“A veces ni para los curitas se saca”

* La máscara siempre ha sido parte de la lucha libre, aunque hay quienes se pintan la cara o se dejan el cabello largo. Destello Boy usa una máscara que él mismo diseñó, la cual tiene un sol en la frente que simboliza el destello que un día vio en el cielo, un 24 de diciembre. Era la esperanza y el resplandor que nace cuando sube al ring y que se desvanece cuando termina el combate.

 

Andrés Villarreal Martínez

“Arriba del cuadrilátero es una chamba, es un trabajo, como el carpintero o  el albañil, debes estar en coordinación con el otro, aunque a veces ni para los curitas se saca”, confiesa Destello Boy, enmascarado de la lucha libre profesional en Toluca, quien lamenta que el interés por ella esté desapareciendo, pues “ahora son pura novela, como la WWE y RAW. Se está perdiendo el respeto por este deporte”.

Y es que los espacios profesionales para practicarla también desaparecen. Antes este deporte se trasmitía por tele pero en la actualidad no hay lugares fijos para presentarse, se tiene que ir de pueblo en pueblo, a pelear a los quioscos.

La Arena Toluca, a dos cuadras de la Alameda, era bien reconocida porque grandes peleadores estuvieron allí, hubo grandes combates y despedidas de luchadores como El Perro Aguayo, Marvel, El Gato Blanco, ídolos locales e internacionales. El gimnasio Agustín Millán ahora es el único lugar estable donde se presenta la lucha libre, pues en el 2002 la Arena Toluca desapareció dejando pocas alternativas.

Destello Boy se inició en la lucha libre a los 17 años, animado por un regalo de su padre, quien le dio la fotografía de la última pelea de Javier Hernández “Oro”, a la que él asistió en 1990, a la edad de un año, en la antigua Arena Toluca. Debutó como profesional con el consentimiento de sus padres poco antes de cumplir 18 años, aunque un año antes ya combatía sin que ellos se enteraran.

“En mi debut tenía nervios por tanta gente, hay algunos que gritan, te abuchean, hasta te insultan. Se siente muy feo y uno tiene que trabajar y hacer perfectas las cosas que en el entrenamiento no te salían bien porque ahí sólo hay una oportunidad”.

En el Estado de México como en el Distrito Federal, la Comisión de Box y Lucha otorga el permiso que avala a los luchadores profesionales, y la edad para iniciar en este deporte va desde los nueve o diez años, sin embargo, hay quienes comienzan desde más pequeños por tradición familiar. La lucha, para algunos, es una forma de sobrevivir. No importa la escolaridad, pues hay quienes tienen doctorados o maestrías y otros ni estudios o llegaron hasta la secundaria. Todos encuentran en el deporte una forma de vivir honradamente, luchando e interactuando con la gente.

– La interacción con la gente es algo muy bueno, pero algunas veces se pierde con la intervención de luchadores extranjeros que no tienen respeto y se burlan aventando tortillas a las gradas e insultando al público, recalca Destello, quien considera importante la creación de normas que busquen que las luchas tengan respeto y profesionalidad, pues ahora ya incluyen artículos que pueden dañar a contrincantes como sillas, alambre de púas o lámparas de neón y se olvidan de la lucha limpia, cuerpo a cuerpo.

Muy pocos luchadores son los que pueden impulsar su carrera solos -dice Destello un tanto desilusionado al ver que solo quieren vender imagen y no el deporte-. Es necesaria la ayuda de un patrocinador y el ascenso de los luchadores a las grandes ligas. Sin embargo existen familias de luchadores que acaparan los espacios y las peleas estelares,  forman grupos tan fuertes que controlan este deporte.

“Las empresas de lucha libre se convierten en mafias y para poder ascender y tener mejores peleas necesitas tener buenas mafias, debes tener algún padrino, un contacto que te ayude a progresar como luchador”, afirma.

Al tocar el tema de la violencia en la lucha libre, Destello marcó las diferencias entre las peleas callejeras y los que se hace arriba en un cuadrilátero. “La lucha clásica y la callejera son diferentes. La segunda tuvo la modalidad de sin límite de tiempo y sin réferi, puedes meter bates y fauls, todo es permitido, solo el rendimiento físico es lo que va a determinar la pelea”. 

Este deporte exige un buen entrenamiento, no sólo para poder pelear sino para presentar todo un espectáculo. También hay algunos se olvidan de él, como sucedió en algunas de las primeras peleas de Destello. La lucha no es juego o pantomima, es algo que se vive, se siente y se sufre. “La pelea más difícil fue una acá, en Toluca, yo contra Maverick y Pierruquito contra Shukersito. Y Pudor Negro contra Serpiente Azteca. Ese día, como éramos chavos nuevos nos dieron bautizo arriba, ellos iban a lo que iban y nos dejaron bien sangrados. En otra lucha con Rey Guepardo en Veracruz, contra los Lonjes Mocos, nos dejaron también bien sangrados, nos golpearon con lámparas de neón en la espalda, fue de lo más difícil que me ha tocado porque casi me bajé llorando, pero lo que pensaba era que si ya me dieron esta madrina, sería un motivo de superación para que después no pase lo mismo”.

Muy pocas peleas cuentan con un médico para atender a los lesionados y en caso de accidentes mayores todos los gastos corren por cuenta del luchador herido. Por eso Destello no ve la lucha como su único camino, también es estudiante de la licenciatura de Sociología en la Universidad Autónoma del Estado de México, pues considera que tanto la preparación física como la intelectual ayudan a tener una forma de vida saludable. “La lucha libre para mí es un hobbie, para mantener la salud, pero me gustaría pertenecer al CMLL, por eso busco dar lo mejor de mí, tanto en la universidad como en la lucha libre”.

En cuanto a la lucha libre femenil considera a las peleadoras un gran ejemplo para los peleadores hombres, que a veces buscan vender su imagen, como “Latin Lover”, expulsado de la AAA y que para regresar al cuadrilátero tuvo que perder su nombre quedando como “Lover”. Reconoce igual a los luchadores mini, categoría que se le da a los de menos de 1.65 metros de altura, pues se esfuerzan más y realizan peleas llamativas. También existen las mascotas, luchadores que llegan a medir 90 centímetros  o un metro, como Alebrije Cuije y Monster Chucky.

Las mujeres peleadoras sólo tienen una empresa que les permite crecer en el mundo de las luchas, que es la LLF. “Tienen derecho, igual que los hombres, algunos las siguen, otros no. A lo mejor antes la mujer era para el hogar, pero ahora pueden trabajar y tiene los mismo derechos y obligaciones que el hombre, las mujeres a veces dan todo, sacan nuevas llaves o vuelos que no se ven en la lucha libre de los hombres para poder demostrarle a la gente que ellas también pueden, y abrirse camino en este deporte”.

Ellas pueden luchar con los hombres en algunas modalidades, como la de relevos mixtos o los relevos de locura, que integran a un luchador mini, un exótico, una mujer y un luchador normal.

La máscara siempre ha sido parte de la lucha libre, aunque hay quienes se pintan la cara o se dejan el cabello largo. Destello Boy usa una máscara que él mismo diseñó, la cual tiene un sol en la frente que simboliza el destello que un día vio en el cielo, un 24 de diciembre. Era la esperanza y el resplandor que nace cuando sube al ring y que se desvanece cuando termina el combate.

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