Las mujeres invisibles

* Italia Méndez estuvo en San Salvador Atenco el 3 y 4 de mayo del 2006. Fue apresada y vivió una pesadilla en carne propia.  Afirma que la tortura sexual se ha utilizado en el país durante décadas como una forma de represión para detener movimientos muy fuertes. “Pensamos que era importante utilizar nuestro testimonio, todo el dolor que habíamos pasado, como una herramienta para analizar por qué el Estado sigue utilizando esas estrategias en contra de los movimientos”.

 

Carolina S. Romero (extracto)/ La Haine

¡Ya basta a la violencia contra la mujer! fue la consigna de un acto con música, arte e historias de lucha celebrado el 10 de marzo en la explanada del Palacio de Bellas Artes, en el marco del Día Internacional de la Mujer. Convocado por Mujeres y la Sexta, Adherentes a La Otra Campaña y a la Red contra la Represión y por la Solidaridad, el evento destacó las palabras de mujeres que contaron sus propias experiencias de lucha y resistencia desde Atenco hasta Cherán.

Norma Osorio e Italia Méndez hablaron de las experiencias que vivieron en San Salvador Atenco hace casi seis años y de su participación en la Campaña contra la Represión Política y la Tortura Sexual.

Osorio leyó un documento que afirma que el operativo policial-militar realizado el 3 y 4 de mayo de 2006 dejó un saldo que incluye los asesinatos de Javier Cortés Santiago y Alexis Benhumea, allanamientos a domicilios, el encarcelamiento de 207 personas y la tortura de todos los arrestados. Dice que 21 mujeres de las 47 aprehendidas durante los operativos denunciaron la tortura sexual que ocurrió en los traslados al penal del Santiaguito en Almoloya de Juárez.

El 19 de mayo de 2006, un grupo de mujeres interpuso una denuncia jurídica ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Violentos contra Mujeres (Fevim), dependiente de la Procuraduría General de la República (PGR), para poner en evidencia la violencia del Estado y sus estrategias de control social, pero la única respuesta de la FEVIM y su sucesora la FEVIMTRA ha sido un respaldo a la impunidad. El proceso en los tribunales tampoco ha resultado en la justicia.

“La impunidad es la marca de toda la investigación y ha cubierto desde los autores materiales, policías federales, estatales y municipales, hasta los que dieron las ordenes, aquellos oscuros personajes que estuvieron detrás de los operativos. El 12 de febrero de 2009 la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en su dictamen sobre el caso Atenco, reconoce que prevaleció la flagrante violación a las garantías individuales y abuso de la autoridad. Sin embargo, a Enrique Peña Nieto, ex gobernador del Estado de México y Eduardo Medina Mora, el entonces secretario de Seguridad Publica Federal, se les deslinda de toda responsabilidad del ejercicio de la fuerza pública argumentando que la policía actuó por cuenta propia, diluyendo así la responsabilidad de la cadena de mando y de los funcionarios participes, Wilfrido Robledo, comisionado de la Agencia de Seguridad Estatal y Genaro García Luna, director general de la Agencia Federal de Investigación, señalado como el que planeo el operativo actuando bajo las ordenes de Vicente Fox, el entonces presidente de la república”.

Hoy en día once mujeres siguen como denunciantes. En noviembre de 2011 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dio entrada a su denuncia por tortura sexual presentada contra el Estado mexicano.

Osorio explica que “la denuncia ha tenido altas y bajas. Es mucho tiempo. No es tan fácil estar aquí todo este tiempo. En algunos momentos algunas hemos ido y venido. No siempre estamos tan fuertes para continuar. Las actividades en esta denuncia han sido muy difíciles. A veces no nos sentimos totalmente seguras de estar participando, sobre todo porque es muy emocional, porque nos duele mucho lo que pasa a la otra y que ha pasado a nosotras y tenemos que estar recordando. Hemos tenido que ir a muchas partes para hablar de esto que nos sucedió y hablarlo una y otra vez, y podría parecer fácil porque ya lo hemos dicho tantas veces, pero no es así. Siempre es difícil. No siempre estamos dispuestas a ir a sentarnos al frente de un grupo de personas que ni siquiera nos está escuchando. Es difícil. Pero siempre hemos encontrado el apoyo de la otra. Somos once mujeres que, a pesar de todo, seguimos resistiendo. Y creo que a pesar de lo que pueda decir un tribunal, a pesar de lo que pueda decir cualquier corte internacional, seguimos juntas y seguimos resistiendo, y ésta es la victoria de esta denuncia. No necesitamos pedirle nada a nadie porque nosotras ya logramos un montón de cosas estando juntas, y estar acompañada de ustedes, de la Otra Campaña, de todas nuestras compañeras, para mí y para nosotras, esto ya es una victoria”.

Italia Méndez afirma que, aparte de la denuncia jurídica, ellas participan en un esfuerzo mucho más rico que es la denuncia social, que han realizado prácticamente desde el primer momento. Explica que al llegar al penal, después del largo viaje en camión desde Atenco, cuando vivieron todo tipo de tortura sexual, las mujeres tuvieron la oportunidad de abrazarse, empezar a curar sus heridas y platicar sobre todo lo que les había pasado. Pensaron que antes de levantar una denuncia jurídica, lo más importante era exigir justicia en las plazas públicas, en las organizaciones sociales.

“Sentimos mucho encabronamiento, indignación por lo que había ocurrido y dijimos: no tengo por qué ocultar mi rostro, no tengo por qué ocultar mi nombre, porque yo no me avergüenzo de lo que me pasó. Y era necesario regresarles la vergüenza a ellos, a los perpetradores, a ellos, a los políticos, al mismo Estado que provocó y que orquestó todo lo que a nosotras nos pasó en esos operativos”.

Explica que al hacer las denuncias públicas, las mujeres se dieron cuenta que estaban llevando un proceso importante de justicia. “Nosotras estábamos compartiendo con ustedes lo que nos había pasado, pero desde un sitio distinto que no era la victimización. Pensamos que era muy importante que ustedes nos oyeran, pero no desde el punto de vista de ‘pobrecitas, mira lo que les pasó porque nosotras provenimos de movimientos sociales, nosotras venimos de colectivos, nosotras sabemos que nos ocurrió esto porque el Estado nos ve como peligrosas. Toda aquella persona que tiene un hilo, un atisbo de la libertad, que cree que las cosas no estén bien, y cometemos un acto de libertad, el que sea, nos convertimos en automático en un enemigo potencial del Estado. Y el Estado intenta detener a toda costa esa visión de libertad que pueden tener los seres humanos”.

Italia afirma que la tortura sexual se ha utilizado en el país durante décadas como una forma de represión para detener movimientos muy fuertes. “Pensamos que era importante utilizar nuestro testimonio, todo el dolor que habíamos pasado, como una herramienta para analizar por qué el Estado sigue utilizando esas estrategias en contra de los movimientos. Y ¿qué es lo que pasa cuando a una mujer utilizan su cuerpo como campo de batalla? ¿Qué pasa en un operativo cuando las mujeres somos violadas, cuando somos torturadas sexualmente? ¿Qué ocurre dentro de nuestros colectivos y organizaciones? Empezamos a hacer una reflexión. Empezamos a hablar con nuestros compañeros. Hicimos unos avances importantes. En este camino de más de cinco años, hemos sentido mucho miedo, hemos sentido mucha frustración, hemos sentido mucho dolor. Y lo que nos ha mantenido juntas y con ganas de seguir luchando es justamente porque creemos que el Estado nos quería tener totalmente destruidas. Nos quería mandar a nuestra casa. Los policías cuando nos torturaron nos decían ‘¿Saben por qué les está pasando esto? Por revoltosas. Porque tú deberías estar en tu casa cuidando a tus niños’. Y eran actos que nos parecían muy aberrantes. Y ahora yo lo recuerdo y dolían más que los golpes. Afectaban mucho más mi integridad que la propia tortura sexual, que implicaba golpes en genitales e introducción de objetos a la vagina. Imagínense ese asunto pero que en la piel quedara más allá de ese asunto, que ellos intentaron regresarme a un lugar que yo sabía no era el mío. Mi lugar es junto con mis compañeros, luchando por la libertad de este país.”

“Y hemos descubierto que la tortura no se va. La tortura se queda y nos acompaña. Tenemos altibajos, pero lo que nos permite seguir adelante es justamente saber que otras personas comparten nuestra lucha…. Ahora nuestra lucha es muy focalizada con el tema anti-represivo, con el tema de qué es lo que rompe dentro la colectividad esa herramienta de control social que tiene el Estado. Pero finalmente tenemos un lugar en esta lucha, la que tiene que ver con la transformación del mundo, de la vida de nosotras mismas y de todos nuestros compañeros. Y esto nos alimenta mucho para continuar. Nosotras nos reconocemos no como víctimas, tampoco heroínas, sino como mujeres que nos tocó pasar un episodio muy duro y muy fuerte. Quisieron ponernos en el papel de castigo ejemplar para que nos quedáramos en nuestra casa. Nosotros éramos ejemplo para que dejáramos de luchar. Y nosotras estamos aquí casi seis años después. Nos resistimos a ser esa mujer estigmatizada, castigada, y seguimos luchando. Y tenemos un papel importante que desarrollar pero no somos ni fantásticas ni súper fuertes porque lloramos, porque tenemos miedo, porque somos como cualquier persona, pero hemos aprendido a desarrollarnos a pesar del dolor. Y lo hemos logrado por el acompañamiento que hace cada una de ustedes y cada uno de ustedes. Les agradecemos mucho”.

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