¿Quién es Enrique Peña Nieto?

* Una de las mayores losas de Peña Nieto es la historia. Por un lado, su historia personal: desde una familia vinculada con ex gobernantes corruptos (como Arturo Montiel), hasta oscuros rumores claramente dirigidos a desprestigiarle (como un hijo no reconocido o la muerte de su esposa), pasando por una asociación directa con un impopular padrino político como es Salinas de Gortari.

 

Víctor Martín Gómez/ Rebelión

Enrique Peña Nieto (EPN) es el candidato de la coalición “Compromiso por México”, formada por el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Verde Ecologista de México. Con 45 años y abogado de profesión, lleva desde 1984 en el PRI, donde ha ido escalando cargos y ganando mayores responsabilidades hasta llegar a ser en el último sexenio gobernador del Estado de México.

Precisamente, su campaña actual se basa en resaltar los logros conseguidos durante ese último cargo. Con la constante palabra “compromiso” por bandera, Peña Nieto se dedica a elogiar su propio trabajo en el Estado de México, como prueba de que tiene la capacidad y la sabiduría para trasladar ese éxito a todo el país. No obstante, no tardó en salir a escena una campaña crítica con este supuesto éxito. Con el lema “Peña no cumple”, los spots van desmontado uno a uno los compromisos en teoría cumplidos por el candidato priista al más puro estilo “esto es lo que dice Peña Nieto que ha hecho y esto es lo que realmente (no) ha hecho”.

En su camino a la Presidencia, Peña Nieto apuesta por políticas de buen ver: lucha anticorrupción, una seguridad social universal, crecimiento económico, estabilidad macroeconómica, potenciar el comercio exterior y la competitividad, reformar el control de los hidrocarburos, una reforma fiscal o la reducción del número de diputados, entre otras. Sin embargo, bajo estos atractivos lemas hay un programa neoliberal que trata de privatizar lo público, hay una mayor apertura de México a la entrada de capital extranjero, hay un endurecimiento de la presencia militar, del control social y de la seguridad, etc. Por no hablar de la demagogia en la que caen todos y cada uno de los aspirantes a Los Pinos cuando hablan de anticorrupción, transparencia democrática o educación de calidad, sin aclarar exactamente a qué se refieren.

A sus propuestas, EPN suma las del Partido Verde: vales de medicinas para todos, acabar con las cuotas en las escuelas o cadena perpetua para los secuestradores son algunas de las más llamativas, aunque de nuevo vuelve a recurrir a lemas tan ambiguos como “agua para todos” y “voy a acabar con la pobreza”.

Peña Nieto ha sabido conjugar dos ejes en torno a su candidatura: la persona y el partido. En el caso de Andrés Manuel López Obrador, muchos de sus votantes lo son por la devoción que le tienen y no por los partidos que hay detrás de su candidatura (PRD, PT, MC). En el caso de Josefina Vázquez Mota (PAN), es precisamente su personalidad lo que está haciendo que sus posibles votantes dejen de serlo. No obstante, Peña Nieto es una cara famosa, joven y atractiva que se ha difundido por todo el país en anuncios, entrevistas e incluso series de televisión. La presencia mediática ha sido tal que prácticamente todo el país le reconoce, lo cual en México puede significar una cantidad de votos considerable. Para ello, ha contado con una publicidad abrumadora en todos los sentidos, lo que le ha valido las protestas de ciertos sectores de la población que critican el posible favoritismo que hay en los medios de comunicación en torno a la figura del político priista.

Al mismo tiempo, su partido, el PRI, es una formación histórica, una marca consolidada. Muchos de sus votantes lo han sido toda la vida y lo seguirán siendo. En muchos Estados de la República, el PRI es el partido dominante desde hace décadas, lo que lleva a sus votantes a una inercia automática cuando van a las urnas. Por una parte, el priismo es un sentimiento apegado a la personalidad de muchas personas desde que nacen (como por ejemplo lo puede ser el peronismo en Argentina). Por otra, la información que reciben los ciudadanos proviene del duopolio televisivo, de modo que tienen una visión parcial de la realidad y de lo que representa este candidato y este partido. De hecho, hay sitios donde lo único que se conoce es el PRI, con todo lo que ello supone. No ocurre igual en la capital del país, donde las vías de comunicación son más amplias y donde la izquierda lleva años asentada.

En ese sentido, mientras el país entero está plagado de propaganda con la cara de Peña Nieto junto al emblema del PRI, en la capital de México la propaganda mayoritaria es con el mismo rostro pero con el logo del Partido Verde. Peña Nieto no quiere que, en el escenario capitalino, se le relacione con el PRI para no crear más rechazo del que ya tiene. Así, su rostro bajo el eslogan del Partido Verde podrá arrancar algunos votos de más en la capital del país.

De la misma manera, Peña Nieto ha de lidiar con un antipriismo permanente que teme la vuelta de un PRI con un oscuro pasado en el poder. Ese antipriismo hoy está dividido, anda indeciso entre el PAN y el PRD y es esa indecisión (que ronda el 20%) la que más beneficia a Peña Nieto, que prefiere que esa masa electoral se diluya entre el resto de candidatos y no forme un bloque unitario que elija a un único candidato que le pueda discutir la presidencia.

Siguiendo con esa idea, una de las mayores losas de Peña Nieto es la historia. Por un lado, su historia personal: desde una familia vinculada con ex gobernantes corruptos (como Arturo Montiel), hasta oscuros rumores claramente dirigidos a desprestigiarle (como un hijo no reconocido o la muerte de su esposa), pasando por una asociación directa con un impopular padrino político como es Salinas de Gortari (ex presidente de México). Por otro lado, el candidato del PRI tiene que afrontar que se le relacione con los 70 años que estuvo su partido en el poder. Esto supone una vinculación directa con casos de corrupción, de falta democrática, de caciquismo y de represión. En esto último, son especiales tres casos: los sucesos del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, la masacre estudiantil del 10 de junio de 1971 y, el que toca directamente a Peña Nieto, la represión de San Salvador de Atenco (Estado de México) en mayo de 2006. Los tres se produjeron bajo diferentes mandatos del PRI, pero el último afecta a EPN en tanto él era el gobernador del Estado cuando sucedió. Sus críticos le achacan que, aunque se consideró responsable y a pesar de haber defendido la legitimidad del operativo policial, no ha tenido ningún coste político ni penal por ello.

Así, en las últimas semanas, de manera inesperada, su popularidad -que parecía mediáticamente intocable- ha descendido notablemente. Se ha trasladado a la arena pública el debate sobre su personalidad, su pasado y lo que representa una candidatura como la suya. En otras palabras, un camino que él mismo veía de rosas hacia la Presidencia se le está haciendo más largo y complicado de lo que esperaba. Son los estudiantes universitarios quienes lideran esta campaña paralela que trata de resaltar la otra cara del priismo y de su líder. Un líder que no se maneja muy bien en los espacios y declaraciones públicas. Que esto tenga o no repercusión en la jornada electoral del próximo 1 de julio aún no lo podemos saber. Si la tiene, desde luego será desfavorable para EPN. Para que así sea, el movimiento juvenil #YoSoy132, que nació en la Universidad Iberoamericana contra la manipulación informativa por la visita de EPN a dicha Universidad y los hechos que allí sucedieron, ya se ha declarado abiertamente anti Enrique Peña Nieto y dirige sus dardos contra un político que no quieren ver como presidente.

Aunque posiblemente Enrique Peña Nieto se vea ya con ese cargo, es seguro que no puede descartar una sorpresa de última hora que dé la victoria a López Obrador. Mal haría si lo diese todo por ganado y vendiese la piel del oso antes de cazarla. Las encuestas le dan una clara ventaja, el apoyo que tiene en la mayoría de los Estados también pero, como ya ocurrió en 2006, todo puede pasar. Está a un paso de ser el próximo Presidente de la República, pero tendrá que esperar a que las urnas demuestren lo que mucha gente ya da por hecho y lo que mucha otra gente prefiere no pensar.

 

* Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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