La cuestión es cuándo atacar

* Netanyahu dice una y otra vez que un Irán nuclear supone una “amenaza existencial” no solo para Israel sino para todo el mundo, y que por lo tanto no puede tolerarse. Sus declaraciones concuerdan con la postura de Washington de que “todas las opciones están sobre la mesa”.

 

Pierre Klochendler/ IPS

Jerusalén. “La calma previa a la tormenta”: así es como los expertos israelíes describen la cuenta regresiva hacia un ataque unilateral de su país contra Irán y hacia la reunión de la semana próxima entre su primer ministro Benjamín Netanyahu y el presidente estadounidense Barack Obama.

Luego de que altos enviados estadounidenses peregrinaran la semana pasada a Jerusalén, ahora les toca a los líderes israelíes ir a Washington. Netanyahu será recibido el próximo lunes 5 de marzo en la Casa Blanca, dos días después que el presidente israelí Shimon Peres.

Las reiteradas advertencias estadounidenses previas a las reuniones de los jerarcas no podrían ser más directas. “En este punto no es prudente atacar a Irán”, dijo el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, Martin Dempsey a la cadena estadounidense de televisión por cable CNN.

“El gobierno estadounidense confía en que los israelíes comprenden nuestras preocupaciones”, agregó.

Pero a quienes toman las decisiones del lado israelí, lo que les importa es la confianza y no las “preocupaciones” de Estados Unidos.

Ellos aprecian el esfuerzo internacional liderado por Estados Unidos para contener las actividades nucleares de Irán. En privado, incluso están dispuestos a decir que las sanciones van más allá de sus expectativas iniciales. Pero luego, ¿por qué envolver en ambigüedad la fecha de un potencial ataque contra Irán si no es con fines tácticos?

“Irán es un actor racional… no ha decidido fabricar un arma nuclear”, ha dicho Dempsey claramente.

Según señaló The New York Times el sábado 25, la evaluación de Dempsey fue corroborada por 16 agencias de inteligencia de Estados Unidos, aunque la Agencia Internacional de Energía Atómica informó el día antes que Irán había acelerado su programa de enriquecimiento de uranio desde su reporte de noviembre de 2011.

El mensaje que se transmite aquí es que lo que busca Estados Unidos es convencer a Teherán de que puede ser objeto de sanciones aún más severas si no adopta medidas razonables en relación a su programa nuclear.

Netanyahu dice una y otra vez que un Irán nuclear supone una “amenaza existencial” no solo para Israel sino para todo el mundo, y que por lo tanto no puede tolerarse. Sus declaraciones concuerdan con la postura de Washington de que “todas las opciones están sobre la mesa”.

Pero el jueves 23 emitió una advertencia: “Paren esta cháchara. Causa daño”, instruyó a su gabinete ministerial. “No deberíamos estar dando tanta información sobre este asunto”.

La pregunta es a quién se le da “tanta información”.

En todo caso, lo que preocupa a Estados Unidos no es lo que Netanyahu dice, sino lo que no dice.

Hacer que todos los actores clave se pregunten si de verdad es inminente un ataque israelí contra Irán –en declaraciones a The Washington Post, el secretario (ministro) de Defensa de Estados Unidos, León Panetta, señaló como posible la primavera boreal- tiene un solo propósito.

No hay ilusiones de que una amenaza de ataque israelí disuada a Irán de perseguir su carrera nuclear. Por lo menos puede impedir que el frente internacional contra Teherán baje su guardia.

“Hasta ahora, la opción militar demuestra ser un éxito diplomático”, afirma el columnista Ari Shavit. “Se las ha arreglado para sacudirle a la comunidad internacional su apatía y hacer un aporte definitivo a la intensificación del sitio diplomático y económico contra Irán”.

Así que, ¿qué puede esperarse de la importante reunión que tendrá lugar en la Casa Blanca?

Lo que es seguro es que Obama no quiere crear la impresión de que Estados Unidos se arriesga a que Israel lo arrastre hacia un ataque contra Irán.

Pero el grado de coordinación entre los dos países aliados es tal que si Israel ataca Irán, a Estados Unidos le resultará extremadamente difícil convencer a la comunidad internacional –especialmente a los estados árabes post-revolucionarios con los que está comprometido a reconstruir la confianza- de que no sabía que el estado judío actuaría unilateralmente, o de que no quería que lo hiciera.

Lo que es peor, nadie está realmente seguro de cómo impactará ese ataque unilateral sobre un Medio Oriente cada vez más volátil. Estados Unidos puede perder fácilmente el control de los acontecimientos y verse envuelto militarmente en cualquier caso.

Para que la oposición de Estados Unidos a un ataque israelí sea creíble, tiene que estar acompañada por más que palabras, algo inconcebible durante una campaña electoral. El único recurso de Obama será tener el compromiso de Netanyahu –aunque sea en privado- de que Israel postergará la opción de una intervención militar en Irán.

A cambio, Netanyahu sin dudas obtendrá una reiteración del acostumbrado “apoyo incondicional” de Estados Unidos a la seguridad de Israel. Pero eso no alcanza. Netanyahu no confía del todo en Obama.

“Si el presidente quiere impedir un desastre, debe darle a Netanyahu garantías férreas de que Estados Unidos frenará a Irán de cualquier modo que sea necesario y a cualquier precio, después de las elecciones. Si Obama no hace esto, obligará a Netanyahu a actuar antes de las elecciones de 2012”, escribió Shavit en la edición de fin de semana del diario israelí Haaretz.

Dentro de los círculos diplomáticos y de defensa estadounidense-israelíes, se está afinando el debate sobre un eventual ataque contra Irán: ya no se refiere tanto a la probabilidad de que se concrete, sino a la fecha en que tendrá lugar.

Cuanto más se acerque el calendario a noviembre, menos probabilidades habrá de un ataque israelí. Pero no por las condiciones meteorológicas, sino por el clima electoral en Estados Unidos.

Una guerra preventiva se percibiría como una gruesa interferencia en los asuntos internos de Estados Unidos. Y este es un riesgo que Netanyahu, prudente y versado en política estadounidense, no estará dispuesto a asumir.

Si resulta claro que la acción contra Irán se postergará hasta noviembre, ¿por qué Israel no disiparía ya las preocupaciones de Estados Unidos?

Por ahora, la perspectiva de un ataque unilateral contra Irán, incluso luego de noviembre, es la mayor arma diplomática de Israel.

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