Herencia pendiente

* En Toluca se despide a Guillermo Fernández, uno de los más reconocidos traductores en México del italiano, asesinado en su casa para robarle, según las primeras versiones. Queda claro que a pesar de que se capture al responsable, no parará la violencia que desde hace años se vive en la ciudad, que no toda tiene que ver con el fenómeno del narcotráfico pero sí con las condiciones sociales elementales como la educación, el empleo, los bajos salarios que retratan alguna condición miserable al menos para la mitad de los habitantes de la entidad, que cuenta con unos 15 millones.

 

Miguel Alvarado

El aspirante mexiquense a la presidencia de México, Enrique Peña, recorre el país en busca del voto. Uno de los puntos que dice fundamentales en su campaña es regresa la tranquilidad a país, “porque hay estados en donde los ciudadanos viven atemorizados por el crimen y ni siquiera disfrutan de su libertad”, apunta casi sabio. No olvida, queda claro, que esto sucede en el Estado de México, en Toluca, la ciudad donde residió por más de seis años e hizo carrera política a la sombra de su tío, el ex gobernador Arturo Montiel.

Mientras eso dice donde sea que se para y viaja en un helicóptero cuya renta cuesta 100 mil pesos diarios, presupuestados escrupulosamente en el desglose que lo llevaría a Los Pinos, el asesinato del poeta Guillermo Fernández conmueve al menos a sus amigos cercanos y a los círculos de artistas que frecuentaba, pero representa uno más de los 45 homicidios que se registran en promedio cada mes en la entidad. La herencia que la administración de Peña otorgó al priista Eruviel Ávila es sobre todo esa. Un estado ingobernable donde el paisaje cotidiano es la muerte violenta, por las razones que sea. No sería razonable culpar de todo a los administradores en el poder pero sí lo es reclamar que lo que hacen no tiene efectos visibles favorables, ni siquiera a largo plazo. La prueba elemental es que en cualquier elección la promesa más usada es acerca de la seguridad.

Resulta absurdo que desde una campaña se solucione o cambie la realidad social. Así, en lo pequeño, el priista toluqueño Alberto Curi recorre su distrito, el 34, y se mete a los mercados públicos para saludar a comerciantes y compradores con una sonrisa hueca y cientos de miles de folletos, donde el más escueto de ellos enumera los múltiples cargos públicos que Curi ha desempeñado en años de función. Cobijados por una corte de jóvenes, el aspirante a diputado federal cree saberse el camino. Lo cierto es que no logra ni siquiera atraer críticas. Esa campaña es un reflejo de la otra, la presidencial pero que también involucra al perredista Obrador y a la panista Vázquez, metidos en el tobogán del desencanto. AMLO luce cansado y poco convincente. Necio, como obturado, sabe que seis años es demasiado y entiende que a sus propuestas, por buenas que sean, les faltan el vigor del vendedor de libros, del promotor publicitario. La panista encuentra que su peor enemiga es ella misma; Quadri, representante de piedra de la maestra Elba Esther Gordillo y Peña encarna, aunque sin mayores problemas éticos, al viejo PRI cuyo negocio consiste en llevar a una familia al poder, la misma que gobierna al Edomex, donde allí mismo se inscriben para las presidencias municipales más funcionarios que conocieron el gran poder en los tiempos del montielato. Carlos Iriarte, parte de los llamados Golden Boy’s, buscará Huixquilucan que hoy gobierna un Del Mazo. Martha Hilda González será la competidora para Toluca y Carolina Monroy, prima de Peña Nieto, está postulada por segunda ocasión para Metepec, donde perdió la primera vez que compitió. El gobernador mexiquense Ávila, atrapado entre el compromiso con Peña que lo llevó a la gubernatura y sus propios aunque razonables temores lo han obligado a no comprometerse ni siquiera con él mismo. Apenas se atreve a asomarse a eventos públicos como funerales o visitas papales pero sobre decisiones fundamentales nada se sabe. Programas establecidos, de esos que llaman etiquetados y que no son otra cosa la propia inercia de un aparato gubernamental, mantienen a flote su administración, por otro lado bien aceitada y que responde cuando se le ocupa. La principal preocupación de ese gobernador es la elección de Peña pero no hay campaña que dure seis meses.

Peña entonces cree que se debe aumentar el gasto en seguridad, que actualmente es del 1.5 por ciento del PIB y hasta prometió una firma, muy suya, ante notario para comprometerse de verdad. Vázquez aseguró que en ese rubro hará las cosas de manera diferente. “Nuestro país ha logrado avances al haber detenido la expansión criminal. Debemos reconocer que se ha debilitado el crimen organizado pero esto sigue siendo insuficiente. Es el momento de pasar a una segunda fase, por supuesto no daremos tregua ni rendición al crimen organizado pero haremos cosas diferentes”, cree desde su casa de campaña.

Obrador prefiere los juegos de palabras. “No hay trabajo por la inseguridad y hay inseguridad por la falta de trabajo” y supone que aplicará el mismo modelo con el que gobernó el DF. Y el lamentable Quadri privatizará los penales.

Las campañas, descafeinadas todavía porque iniciaron en periodo vacacional, se dirigen sin remedio a fortalecer el fenómeno de la abstención. Eso lo saben los aspirantes y hacen números a partir de aquello. Y mientras Montiel pelea con su ex esposa, la francesa Versini por la custodia de los niños, el sobrino ha encontrado que la estructura priista lo cobija de la mejor manera. En los foros preparados los candidatos no encontrarán sino pequeños desvanecimientos, algún terráqueo temblor y uno que otro dislate que serán matizados por los equipos de campaña pero tal vez los debates muestren una cara más cierta de los cuatro.

Mientras, en Toluca se despide a Guillermo Fernández, uno de los más reconocidos traductores en México del italiano, asesinado en su casa para robarle, según las primeras versiones. Queda claro que a pesar de que se capture al responsable, no parará la violencia que desde hace años se vive en la ciudad, que no toda tiene que ver con el fenómeno del narcotráfico pero sí con las condiciones sociales elementales como la educación, el empleo, los bajos salarios que retratan alguna condición miserable al menos para la mitad de los habitantes de la entidad, que cuenta con unos 15 millones.

Las campañas políticas recuerdan lo peor que una sociedad puede cobijar. El hecho de legitimar verdades a medias y la desmemoria convierten a la ciudadanía en cómplice. Como nunca antes, hoy se necesita bien poco para que a alguno de nosotros, al que sea, le toque vivir una tragedia que antes sólo se conocía en las películas, en la televisión. Al menos en el Estado de México, un administrador como Peña, que dejó la entidad en condiciones lamentables, no debería contender por un cargo de mayor responsabilidad porque fallará. El modelo mexiquense, entendiendo que la administración pública es un negocio privado para unos cuantos, será repetido en todo el país.

 

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