Mil pesos

* De manera increíble, las relaciones sentimentales han definido la vida pública de Peña. Nunca se ha destacado por una iniciativa que cambie las condiciones sociales o por una declaración, acción contra el narcotráfico o abata el hambre en un acto de burócrata heroísmo. Pero también siempre que una mujer aparece a su lado, parece meterlo en problemas.

 

Miguel Alvarado

Todavía las oficinas mexiquenses del poder Ejecutivo, en el palacio de gobierno de la céntrica calle de Lerdo de Toluca, conservan y resguardan el recuerdo de Enrique Peña. Austeras y grises como lo han sido, los monolíticos pasillos y los inhumanos cubículos contienen en sus paredes afiches con información sobre los días festivos que la burocracia observa religiosamente. Así, entre las educadas maneras de menores funcionarios y la inevitable puerta cerrada de quienes pueden decidir algún asunto, aunque sea mínimamente, penden aquellas añejas publicidades, datadas en el 2009. Luego de un texto casi evangélico por su largueza y letanía, se observan dos pequeñas banderas cuya simbología se explica con la leyenda de “se izará la bandera media hasta” y “se izará la bandera en hasta completa”. Palabras más o menos, aquella hasta, como se conocía al tubo que sostenía la insignia en el 2009, no puede evitar reconocer que un hombre que desdeñaba cualquier cosa que no fuera el poder, y muchos similares a él, gobernaron en una administración que los hizo ricos y poderosos, les proporcionó diversiones y poco trabajo por entender que en México cualquier administración significa una empresa privada manejada con fondos públicos. Pero los dislates ortográficos resultan lo menos importante cuando no puede resolverse una tasa de desocupación del 5.9 por ciento, según el INEGI, y los más del mil 300 feminicidios en 6 años. Si la buena palabra se relacionara con los éxitos de un gobierno, entonces el de Eruviel Ávila estaría condenado al fracaso cuando en la misma pared, junto a la peñista hasta, descansa otro póster que anuncia la convocatoria para el Plan de Desarrollo 2011-2017 del Edomex. Hasta abajo, en letra suficiente y hasta elegante, se lee “Sufragio Efectivo, No Reeleción”. La anécdota alcanza incluso para recordar los orígenes de Carlos Hank González, una especie de superprofesor que consiguió todo lo que quiso, al menos en lo político y económico, a partir de vender mermeladas de tecojote, aunque uno de sus primeros cargos públicos de importancia lo tuvo al frente de la Tesorería de Toluca. Luego compró una pipa para transportar productos de Pemex, que demuestra que el trabajo tesorero conduce a algún lugar. Un lugar de 2 mil millones de dólares hasta el 2001, publicaba la revista Forbes. Aquel maestro normalista sentaría las bases de una enseñanza que, aunque política y tahúr, dejó honda huella en la clase mexiquense. Y así fue. Todavía hasta hoy el Grupo Atlacomulco fortalece con increíble ideología las andanzas de sus militantes y justifica por todos los medios los abusos de los mismos. Inventa una historia paralela que, como ahora las encuestas, indican como naturales cosas inverosímiles.

Peña, aspirante presidencial nacido en Acambay aunque un nuevo libro sobre él señale que nació en el DF en la colonia Condesa, es uno de esos ejemplos. Como todo ser humano, compuesto por virtudes y defectos tiene, sin embargo, el mayor de ellos. La simulación en la que se mueve lo hizo perder el piso hace años. Es atrabancado e impulsivo. Pareciera que no mide consecuencias y que él mismo es de hierro, literalmente.

Y ante las encuestas que siempre lo ubican en primer lugar rumbo a Los Pinos, se comporta como el objetivo de una vulgar cámara fotográfica. Posa, aunque mediciones del ITAM digan que López Obrador va a la cabeza de las preferencias. Sonríe, aunque un sondeo panista ubique a Vázquez Mota a 5 puntos de distancia del priista. Le brillan los ojos cuando los conteos ciudadanos, alejados de Mitofsky y otras, le señalen que marcha en tercer lugar. El priismo corporativo ayudará a la ilusión de que caer 18 puntos, como apunta otra medidora, Ipsos-Bomsa, es una situación normal y que nada tiene que ver con la inteligencia del electorado, que observa risueño pero sólo cuando tiene tiempo, cómo el ex mandatario mexiquense asiste impertérrito, como moderno Iturbide, a una gala imperial donde ha olvidado su ropaje. Otro libro, éste sobre su variopinta vida amorosa, salió a la luz un 14 de febrero para mostrar cómo han sido las mujeres de Enrique y dónde se encuentran. El desparpajo del autor, Alberto Tavira, ex editor de la revista de corazones Quién, alcanza para revelar que el gobierno mexiquense le ayudó a entrevistar a los parientes de Peña pero luego, cuando vieron cómo iba el asunto, desautorizaron aquello. “Cuando quise contactar a mujeres incómodas de su vida, ahí sí su gente ya no ayudó. Es una biografía que comenzó siendo autorizada y terminó desautorizada”, platica.

De manera increíble, las relaciones sentimentales han definido la vida pública de Peña. Nunca se ha destacado por una iniciativa que cambie las condiciones sociales o por una declaración, acción contra el narcotráfico o abata el hambre en un acto de burócrata heroísmo. Pero también siempre que una mujer aparece a su lado, parece meterlo en problemas. Eso es el fondo del libro de Tavira, editado por Océano, que recopila las apariciones de Jessica Delamadrid, Rebeca Solano, Maritza Díaz y Angélica Rivera, amén de Mónica Pretelini.

Mientras el ex gobernador brilla en público, cobijado por el acarreo, las víctimas de un linchamiento en Huitzilzingo, Chalco, están de acuerdo en que la entidad presenta dos versiones. La una, donde los mandatarios se mueven cotidianamente y parece que no sucede nada. La otra, el lado oscuro pero lógico, producto de las políticas practicadas por años. Los tres linchados pagaron el precio de la paranoia, del miedo y el hartazgo pero también del valemadrismo, la incivilidad, el no leer, incubados desde los tiempos de la Conquista. Una sociedad de cabeza, preocupada más por la novela de la tarde que por estudiar o el trabajo, es la que no tiene cabida en los proyectos políticos salvo cuando se pide el voto en esta democracia de chaquira, desgarrada. Los señores feudales permiten vivir malamente siempre y cuando no se les atiborre con los problemas de los siervos. La turba no supo jamás que Peña estuvo en Ecatepec, el 11 de febrero, para algo que escapa a la comprensión de la mayoría. Allí dirigió unas palabras, lugares comunes pero seguros disfrazados de inteligencia, y trató de defenderse del ataque panista que pronto reventará una burbuja llamada Yarrington, Cavazos y Montiel. Mientras, se aboga porque la inseguridad desparezca así, como por arte de magia, y todos se reúnan en torno al de Atlacomulco. Con la espada de su corto humor desenvainada, el aspirante priista copió una fórmula dominada por Obrador y quiso interactuar con los asistentes, algunos de ellos muy entusiastas que cobran mil pesos al partido por cada aparición. No es broma. Los cuadros que apoyan no lo hacen gratis en ningún partido, ni siquiera los familiares. Pagados o tontos, también en el PAN se juntan las masas y uno de sus coordinadores, Carlos Alberto Pérez Cuevas, se ha comprometido para asegurar a Vázquez unos 3 millones y medio de votos. Magos alquimistas, pero sobre todo grandes matizadores de la verdad, se han comprometido a llevar similar cantidad al PRI y también al PRD. Alguien quedará mal porque el padrón mexiquense no rebasa los 10 millones. Podría suceder que se les descuente el día o algunos pierdan el empleo si votan por fórmulas diferentes, como ya sucede a quienes se niegan al acarreo en sábados y domingos. La pereza del mexicano es proverbial, pero toma cotas gigantescas cuando se trata de acudir a un mitin. Y es que el daño es irreversible. Un fin de semana partido a la mitad, asoleado o lluvioso, con la familia fastidiada y pronta al reclamo. No hay amigos ni cerveza que lo pueda compensar, ni siquiera aquellos mil pesitos porque ya ni la comida o las tortas que se invitan son buenas, luego de que 800 peregrinos y mil seguidores de un líder tricolor resultaron intoxicados en la comilona organizada por las desaforadas autoridades.

“No nos piquen la cresta. Por cada ataque, por cada calumnia que reciba nuestro paisano, habrá millones de mexiquenses defendiéndolo”, diría el gobernador Ávila al defender al peñismo en su querido Ecatepec.

Y para que los gallos no se alebresten, los invitados a fuerza fueron enviados desde sus municipios desde las cuatro de la mañana, para que apartaran el lugar a otros. Aguantaron a pie firme más allá del mediodía y no se quejaron sino hasta el final, cuando paciencia y estómago fallaban. Los coordinadores regionales estaban felices. Casi todo resultó como se planeaba y Ávila, Peña y Rivera pasaron un día feliz al lado de los de abajo pero también junto a los ex gobernadores que conservan el aliento.

Así, vestidos con la grandeza de Santa Anna y la bastedad de Vicente, los campeones de la elección 2012 se disputan el honor de arrojar la pedrada definitiva, aquella que terminará con sus vapuleados adversarios de una vez por todas. Como apunta Tavira, el que reunió a las mujeres de Peña: “como no teníamos la realeza de los españoles ni de los ingleses, tuvimos que inventar la nuestra. Y eran los políticos los que tenían que ser nuestros príncipes y princesas. Estaban los periodistas del círculo rojo, los que hacían análisis de política, pero nadie contaba dónde se casaban los políticos, cómo eran los vestidos de sus esposas, dónde hacían los bautizos de sus hijos, cómo eran sus casas”, dice a la revista Gatopardo.

Y mientras algunos apuntan que Beltrones es el verdadero PRI, éste se enfila en la política de la realidad lanzado propuestas que se le han matizado al propio Peña. El Tratado de Libre Comercio y la Iniciativa Mérida reformada forman parte de la agenda tangencial de Manlio Fabio. A Peña le ha dejado lo difícil. El desgaste del alto perfil mediático, las largas caminatas por pueblos mágicos ensombrecidos por la lluvia, chistes crueles en redes sociales y metidas de pata imborrables, impresentables pero siempre esperadas por el morboso elector. A Beltrones no le importa que pierda su compañero. Peor todavía, no le importa que gane y ni siquiera que de consolación aparezca en el Senado si la tragedia le revienta en las boletas. Beltrones tiene fe en el refrán de la hierba mala y se ha propuesto sobrevivir otros seis años en el marasmo político que representa su partido.

No importa, en realidad, qué suceda en los comicios del 2012. Lo que pase no será incumbencia de la ciudadanía, que de todas formas acudirá a una derrota legalizada por alguien o algunos que sólo en leyendas urbanas pueden ser nombrados.

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