El tiempo detenido

* A casi ocho meses de la nueva administración es  urgentísima la presentación del planteamiento educativo en la entidad a partir de un programa de desarrollo educativo con metas medibles, responsables, entre otras, que establezca la diferencia del gobierno actual con el anterior y no continuar con acciones superfluas, como reducir la función de la escuela pública al simple ensayo de un examen.

 

 

Luis Zamora Calzada

En la revisión del “Plan de Desarrollo del Estado de México 2005-2011”, como trabajo obligado para encontrar las similitudes y las diferencias con el presentado por la actual administración, en el pilar uno establecido por el gobierno saliente, incluyó lo referente a materia educativa

Al revisar su diagnóstico, en varios apartados y si se ignorara que fue presentado hace más de seis años, se pensaría que la descripción realizada corresponde a la actualidad. A manera de ejemplo, en los siguientes párrafos se estableció que:

“En general, los resultados en escolaridad y aprendizaje son insatisfactorios, persisten focos de exclusión y de deficiente desempeño, en particular en lectura, matemáticas y ciencias. El Estado de México cuenta con un sistema educativo amplio y diversificado que aún enfrenta limitaciones en la cobertura de los servicios de preescolar, media superior y superior, con débil capacidad para incorporar las transformaciones tecnológicas y los nuevos conocimientos y para flexibilizarse, así como para alentar la participación social.

“Las instituciones educativas están rezagadas en su capacidad para construir eficazmente valores y pautas culturales. Los sistemas de actualización y estímulos al personal docente no han generado cambios mensurables en su desempeño ni mejoras en el aprendizaje y aún prevalece el método tradicional en la enseñanza.

“La capacidad de gestión y técnica en las escuelas aún es débil, y los sistemas de supervisión no están orientados a la evaluación del desempeño y a la adopción de medidas para la mejora.

“Persisten rezagos de infraestructura y equipamiento educativo, así como limitaciones presupuestales para impulsar programas para mejorar la calidad de los servicios y corregir los desequilibrios regionales, las disparidades en educación especial, indígena y de género…”.

Una interpretación instantánea de lo descrito es que la educación quedó estancada. No es comprensible desde ningún punto de vista, que si desde 2005 se tenían identificadas una serie de anomalías, no se haya hecho casi nada para superarlas, porque al parecer los resultados siguen siendo insatisfactorios. Continúa la exclusión y el deficiente desempeño y no se ha cubierto aún toda la demanda al seguir con limitaciones en la cobertura de los niveles mencionados.

¿Cuál es el origen de reconocer que en las instituciones educativas no se construyen valores ni pautas culturales, en donde la preparación al profesorado no cambia su desempeño, tampoco mejora los aprendizajes en los alumnos y se sigue con los métodos tradicionales en la enseñanza? Esto demuestra que al ser una descripción de la actualidad, es porque algo no funcionó.

¿Habrá sido, acaso, que quienes fallaron fueron los secretarios de Educación, lo que sería explicable al haber sido nombrados tres responsables del área durante el sexenio pasado, teniendo cada titular dos años en promedio en la responsabilidad, que ocasionaba que cuando casi se adaptaban eran destituidos? A esto se agregaría el desconocimiento del ramo, si no total, sí en un alto porcentaje de parte de alguno de ellos, reduciendo su actuación a la asistencia a escenarios montados y al aplauso fácil, como la entrega de becas, balones, de apertura de juegos de sindicato diverso con suspensión de clases.

Sin intentar llegar a una conclusión precisa y por ser multifactorial el asunto educativo, fue que si algo faltó al gobierno estatal en el sexenio anterior, fue la integración de un programa de desarrollo educativo que estableciera los componentes que contempla la Ley de Planeación. Por supuesto, la falta de una Ley de Educación estatal y el reduccionismo establecido en el libro tercero del Código Administrativo, donde fue arrinconada la educación, aparecen entre los factores que ocasionaron el estancamiento que sufre en este momento la escuela pública.

Para no repetir los escenarios, a casi ocho meses de la nueva administración es  urgentísima la presentación del planteamiento educativo en la entidad a partir de un programa de desarrollo educativo con metas medibles, responsables, entre otras, que establezca la diferencia del gobierno actual con el anterior y no continuar con acciones superfluas, como reducir la función de la escuela pública al simple ensayo de un examen.

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