El arte de husmear

* No es gratuito que a la CIA se le conozca como “el gobierno invisible” y no por nada sus agentes operan en México, lo mismo que personal encubierto de la DEA y del FBI. Aunque los dos últimos se encargan de la seguridad interna de Estados Unidos, han cruzado la frontera para evitar que la peligrosidad de México cause afectaciones de riesgo a su país.

Francisco Cruz Jiménez

Acción Católica Mexicana y la Embajada norteamericana, junto con la CIA, formaron parte de una peculiar estrategia en el año de 1961, para que a través de “sermones” la feligresía adoptara el mensaje de rechazo a la Revolución Cubana. Y fue en el mismo atrio de la Basílica de Guadalupe, el 5 de mayo, cuando se efectuó una gran manifestación anticomunista. Posteriormente, este acto intentó ser desmentido, pero con poca fuerza.

En este año también se le atribuyó a la inteligencia estadunidense la creación del Frente Anticomunista de México. Igualmente, por presiones de la CIA y por el cargo de “disolución social” se encontraban encarcelados —por órdenes de López Mateos— David Alfaro Siqueiros, Filomeno Mata, Demetrio Vallejo y Valentín Campa, entre otros, por sus ideas políticas contrarias a las “anticomunistas” deseadas por el gobierno de Estados Unidos.

Paralelamente, la Dirección Federal de Seguridad, creada en 1947 durante el sexenio del veracruzano Miguel Alemán Valdés, trabajaba de manera congruente con los objetivos de las agencias de inteligencia estadunidenses. Y a sus órdenes destacaban personajes como el ex presidente, ex general y multimillonario Abelardo L. Rodríguez.

Con la extravagancia y los excesos que dan el poder y el dinero, la DFS funcionó sin reglas escritas, violentó los derechos humanos y operó a favor de los intereses políticos de quienes gobernaban en ese momento. Con los años, y de la mano de directores generales con negros historiales como Miguel Nazar Haro, la DFS se consagraría como la primera gran escuela de los capos y de los modernos cárteles del narcotráfico.

Fue creada con el objetivo de tener una policía política que protegiera al presidente y se infiltrara en todo tipo de sectores y organizaciones de la sociedad. Asimismo, se pretendía que espiara las actividades de países con ideología diferente a la que arraigaba México. En realidad se convirtió en un mal centro de espionaje interno para hostigar y golpear a los políticos opositores y controlar a grupos criminales.

Desde mediados de los años 60 y particularmente en la década de los 70 del siglo pasado, este organismo, que luego se convirtió en el Centro de Investigaciones y Seguridad Nacional, se encargó del combate a la guerrilla, con saldos de terror que marcaron su desempeño, a través de la Brigada Blanca —establecida en 1974 y descubierta dos años más tarde por la violencia de sus misiones— y la 047 —dedicada desde 1965 a ubicar grupos subversivos—.

Los métodos de la DSF, a partir de los años 70, fueron más allá de las detenciones y la tortura. Ya no llevaban a la gente a las cárceles, simplemente ejecutaban a sus blancos en donde los encontraban. Su estrategia era influir en el ánimo de la gente a través del terror. Y en esa época se hizo evidente su control de algunos sectores de la gran delincuencia.

No es gratuito que a la CIA se le conozca como “el gobierno invisible” y no por nada sus agentes operan en México, lo mismo que personal encubierto de la DEA y del FBI. Aunque los dos últimos se encargan de la seguridad interna de Estados Unidos, han cruzado la frontera para evitar que la peligrosidad de México cause afectaciones de riesgo a su país.

La CIA es una organización que surgió ante la necesidad de Estados Unidos de intervenir en otros países de forma ilegal y velada, para mantener e incrementar su liderazgo mundial. Se trata de una agencia que conjunta el espionaje y la política en un mismo concepto. Mientras que el FBI realiza tareas de seguridad interna y depende del Departamento de Justicia estadunidense, la CIA es un organismo independiente que entrega informes de asuntos extranjeros directamente a la Casa Blanca.

Con el pretexto de la inseguridad que se vive en territorio nacional, México ha cedido cada vez mayores espacios a Estados Unidos, país que se muestra insaciable con más demandas y convenios de colaboración. Los tentáculos de ese monstruo se han extendido de forma exitosa con el pretexto del combate al terrorismo y al crimen organizado.

Los esfuerzos del vecino país del norte para saberlo absolutamente todo no se han detenido. Al contrario, se han multiplicado inclusive al interior de las mismas dependencias mexicanas, como la Procuraduría General de la República.

En 2007, el periódico El Centro dio cuenta de cómo el FBI operaba desde el corazón de la PGR, a través de Verint Technology Incorporation, empresa estadunidense contratada para escuchar las conversaciones, leer los correos electrónicos, navegar en páginas web e intervenir las llamadas vía teléfono celular que en cualquier parte de México sean consideradas de riesgo para la seguridad de ambos países.

La empresa encargada de husmear en la vida privada de los mexicanos, para rastrear y seguir los pasos de la delincuencia y de cualquiera que pueda ser considerado sospechoso, fue contratada por el Departamento de Estado de Estados Unidos para un proyecto de su Buró Internacional de Narcóticos y Asuntos de Aplicación de la Ley.

La investigación está soportada por documentos oficiales del gobierno estadunidense y fue reforzada con testimonios de vecinos de la colonia Guerrero, donde se encuentra ubicada la “fortaleza”, la sede de la Subprocuraduría de Investigaciones Especializadas en Delincuencia Organizada (SIEDO).

La licitación pública del proyecto estuvo a cargo del estadunidense Departamento de Estado, dependencia que durante año y medio buscó a la empresa con el equipo electrónico y cibernético necesario para escuchar llamadas con el fin de disuadir, prevenir y mitigar en México, delitos como narcotráfico y terrorismo.

El anuncio del contrato ganador, 5-INLEC-07-M-0002, fue publicado el 23 de febrero de 2007 en el sitio web de la administración pública de Estados Unidos, Oportunidades Federales de Negocios (FBO, según su denominación en inglés), donde se licitan y adjudican contratos de gobierno.

Este sistema nacional de Intercepción de Comunicaciones presupuestó un costo base de dos millones novecientos sesenta y tres mil dólares para poder escuchar a todos en México; leer lo que escriben y mirar lo que miran.

“Esta acción preventiva es llevada a cabo para establecer una solución de intercepción dentro del marco de la ley que provea al gobierno de México, a la PGR y a la Agencia federal de investigaciones (AFI) la capacidad de interceptar, analizar y utilizar información interceptada proveniente de cualquier sistema de comunicación que opere en México”, refiere un fragmento de la licitación, traducido del inglés al español.

El derecho a la privacidad no existe. La convocatoria del FBI permite imaginar las dimensiones reales del espionaje estadunidense en México: prácticamente todos, sin importar sus costumbres o compañías de telecomunicaciones, pueden ser víctimas de una vigilancia constante y discreta.

El sistema está facultado para intervenir las redes de Teléfonos de México (Telmex), Telcel, Nextel, Telefónica Movistar, Unefón, Iusacell, Cisco, Prodigy, así como los envíos de fax, correos electrónicos, chat, internet, mensajes de celular y comunicaciones de telefonía interna.

El apoyo de Estados Unidos es necesario porque “solos no tenemos capacidad casi para nada”, señaló un viejo agente de la inteligencia mexicana. La llamada policía cibernética, ejemplificó, no tenía capacidad siquiera para ubicar y combatir a un grupo de internautas que intervinieron o hackearon mil doscientas cincuenta y un páginas oficiales del 28 de agosto de 2006 al 16 de enero de 2011.

“Los hackers intervinieron y alteraron páginas del Instituto Mexicano de la Radio (IMER), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), de programas de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), del Consejo Nacional de Población, de la Presidencia de la República y de municipios y estados de Tamaulipas a Quintana Roo, Chiapas, Jalisco, Morelos, Oaxaca, México, Puebla, Baja California, Yucatán, Zacatecas y Veracruz.

“Sólo uno de ellos hackeó ciento once páginas. Y apenas pueden identificarse [sic] su nombre código, quizás el del programa malicioso que se usó o el del notificador, nada más, como iskorpitx, seri4l kill3r, asker, gandster, r4diationz, ibh mehrdadab7, r33v0lut10nz, teamksa y zh4rk. Y la motivación parece la misma de siempre: toda la información debe estar al alcance de todos. Por eso no es inmoral entrar a un sistema, aunque ciertamente hay algunos que ocasionan severos daños.

“Y otros hasta aprovechan para mofarse de nosotros, como fue el caso de zh4rk, quien dejó un mensaje clarito cuando intervino algunas informaciones del Conapo: ‘Hacker by zh4rk. Withlovefrom Venezuela. ¿Qué? Tu sistema es impenetrable?Haha, con 16 años y ya vulneré tu sistema: salu2. Sorry your sist3m has b33n h4k3d’ o el de ksa: ‘behind every smile hacker (victim). Be careful, youmay be thevictim’…”.

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