La selección

* Las impugnaciones de Obrador hacia las elecciones presidenciales se perderán en el anecdotario de los fraudes sexenales. El exclusivo piso único, donde se mueven como un solo cuerpo las cúpulas empresariales, eclesiásticas, políticas y narcotraficantes, ha conseguido entregar el poder al mejor postor.

 

Miguel Alvarado

Los estudiantes de Toluca se separaron del movimiento “Yosoy132”. Algunos, en la marcha anti-Peña Nieto, el 8 de julio, decidieron unirse a Regeneración Nacional, Morena, grupo que trabajó activamente por la candidatura de Andrés Manuel López Obrador. Más organizados, al menos con mayor experiencia, los de Morena hasta publican un periódico, Regeneración. Los estudiantes no pudieron defender lo más importante que tenían, la unidad, y la confusión los escindió, aunque sigan compartiendo los mismos intereses. Partidizadas, las manifestaciones toman otro sentido, que siempre determinará el interés político, no el social.

En Toluca, durante la marcha, apareció también una organización llamada Militante, de tendencia marxista, con presencia en todo el país y con una estructura que a su manera también apoya a López Obrador. Al menos su página web, militante.org, funcionó en las campañas más como órgano publicitario de las izquierdas que como ideario comunista. En la explanada del zócalo algunos estudiantes se adhirieron a ese movimiento.

Las impugnaciones de Obrador hacia las elecciones presidenciales se perderán en el anecdotario de los fraudes sexenales. El exclusivo piso único, donde se mueven como un solo cuerpo las cúpulas empresariales, eclesiásticas, políticas y narcotraficantes, ha conseguido entregar el poder al mejor postor. Enrique Peña, apenas la cara visible de aquella mafia encargada de la simulación democrática, apuntaba desde hace tres años la victoria del Grupo Atlacomulco. Tenía que hacerla verídica, finalmente todos ellos ganarían. Así, se decidió que un exhausto López Obrador, quien había anunciado a sus cercanos el retiro definitivo de la actividad pública, acompañara a Vázquez y al sobrino de Montiel en una campaña controlada donde se ubicaría desde el comienzo al priista en el primer lugar y se le desinflaría metódicamente. Todos aceptaron. Las campañas son también la oportunidad de poner en circulación dinero no fiscalizado y hacer negocios con los artículos promocionales. La venta de cargos públicos de elección popular es otra de las ramificaciones. Todo se cobra y por todo se paga. Si una diputación local representa para algunos la transacción de la vida, la presidencia de este país significa entonces una especie de mina perpetua de recursos económicos, naturales y militares al servicio de unos cuantos. El dinero público es el mejor negocio. Coloca por encima de cualquier ley a los detentadores y les permite flexibilizar la democracia a extremos inverosímiles. Al fin y al cabo, en ese sistema todo puede caber. No hay nada definitivo y se practica la tolerancia a rajatabla, excepto cuando afecta a los dueños.

Las marchas, las redes sociales, los medios que practican la libertad de expresión y eligen informar antes que ganar dinero son parte necesaria de aquel decorado de absurdos. Sin ellos la democracia no se legitimaría. El contrapeso, pero tampoco sin exagerar, ayuda para el control.

Así es el texto donde aquel búnker de poderosos se desenvuelve casi a la vista de todos, porque los secretos son difíciles de guardar. Allí Obrador aceptó participar por segunda y última vez en los comicios electorales, sabiendo de antemano que ganaría sin ninguna dificultad si las cosas fueran legales. Pero las decisiones estaban tomadas. El Grupo Atlacomulco, todavía más poderoso que el propio PRI, sería el encargado de administrar la riqueza comunitaria a pesar de la endeble capacidad intelectual de su abanderado. Peña, en un país de memoria secuestrada, podría aguantar perfectamente. Construido a partir de la máxima azcarraganiana de que el futbol y las telenovelas son los mejores negocios del mundo, al sobrino de Arturo Montiel se le promocionó como nunca antes a otro político. Su rostro aparecía hasta en grafittis y alrededor suyo se creó una de las más ricas iconografías cuando la ciudadanía entendió de qué se trataba el proceso. Cientos de miles de chistes ilustrados circularon por las redes sociales y se imprimieron. Peña ocupó dos polos al mismo tiempo, pero nunca pudo convencer, ni siquiera a sus impulsores, de la valía política que representaba.

Obrador actuó según lo pactado luego de la derrota, anunciada con el uno por ciento del conteo rápido. Revisó casillas y quiso demostrar los millonarios gastos del priismo. La impugnación presidencial es sólo uno de los momentos finales en la vida política del tabasqueño. Se retirará perdedor para siempre, con dos triunfos legítimos y al menos uno inobjetable.

Mientras, a Peña lo alcanza su propia temeridad. Ha conquistado el máximo poder público en el país y ahora debe, al menos, parecer presidente. Nunca como antes el maquillaje se le ha resbalado. Ni siquiera es actor, así que suda y se enoja en berrinches públicos como el que protagonizó cuando un conductor de CNN, Fareed Zakaria, lo entrevistaba vía satélite. El telepromter, apuntador electrónico donde se apuntan los discursos, fallaba lastimosamente. Pero era Peña quien lo hacía evidente. Silencios todavía más tenebrosos que la dinastía familiar del señor presidente lo evidenciaban como una caricatura manipulable a quien se le dictan los contenidos. Al menos así lo vieron los enojados defraudados, quienes escarban en busca de cualquier pretexto. Fue la señal, disculpan los priistas más tensos porque esa imagen se proyectaba al mundo que los de Atlacomulco han comenzado a adular. Enrique no duerme bien. Se acercan los tiempos de pagar, pero también los de la exposición a gran escala, al ridículo casi seguro en el que él mismo se ubicará sin ningún contratiempo.

México es Territorio Atlacomulco y el grupo de transición está listo. Se encargará de recibir un país con 60 mil muertos, 260 mil desplazados, 10 mil huérfanos, 922 feminicidios en el Estado de México, 52 millones de pobres, 23 millones de indigentes, 400 mil trabajos que no pudieron crearse según el plan de desarrollo del presidente Felipe Calderón, 14 millones de personas que viven de la informalidad, un salario que perdió 4.2 por ciento su poder adquisitivo y que cayó 32 por ciento.

Entre quienes se encargarán de enderezarlo hay algunos mexiquenses, y son Luis Videgaray Caso, jefe de campaña de Peña y antiguo administrador financiero de Montiel Rojas, ligado con Pedro Aspe, para quien trabajó en el despacho Protego, que rediseñó la cuenta pública mexiquense hace 10 años.

Otro es Alfonso Navarrete Prida, quien investigó como procurador de Justicia estatal el origen de la fortuna de Arturo Montiel y lo declaró no culpable del cargo de enriquecimiento ilícito. Amigo íntimo de Maude Versini, ex esposa del tío de Peña, perdió la oportunidad de convertirse en gobernador del Edomex ante el propio Enrique, en el 2005. Ahora es diputado federal.

Luis Miranda Nava también está incluido. Secretario general de Gobierno en tiempos del virtual presidente, se convirtió en el mandatario de facto cuando Peña se decidió a promocionarse para la presidencia. Perdió una elección para la alcaldía de Toluca y s ele considera un operador eficaz pero tramposo, comprometido con personas. Es uno de los nuevos millonarios que el club de los Golden Boy’s, creado por Montiel y que agrupaba políticos jóvenes ambiciosos, tiene en sus filas. Compañero de estudios del nuevo presidente, siempre coincidió con él en sus proyectos políticos.

Alfredo del Mazo González, ex gobernador del Edomex y quien perdió la oportunidad presidencial desde el PRI frente a Carlos Salinas, también se suma a esa transición. Tío de Peña porque es primo del padre de Enrique, también es hijo de un gobernador. Su hijo es Alfredo del Mazo Maza, actual alcalde de Huixquilucan, primo de Peña y gran perdedor en la sucesión del Edomex frente a Eruviel Ávila.

También aparece David López, comunicador social de Peña y parte de un grupo de voceros conocido como el Chilorio Power, dedicados a las alta esferas. López es el encargado de negociar los contratos publicitarios para el ex gobernador del Edomex.

César Camacho, ex gobernador mexiquense y actual senador, aparece igual. Operador político de bajo perfil, es eficaz y comprometido con los proyectos personales de sus jefes, como Gerardo Ruiz Esparza, ex secretario de Comunicaciones del Edomex y a quien se le ha pedido incorporarse. Edwin Lino permanecerá en el cargo que siempre tuvo como secretario particular del vencedor y junto con Rosario Robles, Eduardo Medina Mora, Miguel Osorio Chong, Jesús Murillo Karam, Aurelio Nuño, Jorge Carlos Ramírez Marín y Emilio Lozoya Austin completa la primera selección para Peña.

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