Entre abogadas

* En el PRI no se refleja la actividad casi febril de los candidatos locales, menos la de la aspirante a la alcaldía de Toluca, Martha Hilda González Calderón, una experimentada operadora política. Por años trabajó para el PRI y aunque su perfil no impresiona, sus resultados dicen otra cosa.

 

Miguel Alvarado

Enrique Peña da la bienvenida a empleados y visitantes, parado en la puerta principal, justo detrás de dos guardias, muy trajeados, que ocupan sus radios de bolsillo para platicar con sus compañeros de oficio y de tanto en tanto sonríen mientras planean la hora de la comida.

Peña, el aspirante presidencial priista es aquí un adorno más, como siempre lo deseó. Y aquí es la sede estatal del PRI, en el Estado de México, un enorme galerón blanco con tres pisos de democrática actividad, al menos hasta donde se alcanza a ver. Peña, un muñeco de cartón de tamaño natural es un emblema que no puede pasar desapercibido para los empleados que, a las 11 de la mañana, resuelven sus apuraciones con un jugo de verduras mientras esperan a la señora de las tortas, quien en un carrito de mandado lleva hasta cocteles de frutas para fortalecer las trincheras del priismo. La actividad en la sede tricolor, sin embargo, no es la misma que hace un año, cuando Eruviel Ávila, actual gobernador, se aprestaba para la competencia.

– Ahí vamos, ahí vamos –dice uno de los trabajadores, mirando de pronto al muñeco de Peña, parado allí, unidimensional y a todo offset– pero la verdad es que muchos están desilusionados porque piensan que podemos perder –confiesa mientras busca con la mirada la tienda donde se reparten los chalecos cafés para las giras.

Una salita de espera, en Comunicación Social, exhibe decenas de diarios con propaganda priista. Uno de ellos, el semanario La Opinión, dirigido por Rosalinda García Mendoza, publica a todo color 44 páginas de publicidad electoral, la totalidad de su contenido. A veces, en esas páginas, se cuela uno que otro panista o perredista pero en realidad es una fiesta del priismo desbordado, que espera que su candidato lo impulse para de una vez ganar todo el Estado de México.

– No será tan fácil –vuelve a decir aquel hombre, mientras toma un respiro afuera de su oficina, un pequeño cubículo encargado de algo llamado “sector agrario”- Y es que en una encuesta que hicieron los del PRI del DF sale que el candidato aparece en último, nomás arriba del Quadri. Pero falta el final, el mero día, ya sabemos que todo puede pasar, hasta que Obrador quede en último.

No importa que el perredista reciba ahora su dosis de antipatía. Las redes sociales lo han ayudado pero ya le dan la vuelta. En realidad, se considera que Obrador es más peñista que Peña Nieto y de ganar, nada cambiaría. Por lo pronto, enfrenta las evidencias de la telecracia y paga las indiscreciones de sus asesores, como Luis Costa Bonino, a quien se le hace fácil exigir seis millones de dólares a los amables empresarios de la izquierda mexicana que lo mismo leen sobre la muerte del hermano del tabasqueño, un asesinato, dicen los contrarios, que sobre las 700 personas que apenas reunió AMLO en Ixtlahuaca, Estado de México. El caso es que si Peña tiene sus oscuridades, Obrador le compite en cualquier terreno.

El empleado aquel del PRI termina su descanso y regresa al trabajo, donde todavía lo duro no comienza. En el PRI no se refleja la actividad casi febril de los candidatos locales, menos la de la aspirante a la alcaldía de Toluca, Martha Hilda González Calderón, una experimentada operadora política. Por años trabajó para el PRI y aunque su perfil no impresiona, sus resultados dicen otra cosa.

Las campañas locales para alcaldes, vehemente oasis de tranquilidad comparada con los tumultos presidenciales, en Toluca se reducen a los núcleos del PAN y el PRI. El diario local Alfa considera que “en el balance de la primera semana de campaña… la candidata del PAN ganó ventaja a la del PRI. La estrategia de comunicación de Mónica Fragoso ha sido más innovadora y eficaz. El uso de las nuevas tecnologías como internet, en lo general, y las redes sociales en lo particular le han funcionado de maravilla para lo que los mercadólogos llaman reconocimiento de marca y difusión de mensaje básico. Fragoso está llegando a los nuevos electores, sobre todo jóvenes. Por el contrario, Martha Hilda se está apoyando en los medios tradicionales, como la propaganda monumental estática y medios impresos con cada vez menos lectores y credibilidad. Está haciendo las cosas a la antigüita. El primer round, sin duda, es para Mónica”.

González, sin embargo, no es una improvisada. Diputada local, federal y alcaldesa suplente en el actual gobierno que administra el PRI, también fue subprocuradora de Justicia y secretaria de Ecología, además de secretaria general en su partido. Obtener la aspirantía la enfrentó con otro priista, Alfonso Gómez Aguirre, líder del furibundo Frente Nacionalista Revolucionario 3, un brazo del propio partido que ni a sus propios creadores conviene. De cualquier manera, impugnó aquella designación porque González no quiso ocupar el cargo de presidenta municipal cuando la titular, María Elena Barrera, una exitosa ex secretaria particular de Enrique Peña, cambiaba sus municipales obligaciones por una senaduría. El FNR3, dedicado a ejercer presión como lo hizo recientemente contra el gobernador mexiquense Eruviel Ávila por una olvidada promesa de campaña, la activación de la tarjeta de ayuda La Efectiva, dice gestionar “programas de gobierno para personas que lo necesiten”. Organiza plantones y cobra cuotas, que administra el propio Aguirre. Pequeño como es el FNR3, a Aguirre no le alcanzó ni para encontrar entrevista con el presidente del PRI, Raúl Domínguez. El poder es un lujo que Aguirre no puede pagar, aunque haya sido invitado para observar a otros.

Esa opulencia, motivación suficiente para echar a perder la vida en causas de arrabal, tiene para González carácter de obligación. Su grupo, el de Atlacomulco, una inexistente organización en México que está a punto de obtener la presidencia del país, se dedica a eso con pública alegría. Toluca, la capital de un estado que aportará 10 millones de votos a las elecciones no debe ser obviada. Martha Hilda es, después de todo, parte de aquella franquicia que ha sabido encontrar equilibrio en el terremoto que significa la política. Hija del médico Jacinto González, su familia encuentra raíces en San Miguel Chapultepec, minúsculo poblado que la aspirante pronto contrastó con la inglesa niebla londinense, donde estuvo un tiempo, aparentemente alejada de la actividad pública. Colaboradora del ex gobernador Arturo Montiel, la fuerza de González radica en la total fidelidad que le guarda al montielismo y sus ramificaciones. “Parece que fue ayer cuando vivía con sus padres en un edificio de González y Pichardo, cuando decidió abrazar la carrera política de manos del ahora notario Gabriel Ezeta Moll”, recuerda de ella el columnista local Guillermo Garduño. Operadora política de penumbras y reflectores al mismo tiempo, sin embargo se guarda muy bien de no hacer públicos deslices o desplantes. Poco tendrán que reclamarle sus adversarios políticos y mucho que agradecer los de Peña, pues es a él a quien empuja desde sus campañas. Y está bien, los jueces lo permiten pero algunos le han preguntado qué hará con Barrera, la alcaldesa de permiso, pues se le imputan señalamientos como el desvío de recursos para la campaña presidencial -algo tan común y hasta vano que parece que si no es cierto, debió serlo, aunque se involucren 2 mil millones de pesos- y la contratación de un jefe del narcotráfico en la policía municipal. Esto último ha sido criticado precisamente por la rival más fuerte de la priista, Mónica Fragoso, una diputada local del PAN que intenta aprovechar la inversa popularidad de Enrique Peña en los últimos tiempos y regresar a su partido el control de Toluca, un municipio que gobernó 12 años, durante los cuales la escalada de grupos criminales se incrementó notablemente. Uno de aquellos alcaldes, Juan Rodolfo Sánchez, compadre y amigo de Enrique Peña, fue señalado de contribuir para la pérdida del bastión. Una parte del panismo no perdona aún a aquel hombre disfrazado de azul pero con el discurso en tres colores. Otra, le aplaude sinceramente.

Jael Mónica Fragoso Maldonado recorrió el mismo camino que su rival priista pues también su designación fue impugnada. La pista de circo en la que se convirtió el PAN municipal aún no se despeja totalmente, pues 5 de los aspirantes derrotados en lo interno, negaron luego el apoyo a la campaña de la legisladora, barrunto condicionado a que Fragoso les ruegue por ayuda. No los necesita, al menos no para sus giras ni para el debate que González rechazó apenas supo que podría suceder. Identificada con la defensa de las mujeres y grupos vulnerables, la panista al menos levantaba voces y presentaba cifras, cuando denunciaba desde su curul, como sucedió al encabezar a quienes buscaban una cabeza, la del ex procurador Alberto Bazbaz durante el lejano caso de la niña Paulette. Identificada con el grupo del ex alcalde panista Juan Carlos Núñez, quien perdió su segunda elección hace tres años, a Fragoso parece no importarle su relación casi familiar con ese personaje, pues es su cuñada y si Peña representa a la vieja familia feudal, Fragoso lo hace como la última generación de una comodina burguesía política que lo mismo tiene flotillas de taxis que administra capitales públicos como bienes privados. Ese parentesco sembrará la duda para siempre sobre si Mónica lo habría conseguido sola. La historia, esa que es diferente cuando más de dos narran lo mismo, da cuenta del valor de la familia cuando se trata de la democracia, de los cargos de elección popular.

Y por el lado de lo importante, porque también lo hay, las propuestas de las dos abogadas son las mismas, las de siempre, las que a fuerza alcanzan porque nunca se cumplen. Más empleos, seguridad, turismo, impulso a las pequeñas y medianas empresas, transporte. Honestidad. Justo paquete de ilusiones que cada proceso electoral vuelve más pragmático en función del día de las elecciones. Luego, se desvanece alegremente cuando se aborda como proyecto personal y se paga lo que se debe.

El tercero en discordia es el perredista Gilberto Ortiz Torres, salido de alguna parte entre las llamadas tribus de la izquierda que no son, ni siquiera, lo que podrían aparentar. Así, han elegido a un miembro del sindicato de telefonistas que encabeza, para variar, un diputado, Francisco Hernández Juárez.

De Ortiz se sabe poco, y tal vez lo más relevante sea su afición por las botargas con personajes de Walt Disney, que lo acompañaron en candoroso desfile por las calles de la ciudad cuando inició su campaña. Ilustre desconocido, ni siquiera tiene la ventaja de la televisión, que arruina al más popular pero hace la lucha. Dice que tiene 51 años y nació en la colonia Sánchez, un barrio de clase media en la ciudad. “He  nacido en cuna humilde y ha sido gracias a mi trabajo y dedicación que he logrado desarrollarme en diferentes ámbitos de la vida sindical de nuestro municipio”, observa una autobiografía que detalla que ha sido coordinador de campaña de Alejandro Encinas, derrotado en el 2011 por el priista Eruviel Ávila en la contienda por la gubernatura mexiquense.

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