Informe para sicarios

* Al gobernador Ávila le bastó no hablar del narco para enviar el mensaje de que no existe. Peña, convertido en una especia de rock star de la política, con el máximo poder público y privado en sus manos, es intocable y se pasea, como ensayo preliminar, por los escenarios controlados que le garantizan que no será abucheado. Un auténtico parque jurásico, decían las redes sociales, era el que se congregó alrededor del presidente electo.

 

Miguel Alvarado

El Parque Metropolitano del Bicentenario en Toluca recibe anualmente 4 millones de visitantes, desde que fue inaugurado el 10 de mayo del 2011, por Enrique Peña y la actriz Angélica Rivera. Lo ubicaron en una zona envidiable. Veintidós hectáreas de puro espacio en los antiguos terrenos de la 22ava. Zona Militar fueron habilitados para el disfrute de la población, mientras que a los soldados los trasladaron a una fortaleza a las afueras del municipio, donde pocos se dan cuenta de movimientos y circunstancias de esa comandancia, encargada, entre otras cosas, de la vigilancia del sur mexiquense, una de las capitales nacionales del narcotráfico.

Pero el Parque Bicentenario no es nada más la versión atlacomulquense del confort y lo bucólico. Con un costo de 130 millones de pesos, fue una de las obras emblemáticas del presidente electo, al menos una de las cuales se colgó, pues en realidad el dinero para la construcción provino de fondos federales. Él mismo lo aceptaba cuando recordó, en la víspera de aquella inauguración, que no formaba parte de su agenda de compromisos por cumplir.

El parque, con lago, fuentes, áreas para niños y pic-nic, se convirtió pronto en uno de los más concurridos. Allí se organizan conciertos con artistas locales, viajes en aerostáticos y talleres deportivos y culturales. Aunque también la clase política tiene cabida. Ese foro se convierte de vez en cuando en escenario de mítines organizados por el priismo, sobre todo. Allí han desfilado Peña y su Gaviota o la actual senadora María Elena Barrera, junto al gobernador mexiquense Eruviel Ávila. También es pista de aterrizaje y despegue para ilustres visitas, que a bordo de helicópteros del gobierno o el ejército llegan a la ciudad para visitar al administrador en turno. Esta vez, el informe de Eruviel Ávila, el primero de seis, obligó al cierre de aquella pero además a implementar un operativo militar que rodeó literalmente Paseo Tollocan, ubicando en cada esquina patrullas de soldados, como si hubiera guerra.

Un gobernador como Ávila puede informar bien poco en un escenario artificial que lo protege hasta de su propia sombra. Sin cuestionamientos, Ávila se elogió y alabó a quien quiso sin ninguna restricción. La verdadera rendición de partes la presentó ya y el “jefe de jefes”, como la clase política mexiquense identifica a Peña, la aprobó.

Fuera del informe quedó la guerra de alta intensidad que se libra en el Estado de México, entre los cárteles de la droga que deciden a sangre y balas quién trabajarán con la próxima administración federal. La plaza es apetecible pero también hay que ganarla y en una empresa donde la vida es un activo prescindible, los resultados rebasan la medida de lo sangriento.

Valle de Bravo es el destino turístico más importante del Estado de México. Su laguna artificial, los bosques y el clima cálido son atractivos suficientes hasta para los dueños del país. Rodavento, un club y hotel exclusivo con años de instalado en un de las locaciones más favorecidas, tiene dos vecinos a quienes no sabe cómo calificar. Cerca de Avándaro y de un lugar llamado Casas Viejas, un club de supermillonarios sesiona de vez en cuando, rodeado de innecesario lujo. Por un lado, el empresario Emilio Azcárraga construyó su residencia de descanso, con todo y lago en una extensión más amplia que un estadio de futbol y por otro su socio en Televisa, Alfonso de Angoitia, eligió una propiedad todavía más grande para desestresarse de los negocios de alto nivel que emprende en la ciudad de México. El concepto de esto último en un país como éste es tan amplio que al definirlo se corre el riesgo de la ilegalidad. Pero Televisa está más allá de la constitución y es, por sí misma, una entidad independiente con sus propias reglas y decide lo conveniente de lo otro. Una serie de discretos caminos comunica estas supermansiones, donde trabajan de vez en cuando los pobladores de Valle de Bravo. Cerca de allí, otro terreno propiedad de ambos está listo para comenzar una edificación que albergará una bodega de Walmart, detenida porque no se han conseguido los permisos municipales necesarios. Los de Televisa impulsan ese proyecto, que competiría con Chedraui, establecido allá como Super Che, por la supremacía de ventas. Negocios legales al fin y al cabo, se desarrolla sin embargo al margen de una realidad social vallesana que involucra al narcotráfico  y a la cruenta lucha por las plazas de la Tierra Caliente mexiquense.

Valle de Bravo es una de las supuestas pérdidas del PRI en las elecciones de julio del 2012. Coto político de la familia Pichardo Pagaza y sus primos, de apellido Olvera, han gobernado sin ninguna oposición por décadas en aquel municipio. Desarrollan negocios y lugares de descanso, la vida nocturna, la música electrónica a través del grupo Moenia y hasta de vez en cuando se les concede la entrada al palacio de Lerdo en Toluca, incluso como gobernadores, como sucedió con Ignacio Pichardo Pagaza, quien administró la entidad entre 1989 y 1993. Salinista, es parte del Grupo Atlacomulco que cobija los afanes de Peña Nieto y Arturo Montiel. El último presidente municipal que colocó en Valle de Bravo fue Gabriel Olvera Hernández, quien dejó aquel poder para integrarse como diputado local a la Legislatura en Toluca. Pero quien debía sucederlo no lo hizo y en los últimos comicios el PRI perdió rotundamente. El factor del narcotráfico influyó para la derrota, pues una ruptura entre el equilibrio priista y los capos decidió que los últimos apoyaran al panismo, que a final de cuentas se quedó con el triunfo en la persona de Francisco Reynoso Israde.

Para Reynoso fue tan difícil ganar como esperar para iniciar formalmente. El PRI valora demasiado aquella especie de ghetto para ricos. Así, el propio Eruviel Ávila fue comisionado para recuperar el territorio y aprovechó una minigira por la región para convencer al belicoso pero triunfador panista de renunciar, quien ya sabe que su municipio tiene una deuda pública por más de 90 millones de pesos y que las arcas han sido vaciadas. No hay un peso.

Eruviel, como portavoz del poder oficial y fáctico, le ofreció 50 millones de pesos a Reynoso para retirarse, de manera que un alcalde interino designado por el priismo lo sustituyera cabalmente. PAN y PRI municipales dan por hecho que Reynoso aceptará, aunque en público éste confirme que seguirá adelante. Valle de Bravo representa también un nuevo Huixquilucan, donde los capos de esa región se han asentado y construido mansiones a las afueras del municipio, donde controlan el paso y venta de droga pero también los secuestros, las extorsiones y hasta el transporte de madera desde aserraderos clandestinos que operan en la zona de El Pinal del Marquesado. La Familia es el grupo que controla esto último. Cobra a los dueños de los bosques por protección y seguridad y garantiza, al mismo tiempo, que cada cargamento llegue a su destino, generalmente en Michoacán. En los caminos se establecen redes de comunicación que los mismo chantajea agentes federales que evita retenes del ejército. “Con los soldados no hay nada que hacer”, dice uno de los habitantes de Valle de Bravo, “pero a veces le entran, sobre todo cuando descubren plantíos y los cuidadores les ofrecen dinero. Para los campesinos pobres, que no tiene nada que perder, ni siquiera su vida es valiosa. Se dejan matar por los soldados pero casi nunca dicen a quién pertenecen las siembras. Tienen más miedo a los narcos que los soldados”.

Al gobernador Ávila le bastó no hablar del narco para enviar el mensaje de que no existe. Peña, convertido en una especia de rock star de la política, con el máximo poder público y privado en sus manos, es intocable y se pasea, como ensayo preliminar, por los escenarios controlados que le garantizan que no será abucheado. Un auténtico parque jurásico, decían las redes sociales, era el que se congregó alrededor del presidente electo. Eruviel, la excusa, era plato de segunda mesa. Junto a él aparecieron Manilo Fabio Beltrones, Beatriz Paredes, Luis Videgaray, Ivonne Ortega, Emilio Gamboa, Elba Esther Gordillo, Ana Lilia Herrera, César Camacho. Ávila, en plan conciliador pero candoroso y hasta bobo, no desaprovechó para invitar a los mexiquenses a dar vuelta al proceso electoral presidencial y atender lo que sigue.

El sur mexiquense es ingobernable, pero eso se entiende sólo cuando se sabe que el gobierno es parte de aquel negocio. En diciembre del 2011, un jaripeo organizado con motivo de la feria anual de Zacazonapan reunió a la crema y nata de la región, entusiasmada porque uno de los grandes invitados era el cantante Joan Sebastian, quien actuaría en un evento público. Asistentes a aquella feria recuerdan cómo la carretera se llenó de camionetas Lobo y Tacoma con vigilantes porque allí asistiría uno de los líderes nacionales de La Familia, admirador declarado del artista. A las afueras del pequeño coso, los guardias privados del narcotráfico se encargaron de la seguridad pero eran apoyados por policías municipales, puestos a disposición de los sicarios. Funcionarios de la alcaldía estaban allí, unidos todos por el talento del de Juliantla, quien cantó por más de dos horas aplaudido a rabiar por los más buscados de México y sus sicarios.

Ejemplos como éstos se inscriben en el surrealismo mexicano del narcotráfico, donde lo inverosímil se ha vuelto cotidiano y hasta ejemplo a seguir. Pero los narcos deben trabajar para mantener las plazas y eso incluye balaceras y masacres. El 3 de julio del 2012, un comandante de Zacazonapan, Joaquín Rosales Salazar fue asesinado en el paraje de El Caballito, cerca de otro municipio dominado por los narcos, San Martín Otzoloapan. La versión oficial narra que a las 10 de la noche, el policía y sus elementos patrullaban la carretera cuando un comando los atacó con granadas de fragmentación y armas de grueso calibre. Rosales era jefe de la Región IX adscrito a Valle de Bravo.  Otros cuatro agentes resultaron heridos. Esto, según el reporte de la Procuraduría estatal, sucedió luego de que Caballeros Templarios y La Familia se enfrentaran a balazos, horas antes.

Los pobladores dicen otra cosa. Que La Familia y los Templarios reñían por la posesión del territorio. Que los policías acudieron al llamado de los vecinos, quienes indicaron que allí estaba el jefe regional de La Familia. Que tenían armas de alto poder y chalecos antibalas. Que la policía no llevaba el blindaje adecuado ni armas para combatir. Que la policía no asistió para detener a los delincuentes, sino para apoyar a uno de los grupos, con los que mantienen, a menos, una tregua. Que en un momento de la batalla, había 8 sicarios tirados, todos muertos. Que al final hubo más de 30 y se estableció una especie de tregua para que cada bando recogiera a sus ejecutados. Que la policía favorece a uno de los cárteles, pero tienen la orden de dejar de protegerlos. Que el líder regional de La Familia había sido asesinado.

La historia pasó sin pena ni asombro por algunos diarios locales, que consignaron el enfrentamiento como una estadística más, pero nadie supo que la masacre tenía dimensiones mayores y que era normal que algunos choques superaran los 40 muertos.

Otra anécdota que pinta la guerra que se vive en la región involucra a un empresario en Valle de Bravo, dueño de ferreteras y propiedades a quien La Familia extorsionó por meses, hasta dejarlo sin recursos para más. Advertido sobre la necesidad de seguir pagando, el empresario se armó en su propia casa y preparó un pago bien distinto. Cuando los cobradores llegaron, los introdujo a su residencia y allí los mató, intentando defenderse. Los sobrevivientes respondieron al fuego y llamaron por refuerzos, mientras que el hombre recibía auxilio de sus hijos, quienes, armados también, acudían a batirse. El final es el que siempre sucede. El empresario sucumbió ante el poder de los sicarios, quienes prácticamente demolieron aquel hogar a golpe de bazukas. Los familiares sobrevivientes abandonaron Valle de Bravo para siempre y los asesinos buscaron a alguien más para cubrir la baja. Los comercios, agotados debido a los pagos imposibles, han cerrado. Al fin y al cabo, quienes los extorsionan no son hombres de negocios y ni siquiera observan que ellos mismos detienen cualquier oportunidad de generar dinero. Un habitante de aquel sitio reflexiona que son como las plagas de langostas, aquellas que se comen las cosechas en minutos y luego abandonan el lugar, totalmente devastado. Luego, a finales de agosto, una nueva masacre se registró en Caja del Agua, aquella que desmiente el gobierno pero que habitantes insisten en que sucedió realmente.

Eruviel Ávila terminó la lectura del extracto de su informe. Cree que hay avances y no le avergüenza no decir la verdad. No tiene por qué hacerlo, pues además casi nunca lo ha hecho en funciones públicas y junto a Peña la versión de que la entidad es un paraíso es absolutamente necesaria. Su jefe, el jefe de jefes, como se le conoce al presidente electo en tierras mexiquenses, sonrió complacido a Eruviel, antes de despedirse y sumergirse en la burbuja que le prepara el Estado Mayor Presidencial, para protegerlo, sobre todo, de sí mismo.

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