Rabia colectiva

* Para Carlos M. Vilas, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, “los linchamientos se presentan enmarcados por escenarios de cambios macrosociales y macropolíticos profundos que impactan severamente en los escenarios locales. La amplia reestructuración socioeconómica  institucional de México en las décadas de 1980 y 1990 introdujo modificaciones de grandes proyecciones en la vida cotidiana de la gente, cuestionó certidumbres y alteró rutinas”.

 

Miguel Alvarado

En septiembre de 1999 un grupo de colonos en Lerma, Estado de México, había tomado el ayuntamiento de aquel municipio. Tenían un problema de abasto con el agua y las autoridades les habían cerrado las puertas una y otra vez. Luego de meses sin servicio y aconsejados por líderes comunales con intereses políticos, lo vecinos acudieron a la presidencia para una solución definitiva. Nuevamente, nadie los atendió y el edificio fue cerrado. Esto terminó de enojar a los quejosos, quienes se introdujeron a la fuerza y tomaron las instalaciones. Quebraron vidrios y muebles  y más de 300 personas mantuvieron guardia durante dos días, cancelando cualquier actividad.

Un reportero de Toluca fue enviado a observar, el segundo día. Llegó por la noche, cuando la multitud rodeaba con antorchas. Bajó de su auto y comenzó a tomar fotografías. Alguien en la multitud lo vio y gritó que había llegado un agente de Gobierno. La masa se acercó al reportero y lo jaloneó. Le pidieron una identificación pero no la había llevado, así que se concluyó que era un espía y que quería fastidiarlos. Lo tomaron en vilo, le arrancaron la cámara y destruyeron las imágenes y lo llevaron ante el líder, un campesino cuya autoridad había sido rebasada hacía mucho.

– No te conozco –le dijo al reportero- No estuviste por la mañana, cuando hablamos con la prensa.

– ¡Es de Gobierno! ¡Línchenlo! – gritaban otros.

Las decisiones se tomaban en la penumbra y desde ella decenas de voces arengaban. La gente, alentada así, decidió retener al reportero. Fue sujetado por cuatro personas e iba a ser amarrado a una de las columnas de la alcaldía. No hubo tiempo para explicaciones. Ya lo preparaban cuando el líder tuvo un momento de claridad. Decidió otra cosa y al poco rato el prisionero era soltado, expulsado de la plaza. Horas después la policía recuperaba el lugar pero nadie se hizo cargo de los daños. El erario público asumió todo. No hubo heridos ni muertos, y tampoco el agua llegó a los vecinos. Nadie se volvió a acordar del incidente con el reportero.

Así comienzan los linchamientos. El reparto de las acciones está bien definido. Uno da una voz de alarma. Otro se encarga de añadirle cosas. Unos más apresan, otros deciden y finalmente alguien enciende el cerillo o arroja la primera piedra. Luego, los rostros se ocultan en un anonimato casi público, que encubre, protege.

Un recuento en el Estado de México señala 50 intentos de linchamiento pero seis asesinatos en esa modalidad. Según la Secretaría de Seguridad, los casos se registran en 15 municipios pero hay algunos que, por alguna razón no conocida, concentra la mayoría. Toluca, Acolman, Ecatepec, Chalco e Ixtapaluca han sido el teatro de la rabia colectiva.

Casos como el de Tláhuac y el más reciente en Chalco, son signos de que la descomposición social en México ha creado conductas que la ciudadanía justifica porque carece de lo esencial: alimento, trabajo, pobreza, seguridad, educación. Pero los sustituye con corrupción, violencia, la cultura de las televisoras, comida chatarra y antivalores.

Para Carlos M. Vilas, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, “los linchamientos se presentan enmarcados por escenarios de cambios macrosociales y macropolíticos profundos que impactan severamente en los escenarios locales. La amplia reestructuración socioeconómica  institucional de México en las décadas de 1980 y 1990 introdujo modificaciones de grandes proyecciones en la vida cotidiana de la gente, cuestionó certidumbres y alteró rutinas”.

Su trabajo, “Linchamiento: venganza, castigo e injusticia en escenarios de inseguridad”,  del 2005, asegura que ese tipo de violencia es una represalia, una respuesta a un acto que alguien comete, comprobado o no, pero que además se encuentra en inferioridad numérica abrumadora con respecto a quienes acusan, que por otra parte carecen de autoridad legal, formal.

Vilas considera que se pueden identificar algunos factores que podrían determinar el linchamiento, entre los que destacan una fuerte vulnerabilidad socieconómica, pues la mayoría de los casos tiene lugar en escenarios de marcada pobreza y precariedad. Y por otra parte, lo anterior se combina con la ineficacia de las instituciones que garantizan la aplicación de las leyes.

El autor ofrece datos ubicados entre 1980 y 1990, y que son rebasados por los números actuales. En esa década se pudieron contabilizar 103 casos de linchamiento en todo el país. Pero 73 por ciento de ellos tuvieron lugar en comunidades rurales, mientras que el 60 por ciento de los casos urbanos sucedió en la ciudad de México. Sólo en la mitad de los casos pudo intervenir la policía y detener el proceso. En un 25 por ciento, las víctimas fueron funcionarios públicos o tenían alguna posición de autoridad local. “El linchamiento es una reacción terrible, pero efectiva a los ojos de quienes los cometen, para compensar ese déficit de poder estatal legítimo en los escenarios de inseguridad que ese mismo déficit contribuye a construir o agravar”, concluye el investigador, quien recuerda que el fenómeno es tan antiguo como la sociedad y recuenta en México los casos de Huejutla, Hidalgo, en 1998, cuando los habitantes fueron convocados a través de una emisora de radio local o los de Canoa en 1968, en Puebla, cuando el cura católico del lugar arengó a la población con altavoces. Otros casos fueron los de San Pablo Oztotepec, en diciembre del 2002 en Milpa Alta y el de tres policías en Ixtayopan, en Tláhuac. San Blas Atempa, en Oaxaca es un poblado donde ha habido, al menos, dos casos, como sucedió en Río Chiquito, también en aquel estado. Las causas son variopintas. En Chalco, en el linchamiento reciente, se cree que estuvo relacionado con una historia pasional, pero otros como en Cuatlalpan, en el DF, se detonaron porque alguien robó un puñado de elotes o cierta cantidad de refrescos, como se registró en Xicalco, en el DF. En Yaltem, Chiapas, un sujeto fue masacrado cuando robaba una bicicleta. También los ha habido sobre autoridades corruptas, violadores y secuestradores, pero en algún momento el hecho por el cual se acusa a alguien pasa a segundo término porque la población considera que se ha trasgredido valores básicos del grupo pero que por alguna razón no serían sancionadas por la autoridad. Así, a esa acción delictiva se le rodea de un halo de impunidad que harta a los pobladores.

Los números que otorga Salvador Neme, titular de la recién creada Secretaría de Seguridad en el Edomex, dicen que en apenas en un mes y medio que lleva el 2012, van 11 intentos de linchamiento en la entidad, pero el año pasado se registraron 50. Este año hay muertos en tres casos, el de Chalco, San Salvador Atenco y Lerma.

Neme dice que se han consignado culpables pero la investigación de Vila opone otros hechos, como los registrados en Zapotitlán y Chilpancingo, donde en un plantón de hasta seis meses la población logró que los acusados fueran liberados sin cargos. Derechos Humanos de aquella región justificaba que “no fueron ellos los que mataron a los supuestos asaltantes, sino el pueblo enardecido por los constantes robos y violaciones de sus mujeres”.

En la entidad hay un linchamiento al mes, según los promedios oficiales y se suma al clima de inseguridad que indica 74 ejecutados en 46 días, según un recuento del diario toluqueño Alfa.

Mil pesos

* De manera increíble, las relaciones sentimentales han definido la vida pública de Peña. Nunca se ha destacado por una iniciativa que cambie las condiciones sociales o por una declaración, acción contra el narcotráfico o abata el hambre en un acto de burócrata heroísmo. Pero también siempre que una mujer aparece a su lado, parece meterlo en problemas.

 

Miguel Alvarado

Todavía las oficinas mexiquenses del poder Ejecutivo, en el palacio de gobierno de la céntrica calle de Lerdo de Toluca, conservan y resguardan el recuerdo de Enrique Peña. Austeras y grises como lo han sido, los monolíticos pasillos y los inhumanos cubículos contienen en sus paredes afiches con información sobre los días festivos que la burocracia observa religiosamente. Así, entre las educadas maneras de menores funcionarios y la inevitable puerta cerrada de quienes pueden decidir algún asunto, aunque sea mínimamente, penden aquellas añejas publicidades, datadas en el 2009. Luego de un texto casi evangélico por su largueza y letanía, se observan dos pequeñas banderas cuya simbología se explica con la leyenda de “se izará la bandera media hasta” y “se izará la bandera en hasta completa”. Palabras más o menos, aquella hasta, como se conocía al tubo que sostenía la insignia en el 2009, no puede evitar reconocer que un hombre que desdeñaba cualquier cosa que no fuera el poder, y muchos similares a él, gobernaron en una administración que los hizo ricos y poderosos, les proporcionó diversiones y poco trabajo por entender que en México cualquier administración significa una empresa privada manejada con fondos públicos. Pero los dislates ortográficos resultan lo menos importante cuando no puede resolverse una tasa de desocupación del 5.9 por ciento, según el INEGI, y los más del mil 300 feminicidios en 6 años. Si la buena palabra se relacionara con los éxitos de un gobierno, entonces el de Eruviel Ávila estaría condenado al fracaso cuando en la misma pared, junto a la peñista hasta, descansa otro póster que anuncia la convocatoria para el Plan de Desarrollo 2011-2017 del Edomex. Hasta abajo, en letra suficiente y hasta elegante, se lee “Sufragio Efectivo, No Reeleción”. La anécdota alcanza incluso para recordar los orígenes de Carlos Hank González, una especie de superprofesor que consiguió todo lo que quiso, al menos en lo político y económico, a partir de vender mermeladas de tecojote, aunque uno de sus primeros cargos públicos de importancia lo tuvo al frente de la Tesorería de Toluca. Luego compró una pipa para transportar productos de Pemex, que demuestra que el trabajo tesorero conduce a algún lugar. Un lugar de 2 mil millones de dólares hasta el 2001, publicaba la revista Forbes. Aquel maestro normalista sentaría las bases de una enseñanza que, aunque política y tahúr, dejó honda huella en la clase mexiquense. Y así fue. Todavía hasta hoy el Grupo Atlacomulco fortalece con increíble ideología las andanzas de sus militantes y justifica por todos los medios los abusos de los mismos. Inventa una historia paralela que, como ahora las encuestas, indican como naturales cosas inverosímiles.

Peña, aspirante presidencial nacido en Acambay aunque un nuevo libro sobre él señale que nació en el DF en la colonia Condesa, es uno de esos ejemplos. Como todo ser humano, compuesto por virtudes y defectos tiene, sin embargo, el mayor de ellos. La simulación en la que se mueve lo hizo perder el piso hace años. Es atrabancado e impulsivo. Pareciera que no mide consecuencias y que él mismo es de hierro, literalmente.

Y ante las encuestas que siempre lo ubican en primer lugar rumbo a Los Pinos, se comporta como el objetivo de una vulgar cámara fotográfica. Posa, aunque mediciones del ITAM digan que López Obrador va a la cabeza de las preferencias. Sonríe, aunque un sondeo panista ubique a Vázquez Mota a 5 puntos de distancia del priista. Le brillan los ojos cuando los conteos ciudadanos, alejados de Mitofsky y otras, le señalen que marcha en tercer lugar. El priismo corporativo ayudará a la ilusión de que caer 18 puntos, como apunta otra medidora, Ipsos-Bomsa, es una situación normal y que nada tiene que ver con la inteligencia del electorado, que observa risueño pero sólo cuando tiene tiempo, cómo el ex mandatario mexiquense asiste impertérrito, como moderno Iturbide, a una gala imperial donde ha olvidado su ropaje. Otro libro, éste sobre su variopinta vida amorosa, salió a la luz un 14 de febrero para mostrar cómo han sido las mujeres de Enrique y dónde se encuentran. El desparpajo del autor, Alberto Tavira, ex editor de la revista de corazones Quién, alcanza para revelar que el gobierno mexiquense le ayudó a entrevistar a los parientes de Peña pero luego, cuando vieron cómo iba el asunto, desautorizaron aquello. “Cuando quise contactar a mujeres incómodas de su vida, ahí sí su gente ya no ayudó. Es una biografía que comenzó siendo autorizada y terminó desautorizada”, platica.

De manera increíble, las relaciones sentimentales han definido la vida pública de Peña. Nunca se ha destacado por una iniciativa que cambie las condiciones sociales o por una declaración, acción contra el narcotráfico o abata el hambre en un acto de burócrata heroísmo. Pero también siempre que una mujer aparece a su lado, parece meterlo en problemas. Eso es el fondo del libro de Tavira, editado por Océano, que recopila las apariciones de Jessica Delamadrid, Rebeca Solano, Maritza Díaz y Angélica Rivera, amén de Mónica Pretelini.

Mientras el ex gobernador brilla en público, cobijado por el acarreo, las víctimas de un linchamiento en Huitzilzingo, Chalco, están de acuerdo en que la entidad presenta dos versiones. La una, donde los mandatarios se mueven cotidianamente y parece que no sucede nada. La otra, el lado oscuro pero lógico, producto de las políticas practicadas por años. Los tres linchados pagaron el precio de la paranoia, del miedo y el hartazgo pero también del valemadrismo, la incivilidad, el no leer, incubados desde los tiempos de la Conquista. Una sociedad de cabeza, preocupada más por la novela de la tarde que por estudiar o el trabajo, es la que no tiene cabida en los proyectos políticos salvo cuando se pide el voto en esta democracia de chaquira, desgarrada. Los señores feudales permiten vivir malamente siempre y cuando no se les atiborre con los problemas de los siervos. La turba no supo jamás que Peña estuvo en Ecatepec, el 11 de febrero, para algo que escapa a la comprensión de la mayoría. Allí dirigió unas palabras, lugares comunes pero seguros disfrazados de inteligencia, y trató de defenderse del ataque panista que pronto reventará una burbuja llamada Yarrington, Cavazos y Montiel. Mientras, se aboga porque la inseguridad desparezca así, como por arte de magia, y todos se reúnan en torno al de Atlacomulco. Con la espada de su corto humor desenvainada, el aspirante priista copió una fórmula dominada por Obrador y quiso interactuar con los asistentes, algunos de ellos muy entusiastas que cobran mil pesos al partido por cada aparición. No es broma. Los cuadros que apoyan no lo hacen gratis en ningún partido, ni siquiera los familiares. Pagados o tontos, también en el PAN se juntan las masas y uno de sus coordinadores, Carlos Alberto Pérez Cuevas, se ha comprometido para asegurar a Vázquez unos 3 millones y medio de votos. Magos alquimistas, pero sobre todo grandes matizadores de la verdad, se han comprometido a llevar similar cantidad al PRI y también al PRD. Alguien quedará mal porque el padrón mexiquense no rebasa los 10 millones. Podría suceder que se les descuente el día o algunos pierdan el empleo si votan por fórmulas diferentes, como ya sucede a quienes se niegan al acarreo en sábados y domingos. La pereza del mexicano es proverbial, pero toma cotas gigantescas cuando se trata de acudir a un mitin. Y es que el daño es irreversible. Un fin de semana partido a la mitad, asoleado o lluvioso, con la familia fastidiada y pronta al reclamo. No hay amigos ni cerveza que lo pueda compensar, ni siquiera aquellos mil pesitos porque ya ni la comida o las tortas que se invitan son buenas, luego de que 800 peregrinos y mil seguidores de un líder tricolor resultaron intoxicados en la comilona organizada por las desaforadas autoridades.

“No nos piquen la cresta. Por cada ataque, por cada calumnia que reciba nuestro paisano, habrá millones de mexiquenses defendiéndolo”, diría el gobernador Ávila al defender al peñismo en su querido Ecatepec.

Y para que los gallos no se alebresten, los invitados a fuerza fueron enviados desde sus municipios desde las cuatro de la mañana, para que apartaran el lugar a otros. Aguantaron a pie firme más allá del mediodía y no se quejaron sino hasta el final, cuando paciencia y estómago fallaban. Los coordinadores regionales estaban felices. Casi todo resultó como se planeaba y Ávila, Peña y Rivera pasaron un día feliz al lado de los de abajo pero también junto a los ex gobernadores que conservan el aliento.

Así, vestidos con la grandeza de Santa Anna y la bastedad de Vicente, los campeones de la elección 2012 se disputan el honor de arrojar la pedrada definitiva, aquella que terminará con sus vapuleados adversarios de una vez por todas. Como apunta Tavira, el que reunió a las mujeres de Peña: “como no teníamos la realeza de los españoles ni de los ingleses, tuvimos que inventar la nuestra. Y eran los políticos los que tenían que ser nuestros príncipes y princesas. Estaban los periodistas del círculo rojo, los que hacían análisis de política, pero nadie contaba dónde se casaban los políticos, cómo eran los vestidos de sus esposas, dónde hacían los bautizos de sus hijos, cómo eran sus casas”, dice a la revista Gatopardo.

Y mientras algunos apuntan que Beltrones es el verdadero PRI, éste se enfila en la política de la realidad lanzado propuestas que se le han matizado al propio Peña. El Tratado de Libre Comercio y la Iniciativa Mérida reformada forman parte de la agenda tangencial de Manlio Fabio. A Peña le ha dejado lo difícil. El desgaste del alto perfil mediático, las largas caminatas por pueblos mágicos ensombrecidos por la lluvia, chistes crueles en redes sociales y metidas de pata imborrables, impresentables pero siempre esperadas por el morboso elector. A Beltrones no le importa que pierda su compañero. Peor todavía, no le importa que gane y ni siquiera que de consolación aparezca en el Senado si la tragedia le revienta en las boletas. Beltrones tiene fe en el refrán de la hierba mala y se ha propuesto sobrevivir otros seis años en el marasmo político que representa su partido.

No importa, en realidad, qué suceda en los comicios del 2012. Lo que pase no será incumbencia de la ciudadanía, que de todas formas acudirá a una derrota legalizada por alguien o algunos que sólo en leyendas urbanas pueden ser nombrados.

Omisa y negligente

* Autoridades del Estado de México rechazaron el amparo que interpuso Irinea Buendía, madre de Mariana Lima, joven asesinada en la entidad, por la sentencia de no ejercicio de acción penal contra el presunto homicida de su hija, el judicial mexiquense Julio César Hernández Ballinas.

 

Guadalupe Cruz Jaimes/ CIMAC

Autoridades del Estado de México rechazaron el amparo que interpuso Irinea Buendía, madre de Mariana Lima, joven asesinada en la entidad, por la sentencia de no ejercicio de acción penal contra el presunto homicida de su hija, el judicial mexiquense Julio César Hernández Ballinas.

Lo anterior lo informó a Cimacnoticias Rodolfo Domínguez, abogado de la familia de Mariana Lima, quien señaló que esta resolución violentó nuevamente el derecho de Irinea Buendía a la justicia, la legalidad y seguridad jurídica.

De igual modo, dijo, al desechar el amparo el Segundo Tribunal Colegiado en Material Penal del Segundo Circuito  “convalidó las actuaciones de todos los funcionarios que intervinieron en la investigación de la muerte de Mariana Lima Buendía”, la cual se caracterizó por ser “omisa y negligente”.

El abogado recordó que las irregularidades comenzaron desde que se levantó el cuerpo de la joven, el 28 de junio de 2010 en Chimalhuacán, Estado de México. Ese día las autoridades realizaron la inspección en 10 minutos, en los que no resguardaron la evidencia, ni acordonaron el lugar de los hechos, según el testimonio de Irinea Buendía.

Además, durante la averiguación CHIM/III/3885/2010 las autoridades “nunca reportaron avances, se quedaron con el dicho de Hernández Ballinas”, a pesar de que la madre de Mariana, así como sus amistades y familiares, testificaron los antecedentes de violencia y amenazas de muerte que la mexiquense padeció el tiempo que estuvo casada con el judicial, abundó Buendía.

Así, el 9 de septiembre 2011, Ivone Banda Gómez, agente del Ministerio Público adscrita a la Fiscalía Especializada de Homicidios, determinó el no ejercicio de la acción penal en contra de Julio César Hernández Ballinas. Esta resolución fue autorizada por la Fiscalía Especializada en Feminicidios en el estado un mes después.

Ante este hecho, el 17 de noviembre pasado, Irinea Buendía interpuso un recurso de inconformidad, que consiste en que Alfredo Castillo, procurador General de Justicia del Estado de México, “revise la actividad administrativa del personal bajo su responsabilidad”.

En la solicitud del recurso de revisión, la defensa señala las violaciones a los Derechos Humanos de Irinea Buendía en su lucha por el esclarecimiento del crimen de su hija.

Además se argumentó la falta de “fundamentación y motivación” de la resolución de la autoridad y se “evidenciaron las irregularidades, omisiones y faltas cometidas durante la averiguación previa”.

A la fecha, la madre de Mariana Lima no ha sido notificada sobre el avance del recurso de revisión.

Debido a que la resolución de ese trámite, aun cuando sea positiva, no puede modificar o nulificar el ejercicio de la acción penal, el 25 de noviembre de 2010 la defensa de Irinea presentó una demanda de amparo que fue turnada al Juzgado Quinto de Distrito en Materia de Amparo y de Juicios Civiles Federales en Toluca, Estado de México.

Tres días después, el Juez Quinto de Distrito solicitó a Irinea Buendía la documentación para analizar el caso, como la transcripción o una copia de la resolución de no ejercicio de la acción penal; esta información fue entregada en tiempo y forma a pesar de que los documentos debieron solicitarse al MP y no a la señora, mencionó el abogado.

El 8 de diciembre pasado, el juez desechó la demanda de amparo por considerarla “notoriamente improcedente”, pues alegó que aún no se había resuelto el recurso de revisión.

En ese escenario, Buendía interpuso un recurso de revisión en contra del desechamiento de la demanda, que fue admitido por el Segundo Tribunal Colegiado en Material Penal del Segundo Circuito, el 3 de enero pasado.

Sin embargo, este tribunal recientemente confirmó la resolución del Juez Quinto de Distrito y desechó la de demanda de amparo, informó Rodolfo Domínguez.

Actualmente, Irinea está en espera de que el procurador mexiquense resuelva el recurso de inconformidad que le envió y en el que relata la violación a sus DH durante el proceso judicial.

De acuerdo con el abogado, si la petición es desechada habrán agotado los recursos jurídicos para obtener justicia en el país y podrán recurrir a tribunales internacionales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

“En un restirador”

* “Cuando me enteré de que había una escuela de artes plásticas aquí, se me hizo absurdo porque tengo entendido que esta es una ciudad que se desarrolló en busca de industria. Por eso las calles son más gruesas, hay terrenos grandes para compañías… es como una excusa la escuela de arte, o el Jardín de Arte enfrente del Museo Industrial… es absurdo. Hay intentos de arte. Siento que en Metepec hay un poco más, pero es una artesanía, no lo hacen con propósito de trasmitir una idea, sino de sobrevivir”, apunta Luis Enrique Sepúlveda, artista plástico radicado en Toluca y fundador del Proyecto Ébola.

 

Miguel Alvarado

Toluca es una ciudad tranquila, casi quieta. Sus intereses caminan por los rumbos del progreso, de aquél que definen como la construcción de edificios y extrañas torres del Bicentenario que encierran crípticos mensajes de energías oscurecidas por el propio hombre. La cercanía con la ciudad más grande del mundo le hace daño. A veces le impide crecer adecuadamente pero de cualquier forma en algún lugar incuba, desde hace años, movimientos culturales interesantes que más tardan en formarse que en regresar al ciclo de espera embrionario. No es el caso de un artista toluqueño, aunque nacido en Culiacán, que apuesta lápices y habilidades, género plástico poco apreciado en la capital mexiquense. Luis Enrique Sepúlveda, con 21 años a cuestas y una mochila llena de trabajos, cómics y algunas viñetas primorosas, es también uno de los fundadores del Proyecto Ébola, del cual es director editorial y desde donde se pretende colocar a la gráfica de esta urbe en un sitio visible, a través de las páginas de Nuestro Tiempo. Representante de una nueva generación de artistas, vive de otra manera, entiende el arte desde una esquina más práctica y sabe bien dónde quiere llegar.

– ¿Quién eres?

– ¿Cómo? ¿De qué? ¿Mi nombre? Luis Enrique Sepúlveda Aguilar. Me dicen Ritalink desde que iba en secundaria. Me siento más como Ritalink que como Luis Enrique.

– ¿Eres dos personas en una?

– Pienso que me pusieron el nombre equivocado. Porque en una película que vi, dijeron, en la de Coraline: “la gente espera cosas comunes de gente con nombre común”. Y eso me dejó un poco traumado. Me gusta Ritalink porque realmente no es un nombre, es una idea.

– ¿Qué espera Luis Enrique de Ritalink?

– No sé, supongo que haga bien las cosas.

– ¿Es importante hacer bien las cosas?

– Sí.

– ¿Qué haces tú?

– Yooo… dibujo… casi cualquier cosa.

– ¿Por qué?

– No sé, es como… no está muy lejos de que se parezca a drogarte, yo creo.

– ¿Qué desayunaste hoy?

– No me acuerdo… no… no me acuerdo.

– ¿Es importante comer?

– No, me quita el tiempo.

– ¿Cuánto tiempo dedicas a dibujar?

– Si tengo mucho tiempo y no voy a la escuela, como 8 horas. Si voy a la escuela, que normalmente voy seis horas, unas cuatro. Entre seis y ocho horas.

– ¿Qué te da el dibujo?

– Yo creo que satisfacción… es… antes lo veía como algo que mi papá no sabía hacer. Como tengo esa lucha con mi papá. Él hace bien las cosas como fabricar muebles, matemáticas, pensar. Busqué una actividad en la que no me pudiera… ganar.

– ¿Entonces representa una competencia?

– Mhhh… ligeramente. Parte de mí sabe que es por darle gusto a él. Pero me encanta, no podría yo hacer otra cosa.

– ¿Te ves viviendo de…

– De dibujar, de hacer ilustraciones. Hacer imágenes.

– ¿Tienes algún tipo de imágenes recurrentes?

– Me gusta dibujar puertas, y grandes. Me gusta la tinta en agua o, digamos, cuando la sangre se va por el hoyo de la regadera, las formas que agarra, esas formas como en random… aleatorias. Me gusta dibujar mujeres. Son delicadas, tienen más encanto que dibujar un hombre, son más toscos, es difícil encontrarles el encanto.

– ¿Qué es la vida?

– Es una oportunidad de hacer algo con ella.

– ¿Qué es dios?

– Quién sabe. Lo veo como energía, creo. Realmente no me gusta la religión institucional y no me siento bien yendo a la iglesia porque no creo en ella, pero creo que sí debe haber algo de control en el universo, algo como un dios. Un orden.

– ¿Eres de Toluca?

– Vivo en Metepec, a orillas de Toluca. Soy de Culiacán. Nací allá pero nunca viví allá. Mi mamá me fue a tener allá.

– Eres aleatorio…

– Exacto. Aquí llevo como 15 años.

– ¿Hay una actividad artística en Toluca?

– Dicen, pero no me convence. Cuando me enteré de que había una escuela de artes plásticas aquí, se me hizo absurdo porque tengo entendido que esta es una ciudad que se desarrolló en busca de industria. Por eso las calles son más gruesas, hay terrenos grandes para compañías… es como una excusa la escuela de arte, o el Jardín de Arte enfrente del Museo Industrial… es absurdo. Hay intentos de arte. Siento que en Metepec hay un poco más, pero es una artesanía, no lo hacen con propósito de trasmitir una idea, sino de sobrevivir.

– ¿La artesanía no trasmite ideas?

– Pero es una idea cultural, no personal. La descarto como arte.

– ¿Cuáles son los intentos de arte, entonces?

– La Facultad de Artes. Que la universidad tenga una escuela de Artes es debatible. Pero hay escuelas pequeñas, como las de diseño de modas que no son avaladas por la SEP; sabemos que crecen. En otros países han crecido… pero aquí no las apoyan.

– ¿La ilustración es arte?

– Sí, pero es más comercial, aunque menos que el diseño, pero no está avalado por la SEP.

– Si las cosas son así, ¿de qué vive un artista en Toluca?

– Debe irse. Aquí veo que hacen foto para los diarios, ilustran revistas, pero de vender cuadros… el único debe ser Leopoldo Flores. Es bueno. Aunque vi su última obra y no me gusta. Estoy en la Facultad más bien por el papel, el conocimiento es como un bono.

– Menciona tres artistas de Toluca.

– Ernesto Zúñiga. Me gusta cómo enseña, como ve las cosas. Janitzio Alatriste también me gusta. Pero de otros no me acuerdo.

– ¿Te gusta la ciudad?

– No, quiero irme lo más pronto posible.

– ¿Por qué?

– Por mi casa asaltan. No es grata la idea de salir y que te roben. Aunque preferiría que me robaran mi Ipod, el celular, la cartera en vez de mi mochila. Pero no me gusta. No me gusta México. No da las posibilidades que dan otros países.

– ¿Qué busca tu trabajo?

– A veces mis dibujos no tienen sentido, pero a mí me gustan. Busco una estética. Tampoco me gustaría tener exhibiciones, no me convence la idea. Porque estoy pretendiendo ser algo que no soy. Me gusta “pensar en artista”, pero no porque tenga un don sino porque le dedico tiempo a cosas como observar. Por eso puedo dibujar… a detalle… porque veo.

– Es un placer…

– Tampoco he recibido una retribución económica…

– ¿Es importante vender?

– Es parte de todo… porque… el arte antiguo era muy personal pero evoluciona el término. El arte, como lo enseñan, no explica la parte económica, que también ha cambiado.

– ¿Opinas como Klimt? ¿Qué hay que conservar la obra junta?

– …Es como si encuentras algo muy bonito, pero si lo enseñas a alguien más, tal vez no lo pueda ver. Creo que tenía el temor de hacer algo que no fuera apreciado. Yo pensaba que mis dibujos no los vendía porque todavía no tenían la calidad para ser vendidos.

– Y por otro lado está Van Gogh…

– Ese caso lo he pensado mucho y pienso que es porque era… la sociedad va cambiando, pero si tú haces algo que no va acorde, te lo van a rechazar y va a darte la espalda.

– Un artista se forma, en parte, en los sentimientos de rechazo. A ti no te gusta dónde vives y no te gusta lo que identificas como sistema… la iglesia, la escuela…

– Una vez estaba platicando con Patricio Betteo, un ilustrador muy famoso, y dijo algo así como: “si vas a romper las reglas, hazlo con estilo”. Eso yo lo entiendo como hacerlo bien. Si la cosa es horrible, que tenga una manufactura correcta estéticamente, aunque la imagen no sea lo más bello del mundo.

– ¿Cuáles son tus influencias?

– De chiquito, Walt Disney. Ahora me gustan más los ilustradores. Me conmueve la historia de Van Gogh, se me hace muy cruda pero me gusta porque, a pesar de que no vendía, seguía haciendo lo mismo, pintar.

– ¿Tú eres artista?

– Mmhh… quiero ser. Y aunque no lo logre, el intento ahí está. Si me dejan hacer lo que yo quiera, aunque no digan que soy artista, no me va a importar mucho porque yo hago algo que me gusta.

– ¿Te importa la fama?

– No. Sólo me gustaría poder vivir de lo que me gusta hacer.

– ¿Eres feliz?

– Esa es una pregunta más compleja. Supongo que en esta etapa de mi vida lo soy porque he tenido mucho desarrollo profesional. Pero feliz, feliz… supongo que sí, pero siento que algo falta, que algo estoy buscando.

– ¿Buscas o encuentras?

– Creo que es buscar, no encontrar. Porque cuando encuentras te detienes a entenderlo.

– ¿Ya te acordaste qué desayunaste?

– Sí. Huevos revueltos con jamón, jugo de uva y un café.

– ¿Qué significa Ritalink?

– Ritalín es una medicina. Metilfenidato. Me la daban cuando era niño y sirve para que los chicos dejen de estar chingado. Los vuelve zombies en la escuela. Son esclavos perfectos. Le agregaron la k en la secundaria, cuando me gustaban los videojuegos… en la Leyenda de Zelda el personaje principal se llama Link. Nosotros veíamos videos parodiados de ese juego. En uno había un chavo zonzo, cabezón, flaco. Y me dijeron: “¿qué haces ahí, Ritalink?”. Y ahí se formó un nombre, una variante. Ahora es mi firma.

– ¿Hay algo que te interese aparte del arte? ¿Qué opinas de la política en México?

– Que si te vas a meter en política probablemente termines muerto. No es… casi no me interesa. Aquí en México está de la fregada. No es buena la forma en que se toman las decisiones. No hay buena organización y todo está basado en los intereses de unos cuantos.

– ¿Te interesa tu país?

– No. No me interesa mi país.

– ¿Tienes prioridades?

– Me interesa irme a vivir a otro país. Y vivir de lo que me gusta.

– ¿Cómo puede deslindarse un artista de su contexto? ¿O Ritalink goza y Luis Enrique padece la realidad? ¿Es así?

– Sí, supongo que es así.

– ¿Tu cereal favorito?

– Trix. Y mi mamá no me deja comprarlo.

– ¿Cómo influye en tu actividad la familia?

– Mis papás me dan libertad para que yo escoja. Porque me apoyan en materiales, la escuela de Arte, pagan una escuela, aparte, de ilustración. No tienen la necesidad… no me ponen trabas. Nada más que mi mamá a veces no me deja trabajar.

– ¿Por qué?

– Me distrae.

– ¿Qué te dice la palabra Televisa?

– Mierda. No me gusta.

– Enrique Peña…

– No me importa. Es como… no sé…. un fulano raro que quiere ser algo que no va a ser.

– Marvel y DC Comics…

– Como potencial. Hay cierta carga positiva en ellos. Lo malo es que son monopolios, casi. Pero es una idea, tal vez mal lograda, pero ahí está.

– Futbol…

– Del asco. No me gusta el deporte, realmente. Me gusta el americano porque hay violencia, contacto y estrategia, pero veo al futbol normal como cavernícolas detrás de una pelota.

– Dinero…

– Necesario. No importante, pero sí útil.

– ¿Qué consejo te das a ti mismo?

– Has cosas que no haces. Sal de tu zona de confort. Lava ropa, cocina.

– En la manera que miras el mundo, ¿cómo te observas en 20 años?

– ¿Viste Two and a Half Men?

– ¿Quieres ser el tío Charlie?

– Bueno, sin hermano. Y, ya en serio, no me gusta la idea de tener familia ni de casarme, de atarme a alguien, no sé. Me gusta más la relación libre, pero me harto pronto de las personas, no soy estable en las relaciones personales.

– ¿Y entonces?

– Me veo… me veo trabajando en un restirador.