El más broncudo

* Era del América. Amigo del “Cuau”. Jugaba de defensa. Tiene un récord nacional de expulsiones, junto con Darío Franco y Pablo Lavallén. Odia al Guadalajara y tuvo un accidente que lo marcó de por vida. ¿Qué fue de Isaac Terrazas?

 

Marco Damián García

Ahora recordamos a un futbolista que salta a la memoria del aficionado tan pronto se habla de jugadores violentos y broncudos, que además es efigie del americanista ideal. Un jugador aguerrido que profesó su amor por el equipo de Coapa en todas las canchas que pisó y quien defendió su pasión como mejor lo sabía hacer con futbol, golpes, patadas, escupitajos, barridas, duros marcajes y hasta goles. Seleccionado nacional y mundialista durante la época de Lapuente, el de hoy es uno de los jugadores más malencarados que se han visto por estos rumbos: Isaac Terrazas García.

 

¿Quién era?

 

Un defensor nacido en el Estado de México, estuvo activo durante toda la década de los noventas y hasta mediados de la anterior.

 

¿Por qué se le recuerda?

 

Por su incorruptible amor al América, por su fiereza, como lo describió Germán Dehesa, por su pinta de pocos amigos y por su natural rudeza en el juego.

 

¿Cómo fue su carrera?

 

La comenzó jugando en un barrio de Naucalpan, de donde es originario. Logró entrar a las inferiores de América a los 13 años y desde entonces jugó en las reservas  y divisiones inferiores (como el América Zitácuaro) hasta 1990, cuando debutó en la extinta Copa México a los 17 años. Su debut en liga se daría en la siguiente temporada, la 91/92, donde jugaría algunos partidos como suplente. Luego de tres años en la banca el club lo cedió a préstamo a los Halcones de Aguascalientes en la Primera A, donde jugó la 94/95 y logró aportar lo suficiente para salvar del descenso a los hidrocálidos. Luego de aquella experiencia regresó al Nido con mejores cartas y para el Invierno ’96 logró ganarse la titularidad, la cual mantuvo en condición de indiscutible hasta el Invierno ’99.

Durante ese periodo estuvo en dos semifinales con las Águilas, en la liga y una más de Copa Libertadores. Vistió el gafete de capitán y también viajó con la selección al Mundial de Francia ’98 donde no jugó, a la Copa América Paraguay ’99, donde marcó un tanto a Brasil y otro a Perú (e incluso alineó como delantero) y a la Copa Confederaciones ’99, en la que salió campeón con México.

Para el Verano ’00 con la llegada de Pérez Teuffer a la presidencia del América se le consideró menos, pues al parecer mostró preferencia por el recién destituido Raúl Quintana. Al siguiente año salió de la institución junto a otros americanistas como Raúl Gutiérrez y se fue al Irapuato, donde también sería titular durante los tres torneos que duró la franquicia, pues para el Verano ’02 el equipo se fue vendido con jugadores, directiva (encabezada por el mismo Quintana) y cuerpo técnico a Veracruz. En el Puerto alcanzó las semifinales del Clausura ’03 y tras un par de torneos regulares, antes de comenzar el Apertura ’05, los Tiburones Rojos decidieron negar su relación laboral con él, marginándolo del equipo y los entrenamientos, por lo que decidió retirase siendo el Clausura ’05 su último torneo jugado.

 

¿Qué fue de él?

 

Se quedo a residir en el Puerto y contrario a lo que se podría pensar, su relación con Veracruz no sufrió daños, por lo que eventualmente fue presentado como director deportivo en el mismo club, cargo que mantuvo hasta que decidió embarcarse a la aventura de dirigir al Ficumdep, un equipo de Segunda División de Veracruz que ha alternado sede en Xalapa y Cempoala. Además sigue siendo asesor de los escualos y también se le ha visto jugando en equipos de veteranos como el Deportivo Marín o colaborando en empresas amateurs del mismo estado como el Circuito Veracruzano de Futbol.

 

Algunos datos

 

Su número de expulsiones es bárbaro y ostenta récord de liga con 12, empatado con Darío Franco y Pablo Lavallén, claro, sin contar las que se ganó en partidos de Libertadores, pre-Libertadores y hasta amistosos.

Entre esas expulsiones encontramos razones que le ganaron la roja (o que debieron haberlo hecho) como arrancarle el balón a un árbitro durante un Pumas-América, taclear a un jugador que encaraba a Blanco en un Atlas-América, insultar al silbante en otro partido entre los mismos equipos, golpear a un jugador por la espalda en un América-León, festejar un tanto de forma grosera en un Tigres-América, lanzar un escupitajo a un jugador en otro América-Pumas, ganarse dos amarillas en 18 minutos en un Tecos-América, hacer señas obscenas al público contrario en varias ocasiones, jalar de la melena a un jugador en un Irapuato-América (defendiendo a los freseros) o armar la campal luego de agredir, junto a Cuauhtémoc, a un fotógrafo.

De ese escupitajo en el partido contra Pumas, recuerdo que durante la transmisión el lamentable comentarista Perro Bermúdez se atrevió a defender al jugador, incluso ante la sorpresa de sus compañeros de micrófono, en uno de sus clásicos desplantes como narrador.

Como es de suponer el jugador tuvo pique con medio mundo. Fabián Prátola, Víctor Santibáñez, Sergio Zárate e Iván Zamorano, entre muchos. Pero sobre todo contra el gran enemigo, las Chivas de Guadalajara, a quienes les tenía especial odio deportivo, los tildaba de jalisquillos, les anotó en un par de clásicos y nunca les intercambió una playera o regresó el saludo.

De hecho, antes de ser puesto transferible de América, la extinta promotora sinvergüenza de Chivas le ofreció un contrato, al que respondió tajantemente que no. Luego, en entrevista, diría que para él (hablando sobre las playeras) la del América es de seda y la de ellos, de poliéster. Con esa ideología, aunque en menor medida, también se rehusó a jugar para Necaxa.

Cuando estuvo en Veracruz vivió uno de sus peores momentos como futbolista, además se involucró en un accidente automovilístico en el que fue detenido por la policía tras provocar la muerte de un menor de edad y graves heridas a otro, cuando chocó su BMW contra una bicicleta que se le cruzó en la carretera.

Siempre se consideró un jugador de raíces humildes, de barrio, orgulloso porque entró al América tras burlar la seguridad del plantel y pedir una prueba a los entrenadores. Esa experiencia y origen le ganó motes como El Cuate Barrio o El Bravo de Naucalpan, además de ser emblema de la afición a la fecha.

Su descubrimiento como jugador se lo debe a Miguel Ángel Cocas González, quien le dio la oportunidad en América. Este famoso visor también es responsable por reclutar a su entrañable amigo, Cuauhtémoc Blanco, entre otros jugadores.

Sobre El Ídolo de Tepito comenta que son grandes amigos desde los 15 años, entraron a las reservas del primer equipo juntos e incluso se pelearon a golpes en los vestidores a los 17 años, “aunque después nos dimos la mano y lloramos”.

Su primogénito, Aarón Terrazas Morales, en lo que parece una excepción al viejo dicho de tal árbol tal astilla, se dedica a un deporte de lo más tranquilo, el golf, donde ha cosechado ya grandes éxitos como la medalla de oro en la Olimpiada Nacional o el hecho de disputar mundiales de la especialidad en los EU. Aunque, quién sabe, puede que el chico sea el John McEnroe del green, onda Adam Sandler en Happy Gilmore.

 

Estadísticas

 

En la liga marcó 29 goles en 252 partidos, de los cuales completó 181, acumuló 95 amarillas y 12 rojas y puso 5 asistencias registradas de gol.

 

Clubes

 

 90/91 a 93/94, América; 94/95, Halcones de Aguascalientes; 95/96, a Verano ’00 América; Invierno ’00 a Invierno ’01, Irapuato; Verano ’02 a Clausura ’05, Veracruz.

 

* Aviador de profesión y estudiante de Gestión Cultural. Nací en 1984 en la Ciudad de México, actualmente resido en algún lugar entre la misma y el Aeropuerto Internacional de Toluca. Mi afición declarada al futbol data de la final del Verano ’97, desde entonces veo todos los partidos que puedo, hasta los del balonmano por el parecido. Me dedico a desempolvar nuestra liga, en búsqueda de jugadores y momentos que, lejos de los reflectores, viven en la memoria del aficionado.

 

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