El país de los imposibles

* El triunfo de Peña estaba pactado y fue evidente al menos un año antes de los comicios. Pactado estaba también la candidatura de Ernesto Cordero, que al final se le escapó a Calderón porque así le convino. Josefina Vázquez fue, con mucho, más débil y apenas una protagonista de tercera fila. Y pactado estaba el combate contra algunos capos, calculadas las pérdidas.

 

Miguel Alvarado

El último informe de Felipe Calderón fue la rúbrica perfecta para cerrar su administración. En un escenario alterno, con espectadores escogidos y con números mágicos que pintan un país que no existe, el panista se apresta ahora para cumplir las formalidades que llevarán al ex gobernador del Edomex a ocupar Los Pinos, una enorme oficina-habitación donde el Grupo Atlacomulco hará por fin el negocio de su vida.

Enrique Peña consiguió que el Trife, un supermercado y una televisora validaran el triunfo del primero de julio, cuando obtuvo 38 por ciento de las votaciones en condiciones más o menos oscuras, pero que bastaron para que el obradorismo destapara una de las historias más inverosímiles sobre fraudes electorales.

Peña había comenzado campaña un año antes que Obrador, en el 2005. La propuesta presidencial del Grupo Atlacomlco había perdido aquel año la oportunidad que un tal Arturo Montiel representó en su momento por las mismas razones que a Peña, sobrino suyo además, le reclamaron un viernes negro en la Universidad Iberoamericana. Enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias, reparto de secretaría a familiares, represión social, gastos innecesarios fueron duplicados por el político más telenovelero de México. El priista recibe un país al que no le importa en realidad quién lo gobierne pero donde la mitad cuestiona ya los cómos. Peña es representante del Grupo Atlacomulco, una entelequia que reúne apellidos como los de los Hank, Montiel, Del Mazo, Salinas como patrocinador oficial, González Barrera y alianzas con los Azcárraga y Salinas Pliego, entre muchos otros. Elllos han gobernado por más de 80 años al Estado de México, ejemplo real y viviente de lo que puede suceder con el país. La entidad, de 15 millones de habitantes, presenta profundos contrastes sociales y en la última década se ha afianzado como territorio-base para el narcotráfico. Desde Toluca, una fría ciudad que ni siquiera destaca por su equipo de futbol profesional, se mueve la mayor parte de los hilos políticos del país. Aquí es donde se decidió el tamaño de la trampa. No se trata de defender al obradorismo, que al final de cuentas es tan inoperante como el PRI, sino de impedir la trampa, la cancelación del derecho al voto y la basurización de las instancias electorales.

Calderón está agradecido con las enfermeras y los médicos mexicanos por su desinteresado trabajo, dice en espots que inundan los canales abiertos del país. Lo que no dice es que la deuda pública se ha triplicado en su mandato. Del lado de Peña, la deuda del Estado de México es de 54 mil 937.2 millones de pesos, si se atiende al programa de PPS que entregó a la IP cuatro proyectos que incluyen pagos fijos durante casi 25 años a cambio de construir obra privada disfrazada de pública. Es este apartado, el gobierno mexiquense sólo reconoce 28 mil millones,

Los 95 mil muertos aceptados por la Federación como resultado de la supuesta lucha contra cárteles de la droga es, quizá, el sello distintivo del calderonismo, que pasará a la historia como la administración más sanguinaria. Cuestionada por falsa, dicho esto a partir de las propias cifras de Calderón, la guerra anti-narco no hizo sino encumbrar al Cártel de Sinaloa y permitir el surgimiento de pequeñas narco-insurgencias, que pelan no sólo el control de estupefacientes sino también el poder público, los cargos de elección popular. México es un país en guerra y el Edomex es uno de sus escenarios más cruentos. Para Peña, la violencia no representó gran cosa durante su sexenio. La masacre de Atenco fue retomada por los estudiantes de la Ibero como reclamo primario contra el mexiquense, quien argumentó al calor de la discusión y los enconos, que aquello había sido avalado por la Suprema Corte de Justicia. Y aunque erraba rotundamente, no se equivocó en advertir que las instituciones estaban mejor con aquel diablo que invocara Obrador alguna vez. Peña reconoce todo, los 922 feminicidios que ubican a su estado como el más asesino y otros queveres menos impactantes y cree que con ello encontrará aceptación general. Nunca movió un dedo pero casos que le encarnaba particular cuidado los manejó como quiso y los resolvió como pudo, como el de la multipublicitada niña Paulette en Huixquilucan, donde amigos de su tío Arturo armaron un lío que costó una vida inocente.

Repasar a Calderón es, por ahora, cuestión de números. Un hombre cuyas miras desplazaron a 250 mil personas, desaparecieron a 30 mil, dejaron 20 mil huérfanos y 5 mil niños ejecutados trata de salir de su encargo decorosamente. No lo conseguirá, pues ha perdido su chance. Previsor, él mismo ha dicho públicamente que la historia lo juzgará duramente, no sólo por los asesinatos, sino por los dos fraudes electorales que el poder le permitió ejecuta y que cambiaron el rumbo de México. La entrega del poder a los de Atlacomulco confirma que México es una empresa privada manejada con capital público, que una democracia simulada encubre a una realeza Región Cuatro donde nadie más cabe, salvo orígenes de linaje.

El triunfo de Peña estaba pactado y fue evidente al menos un año antes de los comicios. Pactado estaba también la candidatura de Ernesto Cordero, que al final se le escapó a Calderón porque así le convino. Josefina Vázquez fue, con mucho, más débil y apenas una protagonista de tercera fila. Y pactado estaba el combate contra algunos capos, calculadas las pérdidas.

A Peña se le entrega una agenda que respetará nada más lo conveniente. Programas federales indispensables, pagos a burocracia pero nada más. Lo fundamental ha sido replanteado y la guerra anti-narco morirá en tanto el sexenio avanza, pero el mayor negocio mexicano no se detendrá sino al contrario, deberá cubrir las exigencias que los clientes norteamericanos ya reclaman. Vender droga en tiempos de paz será el eslogan comercial del próximo gobierno. Calderón anticipa desde ahora que esto no se habría logrado si alguien no combatiera como lo hizo él.

La última recomendación presidencial, la única que se le cree además, a Felipe, tuvo que hacerla al término de su informe final. El apoyo en lo esencial a Peña Nieto será determinante para, poco a poco, legitimar lo imposible. De cualquier manera, éste es el país de los imposibles.

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