Las “24 horas” de Jack Calderón

* Mentiras, espionaje y EU. Cuando en 2003 Fox dispuso que los archivos de la inteligencia mexicana fueran enviados al Archivo General de la Nación y se hicieran públicos, se descubrió una verdad oculta: más de tres millones de personas y organismos diversos, como partidos de oposición al PRI, estaban fichados; en lo que queda listo el búnker del presidente de México y mientras se resuelve qué hacer con ella, esa labor recae en Estados Unidos.

 

 

Francisco Cruz Jiménez/ Parte Uno de Nueve

El guión: cien millones de dólares y un juguete nuevo. El uniforme tipo militar en el armario y por lo menos un centenar de computadoras operando en un refugio subterráneo desde el corazón de la Ciudad de México, tantito más abajo que cualquier estación del Sistema de Transporte Colectivo Metro. El protagonista: Felipe de Jesús Calderón Hinojosa en el papel de Jack Bauer.

Un día quizá no muy lejano, el búnker súper secreto, oculto en algún punto de la capital mexicana, servirá como centro de operaciones para dirigir la guerra contra las organizaciones criminales más peligrosas del país. Pero también será el refugio del presidente de la república, pues en caso de sufrir amenazas o cuando haya riesgo de atentado, ahí podrá resguardarse y mantener el control de la nación.

Además de un puñado de empleados y funcionarios de alto nivel del calderonismo, la ubicación del complejo sólo es conocida por la CBS Broadcasting Inc. —antes Columbia Broadcasting System, de donde se derivan sus siglas en inglés, CBS—. Pero únicamente los segundos saben qué actividades se desarrollan ahí, al margen de los servicios tradicionales de la inteligencia mexicana de los que, según parece, ya nadie quiere oír y nadie sabe tampoco cómo deshacerse de su historia negra.

Todo en este guión tiene el sabor de una novela de espionaje o un cuento policiaco. Los malos son los asesinos a sueldo y los capos del crimen organizado, los mismísimos personajes principales de los comerciales de alto impacto de la PGR o de los espectaculares que adornan algunas de las dependencias y paredes administradas por el gobierno federal.

En la pantalla todo está listo: en su aparición estelar en uno de los principales programas de noticias de la televisión estadunidense, el señor presidente de los Estados Unidos Mexicanos desliza su ideal en la guerra contra el crimen organizado. Advierte que, si por él fuera, se haría de los “juguetes” bélicos que se exhiben en “24”, la multigalardonada serie dramática estelarizada por el actor Kiefer Sutherland, que no deja de ser un espectáculo televisivo.

Pareciera una broma lo de Jack Bauer, pero los allegados a Calderón saben que no lo es. En los cinco años de su administración ha dado muestras amplias de sus pasiones. Es abierto su gusto por rodearse de militares de alto rango; disfruta de su compañía, de su protección y asistencia. Junto a ellos ha desarrollado la pulsión por probar la maquinaria bélica que hoy se emplea en su guerra contra el narcotráfico, la misma que se exhibe cada 15 de septiembre durante los festejos por la Independencia nacional.

En un lustro, Calderón ha dejado constancia de que la seguridad nacional es apenas un asunto militar en su guerra contra los capos del narcotráfico, el crimen organizado en sus otras ramas y, tangencialmente, los grupos subversivos identificados, pero que todo tiene solución por la vía de las armas.

Como estrella de una serie cualquiera de la pantalla chica, lo mismo se deja filmar y fotografiar en un avión de combate F-10 que en una unidad terrestre artillada, al mando de la tripulación de esa maquinaria de guerra, que para eso es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, o con su uniforme militar cinco estrellas, aunque esa vestimenta haya servido para caricaturizarlo.

Todavía circulan no sólo las fotos, sino crónicas y noticias que lo recuerdan en la cabina del avión de combate un 10 de febrero, cuando celebraba en Chihuahua el Día de la Fuerza Aérea: “Al sentir y tener el dominio de la aeronave militar simuló un combate y ordenó disparar”. Más tarde, en Tamaulipas, en el marco del Día del Ejército y luego de pasar revista a la tropa, tomó el mando de una unidad terrestre artillada de las que usa el Ejército para campañas de combate urbano. La gran tarea es la guerra contra el narcotráfico.

En agosto de 2010 se reforzó el arsenal de la Fuerza Aérea Mexicana para hacer frente a la delincuencia organizada. Se adquirieron, por veintitrés millones doscientos cincuenta mil dólares pagados a la empresa israelí Elbit Systems, algunos aviones tácticos Hermes 450, llamados también aeronaves no tripuladas, que tienen una autonomía de vuelo superior a veinte horas.

Es un secreto a voces, publicado ya en algunos medios, que la empresa estadunidense Boeing construye tres satélites mexicanos que costarán al menos quince mil millones de pesos, para mejorar y resguardar las comunicaciones internas del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea.

Y al búnker u oficina de espionaje en el centro del Distrito Federal, llamado oficialmente Comando Central de Inteligencia, llegarán todas las señales que se captarán con el gran cableado que pretende extenderse por todo el país para monitorear al crimen organizado, señaló el mandatario mexicano durante una entrevista exclusiva para el CBS Evening News con Katie Couric, el viernes 12 de noviembre de 2010.

Ellos, los televidentes de aquel país, fueron los primeros en tener de forma abierta y oficial, acceso al inédito comando súper secreto desde donde Calderón, el Bauer mexicano, le da forma a su guerra contra el narcotráfico, aprovechando, según dicen, la tecnología más sofisticada y el avance de las redes cibernéticas y del ciberespacio.

CBS lució la entrevista: “el presidente nos mostró su mayor secreto, un búnker subterráneo, su ultra-secreto cuarto de guerra o top secret war room, de cien millones de dólares”, un centro operativo de inteligencia con extensas redes digitales e informáticas y otras herramientas de alta tecnología para hacer frente a los barones de la economía criminal.

Ante Couric, Felipe de Jesús se reconoció como admirador de Jack Bauer, personaje que ha sido blanco de enérgicas críticas por la tortura con altas dosis de violencia que ejerce contra sus enemigos, con el único fin de obtener información. Pero fue insistente: “Y cuando estamos diseñando el centro, digo, ¿recuerdas el programa 24, el show de televisión? Bien, quiero todos los juguetes. Todo eso. Todas las herramientas necesarias para ser superior a los criminales”. En otras palabras, combatir el creciente poder bélico de los cárteles con más poder bélico. Inteligencia “a la mexicana”.

Con certeza, Felipe no ha tenido acceso a señalamientos de los críticos más ácidos del programa: “La única diferencia entre la silla eléctrica y Jack Bauer es que la silla puede resultar cómoda al principio… y no te obliga a hablar” […] Sólo conoce dos formas de hacer las cosas: por las malas y por las malas con un disparo en la rodilla […] Harto de esquivar su realidad, Jack se decidió a trabajar matando gente. […] No cree en la ley de Murphy, cree sólo en la ley de Bauer: si algo puede salir mal, se resolverá en 24 horas”.

En la entrevista dejó entrever que su gobierno no será suficiente para derrotar a la delincuencia organizada ni al narcotráfico: “Como le digo a los mexicanos, nos va a costar dinero, nos tomará tiempo y, desafortunadamente, costará vidas humanas”. El fenómeno Wikileaks mostraría que ya ni la intimidad es suficiente para hacer frente a una guerra que tiene abiertos muchos frentes de batalla.

Mientras Wikileaks desnudaba en racimo los más oscuros secretos mexicanos del calderonato y exhibía la desconfianza que sienten la Casa Blanca y el Pentágono hacia su amigo Felipe de Jesús Calderón, éste se afanaba en presumir su cuarto de guerra y, por su parte, John C. Inglis, segundo jefe de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de Estados Unidos, advertía que, con el avance de la tecnología, ya es imposible esconder y proteger los secretos.

Entre algunas de sus actividades más importantes, la NSA lleva años haciendo lo que pretende Calderón en su refugio subterráneo: recopilar todas las escuchas secretas, monitorear la actividad de la red de satélites espías y descifrar la información codificada de todas las naciones, sean hostiles o aliadas.

Pero hasta ahora el ambicioso proyecto de espionaje mexicano sólo es eso: un proyecto que comienza a formarse, pero que en la imaginación y en los planes de Jack Calderón ya es, de entrada, muy superior al devaluado y siempre cuestionado Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), que cada presidente ha usado como la policía política del gobierno en turno. Y aunque algunos con sarcasmo lo llaman Central de Inteligencia Mexicana, sus tareas básicas consisten en reprimir y obtener información por vía ilegal: infiltración, soborno o chantaje.

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