¿Información y nivel educativo para decidir?

* Encontramos posturas de personajes que alientan el “voto blanco”, que en nada contribuirá a modificar la forma de ejercer el gobierno ni generará efecto de toma de consciencia alguno en ninguno de los partidos políticos, como se asegura ocurrirá si se castiga de esta manera y que puede calificarse como una variante de abstencionismo.

 

 

Luis Zamora Calzada

Como se ha mencionado, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece en su artículo 35, como prerrogativa del ciudadano, en el inciso I, votar en las elecciones populares.

En el artículo 36 establece como obligación del ciudadano de la república, en el inciso III, votar en las elecciones populares en el distrito electoral que le corresponda.

El artículo 38 establece que los derechos o prerrogativas de los ciudadanos se suspenden cuando, establece en el inciso I, ocurrirá por falta de cumplimiento sin causa justificada, de cualquiera de las obligaciones que impone el artículo 36. Esta suspensión durará un año y se impondrá además de las otras penas que por el mismo hecho señala la ley.

El artículo 41 determina la participación del pueblo en la vida democrática señalando como un medio el sufragio universal, libre, secreto y directo para lograr el inalienable derecho del pueblo de alterar o modificar la forma de gobierno, tal y como lo establece el artículo 39, que además determina que todo poder público dimana del pueblo y se instituye para su beneficio.

En esta singular campaña electoral la televisión pública, muchos medios escritos, electrónicos, radio, la propaganda imperante e insultante por excesos visibles, buscan imponer su realidad al ciudadano para supuestamente cumplir con el mandato constitucional y nombrar a partir del ejercicio del voto, al próximo titular del poder Ejecutivo federal, que en teoría dimanará del pueblo para su beneficio.

Llama poderosamente la atención el tema de los sondeos, que difieren totalmente de las encuestas, sobre todo de los resultados que presentan las empresas que, se dice, diseñan sus resultados a partir de las peticiones del cliente con número de encuestados reducidos que no representan el universo de votantes y mucho menos utilizan algún método científico para seleccionar a la muestra a encuestar, pero que intentan hacerla aparecer como universal, que de ninguna manera reflejan nunca la realidad.

A partir de una tabla publicada, el ITAM, en sondeo a sus estudiantes obtiene para el candidato de la izquierda 51 por ciento, 37 por ciento para la candidata de la derecha y tan solo 12 por ciento para el candidato que ubican las encuestas como primer lugar en sus resultados, de  un total de 9 mil 394 potenciales votantes.

Otro estudio, el de Urna Abierta, con 21 mil 740 persona sondeadas, sus resultados arrojan que el 40.8 por ciento se decide por el candidato de la izquierda, el 30 por ciento por la candidata de la derecha y  un escaso 28.2 por ciento por el candidato puntero en las encuestas.

La página El Menos Peor, por internet, con 128 mil 842 persona sondeadas, en el orden de presentación obtiene 62 por ciento, 27 por ciento y 10 por ciento respectivamente.

El Imparcial, de un total de 161 mil 66 respuestas, obtiene 74 por ciento, 5.7 por ciento y 19.7 por ciento, resultados que distan totalmente de las presentadas por las casas encuestadoras.

En este contexto, encontramos posturas de personajes que alientan el “voto blanco”, que en nada contribuirá a modificar la forma de ejercer el gobierno ni generará efecto de toma de consciencia alguno en ninguno de los partidos políticos, como se asegura ocurrirá si se castiga de esta manera y que puede calificarse como una variante de abstencionismo.

El “voto blanco” o “nulo”, que ojalá no ocurra, favorecería directamente a un partido, que una vez logrado el poder público no gobernará con ese voto, sino con las instituciones establecidas en la ley, cuyos titulares se dan por imposición, no por elección, sin importar el perfil.

Lo fundamental será cumplir con los compromisos adquiridos para garantizar la perpetuidad en el gobierno.

Encontramos básicamente tres posturas: la netamente constitucional, que es la que debiera regir; la pretendida imposición de una supuesta realidad que no existe, intentando imponer un ganador en la “consciencia social” antes de la jornada electoral y otra que puede denominarse poéticamente como de “libre inspiración”. ¿Cómo lograr que el ciudadano tome consciencia de que el poder público dimana de él?

Para que cumpla con su obligación y no se deje cooptar ni ser humillado por el inmoral canje de su voto por un engaño, que suele materializarse en una despensa o en una cantidad risible el día de la elección, ¿será suficiente informar o es necesario educar?

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s