Masacre en Veracruz

* Luego de abordar la vida pública de personajes como el candidato presidencial priista Enrique Peña, los negocios a la sombra del poder del presidente de México, Felipe Calderón y los entramados del narcotráfico con autoridades locales en Ciudad Juárez y el Estado de México, el periodista Francisco Cruz publica una nueva historia en el libro “AMLO, mitos, mentiras y secretos: la biografía no autorizada”, editado por Planeta y donde presenta una versión poco conocida del aspirante perredista Andrés Manuel López Obrador. El periodista no evade el submundo donde los políticos de cualquier partido se desenvuelven y encuentra que es inevitable hablar de otros para dibujar a López Obrador. Tal es el caso de Peña Nieto, quien es protagonista de al menos dos capítulos.

Nuestro Tiempo

Francisco Cruz Jiménez es uno de los periodistas más sólidos de México. Capaz de encontrar historias donde otros solo escuchan una versión oficial irrefutable o la profunda verbena de la oralidad, ha construido a lo largo de los años el perfil de un país que se define entre la simulación de autoridades y protagonistas de algo que se ha denominado  historia, y lo que la calle retrata, recopila y guarda en una memoria que si bien no tiene capacidad de almacenamiento, sí en cambio proporciona los elementos de profundidad y matices que un legajo con sellos pasa ignominiosamente por alto.

Luego de abordar la vida pública de personajes como el candidato presidencial priista Enrique Peña, los negocios a la sombra del poder del presidente de México, Felipe Calderón y los entramados del narcotráfico con autoridades locales en Ciudad Juárez y el Estado de México, Cruz publica una nueva historia en el libro “AMLO, mitos, mentiras y secretos: la biografía no autorizada”, editado por Planeta y donde presenta una versión poco conocida del aspirante perredista Andrés Manuel López Obrador. El periodista no evade el submundo donde los políticos de cualquier partido se desenvuelven y encuentra que es inevitable hablar de otros para dibujar a López Obrador. Tal es el caso de Peña Nieto, quien es protagonista de al menos dos capítulos, el tercero, “Tribulaciones Mayores” y el décimo, “Rival inevitable… el lado oscuro de Peña Nieto”. Este último recuerda la masacre sucedida en Veracruz, donde cuatro escoltas de la ya entonces fallecida esposa del candidato, Mónica Pretelini, fueron asesinados presumiblemente por un grupo de sicarios que los confundió con un grupo rival. Cruz halla una versión muy distinta sobre lo sucedido e hila, en un estilo que le ha dado resultados. Sobre el capítulo, el propio Alejandro Encinas, ex candidato al gobierno del Estado de México en el 2011 y actual aspirante a senador por el PRD, ha dicho que pedirá una revisión sobre lo sucedido y que lo llevará al escenario electoral del momento, donde Peña es puntero y Obrador último, sin menospreciar al panalista Gabriel Quadri.

Nuestro Tiempo reproduce un fragmento de ese capítulo porque involucra a un ex gobernador del Estado de México y en su momento afectó la vida pública de la entidad.

“Pero hay otro acontecimiento que se sumó a las dudas que continúan en el aire. El jueves 10 de mayo de 2007, en un ilógico asalto en las calles de Veracruz, asesinaron a cuatro escoltas de los hijos del gobernador mexiquense, todos elementos de elite y de confianza comisionados por la Agencia de Seguridad Estatal. La historia del atentado también está llena de contradicciones.

Para la familia Peña Pretelini todo comenzó por la noche, después de una cena en el tradicional café La Parroquia, en el malecón. Aquella era la primera celebración de las madres sin Mónica. Según los informes oficiales, pasadas las 10 y media, los comensales abandonaron el restaurante. Paulina, Alejandro y Nicole, los hijos del gobernador, subieron a una camioneta Suburban negra acompañados por su tía, Claudia Pretelini Sáenz y por otros dos adultos. Atrás, en una Durango gris plata, los escoltaban los cuatro agentes, encabezados por el experimentado (Fermín) Esquivel Almazán, armados con las reglamentarias armas cortas y, como apoyo, rifles de Asalto R-15. Con excepción de Delgado Nabor, ninguno carecía de experiencia.

“Minutos más tarde, al veinte para las once, mientras se dirigían al hotel Galerías Plaza avanzando sobre el bulevar costero Manuel Ávila Camacho y apenas cruzando la esquina con Simón Bolívar, frente a la Plaza de la Soberanía, el corazón de la zona turística del puerto, otras cuatro camionetas –dos de éstas Mitsubishi, de acuerdo con testigos- se unieron a la comitiva oficial mexiquense. En lo que pareció una acción agresiva y violenta, y con la delicada encomienda de cuidar a los hijos del gobernador Peña, ninguno de los cuatro escoltas supuso que eran víctimas de una agresión. Ninguno sospechó.

“¿Acaso pensaron que jugaban a los autos chocones o que los conductores de las otras camionetas pretendían practicar arrancones? De forma sorprendente, todavía uno de los agentes se dio su tiempo para tomar el celular y comunicarse con Claudia Pretelini para pedirle:

“- Siga usted al hotel, señora, tenemos un incidente, en seguida los alcanzamos.

“Más incongruente resultó que los cuatro agentes responsables de velar por la seguridad de la familia del gobernador mexiquense hayan decidido detenerse para arreglar el “incidente” con los conductores de la Mitsubishi. La Suburban se adelantó “a toda velocidad” y se perdió calles adelante, hasta llegar al hotel Galerías Plaza, donde se hospedaban los Peña Pretelini.

“Entonces, dos de los escoltas mexiquenses se bajaron de la Durango, mostraron sus credenciales, se identificaron como policías y descubrieron, ahora sí, que algo andaba mal. Recibieron una lluvia de disparos. Entre las calles Simón Bolívar y Valencia, sobre el bulevar, fueron recogidos más de doscientos casquillos percutidos. Los dos guardaespaldas que se quedaqron arriba de la Durango, en el asiento posterior, tampoco notaron ninguna irregularidad. Y tampoco tuvieron tiempo de sacar sus armas.

“Dos guardaespaldas cayeron muertos al instante, a unos metros de su vehículo. Los otros dos murieron dentro de la camioneta. Inútiles fueron las escuadras y los rifles de asalto R-15. “Fue una agresión sorpresiva y violenta, y cuando la cuñada del gobernador escucha los disparos, la camioneta iba adelante, imprime mayor velocidad para huir y llegar hasta el hotel”, comentaría casi de inmediato Humberto Benítez Treviño, secretario general de Gobierno del Estado de México. Aparentemente, sin ninguna prueba, se atrevió a declarar que los agentes murieron en una confusión de narcotraficantes.

“Muertos los cuatro escoltas, los asesinos abordaron sus camionetas y se perdieron en la zona turística del puerto. Minutos después llegó la policía veracruzana al lugar de la masacre e identificó a los cuerpos. Un comunicado emitido durante los primeros minutos del 11 de mayo dio cuenta del hecho, omitiendo la identidad de las víctimas. Sin embargo, la información generada en Veracruz no coincidió en algunos detalles.

“En su boletín, la Procuraduría veracruzana, que tampoco tenía pruebas, atribuyó la muerte de los policías mexiquenses a una confusión producto de las luchas de poder entre banda de crimen organizado. Descartó cualquier atentado contra los hijos de Peña, porque éstos “ya se encontraban hospedados en su hotel” al momento del ataque. Luego surgió la otra versión: los custodios viajaban solos y no escoltaban a nadie.

“En ese ambiente enrarecido, el procurador de Justicia veracruzano, Emeterio López Márquez, informó que el caso había sido atraído por la PGR, aunque ésta lo negó. La Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada sólo pidió una copia certificada de la averiguación previa. Antes que los veracruzanos, el gobierno mexiquense deslindó las razones del “incidente”: no fue intento de secuestro, dijo un pálido gobernador. Tampoco fue acción de los narcos, informaba apresurado el secretario de Gobierno, quien sin evidencia alguna señaló que una banda había confundido a los escoltas con un grupo rival y por eso había disparado. No dijo qué banda ni por qué los escoltas parecían miembros de una organización delictiva.

“Un día después, en Valle de Chalco, Peña descartó que el homicidio de los escoltas asignados a sus hijos fuese una taque dirigido a su persona o a su familia. Con base en las primeras investigaciones, señaló que el tiroteo –que no fue sino una matanza- había sido una confusión de grupos relacionados con el narcotráfico, quienes habrían visto en los guardaespaldas a los rivales de una banda organizada.

´“No hay la más mínima sospecha de que se trató de un ataque personal; realmente las primeras investigaciones y conclusiones a las que llegan las autoridades son que, presumiblemente, se trató de una confusión de grupos de sicarios. Dejaré que las autoridades competentes realicen las investigaciones correspondientes”. En parte tenía razón. Por el modo de operar, al parecer los guardaespaldas conocían a sus agresores. Tal vez por eso no intentaron defenderse.

“Los cuatro agentes fueron sepultados en panteones de Zinacantepec y Toluca. A los familiares les entregaron 360 mil pesos por los seguros de vida y una compensación. Se les ofreció apoyo y se les pidió la debida discreción. Muy pocos repararon en que Fermín Esquivel era una de las pocas personas que conocía detalles de la vida matrimonial de Enrique peña y Mónica Pretelini porque su comisión oficial con la pareja no había comenzado el día del asesinato: llevaba varios años trabajando como escolta de la familia. La figura de Esquivel se fue difuminando hasta desaparecer.

“El asesinato terminó por perderse en una maraña burocrática judicial a partir del lunes 20 de mayo de 2008, cuando un comando de encapuchados irrumpió en un domicilio de la avenida 16 de Septiembre en Luvianos –un pequeño municipio al sur del estado, sumido en la pobreza y bajo el dominio de El Chapo Guzmán, Los Zetas y La Familia Michoacana-, y ejecutó al maestro Ranferi González Peña, un supervisor escolar de zona de 45 años de edad, considerado hasta ese momento cabecilla de los asesinos asueldo de La Familia.

“El homicidio fue perpetrado con al menos una decena de descargas de armas de fuego de alto poder. Los asesinos encapuchados –quienes vestían uniformes negros con las siglas de la AFI y de la ASE- abordaron dos camionetas que los esperaban y huyeron. Pero cuando la familia de la víctima aún no salía del estupor, regresaron, levantaron el cadáver y lo metieron en uno de los vehículos. Luego enfilaron en dirección a una casa de materiales, donde secuestraron al arquitecto Ranferi González Rodríguez, hijo de González Peña

“Aunque únicamente se habló de dos camionetas, vecinos de la familia recuerdan que a las 8 y 10 de la mañana, por la 16 de Septiembre apareció un convoy, instaló un retén en dos esquinas y, en un par de minutos, unos cinco sicarios descendieron de dos camionetas con vidrios polarizados, irrumpieron en el domicilio de González Peña y lo asesinaron, frente a su madre y dos de sus hermanas, de nueve y diez años de edad.

“En las calles de Luvianos nadie habla. Se respira el miedo. Pero todavía se recuerda que, en los días previos a la ejecución y al secuestro, allegados al maestro Ranferi –hermano de Alberto González Peña, El Coronel, jefe de una célula de Los Zetas en la zona, abrieron la boca y alardearon sobre algunas propiedades “liberadas” luego de una incursión al puerto de Veracruz ara silenciar a un grupo de agentes del Estado de México.

“La segunda semana de enero de 2012, un documento abrió nuevas interrogantes. Perdido en un expediente sobre delincuencia organizada, de más de 5 mil fojas, en la averiguación previa PGR/ SIEDO/ UEIDCS/ 231/ 2008, aparece la transcripción de llamadas –de un teléfono intervenido- en las que un par de narcotraficantes da a conocer pormenores de la ejecución de los 4 escoltas de la familia Peña Pretelini.

“Hasta la aparición de este libro, la transcripción de las conversaciones sostenidas a lo largo de 24 llamadas, nunca se había hecho pública.

“La explicación legal es clara: ‘mediante la presente diligencia –el día 12 de agosto de 2008 ante el licenciado Fernando Moreno Alonso, agente del Ministerio Público federal- se procede a verificar el contenido de un disco compacto, el cual tiene la leyenda escrita ’24 llamadas extraídas de un teléfono celular marca Sony S500i’ para lo cual se utiliza el equipo de cómputo oficial que se encuentra dentro de las instalaciones que ocupa esta Unidad de Investigación de Delitos Contra la Salud en su Coordinación General C. Una vez que se procedió a verificar su contenido, para lo cual se logra apreciar lo que a continuación se transcribe’.

“Las llamadas se transcribieron en 42 hojas tamaño oficio y, desde el inicio, deja en claro que se trata del Estado de México.

“- Entonces la situación es que andan sobre varias cabezas. Acá también en el estado.

“- Ajá.

“- Hay algunos cambios, Fabián dice que se iba para el Distrito Federal, Pepe Manzur. El licenciado y los (…) se presentaro hoy. Y ya les marcaron un arraigo. Aunque es domiciliar, él está muy bien, el pedo es que tu hermano, bueno pus habló mucho y lo puso pero gacho a él.

“- Ajá, ajá.

“- La cosa es desafanar la bronca y que se desafane la mayoría.

“El ‘Pepe Manzur’ al que se hace alusión en la página dos de ese documento es José Manzur Ocaña, ex delegado de la PGR en el Estado de México. Como referencia, valga recordar que es medio hermano de José Manzur Quiroga, actual presidente de la Legislatura del Estado de México, así como ex subsecretario general de Gobierno en os sexenios de Peña y de Arturo Montiel.

“Aunque prácticamente en cada una de las páginas se hace alusión al Estado de México, es al llegar a las primeras líneas de la página 14 cuando aparece pleno el tema de la ejecución de los cuatro escoltas de la familia Peña Pretelini:

“- Nada más Manzur. Hay la posibilidad de que se vaya a Veracruz. Pero con éste, Miguel (Fidel) Herrera, lo pidió para allá por una chamba especial que se hizo para el gobernador.

“- Ajá, ajá –responde Eduardo.

“- Entonces, pues, le dan en la madre a los de seguridad de Peña Nieto.

“- Sí, sí, sí –lacónica es la respuesta de Eduardo.

“Más claro ni el agua: el Estado de México mató a los escoltas de Mónica. Mató los últimos momentos que de ella se pudieran recrear.

“Paradójicamente, no hay nada claro. De cara a los comicios presidenciales de 2012, Enrique Peña Nieto tiene tras de sí algo más que una profecía, una noble estirpe política y religiosa y la fuerza del Grupo Atlacomulco. El ex gobernador que ha sabido explotar su imagen de galán de telenovela, particularmente entre las mujeres para ganar popularidad, necesitará mucho más olfato y pericia de los que ha demostrado para conseguir sortear los escollos que ha ido poniéndole en el camino su propio pasado. Llegar vivo a las elecciones, pese a los escándalos y a lo que aún permanece oculto, es el reto de Peña. Que no lo logre es la esperanza de las huestes lopezobradoristas

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