Negación y apatía

* Hemos visto a los políticos hacer grandes fortunas y aunque indignados los seguimos viendo en primeras planas, no tienen vergüenza. Casos hay muchos y todos ridículos, que salen de toda lógica. ¿Cómo es posible que personajes que son una vergüenza estén presentes en la política? Ejemplos hay muchos.

 

Jaime Garduño Millán

Cada seis años, los mexicanos todos entramos en una especie de debate interno, de cuestionamiento, de análisis. Cada seis años, vemos ires y venires, siempre idénticos. Cada seis años se abre la gran pasarela en todo el país en la cual gustan los políticos de hacerse ver. Cada seis años buscamos no al mejor, sino al menos malo, pues como alguien alguna vez dijo, nos toca elegir entre cáncer o diabetes.

Nos atacan, atosigan, atascan de pancartas, plumas, banderines, confeti, letras e imágenes llenas de promesas, compromisos firmados o no firmados. No importa, de todas formas si los firman o no, ¿quién se los va a reclamar?

No es necesario tener muchos años para traer a la mente imágenes de Informes oficiales, de grandes marchas como los del día del Trabajo, 20 de noviembre y del 16 de septiembre. Esas grandes fiestas masivas en donde se alababa, glorificaba la imagen presidencial amenazan con volver al llegar un candidato más a la presidencia. Por supuesto, tendrá que ser priista. Ese es el castigo para nosotros, los ciudadanos, pues gustan de exhibirse.

¿Qué nos pasa?, ¿Qué necesitamos para despertar?

Hoy en día las muy conocidas y comentadas triquiñuelas políticas nos generan diferentes estados de ánimo. Los mexicanos hemos caído en una especie de tolerancia al extremo dañina. Le ha convenido a la clase política que seamos tranquilos, pacientes, pasivos. Nos hemos hecho así, ya que esto ha significado una enorme falta de compromiso en el que nos hemos visto envuelto todos, una o muchas veces en la vida. Hemos tolerado al policía que detiene el camión y sólo extienden la mano y en un saludo fraternal va la mordida. Al policía que pide para el refresco. Los ejemplos son muy parecidos y en todos los niveles.

Hemos visto a los políticos hacer grandes fortunas y aunque indignados los seguimos viendo en primeras planas, no tienen vergüenza. Casos hay muchos y todos ridículos, que salen de toda lógica. ¿Cómo es posible que personajes que son una vergüenza estén presentes en la política? Ejemplos hay muchos. ¿Quiere nombres? Ahí le van: Martín Esparza Flores, disque secretario del SME (Sindicato Mexicano de Electricistas) y perdón por la duda pero es secretario o ex secretario de un sindicato que no tiene empresa, qué raro. A mí me enseñaron que los sindicatos están y tienen sentido cuando defienden a los trabajadores de las injusticias de sus patrones, pero ¿qué patrones, si no hay Compañía de Luz y Fuerza? Hoy fue propuesto como candidato a senador plurinominal del PRD.

¿Y qué me dice de Carlos Romero Deschamps, secretario o ex secretario del sindicato petrolero, también propuesto con cargo plurinominal por el PRI?

¿Y de Arturo Montiel, ex gobernador del Estado de México que dejó junto con el también ex gobernador César Camacho Quiroz, el erario público en números rojos?

¿Qué pasó de esa puesta en escena en la que investigaron a Montiel? Montaron todo un teatro en el que no sólo salió ileso, sino casi como prohombre por su astucia en los negocios y por su alto, muy alto sentido patriótico. Hay que recordar los escándalos de corrupción y tráfico de influencias en los que se vieron envueltos sus hijos, durante su gobierno y la cantidad de propiedades que aparecieron casi al mismo tiempo que casaba con Maude Versini, de origen francés. Sobre esa relación se comenta del maltrato físico contra ella por parte de su ex esposo. Hoy tiene serias acusaciones por retener a sus hijos y la amenaza de parte de ella de denunciar enriquecimiento ilícito. Sin embargo, está participando activamente en la campaña de Enrique Peña dentro del Estado de México. Favor con favor se paga.

La lista de burlas es cada vez más larga. Los ciudadanos no entendemos el descaro y cinismo extremos al que ellos, los políticos, han llegado.

Parece ser que a los mexicanos hay que recordarnos una y otra vez las injusticias y los abusos de la clase política. Esa tolerancia llevada al extremo nos ha hecho ya mucho daño.

¿Hasta dónde llegaremos?

Hubo mexicanos que pensaron que la alternancia permitiría sacudirnos años de malas prácticas, pero ¿cómo podría ser si quienes son la parte activa no quieren cambiar?

Los priistas nunca han estado interesados en la mejora del país. Son y seguirán siendo un lastre cuando no han querido cambiar ni moverse de la comodidad.

Cuando los mexicanos, bien o mal, decidieron en su mayoría votar por un cambio, los priistas y perredistas nunca  buscaron ver cómo apoyar y participar en un nuevo modelo político y económico. Más bien, estuvieron ahí para parar y detener cualquier cosa que, propuesta por el panismo, fuera bueno para su imagen y los dejara bien. Ya hemos escuchado muchas veces eso del costo político. Los políticos viven el cuento de los cangrejos y el pescador, cuando unos están arriba, todos los demás los arrastran abajo. Azul, amarillo o rojo no importa, que no salgan los del otro color. El problema es que los que estamos siempre abajo somos los ciudadanos.

Vivimos donde nada más la pandilla, los cuates, se ponen de acuerdo con códigos de conducta muy laxos y por consecuencia convenientes. Los políticos han estado manejando su juego a su conveniencia. Si no, ¿cómo un partido tan importante hace alianza con uno minoritario como el Verde Ecologista, que lo único que ha hecho es sobrevivir y mantener a la familia que lo forjó? ¿Ya olvidamos la ocasión en la que salió balconeado en televisión a nivel nacional Jorge Emilio González, “El Niño Verde” pidiendo dinero para hacer favores? ¿Qué hizo? Ir a Europa varios meses para dejar que las cosas se enfriaran, gastando una cuantiosa fortuna en sus “vacaciones” forzosas.

La lista es larga.

Se trata de recordar no para vivir con odio, sino para comprender las circunstancias que dieron origen al actual país y refrescar nuestra memoria histórica. Hay que tener las experiencias frescas, para evitar volver a caer en lo mismo.  No he visto a un animal repetir lo que le causa daño.

Recordemos los niveles que hay para llegar a la acción:

– Negación y apatía.  Todo está bien, ahí van las cosas. No pasa nada.

– El reconocimiento. En este nivel pasamos de la apatía, quizás al miedo, pero se entiende que hay un problema.

– La acción. Reconocemos un disgusto o coraje pero se hace algo para cambiar.

– La ciudadanía organizada, de forma pacífica se congrega para generar un cambio que beneficie a todos. Este es el nivel en la que ya debemos estar todos, trabajando.

Entonces, ¿cuál es el verdadero enemigo a vencer?

Recordemos las palabras del poeta romano Juvenal: “considera que el mayor de los pecados es preferir la mera existencia, a una existencia con honor. Cuidando que por preservar la vida, no perder las razones mismas de vivir”.

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