Cartas a la Redacción: lo chocan y lo obligan a pagar

Toluca, México; 18 de enero del 2012

Miguel Ángel Alvarado

Director General del Semanario Nuestro Tiempo

Presente

 

Me gustaría contarles algo que me sucedió en Metepec, Estado de México. Me encantaría que pudiesen presentar una investigación sobre la manera en que operan las líneas de transporte en el caso de incidentes de tránsito, si actúan de manera correcta, cómo hacen en caso de demandas, entre otras.

Mi enojo y frustración es enorme, ya que me haré cargo de los gastos por un accidente en el cual, considero, hubo responsabilidad por la contraparte. Me molesta que el chofer no haya podido reconocer o siquiera narrar su versión de los hechos sin verse influenciado por el representante de su línea. También me enoja el acto de corrupción por parte del oficial de Tránsito al querer obtener provecho económico. ¿Dónde quedan los valores, nuestra sociedad, el ciudadano común y corriente? Cuando se enfrenta con grandes empresas, su palabra no vale, no cuenta.

Quedo tranquilo, pues siempre actué y declaré la verdad sin buscar salir beneficiado. Desafortunadamente, uno se da cuenta de que muchas veces actuar y llevar su vida de forma correcta no sirven para absolutamente nada.

Por obvios motivos mantengo mi identidad anónima.

El 17 de enero del 2012, minutos después de las 7:40, me incorporaba a Paseo Tollocan (después de Avenida Tecnológico), cuando de repente sentí el impacto de un vehículo. Instantes después de la tremenda sacudida, me di cuenta de que había sido golpeado por un autobús de la línea Caminante, que se dirigía al DF. Procedimos a bajarnos, hablé a mi seguro para notificarles el acontecimiento. Afortunadamente salí ileso.

Minutos después se presentó un oficial de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, el cual me pidió tarjeta de circulación y licencia, las cuales entregué al momento.

Aproximadamente a las 8:30 llegó el ajustador de mi seguro. Le comenté los hechos, llené formatos y se comenzó la negociación. El chofer del autobús sólo llamó al representante de su línea, que llegó con total prepotencia solicitando reparación del daño.

Me voy a permitir describir con mayor detalle el incidente: yo salía de la calle Agustín Melgar, de la colonia Francisco I. Madero, para incorporarme a Tollocan con dirección al DF. Llegué hasta la esquina para esperar el momento en que pudiese dar vuelta. El tránsito era muy fluido, por lo que no era momento de incorporarse a la avenida principal. Hubo un momento donde, en el carril al cual me iba a incorporar, hubo un espacio considerable. El vehículo más cercano era un Tsuru (al parecer un taxi), que al ver que estaba esperando para incorporarme prendió su luz direccional indicando que daría vuelta en la calle por la cual yo salía. Cabe mencionar que la velocidad de este vehículo era de entre 20 y 30 kilómetros por hora. Así, había espacio suficiente y el vehículo más cercano venía a baja velocidad. Me incorporé al carril derecho de Tollocan pero al momento de terminar siento el impacto del Caminante, que fue lateral. Apenas alcanzó a golpearme, pero me arrastró y terminó por subirme a la banqueta, donde afortunadamente no se encontraba ninguna persona. Resultaron dañados mis faros, fascia, parrilla, salpicaderas, radiador y cofre, entre otros. El impacto fue en el lado izquierdo, pero recorrió hasta el derecho.

Mi versión apunta a que el Caminante circulaba a velocidad máxima o muy cercana a la permitida (60 km/h) por el carril izquierdo de la lateral de Tollocan. Al ver el espacio dejado entre el Tsuru y el vehículo que había pasado antes de incorporarme, hizo un cambio de carril de forma imprudente, sin percatarse que yo ingresaba a la vialidad. Al momento de ver al Tsuru acercarse, el Caminante aún no se encontraba ni cerca. Al notar que yo me había incorporado, el conductor decidió no cambiar de carril, por lo cual sólo fue un rozón (aun así fue un golpe considerable) y no un impacto de lleno.

La versión del conductor del autobús apunta que él venía por el carril de la derecha (al cual me iba a incorporar), atrás del vehículo que dio vuelta. Y que yo me metí al carril sin precaución (adelante del Tsuru). Y que al ver que me había metido, decidió abrirse al carril de la izquierda para evitar un golpe de lleno.

Algunas aclaraciones respecto a su versión son:

1.- Si el autobús hubiera venido detrás del Tsuru, su velocidad sería sido mucho menor.

2.- De ser cierto que viniese el autobús sobre el carril derecho y que yo me hubiera metido, me habría impactado por detrás. El chofer dice que se abrió para evitar el golpe de lleno. Sin embargo, el carril hacia donde, según él, se había abierto (izquierda) venía con tráfico constante, por lo cual habría impacto varios autos.

3.- Después del impacto, el autobús pudo detenerse aproximadamente 100 metros adelante, con un rayón a lo largo de toda su carrocería (lo cual demuestra que su velocidad era considerable).

4.- En caso de que este autobús hubiese venido atrás del Tsuru, habría tenido que acelerar bastante para poder llegar hasta el punto donde yo me encontraba.

En un principio, el chofer del autobús declaró haber venido detrás del Tsuru pero después de la llegada del representante de su empresa, declaró que yo me había metido y que él tenía la preferencia, además de mencionar que los demás vehículos no importaban para determinar la responsabilidad en el incidente. El representante de su empresa poco lo dejaba hablar. Otro punto a destacar es que el chofer se encontraba con un acompañante, lo cual puede causar distracción y, según entiendo, está prohibido. Ese acompañante decidió abandonar el lugar rato después de lo ocurrido.

La postura de la línea fue exigir el pago de daños causados, negándose a cualquier oportunidad de diálogo efectivo para verdaderamente deslindar responsabilidad. La línea se encontraba dispuesta a acudir al Ministerio Público para reclamar pago.

El ajustador me explicó los procesos con sus respectivos tiempos y costos, ventajas y desventajas, por lo cual opté por pagar el deducible del accidente y que mi seguro pagara los daños a la empresa de autobuses.

Desconozco la manera de operar de las líneas ante un suceso así, por qué no llamar a su aseguradora y sólo a su representante y su manera de proceder ante las instancias legales correspondientes.

Por último y como cereza en el pastel, el agente de Tránsito que se encargó de “auxiliarnos”, al llegar al “arreglo”, nos comentó que éramos acreedores a sanciones por haber participado en una colisión, por manejo imprudente, etc. Le recordé que no se encontraba facultado para expedir infracciones, ya que en el Edomex sólo la policía de Tránsito, compuesta por mujeres, está autorizada.

Se ofreció amablemente a no levantarnos infracción, que yo decidía si la quería. La misma táctica utilizó con el representante de la línea, el cual invitó al policía a abordar su unidad particular, donde decidieron no imponer la infracción a cambio de una gratificación monetaria. Después regresó conmigo y ante la negativa y el conocimiento de que no me podía infraccionar, decidió entregarme mis papeles y marcharse de inmediato.

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