Los pasos del lobo

* Al nuevo Ejecutivo mexicano le sobran nombres para integrar su equipo de transición. Un movimiento cantado es el de Luis Videgaray, quien coordinó su campaña y encabezó la Secretaría de Finanzas en el Edomex. Representa un enlace con el grupo económico de Pedro Aspe, con quien trabajó en Protego, un despacho que se encargó de renegociar la deuda pública del Edomex desde la administración de Montiel.

 

Miguel Alvarado

La tarde del 2 de junio del 2012 el escritor y editor Humberto Musacchio opinaba en público que “el PRI regresa a la presidencia sin el viejo régimen que sepultamos en 2000… con todo y el poder de la televisión, Peña Nieto no consiguió más de 40% de los votos”. Musacchio, muy intelectual pero desmemoriado, es el mismo que en 1999 estuvo a cargo del “Diccionario Enciclopédico del Estado de México”. Francisco Cruz, autor del libro “Negocios de Familia”, recuerda que “el 28 de junio de 1999, seis días antes de las elecciones constitucionales, quedó completado y empacado el Diccionario… impreso en los talleres de Xpert Press, SA de CV y encuadernado en los Talleres de Arte. Su tiraje fue de 5 mil ejemplares, más los sobrantes para reposición y los que por la noche de ese día se filtraron a personajes especiales y algunos periodistas… en sus páginas apareció, por primera vez, el nombre de Arturo Montiel, ya acompañado del título de gobernador constitucional, a pesar de que aún no se celebraban los comicios. En la página 311, con una foto en el margen superior derecho, el diccionario –coordinado por Humberto Musacchio y Luis Humberto Granados- establece: ‘Montiel Rojas, Arturo. n. Atlacomulco, Méx. (1943)… El pecado del diccionario acarreó por sí mismo una pesada penitencia. Hasta el 31 de julio se expidió el bando que declaraba a Montiel gobernador electo para el periodo 1999-2005…”.

Musacchio se había adelantado, como buen escritor, a los acontecimientos y daba al tío de Peña un nombramiento por el que todavía no se votaba. Años después, cree que el triunfo del sobrino de aquel gobernador sin elección representa un nuevo régimen. No es necesario ser conocedor para adivinar quiénes acompañarán, por fin, al Grupo Atlacomulco para administrar México. Esa asociación, que en lo académico no existe, dicen unos, ha gobernador el Edomex por más de 70 años, cuando Isidro Fabela formalizó su llegada al poder, a principios de los años cuarenta. A esa agrupación pertenecen Carlos Hank González y los Del Mazo, así como los cinco tíos de Peña que han sido gobernadores. Algunos de sus miembros han ganado en las recientes elecciones locales cargos públicos, como Carolina Monroy la alcaldía de Metepec. Ella es prima del presidente. Todavía gobierna Huixquilucan Alfredo del Mazo, otro primo del mexiquense y en Toluca el alcalde sustituto, Guillermo Legorreta Martínez, pertenece también a esa familia. El repaso sería enorme y llenaría libros con nombres y pormenores de los parientes de Peña en el poder mexiquense. Si los llevó consigo cuando gobernador, nada impedirá que trabajen en Los Pinos.

Sin Musacchio o con él, al nuevo Ejecutivo mexicano le sobran nombres para integrar su equipo de transición. Un movimiento cantado es el de Luis Videgaray, quien coordinó su campaña y encabezó la Secretaría de Finanzas en el Edomex. Representa un enlace con el grupo económico de Pedro Aspe, con quien trabajó en Protego, un despacho que se encargó de renegociar la deuda pública del Edomex desde la administración de Montiel.

Uno por confirmar es el actual gobernador del Edomex, Eruviel Ávila, a quien se la asocia con el empresario Carlos Slim para explotar concesiones de Pemex para gasolineras en tierra mexiquense, pero a quien también se le ubica en el primer gabinete de Peña como parte del trato que le permitió acceder a la gubernatura, sitio reservado para los del mencionado Grupo. Ávila estaría destinado a la fatídica Secretaría de Gobernación pero ese movimiento se aprovechará para apuntalar en el Ejecutivo mexiquense a Ernesto Nemer, esposo de Carolina Monroy y del grupo de Emilio Chuayffet. Es el actual secretario general de Gobierno y a él se le atribuye la real conducción de la entidad, pues Ávila ha permanecido al margen de cualquier actividad política pública.

La victoria de Peña también moverá las posiciones del narcotráfico a nivel nacional, pero en el Edomex afianzará las estrategias de La Familia Michoacana, de quien se menciona pagó las campañas electorales de Valle de Bravo para el alcaldía para el PAN, pues el priismo regional quiso deslindarse. Ese municipio, lugar de descanso de la oligarquía mexicana, representa para el narcotráfico el territorio de afianzamiento en el Estado de México. La derrota electoral del PRI en aquel lugar confirma movimientos y desbarata al menos por el momento, la posibilidad de enfrentamientos entre grupos rivales como Los Zetas. Valle de Bravo es la nueva puerta del narco en el Edomex, y desde allí se controla la actividad de la llamada Tierra Caliente, un enclave formado por los tres estados más emprendedores en esa actividad, Michoacán, Guerrero y la tierra de Peña Nieto.

Para el nuevo presidente el narco y el crimen organizados nunca fueron un problema real, ni siquiera prioritario. Se dedicó a pactar lo mejor que pudo y a desentenderse de la seguridad pública. Peña cumplirá lo prometido en su campaña, porque no hizo otra cosa que aplicar la misma estrategia que cuando buscaba la gubernatura. Una serie de promesas fue transformada en su plan sexenal de gobierno, que no tuvo cabida para más trabajo e incluso no pudo cumplir cabalmente.

La elección presidencial está ganada y a estas alturas no habrá nada que pueda echar abajo la decisión consensuada de los patrocinadores de Peña. Al perredista Obrador no se le puede culpar de cuidar o no los resultados del primero de julio, pues la parte fundamental del fraude no se cometió el día de las elecciones. Para quienes votaron por primera vez, representa una lección aunque el resto está poco más que cansado de recibirlas sin sentido cada año electoral.

López Obrador impugnará la elección, pero no impedirá el regreso priista y aunque alumnos y sociedad disgustada salga a las calles, será prácticamente imposible que algo cambie la decisión final del IFE. Valdez Zurita ha dicho ya que desechará las impugnaciones presidenciales sin conocerlas. Las redes sociales, dos días después se llenaron de fotos y protestas ante los resultados, pero como también ejemplificaba ese submundo, México no es el Distrito Federal ni tampoco la red. En un país como éste, la única forma de conocer la contraparte de cualquier hecho que afecte a la mayoría es, por ahora, internet.

El movimiento “Yosoy 132” ha constatado que en México la democracia es una figura de aparador a la cual se viste según la temporada. La construcción que Televisa hizo de Peña Nieto resultó a prueba de balas, libros periodísticos, Atenco, Pretelini, Paulette Arturo Montiel, Carlos Salinas, Elba Esther Gordillo, desvío de recursos, enriquecimientos ilícitos, narcotráfico, estudiantes, obreros, redes sociales, AMLO, perredismo y hasta la opinión de algunos funcionarios norteamericanos de primer nivel. Y no lo hizo sola. Felipe Calderón fue uno de los arquitectos principales.

Las calles del DF han albergado las marchas anti-Peña pero ahora los ciudadanos se encuentran, literalmente, contra las paredes de la empresa de Azcárraga, gigante de piedra rodeado por policías. De nada vale que los medios alquilados por el priismo declaren públicamente que se equivocaron al difundir encuestas donde se colocaba al mexiquense hasta 30 puntos sobre López Obrador. Esa otra realidad finalmente permeó en algunos y al final los 6.5 puntos reales eran lo de menos. Gea/ISA, propiedad de Jesús Reyes Heroles, cumplió el cometido desde las páginas y programaciones del diario Mileno. Las encuestas se afianzaron como herramienta política suficiente para un país que tiene como referentes culturales al Chavo del Ocho y a Pequeños Gigantes.

Los 15 mil que marcharon con el “Yosoy132” también han encontrado su realidad. La reportera Paulina Villegas, de Índigo, constata que ellos no aceptarán los resultados sino hasta que “se desahoguen las 2 mil demandas que ciudadanos entregaron a la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, y aún no se les da seguimiento”.

Los gritos de “¡Enrique Peña Nieto no es mi presidente!” se perderá después, en la bruma de lo que viene y así, “si hay imposición, habrá revolución! ¡Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, ese no es candidato es asesino, macho, burgués”! y “¡México sin PRI!”, los definió el propio Peña, cuando se le preguntaba sobre las encuestas. “Son fotografías de un momento determinado, y nada más”, diría en la que tal vez sea su frase menos vesánica.

El fraude deberá ser probado para que oficialmente algo suceda. La contradicción es terrible. Oficialmente, nadie reconoce nada a pesar de fotos, testimonios personales, denuncias y hasta algoritmos que grafican la concatenación de una elección que a todas luces sería intervenida.

Parece increíble que el único método para ganar un cargo de elección popular sea el fraude. Pero más lo es que desde que México es nación, se aplique siempre. Calderón optó por ese sistema y dejó 60 mil muertos, una cifra apenas conservadora que no considera daños colaterales. Peña no ha tenido tiempo de asimilar su realidad cuando ya las tiendas Soriana y las compras de pánico con la tarjeta que regaló su partido le recuerdan que las despensas y los 5 mil pesos pagados a paleros duran dos días.

Lo que dura para siempre es la violencia. El territorio mexiquense que Peña dejó cobra sus facturas internas. Valle de Bravo observa cómo en Zacazonapan una balacera al estilo de La Familia y Los Caballeros Templarios deja 8 muertos regados sin mayor dificultad, justo un día después de la elección. Este semanario recordaba hace meses que “otros municipios de la zona como Otzoloapan, Zacazonapan, Amatepec y Tlatlaya han resentido el fenómeno de otra manera. Tierras abandonadas u ocupadas por extraños y tarifas para mantener comercios y poder vivir sin problemas se convirtieron en prácticas habituales. Muchos huyeron o se fueron en busca de mejores tiempos pero otros se adaptaron. Ni siquiera enfrentamientos mortales como los registrados en Caja del Agua entre el 2009 y el 2010 los desarraigan. Primero, el 1 del julio del 2009, Pelones y Familia chocaban entre sí en aquella comunidad, paso obligado de la droga hacia Guerrero y Michoacán. Siete sicarios detenidos, camionetas de lujo, motos y hasta 25 armas largas decomisó la antigua policía mexiquense, ASE, que intervino en plena balacera. Una versión señala 12 narcos muertos y dos policías heridos en una yerta que busca ejecutar al líder criminal Osiel Jaramillo”.

El diario local Alfa daba cuenta que a menos de 48 del triunfo de Peña, en Neza y Toluca asesinaban a cuatro personas, una de ellas policía y que el conteo de ejecuciones este año, aumentaba a 245. La Tierra Caliente mexiquense dará de qué hablar. Por lo pronto en aquellos municipios, el primero de julio los ciudadanos fueron obligados a votar por el PRI, presionados por La Familia, y a comprobarlo con la famosa fotografía. “A quienes no lo hicieran se les cortarán los dedos”, les avisaron oportunamente. En esa operación estaban involucrados empleados municipales, militantes priistas y la mayor parte de los habitantes, quienes participarían donando sus falanges. Zacazonopan, con todo y llanto, se dio tiempo para narrar lo sucedido. Un comando de 40 sicarios de Los Caballeros cazó al “Tuzo”, un capo de La Familia que s encargaba de esa zona. La policía fue avisada pero al llegar fue recibida con granadas y disparos, por lo que dejó las cosas para mejor ocasión. Sin embargo, no todos tuvieron suerte y el comandante Joaquín Rosales Salazar, de la Novena Región de la Secretaría de Seguridad Ciudadana recibía un balazo en la cabeza. “Cuatro elementos de esa institución resultaron con heridas leves, producto de la explosión de dos granadas de fragmentación. Los agresores lograron huir del lugar”, relataba el vespertino toluqueño Tres PM.

Ahora hay tres mil policías patrullando una región donde todos saben dónde se esconden los sicarios pero también donde las autoridades civiles trabajan codo a codo con ellos.

La portada de la revista Proceso posterior a la elección supo expresar mejor que ninguna el resultado de la jornada. El logotipo de Televisa, una especie de círculo naranja alargado, con la banda presidencial que distingue al Ejecutivo encima, no fue solamente un adorno para la publicación, sino un símbolo de que la democracia en México es arma filibustera de los cinco o seis dueños del país.

 

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