Manos de diablo

* ¿Qué personajes del grotesque mexicano apoyan las aspiraciones gubernamentales de los tres aspirantes en el Edomex? ¿Qué diablos hace Juanito con Eruviel Ávila? ¿Quién invitó a El Señor de las Ligas al equipo de Encinas? ¿Por qué un amigo de Peña Nieto respalda a Bravo Meno?

 

Elpidio Hernández

La gran reserva de votos que representa -10 millones 545 mil 725 electores- y 148 mil millones de pesos que tiene de presupuesto cada año han convertido al Estado de México en la entidad más deseada del país. Panistas, perredistas y priistas han enfocado todas sus baterías para ganar la elección del 3 de julio, donde no sólo estará en juego la gubernatura mexiquense, sino también el futuro político de Enrique Peña Nieto, el más aventajado en la sucesión presidencial.

Para gobernar al Estado de México los partidos echarán mano de todas sus armas, incluso de lóbregas figuras que hasta ellos mismos preferirían mantener guardadas en el baúl. El priista Eruviel Ávila Villegas contará con el respaldo moral y político de Juanito, personaje caricaturesco que de la mano de Andrés Manuel López Obrador ganara en 2009 la delegación Iztapalapa; el priista también aspira a contar con el apoyo de la maestra Elba Esther Gordillo, presidenta vitalicia del SNTE, considerado el sindicato más grande de América Latina. El perredista Alejandro Encinas tendrá los servicios y la asesoría de René Bejarano, “El Señor de las Ligas”, de tristes recuerdos para su partido, pues en 2004 saltó a la fama por un video en el que se le veía recibir fajos de billetes. El panista Luis Felipe Bravo Mena tendrá como colaborador cercano a Ulises Ramírez, coordinador de la campaña de Rubén Mendoza Ayala en 2005 y que fuera acusado de pactar con el entonces candidato priista Peña Nieto.

Los aspirantes a la gubernatura mexiquense han atendido cabalmente el viejo apotegma político de sumar y multiplicar en lugar de restar y dividir. Ávila Villegas, Bravo Mena y Encinas Rodríguez han seguido al pie de la letra el axioma, aunque sumen a su equipo figuras envueltas por la sombra de la corrupción y que se puedan convertir en el lastre político de sus aspiraciones.

El perredista Alejandro Encinas, quien competirá bajo los colores de la coalición Alejandro nos Une (PRD-PT-Convergencia), tendrá el respaldo del profesor René Bejarano, quien luego de un prolongado ostracismo político regresara a los primeros planos de la escena política nacional cuando su esposa, Dolores Padierna, se instaló en la Secretaría General del Partido de la Revolución Democrática mientras él se incorporaba a la dirigencia nacional.

Aunque su reputación quedó por los suelos, René Bejarano continúa siendo uno de los principales operadores políticos de Andrés Manuel López Obrador; su estructura política se mantiene sólida no sólo en el Distrito Federal sino también en otras entidades del país. El perredista cobró fama en marzo del 2004 cuando fue captado en la oficina del constructor argentino Carlos Ahumada recibiendo fajos de billetes; el escándalo le costó al entonces diputado y coordinador de la bancada perredista en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal su desafuero, un juicio político y un confinamiento de ocho meses; al final fue absuelto de las acusaciones de lavado de dinero. Pero el escándalo le valió el mote de “El Señor de las Ligas”, porque en las imágenes que se difundieron en el programa “El Mañanero” del conductor Víctor Trujillo, el ex asambleísta del Distrito Federal se llevaba hasta las ligas.

El profesor, como también se le conoce, permaneció durante más de ochos años en un aparente retiro político pero, como él mismo aseguró, “no estaba muerto, estaba trabajando” y con el respaldo de López Obrador logró colocar a su esposa en la Secretaría General de su partido para luego incorporarse él a la misma dirigencia.

“He cometido errores, es cierto. Aquí en esta plaza, mirándolos frente, a los ojos, lo reconozco. Apelo al perdón de quienes involuntariamente haya ofendido”, fueron las palabras de Bejarano y con las cuales anunciaba su regreso a la escena política nacional. Al asumir su cargo, Bejarano dio a conocer que trabajará en la elección mexiquense como estratega.

El perredista ya tiene algunos meses operando en suelo mexiquense; en la primera semana de abril el presidente del PRD mexiquense, Luis Sánchez Jiménez, aseguró que René Bejarano le habría ofrecido a Eruviel Ávila y Manuel Cadena la candidatura perredista. “Entiendo que René Bejarano estuvo buscando a los priistas para conseguir o bien ofrecerles la candidatura cuando no tiene ninguna personalidad ni tiene ninguna forma de presentarse ante la sociedad y, por ejemplo, fue público que se entrevistó con Manuel Cadena, que le prometió la candidatura y ahora sé que también buscó y se entrevistó con Eruviel Ávila, según por palabras de la misma Dolores (Padierna), entiendo que habla que René Bejarano hizo todo eso”, aseguró el dirigente.  

Por su parte, el priista Eruviel Ávila contará con el respaldo de Rafael Acosta Naranjo Juanito, pintoresco personaje que en 2009, respaldado en la figura de Andrés Manuel López Obrador, ganara la delegación Iztapalapa. En marzo, roto ya su amasiato con AMLO, Juanito se incorporó a las filas priistas y sin achicarse ofreció aportar doscientos mil votos para la elección de gobernador en el Estado de México -más o menos el diez por ciento de los votos que obtuvo Peña Nieto en 2005-. En los últimos meses a Juanito se le ha podido ver en diferentes eventos priistas; primero apoyando al ex candidato priista de Oaxaca, Eviel Pérez Magaña, en la toma de Humberto Moreira como presidente Nacional de ese partido y durante el registro de Eruviel Ávila como precandidato. El caricaturesco personaje ya también le manifestó su respaldo al gobernador Peña Nieto, a quien quiere ver despachando en Los Pinos.

El precandidato priista también hizo público su deseo de que la maestra Elba Esther Gordillo lo respalde en sus aspiraciones de llegar al Palacio de Lerdo. En el último día de precampaña y ante el gremio magisterial que se congregó en un hotel de Metepec, Ávila Villegas aventuró que necesita el apoyo de la lideresa magisterial. El apoyo magisterial es más que fundamental a la hora de las votaciones, pues en el Estado de México hay poco más de 70 mil maestros afiliados al SNTE, además de otros 80 mil afiliados al Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México (SMSEM).

Las dudas sobre el origen de su fortuna han acompañado a Gordillo Morales, considerada la mujer más poderosa en la política nacional y que perpetuada desde hace dos décadas en la dirigencia del SNTE, ha logrado amasar una enorme influencia. La maestra, quien orquesta tras bambalinas al Partido Nueva Alianza, es propietaria de al menos 61 inmuebles, entre los que se encuentran departamentos en Polanco, Lomas de Chapultepec y casas de descanso en San Diego, California, donde se le documentó un inmueble con un costo de más de un millón 692 mil dólares; usa ropa de diseñadores y se consiente con detalles a los que ni el profesor más capacitado del país puede acceder. La propia maestra se ha encargado de ventilar su riqueza, pero “nunca he robado ni matado” y que su fortuna tiene como sustento una herencia dejada por su abuelo, Rubén Morales Trujillo; explica que nunca ha tocado un solo centavo de los 80 mil millones de pesos que ha recibido de fondos federales y los 13 mil millones de pesos que, según cifras extraoficiales, había recaudado hasta el 2009 por concepto de cuotas sindicales y que ha manejado discrecionalmente desde que tomó posesión de su cargo en abril de 1989.

Conquistar las simpatías de Gordillo no es difícil. Desde hace más de una década la maestra se ha caracterizado por ofertar su capital político al mejor postor. Para la dirigente da lo mismo respaldar a panistas, priistas o perredistas, siempre y cuando le garanticen un coto de poder.

La alianza entre el PRI y el Panal de Gordillo no sería nueva en el Edomex. El 5 de julio de 2009 tuvieron su primer acercamiento cuando participaron juntos en los comicios para elegir alcaldes y diputados. El aporte de los elbistas en aquella elección fue menos que moderado, porque en la jornada para elegir ayuntamientos sumaron 61 mil 381 votos de los dos millones 428 mil 460 que registró la alianza, mientras que en las votaciones para diputados sólo obtuvo once mil 840; a pesar de las raquíticas aportaciones al Panal le alcanzó para convertirse en la cuarta fuerza en el Congreso local, donde obtuvo seis escaños, todos ocupados por figuras que forman parte de la estructura liderada por la profesora, como el caso de la coordinadora Lucila Garfias, ex-secretaria de la sección 36 del SNTE.

Por su parte, el panista Luis Felipe Bravo Mena tendrá en su círculo más cercano de colaboradores a Ulises Ramírez, acusado hace unas semanas por el ex candidato albiazul Rubén Mendoza Ayala de venderse en la elección de 2005. En entrevista con la revista Proceso, El Feo recuerda que en marzo de 2005, al final de un debate radiofónico, Enrique Peña Nieto, entonces candidato del PRI a la gubernatura del Estado de México, se le acercó en los baños y le propuso:

-Vamos a reunirnos en casa de Enrique Jacob Rocha para ponernos de acuerdo, ¿no?

Mendoza Ayala narra que él nunca asistió a esa reunión en el domicilio del viejo operador priista del Estado de México, cercano a Peña, pero “luego me enteré que sí asistió mi coordinador de campaña, Ulises Ramírez”, dijo, y que después de esa reunión “Ulises le ordenó a la estructura del Partido Acción Nacional que se retirara de la contienda del 2005”.

Aunque Mendoza dijo no tener las pruebas para asegurar que Ulises Ramírez se corrompió si aseguró que el senador panista ha obtenido múltiples favores y contratos de Peña. Puso como ejemplo a la esposa del senador mismo, Luz María Angélica Alatorre Carbajal, nombrada con los votos del PRI magistrada del Tribunal de lo Contencioso Administrativo.

Tres historias

* La sociedad de a pie está desprotegida desde hace tiempo. Lo mismo experimenta el ciudadano común cuando hace trámites burocráticos. Las épocas electorales remarcan más los puntos negros del sistema social en el que se vive y que son también aprovechados por quienes aspiran al poder.

 

Miguel Alvarado

Toluca está muy lejos de la tranquilidad que alguna vez la definiera. Una ciudad donde “nunca pasaba nada” es ahora escenario de cualquier tipo de crimen, incluso sede de actividades del narcotráfico. Las autoridades policiacas, rebasadas y desprestigiadas desde hace años, sobreviven apenas y sus actividades visibles se reducen a dirigir el tráfico. Para la ciudadanía, la policía es también responsable de la inseguridad que la ciudad vive. Un policía municipal de esta ciudad, por ejemplo, gana 6 mil 300 pesos al mes en una zona económica donde el salario mínimo no rebasa 60 pesos diarios. Las consideraciones éticas sobre el cumplimiento del trabajo policiaco pasan a segundo plano cuando se revisa la base salarial. Nadie hará lo que no se le paga, mucho menos exponer la vida. Pero si las administraciones no pueden pagar salarios ni capacitación a sus elementos de seguridad, hay otros que sí pueden. El crimen organizado se obliga a pagar cuotas que compensen a policías y mandos para garantizar impunidad. Sucede en todos los municipios y en todas las corporaciones pero tampoco se convierte en seguro de vida. En el 2010 al menos 17 policías estatales fueron asesinados y Neza, Ecatepec y Naucalpan se convirtieron en los principales municipios donde los uniformados son ejecutados y abatidos. Ese número representa casi e 30 por ciento de las bajas que se registran anualmente en la Agencia de Seguridad Estatal. En 2008 se registraron jornadas de asesinatos masivos, como la del 31 de octubre de aquel año, cuando 13 personas fueron ejecutadas y 4 de ellas eran policías, o la del primero de noviembre, cuando 8 uniformados fueron ultimados en un solo día. El diario local Alfa relató también el 5 de octubre del 2010 que en siete días habían muerto 7 oficiales.

En el 2011 las bajas más representativas ocurrieron a mediados de febrero, cuando dos ministeriales fueron asesinados en Ixtapaluca, pero también Alfa cita el número de ejecutados en la entidad, en apenas cinco meses y asegura que el conteo alcanza 160 fallecidos.

La descomposición social alcanza todos los niveles. La última semana de abril, un taxista terminaba su jornada, cercana a las 12 de la noche. Había dejado al último pasajero en una de las calles de la colonia Sánchez y revisaba lo obtenido en las últimas horas. Cerca de él, un grupo de hombres caminaba por la banqueta sin despertar sospechas. Cuando estuvieron a la altura del taxi, uno de ellos intentó meterse a la unidad por la ventanilla del chofer, quien a pesar de la sorpresa pudo defenderse y golpeó al sujeto, aunque no pudo evitar que le robaran el dinero y parte de su aparato de radio. Como pudo, arrancó el auto pero en ese momento su parabrisas estallaba, estrellándose a causa de golpes. El taxista salió ileso pero al llevar a cambiar el cristal, le dijeron que lo habían roto a cabezazos, pues en él se encontraban todavía restos de sangre y cabello. No hubo denuncia y todo quedó en un susto.

En una ciudad donde el 70 por ciento de los elementos policiacos que la cuidan y protegen apenas tienen la secundaria terminada mientras el 7 por ciento apenas ha estudiado la primaria, la impunidad sienta sus reales más fácilmente. Ni siquiera se trata de proteger a la ciudadanía de capos o secuestradores, sino del elemental cuidado de calles, comercios y edificios públicos. La falta de elementos obliga a comerciantes y particulares a la contratación de servicios privados y los Cusaem, Cuerpos de Servicios Auxiliares del Edomex, son uno de ello. Es relativamente sencillo y accesible.

Hace apenas un año, esta Cusaem ofertaba públicamente sus servicios. Hoy, al menos por internet no existe ninguna referencia, luego de recibir duras críticas por su operación y el destino de los dineros recaudados.

Según estimaciones de los legisladores mexiquenses la firma factura cada año poco más de 2 mil millones de pesos por servicios de seguridad contratados, lo que representa una cantidad prácticamente similar a la que el gobierno local destina para la procuración de justicia, que es de dos mil 203 millones pesos anuales.

Pero ni policías auxiliares ni guardias públicos o privados impiden los asaltos. Otro caso en Toluca sucedió en la colonia La Crespa, a las 11 de la mañana. A esa hora, un pequeño comerciante abría su negocio, como todos los días. Batallaba con la cortina metálica cuando sintió en su espalda el acero de una pistola. Un grupo de hombres lo encañonaron y terminaron de abrir por él, a quien encerraron en su propia negociación para robarle su auto. Tampoco hubo denuncia. El hombre ni siquiera pudo ver el rostro de los asaltantes.

En el supuesto de que hubiera contratado a un policía auxiliar de la Cusaem, debía pagar desde 400 pesos diarios por un uniformado con tolete, fornitura y chaleco antibalas para 12 horas de trabajo. El arma de fuego no está incluida pero se puede acceder a ella por 200 pesos más. Los Cusaem tiene diversos planes y promociones, pues van desde el ya relatado hasta uno de 400 dólares diarios que incluye una camioneta Hummer, Nitro o Durango con blindaje nivel cuatro, resistente a impactos de bala de fusiles AK-47.

Pero quienes pueden pagar esos servicios no tienen una tienda de abarrotes.

Según datos del gobierno del Edomex, 2.1 millones de mexiquenses perciben menos de dos salarios mínimos. Municipios como el de Acambay, en el norte del estado, presentan altos grados de migración, como lo demuestran los 400 mil mexiquenses identificados que viven en Estados Unidos. Las remesas que se envían desde allá representan el segundo lugar en ingresos para la entidad, luego del turismo. Así, una familia que tenga en Toluca una paletería difícilmente podrá pagar seguridad de verdad sin lesionar sus entradas económicas.

Lo mismo sucede con actividades ilícitas de gran impacto. El crecimiento del narcomenudeo en la ciudad ha sido gradual y silencioso. Colonias que hace diez años se creían a salvo, ven ahora el surgimiento de narcotiendas que encuentran todas las facilidades. La sociedad de a pie está desprotegida desde hace tiempo. Lo mismo experimenta el ciudadano común cuando hace trámites burocráticos. Las épocas electorales remarcan más los puntos negros del sistema social en el que se vive y que son también aprovechados por quienes aspiran al poder.

A la entrada de la misma colonia de La Crespa, sobre la calle Lombardo Toledano, hay un módulo policiaco de vigilancia. Frente a él, hasta hace seis meses operaba una narcotienda, ni siquiera disimulada, en la entrada de un edificio semiabandonado. Todo el día y a toda hora la compra-venta se realizaba sin ningún problema. Ni patrullas ni policías molestaron jamás a estos comerciantes. Otro caso se ejemplifica en la colonia Sánchez de esta misma ciudad, donde un pequeño centro de distribución se instaló de buenas a primeras, los últimos días del mes marzo. Para distribuir la mercancía, los operadores de aquel lugar contrataron taxis para que les hicieran un recorrido por la ciudad. La voz se corrió y los servicios se hicieron cada vez más difíciles, pues las empresas de transporte no quieren verse involucrados. Uno de los vecinos de aquella colonia decidió denunciar pero al intentar marcar al número 088, especializado en temas de narco y que promete guardar anonimatos, encontró que aquel servicio estaba catalogado como número inhabilitado y sólo se podía usar desde un teléfono celular o doméstico. La denuncia quedó en suspenso pues nadie quiere arriesgarse a represalias mayores.

 

Por qué son tan especiales las casillas especiales

* Quienes construyen las reglas electorales han calculado hasta cuántos votos podrían obtener por esta tramposa vía de las casillas especiales. Bajo un escenario de alta competitividad entre el primero y segundo lugar, con la ley en la mano, pueden instalar 135 casillas considerando tres especiales en cada uno de los 45 distritos y si en el Consejo General se aprueba un total de 750 boletas por casilla, como sucedió en el 2009, potencialmente alcanzarían hasta 101 mil 250 votos, nada despreciables para un proceso electoral con tanta complejidad.

 

Félix Santana Ángeles

Las reglas electorales en el Estado de México son un entramado legal diseñado para favorecer a quien detenta el poder en turno. Es así como el artículo 167 del Código Electoral establece que el Consejo General, a propuesta del Consejo Distrital, determinará la instalación de casillas especiales para la recepción del voto de aquellos electores que se encuentren en tránsito. Adicionalmente, se agrega que se instalará por lo menos una casilla especial sin que puedan ser más de tres por distrito.

Esta disposición se traduce en una conveniente ventaja en votos a favor del partido político, estructura gubernamental o candidato que moviliza o acarrea ciudadanos, como históricamente se ha documentado en los procesos electorales del 2003, 2005 y 2009.

Dentro de las principales irregularidades electorales registradas, se recuerda la de elementos de Seguridad Pública y Tránsito del Estado de México, quienes son acarreados en autobuses para votar en las casillas especiales; la presencia de los uniformados ha sido recurrente en la mayoría de este tipo de casillas, dispuestas para que sufragaran ciudadanos que se hallaran fuera de su distrito electoral. Sin embargo, la “autoridad”, el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) sistemáticamente ha defendido estas conductas ilícitas argumentando que los policías son electores en tránsito “de servicio” y tienen derecho a ejercer su sufragio.

La efectividad de esta estrategia se refleja en los resultados de dichas casillas, pues al contabilizar los datos se ha determinado que, en promedio, el PRI saca una ventaja de seis a uno sobre su más cercano competidor. De la misma forma se ha identificado la asistencia mayoritaria de funcionarios públicos, policías y maestros integrantes del magisterio en esas casillas.

El daño potencial en votos lo define el Consejo General, según la fracción III del artículo 192 del  Código Comicial, el cual indica que el número de boletas para las casillas especiales será de acuerdo a lo aprobado por los integrantes con voto del Consejo General del IEEM.

Con base en este argumento jurídico, para el 2003 se instalaron 52 casillas especiales con 300 boletas y cada una lo que equivalió a 15 mil 600 votos; en el proceso de gobernador 2005, fueron 54 casillas especiales con 150 boletas, alcanzando 8 mil 100 votos pero para la elección de diputados del 2009 se aprobaron 62 casillas especiales con 750 boletas para un total de 46 mil 500 votos. En todos los casos dichas casillas cerraron antes de las 18 horas porque en su totalidad las boletas habían sido utilizadas por “electores en tránsito”.

Es necesario hacer una mención adicional sobre aquellas casillas especiales que se instalan en las zonas militares, como las ubicadas en Temamatla, Naucalpan, Teotihuacán y las recién construidas en Tejupilco y Santa María Rayón, debido a que los resultados no cambiarán con respecto a los procesos electorales anteriores, es decir, 6 y hasta 7 de cada 10 votos serán para el PRI.

Aunque las fuerzas armadas dependen del gobierno federal, los beneficios materiales de las nuevas instalaciones han sido procurados, en buena medida, por el gobierno del Estado de México.

Quienes construyen las reglas electorales han calculado hasta cuántos votos podrían obtener por esta tramposa vía de las casillas especiales. Bajo un escenario de alta competitividad entre el primero y segundo lugar, con la ley en la mano, pueden instalar 135 casillas considerando tres especiales en cada uno de los 45 distritos y si en el Consejo General se aprueba un total de 750 boletas por casilla, como sucedió en el 2009, potencialmente alcanzarían hasta 101 mil 250 votos, nada despreciables para un proceso electoral con tanta complejidad.

Sirvan estos datos para hacer una puntual reflexión sobre la utilización estratégica de estas casillas especiales por parte del gobierno de Peña Nieto a favor de su candidato, pues al contar con los recursos materiales, financieros y humanos no dudarán en presionar a burócratas y policías para garantizar la continuidad del actual gobierno.

  

hoja.viento@gmail.com

 

Los sillones del IEEM

* ¿Qué debe comprar el IEEM cada periodo electoral? ¿Son creíbles los gastos que realiza? ¿Por qué no hay información actualizada disponible para la ciudadanía? ¿Quién autorizó, por ejemplo, la compra de un sillón por 50 mil pesos? ¿Cómo lo justifica? ¿Volverán a comprar otro mueble como aquel en el siguiente proceso?

 

Miguel Alvarado

El Instituto Electoral del Edomex es la instancia encargada de preparar las elecciones en ese estado. Fue creado en 1996 con la oficiosa intención de acudir a un árbitro imparcial en cuestiones comiciales. Esto costaría caro, ya en dinero, en operatividad pero sobre todo en credibilidad. En el 2005, por ejemplo, al IEEM se le adjudicaba una partida por mil 700 millones 747 mil 616 pesos, que llevaban ya 517 millones para financiar a partidos políticos y pagar a medios de comunicación. Seis años después, en el 2011, el mismo Instituto, también por la organización de elecciones, necesitó mil 665 millones 149 mil 873 pesos pero una incorporación de 28 millones ciento dieciocho mil ochocientos noventa y tres pesos por “economías durante el ejercicio fiscal, intereses financieros, aplicación del subsidio ISR y del remanente de la venta de vehículos”, equilibró sus arcas.

Las del 2011 serán las elecciones más parejas desde que el priista Arturo Montiel derrotó al panista José Luis Durán. La diferencia entre ellos fue de 200 mil sufragios y aunque se denunció fraude, nada pudo comprobarse.

Esta ocasión que Alejandro Encinas, Eruviel Ávila o Luis Felipe Bravo Mena lleguen a la gubernatura del Edomex cuesta ya al Estado de México, nada más en salarios 91 millones 376 mil 792 pesos a personal de carácter permanente pero quienes llegan para apoyar durante algunos meses cobrarán 291 millones 896 mil 332 pesos.

Las cantidades manejadas para garantizar procesos democráticos dan pie a extravagantes decisiones. Cada uno de los Consejos Generales en el IEEM ha protagonizado historias de la más elaborada truculencia, como aquella donde la presidenta María Luisa Farrera fingió un atentado que todavía muchos no se explican. O los supuestos fraudes que las empresas proveedoras como Cartonera Plástica practicaron junto a consejeros anteriores.

Las encuestas para el IEEM son de gran importancia pero a las primeras de cambio una de las inscritas, Vemon Comunicaciones, fue despojada de credibilidad por el PRD, que reveló nexos familiares de aquella con el diputado Héctor Velasco Monroy, a su vez hermano del subsecretario de la Tesorería del gobierno estatal, Marco Antonio Velasco. No fueron los perredistas tan escrupulosos cuando se trató de desarrollar un curso de fortalecimiento para vocales, el 18 de enero del 2011, y por la que Del Rey Inn Hotel cobró 300 mil pesos en una adjudicación directa nada más por la renta de instalaciones. El Hotel del Rey, documenta el escritor Jorge Toribio en el libro “El Grupo Atlacomulco: Secretos”, es propiedad de la familia Martínez, emparentada de manera directa con el primer obispo toluqueño Arturo Vélez Martínez, primo del ex gobernador Alfredo del Mazo Vélez, padre y abuelo respectivamente de Alfredo del Mazo González, también ex gobernador del Edomex y de Alfredo del Mazo Maza, alcalde priista de Huixquilucan y ex aspirante a la candidatura tricolor para estas elecciones.

Otros favorecidos con contratos por el IEEM hasta enero, fueron los muy discretos MAGANA, que vendieron chalecos para monitoristas por 107 mil 008 pesos mientras que en diciembre del 2010, Walmart vendió 497 tarjetas de regalo por la cantidad de 347 mil 900 pesos. El portal web en México de Yahoo cobró 160 mil 80 pesos por publicidad electrónica; lo mismo sucedió con Prodigy MSN México, que facturó al IEEM 160 mil pesos aquel último mes y sitio electrónico de El Universal, que cobró 168 mil 896 pesos. Este medio millón de pesos está catalogado como compra de publicidad en medios alternos.

El Programa Anual de Adquisiciones, Arrendamientos y Contratación de Servicios del año 2010 del IEEM trata de informar sobre los gastos realizados en el 2010 por esa instancia. Parco menú, de cualquier manera la decencia le alcanza para informar que tan sólo en refacciones, accesorios y herramientas la erogación fue de un millón 25 mil 173 pesos. Y en combustibles, lubricantes y aditivos, el gasto fue de un millón 699 mil 999 pesos en un año no electoral, considerado como mesurado en todas sus compras. Para el 2011 la información no está disponible pero el 2010 sigue ofreciendo algunas cifras como los cuatro millones 128 mil pesos que el IEEM decidió invertir en lavandería, limpieza, higiene y fumigación o los tres millones 159 mil 2301 pesos para seguros y fianzas.

El año electoral todo lo cambia y a pesar de sí mismos, en el Instituto Electoral los gastos abarcan cada vez más objetos, que por otra parte se compran en cada proceso pero se renuevan aunque no sea necesario. Tal es el caso de 4 mil 75 sujetapapeles por los que compitieron siete empresas, pues el precio unitario era de 39 pesos con 44 centavos, que dieron un total de 160 mil 718 pesos. Lo mismo sucedió con las 4 mil 75 mochilas para capacitadores que también se tuvieron que comprar, a 86 pesos cada una y por las que se pagaron en conjunto 352 mil 161 pesos. Román Romero Hernández fue el beneficiado es esa licitación.

El colmo se presentó en la Invitación Restringida Número IEEM/IR/12/2010, donde se presentaron ocho concursantes. Y es que el monto era bastante atractivo, pues además de un módulo de trabajo, un archivero y un librero, el IEEM quiso comprar un sillón, Uno solo no era demasiado y así es, sólo que la pieza comprada por el Instituto costó 50 mil 320 pesos mientras que por los primeros muebles, uno de cada uno, terminó pagando 777 mil 900 pesos. La justificación no se hizo esperar, y el 18 de enero del 2011 un memorando circulaba con la frase de que la “propuesta que se apega y satisface las especificaciones técnicas requeridas, así como por ofrecer las mejores condiciones y costo más bajo”. Así, Productos Metálicos Steele, uno de los más buscados proveedores de mobiliario para instituciones públicas en el país, se llevó el pequeño concurso.

Otras curiosas adquisiciones están relatadas también en la propia página del IEEM, donde se indica que un lote de 10 mil 496 lápices adhesivos costaron 43 mil 453 pesos o aquella de los 41 mil lápices de grafito triangular y puntilla resistente, por 68 mil 840 pesos y que ganó Papelera Anzures y que palidece junto a los 8 mil 28 pesos que el IEEM debió desembolsar para adquirir 400 calendarios ejecutivos para escritorio  y que Abastecedor Corporativo hizo el favor de proveer.

También las computadoras e internet están pensadas para entrar en el amplio presupuesto electoral, y como las caídas electrónicas siempre se ponen de moda debe haber eficientes programas para impedirlo. Prueba de ello es la compra de un antivirus “para servidor con capacidad de detección URL e identificación de archivos con contenido malicioso” por 116 mil 725 pesos, que vendió Daten Comunicación y Estrategia.

Extraño caso el de la empresa Usability de México, aquella de los espacios de publicidad alternativos, que fue contratada por el jefe de la Unidad de Comunicación Social del IEEM, Juan Carlos Muciño González, a quien una maestría en Río de Janeiro no le alcanzó para diseñar él mismo un plan de promoción online a través de Google. Usability cobró, finalmente, 182 mil 32 pesos.

Guste o no, la democracia cuesta y la ciudadanía debe pagar por ella. El engañoso sueño de vivir en un sistema libre cobra las facturas más inverosímiles. Incluso el mismo gasto lo ha hecho por años como si cada periodo hasta la reserva del papel higiénico desapareciera misteriosamente de las alacenas del IEEM.

Washington embarrancado

* ¿Cómo se han realizado las conquistas territoriales a lo largo de los siglos? ¿Por qué algunos puntos de vista creen que un cambio de administración en EU significa también una nueva visión política? ¿No basta con el ejemplo de Obama? ¿Cómo se orquestó el derrumbe egipcio? ¿Qué buscan los gringos con un área desestabilizada por ellos mismos?

 

Alfred W. McCoy y Brett Reilly/ Tom Dispatch/ Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

 

Introducción del editor de Tom Dispatch

 

Las potencias imperiales se protegen de los riesgos. El ejemplo reciente más impresionante es Egipto. Mientras el Pentágono inyectaba dinero en las fuerzas armadas egipcias (aproximadamente 40 mil millones de dólares desde 1979), gracias a WikiLeaks sabemos que el gobierno entregaba montos mucho más pequeños (millones, no miles de millones) a diversas “organizaciones financiadas por el gobierno de EU.” con ciertas relaciones con el Congreso o con los partidos demócrata y republicano. Parte de ese dinero, a su vez, se invertía en “campañas de construcción de la democracia” orientadas a enseñar a jóvenes activistas egipcios cómo organizar un movimiento contra su gobernante autocrático, cómo hacer mejor uso de las redes sociales.

En otras palabras, en Egipto (y en otros sitios de Medio Oriente) Washington financiaba tanto a los autócratas como a los jóvenes activistas que se les oponían y quienes jugaron un papel crucial en Egipto en el movimiento de la Plaza Tahrir que derrocó al presidente Hosni Mubarak. Como dijo al New York Times uno de los activistas: “aunque apreciamos el entrenamiento que recibimos a través de las ONG patrocinadas por el gobierno de EU, y nos ayudaron en nuestras luchas, somos conscientes de que el mismo gobierno también entrenó al servicio de investigación de seguridad del Estado, responsable del acoso y encarcelamiento de muchos de nosotros”.

Mientras tanto, gracias a otros documentos del Departamento de Estado publicados recientemente por WikiLeaks, sabemos que, por lo menos en un país de Medio Oriente donde Washington no apoyó con entusiasmo al autócrata local –Siria– el Departamento de Estado canalizó cantidades importantes de dinero hacia el “financiamiento secreto de… grupos políticos opositores y proyectos relacionados, incluido un canal de televisión satelital que transmite programación antigubernamental al el país”. Preparaba, en otras palabras, una nueva elite para un futuro “cambio de régimen”.

Es una especie de grotesca ironía que una parte significativa del alto comando militar egipcio haya estado a finales de enero en Virginia del Norte, asistiendo a una reunión anual del Comité de Cooperación Militar Egipto-EU, cuando se armó la grande en la Plaza Tahrir, gracias a esos activistas egipcios, algunos entrenados con dinero de Washington. La creación o apoyo de elites, como escriben Alfred McCoy y Brett Reilly, siempre ha sido crucial en el manejo de los imperios globales. E incluso las elites clientes es uno de los temas a los que pocas veces se dedica mucha atención, a pesar de que Gran Bretaña, por ejemplo, gobernó durante interminables décadas el Raj Indio con eficiencia impresionante, aunque opresora, con una cantidad sorprendentemente pequeña de personal de Inglaterra. ¿De qué otra manera, después de todo, podía seguir existiendo un imperio global? Y sin embargo, a medida que decrece la fuerza y la influencia de la gran potencia, esas apuestas –como la que Washington hizo en Egipto– comienzan a salir mal, desde un punto de vista imperial. Si McCoy, colaborador regular de TomDispatch y autor reciente de Policing America’s Empire, y Reilly tienen razón, el toque de Washington cuando se trata de mantener en línea a elites locales puede ciertamente haberse embarrancado.

 

Washington embarrancado

 

En uno de los accidentes afortunados de la historia, la yuxtaposición de dos eventos extraordinarios ha puesto al desnudo la arquitectura del poder global de EU. En noviembre pasado, WikiLeaks salpicó retazos de cables de embajadas de EU cargados de comentarios abusivos sobre dirigentes nacionales de Argentina a Zimbabue, en las primeras planas de periódicos de todo el mundo. Entonces, solo unas pocas semanas más tarde, Medio Oriente hizo erupción en manifestaciones por la democracia contra los dirigentes autocráticos de la región, muchos de ellos estrechos aliados de EU cuyos puntos vulnerables se habían detallado convenientemente en esos mismos cables diplomáticos.

Repentinamente, se pudieron ver los fundamentos del orden mundial de EE.UU. basados significativamente en dirigentes nacionales que sirven a Washington como leales “elites subordinadas” que son, en realidad, una abigarrada colección de autócratas, aristócratas y matones uniformados. También quedó a la vista la lógica más amplia de decisiones de política exterior estadounidense durante el último medio siglo que de otra manera era inexplicable.

¿Por qué la CIA iba a arriesgarse a controversias en 1956, en el clímax de la Guerra Fría, derrocando a un líder tan aceptado como Sukarno en Indonesia o alentando el asesinato del autócrata católico Ngo Dinh Diem en Saigón en 1963? La respuesta -gracias a WikiLeaks y a la “primavera árabes” queda ahora mucho más clara– es que ambos eran subordinados elegidos por Washington hasta que el uno y el otro se convirtieron en insubordinados y descartables.

¿Por qué, medio siglo después, traicionó Washington sus supuestos principios democráticos respaldando al presidente egipcio Hosni Mubarak contra millones de manifestantes y luego, cuando flaqueó, utilizó su influencia para reemplazarlo, por lo menos inicialmente, por su jefe de inteligencia Omar Suleiman, un sujeto bien conocido por dirigir las cámaras de tortura de El Cairo (y prestárselas a Washington)? De nuevo, la respuesta es: porque ambos fueron subordinados fiables que habían servido durante mucho tiempo los intereses de Washington en ese crucial Estado árabe.

En todo Gran Medio Oriente, desde Túnez y Egipto a Bahréin y Yemen, las protestas democráticas amenazan con barrer a elites subordinadas cruciales para el despliegue del poder estadounidense. Por supuesto todos los imperios modernos se han basado en testaferros fiables para convertir su poder global en control local –y para la mayoría, en cuanto esas elites comenzaban a agitarse, a ser impertinentes y fijar sus propias intenciones, llegó también el momento en el que quedó claro que el colapso imperial era una de las posibilidades.

Si las “revoluciones de terciopelo” que se extendieron por la Europa Oriental de 1989 dieron el toque de despedida al imperio soviético, las “revoluciones de jazmín” que se propagan por Medio Oriente podrían marcar el principio del fin del poder global estadounidense.

 

Los militares a cargo

 

Para comprender la importancia de las elites locales, hay que volver a los primeros días de la Guerra Fría cuando una Casa Blanca desesperada buscaba algo, cualquier cosa, que pudiera detener la propagación aparentemente imparable de lo que Washington veía como un sentimiento antiestadounidense y pro comunista. En diciembre de 1954, el Consejo Nacional de Seguridad (NSC) se reunió en la Casa Blanca para elaborar una estrategia que pudiera amansar a las poderosas fuerzas nacionalistas de cambio que crecían en el globo.

En toda Asia y África, una media docena de imperios europeos que habían garantizado el orden global durante más de un siglo daban paso a 100 nuevas naciones, muchas –desde el punto de vista de Washington– susceptibles de “subversión comunista”. En Latinoamérica había atisbos de oposición izquierdista a la creciente pobreza urbana y a la carencia de tierras en el campo.

Después de un análisis de las “amenazas” que enfrentaban a EU en Latinoamérica, el influyente secretario del Tesoro, George Humphrey, informó a sus colegas del NSC que deberían de “dejar de hablar tanto de democracia” y “apoyar dictaduras derechistas si sus políticas eran pro estadounidenses”. En ese momento, en un destello de visión estratégica, Dwight Eisenhower interrumpió para señalar que lo que Humphrey estaba diciendo, era en realidad: “Está bien si son nuestros hijodeputas”.

Fue una ocasión memorable, porque el presidente de EU acababa de articular con total claridad el sistema de dominación global que Washington implementaría durante los 50 años siguientes, dejando de lado los principios democráticos a favor de una dura realpolitik de respaldo a cualquier dirigente fiable dispuesto a apoyar a EU construyendo así una red mundial de dirigentes nacionales (y a menudo nacionalistas) que pusieran, en un santiamén, las necesidades de Washington por encima de las de sus países.

Durante toda la Guerra Fría, EU favoreció a autócratas militares en Latinoamérica, aristócratas en todo Medio Oriente y una mezcla de demócratas y dictadores en Asia. En 1958 los golpes militares en Tailandia e Iraq concentraron repentinamente la atención en los militares del Tercer Mundo como fuerzas que había que considerar. Entonces el gobierno de Eisenhower decidió llevar a dirigentes militares extranjeros a EU para darles más “capacitación” con el fin de facilitar “‘el manejo’ de las fuerzas de cambio liberadas por el desarrollo” de esas naciones emergentes. Desde entonces, Washington canalizó ayuda militar hacia el cultivo de las fuerzas armadas de aliados y potenciales aliados en todo el mundo, mientras utilizaba “misiones de entrenamiento” para crear vínculos cruciales entre los militares de EU y los cuerpos de oficiales de un país tras otro, -o, donde las elites subordinadas no parecían serlo suficientemente, para ayudar a identificar dirigentes alternativos.

Cuando los presidentes civiles se insubordinaban entraba en acción la CIA promoviendo golpes que llevaron al poder a sucesores militares confiables –reemplazando al primer ministro iraní Mohamad Mossadeq, quien trató de nacionalizar el petróleo de su país, por el general Fazlollah Zahedi (y luego el joven Shah) en 1953; al presidente Sukarno por el general Suharto en Indonesia durante la década siguiente; y, claro está, al presidente Salvador Allende por el general Pinochet en Chile en 1973, por nombrar solo tres de los casos correspondientes.

En los primeros años del Siglo XXI, la confianza de Washington en los militares de sus Estados clientes no dejó de aumentar. EU, por ejemplo, prodigó mil 300 millones de dólares de ayuda al año a los militares de Egipto, pero invirtió solo 250 millones de dólares al año en el desarrollo económico del país. Como resultado, cuando los manifestaciones estremecieron al régimen en El Cairo en enero pasado, como informó el New York Times, dio su resultado la inversión de treinta años cuando los generales estadounidenses… y agentes de inteligencia llamaron sin bombo ni platillos… a los amigos con los que se habían entrenado”, incitando exitosamente a que el ejército apoyara una “transición pacífica” hacia, claro está, un régimen militar.

En otros sitios de Medio Oriente, Washington ha seguido, desde los años cincuenta, la preferencia imperial británica por aristócratas árabes privilegiando a aliados que incluyeron al shah (Irán), sultanes ( Abu Dabi, Omán), emires (Bahréin, Kuwait, Qatar, Dubai), y reyes (Arabia Saudí, Jordania, Marruecos). Por toda esa vasta y volátil región desde Marruecos a Irán, Washington cortejó a esos regímenes monárquicos con alianzas militares, sistemas de armas estadounidenses, apoyo de la CIA a la seguridad local, un refugio seguro estadounidense para su capital y favores especiales para sus elites, incluido el acceso a instituciones educativas en EU o escuelas en el exterior del Departamento de Defensa para sus hijos.

En 2005, la secretaria de Estado Condoleezza Rice resumió este historial como sigue: “Durante 60 años, EU buscó la estabilidad a costa de la democracia… en Medio Oriente, y no logramos ni lo uno ni lo otro.”

 

Cómo solía funcionar

 

EU no es de ninguna manera el primer poder hegemónico que basó su poder global en la telaraña de vínculos personales con dirigentes locales. En los Siglos XVIII y XIX, Gran Bretaña pudo imperar sobre las olas (como EU después dominó los cielos), pero cuando llegó a tierra necesitó aliados locales, como por ejemplo imperios del pasado, que pudieran servir de intermediarios en el control de sociedades complejas y volátiles. De otra manera, ¿cómo podría una pequeña nación insular de solo 40 millones con un ejército de solo 99 mil hombres gobernar un imperio global de unos 400 millones, casi un cuarto de toda la humanidad?

Desde 1850 a 1950, Gran Bretaña controló sus colonias mediante una serie extraordinaria de aliados locales –desde los jefes de las islas Fiji a los sultanes malayos, maharajás indios y emires africanos. Simultáneamente, mediante elites subordinadas, Gran Bretaña reinó sobre un “imperio informal” que incluía emperadores (de Pekín a Estambul), reyes (de Bangkok a El Cairo) y presidentes (de Buenos Aires a Caracas). En su clímax en 1880, el imperio informal de Gran Bretaña en Latinoamérica, Medio Oriente y China era mayor en población que sus posesiones coloniales formales en India y África. Todo su imperio global, que cubría casi la mitad de la humanidad, se basó en esos finos vínculos de cooperación con elites locales leales.

Después de cuatro siglos de incesante expansión imperial, sin embargo, los cinco principales imperios europeos en ultramar fueron repentinamente borrados del globo en un cuarto de siglo de descolonización. Entre 1947 y 1974 los imperios belga, británico, holandés, francés y portugués desaparecieron rápidamente de Asia y África, cediendo el paso a cien nuevas naciones, más de la mitad de los actuales Estados soberanos. Al buscar una explicación de este repentino y arrollador cambio, la mayoría de los eruditos están de acuerdo con el historiador imperial británico Ronald Robinson, quien genialmente argumentó que “cuando a los gobernantes coloniales se les acabaron los colaboracionistas indígenas”, su poder comenzó a palidecer.

Durante la Guerra Fría, que coincidió con esta era de rápida descolonización, las dos superpotencias del mundo volvieron a los mismos métodos utilizando regularmente sus agencias de espionaje para manipular a los dirigentes de los Estados recientemente independizados. El KGB de la Unión Soviética y sus sustitutos como el Stasi de Alemania Oriental y Securitate en Rumania impusieron la conformidad política en los 14 Estados satélites soviéticos en Europa Oriental y desafiaron a EE.UU. en la busca de aliados leales en el Tercer Mundo. Simultáneamente, la CIA controló las lealtades de presidentes, autócratas y dictadores en cuatro continentes, utilizando golpes, sobornos y penetración clandestina para controlar y, cuando fue necesario, eliminar a dirigentes fastidiosos.

En una era de sentimiento nacionalista, sin embargo, la lealtad de las elites locales resultó ser un asunto complejo. Muchas eran impulsadas por lealtades conflictivas y a menudo profundos sentimientos de nacionalismo, lo que significaba que había que controlarlas muy de cerca. Tan críticas eran esas elites subordinadas, y tan problemáticas eran sus repetidas insubordinaciones, que la CIA lanzó repetidamente arriesgadas operaciones clandestinas para controlarlas, provocando algunas de las grandes crisis de la Guerra Fría.

Ante el aumento de su sistema de control global en una era de independencia posterior a la Segunda Guerra Mundial, Washington no pudo seguir trabajando simplemente con testaferros o marionetas, sino con aliados que –aunque desde posiciones más débiles– todavía trataban de maximizar lo que consideraban los intereses de sus naciones (así como los suyos propios). Incluso en la cima del poder global estadounidense en los años cincuenta, cuando su dominación era casi indiscutible, Washington se vio obligado a duras negociaciones con Raymond Magsaysay en las Filipinas, el autócrata sudcoreano Syngman Rhee y Ngo Dinh Diem de Vietnam del Sur.

En Corea del Sur durante los años sesenta, por ejemplo, el general Park Chung Hee, entonces presidente, negoció despliegues de tropas a Vietnam por miles de millones de dólares de EU para el desarrollo, que ayudaron a activar el “milagro” económico del país. Al hacerlo, Washington pagó la cuenta, pero consiguió lo que más quería: 50 mil de esos duros soldados coreanos como ayudantes pagados para su impopular guerra de Vietnam.

 

El mundo después de la Guerra Fría

 

Después de que cayó el Muro de Berlín en 1989, al terminar la Guerra Fría Moscú perdió rápidamente sus Estados satélites de Estonia a Azerbaiyán, cuando los sustitutos soviéticos, otrora leales, fueron derrocados o abandonaron el barco a la deriva del imperio. Para Washington, el “vencedor” y pronto la “única superpotencia” del planeta Tierra, el mismo proceso comenzaría pronto, pero a un ritmo mucho más lento.

Durante las dos décadas siguientes, la globalización promovió un sistema multipolar de potencias ascendientes en Pekín, Nueva Delhi, Moscú, Ankara y Brasilia, incluso mientras un sistema desnacionalizado de poder corporativo reducía la dependencia de las economías en desarrollo de algún Estado en especial, por imperial que fuera. Con la decadencia de su capacidad de controlar a las elites, Washington ha enfrentado la competencia ideológica del fundamentalismo islámico, de los regímenes reguladores europeos, del capitalismo de Estado chino y de la creciente marea de nacionalismo económico en Latinoamérica.

A medida que el poder y la influencia de EU disminuían, los intentos de Washington de controlar a sus elites comenzaron a fallar, a menudo de manera espectacular –incluyendo sus esfuerzos por derrocar a su pesadilla, Hugo Chávez de Venezuela, en un golpe chapucero en 2002, de separar a su aliado Mijeil Saakashvili de Georgia de la órbita rusa en 2008, y de deponer a su némesis Mahmud Ahmadineyad en las elecciones iraníes de 2009. Donde otrora bastaba un golpe de la CIA o dinero clandestino para derrotar a un antagonista, el gobierno de Bush necesitó una invasión masiva para derrocar a un solo dictador engorroso, Sadam Hussein. Incluso entonces vio que sus planes para cambios subsiguientes de régimen en Siria e Irán se bloquearon cuando esos Estados ayudaron, en su lugar, a una devastadora insurgencia contra las fuerzas de EU dentro de Iraq.

De la misma manera, a pesar de inyecciones de miles de millones de dólares de ayuda extranjera, a Washington le ha resultado casi imposible controlar al presidente afgano que instaló en el poder, Hamid Karzai, quien resumió memorablemente ante los enviados estadounidenses su díscola relación con Washington como sigue: “Si buscáis un títere, y lo llamáis socio, no. Si buscáis un socio, sí.”

Entonces, a finales de 2010, WikiLeaks comenzó a distribuir esos miles de cables diplomáticos estadounidenses que ofrecen visiones no censuradas del control debilitado de Washington sobre el sistema de poder por medio de sustitutos que construyó durante 50 años. Al leer esos documentos, el periodista israelí Aluf Benn de Haaretz pudo ver “la caída del imperio estadounidense, la decadencia de una superpotencia que gobernó el mundo a fuerza de su supremacía militar y económica”. “Los embajadores estadounidenses”, agregó “…ya no son recibidos en las capitales del mundo como ‘altos comisionados’… [son] burócratas cansados [quienes] pasan sus días escuchando aburridos las conversaciones de sus anfitriones, sin recordarles quién es la superpotencia y quién es el Estado cliente”.

Por cierto, lo que muestran los documentos de WikiLeaks es un Departamento de Estado con dificultades para manejar por todos los medios posibles un sistema global desafiante de elites cada vez más insubordinadas –a través de intrigas para reunir información e inteligencia necesaria, actos amistosos con el propósito de comprar conformidad, amenazas para forzar a cooperar y miles de millones de dólares de ayuda malgastados para comprar influencia. A principios de 2009, por ejemplo, el Departamento de Estado instruyó a sus embajadas de todo el mundo para que jugaran a ser policía imperial recolectando datos exhaustivos sobre dirigentes locales, incluyendo “direcciones de correo electrónico, números de teléfono y fax, huellas digitales, imágenes faciales, ADN, y escaneado de ojos”. Mostrando su necesidad, como cualquier gobernador colonial, de información incriminatoria sobre la gente del lugar, el Departamento de Estado también presionó a su embajada en Bahréin por medio de sórdidos detalles, dañinos en una sociedad islámica, sobre los príncipes herederos del reino, y preguntó: “¿Hay alguna información derogatoria sobre alguno de los príncipes? ¿Bebe alcohol alguno de los príncipes? ¿Consumen drogas algunos de ellos?”

Con la arrogancia de enviados de los últimos días del imperio, los diplomáticos estadounidenses parecieron buscar poder para dominar, desdeñando “la postura neo-otomana de los turcos en Medio Oriente y los Balcanes”, o conociendo las debilidades de sus elites subordinadas, por ejemplo la “voluptuosa rubia” enfermera del coronel Muamar Gadafi, el morboso miedo a los golpes militares del presidente paquistaní Asif Ali Zardari o los 52 millones de dólares de fondos robados del vicepresidente afgano Ahmad Zia Masud.

A medida que su influencia disminuye, sin embargo, Washington descubre que muchos de sus aliados locales elegidos son cada vez más insubordinados o irrelevantes, en especial en el estratégico Medio Oriente. A mediados de 2009, por ejemplo, el embajador de EU en Túnez informó de que “el presidente Ben Ali… y su régimen han perdido contacto con el pueblo tunecino”, y se basa “en la policía para mantener el control”, mientras “aumenta la corrupción en su círculo íntimo” y “aumentan los riesgos para la estabilidad del régimen a largo plazo”. A pesar de ello, el enviado estadounidense solo pudo recomendar que Washington “reduzca la crítica pública” y en su lugar se base sólo en “la franqueza privada a alto nivel” –una política que no produjo ninguna reforma antes de que las manifestaciones derrocaran al régimen solo 18 meses después.

De la misma manera, a finales de 2008, el embajador estadounidense en El Cairo temía que “la democracia egipcia y los esfuerzos por los derechos humanos… están siendo sofocados”. Sin embargo, como admitió la embajada, “no quisiéramos ver la posibilidad de que haya complicaciones para los intereses regionales de EU si el lazo entre EU y Egipto se debilitara seriamente”. Cuando Mubarak visitó Washington unos meses después, la embajada instó a la Casa Blanca “a restaurar el ambiente cálido que ha caracterizado tradicionalmente la cooperación entre EU y Egipto”. Y así, en junio de 2009, solo 18 meses antes de la caída del presidente egipcio, el presidente Obama saludó a ese dictador útil como “un aliado incondicional… una fuerza de la estabilidad y el bien en la región”.

Mientras se desarrollaba la crisis en la Plaza Tahrir en El Cairo, el respetado líder opositor Mohamed El-Baradei se quejó amargamente de que Washington estaba empujando a “todo el mundo árabe hacia la radicalización con su política inepta de apoyo a la presión”. Después de 40 años de dominación estadounidense, el Medio Oriente era, dijo, “una colección de Estados fallidos que no agregan nada a la humanidad o a la ciencia” porque “no se ha enseñado a la gente a pensar o actuar y se le dio deliberadamente una educación inferior”.

A falta de una guerra global capaz de barrer simplemente un imperio, la decadencia de una gran potencia frecuentemente es un asunto espasmódico, doloroso, prolongado. Aparte del deterioro de las dos guerras estadounidenses en Iraq y Afganistán hacia algo que no está tan lejos de una derrota, la capital de la nación se retuerce ahora en la crisis fiscal, la moneda de la nación pierde su solvencia y los antiguos aliados forjan lazos económicos e incluso militares con el rival chino. A todo esto tenemos que agregar ahora la posible pérdida de testaferros leales en todo Medio Oriente.

Durante más de 50 años, a Washington le ha ido bien con un sistema de poder global basado en elites subordinadas. Ese sistema facilitó otrora la extensión de la influencia estadounidense a todo el mundo con una eficiencia sorprendente y (hablando relativamente) economías de fuerza. Ahora, sin embargo, esos leales aliados se parecen cada vez más a un imperio de Estados fallidos o insubordinados. Que no quepa duda: es probable que la degradación o el fin de medio siglo de semejantes lazos haga embarrancar a Washington.

 

* Alfred W. McCoy es profesor de historia en la Universidad de Wisconsin-Madison, colaborador regular de TomDispatch y autor de Policing America’s Empire: The United States, the Philippines, and the Rise of the Surveillance State. También convocó al proyecto “Imperios en transición”, un grupo de trabajo global de 140 historiadores de universidades en cuatro continentes. Los resultados de sus primeras reuniones fueron publicados como Colonial Crucible: Empire in the Making of the Modern American State, y los resultados de su última conferencia, en Barcelona, en junio pasado, aparecerán el próximo año como Endless Empires: Spain’s Retreat, Europe’s Eclipse, and America’s Decline.

 

* Brett Reilly es estudiante de posgrado de historia en la Universidad Wisconsin-Madison, donde estudia política exterior de EU en Asia.

 

Copyright 2011 Alfred W. McCoy and Brett Reilly

 

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175383/

 

El Barco Ebrio

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El narcotráfico tiene la capacidad de absorberlo todo. Nada escapa a su influencia en México y sin que uno se dé cuenta, se instala cómodo en el salón de la casa, el lugar de trabajo, el café preferido. Lo mismo hace con centros de diversión y hasta pequeños negocios. Es la realidad, pero no es nueva y a casi nadie sorprende. Toluca no se salva de ella.

 

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En esta capital quien se atreve a denunciar actividades relacionadas con el narco es rastreado y seguido, a pesar de que la Procuraduría General de la República hace creer que el anonimato del denunciante será respetado. Históricamente, el chivato es el personaje más repudiado en la sociedad. Un soplón no encuentra nunca la compresión de su sociedad, aunque obre con buenas intenciones.

 

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En la PGR lo saben y desean continuar con los ancestrales usos y costumbres. Si Huitzilopochtli y Tezcatlipoca exigían sacrificios humanos, ¿por qué ellos no? Por lo pronto, para los simples mortales de a pie, los de la PGR instalaron un servicio telefónico de denuncia, el 088.

 

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Antes, hace un año tal vez, este servicio telefónico recogía al menos las quejas ciudadanas, aunque aparentemente no servía de nada. Hoy decidieron dejar de andar por las ramas y declararon al 088 “número prohibido”. Nomás hay que marcarle para enterase por una grabación. Sin embargo, si alguien quiere, debe o puede denunciar actividades ilícitas deberá hacerlo desde la comodidad de su casa, en el teléfono que la familia usa de manera cotidiana. El terror es absoluto y nadie lo hará desde la línea doméstica, donde, por otro lado, tiene liberado el servicio. Todos creemos que nos rastrearán y habrá consecuencias. Hasta esta columna lo considera así.

 

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No hay manera, pues, de proteger el anonimato. Nadie se atreve a dar la cara o al menos la voz pues el imaginario popular arma el patíbulo correspondiente a quien rompe las reglas de la discreción. La calle es otra cosa. Todo mundo sabe en esta ciudad dónde están los centros de distribución y hasta los laboratorios donde perfeccionan la droga.

 

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Pero nadie sabe qué hacer. Incluso taxistas de todas las compañías que operan en la capital extreman precauciones pues ellos sin saberlo son contratados para llevar a repartidores por la ciudad para distribuir droga. Por más que se niegan, son obligados a entrarle so pena de castigo. La policía para ellos no es una opción. La PGR tampoco. Mientras tanto, Eruviel Ávila, Encinas y el señor Bravo preparan las campañas donde se mostrarán del todo honestos y hasta simpáticos hacia el electorado. Nadie les preguntará sobre el narcotráfico, que florece en sus narices pero si lo hacen tal vez lo más que dirán es que “compete a la Federación”.

 

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Es increíble el contraste social en el Estado de México. Huixquilucan es el mejor de los ejemplos pero también Valle de Bravo, donde hace un año los Zetas anunciaron su llegada y el control de aquella plaza, como si fuera botín de guerra. Lo hicieron saber a la comunidad como mejor saben y les funciona. Mantas por todos lados que la presidencia de aquel lugar ordenó quitar de inmediato, aunque los policías se negaron a hacerlo por temor a un ataque. Luego vinieron ciertas negociaciones y ni modo, a entrarle. Por un lado las calles tranquilas de aquella cabecera reciben a los turistas de fin de semana. Por otro, Avándaro y el resto de los fraccionamientos, vigilados por discretos comandos en camionetas muy silenciosas que no entran pero checan las entradas.

 

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Algunos de los afectados en aquel municipio por el fenómeno son los dueños de ranchos y casas de campo, a quienes los narcos extorsionan a cambio de protección, No todos soportan aquello y han preferido dejar de ir a aquel lugar, pero otros son más inteligentes y se adaptan a las situaciones que se les presentan, como uno de los hermanos de Santiago Creel, conocido vecino de los monjes budistas precisamente en Avándaro y quien aprovecha los servicios de los “protectores” de aquellos rumbos para talar enormes extensiones de bosques con toda impunidad. Si alguien creyó que los narcos podrían llegar a convertirse en la balanza del poder, están equivocados. Son los mismos pero violentos, descarados.

 

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Esta columna agradece de nuevo al blog http://losgastospendejosdelprian.blogspot.com/ por los interesantes documentos que sube a su espacio y que aquí se harán públicos poco a poco. Esa semana tocó el turno al Instituto Nacional de Bellas Artes, dependencia encargada de salvaguardar y promover la cultura oficiosa del país. Loable actividad que a muchos deslumbra pero que al burocratizarse adquiere también los vicios de las administraciones que la conducen. Así, por ejemplo, ha reportado un gasto por 20 millones 35 mil 122 pesos en el contrato SSGYOP-OP-019-10, del 14 de junio del 2010, donde se estipula que aquella cantidad sería utilizada en poner pisos de duela para palcos, lunetas, anfiteatro y galerías de la sala principal de Bellas Artes. Tal vez a alguien le dolieron los callos pero con la remodelación acallaba conciencias.

 

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Es un lujo, pero los de Bellas Artes creen que lo valen. Así, estrenaron butacas de 11 millones de pesos y hasta una chamarra de mil 395 pesotes para un actor de la obra Muerte Parcial, que nadie recuerda a estas alturas. Lo mejor vino después, cuando un funcionario leyó en La Jornada una crítica donde se apuntaba que el INBA era manejado con miopía. Ni tardo no perezoso, llamó a Devlyn y les encargó los respectivos lentes para todos por un valor de 2 millones 833 mil 335 pesos con 60 centavos, según el contrato P-029 el 30 de abril del 2010. Que nadie reclame. Los anteojos son harto indispensables y también proporcionan ese aire intelectual que tanto gusta en las presentaciones de libros y exposiciones. Y sin son Devlyn, mucho mejor.

¿El México-gate de Obama?

* ¿Qué pasó con la operación Rápido y Furioso? ¿Cómo perdieron los norteamericanos la pista de armamento controlado al entrar a México? ¿Arman en EU a los cárteles mexicanos? ¿Quién es el verdadero capo de las drogas? ¿Es Obama el hombre más poderoso del mundo? ¿Al menos es el mejor vestido? ¿Es verdadera la guerra contra el narco en nuestro país?

 

Laura Carlsen/ Foreign Policy in Focus/ Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Una operación secreta para contrabandear armas a través de la frontera para los cárteles de la droga mexicanos –supervisada por agentes gubernamentales de EU– amenaza con convertirse en un gran escándalo para el gobierno de Obama.

La operación, denominada “Rápido y furioso”, se dirigió desde la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), en Phoenix, Arizona. ATF aprobó la compra de armas en armerías estadounidenses y rastreó la ruta de contrabando hasta la frontera mexicana. Según las informaciones, más de 2 mil 500 armas de fuego se vendieron a testaferros quienes luego entregaron las armas a contrabandistas bajo la nariz de la ATF.

Una vez cruzada la frontera, la oficina parece haber perdido el rastro de las armas. Cientos de AK-47 y de rifles Barrett de calibre 50 –favoritos de los cárteles de la droga en guerra– llegaron fácilmente a manos de algunas de las organizaciones criminales más implacables de México.

 

Gunwalking

 

En la jerga del tráfico de armas, cuando se habla de permitir a sabiendas que contrabandistas hagan su trabajo, hablan de “gunwalking” (que se podría traducir como ‘pasear armas’ N. del. T.) Según denunciantes de la ATF, la oficina se quedó mirando sin hacer nada mientras los compradores adquirían hasta 20 armas de una vez y las entregaban rápidamente a contrabandistas en aparcamientos cercanos. Esperaban seguir el rastro hasta México y echar mano a un importante cártel.

En diciembre de 2010, armas “paseadas” se identificaron como las que se habían utilizado cuando los cárteles de la droga asesinaron al agente de la Patrulla de Frontera, Brian Terry. Un angustiado agente de la ATF tomó la decisión de denunciar la operación de gunwalking después de que la oficina ignoró meses de quejas.

El agente John Dodson denunció la operación “Rápido y Furioso” en una entrevista con CBS News el 3 de marzo. A Dodson le preocupaba la operación desde mucho antes del asesinato de Terry. Cuando una gran cantidad de armas cruzó libremente la frontera a principios de 2010, notó con alarma, junto a otros agentes de la ATF, el aumento del crimen violento al sur de la frontera. Dice que informó a sus supervisores: “mientras más armas compran nuestros sujetos, más violencia tiene lugar allí”.

Dodson informa de que su supervisor respondió: “si vas a hacer una tortilla, tienes que romper algunos huevos”.

Incluso algunos de los dueños de las armerías se sintieron incómodos por la cantidad de armas que estaban vendiendo a clientes sospechosos, pero según se informa, les dijeron que continuaran la operación.

Poco después de la entrevista de Dodson, el director de la oficina de ATF en México, Darren Gil, dijo que CBS había comenzado a recibir informes inquietantes sobre una cantidad desacostumbradamente elevada de armas del área de Phoenix que aparecían en la violencia de los cárteles mexicanos. Cuando comenzó a hacer preguntas, Gil descubrió que a su equipo le habían bloqueado el acceso a ordenadores con información sobre “Rápido y Furioso”.

Gil interrogó a funcionarios en la central en EU, quienes le dijeron que tenían órdenes directas del Departamento de Justicia y que no dijera nada al gobierno mexicano sobre el programa.

Gil renunció indignado en diciembre de 2010 después de ver “una incautación tras la otra, y otra más” de armas “paseadas” en escenas de crímenes violentos en México.

 

El Congreso interviene

 

A principios de 2011, el senador Charles Grassley (republicano de Iowa) solicitó una información de la ATF. La oficina se la negó. El Congreso tiene que emitir ahora una orden de comparecer que ordene a la ATG que informe sobre el programa “Rápido y Furioso”.

Mientras tanto, funcionarios del gobierno de EU tratan de negar que hayan estado involucrados, sin confirmar realmente que la operación tuvo lugar. La secretaria de Seguridad interior, Janet Napolitano, no desmintió las afirmaciones con respecto al programa pero afirmó que ella supo de la operación sólo después del asesinato del agente Turner y que no tenía ninguna información sobre la participación de agentes de Aduana.

En una situación incómoda, el fiscal federal (ministro de Justicia) Eric Holder asignó a un inspector general para que investigara. El presidente Obama defendió dos veces a Holder –en Univision y CNN– declarando que ni él ni Holder sabían de la operación.

La investigación llevará a una de dos conclusiones, ninguna de ellas positiva para el fiscal general. La primera es que Holder autorizó una operación que probablemente violó las leyes estadounidenses, mexicanas e internacionales y armó a peligrosos narcotraficantes.

La segunda es que el jefe del Departamento de Justicia dirige a personal delincuente que decidió no informar a su jefe sobre una operación que plantea importantes infracciones legales, éticas y diplomáticas.

Holder emitió recientemente un memorando a fiscales de la frontera sudoeste ordenándoles que no permitan el tráfico de armas a cárteles mexicanos. El memorando declara: “no debemos planear o realizar operaciones clandestinas que incluyan el cruce de armas por la frontera”. Lógicamente, un memorando que instruya a fiscales de la justicia para que no se involucren en gunwalking ilegal sería innecesario si no hubiera un precedente de una actividad contraria.

Algunos funcionarios de la ATF han justificado el programa afirmando que la operación podría llevar al procesamiento de individuos que se encuentran más arriba en la cadena de contrabando. La ATF publicó un comunicado de prensa el día de la entrevista de Dodson anunciando una decisión de “estudiar las actuales estrategias de la oficina en el tráfico de armas de fuego…”

 

Reacción mexicana

 

El presidente mexicano Felipe Calderón y su gabinete se han mostrado notablemente confiados con respecto a la posibilidad de que se hayan traficado armas al archienemigo con el apoyo de un gobierno extranjero. El portavoz de Seguridad Nacional, Alejandro Poire, se negó a aceptar que la operación haya existido y reservó su comentario hasta después de que se publiquen los resultados de la investigación estadounidense.

Calderón no parece dispuesto a arriesgarse a poner en peligro el apoyo político y financiero del gobierno de EU para su guerra contra la droga quejándose demasiado fuerte. Su estrategia contra los narcóticos ha sido fuertemente criticada en su país en los últimos meses debido a un gran aumento de la violencia y la corrupción.

Los miembros de la oposición en el Congreso mexicano, los medios y el público, han ordenado una investigación y han calificado la operación de violación del derecho internacional e incluso de acto de guerra. La indignación aumentó cuando William Brownfield, jefe Internacional de Narcóticos del Departamento de Estado, elogió el programa ante la prensa mexicana y confirmó que “continúa”. El ex embajador en Colombia y antiguo propugnador de la guerra contra la droga, se burló de las críticas y señaló que la cantidad de armas que se entregaron a “destinos no controlados” es “limitada”.

Pero para muchos legisladores y ciudadanos estadounidenses y mexicanos, el que se permita aunque sólo sea un arma en manos de los brutales cárteles es demasiado. El programa de gunwalking ha aumentado el escepticismo público hacia la “responsabilidad compartida” que Obama y Calderón han tratado de promover en numerosas declaraciones públicas, y ha alimentado las crecientes protestas populares en México que rechazan el modelo de la violenta guerra contra la droga para enfrentar el narcotráfico y el consumo ilícito.

 

¿Gran escándalo?

 

Con respuestas evasivas de las agencias gubernamentales, importantes implicaciones internacionales y persistentes preguntas sobre “quién sabía qué, y cuándo”, la operación “Rápido y Furioso” podría convertirse en un importante escándalo para el gobierno de Obama. Dependerá de la reacción del gobierno.

El gobierno de Obama enfrenta una difícil alternativa: u orquesta un encubrimiento, como parece estar haciendo la ATF, o abre el caso y acepta las consecuencias.

El caso de gunwalking pone a prueba la integridad del gobierno de Obama. Debilita aún más el apoyo a una estrategia fallida de la guerra contra la droga. El gobierno busca actualmente más millones de dólares para ayuda a la seguridad de México bajo la Iniciativa Mérida.

El mejor camino es investigar exhaustivamente la operación y castigar a los responsables, no importa a qué altura llegue la culpa. Es también hora de terminar con el apoyo a una guerra contra la droga que se hace más fuerte y violenta cada día que pasa.

 

* La columnista de Foreign Policy In Focus, Laura Carlsen, es directora del Americas Program para el Center for International Policy en Ciudad de México.

 

Fuente: http://www.fpif.org/articles/obamas_mexicogate