El segundo debate

* El 10 de junio allí estaban Enrique Peña, del PRI; López Obrador, del PRD; Josefina Vázquez, del PAN y Gabriel Quadri, del PANAL, reunidos para debatir sobre el negocio de aproximadamente 274 mil 280 millones de dólares anuales que representa la presidencia mexicana.

 

Miguel Alvarado

Los españoles, todos ellos campeones del mundo, no saben qué hacer con su economía. El euro y sus gobernantes los han paralizado con el elemental miedo y temen perder, incluso, lo que nunca han tenido. Pero para todo hay un consuelo. La futbolera Euro, un minicampeonato continental les sirve para disipar temores. Ahí, desde una ciudad llamada Danzig, autodenominada libre hasta que los nazis le aplicaron un antiguo invento llamado Blitzkrieg, que cayó como relámpago para declarar casi formalmente inaugurada la Segunda Guerra Mundial en 1939, dos príncipes postmodernos, Letizia y Felipe, fueron sentados en las gradas de aquella Arena Báltica para que aplaudieran respetuosamente a esa Furia incapaz del verdadero milagro. Enanos mágicos hicieron trizas a los rudos italianos, que juegan al futbol como si fueran a la guerra pero que cuando les tocó combatir, lo hicieron como si jugaran al futbol. Al final las lecciones del Barrilete Cósmico, un jamón con patas, como siempre describió la prensa española a D10S, no les alcanzó y apenas empataron a un gol. En la península, los Indignados y ahora jodidos ciudadanos voltearon la cabeza y se encontraron de frente con el desempleo y un estado financiero que apenas se compara con el de México.

Acá, del otro lado, las cosas eran similares con la salvedad de que el rival para la selección mexicana era la República Cooperativa de Guyana y en vez de Iniestas o Xavis apenas había chícharos, aunque, eso sí, de exportación. Futbol, conciertos gigantescos y memorables de ambiguas estrellas del pop cimbraron la gran plancha del Zócalo capitalino. Justin Bieber, un canadiense andrógino que enamora más a hombres que a mujeres y sir Paul McCartney, un ex nada que se convirtió en Beatle para siempre, lograron apaciguar los ánimos y copar los espacios de quienes se preparaban para manifestarse, maleducadamente, mientras los aspirantes presidenciales debatían, descafeinados pero edulcorados, por el Canal de las Estrellas y la señal de TV Azteca, una empresa que sabe el valor de las telenovelas y ha construido un multiset multimillonario para múltiples grabaciones que, desafortunadamente, sólo rodará historias de ceniza.

Pero el 10 de junio allí estaban Enrique Peña, del PRI; López Obrador, del PRD; Josefina Vázquez, del PAN y Gabriel Quadri, del PANAL, reunidos para debatir sobre el negocio de aproximadamente 274 mil 280 millones de dólares anuales que representa la presidencia mexicana.

Por su parte, la Federación ha preparado ya el operativo militar que colocará al ejército y los mexicanos marines en las calles de las ciudades más conflictivas del país, el día de la elección general. El 1 de julio todo sucederá como está ya previsto, a pesar de los propios candidatos y prácticamente el país experimentará lo que significa la Ley Marcial, el Toque de Queda.

La revista Etcétera, dirigida por Marco Levario, un maestro de periodismo en la escuela Carlos Septién y funcionario público en la Universidad de Guadalajara que trabajó como comentarista en Televisa y TV Azteca, entre otras ocupaciones, dice que el periodista de Proceso, Jenaro Villamil sólo firmó con su nombre documentos filtrados donde, desde el rencor, se filtraban números sin sustento sobre los supuestos contratos que Televisa le extendió a Peña para construirlo como presidente. Levario levanta argamasa a un tema que escandalizó en su momento a las entrañas del gobierno peñista, y que no puede ser probado con documentación oficial, aunque funcionarios menores de aquellos años, 2006 hasta 2011, recuerdan claramente las cantidades que salían del erario público. Esos pagos fueron revelados por el diario local Alfa, entonces llamado Cambio mucho antes que Etcétera. Ese desencuentro entre periodistas cobra nueva vida justo en el momento en que los partidos políticos obtienen recursos para cerrar con dignidad, como ellos lo llaman, el ciclo de giras que los ha llevado por casi todo el país. Un ejemplo, que puede aplicarse a las tres instituciones políticas grandes, sucedió en Toluca, donde encuentra sede el PRI del Estado de México. Luego de reuniones a puerta cerrada, misteriosos operadores sin rostro ni identificación autorizaron, entre muchas otras compras, las siguientes cantidades, que debieron comprarse en el transcurso de una semana para tenerlas repartidas por todo México y listas para los cierres dignísimos. Treinta millones de pesos para 3 millones de pelotas antiestrés, de las cuales 1.5 millones de ellas eran rojas y la otra mitad, negras. 42 millones de pesos para 3 millones de playeras blancas, de peso mediano. 5 millones de bolsas ecológicas con un costo de 32 millones y medio de pesos. En la lista del mandado también había 25 mil sombrillas rojas y una cantidad indeterminada de encendedores Tokai y lonas con la imagen y el logo de Peña, que los proveedores agotaron en cuestión de minutos cuando se supo que los solicitaban los partidos políticos. Todos los pagos se prometieron en efectivo con el único requerimiento de no recibir factura.

– Fíjate, es algo normal, pasa siempre en las campañas. Y sucede en cada sede del PRI a nivel nacional. No sé de dónde viene el dinero, pero dicen que son aportaciones –dice uno de los intermediarios encargados de surtir aquellos efectos.

Pero el segundo debate se desarrollaba con la rapidez de un dinosaurio. Peña, impecable en corbata verde a rayas, tuvo muy claro que esta vez sería diferente el escenario al de la malhadada FIL. No habría ataques ni libros incómodos, al menos de Obrador, quien también apostaba por lo más apacible. Quadri, el candidato de Gordillo y representante del ala más ambiciosa del PANAL –la única que hay en ese partido- quiso hacerla de líder de proyectos y lanzó preguntas a diestra y siniestra. Inocente, pobre amigo, le recordaron los tres restantes, que ignoraron olímpicamente al alumno de la maestra. Sólo Vázquez arribó belicosa a un foro donde tocaba las puertas el letargo. El debate mexicano, tan disfrazado de cualquier cosa, promete siempre las revelaciones más ditirámbicas, que a veces por extraordinarias nadie las cree. Josefina intentó ese ejercicio y tomó algunas perlas de la historia de cada rival. A Peña le dijo que había dedicado su tesis universitaria a Arturo Montiel. A Obrador le reclamó que se afiliara al PRI luego del “halconazo”. A Quadri, a quien llamó alevosamente “Cuadro”, le recordó para quién trabaja. Ella se regaló un tache azul en la mano izquierda, pobrísima invitación al sufragio. El último debate quedó a deber. La dosis de morbo fue pulverizada y las intrascendentes promesas, que a nadie sirven porque pocos creen, diluyeron las expectativas y el Canal Dos, tan acostumbrado a culebrones como La Rosa de Guadalupe y Tercer Grado, debió soplarse las infames propuestas políticas, fantásticos dibujos que los aspirantes pintaron en dos horas y media de cháchara inaudita.

Josefina, avispa siempre, dejó a medias el aguijón sobre la tesis dedicada a Montiel, que Peña respondió con un seco  pero franco “le dediqué mi tesis a Arturo Montiel como gesto de agradecimiento porque fue el primero que me dio la oportunidad de estudiar y trabajar”. Nadie dijo nada sobre el parentesco, tan familiar entre ellos, que uno le dice tío y el otro le responde sobrino.

La panista sabe, sin embargo, que el submundo de las encuestas encontraría en sus atropellos verbales una constante matemática que se reflejaría necesariamente y una de ellas, la vituperada GEA/ ISA, la ubicó al día siguiente a siete puntos de Peña, en el segundo lugar. Vázquez, con 19 puntos y el priista con 36, dejan atrás a Obrador, con 17 por ciento. Quadri va en el último con uno por ciento.

Horas antes, en la explanada de la glorieta de La Palma, hasta mariachis contrataron algunos ciudadanos del DF, quienes despidieron simbólicamente el poder que representa la mancuerna Televisa-Peña Nieto. La Eurocopa no es para cualquiera. La presidencia de México, tampoco.

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