El caso del analfabetismo

* De acuerdo a datos de la Secretaría de Educación Pública Federal (SEP), en 2010 el número de analfabetas en el Estado de México alcanzaba la cifra de casi medio millón de personas, con tan solo 44 mil menos que hace diez años, situando su índice de analfabetismo en 4.5 por ciento, con una escasísima reducción de 1.7 por ciento en una década, cuando en otras entidades del país la reducción en el mismo periodo alcanzó 6 por ciento. El estado de Hidalgo, por citar un ejemplo, redujo 3.8 por ciento, más del doble de lo que se logró aquí.

 

Luis Zamora Calzada

Independientemente de los resultados no favorables para el Estado de México, obtenidos en el examen nacional ENLACE y del internacional PISA, existe en nuestra entidad el analfabetismo, indicador dramático que refleja el nivel de desarrollo de un pueblo, la profundidad de la ignorancia, el atraso cultural en un mundo global y la miseria científica que ocurre cuando no se tiene acceso a la lectura y escritura, que puede representar, incluso en algunos casos la diferencia entre la vida y la muerte, por ejemplo, cuando no se sepan leer las instrucciones de una receta médica en el tratamiento de alguna enfermedad grave.

No saber leer y escribir limita la posibilidad de comunicación, de plasmar ideas, de dar testimonio de realidades y hechos que se producen en el tiempo y lugares diversos. Sobre todo el analfabetismo representa por sí mismo una enorme brecha educativa dentro de nuestra sociedad, marcando grandes distancias entre quienes tienen acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación e información, dejando en desventaja y hasta en estado de indefensión a quienes no lo tienen.

En nuestro país la responsabilidad de alfabetizar la tiene, en primer término, el Estado mexicano y luego la sociedad. En cada entidad federativa, corresponde esta tarea a la autoridad educativa, responsable inmediata de diseñar acciones pertinentes para evitar y disminuir esta desigualdad social.

En el caso particular del Estado de México, el más poblado del país, que cuenta no solo con una matrícula de más de cuatro millones de estudiantes formales, sino que tiene las mejores vías de comunicación, el menos aislado, el que presumen sus gobernantes por su riqueza y diversidad cultural, que ha mostrado incluso capacidad para responder a la migración de habitantes de otros lugares que vienen en búsqueda de mejores oportunidades en nuestra entidad.

De acuerdo a datos de la Secretaría de Educación Pública Federal (SEP), en 2010 el número de analfabetas en el Estado de México alcanzaba la cifra de casi medio millón de personas, con tan solo 44 mil menos que hace diez años, situando su índice de analfabetismo en 4.5 por ciento, con una escasísima reducción de 1.7 por ciento en una década, cuando en otras entidades del país la reducción en el mismo periodo alcanzó 6 por ciento. El estado de Hidalgo, por citar un ejemplo, redujo 3.8 por ciento, más del doble de lo que se logró aquí.

Fundamentado en datos oficiales, se encuentra que entre 1995 y 2000, en la entidad se alfabetizaron 30 mil 822 personas, en tanto que en la primera década del milenio se alcanzó una cifra de 44 mil, lo que deja en claro el abandono parcial de las tareas de alfabetización, porque de haber mantenido el ritmo de los últimos cinco años antes del 2000, se hubiera logrado un 30 por ciento más que lo obtenido y no ocuparíamos el noveno lugar nacional, por debajo del índice de analfabetismo de Durango, Coahuila y Chihuahua entre otros.

Si con acciones similares como las llevada a cabo en los últimos diez años se pretendiera llegar a índices como el de Nuevo León, que es de 2.2 por ciento, se requeriría más de diez años y quizá más de veinte años, para ser un estado sin analfabetismo y si las cuentas no fallan, esto se lograría hasta el año 2030.

Los números no engañan. El abandono de las tareas de alfabetización queda demostrado con las estadísticas. De nada sirvieron las enormes ventajas de la entidad, que no fueron aprovechadas a pesar de que en el discurso se pregonó que la educación era una prioridad y que de haber sido verdad habría mucho menos analfabetas de los que se reportan y se hubiera alcanzado porcentajes como los logrados en otras entidades que, hoy en día, marcan la diferencia con nuestro estado.

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