El camino presidencial

* Si el gasto en publicidad desbordó las arcas públicas del gobierno peñista, también una gran parte de sus presupuestos estaban dirigidos al soporte de los eventos masivos y todavía se recuerdan los cientos de acarreados y simpatizantes que aglomeraban las plazas visitadas en su entidad.

 

Miguel Alvarado

La gira de trabajo del aspirante priista a la presidencia de México, Enrique Peña, se realiza a toda prisa y también a todo lujo por el país. Pero aquello no es nuevo para el ex gobernador del Estado de México y está acostumbrado a una agenda instalada en viajes y discursos multitudinarios. Lo hizo ya cuando peleaba el Ejecutivo mexiquense y lo repitió miles de veces cuando era mandatario. Si el gasto en publicidad desbordó las arcas públicas de su gobierno, también una gran parte de sus presupuestos estaban dirigidos al soporte de los eventos masivos y todavía se recuerdan los cientos de acarreados y simpatizantes que aglomeraban las plazas visitadas en su entidad.

Una crónica de Elpidio Hernández para este Semanario rememora un acto de trabajo en el pequeño municipio de Otzolotepec, en el 2009, cuando sus aspiraciones políticas eran imposibles de ocultar. Aquella vez entregaba un hospital municipal y una obra carretera.

Allí, recuerda la crónica, llegó Peña impecablemente peinado, con el copete característico de los tiempos actuales. Todo sonrisas, repartió primero saludos y parabienes antes de abordar el estrado desde donde dirigiría su mensaje. Pero ya entonces una aparatosa comitiva lo respaldaba y cuidaba. Así, desde elementos de la desaparecida Agencia de Seguridad Estatal hasta custodios vestidos de civiles se encargaban de que nada sucediera, junto con granaderos y su personal escolta, que en algún momento llegó a tener hasta 40 empleados.

Se habilitaron detectores de metal en las inmediaciones de aquella reunión y se dispusieron 4 mil sillas, ocupadas con dos horas de antelación por mujeres y niños campesinos, principalmente. Banderines y globos y hasta una revista recordando los 400 compromisos cumplidos fueron diseminados entre los asistentes.

Las formas en los actuales mítines del presidencial no han variado en lo sustancial y conservan, por ejemplo, la estruendosa música con éxitos de la radio del momento que amenizan, quién sabe por qué, la espera, y un maestro de ceremonias en carácter de merolico apoya el ánimo de la concurrencia. Ensayan porras, cuentan chistes, aplauden ante el amago de la llegada. La cosa es que nadie decaiga, que el apoyo se sienta, parezca aunque no sea del todo sincero.

Ese arribo, por otro lado, fue aplazado varias veces hasta que por fin fue confirmado. Los gritos de “se ve, se siente, Enrique está presente. Se ve, se siente, Enrique presidente” retumban en el lugar, una cancha de futbol.

“Vestido con pantalón negro y camisa blanca el mandatario se ve feliz y sonriente ante las muestras de cariño y admiración que le son profesadas por la mayoría de los asistentes, las porras y arengas de rigor son alentadas por el maestro de ceremonias, quien no cesa en su empeño por enaltecer a su patrón”.

Un público extenuado, mareado por la espera y las condiciones climáticas apenas acierta a comprender. En aquella región de la entidad, pocos entendían la interminable cascada de cifras que apuntaba sonriente el más mediático de todos los políticos.

“Cuando tocó el turno a Marlen Ocampo Peña, quien habló a nombre de los beneficiarios, se suscitó una escena que hubiera sido firmada por cualquier productor de melodramas televisivos. A punto de pronunciar las primeras líneas del discurso elaborado en las oficinas de Lerdo, Ocampo Peña fue invadida por un sentimiento que hizo que sus ojos se nublaran y por sus mejillas comenzaran a resbalar lágrimas que no le permitían leer el texto; más tarde, un poco más tranquila la habitante del municipio mencionó que es muy importante que se cumplan compromisos como el hospital Mariano Matamoros, que ayudará a que las familias de la región reciban servicios de salud con calidad, por lo que se tiene un gobernador de palabra y que la cumple. Tanta es la felicidad y dicha del enamoradizo mandatario que ni las tres electo-mantas que fueron colocadas casi al final del evento por medio centenar de petistas pudieron borrar su sonrisa o despeinar su copete: “Enrique Peña Nieto, rectifica, no sea cómplice del fraude en Xonacatlán”, señalaba una de ellas, mientras que otra clamaba “Xonacatlán y pueblos indignados, NO a la imposición y a la corrupción, señor gobernador”. Una más, colocada en el interior de la carpa, fue retirada de forma inmediata por personal del gobierno mexiquense so pretexto absurdo de no permitir la visibilidad de fotógrafos y camarógrafos que se encontraban dos metros por encima de la controversial manta”.

Otro lado de la moneda en de sus ejercicios de popularidad quedaba de manifiesto cuando visitaba, en el lujoso fraccionamiento Bosque Real, al obispo ortodoxo Antonio Chedraui, con motivo de su cumpleaños, en 17 de enero del 2009. A este tipo de reuniones llegaba generalmente en helicóptero y aunque no había pueblo al cual saludar, se codeaba con políticos, empresarios y estrellas de la televisión.

Ahora, en los recorridos que lo llevarían a ocupar Los Pinos, se observa que casi nada es diferente y un reporte desde Monterrey, donde estuvo recientemente, asegura que decorar las tres salas que ocuparon sus simpatizantes costó un millón 7870 mil pesos, que le cobró Cintermex, la empresa dueña del lugar. También la producción del video institucional tuvo un precio de 143 mil pesos y el transporte que llevó a priista afiliados a la CROC y la CNOP, 97 mil pesos en decenas de camiones. Todo esto, para una hora de duración.

Ante este público, de unas 7 mil personas”, Peña se comprometía a “ofrecer resultados inmediatos en el combate a la inseguridad”. Atestiguaban el gobernador de aquel estado, Rodrigo Medina y la esposa de Enrique, Angélica Rivera.

Igualmente, se vieron los accesos obstruidos por detectores metálicos y la nube de escoltas que persigue al político a donde quiera que va.

En Chihuahua, a principios de enero, Peña encontró un ambiente similar y a César Duarte, gobernador, como el más entusiasta operador político que le montó la pasarela de besos y abrazos y un equipo de colaboradores a quienes presentó, uno por uno. Todo comenzó con una reunión nocturna para definir cargos políticos y luego, por la mañana, un soberbio desayuno cargó d energía a nuestros trabajadores políticos. Después, una tranquila rueda de prensa con periodistas escogidos para no enfrentar ninguna contrariedad. Ya en el evento, funcionarios del gobierno estatal, como Cristopher James Barousse, del Instituto Chihuahuense de la Juventud, organizaba las porras y la gritería.

Después, la infaltable comida en el lujoso restorán La Casona no se hizo esperar. Allí estaban los empresarios de la región, más cómodos que en la multitud. Peña aprovechó para repartir ejemplares de su libro, “México, la gran esperanza”, a todo aquel que se le ponía enfrente. Recorrió mesas y se tomó las fotos del recuerdo. Amarradas posiciones políticas y lealtades, se retiró luego de unas horas muy satisfecho de la unidad que allí le exhibieron.

Los ejemplos apenas representan una pequeña muestra del camino presidencia que se labra Peña Nieto, a quien se critica por aparentar lo que no es, lo que no puede, lo que no sabe.

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