Al estilo del Apolo

* Es un cine casi clandestino en Toluca, pero es el único que proyecta películas pornográficas. Ubicado a un costado de la central camionera, el Apolo desafía tímido al conservadurismo de esta capital aunque se da tiempo para mandar una advertencia a quien quiera meterse con él: “si tú hablas mal de mí, yo voy a hablar mal de ti. Si tú me pegas, yo te pego”, advierte el administrador de la sala.

 

Javier Millán

La única sala en Toluca que proyecta películas pornográficas es el Cinema Apolo, ubicado en la intersección de las calles Pico de Orizaba e Iztaccíhuatl, justo atrás de la Terminal camionera, a una cuadra de Paseo Tollocan.

El local despierta el interés de los transeúntes que avanzan por Isidro Fabela, pues reciben un volante que promociona las proyecciones, a la orden desde las 10 de la mañana aunque también encuentran lugar los que se levantan tarde, pues la última función es a las 8 de la noche.

Una tienda de bicicletas, un local de chicharrones y papas, una taquería y varios negocios de películas pirata rodean al Apolo, pero poco pueden por volverlo discreto. La arquitectura del lugar sobresale y es que al pensar en un cine es común imaginar un espacio amplio, varios mostradores de dulces y palomitas, taquillas y al fondo todas las salas, pero estas condiciones no se cumplen con éste.

Dos cortinas metálicas dividen la entrada que, al abrirse, muestran la taquilla y un muro tapizado con imágenes de mujeres en bikini, de aspecto exótico. Un barandal señala la posibilidad de formar ahí una fila pues al extremo está la entrada hacia dos salas con 150 butacas cada una, divididas por un corredor de 15 metros aproximadamente, húmedas de limpias aún a tan temprana hora. Al fondo están el baño y un sillón que desconcierta, pues parece no tener función específica.

El cine, sin embargo, es generoso con los asistentes pues la administración permite una estadía de hasta tres horas a quien haya pagado el boleto, cotizado en 30 devaluados pesos. Las dos salas proyectan sin parar y se puede ir de una a otra para elegir la aventura que más convenza. No tienen puerta pero una cortina oscura protege de las miradas curiosas y la desagradable luz. Adentro la luz es territorio inexplorado y aunque del techo penden dos lámparas, se encienden sólo cuando hay que limpiar el inmueble.

Daban las 3 de la tarde de un día caluroso de abril del 2011. El Apolo tenía la actividad de costumbre. Varios cinéfilos entraban y salían cada 10 minutos, aproximadamente, algunos con cara de desconcierto y mirando el suelo. Otros, con curiosos círculos rojos en su rostro. Todos eran hombres y lo mismo vestían trajes y corbatas que mezclilla y camisetas.

Las actrices, como siempre, son rubias exuberantes que hacen recordar a la legendaria Jenna Jameson, una norteamericana muy popular con más de 200 filmes a cuestas; los actores son tipos musculosos, diferentes a los que se exhiben en la única productora porno aunque homosexual en México, Mecos Films: hombres delgados y peludos que no tienen otra intención que exhibirse en internet a fin de hacerse publicidad y poder conseguir alguna ganancia.

Pero si el fenómeno de la pornografía es parte de la vida cotidiana para algunos y pasa hasta desapercibido en las grandes urbes, en Toluca las opiniones acerca de ella son encontradas y a veces viscerales. Par el sacerdote católico Pedro Cruz Saucedo, de la parroquia de El Sagrario, de esta ciudad, este tipo de lugares deben ser clausurados pues detonan apetitos animales que obligan al espectador a descontrolar sus pasiones sexuales y considera innecesaria la asistencia a esta clase de exhibiciones debido a que la práctica sexual es tan natural que es inútil auxiliarse o recurrir a estos productos visuales.

Para el pastor cristiano Daniel Espinoza, la pornografía es una “adicción social” en la cual los individuos originan un daño psicológico contra ellos mismos. “Canalizar los deseos a través de la pornografía, los encuentra con sus más íntimos placeres, que tienen que ser satisfechos de alguna manera […] la mayoría de los violadores tienen antecedentes de que en algún momento de su vida vieron porno”.

México se encuentra en segundo lugar a nivel mundial en consumo de materia pornográfico en internet, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), aunque 70% opina que la pornografía es un agente causal de violaciones. Estudios psicológicos revelan otra, argumentando que existe el “efecto espejo”, donde los espectadores tratan de imitar en la vida real lo que observan en pantalla y puede ayudar a que la vida sexual sea más consiente en torno al placer del hombre y la mujer.

A pesar de que es una práctica criticada desde la época porfiriana, el cine porno encontró un lugar en México con Arturo Alturraza, pionero en producir y editar material fílmico pornográfico en el país. Con una cámara de aquellos años, se volvió el primer productor de cintas porno a nivel nacional utilizando hoteles de paso en Puebla como escenarios y huéspedes ocasionales como actores para editar y proyectar él mismo. Hoy este material, ajeno a la comercialización norteamericana, es un producto común en la periferia de la Terminal, donde algunos comerciantes sacan una mesita o ponen una tela en el suelo para anunciar material porno con una papeleta al frente que dice “Hoteles de Tlalpan”.

El encargado de la taquilla, sin embargo, es un caso especial. Para él este Apolo debía guardar el más pulcro de los anonimatos. No es necesaria la publicidad adicional, aunque no costara nada. Así, negó cualquier información con un movimiento de cabeza y después habló:

– No, porque el día de mañana, si tú hablas mal de mí, yo voy a hablar mal de ti. Si tú me pegas, yo te pego-. Luego censuró la toma de fotografías con la gracia de quien está acostumbrado a estas situaciones.

– Aparte de que te rompo tu madre, voy a buscar la forma de chingarte. No hay permiso.

 

Uno que sabe

Para el cineasta Lisandro Solís, egresado de la carrera de Cine en el Instituto Ruso-Mexicano y coordinador general del CCM, el porno ha existido en la historia del cine mundial desde sus inicios. Es un género que siempre se manifiesta naturalmente en la mayoría de las diversas expresiones artísticas debido a que el sexo es algo que todo ser humano carga consigo. Sin embargo, ni en fotografía ni narración escrita o verbal el coito llega a ser tan claro y explícito.

“En el porno el cine nos brinda, además de una atmósfera y un lenguaje que nos permite infinitas formas de narrar un hecho, el placer de ver. Sólo poder ver un cuerpo desnudo, un par de senos, nalgas y los sexos de manera explícita durante el coito puede satisfacer necesidades físicas tan fuertes como los propios deseos carnales. Y en otros casos también emocionales, como en el caso de las fantasías sexuales. El cine porno también tiene su historia y su propia evolución. En un principio bastaba con mostrar un cuerpo desnudo pero en los años 20, cuando la cámara no se movía, se ponía una cama frente a ella y dos individuos tenían relaciones. Poco a poco se fueron insertando tramas en torno al acto”.

También ha tenido sus puntos álgidos que marcaron pautas tanto narrativas como visuales. El caso de las películas del italiano Tinto Brass, destacado por el manejo del erotismo. En los 70, con la revolución sexual, en el cine se traduce en imágenes totalmente explícitas como aquel clásico del porno, Garganta Profunda. El porno siempre ha estado y seguirá en el cine ya que es la forma más directa y fácil de tener acceso a ver, que en muchos casos resulta más satisfactorio que hacer. Basta con una película pirata de 15 pesos para una noche de diversión.

Para el sicólogo Iván Alvarado la pornografía ocasiona placer de quien la observa y si no ocasiona problemas a terceras personas, el ver ese tipo de películas es válido. “Uno de los motores de la vida humana es el sexo, si la persona que observa se preocupa por su placer, por consecuencia se ocupara también del placer de su pareja. Realmente no hay una correlación entre el consumo de pornografía y los actos de violación, los casos son contados. De mil personas que ven pornografía sólo dos cometen actos violatorios”.

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