, y el encubrimiento del Vaticano (The Tablet, 2001:403). La realidad y magnitud del problema fue descrito en un reporte por Sor María McDonald, madre superiora de Las Misionera de Nuestra Señora de África.  Su informe titulado el problema del abuso sexual a religiosas africanas en África y Roma fue minimizado por oficiales del Vaticano. El padre Noktes Wolf, abad primate de los monjes benedictinos ha afirmado, sin embargo, que el abuso continuo de monjas africanas es una realidad y no un  asunto de casos aislados (Allen y Schaeffer, 2001), el problema en África no se circunscribe a un sólo país. En el continente africano, de acuerdo con un reporte nunca  desmentido, por la revista Time en 1994, alrededor de “tres cuartas partes de los sacerdotes africanos están en efecto, casados y criando hijos” (The  Tablet, 2001:432).  La frase “en efecto” significa en términos canónicos de facto, no de jure, pues sabemos que uniones de concubinato, o aun matrimonios civiles de sacerdotes no son considerados legítimos por el Vaticano. El punto a ilustrar con esto es que los sacerdotes católicos africanos en general no cumplen con el dogma del celibato y es común que tengan relaciones de concubinato, matrimonios civiles o romances pasajeros, con mujeres de sus comunidades. Si esto es así, entonces surge la pregunta: ¿Por qué entonces los abusos precisamente contra monjas y religiosas?

En África, las monjas se han convertido en un grupo especialmente vulnerable porque el voto de castidad las hace candidatas menos probables para ser portadoras del virus del Sida. Por lo tanto son consideradas “compañeras sexuales seguras” por muchos clérigos.

La extensión y falta de respuesta de este fenómeno ha provocado protestas formales de parte de monjas a muy alto nivel. Por ejemplo la Conferencia de Estudios de las Hermanas de África Oriental (AMECEA) luego de su reunión en Kampala, Uganda, en agosto de 1995. La SEASC tiene la representación de quince mil monjas de ocho países africanos y tiene una fuerza considerable. En su queja formal decía: “Consideramos esto un asunto de justicia el cual creemos que ya no puede ser ignorado”.

Por su parte, el Parlamento  Europeo aprobó por mayoría de votos el 5 de abril de 2001 en Estrasburgo, una resolución, oficial titulada sobre la violencia sexual contra las mujeres y en particular contra religiosas católicas. El documento, de carácter publico, se solidariza con las víctimas, exige el Vaticano que destituya de sus cargos a los sacerdotes y obispos responsables de explotar sexualmente a las monjas y pide “que cooperen con las autoridades judiciales”, a las cuales llama a proceder jurídicamente contra los responsables (Parlamento Europeo, 2001).

Latinoamérica y México

En los Estados Unidos existen alrededor de 30 millones de hispanos, la mayoría de origen latinoamericano, alrededor del 25 por ciento de la  membrecía católica estadounidense. Una cantidad considerable ha ingresado a agrupaciones como los testigos de Jehová, William H. Bowen ha acumulado suficiente información para documentar casi 24 mil casos de paidofilia y efebofilia dentro de los testigos de Jehová en su país la mayoría involucra abusos a niñas  victimizadas indistintamente, por laicos, personal administrativo, y lideres del sexo masculino. Muchos de ellos, afirma Bowen han sido protegidos por las políticas patriarcales dictadas por los máximos dirigentes de la organización Watchtower. En una entrevista con el autor de este articulo, el investigador expresó su preocupación por lo que sucede al interior de las comunidades latinas de testigos de Jehová en Estados Unidos. En Latinoamérica para muchos actores sociales parece ser tabú el tema de los ministros de culto y su sexualidad. Aun así uno de los datos más provenientes de la iglesia católica, fue proporcionado en 1990 por el arzobispo Bartolomé Carrasco, quien estuviera al frente de la diócesis de Oaxaca. Carrasco reporto ante el vaticano que el 75 por ciento de los sacerdotes bajo su jurisdicción no cumplían el dogma del celibato. Muchos de ellos estaban sosteniendo relaciones de concubinato, las cuales conllevan implícitamente un abuso de poder por causa de su investidura jerárquica, en México país con la mayor concentración de católicos después de Brasil el Departamento de Investigaciones Sobre Abusos Religiosos (DIAR) publico en mayo de 2002 los resultados de un estudio de 280 denuncias contra ministros y lideres religiosos. En total, el 35 por ciento son agresiones sexuales, el 50 por ciento son fraudes y casos de explotación económica y 15 por ciento caen en la categoría de violaciones diversas a los derechos humanos.

Grupos de alto riesgo

En el mencionado estudio la mayor parte de los afectados son mujeres (55 por ciento), seguidos por menores de edad (30 por ciento) y solo 15 por ciento son hombres adultos. Estos resultados ubican definitivamente a las mujeres y a los niños, como los grupos sociales mas vulnerables y de mas alto riesgo, el DIAR indica que la mayoría de las denuncias que recibe son contra ministros de iglesias y grupos no católicos diversos, de corte carismático neo pentecostal y pentecostal seguidas de lideres de denominaciones evangélicas, protestantes históricas, sacerdotes católicos y las llamadas sectas destructivas.

El DIAR afirma que dichas cifras no significan que en las iglesias católicas de México, o en general de Latinoamérica ocurran menos abusos que en otros grupos religiosos. Basado en datos empíricos en casi una década de trabajo, el Departamento de Investigaciones sobre Abusos Religiosos calcula que alrededor de 30 por ciento de los 14 mil  sacerdotes católicos en México son responsables de haber cometido algún tipo de abuso de índole sexual contra feligreses o personas de sus comunidades (Vera,2002). Esto incluye no solo la tan publicitada paidofilia homosexual, si no también la heterosexual, así como el estupro y el uso del secreto de confesión para explotar vulnerabilidades de mujeres casadas y solteras.

En España un estudio respaldado metodológicamente por J. Manuel Cornejo, jefe del   Departamento de Investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona, arrojó como resultado que 33 por ciento de sacerdotes han cometido algún tipo de abuso sexual a menores. Dicha investigación reporta, además, según una muestra de 354 sacerdotes, que en España 53 por ciento -más de la mitad- sostienen relaciones sexuales con mujeres adultas.

G-20 al borde del abismo

Desde que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, proclamó al G-20 como el “punto focal para la coordinación internacional”, relegando el mandato de la ONU sobre los derechos humanos, la igualdad de género, la buena gobernanza y el mantenimiento de la paz, muchos actores han expresado su preocupación por la influencia del bloque.

Kanya D’Almeida/ IPS

La discusión sobre la legitimidad del Grupo de los 20 para tomar decisiones globales se renueva cuando falta una semana para que este ámbito informal inicie una nueva reunión cumbre en Seúl.

A la cita, que tendrá lugar los días 11 y 12 de este mes, acudirán países que producen colectivamente alrededor de 85 por ciento de la riqueza mundial.

El G-20 se formó a partir del Grupo de los Ocho (G-8: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia) e incluye a Australia, Corea del Sur, México, Turquía y siete países en desarrollo: Argentina, Arabia Saudita, Brasil, China, India, Indonesia y Sudáfrica, además de la Unión Europea.

En respuesta a una creciente controversia sobre la legitimidad y competencia del bloque, The Century Foundation, con sede en Nueva York, organizó a fines de octubre un debate en el que participaron cuatro expertos en economía y política internacionales.

Entre los varios temas políticos figuró la dinámica relación entre el G-20 y la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Desde que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, proclamó al G-20 como el “punto focal para la coordinación internacional”, relegando el mandato de la ONU sobre los derechos humanos, la igualdad de género, la buena gobernanza y el mantenimiento de la paz, muchos actores han expresado su preocupación por la influencia del bloque.

“Existe peligro de que el G-20 sea percibido como un sustituto de la ONU”, dijo Shashi Tharoor, ex subsecretario general del foro mundial y ministro indio de Relaciones Exteriores.

“Pero eso no será aceptable”, ya que son “foros muy distintos y estamos muy fuertemente comprometidos con la ONU”, planteó.

Stewart Patrick, del Council on Foreign Relations, sostuvo en un documento político que “el G-20 es una organización más ágil” que la ONU, por no estar recargada de burocracia.

Sin embargo, a comienzos de este año el canciller noruego Jonas Gahr Støre acusó al G-20 de ser un bloque arbitrario, sin un mandato claro, y lo describió como “la mayor adversidad para la comunidad internacional desde la Segunda Guerra Mundial”.

Støre estaba indignado por la falta de representación de los estados nórdicos, que colectivamente constituyen la octava mayor economía mundial.

“Los noruegos somos los principales contribuyentes con los programas de desarrollo internacional de la ONU”, observó.

“Nuestro futuro fondo es el segundo más grande del mundo. Así que nuestras experiencias pueden ser valiosas en los debates sobre una reforma de las finanzas mundiales”, opinó.

Støre no es el primero, y sin dudas no será el último, en manifestar una oposición tan rotunda al G-20. Varios académicos y financistas internacionales de países excluidos se han mostrado dubitativos, si no abiertamente hostiles, ante su escasa representación en el bloque.

Según el profesor de economía Jayati Ghosh, de la Universidad Jawaharlal Nehru de Nueva Delhi, “el G-20 ha eclipsado completamente a la ONU y la ha vuelto marginal en términos de geopolítica y de relaciones económicas internacionales”.

Pese a que hay algunos escaños destinados a los países pobres, “está bastante claro quién tiene la última palabra”, dijo Ghosh.

Pese a que el G-20 ha reiterado que está logrando triunfos en superar la brecha Norte-Sur, las cifras de países como India y China exponen evidencias en contrario.

Ghosh arremetió contra India en este sentido, insistiendo en que necesita “mirar más allá de los estrechos intereses de sus propias elites y reconocer cuánto (…) tiene en común con la mayor parte del mundo en desarrollo”.

El único punto de convergencia entre críticos y promotores del G-20 parece radicar en la crisis financiera de 2009, cuando se tomaron medidas inmediatas en pro de la estabilidad mundial.

Pero en este punto, de nuevo, las cifras del rescate financiero dicen algo diferente.

Según un informe difundido en 2009 por Oxfam, la suma comprometida para ese rescate fue de 8,4 billones de dólares. Cifras del Banco Mundial durante el mismo periodo mostraron que para sacar de la pobreza a los mil 500 millones de personas que viven con menos de un dólar diario se requerían 173 mil millones de dólares.

Por lo tanto, los recursos que se gastaron en el rescate fueron suficientes para poner fin a la pobreza mundial durante medio siglo.

Tal vez el reflejo más preciso de la posición que ocupa el G-20 en la comunidad internacional son las protestas que tienen lugar dos veces al año en la ciudad donde se lleva a cabo la cumbre.

En ocasión de la última reunión del bloque, realizada en junio en Toronto, decenas de miles de manifestantes salieron a las calles enfurecidos por considerar que se había derrochado mil 200 millones de dólares de fondos fiscales en la organización de la cumbre.

La cumbre de Seúl tendrá lugar en un momento de inmensa agitación económica mundial, y los críticos sostienen que es vital que el G-20 se adapte al nuevo clima financiero.