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* El antecedente más notable de movilización juvenil data de 1968, cuando miles de alumnos reclamaron una reforma educativa y la apertura del sistema político, dominado entonces monolíticamente por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México sin interrupciones durante siete décadas hasta 2000. La respuesta del gobierno de la época, presidido por el hoy fallecido Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), fue brutal.

 

Emilio Godoy/ IPS

El movimiento de indignados en México se asentó en las universidades, con miles de estudiantes en las calles insuflando aire fresco a una campaña electoral sosa y superficial, un fenómeno que no se había visto desde 1968 y que ha obligado a los partidos a prestar atención a un segmento antes ignorado.

“Somos un movimiento que lo que pide es la democratización de los medios de comunicación, que se presente información de forma veraz”, explicó Sofía Alessio, una de las estudiantes que se sumó a las protestas desde el comité de organización del privado Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

“Es un movimiento apolítico y pacífico”, dijo a IPS esta alumna de la carrera de ciencias políticas.

En México, con 112 millones de habitantes, hay 2,5 millones de universitarios, una de las tasas de educación superior más bajas de América Latina. Además, hay siete millones de jóvenes que no estudian ni trabajan.

El antecedente más notable de movilización juvenil data de 1968, cuando miles de alumnos reclamaron una reforma educativa y la apertura del sistema político, dominado entonces monolíticamente por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México sin interrupciones durante siete décadas hasta 2000.

La respuesta del gobierno de la época, presidido por el hoy fallecido Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), fue brutal. La represión alcanzó su apoteosis sangrienta el 2 de octubre de ese año en la plaza Tlatelolco, donde soldados y paramilitares emboscaron a los estudiantes. Nadie fue condenado y ni siquiera se conoce con exactitud cuántos murieron, aunque se calcula que fueron 200 o más.

Las movilizaciones estudiantiles esta vez, que en marcos electorales son comunes en este país, enfocan sus dardos hacia la “fuerte concentración de medios electrónicos que limita la libertad de expresión y el derecho a la información”, indicó a IPS el investigador Luís Vázquez, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

“Para evitar un régimen autoritario hay que democratizar los medios de comunicación. Esa se ha convertido en la demanda principal”, analizó el académico.

Una visita el 11 de este mes a la jesuita Universidad Iberoamericana del candidato presidencial del opositor PRI, Enrique Peña, prendió la mecha de las protestas.

En esa ocasión los universitarios lo increparon y le reclamaron por su responsabilidad en ataques a los derechos humanos cuando gobernó el Estado de México, vecino a la capital del país, entre 2005 y 2011.

Presentados por los medios electrónicos como intolerantes y sectarios, los estudiantes se levantaron contra esa imagen y arremetieron contra la cadena privada Televisa, que domina el mercado televisivo mexicano con la también privada TV Azteca.

“El poder joven puede ser muy grande si se consolida vía la organización y la intervención política. Es importante que los jóvenes se hagan cargo de su peso en la sociedad”, comentó a IPS el académico Rolando Cordera, profesor emérito de la Facultad de Economía de la estatal Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La ciudadanía mexicana está convocada para ir a las urnas el 1 de julio para elegir a 500 diputados y 128 senadores, que iniciarán su tarea el 1 de septiembre, y al sucesor o sucesora del presidente Felipe Calderón, del conservador Partido Acción Nacional para un nuevo mandato de seis años a partir del 1 de diciembre.

Además, habrá elecciones en 15 de los 32 estados de la república mexicana para renovar administraciones estaduales y municipales.

De un padrón de 77 millones de electores, unos 10 millones de jóvenes votarán por primera vez. En 2010 había casi 19 millones de personas entre 20 y 29 años de edad, según el censo nacional de ese año.

Sin líderes visibles y de constitución horizontal, los universitarios han aprovechado al máximo redes sociales como Facebook y Twitter para convocar a las marchas y armonizar sus posturas. Además, ya crearon un sitio electrónico para difundir información.

“Sabemos que siendo un movimiento algunos iban a querer colgarse políticamente de él y no lo vamos a permitir. No es que sólo los jóvenes nos vamos a beneficiar de los resultados. Involucramos a universitarios de todo el país porque creemos que juntos podemos lograr más cosas”, indicó Alessio.

El movimiento Yo Soy 132, nombrado así como símbolo de seguimiento a los 131 estudiantes que asistieron acreditados como tales al acto de Peña en la Universidad Iberoamericana, publicó ya un código ético, en el cual propugna mantener el perfil apartidista, el cariz pacífico y expresar puntos de vista individuales y no colectivos.

Luego del fracaso propagandístico en la UIA, el PRI osciló entre la condena a las protestas, bajo el argumento de intolerancia y de que había sido motorizada por la izquierda, al discurso del respeto a opiniones contrarias, en una estrategia de control de daños.

El alemán Karl Marx (1818-1883) escribió que la historia se repite, la primera vez como tragedia, y la segunda como farsa. El tropezón de Peña y la posterior reacción de su partido rememora lo que le sucedió al presidente Luís Echeverría en 1975, cuando visitó la UNAM y fue virtualmente expulsado por los estudiantes.

Mientras salía de la Facultad de Medicina, Echeverría gritó “fascistas” a los universitarios.

Yo Soy 132 organizó el miércoles 23 manifestaciones en al menos 20 ciudades importantes del país, mientras crece el bloque estudiantil, en una corriente que algunos observadores ya han bautizado como “la Primavera Mexicana”, en alusión a los levantamientos populares en naciones como Egipto y Túnez.

Si bien comparte aspectos como su espíritu democrático y el uso de plataformas tecnológicas, la gesta estudiantil difiere de movimientos afines como el de los indignados en España y el Ocupa Wall Street en Estados Unidos, que buscan cambios de fondo en el sistema político y económico.

“El movimiento debe trascender a la cuestión electoral. Puede elaborar una agenda de resultados políticos y culturales”, planteó Cordera.

La sudoriental ciudad de Cancún será la sede del Foro Mundial de Universitarios 2012, de junio a noviembre próximos, y en el cual se abordarán temas relacionados con ese segmento.

“Se ha reactivado el voto joven. El alcance es de una importancia superlativa, esperamos lograr nuestro objetivo”, resaltó Alessio.

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