“En un restirador”

* “Cuando me enteré de que había una escuela de artes plásticas aquí, se me hizo absurdo porque tengo entendido que esta es una ciudad que se desarrolló en busca de industria. Por eso las calles son más gruesas, hay terrenos grandes para compañías… es como una excusa la escuela de arte, o el Jardín de Arte enfrente del Museo Industrial… es absurdo. Hay intentos de arte. Siento que en Metepec hay un poco más, pero es una artesanía, no lo hacen con propósito de trasmitir una idea, sino de sobrevivir”, apunta Luis Enrique Sepúlveda, artista plástico radicado en Toluca y fundador del Proyecto Ébola.

 

Miguel Alvarado

Toluca es una ciudad tranquila, casi quieta. Sus intereses caminan por los rumbos del progreso, de aquél que definen como la construcción de edificios y extrañas torres del Bicentenario que encierran crípticos mensajes de energías oscurecidas por el propio hombre. La cercanía con la ciudad más grande del mundo le hace daño. A veces le impide crecer adecuadamente pero de cualquier forma en algún lugar incuba, desde hace años, movimientos culturales interesantes que más tardan en formarse que en regresar al ciclo de espera embrionario. No es el caso de un artista toluqueño, aunque nacido en Culiacán, que apuesta lápices y habilidades, género plástico poco apreciado en la capital mexiquense. Luis Enrique Sepúlveda, con 21 años a cuestas y una mochila llena de trabajos, cómics y algunas viñetas primorosas, es también uno de los fundadores del Proyecto Ébola, del cual es director editorial y desde donde se pretende colocar a la gráfica de esta urbe en un sitio visible, a través de las páginas de Nuestro Tiempo. Representante de una nueva generación de artistas, vive de otra manera, entiende el arte desde una esquina más práctica y sabe bien dónde quiere llegar.

– ¿Quién eres?

– ¿Cómo? ¿De qué? ¿Mi nombre? Luis Enrique Sepúlveda Aguilar. Me dicen Ritalink desde que iba en secundaria. Me siento más como Ritalink que como Luis Enrique.

– ¿Eres dos personas en una?

– Pienso que me pusieron el nombre equivocado. Porque en una película que vi, dijeron, en la de Coraline: “la gente espera cosas comunes de gente con nombre común”. Y eso me dejó un poco traumado. Me gusta Ritalink porque realmente no es un nombre, es una idea.

– ¿Qué espera Luis Enrique de Ritalink?

– No sé, supongo que haga bien las cosas.

– ¿Es importante hacer bien las cosas?

– Sí.

– ¿Qué haces tú?

– Yooo… dibujo… casi cualquier cosa.

– ¿Por qué?

– No sé, es como… no está muy lejos de que se parezca a drogarte, yo creo.

– ¿Qué desayunaste hoy?

– No me acuerdo… no… no me acuerdo.

– ¿Es importante comer?

– No, me quita el tiempo.

– ¿Cuánto tiempo dedicas a dibujar?

– Si tengo mucho tiempo y no voy a la escuela, como 8 horas. Si voy a la escuela, que normalmente voy seis horas, unas cuatro. Entre seis y ocho horas.

– ¿Qué te da el dibujo?

– Yo creo que satisfacción… es… antes lo veía como algo que mi papá no sabía hacer. Como tengo esa lucha con mi papá. Él hace bien las cosas como fabricar muebles, matemáticas, pensar. Busqué una actividad en la que no me pudiera… ganar.

– ¿Entonces representa una competencia?

– Mhhh… ligeramente. Parte de mí sabe que es por darle gusto a él. Pero me encanta, no podría yo hacer otra cosa.

– ¿Te ves viviendo de…

– De dibujar, de hacer ilustraciones. Hacer imágenes.

– ¿Tienes algún tipo de imágenes recurrentes?

– Me gusta dibujar puertas, y grandes. Me gusta la tinta en agua o, digamos, cuando la sangre se va por el hoyo de la regadera, las formas que agarra, esas formas como en random… aleatorias. Me gusta dibujar mujeres. Son delicadas, tienen más encanto que dibujar un hombre, son más toscos, es difícil encontrarles el encanto.

– ¿Qué es la vida?

– Es una oportunidad de hacer algo con ella.

– ¿Qué es dios?

– Quién sabe. Lo veo como energía, creo. Realmente no me gusta la religión institucional y no me siento bien yendo a la iglesia porque no creo en ella, pero creo que sí debe haber algo de control en el universo, algo como un dios. Un orden.

– ¿Eres de Toluca?

– Vivo en Metepec, a orillas de Toluca. Soy de Culiacán. Nací allá pero nunca viví allá. Mi mamá me fue a tener allá.

– Eres aleatorio…

– Exacto. Aquí llevo como 15 años.

– ¿Hay una actividad artística en Toluca?

– Dicen, pero no me convence. Cuando me enteré de que había una escuela de artes plásticas aquí, se me hizo absurdo porque tengo entendido que esta es una ciudad que se desarrolló en busca de industria. Por eso las calles son más gruesas, hay terrenos grandes para compañías… es como una excusa la escuela de arte, o el Jardín de Arte enfrente del Museo Industrial… es absurdo. Hay intentos de arte. Siento que en Metepec hay un poco más, pero es una artesanía, no lo hacen con propósito de trasmitir una idea, sino de sobrevivir.

– ¿La artesanía no trasmite ideas?

– Pero es una idea cultural, no personal. La descarto como arte.

– ¿Cuáles son los intentos de arte, entonces?

– La Facultad de Artes. Que la universidad tenga una escuela de Artes es debatible. Pero hay escuelas pequeñas, como las de diseño de modas que no son avaladas por la SEP; sabemos que crecen. En otros países han crecido… pero aquí no las apoyan.

– ¿La ilustración es arte?

– Sí, pero es más comercial, aunque menos que el diseño, pero no está avalado por la SEP.

– Si las cosas son así, ¿de qué vive un artista en Toluca?

– Debe irse. Aquí veo que hacen foto para los diarios, ilustran revistas, pero de vender cuadros… el único debe ser Leopoldo Flores. Es bueno. Aunque vi su última obra y no me gusta. Estoy en la Facultad más bien por el papel, el conocimiento es como un bono.

– Menciona tres artistas de Toluca.

– Ernesto Zúñiga. Me gusta cómo enseña, como ve las cosas. Janitzio Alatriste también me gusta. Pero de otros no me acuerdo.

– ¿Te gusta la ciudad?

– No, quiero irme lo más pronto posible.

– ¿Por qué?

– Por mi casa asaltan. No es grata la idea de salir y que te roben. Aunque preferiría que me robaran mi Ipod, el celular, la cartera en vez de mi mochila. Pero no me gusta. No me gusta México. No da las posibilidades que dan otros países.

– ¿Qué busca tu trabajo?

– A veces mis dibujos no tienen sentido, pero a mí me gustan. Busco una estética. Tampoco me gustaría tener exhibiciones, no me convence la idea. Porque estoy pretendiendo ser algo que no soy. Me gusta “pensar en artista”, pero no porque tenga un don sino porque le dedico tiempo a cosas como observar. Por eso puedo dibujar… a detalle… porque veo.

– Es un placer…

– Tampoco he recibido una retribución económica…

– ¿Es importante vender?

– Es parte de todo… porque… el arte antiguo era muy personal pero evoluciona el término. El arte, como lo enseñan, no explica la parte económica, que también ha cambiado.

– ¿Opinas como Klimt? ¿Qué hay que conservar la obra junta?

– …Es como si encuentras algo muy bonito, pero si lo enseñas a alguien más, tal vez no lo pueda ver. Creo que tenía el temor de hacer algo que no fuera apreciado. Yo pensaba que mis dibujos no los vendía porque todavía no tenían la calidad para ser vendidos.

– Y por otro lado está Van Gogh…

– Ese caso lo he pensado mucho y pienso que es porque era… la sociedad va cambiando, pero si tú haces algo que no va acorde, te lo van a rechazar y va a darte la espalda.

– Un artista se forma, en parte, en los sentimientos de rechazo. A ti no te gusta dónde vives y no te gusta lo que identificas como sistema… la iglesia, la escuela…

– Una vez estaba platicando con Patricio Betteo, un ilustrador muy famoso, y dijo algo así como: “si vas a romper las reglas, hazlo con estilo”. Eso yo lo entiendo como hacerlo bien. Si la cosa es horrible, que tenga una manufactura correcta estéticamente, aunque la imagen no sea lo más bello del mundo.

– ¿Cuáles son tus influencias?

– De chiquito, Walt Disney. Ahora me gustan más los ilustradores. Me conmueve la historia de Van Gogh, se me hace muy cruda pero me gusta porque, a pesar de que no vendía, seguía haciendo lo mismo, pintar.

– ¿Tú eres artista?

– Mmhh… quiero ser. Y aunque no lo logre, el intento ahí está. Si me dejan hacer lo que yo quiera, aunque no digan que soy artista, no me va a importar mucho porque yo hago algo que me gusta.

– ¿Te importa la fama?

– No. Sólo me gustaría poder vivir de lo que me gusta hacer.

– ¿Eres feliz?

– Esa es una pregunta más compleja. Supongo que en esta etapa de mi vida lo soy porque he tenido mucho desarrollo profesional. Pero feliz, feliz… supongo que sí, pero siento que algo falta, que algo estoy buscando.

– ¿Buscas o encuentras?

– Creo que es buscar, no encontrar. Porque cuando encuentras te detienes a entenderlo.

– ¿Ya te acordaste qué desayunaste?

– Sí. Huevos revueltos con jamón, jugo de uva y un café.

– ¿Qué significa Ritalink?

– Ritalín es una medicina. Metilfenidato. Me la daban cuando era niño y sirve para que los chicos dejen de estar chingado. Los vuelve zombies en la escuela. Son esclavos perfectos. Le agregaron la k en la secundaria, cuando me gustaban los videojuegos… en la Leyenda de Zelda el personaje principal se llama Link. Nosotros veíamos videos parodiados de ese juego. En uno había un chavo zonzo, cabezón, flaco. Y me dijeron: “¿qué haces ahí, Ritalink?”. Y ahí se formó un nombre, una variante. Ahora es mi firma.

– ¿Hay algo que te interese aparte del arte? ¿Qué opinas de la política en México?

– Que si te vas a meter en política probablemente termines muerto. No es… casi no me interesa. Aquí en México está de la fregada. No es buena la forma en que se toman las decisiones. No hay buena organización y todo está basado en los intereses de unos cuantos.

– ¿Te interesa tu país?

– No. No me interesa mi país.

– ¿Tienes prioridades?

– Me interesa irme a vivir a otro país. Y vivir de lo que me gusta.

– ¿Cómo puede deslindarse un artista de su contexto? ¿O Ritalink goza y Luis Enrique padece la realidad? ¿Es así?

– Sí, supongo que es así.

– ¿Tu cereal favorito?

– Trix. Y mi mamá no me deja comprarlo.

– ¿Cómo influye en tu actividad la familia?

– Mis papás me dan libertad para que yo escoja. Porque me apoyan en materiales, la escuela de Arte, pagan una escuela, aparte, de ilustración. No tienen la necesidad… no me ponen trabas. Nada más que mi mamá a veces no me deja trabajar.

– ¿Por qué?

– Me distrae.

– ¿Qué te dice la palabra Televisa?

– Mierda. No me gusta.

– Enrique Peña…

– No me importa. Es como… no sé…. un fulano raro que quiere ser algo que no va a ser.

– Marvel y DC Comics…

– Como potencial. Hay cierta carga positiva en ellos. Lo malo es que son monopolios, casi. Pero es una idea, tal vez mal lograda, pero ahí está.

– Futbol…

– Del asco. No me gusta el deporte, realmente. Me gusta el americano porque hay violencia, contacto y estrategia, pero veo al futbol normal como cavernícolas detrás de una pelota.

– Dinero…

– Necesario. No importante, pero sí útil.

– ¿Qué consejo te das a ti mismo?

– Has cosas que no haces. Sal de tu zona de confort. Lava ropa, cocina.

– En la manera que miras el mundo, ¿cómo te observas en 20 años?

– ¿Viste Two and a Half Men?

– ¿Quieres ser el tío Charlie?

– Bueno, sin hermano. Y, ya en serio, no me gusta la idea de tener familia ni de casarme, de atarme a alguien, no sé. Me gusta más la relación libre, pero me harto pronto de las personas, no soy estable en las relaciones personales.

– ¿Y entonces?

– Me veo… me veo trabajando en un restirador.

 

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