La crisis orgánica

* Los centros de decisión de la clase “fundamental”, dirigente del sistema hegemónico en México, están fuera de México, con muy pocas excepciones como las de Slim, “Cemex”, la principal productora de cemento, el narcotráfico y no muchas más. Que después de un catastrófico paréntesis de 12 años, durante los cuales ensayó con su expresión más conservadora y preconciliar (el Partido de Acción Nacional), este “Bloque Histórico” haya tenido que recurrir nuevamente a un partido, el “Revolucionario Institucional” (PRI) que perdió su razón de ser a mediados de los 80´s (“institucionalizar” la Revolución iniciada en 1910 lo cual, en la práctica, supuso “legitimar” la contrarrevolución que la sucedió) para dar paso al más depredador y corrupto de los neo-liberalismos (con Carlos Salinas de Gortari), es una confirmación en si misma de tal crisis e indica que carece de vías de escape.

 

Juan Gaudenzi/ Argenpress

¿Quién, sin apelar a la teología de la democracia burguesa, puede negar – y demostrar la verdad de su negación – que el voto es una mercancía? Una mercancía que se puede vender y comprar a cambio de un “pagaré” en forma de promesas o al contado, en dinero o especies.

Por supuesto, todos los sacerdotes y feligreses de la democracia (¿la primera o la segunda religión con más fieles en el mundo?) pondrán, como de hecho lo están poniendo desde aquí (México), el grito en el cielo.

Pero en este país, donde según el jefe de la misión de observadores electorales de la Organización de Estados Americanos (OEA), el ex presidente de Colombia César Augusto Gaviria, “existe el sistema más robusto y con mayores controles de América Latina para garantizar la confiabilidad de los comicios del pasado 1 de julio”, resulta que entre un 50 y un 70 por ciento de la población es pobre. Y, como es sabido, la pobreza no se lleva bien con la moral y la ética burguesas. ¿Quién no ha visto imágenes de saqueos a comercios y supermercados en algún lugar del mundo, inclusive en los Estados Unidos de Norteamérica?

Después de haber detentado el poder político durante 70 años quien mejor lo sabe es el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Por eso, en estos comicios, en complicidad con una de las principales cadenas de supermercados, se dedicó a canjear miles de votos (con diversas triquiñuelas como fotografías tomadas con teléfonos móviles, dentro de las casillas de votación, de las boletas previamente marcadas sobre el símbolo de ese partido) por tarjetas de compra, por cantidades que oscilaron entre los 100 y los mil pesos mexicanos. En el caso de la corrupción la eterna discusión de café es acerca de la culpabilidad: ¿en quién recae, en el que soborna o en el sobornado?

En cuanto a las elecciones no hay dudas: quien (¡una vez más!) violó las nuevas reglas de juego de la democracia burguesa de México, de la cual se supone que ha sido y es uno de sus componentes estructurales, fue el PRI, uno de los principales artífices y beneficiarios de la pobreza en este país. Un partido o movimiento, como el Peronismo, en la Argentina, para quien el propósito fundamental de la lucha por el poder, por cualquier medio (todo está permitido, lo que importa es el éxito) es el poder mismo; para desde él construir más poder. “Como sea (manipulación mediática y compra de las encuestas; compra de credenciales de elector y directamente de votos; gasto de fondos de campaña, de dudoso origen, muy por encima del límite permitido por la ley, etc.) ganamos y eso es lo que importa”.

La misma lógica del poder desde la cual sus adversarios de derecha y casi todos los mandatarios del mundo, comenzando por el actual mandatario mexicano (el gran derrotado) Felipe Calderón, y Barck Obama, se apresuraron a felicitar al supuesto futuro presidente de la República (Enrique Peña Nieto), sin esperar el resultado final e indiscutible del escrutinio.

Pero este delito y semejantes pruebas de la impunidad nacional e internacional de la que goza , que el propio sistema hegemónico hace posible para después censurarlo aunque rara vez lo castigue – equiparable al de la pederastia de tantos sacerdotes, sin que la excomunión aparezca por alguna parte – son sólo la punta del enorme iceberg contra el que el sistema de dominación ha colisionado y se está desmoronando.

Se trata de la más reciente demostración de la crisis orgánica del “Bloque Histórico” en México, para enfocar la situación desde una perspectiva gramsciana.

Del lado de los vendedores de votos hubo algo más que una necesidad material. Además de un olímpico desprecio por los” valores” de la democracia burguesa (y esto es digno de rescatar y analizar), un “algo” intuido por el sentido común – en el extremo opuesto a la filosofía – que les hizo descartar la posibilidad de que un grupo de partidos políticos que se reclaman de “izquierda”, de las clases medias urbanas, ilustradas y politizadas, encabezado por el más honesto y sincero de los pequeño-burgueses humanistas y reformistas (Andrés Manuel López Obrador -AMLO -) pueda salvar, como en términos más populares lo propuso durante toda su campaña, a dicho “Bloque Histórico” de su crisis profunda e irreversible.

Muchos – por no decir todos – los “intelectuales orgánicos” de las clases subalternas que hicieron y hacen posible el fenómeno “AMLO”, nucleados en torno al periódico “La Jornada”, no son otra cosa que lo que el filósofo eslovaco Slavoj Zizek llama “delicados comunistas liberales”, los verdaderos enemigos de cualquier lucha revolucionaria. Precisamente, porque su principal preocupación consiste en denunciar, combatir y tratar de resolver las disfunciones secundarias del sistema global (los golpes de Estado y las dictaduras, la pobreza, el desempleo, el racismo y la exclusión social, la homofobia, la “excesiva” concentración de la riqueza en pocas manos, las violaciones al paradigma democrático, la extinción del concepto de soberanía nacional, los monopolios, la corrupción, la depredación ecológica, etc.), sin cuestionar la esencia del sistema socio-económico-cultural que las hace -y los hace – posibles.

“El resto de los enemigos – fundamentalistas religiosos y terroristas, ineficaces y corruptas burocracias del Estado – son personajes concretos cuyo auge y caída dependen de circunstancias locales contingentes. …En cambio, los comunistas liberales son la encarnación de lo que está mal en el sistema como tal”, afirma Zizek. Al nivel de la sociedad civil en su estado actual, aclararía yo, remitiéndome a Gramcsi.

Inconscientes tanto de la contradicción fundamental como de las secundarias (en este segundo caso porque miran TV y no leen “La Jornada”) los vendedores de votos optaron por algo concreto y tangible como puede ser una “canasta familiar” o un colchón en lugar de apostar a una utopía (lo que está en contradicción con la realidad). Aunque con esa opción contribuyeran objetivamente a acelerar la descomposición del “Bloque Histórico”, entendiendo por tal el sistema hegemónico bajo la dirección de una clase “fundamental”. Algo que los tiene sin cuidado, obviamente.

Pero, ¿qué es más precisamente este “Bloque Histórico”? y ¿cuál es la clase “fundamental”? Para el primer concepto no existe una definición ni una interpretación únicas. En términos muy generales podemos entenderlo como la unidad (en determinado momento de la historia y en una realidad específica) de la estructura socio-económica, la superestructura y las relaciones entre ambas.

En cuanto a la idea de “clase fundamental” podemos equipararla a la de “clase dominante” ¿Cuál o cuáles son las clases dominantes en México? Para establecerlas podemos recurrir al descarte: no es agraria por cuanto en el 2010 el campo solo aportó el 4,2% del PIB; y tampoco es industrial (treinta y tres%). Pese a que la estructura socio-económica tiene poco que ver con la de los países más desarrollados, la de México es una economía, fundamentalmente, de servicios (62.5%), dentro de la cual se incluye, por supuesto, el capital financiero internacional (banca) y el sector de las telecomunicaciones, como los preponderantes. En tanto que la empresa petrolera Pemex – la más grande del país – pertenece al Estado , al igual que la empresa generadora y distribuidora de electricidad, se podría concluir que la clase “fundamental” o grupo privado dominante, está integrado por el capital trasnacional (finanzas, telecomunicaciones, turismo y alimentos y bebidas, especialmente), asociado en algunos casos con un minúsculo grupo de empresarios mexicanos. Ej: Carlos Slim, considerado el hombre más rico del mundo. Sin embargo, en el “Bloque Histórico” mexicano existe otro componente (inexistente en Italia en los tiempos en que Gramsci escribió sus “Cuadernos de Cárcel”)también de carácter trasnacional (la mayor empresa trasnacional mexicana) pero con sus comandos estratégicos dentro de las fronteras nacionales: el narcotráfico, una actividad formalmente delictiva, proscripta y combatida, pero de la cual el “Bloque Histórico” no puede prescindir (sin el lavado de los narco-dólares el sistema financiero colapsaría).

En conclusión: los centros de decisión de la clase “fundamental”, dirigente del sistema hegemónico en México, están fuera de México, con muy pocas excepciones como las de Slim, “Cemex”, la principal productora de cemento, el narcotráfico y no muchas más.

Que después de un catastrófico paréntesis de 12 años, durante los cuales ensayó con su expresión más conservadora y preconciliar (el Partido de Acción Nacional), este “Bloque Histórico” haya tenido que recurrir nuevamente a un partido, el “Revolucionario Institucional” (PRI) que perdió su razón de ser a mediados de los 80´s (“institucionalizar” la Revolución iniciada en 1910 lo cual, en la práctica, supuso “legitimar” la contrarrevolución que la sucedió) para dar paso al más depredador y corrupto de los neo-liberalismos (con Carlos Salinas de Gortari), es una confirmación en si misma de tal crisis e indica que carece de vías de escape.

AMLO, con su propuesta de un “cambio verdadero” y “amoroso” señaló una: la más políticamente correcta y coherente, dentro de la lógica capitalista de los países más avanzados en términos de desarrollo humano y sustentable (¿las naciones nórdicas de Europa?). Hasta se esforzó por destruir su falsa imagen de anti-sistema para mostrarse tal cual es: él más convencido de que a la democracia liberal y la economía de mercado (los intocables dioses del Olimpo) puede despojárselos de sus excesos y contradicciones para ponerlos al servicio de la sociedad. El cree en la posibilidad de aportarle racionalidad a esos dioses. Es decir, proporcionarles, más que un rostro, un alma humana, para salvarlos de sí mismos. Y le transmitió esa fe a millones de mexicanos, sobre todo a los jóvenes.

Jóvenes avergonzados del sistema social en el que están inmersos; críticos por lo tanto, de la ideología de la clase dominante; quienes – muchos de ellos – experimentaron por primera vez un proceso electoral sin otro referente más “progresista” que el de AMLO. Es decir, sin ninguna formación, ni experiencia, ni orientación de carácter revolucionario, si no, precisamente lo opuesto: el conservadurismo y la anti-revolución.

Pero el “Bloque Histórico” posee en sí mismo, no sólo las causas de su propia destrucción, sino también, las pruebas inocultables de estas ¡Y, sobre todo los jóvenes parecen dispuestos a percibirlas y procesarlas en su conciencia!

Si las cosas no fueran lo que son y lo que serán (aún creo en el materialismo dialéctico y en la historia); es decir, si los medios de comunicación no hubiesen intervenido activamente en favor del comprador de conciencias y votos; si las elecciones se hubiesen correspondido con la mitología democrático-burguesa y el “Bloque Histórico” (el poder trasnacional y el narcotráfico) hubiese reconocido el triunfo de AMLO, los jóvenes mexicanos pensarían hoy que la crisis orgánica de aquel no es tal (que apenas se trata de una expresión de deseos de algún viejo radical, nostálgico y trasnochado) y que dicho “Bloque Histórico” aún posee la capacidad de autocriticarse, oxigenarse, recomponerse, con menos corrupción, algunas reformas sociales; menor pobreza e impunidad; los militares en sus cuarteles; las calles sin el ornamento de decapitados y los puentes sin ahorcados; amor, comprensión y solidaridad; consenso en lugar de coerción.

Es decir, la ideología (maquillada) de la clase dominante hubiese vuelto a funcionar.

Pero fueron esos propios dioses, blancos, rubios y de ojos claros, por un lado; mestizos, multimillonarios y armados hasta los dientes, por el otro -en realidad el “Bloque Histórico” que se niega a reconocer su mal terminal dentro de la geografía mexicana-, mediante los mitos de la libertad de prensa, las elecciones “democráticas y transparentes” y el sufragio “libre” los que (nuevamente) le dijeron NO.

 

Ni estructura ni ideología

 

Ni a vendedores ni a compradores ni a toda la parafernalia electoral montada desde el gobierno y los partidos políticos (avalada por decenas de burócratas internacionales) para hacer posible este mercado les importa tres pepinos la situación y las perspectivas del sistema social mexicano.

Ni siquiera a los componentes de la llamada “estructura ideológica” (la red de organizaciones y mecanismos mediante la cual la clase dirigente difunde su ideología) simplemente porque tal red prácticamente no existe y porque – esto es lo más importante – no tiene ninguna ideología “orgánica” que difundir.

Cuando escribo “ideología orgánica” estoy pensando en un conjunto de valores culturales y determinada forma de comprender el mundo, para cuya reivindicación y desarrollo México es una de las naciones más privilegiadas y que, sin embargo, la clase dirigente ignora o desprecia o porque no pertenece a México (el capital financiero trasnacional) o porque cree que le resulta más funcional a sus intereses la importación (como si se tratase de bienes de capital o tecnología de punta) de la ideología del imperio. “Cree” porque en su descomunal miopía no percibe la contradicción entre una ideología de “la sociedad del consumo”, por ejemplo, en un país en el que, salvo para la compra de tres o cuatro alimentos básicos, no hay consumidores porque el salario mínimo está entre los más bajos del mundo y los precios de esos alimentos aumentan día a día.

¿Y por qué afirmo que, aunque se trate de ideología importada, prácticamente ha dejado de existir una “estructura ideológica” de la clase dirigente, destinada a mantener, defender y desarrollar el frente teórico e ideológico (como si existió durante el viejo régimen del PRI)?

En primer lugar por la falta de verdaderos intelectuales “orgánicos” del “Bloque Histórico”, entendiendo por tales a cuadros profesionales de alto nivel e identificación con la clase dominante en la burocracia (Estado/gobierno), el sistema educativo, las entidades culturales, los medios de comunicación, la filosofía, la literatura , las artes y las diferentes ramas de las ciencias.

Pero también porque, sin poder contar con los centros de enseñanza superior e investigación científico-tecnológica – orientados hacia la centro-izquierda -, y con el poder de convocatoria e influencia de la Iglesia Católica en franco retroceso, tal “estructura ideológica” ha tenido que recurrir a los medios de comunicación, especialmente la televisión, prácticamente como su único instrumento ideológico.

Medios, como ha quedado de manifiesto en estos últimos días, que con abrumadora mayoría están en manos de mediocres y corruptos mercachifles de la información, carentes de credibilidad y respeto. ¡Que toda o casi toda la “estructura ideológica” descanse actualmente en un monopolio con la siniestra trayectoria de “Televisa” y de su principal presentador de noticias, Joaquín López Dóriga, quien -según The Guardian”, de Londres, habría recibido enormes cantidades de dinero a cambio de promover la campaña del supuesto ganador de las recientes elecciones (el comprador de votos) – es un dato significativo de la crisis en la superestructura del “Bloque Histórico”!

He aquí otro ejemplo: Ciro Gómez Leyva, director editorial de Grupo Milenio y conductor estelar de Milenio Televisión, considerado un tránsfuga de la izquierda reformista mexicana, tuvo que disculparse públicamente porque durante 90 días el periódico de ese grupo, reprodujo los resultados de una encuesta pagada que invariablemente dieron como ganador con márgenes aproximados de 20 puntos al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto.

“Incluso ante quienes nos difaman e insultan aceptaremos que esta vez fallamos. Los números, editorialmente, son muy difíciles de justificar”, expresó.

Con el 95% de las casillas computadas, las cifras del PREP del Instituto Federal Electoral (IFE) demostraron que la gran mayoría de las encuestas publicadas por los medios mexicanos tuvieron un altísimo grado de error, siempre a favor del candidato del PRI a la presidencia de la República, Enrique Peña Nieto.

Entre los medios impresos y electrónicos que difundieron encuestas durante los 90 días de campaña, los que manejaron las cifras más altas a favor de Peña Nieto -y que tuvieron desaciertos de entre 18.5 y 15.2 puntos porcentuales- fueron Milenio, El Universal, Televisa, Excélsior y El Sol de México.

 

El accionar político-militar

 

Todo esto en el seno de la “sociedad civil”, según la entendió Gramsci. Mientras tanto, en el nivel de la “sociedad política” (Estado) su relación con la primera – teóricamente una unidad dialéctica donde consenso y coerción son utilizados alternativamente – se caracterizó en los últimos seis años por el fallido intento de legitimarse por medio del accionar político-militar (dirección política de la coerción), demostrado así el carácter orgánico de la crisis.

En la medida en que sucesivos fraudes electorales fueron separando a la sociedad civil de la sociedad política, con lo cual los instrumentos de consenso comenzaron a demostrar su fragilidad, y que, simultáneamente, diversas y poderosísimas organizaciones delictivas desconocieron – y desconocen – la dirección de la clase fundamental (desconociéndose a si mismas en tanto integrantes del Bloque Histórico), desde los mencionados centros de decisión allende las fronteras nacionales llegó la orden de militarizar al país. La más terrible de las consecuencias, aunque no la única: alrededor de 60 mil muertos, mexicanos.

Repudiado por más de la mitad del electorado, carente de legitimidad aún antes de iniciar su mandato, obligado a negociar en el Legislativo, sin funcionarios-“intelectuales” capaces de establecer un dialogo con la oposición y de recomponer las relaciones con la sociedad civil, rodeado de una aureola de ignorancia y frivolidad, lo único que puede esperarse seriamente del “comprador de votos” es un avance sobre los bienes de la Nación y los derechos histórica y legítimamente adquiridos de trabajadores, jubilados y pensionados, beneficiarios de los sistemas de seguridad social, etc., por medio de las famosas “reformas estructurales” pendientes. Además, un pacto con los carteles del narcotráfico para delimitar territorios y rutas a respetar por todos los participantes en el diabólico juego, logrando así reducir los niveles de violencia e inseguridad (como en los viejos y “dorados” tiempos).

¿Todo esto en beneficio de las clases dominantes? Podría ser en el corto plazo. En el mediano y largo, hacia una profundización de la crisis orgánica del “Bloque Histórico” y la construcción de uno nuevo de las clases subalternas.

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