La Ley de Herodes

* El diario El Universal publicaba una edición especial nocturna que encabezó con el titular de “¡Es Enrique Peña!”, y que salió a la calle con apenas 4 por ciento de las casillas computadas. El mismo Peña se autoproclamaba presidente del país en su sitio web, con apenas 10 por ciento de las casillas computadas y una diferencia con AMLO de menos de cuatro puntos. Lo único que faltaba era que Calderón, a las 11:24 de esa noche, saliera al aire y con garbo y desparpajo anunciara que Peña era el nuevo presidente de México, con 13 por ciento de las actas contadas.

 

Miguel Alvarado

El perredista Andrés Manuel López Obrador reunió un millón 200 mil personas en el cierre final de su campaña presidencial, en el zócalo de la ciudad de México. La elección no la resolvió el Distrito Federal, donde Miguel Mancero apabulló a la priista Beatriz Paredes, pero sí el Estado de México, donde el padrón electoral alcanza cerca de 10 millones. Aquí el perredismo no apoya a López Obrador y hace años la simulación de militantes y dirigentes los ha llevado a colaborar con el PRI y con el gobierno en turno, con quienes trabajan para entorpecer los procesos electorales. En el 2006, por ejemplo, en las casillas del valle de Toluca no hubo observadores perredistas, a pesar de estar asignados y pagados. La militancia mexiquense es tan corrupta como la de otros partidos, pero a diferencia de sus contrincantes, no apoya a sus candidatos.

Algo similar pasó la jornada electoral. Si bien la inasistencia perredista fue menor, el priismo pudo comprar funcionarios de casillas como algunos presidentes confesaron. Veinticinco mil pesos para cada uno a cambio de hacerse de la vista gorda en algún punto del proceso. O las movilizaciones para ese día, que costaron 5 mil pesos por cada docena de votantes conseguidos; otros 5 mil pesos para los Vocales; mil 500 pesos para los Jefes de Manzana y hasta 500 pesos por cada sufragio retratado en un celular.

Otros datos aseguraban que los paquetes de pagos priistas eran diseñados de acuerdo a la zona geográfica. En las secciones 17 y 36 del valle de México, movilizar 820 activistas tuvo un costo de 9 millones 72 mil 500 pesos, reportaba el diario La Jornada. También informaba que en general, llegarían al Edomex “477 mil 500 personas, 855 mil contactados y habrá 3 mil 820 activistas”. En Sinaloa, se tenían calculadas 880 mil 250 personas y se movilizarían 530 mil ciudadanos, más 3 mil 841 activistas con un costo de 8 millones 172 mil 375 pesos. En el Distrito Federal, en las secciones 9, 10 y 11, habría 426 mil 500 personas movilizadas pero 853 mil habrían sido contactadas. Esta logística correspondió a un programa llamado Movilización, de cinco fases, que se incluyeron dentro del Plan Ágora, formulado por Elba Esther Gordillo y su sindicato, el SNTE, para garantizar 5 millones de votos con un costo de 151 millones 277 mil 750 pesos, según el documento Sistema Digital de Activismo y Movilización alternativo (Ágora) del SNTE, que filtró el sindicato disidente de la CNTE.

Algunas cifras pueden ejemplificar los 3 meses más sórdidos del año 2012, en los que se escucharon insensateces, mentiras, soluciones fantasmales y propuestas de gobierno sustituyendo a las obligaciones. Así, los 76 millones de pesos que se gastaron diario deberían indicar que la democracia mexicana es cualquier cosa menos un sistema de gobierno justo. Fundaciones Internacionales Electorales para Sistemas apuntaba que el voto mexicano costaría 17.24 dólares cada uno, contra los 41 centavos de dólar que sale en Argentina o los 29 centavos en Brasil. En México, debieron votar 78 millones 345 mil 445 personas.

“Muchos sectores se han ilusionado con un triunfo de la “izquierda”; creen que de esta forma se resolverán sus problemas y sus demandas. Sin embargo, no perciben que al igual que el PT de Lula en Brasil, AMLO desde que proclamó su “República amorosa” —vs. su “república des-amorosa y rijosa del 2006—, ha venido entretejiendo una maraña de alianzas y compromisos con fracciones de la burguesía, la oligarquía y el empresariado a quienes les ha garantizado respetar sus inversiones, incluso de los proyectos ya establecidos en áreas consideradas estratégicas como la industria petrolera y de la electricidad”, apunta el analista Adrián Sotelo.

El periodista Miguel Ángel Ferrer recuerda que los fraudes electorales en México han estado presentes en toda la historia de los comicios. Menciona a Francisco I. Madero y Porfirio Díaz; a Álvaro Obregón, Pascual Ortiz Rubio y José Vasconcelos; Manuel Ávila Camacho y Juan Andreu Almazán; Adolfo Ruiz Cortines y Miguel Enrique Guzmán; Cuauhtémoc Cárdenas y Carlos Salinas y López Obrador y Felipe Calderón. La lista es interminable, así como las modalidades de las trampas.

Para Josefina Vázquez, una ex secretaria de Educación y Desarrollo metida en la contienda por Los Pinos, la trampa consistió en ser parte del partido político de Felipe Calderón, el presidente mexicano más criticado de la historia debido a los 60 mil muertos que arrastró la pretendida guerra contra el narco que su administración promovió.

Calderón había derrotado a López Obrador con menos de un punto porcentual de diferencia. La sospecha nunca podrá ser borrada del imaginario. Vázquez, la mujer que derrotó al delfín de Calderón para el 2012, Ernesto Cordero, comenzó su campaña en el segundo lugar de las preferencias pero terminó tercera aunque la diferencia todavía le permitió pensar en empate técnico. Vázquez fue abandonada por su partido y Calderón, quien había encontrado otra manera de garantizarse que nadie lo perseguiría luego de terminado el mandato, le aconsejó que renunciara a cualquier esperanza a las 8 y media de la noche del primero de julio, apenas apareció la encuesta de salida del diario Mileno.

Antes, no hubo la prometida detención de Joaquín Guzmán, que le hubiera granjeado alguna simpatía final y tal vez algunos miles de votos. En cambio, sí el vacío y una desorganización a propósito que terminaron afectando a la mujer que quiso gobernar con los pantalones bien puestos.

El diario norteamericano The Washington Post señalaba sobre el voto de castigo que recibiría el panismo y la desolación que en algunas entidades ha provocado la presencia del narcotráfico y su total impunidad. “Sabemos lo que está pasando. Con el PRI, usted tiene un montón de falta de honradez, un montón de robo, ¿de acuerdo? Sin embargo, cuando me dirigía a mi rancho, cuando estaba el PRI, no vi cuerpos sin cabezas. Ahora lo hago. ¿Cuántos restaurantes han cerrado? ¿Cuántas tiendas, almacenes, empresas se han ido? La gente en Tampico con todo el dinero se han ido o se está yendo”, decía un poblador de Tamaulipas a aquella publicación.

Pero el primero de julio no era una fecha para futurismos. Lo importante era establecer el cambio, aunque su significado no estuviera claro para nadie, ni siquiera para Obrador, quien supo desde el principio que debería trabajar codo a codo con los poderes fácticos y con los verdaderos dueños del país. Garantizar a los norteamericanos el abasto de narcóticos y otros insumos de primera necesidad influiría de manera determinante en su plan de gobierno. ¿Pactar con el narco cuando forma parte del mismo gobierno? ¿Cambiar de golpe la burocracia y el sindicalismo? El cuento de hadas de alguien que sabe que sólo cuenta con apoyo ciudadano podría resquebrajarse nada más asumir el poder. Los mismos políticos aseguran que existe una base donde todos ellos están de acuerdo, porque la militancia se anula junto con proyectos sociales. Desde allí se deciden cargos y oportunidades, tiempos, ritmos. Que Peña o Vázquez pierdan no significa nada y que Obrador gane tampoco. La generación de los X-Box, del Xperia, de las descargas superveloces desde internet quiere resultados, y los quiere ahora. Eso no se podrá y menos cuando un lápiz fue el instrumento donde se depositó la confianza absoluta de una nación. Pero el lápiz era rosa, muy olvidable y muy pronto quedó atrás la suspicacia.

Hace seis años, AMLO arrasaba en el primer conteo. Luego, en la madrugada, fue rebasado por Calderón y el domingo primero de julio del 2012 las cosas serían distintas. Mientras, el genio maléfico de Luis Videgaray, orquestador público de la campaña de Peña, hacía conjeturas y auguraba diferencias de hasta 5 millones de sufragios antes de las 9 de la noche.

El domingo, Enrique Peña llegaba a votar en helicóptero a su querido Atlacomulco pero hasta allá hicieron presencia los de “Yosoy132”, que obligaron a instalar una valla para que el todavía aspirante pasara junto con su familia. La jornada electoral había comenzado para Enrique 24 horas antes, cuando desde las redes sociales descubrían a Gerardo Ruiz Dosal, hijo del ex secretario mexiquense Gerardo Ruiz Esparza. Joven petimetre, mostraba en fotos los lujos que alguien como él puede tener. Paseos en Ferrari, fiestas en Las Vegas, habitaciones de hotel por 30 mil pesos la noche, vinos Petrus de 34 mil pesos la botella y viajes alrededor del mundo inspiraron al junior para recrearle la pupila a aquella plebe adicta al twitter. La realeza priista no pudo contenerse ni el último día de veda electoral. Ruiz se supo descubierto y borró la evidencia, pero ya era demasiado tarde. Tuvo que disculparse con el Jefe de Jefes, como llama a Peña en una de las fotos que había compartido y ponerle buena cara al mal tiempo.

En general, la jornada electoral transcurrió en calma en la capital mexiquense. La misa dominical en Catedral consiguió casa llena pero no hubo una sola mención para la sucesión. Dios, que en Toluca cobra en la nómina del Grupo Atlacomulco, supo guardar distancias hasta las 8 de la noche. Tres horas antes, todo era especulación y los tres partidos principales se declaraban en ventaja. No podía ser de otra forma en un escenario pasado por un aguacero que ahuyentó a todos los votantes en el centro de la ciudad. Lo bueno vino hasta las 7 de la noche, cuando las primeras filtraciones daban como ganador a Peña Nieto. Encuestadoras como Parametría adelantaban sin recato que el mexiquense obtenía 42 por ciento, AMLO 29 por ciento y Vázquez 23 por ciento. Otra, Mendoza Blanco y Asociados, colocaba al priista con 44 por ciento, al perredista con 30 por ciento y a la del PAN con 30. La réplica llegaba de inmediato y faltando 20 minutos para las 8 de la noche, los perredistas afirmaban que Mitovsky daba ventaja a Obrador con 39 por ciento y colocaba a Peña y Vázquez con 33 y 27 respectivamente. Milenio y Televisa, faltaba más, daban a Peña 42 por ciento. A AMLO 31 y a Vázquez 23. Estos números, de cualquier forma, quedarían atrás, olvidados.

Las 8 de la noche con tres minutos. El primer resultado preliminar del IFE indicó que Vázquez Mota tenía el 19 por ciento, que Peña el 51.71 por ciento y que Obrador el 24 por ciento. Veleidoso como es, el PREP reportaba a las 8:23 de la noche que Josefina adelantaba hasta 32 por ciento y que Peña se estacionaba en 40, mientras que Obrador se ubicaba en 23. La noche sería larga y todavía no había un ganador definitivo. La noche sería larga para algunos pero lo único cierto era que de Quadri ni siquiera Elba Esther se acordaba.

A las 8:30 Josefina reconocería que “las tendencias no me favorecen” y se retiraba a su casa, sin más ni más mientras su grey le aplaudía la sabia decisión, cobijada por los resultados de Milenio y Mitofsky. Roy Campos y la filial de Televisa hacían mientras tanto su papel y daban como ganador absoluto al priista, mientras en la norteamericana cadena de televisión, CNN, se daba a Peña 42 por ciento contra 41 de AMLO. De todas maneras, en la sede nacional del priismo hasta el cantante Julio Preciado conocía lo inevitable y ponía a bailar a la concurrencia con sus ritmos pachangueros que certificaban lo que les pusieran enfrente. Y por si faltara algo, el diario El Universal publicaba una edición especial nocturna que encabezó con el titular de “¡Es Enrique Peña!”, y que salió a la calle con apenas 4 por ciento de las casillas computadas. El mismo Peña se autoproclamaba presidente del país en su sitio web, con apenas 10 por ciento de las casillas computadas y una diferencia con AMLO de menos de cuatro puntos. Lo único que faltaba era que Calderón, a las 11:24 de esa noche, saliera al aire y con garbo y desparpajo anunciara que Peña era el nuevo presidente de México, con 13 por ciento de las actas contadas.

Obrador salió luego a dar la versión de sus hechos. Dijo lo esperado, que mantendría la calma y vería hasta el final los datos que arrojaran los resultados. Peña, ya endiosado y con su Paulina acompañándolo en el estrado, dio las gracias a México por votar por él. El surrealismo mexicano surtía efecto, una vez más, y hasta los paisanos en Estados Unidos hacían ver su adhesión al peñismo en las redes sociales, una especie de filosofía adaptada para un país con los pies al revés.

El PREP, sin embargo, seguía recabando datos. Así, a las 00:53 del 2 de julio, marcaba a Peña como puntero con 36.55 por ciento, mientras que AMLO llegaba a 33.26. La diferencia, luego de que el IFE la hiciera pública, no era de 6 puntos, sino de 3.19, que representaba unos 500 mil votos.

La madrugada estiraría la diferencia y quedaría hasta las 9:30 del 2 de julio, como la había anunciado Leonardo Valdés Zurita, presidente del IFE, antes de la medianoche, y quedaría con 37.79 para Peña Nieto, 31.96 para Obrador, 25.47 para Josefina y 2.33 para Quadri. La mañana del lunes todo estaba consumado certificado y a las primeras felicitaciones de reconocimientos desde otros países llegaba a la mesa del mexiquense cuando Gran Bretaña y España se apresuraban a reconocerlo ganador.

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