Las camisas blancas

* Quienes examinan ahora la posibilidad de volver a votar por el PRI tampoco quieren ver a Carlos Salinas como si fuera la conciencia áulica de Peña Nieto. Son millones los mexicanos que en estos meses estarán siguiendo a Peña Nieto con esperanza de encontrar nuevas sorpresas. Como esa camisa blanca, en lugar de las que usan los orondos millonarios de las camisas coloradas.

 

Fernando Meraz Mejorado / Luces del Siglo

Cancún. Podría el dato, poco consignado, parecer irrelevante, pero no lo es. El hecho de que el candidato Enrique Peña Nieto haya iniciado su campaña con camisa blanca, cuando las más recalcitrantes huestes priistas llamaban todavía a la Ola Roja a extenderse a todo el país, es al menos indicio de ir, paulatina pero definitivamente marcando diferencias entre el viejo PRI, aupado a la vieja usanza a la Madre de todas las Campañas. El Maestro Reyes Heroles en su tiempo anotó: forma es fondo.

Así, mientras en la mayor parte de los dieciséis estados que este año renovarán gubernaturas, las camisas coloradas que el profesor Humberto Moreira rescató como divisa del estilo priista hicieron prevalecer la Ola Roja, sólo los verdaderos cercanos a Peña Nieto, Aristóteles Sandoval, en Jalisco y unos cuantos más vistieron de blanco, como su candidato a la Presidencia.

Lo interesante es que las camisas coloradas que con tanto porte ostentan todos los políticos interesados en mostrar que verdaderamente son priistas, han resultado históricamente de mal fario.

Esas camisas rojas que en lo sucesivo vestirán solo algunos despistados, fueron puestas de moda por Roberto Madrazo Pintado en su campaña por la presidencia en 2006. Madrazo quería evocar a su padre, Carlos Alberto Madrazo Becerra, quién se lanzó a la política en 1932, al lado de Alfonso Bates Caparroso, con un grupo que se hizo llamar Los Camisas Rojas, para apoyar al líder tabasqueño Tomás Garrido Canabal.

El escritor británico Graham Greene los describió: “era un grupo de choque que allanaba domicilios, destruía imágenes, humillaba bebedores y apaleaba políticos adversarios”. El 30 de septiembre de 1934, los Camisas Rojas dispararon contra católicos que salían de la parroquia de Coyoacán. Cinco murieron y 30 resultaron heridos. Los agresores huyeron: una multitud linchó a uno y la policía detuvo a 65, de los cuales 40 fueron presos.

El historiador Alan M. Kirshner escribió: “ese bloque estaba destinado a ser el Talón de Aquiles de Garrido Canabal. El grupo fue detonador de conflictos que originaron su caída. El 10 de agosto de 1937, el presidente Cárdenas mandó a Garrido Canabal al extranjero. El líder del sureste salió expulsado por una sociedad que había cambiado sin que él se percatara”, agrega Kirshner.

Para Roberto Madrazo Pintado tampoco las Camisas Rojas resultaron auspiciosas. La derrota del PRI en 2000 fue el gran revés de la historia del PRI y de la suya propia. Acusado de enriquecimiento ilícito, tuvo que retirarse prematuramente. Madrazo hizo un último esfuerzo para ser candidato del PRI a la Presidencia de la República en 2006. En el debate Madrazo apareció sin luces. Su campaña no logró levantar y cayó en picada. Los gobernadores del PRI, sus Camisas Rojas, se volvieron contra él en la elección presidencial. Madrazo acabó en tercer lugar con 22.26 por ciento de los votos, detrás de Felipe Calderón y López Obrador.

En las elecciones de 2011, las Camisas Rojas volvieron a aparecer. Uniforme riguroso de la pasada generación joven del PRI, la que mostró que juventud no es estado de gracia. Alberto Aguilar Padilla, de Sinaloa; Fidel Herrera Beltrán, de Veracruz; Félix González Canto, de Quintana Roo; Ismael Hernández Deras, de Durango; Natividad “Nati” González Parás, Nuevo León; Reyes Baeza, de Chihuahua; Ney González, de Nayarit; Mario Marín, de Puebla; Eugenio “Geño” Hernández, de Tamaulipas; Ulises Ruiz, de Oaxaca. Convertido en dirigente nacional del PRI, Humberto Moreira decidió adoptarlas como uniforme oficioso.

 

Todos ellos acabaron mal

 

Los orondos y chacoteros amigos del coahuilense culminaron sus gobiernos en medio de escándalos por sus fortunas ostentosas, bajo sospecha de malhabidas y montos récord en la historia de la cleptocracia en México. Su deshonestidad impune infligió al PRI impactos demoledores en materia de confiabilidad política, mucho más graves que todos los que pudieron haber causado los partidos rivales, incluidos los desvaríos de la administración panista o el delirio mesiánico de López Obrador. En opinión de observadores serios, mantener en el candelero a esa pandilla fue el primer error grave de Moreira y el tropiezo inicial de su estrategia para la Madre de Todas las Batallas en 2012.

Los Camisas Rojas son del PRI. Pero no son el PRI, hay que precisarlo. Fotos y videos de los últimos meses muestran que el uniforme colorado, es o era divisa de un grupo, pero no de todos los priístas. Ni siquiera todos la usaban. Peña Nieto la llevó algunas veces, acaso por condescendencia. Pedro Joaquin Coldwell sólo una ocasión llevó chamarra roja. Manlio Fabio también, de vez en vez .No hay muchas fotos de Emilio Gamboa, ni de Manuel Aguilera Gómez, ni Heladio Ramírez López con la camisa colorada. Esto pese a la recomendación y las señas de quienes las vendían, de la gente del profesor Moreira de usar no sólo camisa, sino chamarras, casacas, sweaters y hasta guayaberas coloradas, como pública declaración de fe priista.

Son muchos los mexicanos que quisieran apostarle al PRI. Que buscan encontrar en Peña Nieto el líder que busca México hace décadas. De alguna manera el PRI tiene los documentos básicos que tienen base histórica en la Revolución Mexicana. Que son perfectibles, sí. Es necesario que lo sean.

Pero estos mexicanos que por muchas razones podrían hacer mayoría, no quieren al viejo PRI. Al que tiene gobernadores bobos y ex gobernadores malandros como candidatos a senadores. No al PRI que acoge al “Niño Verde”, autista político y lo impone a la fuerza en Quintana Roo, sólo por la incapacidad negociadora del partido ahí.

Quienes examinan ahora la posibilidad de volver a votar por el PRI tampoco quieren ver a Carlos Salinas como si fuera la conciencia áulica de Peña Nieto. Son millones los mexicanos que en estos meses estarán siguiendo a Peña Nieto con esperanza de encontrar nuevas sorpresas. Como esa camisa blanca, en lugar de las que usan los orondos millonarios de las camisas coloradas.

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