Farsa mediática

* Un estudio de José Ramón Santillán, llamado “Teatralización política y periodística” analizaba la segunda aparición de Peña en una campaña para un cargo de elección popular, en aquel 2005. El investigador, doctor en Ciencia Política por la Universidad Pompeu Fabra, publicaba para la Universidad de la Ciudad de México que “la selección interna del candidato a gobernador del Estado de México por el PRI, para las elecciones del 2005, es un ejemplo de la construcción del discurso político a través de las prácticas periodísticas. Esta relación descubre a los periódicos como subordinados al poder político”.

 

Miguel Alvarado

La fecha del inicio formal de las campañas presidenciales se acerca. Terminado marzo, las costosas elecciones mexicanas moverán su anquilosada maquinaria para justificar una fantasmal democracia que apenas puede maquillar la realidad nacional. Una dictadura ejercida desde una base común donde participan los partidos políticos, el empresariado, el clero católico y el narcotráfico celebrará el 2 de julio el triunfo inapeable. No habrá rival en la mascarada electoral y cualquiera representará convenientemente el papel presidencial, decidido de antemano.

Pero mientras, cada voto en esta simulación oficializada costará un promedio de 370 pesos y podría alcanzar 550 pesos, dependiendo del abstencionismo que se registre, en un presupuesto que contempla 17 mil 452 millones de pesos. Y en una maraña de campañas políticas que incluyen diputados federales, senadores y en algunos estados diputaciones locales y ayuntamientos, hasta la segunda quincena de marzo las encuestas que miden la aceptación de los tres aspirantes más fuertes ubican al priista Peña Nieto en el primer lugar. Mitosfky le concede 38 por ciento, dos puntos menos que hace tres semanas, aunque la panista Vázquez Mota corre la misma suerte. Las mediciones, que sólo avalan un proceso oscuro y poco entendido por la mayoría del electorado, son tan variadas que se han clasificado en una base que toma en cuenta quién se ubica en el primer lugar. Peña siempre ha sido puntero de Mitofsky pero otras como Covarrubias colocan al perredista López Obrador. La panista siempre aparece en segundo lugar, lo que indicaría que en ningún caso ganaría la presidencia. Peña será primero o último, lo mismo que Obrador. Una situación poco comprensible.

La diferencia también encuentra las redes sociales, donde el priista se ubica en los extremos, pero destaca una impopularidad porque el personaje público que representa el ex gobernador mexiquense parece una caricatura o un diseño para una telenovela en televisión abierta. En esas redes sociales –twitter, facebook- lo que cuenta es la inmediatez y pifias y desaciertos, aunque nimios la mayoría, pesan sobre los contendientes. Vázquez no pudo controlar la asistencia en el Estadio Azul cuando su toma de protesta y Peña leyó un texto, que debió aprenderse, en enormes pantallas que solo reforzaron la imaginación de quienes lo consideran poco apto intelectualmente. Los escollos son tragicómicos pero ninguna información importante se ha filtrado todavía y afecta el desarrollo político hasta ahora.

Vázquez con las preferencias de Mitofsky ubicándolas en 24 por ciento, espera que Obrador, a quien se le otorgan 17 por ciento. Si Mitofsky tuviera la verdad, el abstencionismo sería del 19 por ciento, que haría ganar a la panista si convenciera a ese sector y Peña no perdiera ya más puntos, pero no al perredista, quien necesita que el priista siga en el tobogán. El inicio de las campañas encontrará empatados a Peña y Vázquez en la punta pero también abrirá las puertas para que las campañas negras desempeñen su papel. El más vulnerable será el mexiquense y aunque un nuevo libro sobre López Obrador aparecerá a finales de marzo, Peña sigue siendo el personaje central de los actuales temas políticos. La desmesura de su imagen, que comenzó a publicitarse en las elecciones estatales del 2005 cuando el sobrino de Arturo Montiel derrotó al panista Rubén Mendoza y a la perredista Yeidkol Polenvsky. Un director de cátedra del Tec. de Monterrey campus Edomex, Octavio Islas, recordaba del 2005 que “el nivel de debate y argumentación política que exhibieron los tres candidatos a suceder a Arturo Montiel, actual gobernador de la entidad y activo suspirante en campaña, sin duda alguna admite ser considerado decepcionante. Las acciones comunicativas que en Internet emprendieron Rubén Mendoza Ayala y Yeidckol Polevnsky Gurwitz, definitivamente no representan contribución significativa alguna a la creación de una cultura ciudadana de la información. Enrique Peña Nieto publicó en su sitio web información relativa al ejercicio de sus gastos de campaña. Ese simple hecho establece un importante precedente que en lo sucesivo deberían observar todos los candidatos a puestos de elección popular: informar a la ciudadanía escrupulosa y oportunamente el monto de los gastos de sus campañas”. El PRI mexiquense de aquellos años tenía para esa campaña 89 millones 114 mil 483 pesos, que sumados a los 25 millones 713 mil 694 de su aliado, el Verde Ecologista, le daban a Peña la cantidad de 114 millones 828 mil 178 pesos que lograron subir hasta 125 millones con aportaciones de simpatizantes y militantes pero que al final se redondeó en 209 millones 103 mil 620 pesos, que se gastaron hasta el último centavo.

Los gastos de televisión para Peña encontraron cifras récord en la entidad. La transparencia del entonces gobernador no llegaba a tanto y se limitaba a informar que para ese tipo de medio había erogado 98 millones 859 mil 983 pesos; para radio la cuenta sumó 34 millones 264 mil 211 pesos; para la prensa escrita, 2 millones 792 mil 438 pesos y para cines un millón 740 mil pesos. Aquella campaña estatal tuvo gastos en boletos de autopista, parabuses, espectaculares, tarjetas telefónicas, publicidad móvil, discos, actores y acarreados por 26 millones 262 mil 685 pesos.

Estas cantidades serán las que, dicen panistas y perredistas, se destinarán para apoyar la campaña nacional. Al menos una parte. Y las cuotas que, hoy se sabe son por 25 millones de pesos, que los gobiernos priistas entregan con cargo al erario público, a la organización nacional. Si Peña perdiera, de todas maneras habría tenido la posibilidad de hacer negocio. “Las campañas en el Estado de México parecen destinadas a consumidores de la sociedad del espectáculo y no a electores sensibles. La imaginación y credibilidad de los principales partidos políticos parece agotada”, concluye Islas.

En el Edomex, el priismo encuentra en los distintos medios de comunicación a sus principales aliados propagandísticos. El PRI ha formado, a lo largo de los años, una especie de grupo de fieles que acapara la mayor parte del presupuesto destinado pero que debe entregar su línea editorial casi por completo. Lo mismo hacen los otros partidos con su propio grupo de interés.

Un estudio de José Ramón Santillán, llamado “Teatralización política y periodística” analizaba la segunda aparición de Peña en una campaña para un cargo de elección popular, en aquel 2005. El investigador, doctor en Ciencia Política por la Universidad Pompeu Fabra, publicaba para la Universidad de la Ciudad de México que “la selección interna del candidato a gobernador del Estado de México por el PRI, para las elecciones del 2005, es un ejemplo de la construcción del discurso político a través de las prácticas periodísticas. Esta relación descubre a los periódicos como subordinados al poder político”.

Santillán desglosa entonces las publicaciones de tres diarios de la capital mexiquense, El Sol de Toluca, Portal y 8 Columnas. De los tres, apunta que mantienen una “clara tendencia editorial progubernamental… representan los distintos grupos políticos existentes. El sol de Toluca es un diario más afín al gobernador; 8 Columnas a la clase priista y Portal tiene una orientación política de cambio e intenta representar a un sector progresista del PRI”.

Luego, contabiliza cuántas notas, pagadas o no, aparecieron en primera plana desde la convocatoria de aspirantes hasta la postulación del candidato y concluye que 8 Columnas publicó 53 noticias en aquel espacio; El Sol imprimió 44 y Portal mandó 36. De esos 133 insertos, 79 de ellas eran la noticia principal, 68 por ciento del total. El Sol, por ejemplo, mandó 34 veces una nota de este tipo como información principal. Las actividades del precandidatos priistas era lo más importante, pero en segundo lugar aparecía la figura del gobernador, en ese entonces Arturo Montiel y, en tercero, el propio PRI. Pero los temas que impulsaron esos periódicos fueron también contabilizados y se encontró una agenda fabricada para los medios de comunicación desde un partido político y un gobierno. Así, la transparencia en el proceso interno, la rebeldía de Isidro Pastor, la prohibición para que Montiel apoyara a determinado candidato, la democratización del partido y escuchar a la militancia se transformaron en una historia que los diarios contaron sin contrapesos.

“La subordinación y simulación son quizá las principales características en los contenidos periodísticos aportados por los tres diarios que, por lo general, asumen explícitamente los dictados y los ritmos de la política local, en especial centrándose en el respeto a las figuras políticas priistas… los tres periódicos actuaron a partir de su dependencia y complicidad con las estrategias políticas. El PRI simuló una competencia política, de división interna y crítica a las formas de elegir al candidato para difundir que estaba cambiando. Pero al final el gobernador Arturo Montiel impuso a su delfín, Enrique Peña Nieto, como candidato de unidad…”, determina el investigador.

Quienes contendieron para suceder a Montiel en el PRI han sido considerados comparsas políticas. Carlos Hank Rhon, hijo del profesor Carlos Hank González, entró y se retiró cuanto antes al amarrar negocios con el nuevo gobierno. Isidro Pastor mantuvo una especie de odio público hacia Peña y Montiel pero en lo privado negociaba con ellos como operador político y hoy se ocupa de una parte de la campaña presidencial de su “odiado rival”. Incluso acudió a otros partidos donde todos sus proyectos políticos fracasaron. Gustavo Cárdenas es hoy delegado político en el CEN del partido en el DF, pero también fue coordinador de la campaña de Peña, secretario de Administración, diputado local y coordinador de Concertación Política y presidente de la Comisión de Estrategia y Prospectiva del PRI mexiquense. Jaime Vázquez es notario pero fue diputado y muchas veces aspirante a cargos públicos. Enrique Jacob se encargó luego de negociar en la misma campaña del 2005 con el panista Rubén Mendoza y el propio Peña. Fue diputado y secretario de Estado. Participa hoy en la campaña presidencial y Fernando García Cuevas es secretario mexiquense y recientemente sufrió un accidente en helicóptero que lo ha mantenido en el bajo perfil.

Así, Peña iniciaba la escalada que lo llevaría a gobernar el Edomex por seis años y luego, ubicarse donde está, en la antesala de una competencia que guarda exactas similitudes con aquella pachanga que resultó ser el proceso interno priista del 2005.

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